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jueves, 7 de mayo de 2015

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Cap. 3 - Parte II - (By Daniela Maurice)

EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS - CAPÍTULO 3 - PARTE II






CAPÍTULO 3 -  PARTE II
                                                 
                       Dos meses después.



                                   23 de Agosto de 2014  

Esperó a que su padre estuviera dormido y sin hacer el menor ruido se adentró a pasos lentos hacia al interior del pasillo, del lado derecho de la ochava, cuya habitación última lo conducía al cuarto en el que ahora se encontraba su amigo.
Era menester que Sebastián estuviera exento de saber lo que un mes antes, Pedro y él habían planeado. Por ello, todas las noches, cuando las luces se apagaban y no quedaba vestigio de ningún alma, se reunían en secreto, allí en el cuarto con el fin de que Lisandro pudiera ayudarlo a huir, antes de que terminara su recuperación.

Pedro no estaba dispuesto a esperar para poder regresar a Buenos Aires y más aun sabiendo que la recuperación podía tomar más tiempo de lo que los médicos le había dicho. 
Aunque era claro que volver con su propia identidad suponía un peligro, teniendo en cuenta (para su conocimiento), que era buscado intensamente por la justicia. Que aun debía purgar un crimen que no había cometido. Tan lejos de saber que su nombre ahora no era para ellos más que un nombre olvidado dentro de una causa que ni siquiera había sido iniciada. Un nombre que para dicha justicia, de a poco, iban olvidando y que solo constaba de su existencia en un acta de defunción.
Lisandro efectuó los dos golpes en la puerta,  clave que se le había ocurrido para dar la señal de su cita de todas las noches. 
_ ¿Pedro, estas ahí? _ preguntó el muchacho en voz baja,  ante la ansiedad que lo abrumaba  de ser descubierto.
Un ruido que venía desde la cocina lo sobresaltó. Tomó aire, conteniéndolo con fuerza en sus pulmones. Se quedo así, durante unos segundos. Segundos que parecían una eternidad,  como  si estuviera encerrado en una remota prisión a espera de ser condenado. 
Cuanto más tardaba en abrir, mas se impacientaba y se aferraba al libro de Dumas que tenía, para ver si de esa manera descargaba todo el miedo. Así era como su padre le había enseñado de pequeño, un día que iba a presentarse frente a todo el público de la escuela, con el fin de recitar un poema.
_ ¿Qué es esto? _ preguntó el pequeño
Sebastián le dio el libro que su madre le había regalado para cuando él creciera. El mismo que ahora aferraba con tanta fuerza a su pecho, tratando de disipar el miedo.
Su padre  se inclinó hacia él de rodillas y con mucha  ternura tomó sus manos y secó sus lágrimas.   
_ Antes de salir al escenario  tómalo con fuerza _ le dijo, al entregarle el libro _  y aférralo contra ti, como si fuera mamá_ agregó, dibujando una sonrisa en su rostro.
_ Pero mamá no está. Ella se fue  al cielo.
_ Pero mi amor no tenés que pensar eso. Debes pensar en ella, siempre que aparezca cualquier miedo.
Lisandro era como un niño, una especie de Peter Pan que no temía arriesgarse a lo que podía presentarse como una aventura, pero la severidad de su padre le hacía flaquear en su acción de querer ayudarlo a Pedro. No porque Sebastián fuera un hombre intransigente, para nada, pero desde la muerte de su esposa se había vuelto reticente con sus sentimientos hacia los demás y por ende, a pesar que en ningún momento dejaba de demostrarle cuanto amaba a su hijo y ayudaba a las personas con una humanidad poco vista, con el tiempo fue volviéndose más exigente hacia  su muchacho y  apenas emitía palabra con las madres y niños que llegaban a la casona   
Toda la realidad que había visto lo hacía cada vez mas agnóstico y es por eso que no aprobaba la actitud de Lisandro de creer que podía enfrentar la vida así, con esa valentía y vencer el mal que había en el mundo tal cual  lo había hecho Edmond Dantes, y  como también lo había hecho Sandokan. Sus dos héroes favoritos que tanto le fascinaban.
Lisandro se decidió y tomó valor. Cerró sus ojos y evocó aquella mirada de su madre y recordó cuando se sentaba a su lado y podía sentir el roce de sus manos suaves que lo abrigaban y todo ser extraño que hubiera aparecido en su mente  desaparecía, porque su ángel estaba ahí, cuidándolo y siempre lo haría.  
Respiró aliviado y todo el aire que había contenido dejó que fuera esparciéndose en toda la atmosfera del lugar
_ Pedro _ insistió una vez más.
La puerta se abrió y acto seguido, Pedro, lo tomó con fuerza del brazo, adentrándolo hacia la habitación.
_¡ Auch ! _ Expresó al cerrar la puerta. _ ¿ Hacia falta? _ preguntó retóricamente.
_ Perdón, pero si no lo hacía Mirna nos iba a descubrir._ Le contestó Pedro, mientras se volvía hacia la cama. 
 _ ¿Mirna? _ preguntó extrañado el muchacho, al sentarse frente a él.
_ Si Mirna. La descubrí el otro día en la cocina. Al parecer no es la única que no duerme.  
_ No mas insomnios.  _ sentenció mostrándole el libro de Dumas que tenía en sus manos._Acá te traje el Conde de Montecristo para que la leamos.
La estuve leyendo y  es ... increíble, fantástica.
_ Ves. ¿Y ya llegaste a la parte que Fernando y Danglars  lo acusan de ser un aliado Bonapartista? 
_ Si, leí un poco pero no entiendo ¿por qué hacen eso?
_ No leíste todo entonces. ¿Acaso no te diste cuenta? Fernando está obsesionado con tener el amor de Mercedes, la prometida de Dantes.
Danglars, como tiene envidia de su dicha  lo convence de ensuciarlo y es por  eso que  arrestan a Dantes, el mismo día de su boda.
Mirá, Danglars comienza a escribir una carta con su mano izquierda, claro, para que no reconozcan su caligrafía, destinada al rey. Aunque Caderousse no estaba de acuerdo. ¿Si sabes quién es Caderousse?
_ Si el sastre, el mismo que Dantes ayudó en un momento.

 Pedro lo escuchaba atentamente, palabra por palabra, con la memoria intacta con la que Lisandro le relataba cada capítulo. 
¿Acaso era un delirio? No, en verdad no lo era. Fue lo que Pedro se cuestionó a si mismo. De alguna manera su vida  y la de Dantes se parecían: un amor no concretado; un cúmulo de intrigas y de engaños que los habían separado y de la persona que mas amaban, y al igual que Edmond, él también sentía (y cada vez mas se apoderaba de él) el deseo de venganza. No podía controlarlo.
_ ¿Pedro, en que te quedaste pensando?
_ He? _le respondió al reaccionar _ En nada.
_ ¿Estabas pensando en Guillermo? _ Preguntó con picardía. _ No, ya se. _ Se corrigió a si mismo al reaccionar. _  Estabas pensando en otra cosa. Esa no era una cara de un enamorado _ agregó, mientras daba vueltas las páginas de su libro. 

_¿ En qué pensabas? _ volvió a preguntar  al levantar la vista.
_ En la venganza _ le contestó mirando hacia un punto muerto. Su mente divagaba hacia otro lado y sus pensamientos se volvían piezas de ajedrez que se movían a cada idea que se iba gestando en su cabeza. _ Estrategia, eso es _ Se respondió para si.  
Lisandro lo observaba perplejo sin comprender lo que decía. Hasta el punto de pensar que había llegado al delirio.
_  Pedro ¿estás bien? ¿No querés que te traiga un vaso de agua...?
_ No, quiero que me leas. Hay una parte que me gusta mucho y me resultó muy interesante.
_ ¿Cual? porque cada capítulo se vuelve más emocionante.
_ El capitulo tres.
Los catalanes _  Sentenció el joven.
_ Esa parte en la que Fernando se encuentra con Dantes.
Lisandro comenzó a leerle, a cada momento que Pedro lo interrumpía,  como si necesitara estudiar cada escena que el protagonista había vivido, casi convencido que estaba en lo cierto, de que su vidas se asemejaban. Y si era así, entonces, la vida terrenal y el mundo que se gesta en la mente de un escritor  estaban a un paso.
Quien hubiera dicho que había límites, él estaba a punto de  romper la barrera de lo ficticio y como antes había dicho, Lisandro era la persona indicada para ayudarlo a emprenderse en esa aventura.
_ Detente ahí _ le pidió.
Lisandro levanto la vista en un gesto de interrogación.
_ ¿Dónde?
_ En esa frase que Danglars le habla a Fernando sobre la muerte.
_ Si, es como una moraleja o algo así.
_ Esta. _ le dijo al leer un fragmento que decía:
La ausencia separa a las personas casi mejor que la muerte.
_ ¿Sigo? -le pregunto Lisandro
Pedro le hizo ademán de afirmación.
_ Suponed ahora que entre Edmundo y Mercedes  se levantan de pronto los muros de una cárcel, estarán tan separados como si los dividiese la losa de una tumba.
 _ Ves lo que te digo, ahora planean ensuciarlo, de que es un espía de Bonaparte.
Él no le contestó, tampoco podía hacerlo. Su corazón latía con fuerza  y se sentía sumamente ansioso. Las primeras palabras escritas de la pluma de Dumas que Lisandro había leído se atenazaban en su mente. Y no podía dudar mas. 
_ Lisandro, ¿puedo preguntarte algo?
_ Si, dime _ contestó y dejó el libro a un costado de su figura.
_ ¿Creés en verdad que la vida de un ser humano puede llegar a parecerse a la de un héroe de un libro?
_ Humm, es difícil. Papá piensa que no es así y  que los finales buenos no se producen en la tierra. Y quizás tenga razón, sino mi papá habría salvado a mi mamá y ella no hubiese muerto.
_ Yo quiero saber lo que vos pensás.
_ Lo que yo pienso no importa.
_ Si importa y fuiste el único amigo que me  dio esperanzas para creer en esto. Creer que puedo salir de toda esta pesadilla. Yo nunca pude soñar con historias así, no de niño. Mi padre  fue muy duro conmigo.
_  Lo se. No tenés que decírmelo.
_ Si tengo que hablarlo. Su descalificación, su violencia me hicieron reacio a esas cosas.
_ Entiendo perfectamente. Papá se siente igual desde la muerte de mamá. Es como si el dolor no lo dejara seguir y  ha creado un muro que no le permite volver a creer en la vida
_ Pero  mi situación es peor: lejos del hombre que amo, de mis amigos y acusado por un crimen que no cometí. Y es por eso que necesito que me ayudes. Yo necesito volver para recuperar mi vida.
 _ Yo estoy dispuesto ayudarte pero ten en cuenta que si aun tu inocencia no se limpió, deberás regresar bajo otra identidad. Al igual que Dantes­_ agregó.
_ ¿Y qué pensás? ¿Creés que mi vida y la de Dantes se parecen?  
_  Te soy sincero, de verdad lo creo.
Pedro comprendió lo que Lisandro decía y él mismo estaba completamente decidido a poner en marcha su plan de venganza. Para ello tendría que salir del pueblo y por ende  del país antes de lo que su médico le había aconsejado.
Lisandro sabía que detener el tratamiento podría complicar su salud pero Pedro era obstinado y no estaba dispuesto aceptar que lo persuadieran de lo contrario. Volvería a Buenos aires así fuera en contra de todo pronóstico de su salud.



                                          26 de Agosto

Lisandro aun se sentía preocupado de que le pudiera pasar algo durante el viaje y, por esa razón, pensó que  necesitaban un cómplice. Alguien que le diera la seguridad que habría de cuidarlo y ese solo podía ser el doctor Barros, el médico cardiólogo que llevaba atendiéndolo a Pedro los últimos meses.
Persuadirlo que los ayudara no iba a ser un problema. Al igual que Lisandro, tenía locura por las historias de Dumas y no escatimaría en ningún problema en emprenderse en el plan de su nuevo paciente.
Lisandro observaba cada movimiento de Mirna  y  las muchachas, de lo que hacían, yendo y viniendo del comedor a la cocina. Se quedo ahí detrás de los baluartes del barandal, simulando su presencia como si fuera un polizón escondido dentro de un barco. Aun la luz de Febo no había asomádose entre las nubes, cuando el joven esperaba impaciente que Pedro llegara a su encuentro, para ir en busca del médico. 
Como el doctor les había indicado, habrían de salir a las primeras horas del alba camino hacia el  puerto de Antawara que se comunicaba con el puerto de Antofagasta.
 A Pedro  le preocupaba tener que irse sin poder hablar con Sebastián. Ni siquiera el médico se había atrevido a confesarle las circunstancias en que había muerto su esposa, dejando una gran sombra de dudas e interrogantes en la mente del  joven abogado. Hubiera podido ayudarlo aun más si él se lo hubiera permitido, pese a que en su cabeza solo había lugar para su venganza. Sentía que se lo debía  a Sebastián, que no era ya para el  ángel que lo había salvado de la muerte, sino el padre que tantos años había necesitado.
Ahora solo tenía en sus manos el caso de Diego y desentrañar todo ese halo de misterio que había en aquel hospital.  

_ Vas a tener mucho trabajo por delante a llegar a casa, muchacho - le afirmó el doctor Barros a su paciente.
_ Lo sé _ contestó Pedro en suspiro breve, con la cabeza mirando hacia el piso.
Los dos esperaban sentados en una gran banqueta,  en el pasillo continuo a la cocina a espera de que Lisandro convenciera a Mirna de cubrirle a las espaldas para poder salir de allí sin levantar sospechas.
 _ No me parece que involucremos a Mirna en todo esto. Ella me ayudó mucho y me enseñó muchas cosas que sabe hacer, pero puede perder el trabajo por mi culpa. No sería justo.
_  Se ve que no conocés a Lisandro como yo lo conozco.
_ En verdad si y si fuera por él metería a  todos en un mismo barco directo a la aventura.
_  Si pero a este Peter Pan cuando algo se le mete en la cabeza no hay quien se lo saque.
 _ Entonces es de los míos.
_ Respecto a lo de Mirna, Sebastián no es un hombre cruel para correrla.
_ Pero vos… 
_ Yo, nada Pedro. Él me conoce y sabe que por ayudar me enfrento a cualquier cosa. Si, puede enfurecerse con Lisandro pero él lo va a entender.
_ Siento que lo estoy traicionando. Pero yo necesito recuperar mi vida y hacerles pagar a los que me hicieron esto lo que merecen.

Lisandro había conseguido convencer a Mirna de ser su guardaespaldas para cuando ellos salieran de allí, eso si, estableciendo una condición que iba directamente hacia  su pequeño adorado como ella llamaba a Pedro. Desde que llegó allí y desde el tiempo en que empezó con su recuperación Mirna lo había adoptado como un hijo propio y le había enseñado hasta el último detalle de la gastronomía trasandina y los secreteos de cada plato salado y dulce.
Saber que ahora debía irse, le hacía un nudo en el pecho y no podía concebir la idea de no volver a verlo más.
Pedro impaciente se adentró en la cocina embriagado por el ese olorcito inconfundible de las tortas de masa dulce recién hechas de mentora y el sabor del chocolate caliente que preparaba para los niños.  
_ Ay mi niño, ven acércate! 
Pedro se volvió hacia ella derramando todo su cuerpo en Mirna entre lágrimas mutuas y la firme promesa que él estaba a punto de hacerle.
_ No llores. _ le pidió en una sonrisa que dibujaba hoyuelos en sus mejillas.
_ ¿Cómo no quiere que llore?  Se va a ir y se va a olvidar de nosotros y de esta vieja.
_ No, escúchame. Te prometo que voy a volver cuando todo se calme. Te voy a mandar un pasaje  para que vayas a verme a Buenos Aires. Te va a gustar mucho Argentina.
_ Eso dice y después se olvida.
_ Yo no rompo mis promesas.
_ Está bien mi niño, pero usted no se me va sino se me lleva la merienda que le prepare para el viaje. Y me promete que todo lo que le enseñé de cocina se lo va enseñar a su gente.
_ Te lo prometo.

Mirna estaba al tanto de la huida un mes antes y se tomó el tiempo que requería para tejerle un abrigo de invierno. Aunque la primavera estaba pronta ella conocía muy bien el clima del norte con su viento seco y ola de fuertes fríos.
 Pese a la despedida, Mirna no era mujer que se sintiera segura de mostrar sus sentimientos. Por eso procuró en un momento de distracción para guardarle con sumo cuidado el regalo en el bolso.
Le entregó a Lisandro una canasta hecha de mimbre con la merienda suficiente para todo el viaje.
Pedro la abrazó una vez más y le reafirmó su promesa.
_ Te me cuidas mi niño y si necesitas que vaya para allá, yo iré sin ningún problema.
_ Tendré un tiempo para hacer muchas cosas. Cuando yo te llame te mandaré un pasaje.
Tomaron camino hacia el puerto y una vez allí el doctor Barros se acercó a un hombre de mediana estatura, de barba descuidada que estaba a unos pasos de ellos, tratando de desanudar la cuerda de los botes.  
_ Señor ¿Nos lleva?
El hombre había hecho seña que aguardara.
_ Me preocupa la reacción de Sebastián cuando sepa que me fui. Yo no quiero traerte problemas.
_ No hay de qué preocuparse y ya hablamos de esto Pedro.  Ahora haz lo que tengas que hacer, a la fiera la enfrento yo.
Pedro sacó una navaja de su bolsillo para sorpresa de Lisandro, y acto seguido tomó la mano de su amigo haciendo una marca de sangre y al igual que lo había hecho con Lisandro, hizo lo mismo con la de él, enlazando su mano a la suya.
_ Este es nuestro  pacto, un pacto de sangre. Vos sos el único que conoce mi verdadera identidad y que estoy vivo. La única persona presente.
_ Un pacto de sangre como los indios y los blancos. - Le afirmó Lisandro, con suma expresión en su mirada.
_ Un pacto de sangre, amigo.
_ Ahora somos hermanos - Sentenció el hijo de Sebastián.
_ Pedro vamos.
 El doctor le había hecho seña.
_ Escúchame, si este plan te va a llevar al límite. Si este plan te va a destruir es mejor que desistas y recuerda  que en mí y en mi padre tienes una familia. Y no olvides como terminó el desenlace de Dantes. La venganza terminó destruyéndolo y terminó perdiendo a la mujer que amaba.
_ No va a pasar eso. Cuando llegue a Buenos Aires yo sabré que hacer.
_ Te voy a extrañar _ le dijo y lo abrazó muy fuerte. Lisandro sabía que pasaría un largo tiempo para cuando se volvieran a ver.
_ Yo también amigo, pero tengo que irme _ le contestó aun abrazado a él.
Estaba ya sintiendo el ruido de la lancha, señal que era momento de partir, cuando se condujo hasta allí.
El sonido del motor se iba alejando cada vez mas y la figura de Lisandro se volvía espectral. Lo saludó a lo lejos.
_ ¡Cuídate mucho! - Le gritó Lisandro.
_  ¡Vos también !
_  Ese muchachito te va a extrañar mucho - le dijo el médico. 
_ Y yo a él.



                                     27 de Agosto.


Guille hacia una rutina diaria desde los días que llevaba  allí,  en la casa que Juan le había dado.
Despertaba  en las mañanas y se sentaba junto a la ventana en medio del proceso de escritura, poco a poco,  la historia que iba escribiendo iba tomando forma.
No sabía si todo lo escrito en aquel libro podría liberar el dolor que por meses, lo había acompañado, pero estaba ahí por él, sentía que se lo debía como una promesa hecha entre los dos.  Cada página, cada escena, cada palabra escrita allí, respiraba su esencia.
Las palabras van cobrando vida y cada escena va tomando forma.

Guido no sabía si podría encontrar la respuesta,  ni sabía si algún día podría ponerle palabras a lo que en ese momento estaba sintiendo. Como llamarle amor, como poner en palabras todo sus sentimientos.
Sentía como si sus vidas se hubieran hecho una. Dos almas que estaban destinadas a encontrarse. Aquel encuentro para él no había sido casualidad  y tenía la certeza  que después de esa noche, ninguno de los dos volverían a ser los mismos.

CONTINUARÁ


9 comentarios:

  1. ¡Ay Daniela! que intensa tu fic! Pedro se ha cansado de esperar, ya poco le importa su recuperación y solo desea ir en busca de Guillermo. Ya no le importa exponer su vida o su salud, solo le importa encontrarlo, decirle que está vivo. Me encanta el personaje de Lisandro, ese Peter Pan que cree en cosas imposibles y se juega por su nuevo amigo ayudándolo a escapar. Pedro se siente un mal agradecido con Sebastián, quien ha hecho tanto por él, pero el corazón tiene razones que la razón no comprende.. Ese libro, "El conde de Montecristo" lo ha movilizado, se ha identificado con el personaje y siente que lo único que puede hacer, es ir en busca de su amor y su destino, sellan con Lisandro un pacto de sangre y de hermandad antes de partir.. ¡Que ternura esta fic Daniela! Es bellísima! Gracias princesa! Ya era hora que Pedro decidiera salir de ese lugar donde ha sido cuidado y contenido, en busca de su destino. ¡¡¡Excelente Dani!!! Te dejo un abrazote Guilledrista!!!

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  2. Apurate a escribir , daniela la continuación besos felicitaciones mara rosas

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  3. Dani, ya te lo comenté como uno en tu casita y el cuarto también, fascinante. Felicitaciones y mi amor.

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  4. Dani muy interesante tu fic la verdad original y compleja pero realmente atrapante espero muy muy ansiosa la continuación esa inclusión del libro y pedro identificándose con su protagonista muy buena te felicito besos Silvana

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    1. gracias una vez mas por sus comentarios y se al igual que ustedes qque no veo la hora de hacerlos reencontrar a los dos y que se amen como tanto merecen

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  5. Muy, muy interesante manera de enfocar la historia. Ese parangón con el libro. Sólo espero que las ansias de venganza no lo consuman a Pedro porque no lo va a llevar a buen puerto.
    Ansiosa esperando la continuación!
    Beso!

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  6. MUY BUENA LA HISTORIA dANI LA VERDAD CADA DIA ESCRIBIS MEJOR TE FELICITO Y ESPERO ANSIOSA ESTE REENCUENTRO BESO GRANDE ...majo

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