Libro de anclaje: "La Reina del Sur" de Artuto Pérez - Reverte

Estados Unidos - Miami - Estado de Florida. Primer miércoles de Octubre, 2014 – 00:15 hs.
La ambulancia hacía rugir la sirena de urgencia en esa noche de sangre, traición y muerte. Pedro seguía con una mano aferrada a la mano sana de Guillermo y en la otra sostenía un cigarrillo que fumaba de manera pausada sin quitar sus ojos de los suyos.
La voz de Abigail cantaba dentro de él y en el más recóndito silencio un nuevo corrido, palabras que él dejaba salir por sus pupilas y fondeaba en ese mirar oscuro que no se apartaba de su mirar.
“Bésame el alma, que la traigo temblando de frío y de miedo. Has que se sienta segura y se esconda en tu pecho. Bésame el alma que no quiere otros labios que la quieran. Bésame el alma que solo sabrá defenderse esta noche. Bésame el alma sin prisa y escucha lo que te diga. Bésame el alma que quiero sentirte cada vez más cerca. Bésame el alma, que sin duda, es tu alma gemela”.
La ambulancia atravesó a toda velocidad el terraplén que conducía a la puerta de ingreso al hospital. Las puertas traseras se abrieron de improviso. Se escuchaban órdenes gritadas a viva voz.
La camilla estaba sucia de sangre. _ ¡Está sangrando demasiado! ¡Apúrense!
_No es para tanto. No manchen… Ya les dije que estoy bien. _ Sacaron su cuerpo recostado sobre la camilla y sin darse cuenta, sin saberlo, sin poder imaginarlo, arrancaron una mano de la otra interrumpiendo la magia del momento.
Pedro saltó de la ambulancia y corrió junto a su él. La mano sana de El Rey se erguía demandando la suya. _ ¡Pedro! _ Sus ojos seguían buscándolo entre la gente que lo rodeaba.
Alcanzó a tomarla en el aire y corrió a toda velocidad junto a la camilla._ Acá estoy. Ahora y siempre.
Si que estaba perdiendo mucha sangre. Sus ojos se cerraban mientras una palidez intensa se traslucía en su semblante.
La magia quedó pernoctando a la intemperie, observando el amor tras los cristales, mientras los paramédicos ingresaban su cuerpo con rapidez al hospital.
_ ¿Cuánto hace que está sangrando de esta manera? _ Le preguntó el médico que salió a su encuentro.
Pedro se sentía confundido. ¿Cómo se calcula el tiempo en medio de una batalla campal? ¿En disparos? ¿En cargadores vacíos? ¿En muertos de un lado y del otro?
_No lo se. Un deslizamiento hasta que nos detuvo el canalón. Luego ganar el jardín y buscar la calle. Varios cargadores vacíos, tres o cuatro muertos…
_¿Señor? ¿Usted está bien?
_No. _Lo miró con seriedad. _Ninguno de los tres puede estar bien esta noche. Guillermo está herido, el Pote se está muriendo y yo me estoy quedando solo. _La voz se le quebró en medio de tanta explicación. _Nadie podría estar bien una noche como esta.
_ ¡Por favor! ¡Un sedante por acá!
_ ¡No! ¡No quiero que me seden! _ La camilla se alejaba. _ ¡Guillermo! _ Gritaba desesperado al ver que la distancia se acentuaba alejando a su hombre de su lado. _ Retorció la chaqueta del médico sin poder razonar. _¡Déjeme pasar! No necesito dormir, necesito estar con él.
_No es para que se duerma señor, es solo para que se serene. No tenga miedo, no se va a dormir. Pero con eso nos aseguramos que sus arterias coronarias estén protegidas, o sea, que no se infarte. Acéptelo, le va a hacer bien. Su sistema nervioso está a punto de colapsar.
No necesitó pensarlo demasiado, el corazón latía con fuerza y ya se reflejaba un dolor físico en su pecho.
_Está bien.
Aquella madrugada de octubre y en la sala de urgencias, quien había sido El Rey de todo el estado de Sinaloa, después de ser atendido y suturado, lejos de victimizarse por lo que él consideraba un corte intrascendente en su mano, exigía ver a su guardaespaldas.
_¡Quiero verlo! Necesito verlo.
_Está en el quirófano, señor. Trate de calmarse. ¿No quiere un sedante?
_¡No! _ Le gritó al enfermero que intentaba tranquilizarlo. _ No quiero un sedante. ¡Quiero ver a mi custodio!
Pedro con un cigarrillo apagado entre los dedos y las pulsaciones ya controladas por la medicación le hablaba con serenidad.
_Tratá de calmarte Guillermo, la neta es que no podés entrar al quirófano y lo sabés, así que no chingues más con esa huevada y dejá de gritar. Estos hombres están tratando de salvarnos la vida a los tres. Al menos mostrate agradecido.
Con un gesto resignado apaciguó su ira. _ Lo siento _ Dijo mirando de reojo al enfermero.
Pedro cambió de mano el cigarrillo apagado y tomó la suya con calma. _ Acá estoy. Siempre acá. Siempre con vos. _ Y lo miró muy de lleno a esos ojos que cada vez que observaba le recordaban las imágenes sacras del Templo Mayor. Esos ojos de deidades mitológicas. Ese mentón que hacía evidente su temperamento altanero y elegante. _ Siempre con vos.
El Rey agradeció en silencio con solo una inflexión de su mirada.
La cirugía había terminado. Para bien o para mal, ya habían hecho todo lo que se podía hacer. Ahora el Pote se debatía entre la vida y la muerte en una sala de terapia intensiva conectado a varios aparatos y cubierto de cables que hacían lo posible por mantenerlo con vida. Por más que rogaron no los dejaron verlo.
_No esta noche. Si permanece estable, tal vez mañana.
Seguían en la sala de emergencias, rodeados de gente. Abogados, abogángsters, militares y hasta un juez que intentaba hablar con ellos en medio de tanta conmoción.
_Admito que tienen ustedes mucha sangre fría. _ Hablaba bastante bien el español, despacio, con las pausas apropiadas y acento suave. Tenía la apariencia de un hombre de bien, los ojos grandes y la piel clara. Usaba el cabello bien corto a la manera de un soldado. _ No se cómo lograron salir con vida de semejante incidente…
El Rey estaba que se lo llevaba el viento. _ “¿Incidente?” ¿Se atreve a llamar “incidente” al palo que nos dieron? ¡Casi nos trincan a plomazos! Alguien de ese lastre malnacido que nos pusieron de custodia nos entregó y si estamos con vida es gracias a los huevos de ese hombre que se está muriendo en algún rincón de este hospital y a esa golfa aristócrata llamada Muerte que hoy no nos quería junto a ella. Por favor, se lo suplico, no insulte mi inteligencia…
Pedro trataba de serenarlo. _ Guillermo…
El Juez carraspeó. Si, claro que ese hombre estaba en lo cierto y usaba los términos adecuados, pero él estaba ahí para resolver la situación y no para discutir con él. Necesitaban su declaración y la falla había sido de ellos.
_Déjelo desahogarse señor… ¿Beggio, no? ¿Es ese su apellido? Disculpen mi confusión, no estoy a cargo de la causa, solo soy el Juez de turno, pero estoy informado del tema. Lamentablemente, debo decir que su expresión, señor Graziani, más allá de lo que me pesa, es mucho más exacta que la mía. La falla que hubo por parte de la seguridad y que puso en riesgo sus vidas es seria e imperdonable. Pero por lo que tengo entendido, ahora, más que nunca deben mantenerse a salvo, declarar y decidir un destino donde estén protegidos._ Guillermo sentía la boca seca. Mientras lo escuchaba observaba el orden y la higiene del lugar tratando inútilmente de apagar la furia que lo quemaba por dentro. _ No sé como lo lograron, pero me alegro que lo hicieran. Esto dará que hablar por mucho tiempo. Han sido hábiles para escapar de semejante conspiración, pero hay un detalle, no solo han corrido peligro sino que siguen corriéndolo. No estoy convencido que esto se haya detenido en esta noche.
_Eso ya no importa._ Dijo El Rey con el rostro pálido por el dolor físico, la pérdida de sangre y la desesperanza de saber que, posiblemente, el Pote se estaba muriendo muy cerca y a la vez muy lejos de él.
_Claro que importa, deben reponerse y también mantenerse a resguardo para poder declarar.
_Pedro no tiene un solo rasguño y yo ya fui atendido. ¡Estamos repuestísimos! _ La sorna con la que hablaba incomodaba al juez. _Quiero ver a mi guardaespaldas, quiero declarar de una vez y olvidar todo este asunto.
_Señor Graziani, _ pronunciaba su apellido como podía. _ en visto de lo sucedido, si así lo desean pueden macharse esta misma noche a un destino desconocido y nosotros enviaríamos una comitiva que les tome declaración allá donde ustedes estén.
Sus rasgos se endurecieron ante lo que le estaba insinuando. _ Llegamos a Miami los tres juntos, y nos vamos a ir los tres juntos, sin importar el precio que debamos pagar por eso. ¿Qué clase de gente cree que somos? ¿Acaso supone que vamos a salir corriendo a escondernos en el culo del mundo dejando al hombre que nos salvó la vida muriéndose solo en esta tierra extranjera? No señor… Acá nos vamos a quedar hasta que el Pote, vivo o muerto, vuelva a casa con nosotros.
_ Señor… _ Volvía a carraspear con nerviosismo. _ Es admirable lo que dice, pero la prioridad es que estén seguros. Tienen que declarar... Hay papeles firmados…
_ ¿Pero usted no entiende cuando yo hablo? ¡Claro que vamos a declarar! Estoy barajando mi vida y la de mis hombres por esa chingada declaración y me hace este cuestionamiento… ¿A qué cree que vinimos a Miami? ¿A cantarle rancheras?
¡Chíngale que estaban requetelejos de su tierra! Allá las cosas se vivirían tan diferentes.
_Guillermo, tratá de calmarte. El señor solo quiere ayudarnos.
Tomó aire y trató de ser cortés al responder. _ Vinimos a Miami los tres juntos, y si no nos vamos los tres juntos, de esta chingada tierra no se va nadie. Vamos a esperar el tiempo que sea, hasta que mi guardaespaldas pueda viajar con nosotros, como sea, en las condiciones que sea. Esta estirpe no abandona. ¡Exijo ver a mi guardaespaldas!
El médico fue claro. _ Esta noche no. Por mucho que grite, esta noche nadie va a entrar a la sala de cuidados intensivos. Ya le dije, si permanece estable, mañana podrán verlo.
El juez preguntó preocupado _ ¿Dónde van a pasar la noche estos hombres? Supongo que no los van a sacar del hospital. _Le preguntó al grupo de militares que no se despegaban de ellos.
El médico que había suturado la mano de El Rey intervino oportunamente. _Si quieren pueden disponer de una de las salas privadas. Aunque solo cuenta con una cama para el paciente y un diván para el acompañante, van a estar aislados y a solas.
_ ¿Quién está a cargo de este operativo? _ Preguntó el Juez en un inglés cerrado.
_Yo Señor. _ Un hombre vestido con ropa de combate dio un paso al frente y se paró ante él.
_ ¿Usted qué opina?
_No hay otro lugar donde puedan pasar la noche. Lo mejor sería que se quedaran en el hospital y que mañana el Ministerio de ocupe de ver donde se van a alojar mientras estén en el país.
El juez los miró a los dos. _Pasen la noche acá, no es buena idea que se expongan. Al menos por esta noche, acepten lo que se les puede ofrecer.
_No hay nada más que decir. Acá nos quedamos hasta mañana. _Pedro fue tajante en su determinación.
_Me parece la mejor decisión señor.
_Otra cosa. _ Pedro pensaba con una luminosidad que sorprendía al El Rey. _ Ropa… Mañana no podemos presentarnos a declarar en estas condiciones.
_Es cierto. Es cierto… _ El Juez pensó por varios segundos. _Vamos a hacer lo posible por traer el equipaje que quedó en la casa para que mañana puedan presentarse al Consulado correctamente. Sino, les vamos a conseguir con que vestirse.
_Su señoría, en lo posible que sea nuestro equipaje y si no es pedir mucho… _titubeó y bajó la voz. _ Hay unos discos de corridos mexicanos que quedó junto al equipo de audio… Ya sabe, uno extraña su tierra.
El juez se sonrió. A Pedro le sorprendió lo bien que entendía su idioma. _ ¿Su tierra no es Argentina? Según tengo entendido ambos nacieron allá.
_Su Señoría, nuestro hábitat no es siempre el lugar donde nacimos, a veces suele suceder que nuestro lugar en el mundo sea ese donde tenemos un muerto bajo la tierra. Y tanto el señor Graziani como yo, tenemos en México varios muertos bajo ese suelo. Ese es nuestro hogar, y ahí queremos volver…
_Comprendo… comprendo… México. Lindo lugar. Cálido, con quesadillas y camarones, con tequila y esa música tan especial. Haremos todo lo que se pueda señor Beggio. Le doy mi palabra de honor. Ahora traten de descansar. Mañana no les espera un día liviano.
Una enfermera enfundada en su uniforme estrecho que dejaba relucir un sobrepeso estético los guió hasta la habitación privada. Más allá de unos rulos que sobresalían de su cintura, era gentil y armónica en su apariencia. Seguramente había pasado los diez lustros pero su apariencia y su actitud la hacían ver mucho más joven, y hablaba en español bastante bien.
_Esta es su habitación. No hay mucho que ofrecer, pero acá estarán seguros. La cama es cómoda y el diván es mullido. El baño tiene ducha y hay toallas limpias. En el armario hay mantas y dos almohadas mas. Espero que puedan descansar. Señor Graziani, usted se ha negado a un sedante, pero permítame decirle que si por ahora no siente ningún malestar es porque el hecho es muy reciente, en cuanto sus músculos se enfríen no va a poder dormir del dolor… ¿Por qué no accede? Es solo un calmante, nada que vaya a interferir con su actividad cerebral… Solo para el dolor.
La mirada suspicaz de Pedro la avalaba. _Solo para el dolor Guille.
Accedió de mala gana, pero fue su bendición. De no haberlo aceptado no hubiese podido pegar los ojos en toda la noche. El corte era importante y había necesitado varios puntos.
Se ducharon bajo el agua tibia intentando que, al fin, algo barriera aunque fuera solo una parte de toda la suciedad de la noche vivida, sacudiéndoles el barro pegado al cuerpo y el terror impregnado en la piel. Pedro le había puesto una gorra de baño para el cabello a esa mano suturada y vendada que El Rey mantenía fuera de la ducha y se permitió el placer de enjabonarlo hasta borrar el último rastro de ese combate, del cual, ni siquiera ellos podían saber cómo salieron con vida.
Después de secarlo y de ayudarlo a vestirse con la bata que les había dado el hospital, ignoró el diván, la bata destinada a él y se acostó sin ropa a su lado, abrazándose a su cuerpo con ansiedad.
_ Dios mío, aun no puedo creer que lo que vivimos fue verdad. Esa batalla dentro de la casa, el aire impregnado de pólvora; vos, el Pote y yo disparando como legionarios contra esas sombras sin un chingado rostro. Después la salida, tu sangre tibia salpicándome, ganar la calle y ver irse la vida del Pote… Ese cerrar los ojos y disparar solo iluminado por la puntería…
Lo sintió aturdido y sobreexcitado. Lo abrazó tratando de contenerlo como él lo había hecho unos minutos atrás en presencia del juez. _Una puntería inigualable, Pedro. Magistral… Algo así como un don, pero ahora tratá de olvidarte de todo eso, al menos por un momento._ El calmante estaba logrando su efecto. Le hablaba con los ojos casi cerrados. _Tu cuerpo y tu mente necesitan descansar, y yo también, acá estamos un poco más seguros que en esa chingada casa. Al menos eso espero. Tratá de dormir, mañana nos espera un largo día y quién sabe dónde iremos a parar una vez que declaremos.
_ ¿Seguís pensando que es una buena idea?
_ Por supuesto, ahora más que nunca. ¿Por qué me preguntás eso? ¿Vos querés dar marcha atrás con la declaración?
_ Jamás… No veo la hora de hacerle comer el tarro a ese pinche culero de Orestes Moravia. Solo quería saber si vos seguías convencido de hacerlo.
_ ¿Te cabe alguna duda? Esos hijos de su chingada van a saber mañana con quienes se metieron. Ahora abrazame y dormí. Te hace falta, nos hace falta.
Se durmió como lo que empezaba a ser una costumbre, usando su cuerpo de almohada. Soñó con esa noche aterradora. Con el sonido amenazante de los disparos que le pasaban de largo solo por obra y magia del destino. Se vio empuñando su arma y disparando, cruel y sanguinario, contra esas sombras sin rostro que venían por sus vidas. Se volvió a ver desnudo, de pie frente a él en aquella noche de septiembre cuando habían dejado caer las cartas sobre la mesa y un relámpago que anunciaba lluvia les había permitido la magia de verse desnudos por primera vez. Se ruborizó en sus sueños. Esa había sido una noche mágica. Se filtraron en sus sueños las primeras imágenes de sus cuerpos entregándose, torpes y tiernos, sublimes, excelsos, nobles y extraordinarios. Las palabras que surgieron en medio de las sombras, el dolor precedente al placer inesperado. La emoción insospechada de la entrega. Los vaivenes profundos y rítmicos. Y por sorpresa, el repentino y súbito estallido de placer que lo había dejado deshecho y agotado con el rostro enterrado entre las sábanas.
Se despertó bañado en sudor pegado a su cuerpo y las palpitaciones aceleradas. Guillermo dormía profundamente bajo el efecto del calmante. Dejó la cama con movimientos pausados para no despertarlo y volvió a sumergirse bajo el agua de la ducha. ¿Cómo podía ser que en solo quince días su vida hubiera cambiado de una manera tan precisa y contundente? De ser un pacífico creador de ficciones, se había convertido primero en un prófugo, después en un gánster que andaba por la vida con un arma metida en la cintura y ahora, además, mataba gente y dormía con un hombre.
Se quedó largo rato bajo el agua tibia intentando alejar los fantasmas que atormentaban su mente, hasta que el vivo retrato de esos ojos oscuros que a esas horas de la madrugada seguían cerrados bajo el efecto del cansancio y la medicación lo impulsaron a cerrar el grifo, secarse y volver a acostarse a su lado sigilosamente.
Con solo abrazarlo supo que todo el pasado era una ilusión, que esta era la realidad que lo acompañaría por el resto de su vida. Que ya no era el hermanito menor, el niño protegido de un hermano mayor que se ocupaba de mantenerlo en las nubes. Que ese nimbo en el que vivía había explotado en el aire como una pompa de jabón y que ese doloroso y estridente golpe contra el suelo, habían marcado un antes y un después. La caída lo había convertido en un hombre que jamás se arrepentiría de haberle despedazado la cara al Gato, ni de haber dejado tantos cuerpos sin alma en ese combate desleal y mucho menos, de haber elegido libremente pertenecer a ese hombre que también le pertenecía.
Se incorporó para besar sus ojos cerrados, sus labios de bordes perfectos y se recostó suavemente sobre su pecho. Ya no tenía anclas ni cadenas que no fueran él y donde él estuviera, ese sería su lugar en el mundo. Sonrió cerrando los ojos y se quedó dormido.
Sus equipajes completos habían llegado al hospital antes que despertaran. El grupo de elite que tenía a cargo sus vidas pudo extraer sus pertenencias sin dificultad de la casa -prácticamente destrozada- donde habían sido alojados cuando llegaron a Miami. Una mucama les había acercado sus valijas y un desayuno exuberante que consumieron con voracidad.
Esa mañana y antes de presentarse a declarar, El Rey había estado varios minutos junto al cuerpo del Pote que se mostraba indiferente a la vida en absoluto silencio. Había entrado solo. Pedro esperaba afuera con un cigarrillo apagado entre los dedos y caminando inquieto de un lado al otro del pasillo, hasta que lo vio salir.
_ ¿Cómo está?
_ Muriéndose.
_ ¿Tiene chance?
_Solo un milagro._ Respondía de manera automática. Había decidido impermeabilizarse de la situación. Había perdido demasiado, su identidad, su carrera política, su lugar en el mundo y ahora estaba perdiendo a su hombre de confianza.
_Yo creo en los milagros. He visto muchos. Estar con vida es uno y verte a mi lado, otro más sin duda. No hay dos sin tres, Guillermo. Recemos y tengamos fe. Ya te dije, el Pote es fuerte.
Comparecieron a prestar declaración a las diez en punto de la mañana. La calle estaba cortada y el tránsito detenido por camionetas militares y soldados enfundados en ropa de combate.
El convoy que los trasportaba llegó a toda velocidad entre sirenas y luces destellando bajo un cielo gris y encapotado. Ya no llovía, pero el sol no atinaba a asomar.
Había hombres armados en las terrazas de los edificios y barreras en las esquinas. Parecía una ciudad en estado de sitio.
Los periodistas, desde el espacio destinado a la prensa, los vieron bajar de la camioneta blindada con cristales polarizados y recorrer el corto trayecto que los separaba de la puerta de ingreso al Consulado General de México en Miami con serenidad. Caminaban rodeados de agentes y soldados, mientras los fotógrafos disparaban sus flashes. Pedro con gafas oscuras, ocultando los ojos y el Rey mirándolos de manera desafiante.
El Rey de Sinaloa caminaba pausado. Serio, elegante y vestido de negro, enfundado en su ropa de gabardina oscura y una mano vendada. A su lado Pedro acompañaba sus pasos con el mismo porte. Ya no era el muchachito asustado que había recogido de la capilla de Malverde, sino un hombre. Un verdadero hombre que había sabido demostrar su coraje, su capacidad de resistir y también su amor.
Caminaban en simetría dejando en claro el tenor del que estaban hechos. Disciplina, seguridad y jerarquía.
Aquella primera mañana de Octubre y de camino al consulado, El Rey había estallado de furia al ver los titulares de los diarios repletos de mentiras. “Seis custodios muertos y varios heridos defendiendo a los testigos. Un guardia personal en estado de gravedad”
_“Custodios muertos…” ¡Hijos de la chingada! ¡Eran mercenarios no militares los que nos atacaron!_ Había dicho al leer los encabezamientos en primera plana. _ ¡Hijos de la chingada madre, nos vendieron como en una feria! _ Y arrojó el diario contra el piso. Los militares eran caros, pero no tan incorruptibles como la DEA había pensado.
Marcos se había encargado de todo lo que siguió cuando ellos habían corrido hacia la verja la noche anterior y después de despedazar a varios, los que quedaron con vida se rindieron. Efectivamente, los mismos que trataron de asesinarlos eran parte de la fuerza designada a protegerlos, sobornados por un poder que se resistía a desaparecer.
_Espero que esto les sirva para que sepan que el que traiciona no vive para contarlo. Terminen con ellos.
_¡Espere! No disparen… No todavía.
_Mira hijo de tu reputa madre, los traidores me irritan… Pero los rateros como ustedes, me purgan. Dame un solo motivo para que no los haga matar. Uno solito… Porque como te dije, me cago en ustedes. _ Con la mano enfundada en un guante de látex, Marcos levantó una bolsita blanca repleta de cocaína. _ ¿Por esto? ¿Por esto y un fajo de dólares vendieron el uniforme? Ustedes son carroña pura… ¿Querías un pase hijo de puta? Metete ya un pase… Chupátela toda, porque va a ser la última vez que te la vas a meter, infeliz! _ Besó el caño de su arma y después de esa sentencia, dio la orden de disparar. Pero sus hombres comprendiendo la consigna, dispararon al aire.
Fue solo para aterrarlos pensando que iban a morir y se permitió reír a carcajadas cuando los vio casi descompuestos. _ Llévenselos. No valen una mierda.
Ingresaron dispuestos a terminar con la causa Orestes Moravia y su poder tan mal ejercido. Los trataron con extrema deferencia y no terminaban nunca de disculparse por las fallas cometidas en la seguridad. El Rey escuchó los descargos limitándose a inclinar su cabeza. ¿Qué más podía hacer? De pura providencia que estaban vivos y lo otro, más allá de tantas disculpas, ya había sucedido. Habían vivido una noche de furia y horror que casi les había costado la vida y que amenazaba con razones indiscutibles, llevarse el último suspiro de quien había sido su mejor guarura. Su mano derecha. Su hombre más leal.
Dos horas y cuarenta minutos les llevó responder a todas las preguntas que les hicieron. Cuando se levantaron de sus asientos, la vida de Orestes Moravia estaba destrozada para siempre.
Los mismos periodistas los vieron salir rodeados de guardaespaldas, mientras la camioneta ponía el motor en marcha y se acercaba despacio a su encuentro.
Esa tarde volvieron al hospital.
Después de haber hecho añicos la vida de Orestes Moravia, habían vuelto al hospital. La sala de terapia intensiva se encontraba en silencio. Ese olor característico de los hospitales lejos de tranquilizarlo le taladraba la cabeza. Ese no era el lugar donde ese hombre merecía morir. El aire estaba saturado del aroma inconfundible de los antisépticos y desinfectantes. Enfundado en una bata esterilizada y con barbijo se acercó a su cuerpo que seguía inerte y en la misma posición que por la mañana.
Afuera, Pedro buscaba el milagro que tanto esperaba. Esta vez en lugar de desahogar su desesperación gastando los cerámicos blancos del hospital, había buscado la capilla.
Al entrar, un escalofrío le recorrió el cuerpo. La imagen del altar y las velas encendidas alumbrando las estampas de los santos lo llevó de regreso a la noche de ese martes dieciséis de septiembre, cuando sintiéndose solo y desahuciado había recurrido a él a cambio de una agenda de cuero marrón con información codificada.
Quería rezar, pero tal como aquella noche, no sabía ni cómo empezar. Solo podía recordar esa escueta y corta plegaria. “Santa Virgen. Santo Dios. Santo Patrón.”
Buscaba en su mente la imagen del Santo Malverde, el santo de los Narcos que tanta popularidad tenía en Sinaloa. Ese protector que permitía desde una buena entrega a volver a casa con vida. Pero lo había perdido todo. Ya no le quedaba nada de lo que había sido su pasado, salvo su nombre y sus verdaderos documentos que de poco le servirían en los días por venir, porque hasta eso había cambiado, en algún lugar andarían sus documentos falsos que no tuvieron tiempo de esperar y con ellos su nueva identidad.
Retrocedió en su pensamiento. Sus documentos. Si, debía seguir ahí.
Extrajo la billetera del bolsillo de su pantalón y comenzó a revolverla aun de pie frente al sagrario. Tiene que estar acá. Se sentó en uno de los primeros bancos y a solas comenzó a sacar todo lo que había en ella, hasta que la vio. La estampita amarillenta y maltratada del Santo Malverde que el santero le había regalado el día que compró para Franco una imagen de Malverde enmarcada en cuero con una oración escrita con faltas de ortografía.
La tomó entre sus manos temblando de nostalgia y tristeza, y cayó de rodillas sobre el banco que estaba frente al suyo. Por más que lo intentó, no pudo dominar su voluntad. Explotó en un llanto que hacía mucho tiempo venía esperando el momento oportuno de surgir. Fue empezar y no poder parar. Lejos de calmarse, la congoja se acumulaba en su pecho, se aglomeraba y lo desgarraba al salir. Lloraba aferrado a esa estampita casi deshecha con la misma desesperación que había luchado por salvar su vida desde aquella escalofriante mañana de septiembre en la que esa vida pacífica y despreocupada se vio interrumpida por el sonido aterrador de la muerte siguiéndole los pasos tan de cerca.
Recién ahora podía llorar. La muerte su hermano ya había sido vengada al despedazar a Orestes Moravia con su declaración y ahora que todo había pasado, podía permitirse llorar.
Franco… Su imagen sonriente volvía a su mente. La única persona con la que había contado en toda su vida antes de conocerlo a él. El Rey del Sur.
Ahora recordaba que existieron días oscuros en los que él preguntaba y Franco se quedaba mudo, sin las bravuconadas habituales y eludía sus preguntas, evasivo y distante como si estuviera muy ocupado, y él sin saber que hacer o que decir, olvidaba sus cuestionamientos y lo rondaba en busca de ese gesto que se lo trajera de nuevo. Su hermano era lo único que tenía.
Tarde había visto las primeras señales, signos nefastos, avisos que Franco se tomaba a broma, o para ser más exactos, le importaban un carajo. Muy vivo y muy lanza. Simplemente decidió saltar la barda sin pensar y como resultado, ese sonido ensordecedor, las hélices cortando el aire, y el ratatatata de las ametralladoras…
Siempre supo que algún día podría comprenderlo y ese día había llegado. Su hermano no había sido un mal tipo, sino uno más de los que sobreviven como pueden. Había vendido mercancía para sostener el hogar que formaron juntos siendo demasiado jóvenes, cuando abandonaron la casa de su padre donde habían ido a parar después de la muerte de su madre y donde siempre habían sido tratados como dos perros agregados. Techo, comida y agua, pero jamás un dejo de afecto para ninguno de los dos.
Franco hizo lo que hizo para que a él nunca le faltara nada, para que creciera alegre y al margen de una realidad que él no había podido esquivar. Para ofrecerle un hogar en el cual había crecido siempre protegido por su hermano mayor. Y después, viendo la posibilidad de salir del camino al margen de la ley, se había incorporado a la DEA, arriesgando su vida más que antes, pero con la conciencia más limpia.
Franco era la imagen del padre que nunca tuvo, de ese ser que había nacido para cuidar de él y hoy estaba seguro que de haber tenido otras oportunidades, las hubiera tomado. Pero que eso fue todo lo que la vida le pudo ofrecer.
Se permitió extrañarlo, se prometió buscar su cuerpo costara lo que costara, aunque eso significara dar vuelta la tierra de toda Sinaloa y darle cristiana sepultura. Repasó interiormente la geografía de su vida y la de su hermano, y apoyando la cabeza sobre sus manos cruzadas, se encorvó sobre el banco y volvió a llorar. La vida estaba siendo generosa con él, pero no lo había sido con Franco.
Guillermo había dejado la sala de terapia intensiva y al no verlo en el pasillo, comenzó a buscarlo compulsivamente. Se cruzó con uno de los camilleros que había transportado el cuerpo del Pote la noche anterior y le preguntó si lo había visto.
_Si, estaba acá. Pero andaba buscando la capilla, debe estar ahí señor. Baje hasta la planta baja y tome el primer corredor a la derecha.
Lo encontró de rodillas frente al altar y con el cuerpo convulsionado por el llanto. Caminó apresurado e inquieto hacia él, se sentó a su lado y lo atrajo con delicadeza hasta su lado. Lo abrazó. _ ¿Qué pasa Pedro? ¿Por qué estás así?
Se abrazó a él sin parar de llorar. Un nuevo corrido comenzaba a sonar silencioso en su interior… La letra le hablaba de Franco, de sus mentiras piadosas, de su vida llena de secretos y hasta de ese extraño y profundo vínculo que habían tenido. “Tus mentiras, tus engaños siempre me hicieron daño. Por eso decirnos adiós fue lo mejor para los dos. Mucho te quise y eso me dañó, pero hoy he comprendido que al final he ganado yo. Todos tu recuerdos he sembrado en el jardín, y de ellos una rosa espero cosechar”
No podía quitar a Franco de su mente ni dejar de pensar en todo lo que había sucedido tan precipitadamente en apenas quince días. Se apartó despacio, y salió de la capilla. Guillermo se dio cuenta que estaba en estado de shock y lo siguió a una distancia prudencial. Salió del hospital y caminó por las calles casi a ciegas. Caminó llorando y en silencio sin saber bien por qué o por quien lloraba. Quizás por Franco, tal vez por él mismo, por lo que estaba sintiendo, o por qué sería de su vida cuando pasaran los años, como decía la canción.
Algo había muerto con Franco, aunque ese algo tuviera menos que ver con su hermano que con él mismo, tal vez cierta inocencia o una injustificada seguridad habían muerto junto a él.
Había sabido salir del frío y enfrentar el peligro con integridad, había sido capaz de dejar atrás todo un pasado. Se había despojado de una piel para generar otra en medio de tanto dolor, persecución, dudas y tragedia.
Había creído haberse alejado de todo, pero el frío seguía ahí, acechando detrás de una puerta cerrada y a la espera de poder deslizarse por los resquicios y volver a estremecer toda su existencia. Porque a veces uno piensa que el horror ya está lejos y a raya, pero él sabe como volver a colarse en nuestro interior.
Llegó a una explanada a dos cuadras del hospital y detuvo sus pasos frente a una glorieta de molduras metálicas. Suspirando profundo dejó de llorar tan repentinamente como había comenzado y se volvió a buscar sus ojos. Todo el tiempo había sido consciente que estaba detrás suyo.
_Pedro, hablame. ¿Qué te pasa?
Buscó sus brazos tratando de serenarse.
_Ya pasó. _ Lo abrazó muy fuerte.
_Volvamos al hospital. Quiero que te vea un médico.
_No hace falta, ya pasó. Estoy bien.
_No. No estás bien. Estás blanco como una hoja de papel. Volvamos al hospital, al menos para que te midan la presión.
Separó su cuerpo del suyo y suspiró resignado. _Está bien, vamos.
Caminaban lentamente uno al lado del otro, Guillermo lo llevaba por un hombro temeroso de que se desmayara en medio de la calle.
_ ¿Qué te pasó?
_Catarsis supongo. Hace dos semanas que mi vida se desintegró inesperadamente, y a su vez, se reconstruyó de la misma manera al encontrarte, pero es obvio que ya no soy el mismo Pedro que aquella mañana en la que corrí como una rata tratando de sobrevivir. Yo vivía en un mundo de fantasías que mi hermano había construido para mí y que desapareció en el mismo momento que estrelló su Cessna para que no lo bajaran con vida. De una vida pacífica en la que solo disfrutaba de todo el confort que Franco llevaba a casa y escribiendo ficciones, me convertí en un gánster. He matado gente, he corrido peligro todo el tiempo, me sentí acorralado y tuve que mantener todo el dolor congelado para salir ileso de esta guerra sucia, y ahora que todo pasó, ese dolor empujó hasta lograr salir. Ahora si. Ahora estoy de verdad listo para ser este nuevo Pedro.
Lo detuvo para mirarlo a los ojos. _Pedro… Esto, lo nuestro, ¿también es parte de eso que te pasó?
Tiró la cabeza levemente hacia atrás y sonrió al cielo antes de volver a posar los ojos en él con una sonrisa única. _No… No. Esto no me genera nada que tenga que congelar en mi interior, esto lo quiero vivir intensamente. Yo no sé cómo pasó, hasta los tiempos me sorprenden, pero me enamoré de vos. Así de simple. Si mi vida anterior pudo despedazarse en un segundo, ¿por qué no habría de reconstruirse en quince días y sus noches a tu lado? _ Su mirada cargada de dudas le partía el alma. _ No mi amor, no me mires así. Esto, lo nuestro… nada tuvo que ver con tanto llanto. Con tanto dolor abriéndose paso por salir.
_ ¿Estás seguro?
_ Absolutamente. _ Lo besó en plena calle sin importarle si alguien podía verlos. Lo besó largo, suave y relajado. ¡Chale que le hacía bien besarlo! _ Vayamos al hospital así te quedás tranquilo, y de paso, quiero ver al Pote. ¿Crees que me dejarán pasar?
_Ni lo dudes. _Lo miraba imantado. Por él haría todo lo que hiciera falta para verlo sonreír. _Volvamos al hospital.
Un médico lo auscultaba detenidamente. _Está perfecto. Debe haber sido una de esas crisis frecuentes en personas de temperamento fuerte que soportan la presión de traumas psicológicos y choques emocionales, y que cuando el hecho adverso termina, se relajan. No se preocupe señor Graziani, las capacidades emocionales de Pedro son estables y fuertes, está bien y va a estar mejor con el paso de los días.
_Doctor…
Guillermo habló por él. _Quiere ver a nuestro guardaespaldas.
Lo vio dudar. _ No sé si es una buena idea, acaba de pasar por shock emocional y él no está bien.
_Por eso mismo se lo pido, ya se que puede morir, y necesito despedirme de él por si eso pasa.
Ya había vuelto a ser el Pedro capaz de desintegrarle la cara de un disparo al sicario que se parara delante suyo, de arrojar una granada con precisión o de disparar a quemarropa en medio de la nada con los ojos entornados y dejándose guiar por su instinto y esa puntería fuera de lo normal.
_Está bien. Vamos. Yo lo acompaño.
Ingresó cubierto de una bata esterilizada y con el doctorcito detrás suyo. Al verlo conectado a todos esos equipos, lejos de desmoralizarse, se acercó a él, tomó su mano y le habló a través del barbijo. _Potekin… Hombre. ¡Vamos chaval! ¡Qué estás haciendo acá! Ya declaramos, ya los hicimos mierda pura. Y ahora que llega el momento de pistear la noche sin peligro, escuchando corridos y tomando todo el tequila que la sangre pueda aguantar, vos seguís fregadito a estos cables de la chingada verga. ¡Pote! No podés morirte… ¿Pote, me escuchás?
Sintió la leve presión de esa mano que sostenía entre las suyas intentando infundirle fuerza y abrió los ojos exorbitados por encima del barbijo.
_¡Doctor! ¡Me está escuchando!
El médico se adelantó a Pedro, examinó los aparatos que monitoreaban la vida del Pote y revisó sus signos vitales. Si, era verdad, estaba empezando a reaccionar.
El médico apoyó una mano sobre la del Pote que trataba de hablar y le ordenó con autoridad. _¡Bueno! Bueno… Tranquilo. Manténgase tranquilo. _ Buscó una ampolla del bolsillo de su chaqueta y extrajo el líquido con una jeringa. Antes de inyectarla al suero que vía intravenosa proveía al Pote de los líquidos corporales que debido a su estado no se le podían administrar de otra manera, la presionó levemente hasta dejar salir el aire que había en su interior. _Lo voy a sedar, así que váyase despidiendo hasta mañana.
_¿Por qué lo va a sedar?
Ya había insertado la aguja con precisión y el líquido transparente comenzaba a correr por la sangre del Pote. _Porque es lo que necesita ahora. El cuerpo se regenera a si mismo a través del descanso y el reposo. Recién comienza a recuperar sus signos vitales, la tensión de verse en este estado le jugaría en contra, así que despídase antes que se duerma.
_Potekin… no me voy, no nos vamos. Tu Rey y yo vamos a estar acá hasta que salgas caminando, ahora descansá y recuperate. Mañana volvemos a verte.
Intentó soltarse de su mano, pero antes de caer bajo el efecto del tranquilizante el Pote alcanzó a retenerlo y pudo susurrar. _Un honor haber dado batalla junto a usted, patroncito. _Después cerró los ojos y se quedó profundamente dormido.
CONTINUARÁ
Y si....sin dudas volvió la magia.....volvió la gran FICS......volvió nuestra Guillermina Pedris......Es un capítulo capaz de entretenerte y capaz de mantenerte en la punta de la silla....Los dos son mu viscerales y de carácter y eso se ve reflejado en sus catarsis......me pareció genial, de una madurez y una espiritualidad , a pesar de su rudeza algo no tan común en ese ambiente.....me parece que el amor demostrado por el Pote es hermoso y le da un toque de ternura a la rudeza del idioma.....Sos realmente una genia, una maga....Gracias , gracias amiga de mi alma......Te amo.....GRANDE NARCOS......
ResponderEliminarQue responder a tan hermosas palabras... ¡Gracias amiga! La verdad es costó mucho volver a hacer contacto con la fic después de un capítulo tan violento como el anterior.Había que bajar muchos cambios y mis musas seguían impregnadas de sangre y pólvora.. Pero lo logramos... Si lo logramos entre todas. Entre los tantos pedidos de ustedes, mis compañeras de vuelo, y esas musas que andaban perdidas en ese ambiente tan rudo. Habían quedado como aturdidas de tanto cañonazo y les costó volver. Pero ustedes lo hicieron posible..¡Gracias a todas!
Eliminar¿Y que decir por ese respeto y cariño que ambos demuestran por el Pote?... Vaya que ese hombre se lo ha ganado, esto es camaradería a full. ¡Gracias Mirta! Un abrazo inmenso mujer...
ES UN HONOR LEER NARCOS lastima que tarde tanto la editora en publicar mara rosas
ResponderEliminarGracias Mara! Y sip... es verdad, me llevó mas tiempo del que pensaba darle continuación a esta historia, pero bueno.. Ya lo logramos. ¡Abrazo inmenso mujer!
EliminarAyyyyyyyyyy! Sandra POR FAVOR!!!!!! Que belleza!!!! Ya no se que decirte. Se me acaban las palabras. Como te dije, me dejas en estado de enamoramiento supremo. Podrias escribir millllll hojas y siempre me va a parecer poco, pero inmejorable!!!! Mas que un placer leerte. Muchas muchas muchas gracias. Se que no es facil todo esto, pero espero que te de tantas satisfacciones como a mi ;) BESOS Romina
ResponderEliminarEn primer lugar... La agradecida soy yo por ese aluvión de musas que me enviaste aquella noche y que no se hizo esperar. Esa misma noche se abrió la puerta que permanecía cerrada y me permitió ver todo esto que acabo de contarles. Porque así es la ficción, imágenes que se deslizan por la mente y una solo se limita a narrar. ¡Gracias Romi por tu ansiedad que hace tanto bien! ¡Gracias por tu insistencia que acaricia el alma! Si vos fuiste feliz con este capítulo entonces la misión ha sido cumplida. Mi único deseo es que vuelen junto conmigo... ¡Gracias por tanto amor y un abrazo por siempre Guilledrista! ¡Besos Romi!
EliminarSandris que decirte!! Como te dije tanta veces la magia que trasmitir al escribir es tanto que no puedo dejar de leer tus relatos una y mil veces, a puesto! por este narcos que tiene su toque, de adentranos en un a historia llena de emociones, de dejarnos con esa instetidubre de saber que es loq va q pasar... Que fuerte el recuerdo de Franco, y ala vez ese Guillermo tan que nunca deja se estar alado de nuestro pedro.. Asiq bueno espero el próximo, con una ansiedad pero q su vez se que nos vas a seguir sorprendiéndonos con tu pluma... seguire soñando con ustedes un abrazo hasta la próxima sandris besos.. Martín (que supongo que otro no hay XD)
ResponderEliminar¡Como va a haber otro Martín, corazón! Vos sos único! Y te amo... Te confieso que lo pensé mil veces antes de meterme con esta temática, sabía que no iba a ser fácil enamorar a un público desde un ambiente tan rudo como el de los Narcos, pero como la naturaleza suele ser mas fuerte que la razón, decidí correr el riesgo, y como imaginarás... No me arrepiento. ¡Estoy feliz de haber escrito Narcos!
EliminarSi... no se para el resto, pero para mi también es muy fuerte el recuerdo de Franco y las reflexiones que hace Pedro en la capilla respecto de lo que la vida le negó a su hermano, que empezó esta historia siendo solo un traficante de drogas pero escondía un ser bastante diferente.
Te doy mi palabra lindo, que es un honor para mi que leas mi fics y ni que hablar, que me dejes tan lindos comentarios... ¡Gracias mi amor! Seguí soñando junto conmigo que tu sueño me va a dar fuerzas para seguir escribiendo... ¡Un abrazo inmenso Martín!
Morí de amor c este capítulo!! Gracias
ResponderEliminar¡Gracias Valeria! Yo se lo que significa en estos tiempo que te hagas un lugarcito para leer... asi que doblemente gracias! ¡Abrazote Chica! ¡Graciassss! Mil besosss!
EliminarAy Sandrita!!! Espectacular capitulo...no falto nada...desde la ironía de este rey que es tan Graziani pasando por los recuerdos de Pedro en ese sueño...la catarsis de tantos en cambios en tan poco tiempo...la confirmación de ese amor...EL POTEEEE...nada espectacular!!! #noquieroqueestosetermine gracias sandri gracias!!!
ResponderEliminar¡Gracias Sil! Fue un capítulo bastante largo y muy difícil de escribir, pero me siento tan feliz que haber tomado unos meses atrás la decisión de escribir Narcos! Tuve muchas dudas con el tema, pero hoy me siento feliz de haber aceptado el desafío. Si hay algo que voy a extrañar cuando Narcos termine, es el lenguaje. ¡Chale que me pasé horas investigando el tema, escuchando su música y aprendiendo como se habla dentro de la jerga! Pero vaya que valió la pena...
EliminarLa catarsis de Pedro es tan comprensible.. ¡Mi vida! En quince días murió y volvió a nacer... Y eso sumado a descubrir quien era realmente Franco. La confirmación del amor me mata tanto como el profundo cariño que ambos manifiestan por el Pote, que pasa de ser el gordo bigotudo que se peinaba el bigote mirando a Pedro con desconfianza, a este "hermano del alma" que tanto Pedro como Guillermo desean recuperar. ¡Gracias Sil! Que lindas palabras... y que tremenda tu foto mujer! ¡Besos y un abrazo por siempre Guilledrista!
Es un capítulo extraordinario ..la forma de ver sus vidas pasadas y saber que el amor que se tienen es suficiente para empezar otra sin mirar atrás... me conmovió hasta las lágrimas el recuerdo de Franco y lo que significó para Pedro.. Y gracias por el Pote!!!!! Besos Pilar
ResponderEliminarPilar... ¡Fuimos dos! Te juro que hubo un momento en el cual me emocioné profundamente cuando Pedro piensa en Franco... En ese momento me sorprendió, ¿se puede llorar ante la propia creación? Si, creo que si... Que es absolutamente válido. Lloré con esos recuerdos...
EliminarY el Pote! Mi vida! Quien iba a decir que ese gordo bigotudo enfundado en sus botas horribles de piel de iguana iba a resultar un tipazo con tanto coraje y tanto honor. Ya lo traeremos de regreso sanito y salvo.. Hay que pistear la noche, entre tequila y mas corridos. ¡Abrazo inmenso Pilar, y gracias por no soltarme la mano en esta locura! ¡Besossss!
Ufffff! Es cierto! Cómo hubo que bajar tantísimos decibeles del capítulo anterior a este... La calma (relativa) después de la batalla... Cómo no va a explotar en llanto Pedro ahora que se liberó? Catarsis para poder mirar hacia adelante... Me muero por saber dónde van a ir ahora... Si van a volver a México... A Argentina o a qué partecita del mundo... Y que el Pote se recupere!
ResponderEliminarFelicitaciones Sandri!
Sandri, qué maravilla, tu forma de contar es única y no tiene comparación... ahora, tengo que decirlo... cómo podés hacer que Franco se convierta en un personaje querible? jajaja solo vos lograste éso! Qué maravilla este Guillermo que se juega la vida por no dejar a su guardaespaldas... esta fic comenzó con un rey que pintaba como temible y resulta que al final era un dulce de leche total... cómo nos engañaste! Son tan distintos los personajes en apariencia a los de la novela, y sin embargo, tan nobles y entrañables como ellos... te felicito, una joyita del mundo guilledro Narcos! Beso enorme!!! Mary B
ResponderEliminarNo puedo no hacer una acotación... Franco y Pedro: hermanos... Salidos del mismo vientre... Qué mal le pegaron los genes a uno y qué bien al otro! Pero resultó muy cautivador ver cómo siempre protegió y se desvivio por su hermanito menor... Me gusta Franco "al servicio" de Pedro ;-)
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EliminarSi Guille, esas cosas tan extrañas que tiene la genética! ¡Deben haber heredado los genes opuestos! ¡Jajaja! ¡Graciassss!
Eliminar¡Ay Mary! Pensé que te estaba contestando en forma de respuesta... y estaba como comentario. Pero acá abajo está mi agradecimiento por esa polenta que me tirás, justo cuando mas la necesito. ¡Gracias!
EliminarMary... Que reconfortante es llegar al blog y encontrarme con esta devolución tuya, me alegraste la noche. ¡Gracias! Tus palabras son puro empuje, combustible para las musas que andan un poco perdidas. Trato de ponerle el alma a cada capítulo, de sacar lo mejor de mi ante cada escena, de buscar la exactitud en cada imagen... y no siempre resulta fácil.
ResponderEliminarPor esas cuestiones de la vida, y sin que sea necesario estar triste o deprimido, a veces se vuelve muy cuesta arriba lograr esa exactitud de la que te hablaba y entonces, cada día que pasa pareciera que costara un poco mas. Me está costando mucho escribir, por eso me demoro con cada capítulo.. Así que imaginate lo importante que son para mi estas palabras, tus palabras, justo vos que tenés un talento para escribir que solo puedo comparar con esa puntería magistral que tiene este Pedro de Narcos. ¡Gracias! Inmensamente gracias... Se te extraña mujer. Un abrazo Guilledrista y un beso inmenso! (¡Jajajá! Me mataste con eso que solo yo podía lograr que Franco se convirtiera en un personaje querible! )