
UNA PROMESA DEL PASADO
¡Cómo suena en mi alma la idea
de una noche completa en tus brazos
diluyéndome toda en caricias
mientras tú te me das extasiado!
¡Qué infinito el temblor de miradas
que vendrá en la emoción del abrazo,
y qué tierno el coloquio de besos
que tendré estremecida en tus labios!
Un temblor indeciso de trópico
nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto,
se han besado tu vida y mi vida...
y las almas se van acercando!
¡Cómo siento que estoy en tu carne
cual espiga a la sombra del astro!
¡Cómo siento que llego a tu alma
y que allá tú me estás esperando!
de una noche completa en tus brazos
diluyéndome toda en caricias
mientras tú te me das extasiado!
¡Qué infinito el temblor de miradas
que vendrá en la emoción del abrazo,
y qué tierno el coloquio de besos
que tendré estremecida en tus labios!
Un temblor indeciso de trópico
nos penetra la alcoba. ¡Entre tanto,
se han besado tu vida y mi vida...
y las almas se van acercando!
¡Cómo siento que estoy en tu carne
cual espiga a la sombra del astro!
¡Cómo siento que llego a tu alma
y que allá tú me estás esperando!
“Noche de amor en tres cantos”
Julia de Burgos
Julia de Burgos
Marcos pegó un grito en el cielo al enterarse que Pedro estaba vivo. Lo sabía, desde ese momento que Marina le había mostrado la foto. Lo peor era saber
que lo habían dejado ignorante de la verdad. Gaby lo había subestimado,
había herido su ego, pero mas sus sentimientos, aun abiertos, por la pérdida
que habían creído.
_ ¿Se puede saber porque mierda me dejan afuera de todo? - fue lo primero
que lanzó hacia Gaby cuando la llamó.
_ ¿Para qué me llamabas? Ya te enteraste.
_ De una puta casualidad me enteré…
_ Bueno, no empieces a insultarme. Si seguíamos metiendo gente se iba a complicar todo.
_ ¡Complicarse las pelotas! Él señor se pasa un año haciéndonos creer que estaba muerto y ustedes se complotan con Malvarez para inventar esa pelotudez del sobrino.
_ Pará, primero no me estés acusando ni a mí ni Alberto de haber inventado lo del sobrino. Y después acusándolo a Pedro, cuando no tenés idea de lo que sucedió realmente.
_ ¿ Y cómo mierda querés que sepa si me dejan afuera de todo?
_ ¿ Y cómo mierda querés que sepa si me dejan afuera de todo?
_ Santiago quiso ayudar, fue idea de él y Pedro lo aceptó. Octavio le pidió para ver cómo podía ayudarlo. ¿Vos cómo te enteraste?
_ Guillermo me dijo y si me preguntás por él, está en el despacho y no quiere que nadie lo moleste. Te lo digo, porque actualmente sos aficionada en meterte en la vida de los demás y con lo de tu casamiento, te estás olvidando que tenés responsabilidades acá en el estudio.
_ Que me preocupe por él no es meterme en su vida y se perfectamente cuales son mis responsabilidades, pero sí, mi casamiento es ahora mi prioridad. Hoy me caso, si sabías.
_ ¿Y eso te da el derecho a ausentarte del estudio? Cuando recuerdes que tenés una sociedad acá, hablamos . Digo, si querés aparecer en el membrete.
Le cortó la llamada antes que ella pudiera emitir alguna palabra más.
Solange estaba a unos pasos de él, intentando entenderse con la fotocopiadora, pero oía todo y comprendía más de lo que ellos podían imaginarse. Marcos se acercó en ese momento y le dijo:
_ Solange, llevale este expediente a tu padrino.
Solange dejó lo que estaba haciendo y se acercó para tomar el expediente.
_ ¿Estás mal por la discusión con Gaby?
Marcos hizo una pausa y la miró fijamente durante unos segundos. Segundos que para su hija significaron toda una tortura.
_ ¿Cuántas veces le dije? ¿Cuántas veces le dije a usted que no se inmiscuya en asunto de mayores. ¿Qué escuchó?
_ Nada - respondió, echándose hacia atrás
_ ¿Cómo nada? No le mienta a su padre ¿Usted quiere verlo mal? ¿Quiere verme realmente mal?
_ No pero… ¿por qué Gaby no pude estar en el membrete?
_ Haga lo que le pedí y después vamos a seguir esta conversación usted
y yo
_ Pero después tenemos que ir a la boda de Gaby.
_ Usted haga lo que le digo.
_ Pero mamá se va a enojar. Hace una hora que esta arreglándose.
_ A tu madre le lleva tres horas arreglarse y el casamiento de Gabriela me importa las pelotas! Vaya para el despacho y después vuelva.
Llegado al estudio, Guillermo no había dado espacio al trabajo en ningún momento. Se quedó sentado en la silla de su escritorio y no hubo nadie que hubiera podido sacarlo de allí. Aferrado a los pensamientos que iban colándose en su mente. Descendió la mano hacia uno de los cajones y tomó un anillo que guardaba celosamente desde hacía tiempo y dejó que los recuerdos, lo tomaran de a poco.
Madame, como le gustaba que la llamaran, se había sentado sobre la mecedora de su cuarto con una manta tejida de blanco sobre sus rodillas. La puerta estaba entreabierta a espera que Guillermo apareciera. Cada vez que ella despertaba, era su cita obligada. Grababa latente aun sus palabras de ese último día.
_ Abuela - le dijo una vez que hubo entrado y le dio un beso en la mejilla. Ella le hizo un gesto para que se sentara frente a ella.
_ ¿Cuántos años tienes? - le inquirió, inclinando la vista detrás de sus lentes, para intentar verlo.
_ ¿Por qué me lo pregunta?
_ Yo ya estoy grande - se volvió hacia atrás - y los recuerdos se van borrando de mi cabeza, ya ni tu nombre me acuerdo - agregó, acomodando su frazada.
_ Veinte - le respondió tímidamente.
_ No te escuché
_ Tengo veinte - levantó la voz.
_ Bueno - le contestó en un dejo de enojo- me baja la voz - agregó, frunciendo el ceño.
_Bien - siguió- veinte está bien, está muy bien.
Guillermo le hizo un gesto de desconcierto y le inquirió:
_ ¿Por qué veinte está bien?
Su abuela materna no le respondió y solo se limitó a extraer de su saco un anillo de oro incrustado de una piedra esmeralda. A simple vista parecía extraño, más bien de un diseño neutral.
Lo colocó en su mano y después él le dijo:
_ ¿Por qué me dio este anillo?
_ Mi familia lo ha tenido desde muchas generaciones.
_ Pero eso tendría que habérselo dado a una mujer. Si yo hubiera tenido una hermana le hubiera correspondido...
_ Déjame terminar - lo interrumpió._ Mi padre me lo dio y yo se lo di a tu madre y ahora te corresponde a vos querido, llevarlo. No lo pierdas- le advirtió
_ No lo entiendo. ¿Para qué quiero yo un anillo?
_ Si lo ves, no tiene una forma especial. Puede ser usado por un hombre o por una mujer. Cuando encuentres a la persona que vayas amar y pases el resto de tu vida, dáselo.
_ Esto es ridículo abuela - le espetó, inclinando su mano para devolverle el anillo. - Yo no voy a hacer semejante cosa. Y no creo que me vaya a pasar lo que usted dice.
_ ¡Ah, eso decís ahora! Cuando te pase, ahí me vas a dar la razón.
Guillermo respiró con resignación y le dijo:
_ Le acepto el anillo, pero sigo pensando que es una ridiculez esto.
Solange había llegado al despacho y se asomó tímidamente detrás de la puerta.
Parecía la misma escena de tan solo unos meses atrás. Lo encontraba de
la misma manera, pero esta vez abatido sobre la silla de su escritorio.
Se mantuvo en silencio durante unos segundos y dejó el expediente sobre
el escritorio.
_ Yo sé porque estás así - rompió el silencio que lo hizo sobresaltar de la silla.
_ Querida, me asustaste. ¿Cómo te apareces así?
_ Perdón, es que te vi tan mal. Estás triste.
_ Ya sé donde querés llegar, ya lo sé. No vamos a empezar como la otra vez.
_ No, no es eso.
_ Si es eso. No quiero hablar ahora
Solange tomó asiento y luego de una pausa le dijo:
_ Una vez me dijeron que para olvidarte de alguien, necesitás un año por
cada mes que lo conociste.
_ ¿De dónde sacaste esa reflexión?
_ Cuca me dijo. Pero también podés estar con alguien y al mismo tiempo
amar a otra persona. Eso también me lo dijo ella - agregó, sonriendo.
_ Te levantaste muy filosófica hoy. A ver ¿que mas me vas a decir?
_ Nada.
_ No, decilo. A esta altura estoy abierto para oír cualquier cosa.
_ ¿Ya pasó un año, no?
_ No lo sé. Hace tiempo que no tomo atención del tiempo. Me da lo mismo
que pase o que no pase.
_ ¿Pero vos no te olvidaste de él, no?
Si hacía una pregunta más no hubiera sabido para donde huir. No comprendía cómo captaba todos sus pensamientos y las acciones de cada uno al pie de la letra, sin perder ningún detalle. Solange tenía razón, podían pasar millones de años, que seguiría amándolo como el primer día.
En eso, Gaby interrumpió la escena y fue su salvación en ese momento.
Solange se había ido, pero eso no aliviaba la situación de pánico que embargaba a Gaby en ese momento. Necesitaba estar a solas y hablar con él como si esperaba que él tuviera las respuestas que necesitaba.
Él se quedó unos segundos observándola. No comprendía el verla así, vestida de blanco y el pelo recogido, ¿para celebrar qué? Para decir sí ¿a qué? Ella rompió el silencio entre los dos y se limitó a decir:
_ Necesitaba hablar con vos.
_ Hum… hablar conmigo ¿para qué? ¿No te casás hoy? - agregó, volviéndose
hacia la silla. Hablemos acá parados.
_ Es en serio
_ Está bien - cedió. Tomó una silla, se sentó frente a la otra y le indicó que se sentara.
_ Bueno, te escucho.
_ Si, es… vos sabés que yo hoy me caso con Antonio.
_ Lo sé.
_ ¿Vos recordás cuando yo te llamé? Cuando iba a casarme con él y bueno, después sucedió, bueno.
_ Bueno, bueno. ¿Qué me querés decir?
_ Bueno, bueno. ¿Qué me querés decir?
_ Que yo estoy segura de lo que voy hacer, pero a mí me haría mucho bien
que vos me dijeras algo. Que para vos está bien que yo me case con Antonio, significa mucho. Esa vez me dijiste que si me casaba con él, hace unos meses, que iba a ser un error, que me iba a quedar mirando al techo...
_ Si yo lo sé y no me retracto de lo que te dije. Te lo reafirmo y te voy a preguntar algo.
_ No, ya lo sé. ¿Vos como estás con ese tema?
_ No, no me cambies de tema.
_ Está bien, yo lo amo. Si no lo amara no me casaría hoy con él. Pero de
verdad, quiero saber cómo estás
_ Cómo puedo, uno está como puede.
_ Vos sabés que yo discutí con él y me siento re mal por lo que pasó.
_ No te sientas mal, son cosas que pasan.
_ ¿Qué vas a hacer ahora con José? Ahora que sabés que Pedro está vivo.
_ ¿Qué voy hacer? ¿Qué querés que haga? ¿Qué lo lleve a bailar?
_ Dale, quiero saber.
_ Terminé el compromiso que le había hecho. Lo iba a hacer de todos modos.
Gaby prefería no seguir insistiendo o más bien buscaba la forma, por momentos, de continuar el tema para evadirse ella misma de la realidad
Gaby prefería no seguir insistiendo o más bien buscaba la forma, por momentos, de continuar el tema para evadirse ella misma de la realidad
que hoy, por su misma elección, la tocaba.
_ ¿Y no vas a hacer nada?
_ ¿Qué crees que pueda hacer? Esta conversación no tiene sentido, no tiene sentido.
_ Si la tiene y algo tenés que hacer.
_ ¡Noo! ¿Vos me lo decís, que no se si vas a estar segura de casarte?
_ Yo estoy segura, estoy muy segura.
_ ¿Entonces porque viniste? Si estás segura vas y lo hacés. No necesitas de mí aprobación.
_ ¿No me crees que pueda hacerlo, es eso? Te sentí el tono sarcástico.
_ Me preocupás vos, tu felicidad, tu historia con Beto.
_ Ya hablamos de esto, de que no podemos aferrarnos a las cosas que no pueden ser. Lo nuestro fue así, no se dio. Pero vos estás a tiempo, vos podés buscarlo.
_ Que cambiante que sos. Mira, -siguió- a veces somos responsables de las situaciones por las que pasamos. Está bien que esté enojado, lo entiendo y hay que respetar su decisión.
_ No lo creo así. Vos hiciste lo que pudiste.
_ No, no quieras convencerme de lo contrario. Hacer lo que podía, no. Traté
_ No, no quieras convencerme de lo contrario. Hacer lo que podía, no. Traté
de escuchar, de seguir el ritmo de la vida , no sé, que debía continuar con su curso. De escucharte a vos, a mi hijo. Ahora vos decime ¿Vos estás realmente segura de lo que vas a hacer? Decímelo, de verdad.
_ Yo lo amo, ya te lo dije. Sé que Antonio y yo vamos a estar bien. Que voy a dar el si hoy y que lo que siga de ahí en más va a ser lo mejor para nuestro futuro.
Gaby se había ido pero los recuerdos continuaban intactos en su mente, como si lo buscaran, como si persiguieran un objetivo claro que él debía oír.
_ Hace frío ¿no? - le inquirió Juan. Guillermo no tomó en cuenta sus simples palabras. Sentado contra la acera a unos pasos de la puerta de la casa de Juan, lo que menos quería pensar era en lo que podrían decirse. Acababan de tener una discusión grande y la situación lo había abrumado hasta el extremo.
Su interlocutor se sentó a su lado y continuó.
_ Nunca habíamos discutido, supongo. - Guillermo se incorporó.
_ No lo recuerdo. Fue por Ana ¿no? Uno toma decisiones por alguna razón.
_ No lo recuerdo. Fue por Ana ¿no? Uno toma decisiones por alguna razón.
_ Eso no fue una decisión. Casarse con una mujer.
_ Lo hice por mi hijo. Nadie podría haberlo entendido. Los dos juntos, viviendo una vida normal como cualquier pareja.
_ Desde que te conozco lo único que te importa es lo que pensarán los demás. Te propongo algo.
_ No, amantes no.
_ No, no es eso. Mirá, a veces pensaba que esto iba a durar para siempre,
no lo sé y no entiendo cuando algo se acaba y cuando otra historia comienza.
_ ¿Te vas a poner romántico ahora?
_ No, solo prometamos algo. Como una promesa. Si en veinte años, no encontramos a esa persona indicada, nos vamos a dar cuenta si esto fue real.
Que teníamos que estar juntos para toda la vida.
_ Es una ridiculez lo que me estás diciendo. Yo me casé. Aunque todos los días me repita que fue un error y termine queriendo que lluevan chistes en el techo. Es ridículo, las personas que se enamoran están mal, están muy mal. Yo tengo los pies sobre la tierra. ¿Y si pasa… si pasa que encontramos a alguien que nos importe en serio?
_ Siempre exagerando todo. Mirá, si pasa se rompe la promesa, pero también sería como cumplirla. Míranos, por algo nos encontramos.
_ Te lo prometo, pero si en veinte años pasa, intername en un psiquiátrico.
_ Ya pasaron los veinte años, me parece… ¿no? - Una voz dulce lo sobresaltó.
_ ¿Qué haces acá? Ya estoy soñando de nuevo.
_ Seguramente te quedaste dormido. Donde más puedo hablar con vos.
_ ¿Cómo supiste lo que estaba pensando?
_ Soy tu mamá. Una madre sabe siempre lo que piensan sus hijos.
_Es ridículo, completamente ridículo. No… ¿por qué se me ocurrió prometerle semejante cosa?
_ Yo no lo creo así. ¿Y qué hacés acá sentado? - agregó acercándose al escritorio. - No me digas que estás esperando que tu amigo te interne en un psiquiátrico.
_ Nada, vine a trabajar. Si me lo decís por la boda de mi socia - agregó rápidamente, pero a la vista comprendía a qué tema se refería su madre
_ No lo digo por Gabriela.
_ De eso no. - le respondió, suspirando. - De eso no voy hablar.
_ Querido, a tu madre evasivas no. Ah no, ya se… ¿vas a seguir con esa ridiculez de casarte?
_ No lo voy hacer - enfatizó molesto. -¿Yo no debo estar hablando dormido? - agregó con un gesto de suma preocupación.
_ No lo voy hacer - enfatizó molesto. -¿Yo no debo estar hablando dormido? - agregó con un gesto de suma preocupación.
_ No, no por ahora- le respondió, divertida.
_ A vos te parece todo precioso esto.
_ Lo único que quiero, es que seas feliz y tomes la decisión correcta. Guillermo - tomó aire y en un dejo angustioso le dijo: - No voy a estar todo el tiempo para estar diciéndote lo que tenés que hacer. La realidad es otra, la realidad, es que estoy muerta…
_ Para vos es fácil decirlo, estas ahí, en paz, pero yo estoy acá, en otro plano. Con gusto te cambiaría el lugar.
Clara lo miró con gesto de reprobación
_ Hace un momento la aconsejaste a tu socia. Y hace un tiempo le dijiste lo que era para ella el amor. Yo me pregunto ¿Cuando te escuchás a vos mismo?
_ Yo sé porque lo hice, fue por ella. Estaba preocupado por lo que iba a hacer, por lo que va a hacer hoy.
_ No, no lo hiciste por eso. A mí no me podés engañar. Lo hiciste porque era lo que pensabas y en ese momento lo defendiste con una valentía que me llenó de orgullo y me recordó quien eras. Cambiaste mucho cuando te casaste con Ana.
_ Pensé que cuando se lo había dicho, algo había cambiado en mi, en mi forma de pensar.
_ Cuando me casé con Ricardo, me tomó un tiempo darme cuenta que siempre iba a amar a tu papá.
_ Cuando me casé con Ricardo, me tomó un tiempo darme cuenta que siempre iba a amar a tu papá.
_ No compares las situaciones. Vos enviudaste y estabas sola conmigo a cuestas. Son otras circunstancias. Como la mía con Fabián. Nadie hubiera sido tolerante ni conmigo ni con mi hijo si hubiera intentado construir una relación con Juan. Él lo habría sufrido.
_ Siempre con razonamientos vos. Mirá, Ricardo fue un gran hombre, pero yo no podía cambiar mis sentimientos, por eso me separé de él. Y nadie te aseguraba que las cosas podía ser así respecto a Fabián.
Hizo una pausa y luego le dijo:
_ Creo que la promesa que le hiciste a Juan se rompió y es hora que vos cumplas la tuya.
Clara se fue hacia la puerta y luego le dijo:
_Ah, antes que te despiertes, no le vayas a poner el nombre de tu padre.
_ ¿A quién? ¡Mamá! ¿A quién
Despertar no fue nada fácil. Sintió como si su alma se hubiera transportado a
un mundo desconocido para él, pero que de ninguna manera quería que lo devolviera a la realidad que estaba viviendo.
Tomó aire y cuando bajó la vista hacia el escritorio notó dos llamadas perdidas en el celular. Al parecer Fabián había intentado comunicarse.
Como si tuviera el ánimo para hablar con su hijo… pero entendía claramente la razón.
Marcó el número y en ese momento, Beto entró en el despacho. Guille le hizo seña que esperara. Debía hablar con Fabián, pues había tomado una decisión que debía cumplir.
_ Fabián
_ Fabián
_ ¡Hasta que por fin viejo! Te estuve llamando desde hace una hora.
_ Estaba ocupado. Escúchame ¿Hiciste lo que te pedí?
_ Te preparé un bolso pero no entiendo. ¿Qué vas a hacer ahora? No me digas que vas a desaparecer como la otra vez.
_ No o si. Quiero hacer un viaje por un tiempo.
_ ¿Pero pasó algo?
_ No me preguntes eso ahora...
_ Bueno, vos sabés lo que hacés. Yo te llamaba por si ibas a ir al civil de Gaby.
Vaciló en su respuesta, no podía decir nada que pusiera en evidencia la situación que Gaby iba casarse estando presente Beto a unos pasos de él.
Y ni siquiera sabía si Marini estaba al tanto, incluso acababa de tener una discusión con ella.
Pensó bien lo que iba a decirle y luego continuó.
_ No, después hablamos o yo te llamo hijito.
_ ¿Pasó algo? - le inquirió Beto unos segundos después.
_ No, no pasó nada. ¿Vos estás bien?
_ Cómo se puede. -Beto no dudó un segundo, se había detenido, pensando en las palabras de aquel viaje que Guillermo tenía pensado hacer y le preguntó._ ¿Pensás irte? digo, por lo que escuché.
_ Sí ,creo que es lo mejor alejarme de todo, de todos.
_ Guille, está enojado, es como una rabieta de pibes y después se le pasa.
_ No, no voy hablar de eso. Ya se lo dije… - se detuvo un momento, era la primera vez que recordaba, aunque fuera difuso, los sueños que tenía con su madre. _ No sé lo que te estoy diciendo. Mirá, nadie se enoja porque si. No se levanta un día y decide enojarse. Está en su derecho de hacer lo que le parezca, en parte yo tengo responsabilidad en eso.
_ Vos te vas por él.
_ No, no es por él, por nadie. Por mi lo hago.
_ Yo creo que no, yo creo que lo hacés porque querés escaparte de él. Por la discusión que tuvieron, vistes. Cuando pensaste, cuando creímos todos que Pedro estaba muerto ¿vos qué hiciste después? Fuiste y lo buscaste a José. Es lo mismo.
_ No es lo mismo. Son diferentes situaciones. Lo hice por presión, no sé… Por probar a ver si lo que Gabriela o mi hijo decían, podía ser así.
Se hizo un silencio entre los dos, pero que no dejaba de ser incómodo. Beto había llegado a pensar por un momento que ya no había nada más que decir. Aunque abrigaba las esperanza y que antes que muriera el día, Guillermo fuera capaz de buscarlo. Quizás no estaba tan lejos de creerlo.
_ Es mejor que yo me vaya...
_ No, esperá. -Las palabras de su madre en el sueño, se agolparon de nuevo en él. - ¿Dónde está?
_ Él estaba muy mal. Me pidió que lo llevara…
_ No, no me digas nada. Ya sé donde puede estar.
Pedro no había tomado conciencia de la hora, cuando pudo oír un ruido que venía de la sala de estar a la entrada de la estancia. Beto no podía ser, se había ido tan solo unas horas antes y no regresaría hasta el otro día. Se levantó despacio y miró hacia el reloj que se encontraba en la mesa de luz. Era de noche y el día se le esfumó en un segundo. No podía pensar en nada y sentía que toda la carga de meses se iba trasladando hacia su cuerpo, como si hubiera estado llevando todo ese tiempo una mochila pesada sobre su alma.
Pedro no había tomado conciencia de la hora, cuando pudo oír un ruido que venía de la sala de estar a la entrada de la estancia. Beto no podía ser, se había ido tan solo unas horas antes y no regresaría hasta el otro día. Se levantó despacio y miró hacia el reloj que se encontraba en la mesa de luz. Era de noche y el día se le esfumó en un segundo. No podía pensar en nada y sentía que toda la carga de meses se iba trasladando hacia su cuerpo, como si hubiera estado llevando todo ese tiempo una mochila pesada sobre su alma.
Tomó conciencia que se encontraba solo. El silencio que de pronto embriagó el ambiente le despertó curiosidad y en un acto de arrebato fue hacia la sala, convencido que su amigo podía haber regresado.
_ Beto…? - Se detuvo en sus pasos. Era Guillermo y no su amigo. A quien menos esperaba pero que su corazón ansiaba con todas sus fuerzas.
_ Él me dijo que podía encontrarte acá - fue lo único que apenas Guillermo se atrevió a decir. Imaginaba un nuevo reproche y estaba dispuesto a recibir la afrenta, pero no fue así. Para Pedro no cabía más importancia que tenerlo allí, a su lado, sin que nadie pudiera impedir lo que venía anhelando desde el momento que leyó aquellas palabras.
La emoción lo embargó de repente y no sabía que decir después de la discusión que habían tenido. Tempestuosa pero necesaria. Los dos sabían eso.
_ Antes que me eches, quiero decirte que comprendo tu enojo y entiendo si ya no querés saber nada con el estudió, con nosotros.
_ Eso ya no importa. Si, me siento herido y decepcionado por todo lo que pasó, pero no… Lo único que importa ahora es que estás acá y que viniste por mí.
Guillermo se acercó y lo besó. Fue abrazando sus labios pausados hasta acelerar el ritmo de sus besos, al igual que sus dedos que ansiaban impacientes poder tocarse.
Se guiaron hacia la habitación. En ese momento no pudieron.
Guillermo dejó caer su camisa y dejó que de a poco lo llevara a la cama. Arrancó su pantalón con fuerza y su prenda interior se fue enredando en sus piernas. Llevó sus piernas a su cintura y se abrazó a él. El deseo se apoderaba de los dos como si nada pudiera detener el fuego que los iba consumando.
Pedro lo siguió y de a poco fue arrancando su camisa mientras sus besos se derramaban dentro de su boca. La ropa se fue esparciendo en el piso y solo quedaron desnudos en la oscuridad enredando sus piernas.
Pedro se entregó a él sin reparos y sus labios subían y bajaban atravesando su lengua con atrevimiento. Arqueó su cuello hacia atrás y sus besos se derramaron en su piel. Se acompasaban al movimiento de su lengua hundiéndose en su cuello.
Deslizó sus labios y se fueron hundiendo en su estómago y la respiración de Pedro se sofocaba. Sus latidos se aceleraban.
Bajó un poco más, Pedro no opuso resistencia y dejó que sus besos fueran adentrándose en su intimidad. Sentía inexperto. Saboreo de su piel, adentrándose con frenesí hasta dejarlo sin respiro.
Se bebió sus gemidos y se abrazaron extasiados. Pedro se abrazó a su pecho mientras Guillermo lo aferraba más a sus brazos.
No importaba lo que pudiera pasar mañana, estaban juntos y nada podría separarlos.
CONTINUARÁ
Buenisimo pronta continuacion mara rosas
ResponderEliminarHermoso!
ResponderEliminargracias chicas
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