
_Yo no voy a firmar nada. Estuve veinte años aguantando en este matrimonio para recibir migajas de vos Guillermo.
_ Estoy harto, yo no vive acá para aguantarte. Terminemos con esto.
_ Terminemos con esto - le replicó ella en tono de sarcasmo. - Estás apurado para largarte con tu amante.
_ No lo metas a Pedro en esto.
_ ¡Basta ya señores! - gritó el juez. - Si quieren seguir discutiendo vayan a esos programitas donde ventilan su vida privada.
_ Le pido mil disculpas de parte mía.
_ ¿Puedo continuar? - Pidió el juez con los nervios ya de punta, dirigiendo su mirada hacia a Ana.
_ Haga lo que quiera, total, la que va salir perdiendo en todo esto voy a ser yo.
El juez prosiguió cuando Guillermo le interrumpió tratando de convencerlo de adelantar lo escrito en el documento. Cuanto mas rápido saliera de ese tramo, mejor sería.
Como el documento estipulaba, Ana solamente tendría derecho a un porcentaje en las ganancias del estudio de lo que él ganara con los casos, eso si, y por convencimiento de Marcos, Guille estableció una clausula: tendría el derecho, solo con la condición de que no volvieran hablarse y que estuviera dispuesta a entrar en rehabilitación, teniendo en cuenta que Miguel no suponía un peligro que pudiera tentarla a caer en el alcohol más de lo que lo estaba haciendo.
A Ana no le quedaba otra alternativa que aceptar la condición y firmar. Y en efecto lo hizo, pero no estaría dispuesta a quedarse con los brazos cruzados sin hacer nada.
Marcos por primera vez no había tenido tacto cuando puso en sus manos a Santiago Malvares, que si de estrategias se trataba, podía ser el más perverso de los abogados.
_ Mire Graziani - le advirtió Malvares fuera de la sala, - mi defendida tiene razón, tomando en cuenta el abandono de hogar que hizo usted, no puede pretender que se conforme con una cuantiosa pensión económica. Siendo así - tomó aire antes de continuar- voy a tener que, también, aumentar el pago por mi servicio.
_ A mi usted no me va a decir como tengo que manejarme con mi ex esposa - lo increpó parándose frente a su colega.
_ Ah... es increíble tu cinismo. Usted lo escuchó ¿no? Lo escuchó - volviendo la vista a su abogado - No tenés vergüenza, pronunciando a los cuatros vientos que ya no soy tu esposa. Debería hacerlo meter preso Malvares por el estado en que está esa chica.
_ ¿Qué chica? - inquirió, desconcertado - No entiendo a que se refiere y este no es lugar para estar discutiendo en el pasillo, adelante de las personas que pasan...
_Usted se calla - Le contestó Ana - que yo no terminé ¿Habrás sabido que Camila está internada, no? - continuó. - Humillada por el desplante que le hizo tu noviecito.
_ ¡Huu! Que grave. ¿No me digas Ana? ¿Está en coma? Avísame cuando se muera que le llevo una corona a la tumba.
_ Eso lo que debés estar deseando. Pero no te va a dar el gusto.
_ Mirá, haceme el favor de matarte vos con esa tarada, y a mi y a Pedro nos dejan vivir en paz. Por suerte ya corté todo vínculo con vos. Lo que tengas que arreglar, lo hablás con Marcos. ¿Ves esta cara? - Haciendo ademán de lo dicho - Grábatela porque es la última vez que la vas a ver
_ Te equivocás querido. Te recuerdo que tenemos un hijo en común.
_ Fabián tiene veinte años, veinte años. Ya no es una criatura y ese hijo te lo di yo. Fui yo quien te eligió como madre.
_ Me vas a renegar como la madre. Ah... yo se donde querés llegar, ahora querés que tu noviecito ocupe mi lugar de madre. No, si yo estoy en lo cierto. No le bastó con arruinar nuestro matrimonio, ahora quiere quitarme a mi hijo.
_ Después discuten la paternidad o tenencia de su hijo - intervino Malvares -¿Y en primer lugar, por que discuten? El chico no tiene... como me dijo usted Graziani, veinte años...? Sinceramente no entiendo... ¿O no sabe valerse por si mismo...? Ah… y le advierto Graziani usted no se puede ir. Yo fui contratado para defender a la señora y exijo el pago de mis honorarios. Y le advierto que si no me paga...
_ ¿Qué? - increpándolo
_ Nada . Yo solamente le decía...
_ Mandame carta documento si querés, date el gusto. Y a vos te advierto, una palabra más a Fabián en contra mía y me vas a conocer Ana.
_ ¡Ya te fue con el cuento la pelirroja esa que tenés en el estudio! - le gritó viendo que la figura de Guillermo desaparecía ante sus ojos
_ ¿El chico tiene o no veinte años? Porque sino podemos llegar a extender mas la pensión por la cuota alimentaria. Claro, tendría que aumentarle mas aun mis honorarios.
_ ¡Cállese un poco! No me sirvió para nada. Hágame el favor, desaparezca de mi vista. Esto no me hubiera pasado si estuviera Miguel - se lamentó
Pedro ese día tenía una reunión con Matías, situación que odiaba. No comprendía por qué Guillermo había dejado en sus manos un caso de divorcio que, además, les había traído dolor de cabeza a todos. Los temas de civil no eran lo que estaba acostumbrado comúnmente a tratar, mucho menos soportaba tener que enfrentarse a Olazabal, sabiendo los celos que le provocaba cada vez que lo veía.
Por suerte Marcos había llegado en su ayuda. Él si que sabía manejar esos asuntos.
Esperó impaciente, soportando los aires de grandeza de Matías, al tiempo que observaba a cada segundo el reloj. Si su colega le había hecho sentir las peores inseguridades, no saber donde Guille se encontraba le hacía imaginar lo peor.
Ahora que estaban juntos se le hacía imposible pensar que las cosas podrían jugar a favor de los dos.
_ ¿Y su socio dónde está? - preguntó un colega que acompañaba a Olazabal.
Pedro sentía que estaba por entrar en pánico y le sudaban las manos
_ Disculpe ...
_No déjamelo a mi Beggio - le pidió Labrapoulos.- Guillermo tuvo un contratiempo - Le contestó.
_ De lo único que tenía que ocuparse Guillermo era de este divorcio. Mi clienta ya se está impacientando- sentenció Olazabal - Resulta muy extraño que tarde tanto - continuó en un dejo malintencionado.
_ ¿A dónde querés llegar Matías? - preguntó Pedro, conteniendo su furia.
_ ¿Por qué no nos decís vos Beggio? ¿No que estás de novio con él? Una persona sabe siempre donde está su pareja.
_ Yo no tengo por qué hablar de mi vida personal con vos.
_ ¡Ya basta señores ! - pidió el colega de Olazabal. - Vamos a dejarlo acá.
_ ¡Ah no! ¡Yo no pienso perder un caso por mis queridos colegas! - dijo Matías.
_ Yo lo único que quiero es divorciarme de este cuanto antes, sea uno o sea otro - contestó la mujer.
_ ¿Qué me decís este?
_ Yo con vos no hablo. Te había dejado claro que si querías dirigirte a mi hablaras con mis abogados
_ Decí lo que quieras y coincido con usted - contestó volviendo la vista hacia Matías. - Yo no veo la hora de poder divorciarme y ¿sabe qué? la próxima que tenga un problema se los doy a ustedes. Discúlpeme Labrapoulos pero su estudio es un desastre.
_ ¡Qué discúlpame! ¡Vos sos un hijo de puta! Llevo meses tratando de divorciarte y te querés ir con la competencia.
_ Marcos… - Pedro trataba de calmarlo.
_ No déjame - se soltó -Dejé un montón de clientes que me hubieran pagado el doble- continuó. - Peor, te estoy defendiendo gratis por hacerle un favor a Guillermo cuando yo no hago nada gratis. - Su cliente no le contestó dejándolo con la palabra en la boca al salir de allí
_ Por algo están así, bonita forma de crecer profesionalmente - ironizó Olazabal
_ Vos ya me estás cansando. Una palabra más contra nosotros y te voy a borrar esa sonrisa de una trompada.
_ Probame Beggio- le contestó desafiante
Pedro estaba a punto de abalanzarse contra él cuando Marcos lo detuvo
_ Sentate ahí Beggio. No vamos a perder el tiempo con estos.
_ Ya lo dije. Es mejor que dejemos esto para otro día señores.
_ Podemos llegar a un acuerdo económico entre las dos partes - intentó persuadirlo Labrapoulos.
_ ¡Ah no! Nosotros no nos vamos a encargar de pagarle las deudas a ustedes - sentenció Olazabal.
_ Yo me voy, no te soporto más.
_ No, esperá Beggio -lo detuvo Labrapoulos. -Podemos arreglarlo como les dije
_ ¿Y a mi quien me divorcia de ese?
_ ¿Por qué no lo hacen fácil? Se matan los dos y yo cobro el seguro - Ironizó Marcos.
_ Marcos, esto no es gracioso.
_ Fue una broma Beggio
_ Una broma. Y así pagan las deudas, matando sus clientes - contestó de nuevo Matías, riendo.
_ ¡Basta ! Acá no va a haber ningún ningún arreglo. Mi colega tiene razón. Cuando Graziani se digne a aparecer hablamos Labrapoulos. O yo mismo voy al estudio.
El hombre se levantó
_ Me voy con usted - contestó su clienta siguiéndolo detrás a Matías que le lanzó un gesto a Pedro para fastidiarlo.
_ ¡No lo soporto! -le dijo Pedro una vez que había llegado a la entrada del bar. -Tendría que haberle marcado los dedos
_ Cálmate Beggio. Lo hace a propósito para fastidiarte. Esto se arregla fácil. Dejá que las aguas se calmen y lo hacemos pelota en el juicio.
_ No lo se - le contestó en un dejo de suma preocupación. - No puedo pensar en nada ahora- Dijo distraído. Apenas podía traducir en su mente lo que su colega acababa de decirle. _ ¿Venís conmigo?
_ Al estudio no. Tengo cosas que hacer
_ ¿Sonia? - le preguntó en un acto de complicidad.
_ Vos no digas nada.
_ No quiero meterme en tu vida pero me parece que te estás apresurando con la amiga de Gaby.
_ ¿Vos me lo vas a decir?
_ Lo mío es diferente. Podés lastimarla. No creo que para ella sea una aventura. La veo muy interesada en vos.
_ Cuando necesite un consejo tuyo te lo voy a pedir Beggio. Ahora déjame que me vaya a probar ese bocadito.
Tomaron caminos diferentes los dos. Marcos esta vez no tuvo suerte. Llamó a Sonia esperando que le contestara la llamada pero no respondía. De los pocos meses que llevaba sus encuentros clandestinos con ella, la conocía para darse cuenta que cuando se llamaba al silencio era porque estaba furiosa y tendría que hacer mucho merito para volver a contentarla. En la fiesta había sido clara, o dejaba a su mujer o no le volvía a ver más la cara.
No le quedó más remedio que volver a su casa o al calvario, como él lo llamaba
_ ¿Y ahora qué te pasa que venís con esa cara Marcos? - preguntó Isabel al verlo entrar mientras preparaba la mesa
_ Estos hijos de puta de la competencia que nos mandan a este pendejo de Olazabal y me van a arruinar toda la estrategia que armé.
_ Si te viniste temprano, tené un poco decencia, de ayudarme, de limpiar esta mugre que dejaron esas criaturas el sábado. Hace una semana que tengo todos esos papeles en la sala.
_ Primero Isabel, la idea de hacer esa fiesta de mierda fue tuya. Segundo, tuve que aguantarte durante dos horas soplándome en el oído que Guillermo esto, que a tu amiga casi le agarra un infarto por lo que dijo Guillermo. Como si el único tema de conversación fuera Guillermo
_ ¿Y a vos te parece poco? ¡A mi no me vengas a querer ver la cara de tonta!
Se perfectamente que tu amiguito se divorciaba hoy. ¿Ahora qué vas a hacer? ¿Le vas a salir de padrino cuando nazca esa criatura?
_ Por milésima quinta vez Isabel un hombre no puede...
_ ¿Qué no puede? - preguntó Solange entrando a la sala
_ Usted no se meta en conversaciones de grande que estoy hablando con su madre.
_ Pero si yo vine a traerle el vaso de agua a mamá porque le dolía la cabeza.
_ No puede, no puede. ¿Qué no puede? - continuó Isabel, quitándole el plato cuando se sentó a la mesa. - ¿Acaso lo viste al chiquito hoy ? - inquirió con intención señalando su estómago
_ ¿Qué querés decir con eso y hacés ese gesto que no entiendo ni mierda? ¿Y por qué me sacás el plato? - quitándoselo -Y primero el chiquito tiene treinta y cinco años. ¿Y en qué cabeza cabe que te hayas creído semejante bolazo? Veinte años que lo conocemos a Guillermo y no captás el sentido del humor que tiene.
_ Yo te digo una sola cosa, la nena no vuelve más a ese estudio. Ya te lo dije y te lo vuelvo a reiterar.
_ ¿Por qué no puedo volver? A mi gusta trabajar en el estudio.
_ Porque tu madre rompe las guindas con que tu padrino...
_ No lo digas que está a punto de subirme la presión! La nena entra en vacaciones de la secundaria, me tomo una estadía en la casa de mi hermana en Grecia y hasta dentro de un año no vuelvo. Yo no voy a ser partícipe de semejante inmoralidad.
_ Pero voy a perder un año de clases...
Hubo una pausa y luego continúo
_ ¡Y ahora contestá porque no te creo nada que venís de tratar un caso!
_ Si querés irte a Grecia haceme el favor de sacar un pasaje de ida nomás, pero a la nena la traés de nuevo. No quiero que el depravado del hijo de tu hermana la esté molestando.
_ Vos hablás de depravación y le festejás las cosas que hace tu amigo. ¡Y no me cambies de tema! - volándole el tenedor frente a sus ojos.
_ ¡Me tenés podrido con lo de Guillermo! - golpeando la mesa. Solange se sobresaltó. _ Estuve con Pedro por el divorcio de este tipo. Demasiado que Guillermo no se presentó y me tuve que tragar la peleíta entre Beggio y ese mocoso de Olazabal. Parecían dos gatos en celos. Y si querés saber, si hice algo con Pedro.
_ Yo sabía. Dale hablá. ¿Ahora te sale de tapadera para andar con esa, no?
_ No. Lo acompañé a una tienda a comprar el ajuar del bebé. ¿Contenta? Ahora si déjame almorzar - sentenció.
Isabel se llamó al silencio atónita por lo que acababa de escuchar. Una palabra más y sería capaz de fusilarlo.
La calma en la casa de los Labrapoulos duró solo unos segundos, cuando con su habitual inocencia Solange preguntó a su padre:
_ ¿Cuándo nace el bebé?
Isabel que ya había escuchado demasiados sarcasmos de Marcos, terminó por caerse adormitada sobre el respaldar de la silla
_ Mamá se desmayó - le expresó con los ojos desorbitados.
_ ¿Y que con eso? - Le contestó su padre con suma indiferencia, llevándose un bocado de carne a la boca.
_ ¿No la vas a levantar?
_ No, déjala que va hacer bien una siesta.
Pedro pensó que era mejor ir al estudio y refugiarse en el trabajo. Lo de Matías, para él, no tenía importancia. Más le enfurecía el silencio que Guille había impuesto. Sabía que el tema del divorcio podría llevar horas conociendo las artimañas de Ana. Pero desde hace días la idea de que pudiera volver con ella lo perseguía todo el tiempo por absurdo que pareciera.
_¿ Y Marcos? -preguntó Gaby al ver a su amigo que llegaba solo
_ Me dijo que tenías cosas que hacer - le contestó en un aire de sumo desanimo al sentarse. - ¿Y vos, estás bien?
_ ¿Vos me lo decís? Mirá la cara que tenés.
_ No es nada Gaby.
_ ¿Es por lo de Guille, no?
_ ¿Vos crees que puede salir algo bien de todo esto?
_ Sabés lo que creo -le dijo sentándose frente a él- que te preocupás demasiado. Vos sabes que él te ama. Ana es problemática, pero él no va a dejar que haga alguna locura contra ustedes.
_ Si, pero también me preocupa Camila. Hace meses que no se nada de ella. Lo único que se es que está internada y su padre no me deja verla.
_ Lo de Camila lo ves después, ahora priorízate a vos mismo. Es más, andá a tu casa que yo me encargo de todo acá.
_ ¿Y dejarte con Marcos que después viene? No. Prefiero tener la cabeza ocupada.
Lo que menos quería su amor era preocuparlo. Mucho menos en el estado de suma de preocupación en que lo había visto a la mañana al despedirse.
Le tomó la palabra a su amiga, dejó el caso y se fue hacia su casa.
Por más que la intención de Gaby había sido buena, la opresión en su corazón lo acompañó durante todo el trayecto.
Dejó el celular en la mesita de luz. Se recostó sobre el sofá con la mirada puesta en el reloj que colgaba de la pared. Cada minuto parecía eterno y volvía sus ojos a cada intervalo hacia la puerta. Esperando una respuesta que no llegaba en el celular.
El sueño lo perseguía, trataba de esquivarlo temiendo que él llegara y no lo encontrara despierto. Dormirse le habría de parecer un acto de indiferencia, pensaba, hasta que Morfeo acabó por atraparlo en sus brazos, dejándose caer en un profundo sueño.
De nuevo las pesadillas lo invadían, como imágenes difusas en su mente. La nítida figura de Camila rondaba frente a sus ojos y su corazón se aceleraba cada vez más, presintiendo el peligro a su alrededor.
Su angustia aumentaba como si una invisible cuerda le acortara la respiración. Una especie de deja vu tan contrario a los sentimientos que le provocaba, un tiempo atrás, cada vez que entraba al despacho y lo encontraba a Guille o quedaban solos en algún rincón del estudio. Se le hacía imposible permanecer dos segundos, que su cuerpo temblaba preso de la presión que se veía obligado a contener, por el temor a lastimar a su novia. Esto no. Era como una espada de doble filo que le calaba todo los huesos.
¡Qué difícil se hacía querer despertar! Luchaba por hacerlo y todo se volvía confuso dentro suyo. Sus pesadillas esta vez lo llevaban hacia un lugar oscuro y un hilo dilatado de sangre corría en dirección hacia sus pies. Sus manos y su cuerpo se cubrían de espantosas manchas escarlatas.
¿Qué significaba todo ello? ¿ Acaso presentía un peligro futuro?
De pronto el frío se desvanecía, cuando sintió que sus manos le devolvían la calma que solo él podía darle.
_ Regresaste - le expresó en un dejo sofocado, abrazándolo al incorporarse.
_ Mi amor… ¿Qué pasa? - Tratando de calmarlo.
Lo apresó contra su pecho, no había más refugio para él que ese, cuando se resguardaba al calor de su piel y no oía más que los latidos de su corazón. Lo notaba inquieto como cuando buscaba dentro de sus temores ocultarse en su cuello.
_ No me dejes solo. Te extrañé mucho. -Se soltó y luego le dijo- ¿Dónde estabas?
_ Fui a ver a Ana porque tuvo una crisis - le respondió, mientras acariciaba su rostro.
Aparto su mano, molesto. _ No te creo. Tuve que soportar toda la mañana al imbécil de Matías con sus intrigas.
Abandonó la sala y se dirigió hasta la cocina, como si tratara de ignorarlo. Guillermo lo siguió hasta allí.
Su reacción lo desconcertaba. Por más orgullo que pretendía demostrar frente a él lo había lastimado su respuesta, como si una bala lo hubiera atravesado por dentro.
En efecto, la labia malintencionada de Matías había influenciado en las inseguridades que Pedro tenía, despertando los peores celos que pudiera imaginar.
En parte, Pedro tenía una razón de peso para haberse enojado con Guillermo. Los últimos días había estado comportándose misterioso y demasiado distante. Cada vez que él le mencionaba la idea de hacer un plan juntos, después de una rutina diaria en el estudio, lo evadía con una simple respuesta: Tenía mucho trabajo y no le quedaba más tiempo que la noche por razones evidentes, o regresaba aparentemente tan cansado que ni dejaba momento para amarse
Los fines de semanas se hacían peor. Cuando despertaba y no lo encontraba a su lado, y apenas le demostraba el deseo de querer compartir los momentos libres que tenían.
Pedro había caído en la cuenta que había sido demasiado paciente y creía que era hora de tomar una decisión por mas difícil que esta pudiera ser.
_ Me vas explicar, porque no entiendo francamente tu actitud. Salís como como un retobado y hacés un berrinche porque demoré unas horas.
_ ¿Y que se supone que yo tengo que entender? - le contestó en un gesto desencajado. - Se suponía que ibas a ver a Ana porque tuvo una nueva crisis y cuando lo llamo el señor ni me contesta.
_ Una escenita de celos conmigo no y menos un caprichito Pedro. Era importante que fuera y la calmara. Te recuerdo que está mi hijo conviviendo con ella. No puedo dejar que algo malo le pase.
_ Si yo te necesito te vas, pero en cambio salís corriendo cuando Ana te necesita. ¿Por qué no empezamos a ser un poco más sinceros y dejamos de fingir que somos una pareja?
_ ¿A dónde querés llegar?
Hizo una pausa, bajando el semblante como solía hacerlo cada vez que sentía que todas sus esperanzas se desplomaban.
_ Qué esto no va a funcionar
_ Si eso pensás. Es mejor que nos separemos.
_ Bien, si eso es lo querés...
_ No - le afirmó en un gesto desesperado. - Eso no es lo que quiero. Como tampoco podés comportarte como un chico cada vez que tenemos un problema.
No le contestó y se volvió hacia a la puerta sin mirarlo..
_ ¿Vas a solucionar las cosas así? - le inquirió Guillermo, deteniéndole el paso. - ¿Escapándote?
_ Lo aprendí de vos y ahora déjame pasar, ¿o también voy tener que darte explicaciones?
_ No, ahí tenés - le contestó, cediendo el paso.
Se fue hacia la habitación. En ese momento no entendía que estaba haciendo, por qué guardaba cada prenda suya, cuando su corazón lo que más deseaba es que arrojara todo de la maleta, pero su ira era más fuerte que su amor. Guardó lo que le faltaba y regresó a la sala.
Le sorprendía la postura que Guillermo había tomado ante su decisión. Sentado allí en el sofá como si no le importara. Lo miró de reojo y se cruzó de brazos, fingiendo una apacible calma.
¿Cómo podía comportarse de esa manera? Lo que único que hacía era irritarlo y odiarlo más, aunque en su fuero interno su indiferencia lo estaba destrozando.
No quería pensar ni dar razón a las intrigosas palabras de Matías.
Guille no podía ser capaz. No se atrevía a imaginar que lo estuviera engañando con otro hombre. Ya conocía a Olazabal como era. Era claro que estaba despechado por no haber logrado la atención de Guillermo. Pero frente a los miedos que Guille tenía como podía saber. Se volvía evasivo y creaba un muro para que nadie pudiera acercarse y llegar a refugiarse en una vida mucho más segura y sin contratiempos que un vínculo entre dos personas que se aman, y que tarde o temprano enfrentan una crisis.
_ Bien - le dijo Guillermo, secamente. - ¿Ya te vas?
_ Si. Esperaba que dijeras algo.
_ ¿Quién te entiende? Primero te retobás y ahora pretendés que te diga algo. Yo no retengo a nadie. Y vos no te tendrías que ir, eso lo tendría que hacer yo. Al fin al cabo fui yo quien le pidió a Juan que consiguiera este departamento para vos cuando te separaste de Camila.
_ No quiero quedarme acá con todos los recuerdos. Lo único que esperaba era que me demostraras que tenías una razón para evadirme como lo hiciste todo este tiempo, pero me doy cuenta que sos demasiado egoísta. Por eso te alejaste. A pesar de que me amás no querés compartir tu vida conmigo
_ ¿Terminaste? Antes te voy a decir algo - le aclaró con firmeza. - Yo vine temprano porque cuando fui al estudio, Gabriela me dijo que estabas acá. Yo esperaba poder decirte, que acababa de divorciarme de Ana.
_ No quiero escuchar más nada - le contesto yéndose hacia la puerta. - Pará - se volvió un momento después - ¿Qué dijiste? - le inquirió en un gesto incredulidad.
_ Que ya está. Soy un hombre libre.
_ ¿Es un chiste? Me dijiste que te habías ido a tu casa porque Ana le había agarrado una crisis. De manera que todo era mentira.
_ Ana está mejor que vos y yo. Y si tuvo alguna crisis todo fue un teatro montado por ella misma para que no me divorcie. Y no es un chiste. Nunca hablé tan en serio en mi vida. No estoy ironizando ni nada. ¿Vos crees que sería capaz de hacer una broma como esta?
_ Pero te apartaste. Yo no se si puedo perdonar eso.
_ Puedo explicarte porque estuve distante con vos todo este tiempo, pero si querés irte, ahí tenes la puerta.
_ No me voy a ir. Ni en sueños - le contestó soltando sus maletas.
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Se arrojó sobre sus brazos. Se besaron desesperados dejando que de a poco la ropa se desprendiera de sus cuerpos. Pedro recorría con ansias cada parte de su cuerpo sin límite.
_ Me tuviste con este amor todo este tiempo -le dijo con su voz sofocada mientras besaba su rostro. Se abrazó un poco más a él y rodeó con sus manos su cintura, enredando sus piernas a las suyas.
_ ¿Me perdonás? - le pidió Guille en un dejo de dulzura.
_ Si me decís porque te alejaste - le contestó abrazando su mejilla con la suya.
Las palabras eran ahogadas por los besos
_ Yo te lo digo... pero vos ... me prometés...
_ ¿Qué? - refrenó sus palabras, deteniendo con su lengua la iniciativa de sus besos.
_ Que vas a confiar en mi.
_¿Qué haga qué? - lo desafiaba como si desentendiera su respuesta, deslizando su mano a su entrepierna. Le provocó un leve gemido cuando Pedro le susurró al oído.
_Yo confió en vos, mi amor
Desprendieron sus cuerpos dejando que sus miradas se encontraran...
_ ¿Ahora me vas a decir porque te alejaste? - le dijo en un dejo bajo.
Guille le respondió con un gesto afirmativo y aunó su manos con sus manos.
_Si me aparté todo este tiempo es porque necesitaba ocuparme de nosotros y porque tenía que ocuparme de mi separación de Ana.
_ Pero ...
_ Shh - lo acalló, deslizando su dedo índice sobre sus labios. _ Escúchame... Después del estudio iba para buscar un lugar para que los dos vivamos juntos. Un lugar que lo dos elijamos, que sea nuestro y porque hace tiempo que quiero pedirte algo.
_ ¿Qué me vas a pedir?
Guille se incorporó en la cama. Apartó un portarretrato para tomar un estuche que se ocultaba detrás del cuadro.
Pedro lo observaba con la mirada serena. Saberlo tan cerca le hacía sentir que una paz lo embriagaba como si nada pudiera hacerle ya daño.
Se abrazó sobre las sabanas y colocó su mejilla en la almohada, sintiéndose inquieto ante la curiosidad de lo que escondía entre sus manos.
Incorporó su cuerpo sobre él y tomó su mano dejando caer en su dedo índice una alianza.
_ Por esto - Le respondió, llevando su mano a sus labios.
Pedro observó el anillo sin poder concebir lo que sus ojos veían y sentía que un sin fin de emociones le estallaban dentro.
_ Mi amor, ¿es lo que yo pienso?
Le hizo un gesto afirmativo.
_ Hace un tiempo que lo compré, pero no me animaba a pedírtelo.
_ ¡Epa! Me sorprende Graziani. Usted confesándome sus miedos.
_ Tal vez - le respondió él, enredando su boca a la suya - vos me cambiaste.
Aun no me animo a pedirte..
_ Shh - lo acalló. - No necesitás pedírmelo. Vos y yo - le dijo haciendo sus gestos - no necesitamos de palabras para decirnos lo que sentimos el uno al otro, mi amor. Y si quiero.
_ ¿De verdad te querés casar con este viejo ermitaño? -bromeó
_ Cállate - le contestó golpeando su brazo - Dejá de decir eso. Vos sos joven y si fueras grande te amaría igual.
_ Yo también te amo.
_ ¿Qué? - le preguntó sorprendido - ¡Me lo dijiste! - y se abrazó a él besándolo.
_ Esperá mi amor - soltándose - Estás muy entusiasmado y vas muy rápido
_ No, no voy rápido - besándolo otra vez
_ Entonces, me parece que deberíamos adelantar nuestra noche de bodas.
_ Me gusta - le respondió mostrándole un gesto de lascivia
_ Mejor, porque esperaba que nos calláramos, porque no tengo tu edad chiquito para aguantar las ansias de lo que tengo ganas hacerte.
_ ¿Qué me vas hacer? - le inquirió, deslizando su lengua en sus labios.
No era más que un acto de provocarlo. No necesitaba hacerlo, pero Guille comprendía el juego al que él quería llevarlo. Hacerlo desearlo, como en ese momento. Hasta que la pasión los consumara como las llamas al fuego.
CONTINUARÁ
Cuanto me alegro Dani que hayas decidido continuar esta historia. Aún recuerdo cuando Camila estrelló el auto con Pedro a su lado, desesperada porque la estaba dejando. La manera en la que sobornó y amenazó a su padre para que no la delatara en su falsa enfermedad y todo lo que hizo por retener a Pedro.
ResponderEliminarAquella cena en el estudio en la que Pedro y Matías se fueron a las manos.
Que buena esta vuelta de página y volver a saber de ellos en esta nueva etapa, los dos libres de elegir el amor, juntos y a punto de consolidar esta historia de amor en un matrimonio. ¡Dani por favor! No te demores con la continuación! ¡¡¡Besosssss!!!
Como siempre un gusto leerte eres increible me encanta tu forma de describir y mi amado Guille hermoso
ResponderEliminargracias a vos sandri. la del auto, si no era mia .Creo que era de juliana Millán.
ResponderEliminarHace tiempo tiempo que llevo escribiendo, la segunda parte, pero ya quería que la publicaras en tu blog.
muy buena mara rosas
ResponderEliminarQué bueno Dani que hayas continuado esta historia!!! Finalmente ambos son libres para amarse... Espero pronto la continuación de esta y de la otra historia.
ResponderEliminarTe mando un beso enorme!