
CAPÍTULO 3 - PARTE II
Dos
meses después.
23
de Agosto de 2014
Esperó a que su padre estuviera dormido y sin hacer el menor ruido se
adentró a pasos lentos hacia al interior del pasillo, del lado derecho de
la ochava, cuya habitación última lo conducía al cuarto en el que
ahora se encontraba su amigo.
Era menester que Sebastián estuviera exento de saber lo que un mes
antes, Pedro y él habían planeado. Por ello, todas las noches, cuando las luces
se apagaban y no quedaba vestigio de ningún alma, se reunían en secreto, allí
en el cuarto con el fin de que Lisandro pudiera ayudarlo a huir, antes de que
terminara su recuperación.
Pedro no estaba dispuesto a esperar para poder regresar a Buenos Aires y
más aun sabiendo que la recuperación podía tomar más tiempo de lo que los
médicos le había dicho.
Aunque era claro que volver con su propia identidad suponía un peligro,
teniendo en cuenta (para su conocimiento), que era buscado intensamente
por la justicia. Que aun debía purgar un crimen que no había cometido. Tan lejos
de saber que su nombre ahora no era para ellos más que un nombre olvidado
dentro de una causa que ni siquiera había sido iniciada. Un nombre que para
dicha justicia, de a poco, iban olvidando y que solo constaba de su existencia
en un acta de defunción.
Lisandro efectuó los dos golpes en la puerta, clave que se le
había ocurrido para dar la señal de su cita de todas
las noches.
_ ¿Pedro, estas ahí? _ preguntó el muchacho en voz baja, ante
la ansiedad que lo abrumaba de ser descubierto.
Un ruido que venía desde la cocina lo sobresaltó. Tomó aire,
conteniéndolo con fuerza en sus pulmones. Se quedo así, durante unos
segundos. Segundos que parecían una eternidad, como si estuviera
encerrado en una remota prisión a espera de ser condenado.
Cuanto más tardaba en abrir, mas se impacientaba y se aferraba al libro
de Dumas que tenía, para ver si de esa manera descargaba todo el miedo. Así era
como su padre le había enseñado de pequeño, un día que iba a presentarse frente
a todo el público de la escuela, con el fin de recitar un poema.
_ ¿Qué es esto? _ preguntó el pequeño
Sebastián le dio el libro que su madre le había regalado para
cuando él creciera. El mismo que ahora aferraba con tanta fuerza a su pecho, tratando
de disipar el miedo.
Su padre se inclinó hacia él de rodillas y con mucha ternura
tomó sus manos y secó sus lágrimas.
_ Antes de salir al escenario tómalo con fuerza _ le dijo, al
entregarle el libro _ y aférralo contra ti, como si fuera mamá_
agregó, dibujando una sonrisa en su rostro.
_ Pero mamá no está. Ella se fue al cielo.
_ Pero mi amor no tenés que pensar eso. Debes pensar en ella, siempre
que aparezca cualquier miedo.
Lisandro era como un niño, una especie de Peter Pan que no temía
arriesgarse a lo que podía presentarse como una aventura, pero la severidad de
su padre le hacía flaquear en su acción de querer ayudarlo a Pedro. No porque
Sebastián fuera un hombre intransigente, para nada, pero desde la muerte de su
esposa se había vuelto reticente con sus sentimientos hacia los demás y por
ende, a pesar que en ningún momento dejaba de demostrarle cuanto amaba a su
hijo y ayudaba a las personas con una humanidad poco vista, con el tiempo fue
volviéndose más exigente hacia su muchacho y apenas emitía
palabra con las madres y niños que llegaban a la casona
Toda la realidad que había visto lo hacía cada vez mas agnóstico y es
por eso que no aprobaba la actitud de Lisandro de creer que podía enfrentar la
vida así, con esa valentía y vencer el mal que había en el mundo tal cual
lo había hecho Edmond Dantes, y como también lo había hecho
Sandokan. Sus dos héroes favoritos que tanto le fascinaban.
Lisandro se decidió y tomó valor. Cerró sus ojos y evocó aquella
mirada de su madre y recordó cuando se sentaba a su lado y podía sentir el roce
de sus manos suaves que lo abrigaban y todo ser extraño que hubiera aparecido
en su mente desaparecía, porque su ángel estaba ahí, cuidándolo y
siempre lo haría.
Respiró aliviado y todo el aire que había contenido dejó que fuera
esparciéndose en toda la atmosfera del lugar
_ Pedro _ insistió una vez más.
La puerta se abrió y acto seguido, Pedro, lo tomó con fuerza del brazo,
adentrándolo hacia la habitación.
_¡ Auch ! _ Expresó al cerrar la puerta. _ ¿ Hacia falta? _
preguntó retóricamente.
_ Perdón, pero si no lo hacía Mirna nos iba a descubrir._ Le contestó
Pedro, mientras se volvía hacia la cama.
_ ¿Mirna? _ preguntó extrañado el muchacho, al sentarse frente a él.
_ Si Mirna. La descubrí el otro día en la cocina. Al parecer no es la
única que no duerme.
_ No mas insomnios. _ sentenció mostrándole el libro de
Dumas que tenía en sus manos._Acá te traje el Conde de
Montecristo para que la leamos.
_ La estuve leyendo y es ... increíble, fantástica.
_ Ves. ¿Y ya llegaste a la parte que Fernando y Danglars
lo acusan de ser un aliado Bonapartista?
_ Si, leí un poco pero no entiendo ¿por qué hacen eso?
_ No leíste todo entonces. ¿Acaso no te diste cuenta? Fernando está
obsesionado con tener el amor de Mercedes, la prometida de Dantes.
Danglars, como tiene envidia de su dicha lo convence de ensuciarlo
y es por eso que arrestan a Dantes, el mismo día de su boda.
Mirá, Danglars comienza a escribir una carta con su mano izquierda, claro,
para que no reconozcan su caligrafía, destinada al rey. Aunque Caderousse no
estaba de acuerdo. ¿Si sabes quién es Caderousse?
_ Si el sastre, el mismo que Dantes ayudó en un momento.
Pedro lo escuchaba atentamente, palabra por palabra, con la
memoria intacta con la que Lisandro le relataba cada capítulo.
¿Acaso era un delirio? No, en verdad no lo era. Fue lo que Pedro se
cuestionó a si mismo. De alguna manera su vida y la de Dantes se parecían:
un amor no concretado; un cúmulo de intrigas y de engaños que los habían
separado y de la persona que mas amaban, y al igual que Edmond, él también
sentía (y cada vez mas se apoderaba de él) el deseo de venganza.
No podía controlarlo.
_ ¿Pedro, en que te quedaste pensando?
_ He? _le respondió al reaccionar _ En nada.
_ ¿Estabas pensando en Guillermo? _ Preguntó con picardía. _ No,
ya se. _ Se corrigió a si mismo al reaccionar. _ Estabas pensando en
otra cosa. Esa no era una cara de un enamorado _ agregó, mientras daba
vueltas las páginas de su libro.
_¿ En qué pensabas? _ volvió a preguntar al levantar la vista.
_ En la venganza _ le contestó mirando hacia un punto muerto. Su
mente divagaba hacia otro lado y sus pensamientos se volvían piezas de ajedrez
que se movían a cada idea que se iba gestando en su cabeza. _ Estrategia, eso es
_ Se respondió para si.
Lisandro lo observaba perplejo sin comprender lo que decía. Hasta el
punto de pensar que había llegado al delirio.
_ Pedro ¿estás bien? ¿No querés que te traiga un vaso de agua...?
_ No, quiero que me leas. Hay una parte que me gusta mucho y me resultó
muy interesante.
_ ¿Cual? porque cada capítulo se vuelve más emocionante.
_ El capitulo tres.
_ Los catalanes _ Sentenció el joven.
_ Esa parte en la que Fernando se encuentra con Dantes.
Lisandro comenzó a leerle, a cada momento que Pedro lo
interrumpía, como si necesitara estudiar cada escena que el protagonista
había vivido, casi convencido que estaba en lo cierto, de que su vidas se
asemejaban. Y si era así, entonces, la vida terrenal y el mundo que se gesta en
la mente de un escritor estaban a un paso.
Quien hubiera dicho que había límites, él estaba a punto de romper
la barrera de lo ficticio y como antes había dicho, Lisandro era la
persona indicada para ayudarlo a emprenderse en esa aventura.
_ Detente ahí _ le pidió.
Lisandro levanto la vista en un gesto de interrogación.
_ ¿Dónde?
_ En esa frase que Danglars le habla a Fernando sobre la muerte.
_ Si, es como una moraleja o algo así.
_ Esta. _ le dijo al leer un fragmento que decía:
La ausencia separa a las personas casi mejor que la muerte.
_ ¿Sigo? -le pregunto Lisandro
Pedro le hizo ademán de afirmación.
_ Suponed ahora que entre Edmundo y Mercedes se levantan
de pronto los muros de una cárcel, estarán tan separados como si los dividiese
la losa de una tumba.
_ Ves lo que te digo, ahora planean ensuciarlo, de que es un espía de
Bonaparte.
Él no le contestó, tampoco podía hacerlo. Su corazón latía con
fuerza y se sentía sumamente ansioso. Las primeras palabras escritas de
la pluma de Dumas que Lisandro había leído se atenazaban en su mente. Y no
podía dudar mas.
_ Lisandro, ¿puedo preguntarte algo?
_ Si, dime _ contestó y dejó el libro a un costado de su figura.
_ ¿Creés en verdad que la vida de un ser humano puede llegar a parecerse
a la de un héroe de un libro?
_ Humm, es difícil. Papá piensa que no es así y que los finales
buenos no se producen en la tierra. Y quizás tenga razón, sino mi
papá habría salvado a mi mamá y ella no hubiese muerto.
_ Yo quiero saber lo que vos pensás.
_ Lo que yo pienso no importa.
_ Si importa y fuiste el único amigo que me dio esperanzas para
creer en esto. Creer que puedo salir de toda esta pesadilla. Yo nunca pude
soñar con historias así, no de niño. Mi padre fue muy duro conmigo.
_ Lo se. No tenés que decírmelo.
_ Si tengo que hablarlo. Su descalificación, su violencia me hicieron
reacio a esas cosas.
_ Entiendo perfectamente. Papá se siente igual desde la muerte de mamá.
Es como si el dolor no lo dejara seguir y ha creado un muro que no le permite
volver a creer en la vida
_ Pero mi situación es peor: lejos del hombre que amo, de mis
amigos y acusado por un crimen que no cometí. Y es por eso que necesito
que me ayudes. Yo necesito volver para recuperar mi vida.
_ Yo estoy dispuesto ayudarte pero ten en cuenta que si aun tu
inocencia no se limpió, deberás regresar bajo otra identidad. Al igual que
Dantes_ agregó.
_ ¿Y qué pensás? ¿Creés que mi vida y la de Dantes se
parecen?
_ Te soy sincero, de verdad lo creo.
Pedro comprendió lo que Lisandro decía y él mismo estaba completamente
decidido a poner en marcha su plan de venganza. Para ello tendría que salir del
pueblo y por ende del país antes de lo que su médico le había aconsejado.
Lisandro sabía que detener el tratamiento podría complicar su salud pero
Pedro era obstinado y no estaba dispuesto aceptar que lo persuadieran de
lo contrario. Volvería a Buenos aires así fuera en contra de todo pronóstico de
su salud.
26 de Agosto
Lisandro aun se sentía preocupado de que le pudiera pasar algo durante
el viaje y, por esa razón, pensó que necesitaban un cómplice. Alguien
que le diera la seguridad que habría de cuidarlo y ese solo podía ser el doctor
Barros, el médico cardiólogo que llevaba atendiéndolo a Pedro los últimos
meses.
Persuadirlo que los ayudara no iba a ser un problema. Al igual que
Lisandro, tenía locura por las historias de Dumas y no escatimaría en ningún
problema en emprenderse en el plan de su nuevo paciente.
Lisandro observaba cada movimiento de Mirna y las muchachas,
de lo que hacían, yendo y viniendo del comedor a la cocina. Se quedo
ahí detrás de los baluartes del barandal, simulando su presencia como
si fuera un polizón escondido dentro de un barco. Aun la luz de Febo no
había asomádose entre las nubes, cuando el joven esperaba impaciente que Pedro
llegara a su encuentro, para ir en busca del médico.
Como el doctor les había indicado, habrían de salir a las primeras horas
del alba camino hacia el puerto de Antawara que se
comunicaba con el puerto de Antofagasta.
A Pedro le preocupaba tener que irse sin poder hablar con
Sebastián. Ni siquiera el médico se había atrevido a confesarle las
circunstancias en que había muerto su esposa, dejando una gran sombra de dudas
e interrogantes en la mente del joven abogado. Hubiera podido ayudarlo
aun más si él se lo hubiera permitido, pese a que en su cabeza solo había lugar
para su venganza. Sentía que se lo debía a Sebastián, que no era ya para
el ángel que lo había salvado de la muerte, sino el padre que tantos años
había necesitado.
Ahora solo tenía en sus manos el caso de Diego y desentrañar todo ese
halo de misterio que había en aquel hospital.
_ Vas a tener mucho trabajo por delante a llegar a casa, muchacho - le
afirmó el doctor Barros a su paciente.
_ Lo sé _ contestó Pedro en suspiro breve, con la cabeza
mirando hacia el piso.
Los dos esperaban sentados en una gran banqueta, en el pasillo
continuo a la cocina a espera de que Lisandro convenciera a Mirna de
cubrirle a las espaldas para poder salir de allí sin levantar sospechas.
_ No me parece que involucremos a Mirna en todo esto. Ella me
ayudó mucho y me enseñó muchas cosas que sabe hacer, pero puede perder el
trabajo por mi culpa. No sería justo.
_ Se ve que no conocés a Lisandro como yo lo conozco.
_ En verdad si y si fuera por él metería a todos en un mismo barco
directo a la aventura.
_ Si pero a este Peter Pan cuando algo se le mete en la cabeza no
hay quien se lo saque.
_ Entonces es de los míos.
_ Respecto a lo de Mirna, Sebastián no es un hombre cruel para
correrla.
_ Pero vos…
_ Yo, nada Pedro. Él me conoce y sabe que por ayudar me enfrento a
cualquier cosa. Si, puede enfurecerse con Lisandro pero él lo va a entender.
_ Siento que lo estoy traicionando. Pero yo necesito recuperar mi vida y
hacerles pagar a los que me hicieron esto lo que merecen.
Lisandro había conseguido convencer a Mirna de ser su guardaespaldas para
cuando ellos salieran de allí, eso si, estableciendo una condición que iba
directamente hacia su pequeño adorado como ella llamaba a Pedro. Desde
que llegó allí y desde el tiempo en que empezó con su recuperación Mirna lo
había adoptado como un hijo propio y le había enseñado hasta el último detalle
de la gastronomía trasandina y los secreteos de cada plato salado y dulce.
Saber que ahora debía irse, le hacía un nudo en el pecho y no podía
concebir la idea de no volver a verlo más.
Pedro impaciente se adentró en la cocina embriagado por el ese olorcito
inconfundible de las tortas de masa dulce recién hechas de mentora y el
sabor del chocolate caliente que preparaba para los niños.
_ Ay mi niño, ven acércate!
Pedro se volvió hacia ella derramando todo su cuerpo en Mirna entre lágrimas
mutuas y la firme promesa que él estaba a punto de hacerle.
_ No llores. _ le pidió en una sonrisa que dibujaba hoyuelos en sus
mejillas.
_ ¿Cómo no quiere que llore? Se
va a ir y se va a olvidar de nosotros y de esta vieja.
_ No, escúchame. Te prometo que voy a volver cuando todo se
calme. Te voy a mandar un pasaje para que vayas a verme a Buenos
Aires. Te va a gustar mucho Argentina.
_ Eso dice y después se olvida.
_ Yo no rompo mis promesas.
_ Está bien mi niño, pero usted no se me va sino se me lleva la
merienda que le prepare para el viaje. Y me promete que todo lo que le enseñé
de cocina se lo va enseñar a su gente.
_ Te lo prometo.
Mirna estaba al tanto de la huida un mes antes y se tomó el tiempo que
requería para tejerle un abrigo de invierno. Aunque la primavera estaba pronta
ella conocía muy bien el clima del norte con su viento seco y ola de fuertes
fríos.
Pese a la despedida, Mirna no era mujer que se sintiera segura de
mostrar sus sentimientos. Por eso procuró en un momento de distracción para
guardarle con sumo cuidado el regalo en el bolso.
Le entregó a Lisandro una canasta hecha de mimbre con la merienda
suficiente para todo el viaje.
Pedro la abrazó una vez más y le reafirmó su promesa.
_ Te me cuidas mi niño y si necesitas que vaya para allá, yo iré sin
ningún problema.
_ Tendré un tiempo para hacer muchas cosas. Cuando yo te llame te
mandaré un pasaje.
Tomaron camino hacia el puerto y una vez allí el doctor Barros se acercó
a un hombre de mediana estatura, de barba descuidada que estaba a
unos pasos de ellos, tratando de desanudar la cuerda de los botes.
_ Señor ¿Nos lleva?
El hombre había hecho seña que aguardara.
_ Me preocupa la reacción de Sebastián cuando sepa que me fui. Yo no
quiero traerte problemas.
_ No hay de qué preocuparse y ya hablamos de esto Pedro. Ahora
haz lo que tengas que hacer, a la fiera la enfrento yo.
Pedro sacó una navaja de su bolsillo para sorpresa de Lisandro, y acto
seguido tomó la mano de su amigo haciendo una marca de sangre y al igual que lo
había hecho con Lisandro, hizo lo mismo con la de él, enlazando su mano a la
suya.
_ Este es nuestro pacto, un pacto de sangre. Vos sos el único que
conoce mi verdadera identidad y que estoy vivo. La única persona presente.
_ Un pacto de sangre como los indios y los blancos. - Le afirmó
Lisandro, con suma expresión en su mirada.
_ Un pacto de sangre, amigo.
_ Ahora somos hermanos - Sentenció el hijo de Sebastián.
_ Pedro vamos.
El doctor le había hecho seña.
_ Escúchame, si este plan te va a llevar al límite. Si este plan te
va a destruir es mejor que desistas y recuerda que en mí y en mi padre
tienes una familia. Y no olvides como terminó el desenlace de Dantes. La
venganza terminó destruyéndolo y terminó perdiendo a la mujer que amaba.
_ No va a pasar eso. Cuando llegue a Buenos Aires yo sabré que hacer.
_ Te voy a extrañar _ le dijo y lo abrazó muy fuerte. Lisandro sabía que
pasaría un largo tiempo para cuando se volvieran a ver.
_ Yo también amigo, pero tengo que irme _ le contestó aun abrazado a él.
Estaba ya sintiendo el ruido de la lancha, señal que era momento de
partir, cuando se condujo hasta allí.
El sonido del motor se iba alejando cada vez mas y la figura de Lisandro
se volvía espectral. Lo saludó a lo lejos.
_ ¡Cuídate mucho! - Le gritó Lisandro.
_ ¡Vos también !
_ Ese muchachito te va a extrañar mucho - le dijo el médico.
_ Y yo a él.
27
de Agosto.
Guille hacia una rutina diaria desde los días que
llevaba allí, en la casa que Juan le había dado.
Despertaba en las mañanas y se
sentaba junto a la ventana en medio del proceso de escritura, poco a poco, la historia que iba escribiendo iba tomando
forma.
No sabía si todo lo escrito en aquel libro podría liberar el dolor que
por meses, lo había acompañado, pero estaba ahí por él, sentía que se lo debía
como una promesa hecha entre los dos. Cada página, cada escena, cada
palabra escrita allí, respiraba su esencia.
Las palabras van cobrando vida y cada escena va tomando forma.
Guido no sabía si podría encontrar la respuesta, ni sabía si
algún día podría ponerle palabras a lo que en ese momento estaba sintiendo.
Como llamarle amor, como poner en palabras todo sus sentimientos.
Sentía como si sus vidas se hubieran hecho una. Dos almas que
estaban destinadas a encontrarse. Aquel encuentro para él no había sido
casualidad y tenía la certeza que después de esa noche, ninguno de
los dos volverían a ser los mismos.
CONTINUARÁ
¡Ay Daniela! que intensa tu fic! Pedro se ha cansado de esperar, ya poco le importa su recuperación y solo desea ir en busca de Guillermo. Ya no le importa exponer su vida o su salud, solo le importa encontrarlo, decirle que está vivo. Me encanta el personaje de Lisandro, ese Peter Pan que cree en cosas imposibles y se juega por su nuevo amigo ayudándolo a escapar. Pedro se siente un mal agradecido con Sebastián, quien ha hecho tanto por él, pero el corazón tiene razones que la razón no comprende.. Ese libro, "El conde de Montecristo" lo ha movilizado, se ha identificado con el personaje y siente que lo único que puede hacer, es ir en busca de su amor y su destino, sellan con Lisandro un pacto de sangre y de hermandad antes de partir.. ¡Que ternura esta fic Daniela! Es bellísima! Gracias princesa! Ya era hora que Pedro decidiera salir de ese lugar donde ha sido cuidado y contenido, en busca de su destino. ¡¡¡Excelente Dani!!! Te dejo un abrazote Guilledrista!!!
ResponderEliminarApurate a escribir , daniela la continuación besos felicitaciones mara rosas
ResponderEliminarel capitulo 4 ya esta la parte 1
EliminarDani, ya te lo comenté como uno en tu casita y el cuarto también, fascinante. Felicitaciones y mi amor.
ResponderEliminarDani muy interesante tu fic la verdad original y compleja pero realmente atrapante espero muy muy ansiosa la continuación esa inclusión del libro y pedro identificándose con su protagonista muy buena te felicito besos Silvana
ResponderEliminargracias una vez mas por sus comentarios y se al igual que ustedes qque no veo la hora de hacerlos reencontrar a los dos y que se amen como tanto merecen
EliminarMuy, muy interesante manera de enfocar la historia. Ese parangón con el libro. Sólo espero que las ansias de venganza no lo consuman a Pedro porque no lo va a llevar a buen puerto.
ResponderEliminarAnsiosa esperando la continuación!
Beso!
MUY BUENA LA HISTORIA dANI LA VERDAD CADA DIA ESCRIBIS MEJOR TE FELICITO Y ESPERO ANSIOSA ESTE REENCUENTRO BESO GRANDE ...majo
ResponderEliminargracias MIS AMORES
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