"NARCOS" - CAPÍTULO 12
Libro de anclaje "La Reina del Sur" de Arturo Pérez - Reverte

Estados Unidos - Miami - Estado de Florida. Martes 30 de septiembre, 2014. 21: 30 hs.
Apoyó su mano sobre el arma resignado. Un kilo de acero, plomo y pólvora. No era gran cosa para lo que podían estar preparándole afuera de esa habitación.
Se quitó el denario de la muñeca y lo guardó en un bolsillo, no era conveniente andar haciendo ruido como si llevara un cascabel.
Su cuerpo trataba de cubrir el cuerpo de Pedro en la oscuridad y su cabeza pensaba a toda velocidad desde que el Pote había entrado con la noticia del desmadre. Los puntos a favor y los que tenían en contra. Hacía un balance rápido acerca de lo posible y lo probable. Calculó una vez más la distancia que separaba la casa de la verja principal y repasó lo que desde el día anterior venía grabando en su memoria. Los lugares protegidos, los sitios descubiertos. Rutas posibles y las trampas en las que debían evitar caer.
Había pensado tanto en eso que ahora, ocupado en revisarlo todo punto por punto, no tenía tiempo para sentir miedo, excepto el miedo de perderlo y tener que volver a enfrentarse con esa sensación de desamparo, la carne vulnerable y una soledad que se volvería infinita.
La situación
Se trataba de eso, confirmó de golpe.
Había venido a Miami a testificar contra Orestes Moravia, no para entorpecerse como un animal acorralado desde que el Pote dijo estamos solos, no para sentirse como ahora, con ese temor de fracasar, ese estremecimiento que le recorría el cuerpo ante la idea de perderlo y tener que volver a enfrentarse a esos amaneceres sucios y grises.
Estaba listo para franquear la puerta, y cuando vuelva a ver la luz del día, pensó, si es que llego a verla, todo será diferente.
Se apartó de la ventana y arrastró a Pedro detrás de él. El Pote se recortó contra la puerta con aspecto pesado.
_¡Píquele patrón!_ le dijo el gatillero. _Hay demasiada luz donde están, hasta yo puedo verlos.
_Tranquilizate Pote… _Le dijo mientras se desplazaba entre las sombras, siempre cubriendo con su cuerpo el de Pedro. _Será lo que tenga que ser.
_Si, esta noche nos morimos o no, pero apenas se asomen, ahí nomás también se mueren ellos patrón.
El Rey no pudo evitar reír. _ Qué bueno que carcajeé orita, patrón. Ojala pudieran verlo esos perros antes de que les abracemos la madre, o viceversa.
Escuchar en absoluto silencio.
Ruidos, crujidos, rumor de lluvia. Los latidos del corazón y la sangre corriendo por las venas. Calcular cada paso, cada movimiento. Adivinar en medio de la oscuridad y sentir la boca seca, la tensión que trepa por el cuerpo, que se encierra en el vientre y llega al pecho cortando la respiración. Apartar el cabello de la cara, la gota de sudor rodando lenta y salada por la sien.
La espera.
Otro crujido en el pasillo, o tal vez en la escalera.
_¡Patrón! _ La voz del Pote sonó queda, como un reclamo, un lamento._ ¡Hay que triangular! Así ni modo podremos.
Pedro comprendió lo que el Pote decía y abandonando la protección que el cuerpo de Guillermo le ofrecía, se deslizó entre las sombras hasta el otro rincón de la habitación.
_¡Pedro que hacés! ¡Volvé acá!
Pero él siguió con lo que estaba planeado y no se movió de su lugar.
_Ya estoy en posición Pote. _ Había desenfundado el arma y la sostenía con las dos manos apuntando hacia la puerta. _ ¡Ahorita si, hijos de la chingada, van a saber quién es su padre!
_Ya estoy en posición Pote. _ Había desenfundado el arma y la sostenía con las dos manos apuntando hacia la puerta. _ ¡Ahorita si, hijos de la chingada, van a saber quién es su padre!
_Ese es mi patroncito…
_¡Pedro! _ La voz de El Rey sonaba autoritaria y desesperada.
_Déjelo patrón, dos desenfundando somos poco o casi nada, tres cubriendo todos los flancos tenemos chance. De todas maneras, si fallamos nos morimos los tres. ¿Pos entonces que mas da donde se muera su hombre si total va a morir igual? Dejélo al menos pelear por su vida.
_El Pote tiene razón, Guillermo. No me voy a quedar escondido detrás tuyo, vamos a dar batalla hasta donde la chingada suerte nos acompañe. A veces algunos tienen que palmar para que otros vivan, y esta es raza pesada. Son ellos o nosotros y no voy a ir servido. Hay que madrugarlos.
El Pote se sonrió en la penumbra. _¡Que huevos güey!
_¡No manches Pote! _ Él también se sonrió. Se sentía mejor siendo parte de la resistencia que escondiéndose detrás del cuerpo de su hombre.
Más crujidos en la escalera.
Los crujidos se convierten en pasos.
Están subiendo.
El Pote recortado en la puerta se asomó sin ser visto y alcanzó a divisar lo que ya imaginaba. Una cabeza se asomaba con precaución sobre el rellano. Un torso y otra cabeza más. Llevaban armas que movían delante de ellos buscando algo a lo que disparar.
El Pote extendió su brazo en las sombras mirando de soslayo hacia donde estaba El Rey que era - estratégicamente - su apoyo. Aguantó la respiración y apretó el gatillo.
El arma escupió proyectiles como truenos. Bum Bum… Y antes que pudiera escucharse el tercero, el pasillo entero se comió las ráfagas del arma corta de El Rey que había corrido casi arrastrándose.
El pasillo se llenó de humo, la mitad de los barrotes de la escalera se habían convertido en astillas y las dos cabezas desaparecían. Dejaron de disparar.
Pedro estaba detrás de Guillermo con el arma entre las manos protegiendo su retaguardia.
En el piso de abajo voces gritando y ruido de raza pesada que corría.
Pedro miró a su hombre y recibió una mirada de asentimiento. Buscó en el morral que llevaba al hombro una granada, con los dientes le quitó el pasador como en las películas y la arrojó por el hueco de la escalera.
Se volvieron los tres en una carrera que terminó en un cuerpo a tierra sobre el piso y luego la detonación.
Lo que hubiera en la escalera acababa de irse a la chingada.
La luz se apagó en toda la casa, El Rey no supo si eso era bueno o malo. Corrió hasta la ventana, miró hacia el exterior y comprobó que el jardín también había quedado a oscuras. Las únicas luces que se veían eran las de la calle, del otro lado de la verja.
Corrió agachado hacia la puerta, el hueco de la escalera era un pozo seminegro débilmente iluminado por las luces de la calle que se filtraban por las ventanas.
_Lo estamos haciendo bien. Disparen a discreción. Conserven el parque. _ Dijo el Pote entre las sombras, refiriéndose a los proyectiles. _Si nos quedamos sin municiones estamos perdidos.
_Tranquilo Potekin, tenemos parque para divertirnos largo rato.
De pronto mas ruidos…
_¡Ahí vuelven los hijos de su madre! _Susurró el Pote encarando la oscuridad con su arma.
Ráfagas cortas del gatillero, los casquillos repiqueteando por todas partes al caer al suelo, el humo arremolinado entre las tinieblas. Fogonazos del arma de El Rey y los disparos certeros de Pedro que empuñaba el arma con ambas manos y la boca abierta como Franco le había enseñado para que los estampidos no le destrozaran los tímpanos.
Disparaban contra los fogonazos que venían desde la escalera.
Como respuesta, zumbidos que pasaban de largo y se estrellaban contra el yeso de las paredes y las maderas de las puertas. Ruido de cristales rotos cuando los perdigones impactaron contra la ventana del otro lado del pasillo.
Click. Click. Se había quedado sin balas. Rápidamente Pedro oprimió el botón para expulsar el cargador vacío y mientras buscaba en el bolsillo el otro cargador, el cuerpo de Guillermo lo cubrió apuntando hacia la escalera. Se dispuso a disparar pero tuvo que contenerse porque el cuerpo del Pote se lo impidió. Se había parado frente a ellos con esa mirada fría y dispuesto a todo.
Con una rapidez que no esperaban Pedro había recargado su arma, había extraído del morral otra granada que arrojó con esa puntería excelente y que ahora rodaba por el pasillo hacia las escaleras.
_¡Al suelo! _ Alcanzó a gritar. Y los tres volvieron a tirarse contra el piso cubriéndose la cabeza con las manos.
Esta vez el fogonazo fue enorme.
Si los de abajo estaban vivos era de suerte. De pura suerte.
El gatillero corrió agachado hasta el hueco de la escalera. El Rey también se había incorporado y corría a su lado. Llegaron juntos a la baranda deshecha y al asomarse dispararon para quemar a puro tiro lo que hubiera abajo. Los fogonazos de sus disparos alumbraron al menos dos cuerpos tirados entre los escombros de los escalones.
¡Chale que dolían los pulmones de respirar tanta pólvora! Pero había que ahogar la tos para no dar la data de su posición.
_ ¿Cuánto parque le queda patrón?
_ No mucho
_ Ahí va entonces.
En la oscuridad le tiró dos cargadores que El Rey atrapó en el aire y guardó en sus bolsillos.
_Pedro… ¿Estás bien?
_Mejor que nunca.
_Estuvo perfecto patroncito, esos dos bombazos fueron exactos.
_Gracias Potekin.
_Vos no juegues al héroe porque no va hacer falta que ellos te maten. Lo voy a hacer yo y con mis propias manos. El Pote las doce, yo las tres y vos mi seis. No te adelantes. Vos venís detrás mío. No te expongas.
_ ¿No va a ayudarnos nadie? _ Preguntó Pedro.
_ Cuanto mucho el santo Malverde, empezá a rezarle porque estamos solos.
_La única salida es la calle. La jurisdicción termina en la verja. Tenemos que llegar ahí. _ Dijo el Pote resignado
_Ni modo, está muy lejos _ Dijo El Rey
_Si, bastante lejos. Pero si es la única salida, tenemos que llegar ahí como sea patrón, o nos van a freír como conejos.
Crujidos y pasos.
Los tres empuñaron sus armas y apuntaron a las sombras apretando los dientes. Quizás había llegado la hora. Pero no subió nadie. ¡Chale! Falsa alarma.
Pero si estaban ahí, la granada que rodaba por el suelo esta vez estaba dirigida a ellos, el Pote apenas si tuvo tiempo de advertirlo. _ ¡Corran!
Alcanzaron a rodar hacia adentro de la habitación cubriéndose la cabeza con las manos y la boca siempre abierta para resguardar los tímpanos.
La explosión enmarcó la puerta e iluminó el pasillo como si fuera de día.
Guillermo, ensordecido por el estruendo, tardó en comprender que ese sonido lejano eran los disparos enfurecidos del Pote. Se incorporó y una parte de él que rayaba la desesperación buscó a Pedro en medio de la clandestinidad de esa noche oscura.
_ ¡Pedro!
Vio su silueta moverse entre las sombras. _ Estoy bien.
El Rey se arrastró hasta la puerta recomponiéndose del estampido. El Pote se debatía cuerpo a cuerpo con esas figuras escondidas en la cerrazón que provocaba tanto cañonazo. Apoyó su mano sobre la puerta, se puso de pie, levantó su arma y salió al pasillo disparando a ciegas.Bum. Bum. Bum…
_ ¡Que hace patrón! Usted debe estar detrás del Pote. ¡Patrón, vuelva atrás!_ Pero él no le prestaba atención, disparaba a quemarropa. Los tenía muy cerca.
_ ¡Patrón! _ El Pote sonaba desesperado. Pero él ya no lo escuchaba. Estaba desencajado.
Sintió un golpazo que se estalló contra su cuerpo y lo arrojó al piso, pensó que era uno de los otros y empuñó su arma apuntándole, casi lo remata a gatillazos hasta que reconoció el cuerpo del Pote que se había interpuesto entre él y las ráfagas que pasaban chasqueando contra las paredes.
Tirado sobre el suelo sucio y frío sintió a su lado, bien pegadito a su lado izquierdo, la presencia de Pedro que se sumaba a la quema. Esta vez no con ráfagas cortas sino interminablemente largas. _ ¡Cabrones! _ Lo escucha gritar. Disparaba enceguecido y sin miedo.
Guillermo ya se había incorporado y se había unido a ellos.
_ ¡Cabrones! _Escucha gritar al Pote _¡Chingados cabrones! _ Y sospecha que algo anda mal.
Pedro ya sin municiones se pega a la pared y mete otro cargador en su arma, está asombrado de no tener un solo rasguño, hasta que registra el quejido del Pote.
_ ¡Pote! _Los otros ya se han ido, la batalla estaba ganada, pero la guerra seguía en pie y algo andaba mal ahí arriba. Guillermo corrió hacia él.
_ Pote… ¿Estás herido?
_ Los regamos bien gacho patrón, estos no vuelven
_ Pote contestame. ¿Estás herido?
_ Algo de plomo llevo.
_ ¿Duele?
_ Pos pa´que le digo que no si sí. Un chingo… Pero nada grave.
_ Dejame verte
_ Pos mucho no va a ver, no tenemos luz.
_ Pedro, acercame una linterna
Pedro extrajo del morral una linterna y se la alcanzó. Lo inspeccionó de pies a cabeza.
_ Tenés un de cabo a rabo en el hombro. Hay orificio de entrada y de salida. Al menos acá no guardás plomo. A ver la pierna. _Rasgó su pantalón y vio el orificio de entrada. Era importante. _Te la dieron Pote, la única ventaja es que es munición grande, debe estar clavada contra el hueso. No se va mover por dentro
_¿Qué vamos a hacer patrón? Esto está demasiado cabrón y si nos quedamos de endeveritas nos van cazar como a conejos. No queda tanto parque.
_El porche… _Dijo mirando la ventana destrozada. _Tenías razón Pote, la única salida es ganar la calle.
_Pos, ordene nomás. Usted manda.
El porche, decide. Un techo voladizo con arbustos debajo al otro extremo del pasillo. La ventana que conduce a él ya no es problema porque no le ha quedado un vidrio sano. Si logran llegar ahí podrían saltar al jardín y abrirse paso hasta la verja de entrada.
La lluvia persistente podría del mismo modo estorbar o salvarles la vida, pero era un riesgo que había que correr.
_ ¿Podés moverte Pote?
_ Pos fíjese que si, patrón. ¿Cuál es la idea?
_ La ventana del pasillo y el jardín. ¿Qué te parece?
_ La idea siempre será la que usted decida, patrón.
_ Pedro…
_ Acá estoy…
_ ¿Cuántas granadas quedan?
_ Una…
_ Entonces es hora de usarla. _Lo miró buscando sus ojos que últimamente siempre le robaba la maldita oscuridad. _Hacelo Pedro.
La granada todavía rodaba cuando echaron a correr por el pasillo y el estampido los encontró llegando a la ventana.
Guillermo decidió salir primero y pasó las piernas por el marco procurando esquivar las astillas de vidrio que habían quedado adheridas a la moldura de la ventana, pero al apoyar la mano izquierda se corta. Sintió el líquido espeso y caliente rodarle por la palma de la mano mientras consigue llegar al exterior.
_ ¡Esperen! _ Se apoya en otro perfil del marco libre de astillas cortantes y con el talón termina de quebrar esas aristas que acaban de herirlo. _Ahora si, salgan.
Las tejas del techo voladizo crujieron bajo el peso de sus cuerpos mientras la lluvia les azotaba la cara.
Pedro lo vio tomarse la mano herida. _ ¿Qué tenés Guillermo?
_ Nada grave, me corté con un vidrio
_ Dejame ver.
_ Acá no. Abajo. ¡Ya abajo! ¡Vamos!
Se dejaron resbalar por la superficie mojada que los detuvo en el canalón. Luego, tras suspenderse unos instantes, se dejaron caer.
Ya estaban fuera.
Apenas tocaron el suelo con los pies el Pote rasgó con sus dientes una manga de su camisa y envolvió con ella la mano de su Rey que sangraba en abundancia. El sangrado se detuvo bastante con la presión.
_Gracias Pote
_Siempre suyo mi Rey
Chapaleaban en el barro buscando la verja cuando un haz potente de luz que provenía de la ventana por la que acababan de salir recorrió el predio buscándolos.
_¡Corran! ¡Pote apoyate en mí!
_Ni modo patrón, corra usted que el Pote lo sigue.
_¡Pote y la chingada madre! ¡Apoyate en mi y corré conmigo! ¡Pedro, ponete a salvo del haz de luz! ¡Escondete!
No hubo tiempo para mucho. La luz de la linterna los encontró y empezaron de nuevo los fogonazos. Esta vez la balacera se hundía en los charcos.
Mientras El Rey trataba de poner a salvo al Pote, Pedro se había escudado detrás de un árbol y disparaba con los ojos casi cerrados, agudizando los oídos. Indudablemente tenía una puntería fuera de lo normal. Se dejaba llevar por los sonidos y logró dos bajas que cayeron entre gemidos sobre el césped del jardín.
Guillermo disparaba hacia la ventana ahora solo iluminada por los disparos sosteniendo el arma con su mano derecha, pero necesitaba la izquierda para sostener el arma en la mira y se da cuenta que esa herida no le permite hacerlo con la precisión acostumbrada.
_¡Mierda!
Dispara con cuidado y sin perder la cabeza se planta de frente a la ventana acertándole con precisión al objetivo que cayó hacia atrás con un gemido de dolor.
De pronto advierte que el Pote no dispara. Se vuelve para buscarlo con la mirada y a la luz de la calle lo ve recostado en un pilar del porche.
La balacera había entrado en un impasse. Arriba tenían tres bajas y seguro tenían que reacomodarse. Eso les daría tiempo.
_Potekin…
_Lo siento Patrón. _ Lo oye murmurar _Orita si que me fregaron
Lo escudriñaba desesperado tratando de ver donde estaba herido. _ ¿Dónde Pote?
_En la mera tripa… Y no se si es sangre o lluvia, pero corre que da gusto.
Se mordió los labios con furia. Buscó las luces de la calle tras la verja y a pesar de estar tan cerca, la situación las volvía lejanas. _ ¿Y tu cuerno donde está?
_Algo más allá patrón, le metí un cargador doble, lleno… pero se me fue de las manos cuando me dieron.
Pedro que ya se había unido a ellos alcanzó a oír sus últimas palabras y comenzó a buscar con la vista el arma de guerra del Pote, hasta que la divisó.
Estaba tirada en los peldaños del porche a cielo abierto.
_Ya la vi, voy por ella
_Pedro, vos te quedás acá.
Apenas atinó a asomar la cabeza cuando una ráfaga salida de la casa lo obligó a replegarse contra el suelo.
_¡Qué hacés Pedro! ¿Estás loco?
_No estoy loco… Se que puedo llegar. Dejame hacerlo
_Patrón no lo deje… Lo van a llenar de plomo
El Rey miró hacia la calle. No estaban tan lejos. Ya había gente agolpada contra las rejas tras la verja y sirenas policiales. Alguien hablaba por un megáfono, pero no logró descifrar lo que decía.
Entre los árboles y a la derecha, alcanzó a escuchar un chapoteo. Pasos. Tal vez una sombra. Alguien intentaba un rodeo por esa parte. Espera, piensa y ruega que esos cabrones no lleven visores nocturnos.
_Patrón, necesito mi arma. No quiero morir así.
_¡Yo puedo traerla!
_¡No mames Pedro! Te quiebran apenas asomes el hocico.
_¡Me vale verga! Cuando se acaba se acaba… El Pote tiene razón, un hombre como él no se merece morir así.
Con las manos agarrándose el agujero que tenía en el medio de las tripas, el Pote tuvo su momento para volver a expresar en su mirada la admiración que su nuevo patroncito le inspiraba.
Otra sombra chapoteando entre los árboles. El tiempo se esfuma. Guillermo vuelve a mirar las luces de la calle y comprende que tal vez en un minuto más, ese único camino habrá dejado de serlo.
El gatillero sabe lo que se viene. El Pote siempre sabe lo que va a pasar. Se incorpora tambaleándose.
_ ¡Pote que mierda hacés!
_ Patrón…
_ ¡Pote…!
Esta vez sí que pudo ver los ojos de su mano derecha, su hombre de confianza… Las ansiadas luces de la calle estaban tan cerca que parecía una broma no poder llegar a ellas. _Patrón… Ocúpese de Pedro. El Pote sabe… El Pote sabe todo. Fue un honor haberlo conocido patrón. _Y antes que pudiera detenerlo lo vio correr hacia su arma.
Con esas palabras en los oídos y resoplando con furia y desesperanza, empuñó su arma y mantuvo la precisión con su mano ensangrentada disparando contra la casa para cubrir a su guardaespaldas. Pedro disparaba junto a él.
La noche se quiebra de nuevo en fogonazos. Los plomos chasquean contra el porche y los troncos de los árboles. Recortado en todo ese paisaje ve levantarse la rechoncha silueta del gatillero entre el resplandor de los disparos y volver casi arrastrándose hasta él, con su arma entre las manos.
Se acercaba angustiosamente despacio, pero seguro. Lo había logrado. Las balas que venían de la casa arreciaban por todas partes y algunas impactaron contra su cuerpo amenazando con despedazarlo, pero sin poder detenerlo. Llegó hasta donde su Rey estaba y cayó de rodillas ante él con el cuerno entre las manos. _Orita si patrón… ¡Orita mándelos a todos al infierno!
Con el impulso de la ira tomó el arma del Pote y gritó.
_¡Hijos de toda su puta madre! _ Con un rugido que le salía de las entrañas vació el cuerno del Pote contra la casa. No lo había visto antes, pero esta vez si se percató de su presencia. Pedro seguía a su lado, disparando contra la casa junto a él.
Cuando el parque estaba a punto de acabarse lo arrastró hacia la derecha y lo escondió entre los arboles junto a él. El mismo lugar por donde había visto desplazarse esa sombra.
Las ramas bajas les azotaban la cara al igual que la lluvia que no dejaba de caer. Se sentían perdidos cuando una silueta pronunció su nombre entre el follaje. _¡Guillermo!
Fogonazos a su espalda y esa voz… Miró hacia la calle. La verja cada vez más cerca, gente y la calle iluminada, alguien que seguía hablando por un megáfono palabras incomprensibles y una voz que pronunciaba su nombre demasiado cerca. Levantó el arma.
_¡Guillermo! No dispares. Soy yo… Marcos.
Enfocó su mirada, no podía verlo pero era imposible no reconocer su voz.
_ ¡Marcos! ¿Qué mierda hacés vos acá? ¿Qué tenés que ver con esto?
Se aproximaba a ellos esquivando las ramas bajas de los árboles y cubriéndose la cara de los azotes de la lluvia, hasta que estuvieron frente a frente. _ No sé cómo pasó, creímos haber elegido gente de elite pero nos equivocamos. Los vendieron Guillermo.
_ ¿No me digas? ¿Te parece?
_ Apenas me enteré vine para acá. ¿Pedro vos estás bien?
_ Sin un solo rasguño.
_ Qué bueno ¿Y vos Guillermo?
_ Yo estoy bien, pero mi custodia se está muriendo de una forma que no se merece gracias a esos hijos de su chingada y puta madre!
_ Síganme, los vamos a guiar hasta la salida. De paso los vamos a distraer de este lado para que mis hombres puedan ir por tu guardaespaldas por el otro. Ojalá lleguen a tiempo. Lo regaron de plomo.
_¿Estás solo Marcos?
_Por supuesto que no, el que se mete solo en estos quilombos y por pura pasión sos vos, yo estoy trabajando. Síganme que hay más gente ayudando, tienen que llegar a la calle.
La charla se vio interrumpida por los disparos que recomenzaban y los zumbidos rozando sus cabezas como moscas de plomo.
_¡Al suelo! _ Ordena la voz de Marcos
Pero Guillermo se había vuelto hacia la casa y oprimía el gatillo, el resplandor se sus propios disparos lo cegaba. Escuchó un gemido y alcanzó a ver otro cuerpo caer desde la ventana
_¡Fregátela cabrón!
Un empujón lo dejó de rodillas sobre el piso. Una sombra se paró delante de él, otra cubrió su flanco y una más a su espalda. Disparaban hacia la casa con visores nocturnos, chalecos antibalas y armas de guerra. Eran los hombres de Marcos.
Entonces, desde la verja, se escuchó la voz tan esperada.
_¡Vengan hacia acá , señor Graziani! Somos militares… Los protegeremos.
“Chingada madre que podrían protegernos un poquito más de cerca. Porque nos quedan los metros más difíciles. Sin árboles, sin sombras que nos cubran”.
Siente su aroma inconfundible, una fragancia que ningún resquicio de pólvora podría eclipsar. Lo ayudó a ponerse de pie.
_Pedro…
_Ya te dije… Donde vayas y hasta donde llegues. Siempre con vos.
La balacera que provenía desde la ventana de la casa había menguado considerablemente. Además de las bajas, tampoco ellos debían tener mucho parque. Mira hacia la verja. Son los metros más largos de su vida. Resguardados por los últimos árboles siente el temor de fallar en el último momento y no llegar a recorrerlos. Otra vez la maldita ruleta rusa que tenía en sus manos su vida y la de Pedro.
_ ¡Tienen que salir de acá, Guillermo! Ustedes corran que mis hombres saben cómo cubrirlos.
_ ¿Qué va a pasar acá cuando nos hayamos ido?
_Lo sabés de sobra. Ellos van a entrar _dijo Marcos señalando a sus hombres_ y no van a dejar uno solo en pie.
_Dejen alguno en condiciones de confesar, quiero saber quién nos vendió.
_Vos dejame eso a mí, yo me voy a encargar de saber quien los vendió. ¡Ahora corran! ¡Corran como nunca corrieron!
El Rey de Sinaloa miró a su alrededor y con una lluvia que se había vuelto escasa por segundos golpeándole el rostro se despidió de los viejos fantasmas que lo habían acompañado tanto tiempo. Su vista se posó en Marcos. _ Prometeme que vas a estar bien Marcos.
_ ¡Dejáte de joder, Guillermo! No me hagas esto ahora… _ Apenas si podía disimular la inquietud y el miedo que le ahogaba la voz. Se venía un a cara o cruz y los dos lo sabían. Todos estaban en la mira y corriendo el mismo riesgo. _ ¡Corran de una vez! Te prometo que allá nos vemos amigo.
Lo abrazó con nostalgia y un temor que nunca confesaría, gracias a Dios volvía a llover intensamente, nadie podría distinguir que le estaba pasando. Las lágrimas se mezclaban con la lluvia. Lo abrazó con fuerza. Marcos sintió los temblores de su cuerpo contra el suyo. Le palmeó la espalada y no pudo evitar el pujar de un llanto que se escapaba de él abrazado a su amigo de la infancia. _ Acabás de meter el mejor gol de toda tu historia de campitos y potreros, ahora andá, pónganse a salvo, allá nos vemos.
_Allá te espero entonces requetepinche compadre. _Y se secó las lágrimas.
Miró a Pedro. _ ¿Listo?
_Definitivamente.
_No corras en línea recta, zigzagueá todo lo que tu cuerpo te permita.
_Vamos de una chingada vez y que sea lo que Dios quiera. _Sus ojos estaban serenos pero profundamente tristes. “No es justo que todo esto termine en una despedida, que tus ojos me estén diciendo adiós”.
El Rey volvió a mirarlo y reprimió las ganas de besarlo. Rogó al cielo tener otra oportunidad tal como Pedro había rezado dos noches atrás por volver a hacer el amor con él una vez más antes de morir.
_¡Allá nos vemos gueyes!
Lo tomó de la mano y apretando los dientes echó a correr. Detrás de ellos las ráfagas de disparos que volvían a enfrentarse. El blanco que ofrecían era demasiado bueno, pero lo hombres de la DEA bajo el mando de Marcos se encargaron de distraer al francotirador que estaba apostado en la ventana.
Tropezaba con el barro y su cuerpo cansado le jugó una mala pasada. Sin poder evitarlo cayó de rodillas sobre el piso. Su caída detuvo la corrida de Pedro que giró sobre si mismo buscándolo.
_¡No te detengas Pedro! ¡Corré!
Se detuvo a mirar el jardín oscuro de fondo y la casa en sombras con una sonrisa de redención. Se sintió libre de una vida que nunca le había pertenecido y tal como ese Rey ahora cansado, herido y de rodillas sobre el barro lo había hecho apenas unas noches atrás cuando el peligro lo había acorralado, se jugó la vida y lo ayudó a ponerse de pié. _ Apoyate en mí.
Había perdido mucha sangre. _No doy más, Pedro. Corré, ponete a salvo._ Escuchaba su voz quebrada, la sangre espesa volvía a brotar de su mano salpicándolo con su tibieza.
_¡Cumplí con la promesa que me hiciste! Vos me prometiste que nunca te ibas a separar de mí. Así como yo me entregué a tus manos y te confié mi vida, apoyate en mi y corré conmigo. Llegamos juntos o nos morimos juntos, pero no me condenes a una vida sin vos, porque vivir sin vos va a ser mucho peor que haber estado solo cuando me rescataste aquella noche en la capilla de Malverde.
Con el último aliento que le quedaba en el cuerpo corrió dejándose auxiliar por las manos fuertes de su hombre. Su gran y pequeño hombre. La lluvia no ayudaba, hasta podría decirse que los acribillaba. Hundían sus pies en el barro pero la prontitud con la que corrían impedía que se sumergieran en el lodo. Corrieron enceguecidos. Detrás de ellos las salvas de detonaciones, múltiples estallidos de fuegos cruzados se perdían en las profundidades del jardín. La voz que hablaba desde el megáfono era tan clara y cercana que cuando alzaron los ojos se vieron casi pegados a la verja que ya había sido abierta por los militares. Mucha gente mirando, coches con destellos de luces, cámaras de televisión, gente tumbada en la aceras y flashes que se disparaban desde todos los ángulos.
_¡Salgan! ¡Salgan!
Los focos los ciegan. Atraviesan la reja aturdidos, sin comprender con exactitud lo que está pasando ahí afuera, una realidad tan distinta a la que acababan de dejar atrás.
Siente los brazos de Pedro que no lo sueltan, que lo rodean a la vista de toda esa gente y se siente seguro por primera vez en su vida. La lluvia sigue golpeándolos colérica e ingobernable. Voces a su alrededor y desplazamientos que solo se perciben en ese espacio en el cual los ojos son capaces de ver cuando se hallan anclados en una imagen. El campo visual les sugería movimientos agitados en torno a ellos, que no lograban quitarse la vista de encima. La mirada fija en el otro. Estaban con vida y con la vida entrelazada para siempre. Deudas saldadas. Ya nadie le debía la vida a nadie, Pedro acababa de pagar su duda íntima con ese hombre que lo había salvado en su peor momento y algo similar a la paz crecía en su interior.
Ahora si. Ahora si podrían empezar a recorrer un camino juntos
Una voz gritaba _ ¡Están heridos! ¡Dejen pasar a la ambulancia! ¡Hay mucha sangre!
Las sirenas policiales bramaban y las luces destellaban en medio de la calle apartando curiosos y despejando el camino. Había que sacarlos de ahí lo antes posible.
_¡Señor! ¡Señor… está herido! ¿Se siente bien? _ Alguien le hablaba pero él no podía quitar sus ojos de los de Pedro.
Se miraban en silencio. Sobraban las palabras. Lo que lograban decirse en ese silencio era mucho más de lo que las palabras habían dicho hasta ahora.
_¡Señor! ¡Por favor… respóndame!
El brillo en los ojos de Pedro fue una promesa. Ahora sabía que siempre estarían ahí, donde él los buscara.
_ Si, estoy bien. Solo estoy cansado a reventar.
_Tiene la mano cortada por un vidrio, doctor. Pero es un corte importante y ha perdido mucha sangre. _ Le explicó Pedro sin sacarle los ojos de encima.
_Señor, suba a la ambulancia por favor. _ El médico observó a Pedro. _ Usted también está lleno de sangre señor. ¿Está herido?
_ No, yo no.
_ ¿Va a subir a la ambulancia o va a viajar en un móvil policial?
_ Voy con él. Con ustedes.
_ Entonces suba. Su compañero está sangrando mucho.
_ Ya subo… Pero antes, consígame un cigarrillo. Confío que entre tanta gente algún hijo de su chingada madre tenga un cigarrillo.
El médico buscó debajo de su chaqueta y extrajo del bolsillo de su camisa un atado de cigarrillos y un encendedor. _ Llévelos. Han tenido una noche difícil y esto todavía no termina, pero no fume en la ambulancia, por favor.
Un estrépito de sonidos que bajo esa lluvia infatigable no se podía distinguir con precisión de donde provenían los distrajo. Otra ambulancia se acercaba a la reja marcha atrás y un grupo de paramédicos sacaba de la casa un cuerpo casi sin vida sobre una camilla ensangrentada.
Guillermo todavía de pie no necesitó explicaciones. _ ¡Pote! _Y corrió hacia ellos. _Pote hablame… _Pedro iba detrás de él
Uno de los asistentes lo apartaba interponiendo su cuerpo. _Señor. No le puede responder.
_ ¿Qué tan mal está?
_ Muy mal. Déjenos intentarlo, señor. Apártese, por favor.
_ Potekin…. _Corría con ellos junto a él. _Yo se que podés escucharme, no te mueras Pote.
Lo ingresaron a la ambulancia a toda velocidad y antes que pudiera concebir lo que estaba pasando arrancaron haciendo tronar la sirena de urgencia.
Se quedó solo en medio de la calle, con una mano ensangrentada mirando las luces rojas de la parte posterior de la ambulancia que se perdía en la calle llevándose en ella, tan fría, tan aséptica, tan inmaculada, la vida de un hombre que había sido su mano derecha, un auténtico servidor, un guardián intachable en todos los sentidos. La noche se volvió fría y triste. Nunca se dio cuenta que había empezado a llorar. La lluvia lo encubría todo.
La vida y sus caminos sorprendentes. La vida que da y quita al mismo tiempo.
No necesitó verlo para saber que estaba detrás suyo, apuntalándolo, dispuesto a lo que fuera. Giró y se abrazó a él que lo recibió con un abrazo tan padre que conmovió a los que aun estaban en el lugar.
_Tranquilo amor _ Le dijo bien bajito al oído. _ El Pote es fuerte, tené fe. Él va a vivir. Nos debe una noche entera de tequila y corridos, y el Pote es un hombre de ley. Él no va a irse sin paga su deuda. Ahora vamos… esa mano necesita una sutura. Ya perdiste mucha sangre. Vamos amor… Vamos.
Subieron a la ambulancia y apenas arrancaron Pedro miró el paisaje que dejaba atrás, se persignó tres veces apretando la mano sana de Guillermo y encendió un cigarrillo.
El médico estuvo a punto de reprenderlo, pero desistió.
Guillermo recostado sobre la camilla observó la escena y comenzó a reír.
_Hace bien en no perder el tiempo doctor, él siempre termina ganando. Logra lo que se propone sin que uno pueda poner resistencia. Tiene un don y sabe cómo usarlo.
Su mano volvió a presionar la suya. Expulsó el humo con esa sensualidad tan particular y le sonrió ligeramente enmarcando su boca tentadora entre esas muecas visibles que se formaban en sus mejillas cada vez que sonreía.
_Te quedan requetebonitos esos hoyuelos Pedro.
CONTINUARÁ
Esplendido la verdad me encanto sandris, me dejaste así con la boca abierta todo el relato, lo que me hizo delirar este capítulo de narcos, ni te imaginas, me encanta como relatas, como fue tomando rumbo tu historia, perfecto todo bueno te dejo mi humilde comentario y te mando un abrazo hasta el próximo
ResponderEliminar¡Gracias Martín! Cuanto me alegra que lo hayas vivido de esa manera porque juro que amé profundamente escribir Narcos... Toda una historia de "hombres". Hombres de palabra y ley. Amé cada noche de corridos, tabaco y alcohol. Noches que me hicieron y un me hacen volar muy alto. ¡Un abrazote inmenso lindo! Y nuevamente gracias por tanto...
EliminarMuy, pero muy bueno nena.....La verdad Sandrita es para delirar......No podía dejar de leer...La rechingada madre y vos con tus WhatsApp......Genial...extraordinario....mágico....me mantuvo en vilo todo el tiempo....Te amo BB....Narcos y Teatro dejan huellas....Beso y abrazo.....Estoy enamorada de esos tres...El Pote es un groso.....Chauuuuuu
ResponderEliminarA Sil.....la foto es alucinante.......te amo...
EliminarGracias Mirtuchi! Y perdón! No sabía que estaba interrumpiendo semejante tiroteo... ¡Jajaja! Con sinceridad, he disfrutado inmensamente escribir esta historia que ya está llegando a su final. Me atrapó esta historia de hombres y fueron ellos los que terminaron de escribir estos últimos capítulos. Feliz y emocionada de haber nacido con ese cartelito en la frente que dice: "No molestar. Estoy soñando" Así nací, así viví y así moriré. La ficción todo lo puede. ¡Abrazo compañera de aventuras! Te quiero amiga...
EliminarEstuve todo el capitulo al borde del asiento! Qué bien que manejas los tiempos! Estoy llorando desde que hirieron al pote!! Me encanto, se me hizo corto, no quiero que muera, quiero mas amor!! y que paguen los culpables!! Que soldado es pedro, es un valiente de ley y guille hermoso preocupado y no dejandolo que se exponga! AME, por favor, pronta continuacion!!
ResponderEliminar¡Gracias! ¡Muchísimas gracias por tan hermosas palabras! No voy a spoilear el final, pero todos sabemos que el Pote no va a morir. Ese Pote debe regresar, porque ya se ha convertido en una figura necesaria, casi tanto como ellos. ¡Gracias nuevamente por estas palabras tan lindas! Y la continuación, o sea, el final... ya está llegando. ¡Un abrazo!
EliminarTermina Narcos pero vos seguis escribiendo, verdad?
ResponderEliminarSiempre... Mientras Dios me siga acompañando en este bellísimo camino que es crear ficción, nunca dejaré de escribir. Gracias por esa pregunta que me entibia el alma. ¡Graciasssss!
EliminarAy Sandrita Sandrita! yo sabía...imaginaba que esto se venía fuerte! pero no imaginé que "literalmente" era una cacería con desparramo de sangre por todos lados! que impresionante San! la verdad que imaginé toda la escena....me preocupé con Guille por Pedro...me sentí orgullosa del chiquitín y su valentina...me agoté con ellos corriendo hasta la verja...lloré cuando la ambulancia se lo llevaba al Pote...que decirte Mujer! Volé en toda esta historia tanto! que pensar en un final hasta me entristece...voy a extrañar...la fics...los tips para la foto que me hacían anticipar lo que se venía ...la emocion de ese amor...el léxico Mexicano ...voy a extrañar NARCOS! Gracias...por permitirnos volar con vos! eso si....salvamelo al Pote porque me hago un viaje a Villa y atenete a las consecuencias....#pasacallesycacerolasos a full!!! te quiero San!!! y te felicito...
ResponderEliminar¡Ay Sil! Ni lo digas que ya empecé a sufrir el síndrome de abstinencia, las noches sin Narcos no van a ser las mismas. Yo nunca pienso una fics, es una idea que cae como un relámpago y cobra vida. Hoy volví a leer el capítulo y me pegó una nostalgia de la chingada madre... ¡Cuanto los voy a extrañar! Todo... esta historia de hombres, de peligro, tequila, tabaco y tensión. Y ese lenguaje! ¡Chale que lo voy a extrañar! Pero confiemos en que las musas nos tengan preparada otra sorpresa. Y quedate tranquila... El Pote es fuerte. Él va a resistir. ¡Un abrazo inmenso Sil y gracias por tanto amor que le fuiste poniendo a esta historia en cada foto! Como siempre te digo, medio capítulo es todo tuyo. ¡Besossss!
Eliminarayyyyy Sandra! Como siempre: excelente! es poco. La verdad trato y trato de encontrar las palabras y la verdad todas me parecen "nada". Es hermoso como escribis! La historia es genial! El amor, la lealtad, la fuerza, todos dando por el otro. Hermoso! Te pido milllll veces perdón por romperte tanto las p..... Pero tu pluma me genera esto. Esa necesidad incontenible de leer y leer por el placer que me causa. Gracias Sandra!!!!!! Y ahora sabes que....?! ... espero ansiosa el siguiente capitulo ;) Besos ENORMES Romina
ResponderEliminarRomi, gracias por la paciencia y la espera. Gracias por tus palabras siempre tan cálidas y tan compañeras, gracias por empujar mi motorcito interior con tu ansiedad... ¡Gracias por tanto amor por este Narcos, que para mi será inolvidable! ¡Un abrazo inmenso Romi! ¡Besosss!
Eliminarfelicitaciones NO SOY DE LA IDEA QUE TERMINE DABA PARA MAS ES MI HUMILDE OPINIÓN PERO USTED ES LA ESCRITORA Y LA RESPECTO ESPERO ANSIOSA EL FINAL Y EL COMIENZO DE LA NUEVA FICCIÓN CON LA PARTICIPACIÓN DE MIRTA jajajajajajaj mara rosas
ResponderEliminarGracias Mara! Si, tal vez daba para mas, pero esta vez sentí que la historia tenía que terminar así. Como dijo Pedro, a veces algunos tienen que palmar para que otros vivan y los espacios vacíos tienden a llenarse. Algo nuevo surgirá. ¡Abrazote desde este lado del río! ¡Besosss!
EliminarQue puedo decir que no haya dicho ya.. Que me "fascinó esta historia" que sos un genio para escribir..que no hay un momento de respiro..que te mantiene hipnotizada todo el capítulo.. Que si se muere el Pote me enojaría..no se que mas ..felicitarte porque sos lo más..un beso Pilar
ResponderEliminarQue hermosas palabras Pilar... ¡Gracias! Si, la verdad es que fue un capítulo fuerte, hasta a mi me provoca por momentos una ansiedad extraña, como si no lo hubiese escrito yo, como si desconociera el final, pero era necesario porque esto es lo que va a decantar en el final que soñé para esta historia desde que empezó. Y quedate tranquila, el Pote es fuerte, él va a resistir. Ya lo veremos volver enfundado en sus botas de piel de iguana peinándose el bigote y mirando el mundo con desconfianza. Un capo el Potekín! Nuevamente gracias mujer! Abrazo inmenso...
EliminarBueno... Qué más se puede agregar a todo lo dicho? Me sentí igual que Sil, viviendo intensamente cada segundo de acción lleno de adrenalina... Qué pedazo de historia!!! Amo profundamente estos Pedro, Guille y Pote... Las palabras se me quedan muy cortas para expresar lo que siento...
ResponderEliminarNada... Sólo que estoy muy orgullosa que seas mi amiga... Gracias!!! Te quiero!!!
¡Ay Tocaya...! Tocaya... De la misma manera, ¿qué podría agregar yo a tan bonita devolución? A mi también me pasa eso de que las palabras te queden cortas para agradecer tanto amor y esa compañía tan leal como el Pote mismo.
EliminarSi en algún momento estuve enojada con ese Farsantes que tanto dolor me causó, hoy le estoy eternamente agradecida por amigas como vos y como tantas que ya son parte de mi vida. ¡Un abrazo inmenso Guille y desde acá te mando un aluvión de musas para que pronto, muy pronto, los OVNIs vuelvan a visitarnos. ¡Abrazote inmenso amiga! ¡Besossss!
Q hermoso capítulo !!!
ResponderEliminar¡Gracias Valeria! Otra gran amiga que me dejó Farsantes... ¡Un abrazo inmenso!
EliminarQué capitulazo! Tan real que ya me estaba escondiendo abajo de la cama para no ligarla también... qué detallismo y qué precisión, wowwww es algo increíble... me encantó Pedro tirando granadas como loco, jajaja todo un guerrillero! Verdaderamente has creado un Pedrito muy especial... me encanta! Se ve venir un bello final! Mary B
ResponderEliminarMary... Mi tan querida Mary. Si esta noche me faltaba algo para remontar, era esto. Sentir tu compañía, saberte cerca.
ResponderEliminarRespecto del capítulo, lo bien que hiciste es esconderte debajo de la cama porque hasta yo sentí el repiquetear de tanto cañonazo en mi pequeño departamento... y respecto a vos. ¡Cuanto se te extraña! Ojalá algún día sientas la necesidad de volver a deleitarnos con esa pluma mágica que tan bien sabés usar. ¡Un abrazo inmenso! Y gracias por tan lindas palabras... ¡Besosss!
"Te quedan requetebonitos esos hoyuelos Pedro".
ResponderEliminarQUE VOY A HACER CON USTED SEÑORA PEDRIS.¡QUE TALENTO PARA PARTIRME EL CORAZÓN DE TERNURA!.PENSAR QUE NO QUERÍA NI UN POQUITO AL DUEÑO DE SINALOA. RESULTO UN TIERNO CON GANAS DE QUE LO MIMEN Y LO MIMEN ETERNAMENTE.PEDRO EL COMPLEMENTO PERFECTO.
TREMENDO CAPITULO.SE PUEDE PALPAR LA DESESPERACIÓN. TALENTO PURO.TODAS LAS FELICITACIONES TODAS.
IMAGINO QUE EL POTE SALDRÁ CON VIDA DE TODO ESTO, SE LO MERECE.
ALGO ME DICE QUE LAS NOCHES MAS BELLAS ESTÁN POR LLEGAR.
ESTOY COMPLICADA CON LOS HORARIOS Y EL TIEMPO PERO USTED SE MERECE UN COMENTARIO EN AGRADECIMIENTO A TANTO, TANTO AMOR.
TODO DICHO, PARA QUE MAS, LO SUYO ES MÁGICO.
SUS HISTORIAS SON PARA COLGAR UN CARTEL QUE DIGA"PROHIBIDO MOLESTAR, ESTOY SOÑANDO".
"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA".MONICA DE LANUS.
GRACIAS, GRACIAS, INFINITAMENTE GRACIAS SEÑORA DE LANUS! ¿VIO COMO LE CAMBIÓ LA MIRADA ESE REY, DUEÑO DE SINALOA? FINALMENTE ERA UN SER LLENO DE AMOR Y QUE TAN SOLO ANHELABA COMO TANTOS, MIRAR AL CIELO Y PEDIR UN DESEO, LA NOCHE MAS BELLA. VAMOS PA´DELANTE... QUEDA MUCHO POR CONTAR. ¡UN ABRAZO INMENSO MUJER! ¡Y GRACIASSSSS POR TANTO AMIGA!
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