
MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)
PARTE I - “EL ENCUENTRO”
CAPÍTULO 2
Volví a ascender la larga escalera de caracol hasta llegar al último piso de la torre, todavía temblando de pies a cabeza por la adrenalina. Esta vez no me molesté en no hacer ruido. Cerré la puerta de un golpe y me desplomé en el sofá.
_ ¿Pedro? _ Mi madre salió de su dormitorio anudándose el cordón de la bata. Me sonrió somnolienta. _ ¿Madrugaste para ir a dar un paseo?
_Algo así _ contesté con un suspiro.
Mi padre salió a continuación y la abrazó por detrás. _ Apenas puedo creer que nuestro pequeño hijo esté en la Academia Medianoche
_¡El tiempo pasa tan rápido! _ se lamentó mi madre con un suspiro. A pesar que me doblaran en edad y llevaran casados veinte años, no dejaban de parecer dos adolescentes enamorados.
_Lo sé. _Refunfuñé. Habíamos convertido eso en una especie de broma por el fastidio que me producía. La gente siempre decía lo mismo: “parecen muy jóvenes para ser tus padres” Las sonrisas de mis padres se ensancharon con mi enojo, pero era cierto. Eran “demasiado guapos” para mi gusto y en cuanto a lo que yo consideraba, allí donde mi ADN podría haber girado a la derecha, había dado un brusco viraje hacia la izquierda. Mis padres no paraban de decirme que era muy guapo, pero yo los escuchaba pensando que eso era lo que decían todos los padres. No me sentía atractivo bajo ningún punto de vista.
_Vamos a desayunar _ dijo mi madre, dirigiéndose a la cocina. _ ¿O ya desayunaste?
_No, todavía no. _ Caí en cuenta del hambre que tenía por cómo me rugían las tripas. Volví a pensar en Guillermo, si él no me hubiese detenido todavía andaría deambulando solo por el bosque con un hambre de lobos. En ese instante se me vino encima la imagen de Guillermo abalanzándose sobre mí y los dos rodando entre la hierba y las hojas secas. Me había dado un susto de muerte y me estremecía al recordarlo, pero ahora por razones algo diferentes.
_Pedro. _ Mi padre se veía muy serio y lo miré con recelo. ¿Acaso había adivinado lo que estaba pensando? Enseguida comprendí que estaba volviéndome paranoico, aunque era indudable que mi padre no sonreía cuando se sentó a mi lado. _ Sé que no es lo que más deseás, pero Medianoche es importante para vos_. Suspiré aliviado, era el mismo tipo de charla que me daba cuando era apenas un niño, antes de tener que tragarme el jarabe para la tos.
_No quiero volver a tener esta conversación ahora_. Supliqué. No iba a poder soportarlo.
_ Adrián, _intervino mi madre muy oportuna _ dejalo en paz_. Mi madre me acercó un vaso antes de regresar a la cocina. _Además, como no nos apuremos vamos a llegar tarde a la reunión del profesorado previa a la presentación.
Mi padre consultó la hora y se quejó. _ ¿Por qué ponen esas cosas tan temprano? Como si a alguien le gustara levantarse a esta hora.
_Cuánta razón tenés mi amor. _ dijo mi madre. Para ellos, cualquier hora antes de mediodía era demasiado temprano, sin embargo habían trabajado de profesores desde que yo tenía memoria, salvando día tras día, su contienda con las ocho de la mañana.
Terminaron de prepararse mientras me tragaba mi desayuno, me hicieron algunas bromas tratando de animarme y me dejaron solo sentado a la mesa. Habían pasado varios minutos desde que me dejaran solo y yo seguía pegado a la silla. Tal vez intentaba convencerme que mientras no acabara mi desayuno no tendría que bajar e ir a conocer a todas esas personas nuevas. Solo el hecho de que Guillermo estuviera ahí me ayudaría a hacerlo.
Cuando fue obvio que no podía posponerlo más, entré a mi habitación y me puse el uniforme de Medianoche. Al principio odié el uniforme, pero ahora me parecía una excelente idea para poder caminar por el internado sin llamar la atención. Al mirarme al espejo, volví a recordar esa extraña pesadilla.
Las espinas lastimándome la piel, la fuerza del viento azotando mi rostro, los pétalos de mi rosa deformándose y ennegreciéndose, como si ardieran en medio de una hoguera. Un jersey que no era el mío y con el escudo de Medianoche.
Sacudí la cabeza intentado soltarme de esos recuerdos. “Vale”, me dije, “ya es hora que dejes de ser un morboso sin remedio.” Decidido a comportarme como alguien que está dejando de ser un adolescente, me miré al espejo una vez más, intentando ser criterioso. No me quedaba tan mal después de todo. Decidí dejar de dar vueltas y enfrentar lo que me esperaba. La gárgola seguía mirándome con insistencia.
_ ¿Podrías dejar de mirarme pedazo de estúpida? Al menos me voy a librar de tener que mirar tu cara horripilante todas las mañanas_. A partir de ese día debería dejar el departamento de mis padres y mudarme al sector destinado a los estudiantes… hasta que caí en la realidad. Cerré los ojos con resignación, ese era otro detalle y para nada irrelevante. Tendría que compartir mi habitación con alguien más. Tal vez esa maldita bruja me miraba de esa manera porque estaba burlándose de mí. Volví a sacarle la lengua, erguí mi espalda y salí de mi dormitorio… por última vez. Había dejado de pertenecerme en ese preciso momento.
En el último mes, viviendo en el internado con mis padres, había tenido tiempo de inspeccionar la escuela de arriba abajo. Desde el gran vestíbulo hasta las aulas magnas de la planta baja que después se dividían en dos torres enormes. Los chicos vivían en la torre norte, las chicas en la torre sur. Ambas pegadas a las estancias del profesorado, incluida la de mis padres, para que el alumnado se sintiera algo observado y no se desbandara por las noches. Las plantas superiores al gran vestíbulo estaban destinadas a la biblioteca y a las aulas.
Había aprendido a moverme por Medianoche y sus alrededores, era en lo único que me sentía seguro. Volví a bajar los escalones, pero independientemente de las veces que lo hubiese hecho, siempre tenía la sensación que caería rodando por la desgastada escalera hasta el último peldaño. Pensé que en verdad, era un tremendo estúpido, preocupándome por una pesadilla con flores marchitas o por caerme por las escaleras cuando en realidad lo que me esperaba era bastante más terrorífico. Llegué al final y salí al vestíbulo.
El mismo espacio que esa mañana, mucho más temprano, estaba vacío y silencioso como una catedral, ahora estaba abarrotado de gente y sus voces resonaban por todas partes. A pesar del bullicio, tuve la sensación de que mis pasos retumbaban en la sala porque varios se volvieron a verme, era como si todo el mundo se hubiera vuelto para observar al intruso, como si llevara colgada una señal de neón que dijera: EL NUEVO.
Los alumnos, reunidos en círculos demasiado apretados para que pudiera sumarse un recién llegado, volvieron sus ojos hacia mí, como si pudieran sentir el latido aterrado de mi corazón. Todos me parecían iguales, no de una manera clara y precisa, sino por la similitud que compartían. A las chicas les brillaba el cabello, lo llevaran suelto o recogido, y los chicos se veían seguros de sí mismos. Todos envueltos en sonrisas que, a mi entender, les servían de máscaras.
Todo el mundo vestía el uniforme, todos llevaban el escudo de Medianoche bordado y lo lucían como si fuera el blasón de su familia. Todos derrochaban seguridad, superioridad y desdén. Nadie me saludó, pero cuando el murmullo general volvió a imponerse respiré aliviado, era obvio que los nuevos no merecían más que un instante de atención.
Tenía las mejillas encendidas. Me pregunté donde estaría Guillermo y alargué el cuello buscándolo entre la multitud. Si Medianoche fomentaba la amistad entre los ayudantes de cátedra y el alumnado, era posible que estuviera por ahí. Sentí que podía enfrentarme a todo si Guillermo estaba conmigo, y aunque fuera una tontería albergar ese tipo de sentimientos hacia alguien que apenas había conocido, me daba igual. Guillermo tenía que estar por alguna parte, aunque no pudiera encontrarlo. Me sentía completamente solo, pero a medida que iba bordeando el vestíbulo, observé que había muchos en mi misma situación. Evidentemente, Medianoche no era receptiva a los nuevos, sino exactamente lo contrario.
Un chico rubio y con la piel bronceada llevaba la ropa tan arrugada que daba la impresión de haber dormido con ella puesta. Debajo de la chaqueta, y por encima del jersey con el escudo del colegio, llevaba una camisa hawaiana de colores estridentes. A pesar de ser prácticamente ignorado, no paraba de sonreír. Más allá, una chica de cabello rojizo y con lentes, se apretujaba en un rincón. Los demás se apartaban de ella como si los repeliera un campo de energía, ya le habían colgado el cartelito de “insignificante” aun antes de la primera clase. Tuve ganas de acercarme tanto a uno como a la otra, eran los únicos dos – además de Guillermo – que aplacaban mi sensación de vacío y soledad.
Respiré hondo y venciendo mi timidez me acerqué a él. _ Algo me dice que estamos compartiendo este “formidable estreno” _ le dije intentando una sonrisa. _Pedro Beggio, primer año en Licenciatura en Letras_. Y extendí mi mano.
Su mirada transparente se encendió al escuchar mi voz y en segundos estrujó mi mano con tanta fuerza que el recuerdo de la rosa y las espinas se volvió una caricia. _ Alberto Marini. Beto. También primer año en Licenciatura en Letras.
Pasé mi mirada de reojo sobre el resto del alumnado y volví a posarla sobre él. _ Un poco ásperos, ¿no?
_Si, pero me da lo mismo. No me intimidan ni un poquito.
_Me gustaría tener tu personalidad, casi me meo encima cuando pisé el vestíbulo.
_Ignoralos. Están lejos de ser mejores que vos o que yo, aunque pongan todas sus energías en convencerse de lo contrario.
No sabía muy bien que decir, pero hablar con él me hacía perder el miedo al ridículo, aunque se me escapara alguna frase sin mucho sentido. Recorrí el salón con la mirada hasta que la volví a ver. Estaba mucho mas hundida en el rincón que unos minutos atrás.
_¿Qué te parece si vamos en este mismo momento al rescate de alguien que, me parece, la está pasando bastante mal?
_ ¿Quién?_ me preguntó estirando el cuello para ver más allá.
_Esa, la colorada que está a punto de desmayarse en aquel rincón.
La enfocó e inmediatamente los músculos de su cara expresaron lo que le había provocado a primera vista. _Es hermosa… ¡vamos!
Al ver que nos aproximábamos a ella comenzó a temblar con más intensidad. Usé mi mejor sonrisa para disminuir su tensión y algún efecto tuvo.
_ ¡Hola! Los “nuevos” venimos en rescate de los otros “nuevos”. _ Le extendí mi mano_. Pedro Beggio, primer año en Licenciatura en letras_. Ya empezaba a preguntarme cuantas veces más repetiría esa frase, pero era lo único que se me ocurría.
Montando una actuación caballeresca, Beto me desplazó hacia un lado con un hombro y fingió postrarse ante ella. _ Alberto Marini, o simplemente Beto. La misma carrera y el mismo año que el joven que me acompaña. Bienvenida a la trinchera de los “nuevos”.
Ella sonrió con timidez y agradecimiento, lentamente extendió también su mano y mientras nos saludábamos con cortesía pronunció su nombre.
_Gabriela… Gabriela Soria, o Gaby, como prefieran.
_¡Atención! _ La voz retumbante quebró el bullicio y lo redujo a silencio. La señora Bethany, la directora, había subido al estrado. Tenía el estilo Victoriano. Alta, fuerte y de abundante cabello recogido. Al ver con qué facilidad imponía el orden en aquella sala, comprendí que la señorita Bethany tenía poder. Y no se trataba del poder que le daba el cargo de directora, sino de un poder real, algo innato. Nos dio la bienvenida con más severidad que cortesía. _ La mayoría de ustedes ya ha estado aquí, otros se habrán preguntado durante años si alguna vez entrarían a esta escuela, pero este año también contamos con un nuevo grupo de estudiantes: el resultado de un cambio en la política de admisión. Creemos que es el momento que nuestros alumnos conozcan un mayor abanico de gente y de ese modo prepararlos para el mundo que les espera al otro lado de las paredes de nuestra institución. Todos tenemos mucho que aprender de estos otros estudiantes _ dijo como pintando en aerosol gigantescas letras rojas: “muchos de ustedes no son bienvenidos”. La nueva política de admisiones era sin duda alguna la responsable que tanto Beto, como Gaby y yo pudiéramos formar parte de Medianoche. Éramos considerados una experiencia educativa para los alumnos “legítimos”
Me sudaban las manos. Mi madre se las arregló para llamar mi atención sin hacerme ningún gesto ni llamarme por mi nombre, como suelen hacer las madres. Mis padres estaban a la derecha de la señora Bethany, de pie y en uno de los extremos de la hilera de profesores. Lo busqué y no fue difícil encontrarlo, Guillermo estaba en la fila que se desplazaba hacia la izquierda de la señora directora, con las manos cruzadas ceremonialmente por delante de su cuerpo musculoso y atlético. Su mirada hizo contacto con la mía y me sonrió con confianza. Desde su lugar intentaba hacerme disfrutar del momento. Esa esperanza infundada no hizo más que colmar el vaso, ya resultaba bastante duro combatir el temor para, encima, verme obligado a no provocar en él una decepción. A pesar de todo eso, le devolví la mirada con una sonrisa encubierta.
_Las clases empezarán mañana _ concluyó la señora Bethany. _Por hoy, instálense en sus habitaciones, preséntense a sus compañeros y recorran las instalaciones. Es un placer tenerlos acá y esperamos sepan aprovechar su estadía en Medianoche.
La sala estalló en aplausos y la señora Bethany lo agradeció con un parpadeo lento y satisfecho, como un gato bien alimentado.
A continuación, el murmullo generalizado volvió a imponerse.
_Chicos _ dirigiéndome a Beto y a Gaby _ nos vemos más tarde, tengo que buscar a alguien.
Solo había una persona con la que me gustaría estar en ese momento. Rodeé la sala manteniendo la espalda siempre pegada a la pared. Lo busqué entre la multitud con desesperación, anhelando atisbar un destello de su cabello castaño, de sus ojos profundos, de su espalda ancha y de su mentón tan erguido. Si yo lo buscaba y él me buscaba a mí, tarde o temprano, teníamos que encontrarnos.
A medida que tanto profesores como alumnos se dispersaron, el gentío fue menguando poco a poco. Me quedé deambulando por ahí hasta ser el único en el vestíbulo. Estaba convencido que Guillermo iría a mi encuentro, él sabía lo asustado de estaba, sin embargo no apareció.
Al final tuve que aceptar que me había equivocado. “Tal vez no pudo. Tal vez tenían otra reunión de profesores. Tal vez…” No me quedaba más remedio que ir a conocer a mi compañero de habitación.
Subí los escalones de piedra lentamente, si tenía algo de suerte podría ser que la escuela intimidara a mi compañero de habitación tanto como a mí. Las cosas serían más sencillas si me tocaba convivir con otro “marginado”.
“Marcial Sarmiento” decía el impreso. “Vaya nombre” pensé para mí, pero al abrir la puerta descubrí, con el alma en los pies, que el nombre le iba como anillo al dedo. No era ningún marginado. En verdad, era la mismísima personificación del prototipo de Medianoche. Su piel era tostada y suave, el cabello lacio, y un mechón rebelde caía sobre su rostro.
_Así que vos sos Pedro… _ dijo. Nada de apretones de manos, ni abrazos, solo un silencio incómodo para ambos. Éramos el día y la noche. _No sos como esperaba.
_Miles de gracias, _ respondí _ lo mismo digo. _Terminé sin saber de dónde había sacado esa ironía.
Marcial ladeó la cabeza y me escudriñó con la mirada. Me pregunté si ya nos odiábamos. Alzó una mano y empezó a dejar en claro varios puntos. _ Podés usar mi perfume, pero no mi ropa.
_Gracias, pero no necesito ni lo uno ni lo otro, tengo todo lo que necesito tener. _Nos medimos mirándonos a los ojos.
_En principio, voy a estudiar casi siempre en la biblioteca. Voy a tratar de molestarte lo menos posible. Y si me ayudás en las asignaturas en las que te vaya bien, puedo hacer lo mismo con las que se te pongan difíciles. Creo que si hacemos el esfuerzo podremos aprender muchas cosas el uno del otro. ¿Estás de acuerdo?
_Todo perfecto.
_De acuerdo. Nos vamos a llevar bien Pedro.
Casi empezaba a caerme simpático, me hubiese molestado mucho más que fingiera una falsa amistad de buenas a primeras. Me quedó bien en claro que a Marcial no le gustaba andar por las ramas y eso me indujo a respetarlo. Al menos era frontal.
_Marcial, se que somos diferentes… _ Pasó de largo mi intento de acercamiento.
_ Tus padres son profesores de la escuela, ¿no?
_Si, por lo visto las noticias vuelan.
_Te va a ir bien. Siempre habrá alguien cuidándote.
_¿Ya estuviste en Medianoche?
_No, es la primera vez, y lo deseaba mucho… Es hermosa, ¿no?
Me guardé mi opinión. _ ¿Tenés amigos acá?
_Sí, ¡claro! _ Su sonrisa era etérea como todo en él. _Camila y yo nos conocimos en Suiza el invierno pasado. Con algunos hice amistad cuando estuve en París y con otros compartimos un verano en el Caribe.
_Veo que se mueven en los mismos círculos…
_Más o menos. _De pronto pareció darse cuenta de lo incómodo que me sentía. _También acabarán siendo los tuyos, Pedro. Ya lo vas a ver.
_Ojalá me sintiera tan seguro como vos.
_Vas a ver que sí. _ Y por primera vez, me obsequió una sonrisa.
Marcial vivía en un mundo en que los veranos eran eternos y todo estaba a su alcance. Me era imposible imaginar que algún día pudiera formar parte de eso.
_¿Conociste más gente acá, además de tus padres?
“Solo tres” pensé, pero no lo dije. “Guillermo, Beto y Gaby” _ Solo a la gente que estaba esta mañana en el vestíbulo_ mentí.
_No te preocupes, sos raro, pero caés bien. Te van a sobrar amistades en Medianoche _ aseguró con firmeza. _Me dijeron que Medianoche es el lugar ideal para conocer chicas… y chicos. _Pronunció la última parte de su frase magistral giñándome un ojo.
_¿Chicos…? _ Me tenté de hablar de Guillermo, pero rápido comprendí que sería una imprudencia.
_Si, _ me respondió sonriéndome. _Chicas, chicos… ¿Qué más da? Somos jóvenes, tenemos mucho tiempo por delante y podemos pasarla de maravillas siempre y cuando estemos con la persona que deseamos estar.
Debí parecer catatónico por la manera en la que reaccionó. Me tomó de la mano y me obligó a sentarme en la cama junto a él. _Pedro, conozco a muchos de los estudiantes de Medianoche y se cómo piensan, como se comportan. Lo mismo da si son chicos o chicas, la consigna es pasarla bien… _
De pronto se abstrajo y ya no creí ver tanta felicidad en su rostro. _ Cuando hay “demasiado” tiempo por delante, cuando la juventud se vuelve eterna, lo demás se vuelve irrelevante. Hay que sobrevivir… de eso se trata. Tan solo de eso. ¿Estás viéndote con alguien? _
“Cuando la juventud se vuelve eterna…” La imagen de Guillermo se paró delante de mí, pero opté por callar. _No. Con nadie. _Me había dado un verdadero motivo para confiar en él, pero nuestra amistad era demasiado nueva para entrar en confesiones.
_Algo me dice que eso va a cambiar muy pronto, y no lo digo por mí. Sos muy lindo y sobre todo muy interesante, no te van a faltar oportunidades, pero aun apenas conociéndote, me gustaría que fueras mi amigo. Los juegos eróticos no siempre alcanzan, y al final de cuentas, lo que siempre te salva es tener buenos amigos. ¿Te cabe? _ Me extendió su mano
_Me cabe_ respondí apretando su mano con fuerza y sonriéndole
_Hermosos hoyuelos. Ya estoy viendo a la mitad de Medianoche cayendo a tus pies.
Esta vez estallé en carcajadas. _ ¡Estás exagerando!
Marcial se contentó con golpear mi hombro suavemente con su puño cerrado. _Ya vas a ver que no.
Me sentí feliz. Tenía un nuevo amigo.
_ ¿Marcial? Soy Camila _ La chica llamó a la puerta al mismo tiempo que la abría. Era guapísima. El cabello rubio le caía por encima de los hombros y tenía labios carnosos. Me miró con curiosidad, concentrada. Admití interiormente que era normal que me mirara con extrañeza, pero hubiera preferido que dijera algo. Sus ojos entrecerrados parecían amenazadores y bastante más hostiles que los de la mayoría de los extraños. _ Esta noche vamos a salir a los prados _ dijo, dirigiéndose a Marcial, no a mí. _Un plan picnic.
Se suponía que los alumnos debían comer en sus dormitorios. Así lo decía el reglamento, pero era muy obvio que Camila estaba muy por encima del reglamento, ella y unos cuantos más.
_Eso suena de maravillas. ¿Qué te parece Pedro?
Camila lo fulminó con la mirada. Por lo visto no se trataba de una invitación abierta.
_Lo siento, tengo que ir a cenar con mis padres _ me disculpé. _De todos modos, gracias por preguntar Marcial.
Los labios exuberantes de Camila adoptaron una mueca casi perversa. _¿Todavía te gusta pasar el rato con mami y papi? ¿Acaso te dan el biberón con el que sobrevivís?
_¡Camila! _ la reprendió Marcial. La mirada de ella fue de desdén, la de él casi una disculpa. Salieron juntos, sus risas resonaron en el pasillo. Esperé un tiempo prudencial, abandoné mi dormitorio y subí corriendo al departamento de mis padres.
Para mi sorpresa, me dejaron pasar sin preguntar por qué había llegado tan pronto. Mi madre me dio un abrazo muy fuerte y mi padre susurró. _ Si fuera vos, no me demoraría en echarle un vistazo a tu habitación.
Sobre la cama, había varias cosas con las que podría decorar mi nueva habitación. Postales que mis amigos me habían enviado, algunos mapas estelares que tenía en mi antigua casa y algo nuevo. Algo con lo que mis padres intentaban darme ánimo para permanecer en ese lugar. Una lámina enmarcada de El beso, de Klimt. Hacía un tiempo atrás la había visto en una tienda y había comentado lo mucho que me gustaba. Por lo visto me la habían comprado a modo de sorpresa en el primer día de escuela. Al principio simplemente me sentí agradecido por el regalo, pero después no pude dejar de mirar la lámina ni de sacarme de encima esa sensación… Tal vez nunca me había detenido a mirarla con cuidado. De repente la lámina había cobrado otro significado. Nunca había prestado verdadera atención al modo en que la pareja se abrazaba. El hombre se inclinaba hacia ella, desde lo alto, como si una fuerza inexorable lo empujara. Ella tenía la cabeza echada hacia atrás, como desvaneciendo, abandonándose a la gravedad. Sus labios resaltaban sobre su piel ruborizada. No obstante, lo más bello de todo era ese fondo rutilante, una cálida y densa bruma de amor que convertía en oro el mundo que los rodeaba. El cabello de Guillermo era más oscuro que el del hombre, pero de todos modos me parecía verlo en el cuadro. Sentí las mejillas encendidas, aunque esta vez, con un rubor bastante diferente.
Cuando terminamos de cenar, tomé mi chaqueta y abandoné el departamento sin dejar de agradecerles tan hermosa velada. Me provocaba un gran desasosiego este nuevo mundo y no dejaba de pensar que no existía lugar para mí en Medianoche, sobre todo desde que había esperado a Guillermo en el vestíbulo sin haber podido verlo.
Mientras paseaba por los alrededores, eché un vistazo en torno a mí, preguntándome si volvería a ver a Guillermo en el bosque. Era una idea tonta, ¿por qué iba a pasarse todo el tiempo afuera? Pero me sentía solo y fui a comprobarlo. No estaba. A mis espaldas, la intimidante Academia Medianoche parecía un castillo más que un internado. Era fácil imaginar princesas encerradas, príncipes luchando con dragones en las sombras y brujas malvadas sellando puertas con conjuros.
El viento cambió de dirección y trajo consigo una ráfaga de voces. Las risas provenían del oeste, estaba más que claro que se trataba de los que estaban celebrado el picnic. Me apreté la chaqueta y entré al bosque. No tomé el camino que dirigía al este como había hecho en la mañana, sino el que bordeaba el camino que conducía a un pequeño lago. Me senté en el suelo y apoyé la espalda contra un árbol. Era muy tarde y todo estaba demasiado oscuro como para ver algo, pero disfrutaba del susurro del viento entre los árboles, el aroma vigorizante de los pinos y el ulular de los búhos. Llené mis pulmones de aire y dejé de pensar en los que estaban de picnic en la playa, en Medianoche, y en todo lo demás. Me abandoné al momento hasta que sentí unos pasos que me sobresaltaron.
_Qué pena… _ el tono de su voz dejaba entrever su enojo. _Que verdadera pena que no entiendas a tiempo cuando se te explican las cosas tan claramente.
_Guillermo…
_¡De pie! _ me ordenó, y sin saber porque, obedecí ciegamente y al instante.
_Guillermo…
Su voz enronquecida no lograba disimular la furia que se agazapaba en su interior. _ Vamos._ Me tomó de un brazo y me arrancó del bosque casi a los empujones. En absoluto silencio atravesó el prado, llevándome a su lado como si fuera un globo inflado con helio.
Frente a la ornamentada puerta del vestíbulo, y cuando finalmente me soltó, pronuncié su nombre por tercera vez. _Guillermo…
_ ¡Qué palabras tengo que usar para que me entiendas!_ Explotó en ira._Creí haber sido claro esta mañana. “En el bosque y solo, nunca.” ¡Nunca, Pedro! _ aproximó su rostro al mío de modo increpante. _ ¿Conocés el significado de “nunca”?
_Pero…
_¡Pero nada! ¡Nada! ¡Te dije que Medianoche tiene secretos y peligros! Te di a entender que me metía en un problema hablándote de eso, pero ni que me jugara todo por vos pareció haberte servido.
_¡No me digas eso!
_¡Te digo lo que te merecés! Amaneciendo, te pegaste un susto que casi te cuesta la vida y no aprendiste nada. Salgo a hacer una recorrida para ver cómo se comportan los que se fueron de picnic y te encuentro solo, en plena noche, bordeando el lago. ¿Vos estás loco o te cansaste de vivir?
La ferocidad de su mirada realmente me asustaba. _No pensé que fuera para tanto.
_No es “para tanto”, es para mucho más de lo que tu brillante cabecita pueda dimensionar. _ Estaba furioso. _Una vez más… _Esa voz ronca e irritada me impulsaba hacia él. _Una vez más y te hago expulsar de Medianoche _ me dijo amenazante.
Giró para irse cuando de improviso, con un gesto impulsivo, inesperado hasta para mí y con una fuerza que desconocía tener, lo tomé de un brazo. Debí haber sido bastante brusco, porque se enredó con sus pies y tuve que sostenerlo para que no cayera. _ No te vayas.
Me miró desconcertado, como si no pudiera comprender ante quien estaba. _Nunca, nunca más vuelvas a hacer eso.
_Lo siento. No quería que te fueras así, sos lo único que me mantiene en Medianoche. _Volví a ser yo, y él se dio cuenta.
Se acercó a mí de tal manera que ya no pude respirar. _Pedro, si uno de esos monstruos te pone una mano encima… _ sentía su aliento sobre mi rostro, su fragancia abría mis labios de la misma manera en que la flor de mis sueños abría sus pétalos ante el viento que la azotaba intentado arrancarla de un lugar al que no pertenecía, y con la misma fuerza que mi rosa se adhería a su planta nodriza, me mantuve de pie ante él. Era obvio que no pertenecía a ese lugar, pero por él soportaría todas las tempestades. Con sus ojos profundos traspasando los míos susurró sobre mis labios. _Si alguno de esos monstruos se animara a rozar uno solo de tus cabellos… _dudó por segundos _me convertiría en lo que no quiero ser. ¡Por ese Dios que en este lugar nadie cree, te lo suplico! No vuelvas a exponerte…
Estábamos solos. Era un a cara o cruz. ¿Qué perdía con decirlo? _ Si te prometo no volver a hacerlo, ¿qué me das a cambio?
Me miró como para crucificarme por largos segundos, pero al ver mi rostro imperturbable, comenzó a reír.
_Juro que nunca conocí a alguien así, Pedro. Sos un personaje de ficción.
_No me respondiste_ Hasta yo me desconocía, nunca le había hablado de esa manera a nadie. Esta vez me miró serio. Muy serio. Las piernas me temblaban, pero me las ingenié para disimularlo balanceándome sobre ellas. Debía de parecer muy canchero, pero en realidad, estaba muerto de miedo.
_Hagamos un trato, Pedro. Si vos te cuidás, yo voy a seguir cuidando de vos. Si no te cuidás, me voy a ocupar personalmente de que te expulsen de la Academia.
_Que trato miserable. _Estaba provocándolo, era consciente de eso, pero no podía detenerme.
Por algo me llevaba algunos años, sabía muy bien cómo pararse firme en el terreno. _Si no volver a verme te parece un trato miserable, adelante. Te falta mucho, pero mucho, para poder extorsionarme. Ya estás a salvo. Para mí, misión cumplida. Que descanses. _ Volvió a girar para irse. Esta vez no iba a tomarlo por la fuerza, segundo intento no iba a lograr el mismo impacto, lo sabía.
_Guillermo…
_Guillermo…
El efecto fue el deseado. Detuvo sus pasos y se volvió hacia mí que lo miraba de la misma manera que había mirado por primera vez El Beso, de Gustav Klimt. _Te prometo cuidarme, no voy a desobedecerte nunca más, pero no me dejes solo…
Se acercó lo suficiente como para detener mis latidos. _ ¿Es una promesa?
_Un pacto de honor _ le sonreí mansamente.
_De acuerdo. _Pasó su índice por el contorno de mi rostro y sentí que me desmayaba. Era definitivamente hermoso.
CONTINUARÁ.
Felicitaciones espero mucho mas mara rosas
ResponderEliminar¡Gracias señora! Doy fe que de esta fic puede esperar todo lo que quiera... Esto es amor y solo amor. ¡Gracias Mara!
EliminarYo nose pero ya no aguanto la espera de esto dios ��������
ResponderEliminarCapítulo 3 terminado... Apenas la vestuarista (Sil Barby) logre la foto que representa el capítulo lo publicaremos. ¡Gracias por esa ansiedad que lejos de presionar, cobija y acompaña! ¡Un abrazo en la distancia!
EliminarHermoso Sandra. Ya ni veo por la hora, pero no podia irme a dormir sin leerlo y comentar. Por favor, esos encuentros entre ellos, me dejan temblando como a Pedro.e fascina esta historia. Como siempre Sandra, un placer leerte. Espero el proximo MUYYYYY ansiosa!!!! ;)
ResponderEliminarBesos Romina
Romi... Como antes, como siempre acompañándome en cada nueva aventura. Percibo que esta fic va a ser especial, porque nació de una manera especial en mi. Me enamoré apenas la pensé. Soy yo la agradecida por contarte entre mis filas. ¡Besossss!
EliminarNo tengo palabras para expresar como me fascina este relato q1ue parece tiene todos componentos para convertirse en mi fic preferida... intriga, personalidades misteriosas de Guillermo y Pedro (quien es quien), estes encuentros apasionados... todo todo me fascina. Gracias, espero nuevo capitulo con mucha ansiedad
ResponderEliminarSi, es verdad... Es una fic llena de misterio. Confieso que estoy definitivamente enamora de esta historia que si me descuido se escribe sola. ¡Gracias y besossss!
EliminarMe encantó gracias por recordarlos una historia diferente pero el amor entre ellos siempre esta presente espero el próximo capitulo hiper ansiosa ��
ResponderEliminar¡Gracias Romi! Tal como te dije en la página de face, tus palabras son hermosas y muy alentadoras. Prometo publicar el próximo lo antes posible. ¡Gracias y besossss!
EliminarDEFINITIVAMENTE ESTA HISTORIA NOS VA A DERRETIR.
ResponderEliminarPEDRO DESBORDA TERNURA,NOS VA A ANIQUILAR DE AMOR.PEDRO ES PEDRO.
FELICITACIONES UNA VEZ MAS.
A LA ESPERA DEL PRÓXIMO CAPITULO.
EL "NO ME DEJES SOLO" ME DESARMA,TODA LA DULZURA TODA DE UN CIELITO ÚNICO.
LA MAGIA HA VUELTO.A SOÑAR,ENTONCES.
SIN LUGAR A DUDAS SE ASOMAN LAS NOCHES MAS BELLAS. MONICA DE LANUS
"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA".
¡Ayyy Monica! Esta historia me está derritiendo a mí antes que a ustedes, porque desde que nació en mi no me deja en paz. Si bien, como aclaro en cada capítulo, estoy trabajando con un libro de anclaje, eso no significa que todo esté escrito. Se trabaja sobre la idea, se modifica, se crea y se genera una nueva ficción.
EliminarLa magia ha vuelto, señora. Mire al cielo y pida un deseo: " con ellos la noche mas bella! ¡Besosssssssssssss!
me llamo atencion esta parte " De pronto se abstrajo y ya no creí ver tanta felicidad en su rostro. _ Cuando hay “demasiado” tiempo por delante, cuando la juventud se vuelve eterna, lo demás se vuelve irrelevante. Hay que sobrevivir… de eso se trata. Tan solo de eso. ¿Estás viéndote con alguien? _
ResponderEliminar“Cuando la juventud se vuelve eterna…” ...Me había dado un verdadero motivo para confiar en él, pero nuestra amistad era demasiado nueva para entrar en confesiones." La huventud eterna? A juzgar por las palabras Marcial es vampiro? Y Pedro parece tambien? Ahhh que intriga. Gracias
Si, es una frase algo capciosa. Pero no olvides que Medianoche está llena de misterios y secretos. Mmmmm! Que interesante... ¡Gracias!
EliminarGuau que hermoso capítulo, estoy intrigada de como sigue está historia!!!
ResponderEliminar¡Gracias Valeria! Ya pronto la continuación. ¡Besosssss!
EliminarNunca imaginé que podrías tomar una historia como ésta para reescribirla con ellos, realmente me sorprendiste. Me alegro que estés tan enganchada, escribir sana, leer sana, todo lo que signifique un rato de felicidad es válido siempre. Pedro y Guillermo pueden ser todo lo que soñemos... incluso vampiros. Mucha suerte Sandra con esta saga, tenés para rato con tantos libros, besos Mary
ResponderEliminarGracias Mary... Un libro de anclaje te aliviana el camino un montonazo. Como sabés, cortísima de tiempo, elegí la recreación de personajes como recurso literario porque hacía mucho que deseaba escribir una historia de Vampiros, pero el tiempo, tirano y cruel, nunca acompaña. No será lo mismo que fue Teatro, una historia que nació de mi sin necesidad de libros de anclaje, pero cuando decidí comenzarla, lo hice a conciencia, que mientras se obre con sinceridad, todo es válido en este mundo Guilledrista para seguir soñando. Gracias y ojalá la historia te conceda las ganas de volar junto conmigo. ¡Besosss!
EliminarA mí también me llamaron mucho la atención las palabras de Marcial!!! Es la Academia Medianoche la versión vampiresca del Instituto de Magia de Harry Potter?? Yyyyyy... Con ese nombre... Da que pensar...
ResponderEliminar¡Jajaja! Guille!!! Tocaya!!! Me hiciste reír... si suena a algo así como la versión Vampiresca de Hogwarts. Chicas, no todo es mérito mío. Cuando se toma un libro de anclaje, hay cosas que se toman de la fuente, pero cuando los personajes cobran vida, empiezan a aparecer otras que se desprenden de la historia original. ¡Gracias y besosss!
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