
MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)
PARTE I - “EL ENCUENTRO”
CAPÍTULO 3
_No te hiciste hacer el uniforme a medida, ¿verdad? _ comentó Marcial, acomodándose el cuello de la camisa blanca que usaba debajo del jersey mientras nos preparábamos para el primer día de clases.
¿Cómo no se me había ocurrido? Los alumnos “legítimos” de medianoche enviaban sus uniformes a un sastre para que les quedaran elegantes en vez de toscos y asexuales, como el mío.
_No, no se me ocurrió.
_Nunca lo olvides _ dijo Marcial. _ La ropa a medida es un mundo aparte. No descuides tu aspecto. Nunca.
Lancé un suspiro y seguí con lo mío, intentar que el uniforme no me sentara tan mal. Tarde o temprano vería a Guillermo y quería tener el mejor aspecto posible.
Marcial se dio cuenta de mi preocupación y trató de tranquilizarme. _No hay nada porque preocuparse, Pedro. Te ves muy bien. Vayamos abajo.
Después de hacer una larga cola en el vestíbulo nos entregaron una hoja de papel en la que estaba impreso el listado de asignaturas a las que debíamos concurrir. Marcial no se separó de mi la primera hora, pero solo porque íbamos juntos a la primera clase, la asignatura de Historia que impartía mi madre. Me sentía incómodo caminando junto a Marcial sin saber que decir, hasta que lo vi. La luz se colaba a través de los cristales llenando de brillo su cabello castaño. Al principio creí que nos había visto, pero siguió caminado sin perder paso.
_Marcial, nos vemos mas tarde. _ le dije alejándome de él. _ ¡Guillermo! _ Lo llamé. Ni siquiera pareció oírme. No quería ponerme a gritar, así que apuré el paso para darle alcance. Iba a llegar tarde a la clase de mi madre, pero no me importaba. Estaba dispuesto a correr el riesgo. _ ¡Guillermo! _ insistí, esta vez más alto. Se volteó lo justo para ver quien lo llamaba y luego miró a su alrededor como si le preocupara que alguien nos oyera.
_Ah… ¿Qué tal?
¿Dónde estaba mi protector del bosque? El hombre que tenía delante no se comportaba como si se preocupara por mí, sino como si no me conociera. Aunque en realidad… no me conocía. Solo habíamos hablado un par de veces. Que yo creyera que era el inicio de algo no significaba que lo fuera, de hecho, dejaba ver la impresión de estar hablando con un extraño. Me saludó fugazmente con la mano y un gesto de cabeza, como cuando alguien saluda a un desconocido y siguió caminando hasta desaparecer entre la multitud.
Quedé parado sin saber porque acababa de tratarme con tanto desdén. El baño de los chicos estaba cerca, así que me colé en uno de sus compartimientos y me rehíce como pude en vez de echarme a llorar. ¿Qué había hecho mal? A pesar de lo extraños que habían sido nuestros encuentros, Guillermo y yo habíamos acabado teniendo una charla tan íntima como las que tienen los mejores amigos. Tal vez no supiera mucho de chicos, pero estaba convencido que habíamos hecho contacto. Evidentemente estaba equivocado y volví a estar solo en Medianoche. Mucho más solo que antes.
Cuando por fin me repuse, salí corriendo hacia la clase de mi madre a la cual casi llego tarde. Ella me fulminó con la mirada mientras yo me apoltronaba en uno de los últimos pupitres.
Pasó de inmediato del modo de madre al de profesora. _Veamos. ¿Quién sabría decirme algo sobre la Guerra de la Independencia?
El chico que se sentaba a mi lado levantó la mano para alivio de todos los demás. Mi madre sonrió. _ ¿Y usted es…?
_Moore. Balthazar Moore. _ Lo primero que debería decir sobre él, es que tenía el aspecto de alguien que podía llevar ese nombre sin que nadie se le burlara. Le quedaba a la perfección. Respondía muy tranquilo a lo que mi madre le preguntaba, pero sin las insolencias de la mayoría de los alumnos, solo parecía seguro de sí mismo. Hablaba con facilidad, sin prisa. Era grande y fornido, tanto que apenas si cabía en el viejo pupitre de madera. Su postura convertía la incomodidad en elegancia.
Al finalizar la hora comprendí que mi madre se había ganado a toda la clase y que la sonrisa tan encantadora de Balthazar casi había conseguido hacerme olvidar de Guillermo… ¡De acuerdo! ¡Claro que no! Pero esa sonrisa atractiva le hacía ganar muchos puntos.
_Tu madre es fantástica. _Me dijo Marcial, alcanzándome por el pasillo._Medianoche es competitiva, te va a venir muy bien que el alumnado la adore. La tiene muy clara… Hay muy poca gente así.
_Espero parecerme a ella algún día_. En ese momento Camila dobló la esquina. Llevaba el cabello rubio recogido en una cola muy tirante que le hacía arquear las cejas con un aire aún más desdeñoso. Marcial se puso tenso. Por lo visto, aceptarme no implicaba tener que defenderme delante de Camila, así que me preparé para recibir su arrogante comentario de turno. Sin embargo me sonrió, aun dejando ver que pensaba que estaba siendo mucho más atenta conmigo de lo que yo me merecía.
_Este finde, fiesta “secreta” _ dijo. _ El sábado, junto al lago. Dejaremos pasar un par de horas después del toque de queda
_¡Perfecto! _ Dijo Marcial. Tal vez esa sería la mejor fiesta de medianoche hasta el Baile de Otoño, el mayor acontecimiento del año.
La sorpresa me asaltó y Camila me miraba molesta por no haberme deshecho en agradecimientos, aunque en realidad, lo único de que deseaba decirle era que era una pedante, una pesada y qué tenía mil cosas mejores que hacer antes que ir a su fiesta. Pero debía tratar de encajar en Medianoche.
_Si, genial… Va a ser genial_. Fue lo único que pude decir.
_Acabo de tener mi primera clase con tu padre, Beggio. Una verdadera sorpresa. No solo sabe como pocos sobre historia y literatura, sino que sabe cómo transmitirlo, además es muy agradable. Nos dejó a todos maravillados.
Marcial me encajó un codazo punzante mientras ella se alejaba muy digna, al compás de su coleta rubia. _ ¿Lo ves? Te lo dije. Poco a poco te aceptarán, sos especial Pedro. Eso sin contar que el alumnado adora a tus padres, son tan especiales como vos, han caído muy bien.
¿Qué clase de desgracia humana había que ser para ascender en el ranking de popularidad de Medianoche gracias a tus padres? Sin embargo no podía permitirme despreciar la aceptación, viniera de donde viniera.
_ ¿De qué tipo de fiesta se trata? Es decir, ¿se va a hacer en los alrededores? ¿Va a ser de noche?
_Supongo que ya habrás ido a otras fiestas antes, ¿no?
A veces Marcial no se diferenciaba mucho de Camila. _Claro_ contesté, pensando en las fiestas de cumpleaños de cuando era pequeño, aunque Marcial no tenía porque saberlo. _ Solo me preguntaba si iba a haber bebida y esas cosas.
Él se echo a reír como si hubiese dicho algo gracioso. _Por favor Pedro, madurá. _ Echó a andar hacia la biblioteca y me dio la impresión que no quería que lo siguiera, así que volví solo a nuestro dormitorio.
Mis padres me habían dicho que pronto me iba a acostumbrar a la rutina y que, cuando lo hiciera, Medianoche empezaría a gustarme. Después de los últimos acontecimientos, les di la razón en un cincuenta por ciento. Las clases estaban bien, al menos la mayoría. A mi madre se le escapó en la clase que yo era su hijo, pero enseguida añadió: “Ni Pedro ni yo volveremos a mencionar este hecho nunca más. Y ustedes tampoco deberían hacerlo”. Todo el mundo se echó a reír, los tenía comiendo de la palma de su mano. ¿Cómo lo hacía? Y lo más importante… ¿Por qué no me había enseñado a hacerlo a mí?
Me costó acostumbrarme a otros profesores y extrañaba la informalidad y la cercanía de mi antiguo colegio. En este lugar los maestros me intimidaban y me resultaba impensable poder cumplir con sus altas expectativas, pero toda una vida pasada en la biblioteca, ocultándome del mundo, me había preparado para trabajar duro, además le dediqué a mis estudios mucho más tiempo que nunca antes para evitar pensar en Guillermo que seguía tratándome como si no me conociera.
La única clase que en verdad me preocupaba, era la de la señora Bethany. Había algo en ella que me intimidaba, en cambio, mi vida social era otra historia. Camila y otros alumnos habían decidido que yo no merecía su desprecio, mis muy estimados padres me habían ganado el derecho a ser ignorado, pero a nada más.
En contrapunto y gracias a esa deferencia, las “nuevas admisiones” me miraban con recelo. Por lo visto, compartir el dormitorio con Marcial era razón suficiente para que ellos pensaran que nunca me pondría en su contra o en contra de sus amigos. Los grupos se habían formado de un día para él otro y yo me vi atrapado en el medio… y sin Guillermo. Me pasé noches enteras tratando de dilucidar que había hecho mal para perderlo apenas había empezado a pensar que lo tenía.
La única “marginada” con la que pude mantener contacto fue Gaby, a Beto lo veía en clase, pero no habíamos tenido oportunidad de volver a conversar. Solo alguna frase al pasar y alguna palmada en el hombro. En cambio Gabriela Soria y yo nos habíamos pasado varias horas estudiando juntos y una mañana entera protestando por la cantidad de deberes que teníamos. Estaba seguro que a ella le costaba hacer amigos más que a mí. No nos diferenciábamos mucho, solo que parecía más desamparada y había quienes se aseguraban de que así fuera.
_El mismo jersey negro, los mismos pantalones… _comentó Camila con sorna un día pasando junto a Gaby _ y la misma pulsera negra. Apuesto lo que quieran que mañana volveremos a verlos.
_No todo el mundo puede permitirse todas las variantes del uniforme _se defendió Gaby.
_Eso es evidente _ intervino Franco. A este lo había visto seguido y me caía peor que el resto. Esa cara delgada y angulosa, ese cabello extraño y desagradable. Solía seguir a Camila a todas partes. Todo su cortejo echó a reír y Gaby se puso roja, pero se limitó a dar media vuelta e irse con paso airado, mientras las risas se convertían en carcajadas. Nuestras miradas se encontraron cuando pasó a mi lado, intenté expresarle sin palabras que me sentía mal por ella, pero creo que eso la hizo sentir peor. Estaba seguro que odiaba que la compadecieran. Quería ayudarla, pero con lo mal que me sentía, dudaba mucho de un buen resultado. No estaría ni la mitad de hundido en mis sombras si pudiera comprender que había pasado entre Guillermo y yo.
Compartíamos una sola cátedra, él como ayudante y yo como alumno, pero nos sentábamos uno en cada punta del aula. Continuamente me dedicaba a lanzarle miraditas disimuladas, pero nuestros ojos nunca se encontraban, ni antes ni después de clase, él ni me registraba. Lo más extraño de todo era que Guillermo no tenía ningún problema en hablar con los demás alumnos como tampoco se le movía un músculo a la hora de ponerle los puntos, y en cualquier momento, a quien se pusiera gallito, pedante o grosero, pero a mí, seguía ignorándome.
Un día, en los prados, dos chicos empezaron a reírse de una chica que evidentemente no pertenecía al prototipo de Medianoche, a quien se le había caído la mochila y con la cual había tropezado. Guillermo se acercó a ellos con paso decidido. _ Qué irónico _ dijo.
_ ¿Qué? _ preguntó Franco, uno de los que estaba riéndose de la chica. Empecé a disfrutarlo de antemano y me acerqué para no perdérmelo. _ ¿De qué hablás?
Esa voz tan masculina, ese porte perfecto. _ Ironía, es el contraste entre lo que se dice y lo que realmente ocurre.
Franco exteriorizó en una mueca su desconcierto. _ ¿Qué?
_Que se rieron de ella por haber tropezado con su mochila justo antes de tener la cara pegada al piso. _ No pude ver como lo hizo, su movimiento fue tan ligero y felino que antes que pudiéramos darnos cuenta le había metido una zancadilla y Franco estaba despatarrado contra el suelo. Hubo quienes se echaron a reír, pero la mayoría de los amigos de Franco y Camila lo miraron fulminantes, como reprobando que hubiese salido en defensa de la chica.
_ ¿Ves? Esto es una ironía. Dedíquense a estudiar, para eso están acá, no para molestar a otros alumnos _ dijo Guillermo y siguió su camino. Si hubiese tenido oportunidad, le hubiese dicho lo orgulloso que me sentía de él por lo que había hecho sin importar que Franco, Camila y los demás me estuvieran mirando. Sin embargo no pude hacerlo. Guillermo pasó junto a mí como si me hubiera vuelto invisible.
Franco odiaba a Guillermo. Marcial odiaba a Guillermo. Camila odiaba a Guillermo. Por lo que podía percibir, prácticamente todo el mundo en Medianoche odiaba a Guillermo, salvo Beto, el rubio en el que me había fijado el primer día… Tal vez Gaby, la chica que había tropezado con su mochila, y yo. Hasta ahora solo cuatro a su favor y el resto de Medianoche detestándolo.
De acuerdo, Guillermo era un poco impetuoso y exaltado, pero también era valiente y honesto, cualidades que a más de uno le faltaban en esa academia.
Sin embargo y por lo visto, tendría que admirar a Guillermo de lejos. Por el momento seguía estando solo en Medianoche
_¿Todavía no estás listo?_ me preguntó Marcial asomándose a la ventana._¡Los monitores pasarán en minutos Pedro! _ Los monitores de pasillo vigilaban la academia por las noches, razón suficiente para salir lo antes posible. Seguro también habría profesores merodeando por los corredores, agazapados para abalanzarse sobre quien pretendiera saltarse las normas.
Lo miré, Marcial estaba muy bien vestido pese a la sencillez, tenía una elegancia natural… en cambio yo, tenía que intentarlo con unos tejanos y una camiseta negra que me sentaban pasables.
_Pedro, ya… ¡Vamos! _ A Marcial se le había acabado la paciencia. _Yo me voy. ¿Venís o no?
_Voy… voy. _ De todas maneras, ¿qué más daba la apariencia que tuviera? Solo iba a ir porque no había tenido agallas para negarme.
Marcial saltó hasta la rama del árbol y se dejó caer al suelo con un aterrizaje tan controlado que me resultó sorprendente. Lo seguí como pude, raspándome las manos con la corteza del árbol. El miedo a que nos descubrieran agudizó mi oído y presté atención a todos los sonidos que nos envolvían. Risas en un dormitorio, el susurro de las primeras hojas de otoño cayendo sobre el suelo, el ulular de una lechuza saliendo de caza… El frio aire de la noche me hizo estremecer al cruzar los prados a la carrera en dirección al bosque. Marcial sabía abrirse camino entre la maleza sin hacer ruido, una habilidad que le envidié. Tal vez algún día lograra tener esa coordinación, pero me costaba imaginarlo.
Por fin vimos la hoguera. Habían encendido un fuego a la orilla del lago, lo bastante pequeño para no llamar la atención, pero lo suficientemente grande para emitir una luz fantasmagórica y poder calentarnos a su alrededor.
Los alumnos se hallaban en grupos desperdigados, inclinados y hablando entre susurros, otras veces echándose a reír. A simple vista no se diferenciaban de cualquier otro grupo de adolescentes que han salido a divertirse, pero algo vibraba en el aire. Algo que agudizaba mis sentidos, algo que añadía tensión a sus movimientos y crueldad a la mayoría de las sonrisas.
En ese momento, recordé lo que había sentido al conocer a Guillermo en el bosque durante nuestro primer y aterrador encuentro: al mirar a ciertas personas, a veces se percibe algo salvaje bajo la superficie. Eso era lo mismo que sentía ahí.
Marcial no tardó en perderse entre sus amistades, así que me quedé parado y solo, sin saber qué hacer.
_Eh… Hola _ me saludó Balthazar. Se me había acercado por la espalda, por eso no lo había visto venir. Llevaba una chaqueta negra y una botella en la mano. La hoguera le bañaba el rostro con una luz cálida. Tenía el cabello rizado, la mandíbula cuadrada y cejas gruesas. Parecía un tipo duro, un matón, alguien más familiarizado con los puños que con las palabras y las letras, sin embargo su mirada lo volvía accesible e incluso, atractivo. En sus ojos se adivinaba su inteligencia y su sonrisa carecía de crueldad.
_ ¿Una cerveza?
Muy pocas veces había tomado cerveza, pero era necesario todo el esfuerzo para integrarme a medianoche. _ Sí, claro. Gracias.
A pesar de lo oscuro que estaba, se dio cuenta que me había sonrojado. Él se sonrió, pero no parecía estar riéndose de mí. _ ¿Cómo van las cosas en estos primeros días?_ me preguntó.
Me encogí de hombros. _Debería haberme colgado en el cuello un cartel que dijera “rarito” para ahorrarles trabajo_. Balthazar volvió a sonreír. Empecé a relajarme. A pesar de su corpulencia y su más que evidente fortaleza física, Balthazar tenía un don para conseguir que la gente se sintiera cómoda.
_Desde el primer día que tengo ganas de hablar con vos, Pedro.
_¿De verdad? _ dije rezando para que mi voz no dejara escapar un chillido.
_Si… Y te lo advierto, voy detrás de algo. _Debió haber visto la cara que puse porque se echó a reír. _Es acerca de tu madre, quisiera que me dieras algunos consejos respecto a ella.
Respiré aliviado. Estaba seguro que a mi madre no le importaría que le contara algunas cosas. _ Bien, no estaría mal que prestaras atención cuando se balancea sobre sus pies, eso suele significar que está emocionada, que algo le interesa mucho.
_O sea, que eso es probable que forme parte del examen.
_Exacto_. Balthazar volvió a reír, tenía un hoyuelo en la barbilla que le daba un aire travieso. Fijarme en lo guapo que era Balthazar me hizo sentir que traicionaba a Guillermo, pero después del modo en que me había estado ignorando toda la semana, no estaba seguro de seguir debiéndole lealtad. Además, no estaba nada mal que un chico guapísimo como Balthazar se interesara por mí. Sentí que se acercaba un poco más.
_Veo que no voy a arrepentirme de habernos conocido_. Me dijo sin dejar de sonreírme. Le devolví la sonrisa y durante tres segundos, ni uno más ni uno menos, tuve la sensación que la fiesta iba a estar bien… Hasta que Camila hizo acto de presencia. Llevaba una falda negra muy, muy corta y una camisa blanca abierta casi hasta el ombligo. No llevaba sostén, era más que obvio.
_Balthazar… estaba buscándote. Tal vez tengamos la oportunidad de ponernos al día.
_Ya estamos al día. _Balthazar se veía menos entusiasmado que yo de verla, sin embargo ella fingió ignorar su incipiente rechazo.
_ Parece que han pasado siglos desde esos tiempos en que salíamos juntos. La última vez que nos vimos fue en Londres, ¿no?
_San Petersburgo _ la corrigió incómodo.
Camila deslizó las manos con suavidad sobre la chaqueta negra de Balthazar, perfilando su poderoso físico con el movimiento de sus dedos. La envidié. Juro que la envidié. No porque estuviera tocándolo ni por sus viajes continentales, sino por su descaro. Si en el bosque hubiera sido la mitad de lanzado de lo que ella era, tal vez Guillermo no se comportaría como si fuéramos dos extraños.
La voz de Camila se abrió paso entre mis fantasías. _No estás haciendo nada, ¿no Balthazar?
_Estoy hablando con Pedro_.
Camila se volvió para mirarme. El cabello rubio y suelto se onduló al ladear la cabeza. _ ¿Tenés algo interesante que compartir, Pedro? _. Me miraba desafiante, como se mira un rival.
_No…
_Entonces no te va a importar que me lo lleve un rato, ¿verdad?_. Empezó a tirar de él sin esperar mi respuesta. Balthazar me miró fijo y comprendí que si yo decía algo, aunque fuera una sola palabra, él la detendría. Sin embargo no dije nada. Me quedé ahí sentado, con la cerveza entre mis manos, viendo como se iban. Balthazar se volteó un par de veces esperando una reacción mía que lo hiciera regresar, pero no pensaba hacerlo. Algunos ahogaron una risita socarrona. Miré a un lado y vi a Franco, a pesar de las sombras vacilantes que proyectaba la luz de la hoguera, pondría las manos en el fuego a que estaba señalándome.
Me aparté del lugar con la intención de desaparecer del mapa sin pensar a donde me dirigía. A cada paso que daba me alejaba un poco más de ellos y eso me hacía sentir mejor, antes de darme cuenta, ya me había ido de la fiesta. Miré el bosque y sentí su llamado, pero había hecho una promesa. Entonces me dirigí hacia Medianoche ladeando el prado para no ser visto. Si no me hubiera escapado después del toque de queda, podría haber corrido hasta la puerta y subir al dormitorio, pero me detuve a tiempo. Estaba fuera de la ley. Corrí hacia el oeste de los terrenos del internado para tranquilizarme y planear la entrada cuando lo vi. Al principio me costó reconocerlo, unos binoculares cubrían parte de su cara.
_ ¿Guillermo?
_Hola Pedro_. Tardó varios segundos en apartar lo binoculares de su hermoso rostro y sonreírme. _Bonita noche para una fiesta.
_¿Qué estás haciendo?
_¿Qué crees? Estoy espiando a los de la fiesta_. Al principio me trató con la misma frialdad que venía haciéndolo, pero debí parecerle muy desolado, porque modificó el tono de su voz y me preguntó con suavidad. _ ¿Estás bien?
_Si, no pasa nada… Es evidente que no soy parte de ellos, pero estoy bien.
Guillermo se echó a reír. _Si, ya vi que no demoraste en irte. ¿Te molestó alguien?
_No, la verdad es que no, pero estaba un poco… incómodo. Ya sabés lo que me pasa con los extraños.
_Me parece perfecto, no pegás con ellos.
Me quedé mirando los prismáticos. Solo alguien con una visión nocturna excelente podía utilizarlos para ver algo, aunque tal vez, la luz de la hoguera lo ayudara un poco. _ ¿Por qué estás vigilando la fiesta? ¿Cómo te enteraste?
_Nada de lo que pasa en Medianoche se escapa de mi conocimiento, y estoy controlando que nadie se emborrache, que nadie se ahogue en el lago… o que se le dé por ir a pasear al bosque_. Dejó salir la última frase mirándome con una mezcla de deseo e ironía.
Le devolví la mirada, desconociéndome una vez más. _ ¿Acaso te volviste un monitor de pasillo que trabaja para la señora Bethany?
Guillermo bajó los prismáticos y se volvió hacia mí. Su forma de mirarme me hizo retroceder un par de pasos, instintivamente. Iba vestido para confundirse con las sombras: pantalones negros y una camiseta de manga larga del mismo color que hacía resaltar sus brazos y su pecho musculoso. Era más delgado y más fibroso que Balthazar, había algo agresivamente masculino en él. _No me provoques Pedro_. Respiró hondo, intentando calmar la ira que mi comentario le había provocado. _Solo estoy acá para asegurarme que nadie se meta en problemas o sufra las consecuencias de las ideas de esos malcriados cuando deciden destruir a alguien… Aunque parece que ya te están gustando.
Me sentí ofendido. _ ¡¿Qué?!_. Exclamé.
Él se encogió de hombros. _Siempre estás con ellos.
_¡Eso es mentira! Marcial es mi compañero de habitación y además compartimos muchas clases, por eso paso tiempo con él. Sus amigos van a verlo cada tanto, no puedo ignorarlos… Hay un par que se salvan, pero a los demás les tengo pavor_. Se me ocurrió que podría decir algo en favor de Balthazar, pero el sentido común me dijo que no sería oportuno. También me di cuenta que Guillermo me había hecho poner a la defensiva y que no tenía derecho a hacerlo. _ Un momento… ¿por eso te estás mostrando tan frío conmigo? Guillermo, ¿por qué te comportás como si no nos conociéramos?
Su perfil entre las sombras se volvía un imán del que no podía ni quería desprenderme. _ No quería quedarme a ver como caías en las garras de esa gente, no un chico tan dulce como vos, y sobre todo sin poder hacer nada al respecto_. Debo confesar que me sorprendió el sentimiento con el que lo dijo. Todavía nos separaban unos cuantos metros, pero nunca había tenido la sensación de estar tan cerca de alguien. _ Cuando te vi salir casi corriendo, pensé que no todo estaba perdido.
Avancé dos pasos… solo dos. _Guillermo, necesito que me creas. No formo parte de ese grupo_. Insistí. _Creo que me invitaron a la fiesta solo para reírse de mí, y fui, porque pensé que tarde o temprano tendría que conocer otra gente en Medianoche. Vos era lo único que tenía y te había perdido.
Por su gesto pareció comprender. _Herí tus sentimientos, ¿verdad?
_Más o menos_ admití en un hilo de voz. _Ya sé que solo hablamos un par de veces…
¡Estaba tan endemoniadamente cerca! _Pero para vos fue importante…_ Nuestras miradas se encontraron apenas un instante. _Para mí también lo fue Pedro, pero no me había dado cuenta que… Bueno, creí que solo a mí me había pasado.
No podía creerlo, Guillermo no se había dado cuenta de cuánto me gustaba. _¡Pero si me acerqué a hablar con vos el primer día de clases!
_Si, pero justo antes andabas paseando y charlando con Marcial Sarmiento, que no puede ser un estereotipo más perfecto de Medianoche. El ejemplo maestro.
_Es mi compañero de cuarto…_ argumenté casi vencido. _Guillermo…
_¡Está bien! Tal vez me equivoqué en sacar conclusiones anticipadas_.
Con eso me bastaba, al menos por ahora. Mi protector no había desaparecido ni dejaba de preocuparse por mí, esa certeza me hizo sentir reconfortado, como si me hubieran echado un abrigo sobre los hombros para resguardarme del frio.
Nos quedamos mirándonos, el silencio se instaló entre nosotros, pero no fue algo incómodo. A veces te encontrás con gente con la que podés callar sin tener la sensación que hay que llenar ese silencio con charlas insustanciales. Siempre había pensado que se necesitaban años para llegar a esa complicidad, sin embargo, ya nos estaba ocurriendo.
_¿Te llevás bien con tu compañero de habitación? _. Medianoche solía permitir que los ayudantes de cátedra compartieran la habitación con alumnos tan especiales que no congeniarían con el resto del alumnado, como era el caso del rubio de la camisa hawaiana que había conocido el día de la presentación.
_¿Con Beto?_ esbozó una sonrisa_. Todo bien. Es raro, pero de ley.
_Hablamos solo un rato, pero me pareció auténtico y simpático
_Sí que lo es. Podríamos un día salir los tres juntos _ el corazón me dio un vuelco _ incluso podrías invitar a Gabriela, creo que a Beto le gusta_ me dijo en tono de confidencia.
_Me parece genial, pero… preferiría pasar más tiempo con vos _ me lancé.
Nuestras miradas se encontraron y tuve la sensación que habíamos cruzado algún tipo de línea.
_Pedro… _ ¿por qué me lastimaba su vacilación? _ me gustás, pero no sé si es buena idea que te vean conmigo. No estoy acá para hacer amigos y no soportaría que te hagan la vida imposible por estar conmigo. _ ¡Como hería su titubeo! _ Pedro… si vos y yo… Si nosotros…
“Si nosotros ¿qué?” Imaginé miles de respuestas y casi todas me gustaron. Nuestras miradas se entrelazaron con tanta fuerza que ya era imposible desprenderlas. Él estudiaba cada centímetro de mi cara cortándome la respiración.
_No creo tener ninguna credibilidad social que puedas echar por tierra_. Dije convencido y tratando de convencerlo.
_No estés tan seguro
_No seas tan terco
Nos quedamos unos instantes en silencio. La luz de la luna se colaba entre las hojas de una enredadera. Estaba lo suficientemente cerca para oler su fragancia a cedro y pino. El brillo de su mirada me llenó el alma de esperanzas. _Tal vez mi furia y tu timidez sean señal que los dos nos sentimos solos, y quizás, no tuviéramos porque seguir estándolo más tiempo.
_Guillermo, estoy cansado de esconderme
_También yo _. Esa mirada brillante había vuelto a sus ojos. _ Está bien, pero cuando las cosas se compliquen, no digas que no te avisé.
Me quedé atontado cuando me sonrió como lo hizo y desee que el tiempo no pasara. Justo cuando sentí que íbamos a besarnos, Guillermo ladeó la cabeza y puso en marcha sus radares innatos. _ ¿Oíste eso?
_ ¿Qué?_ Y recién ahí lo pude oír, la puerta de entrada de la escuela se abría y se cerraba repetidamente, se escuchaban pasos en el camino principal
_¡Van a hacer una redada en la fiesta! _Me tomó de la mano y me escondió detrás de él. _ No me gustaría ser Camila _ dijo Guillermo. _ Esto nos da la oportunidad de volver adentro.
Atravesamos el césped a la carrera, atentos a las voces que procedían del lugar de la fiesta e intercambiamos una amplia sonrisa al cruzar la puerta principal sin que nos vieran.
_Hasta pronto. _ Me susurró Guillermo cuando se desprendió del abrazo en el que me había cobijado y se dirigió a su pasillo.
Esa palabra siguió resonando en mis oídos camino a mi habitación y se quedó a dormir conmigo dentro de mi cama. “Pronto”.
CONTINUARÁ
Excelente super intrigante!!!
ResponderEliminar¡Gracias Valeria! Siempre al pie del cañón... ¡Gracias!
EliminarTe tardaste pero sos una genia!!! Qué emoción da medianoche, grito de chica enamorada ahhhhhh!! Espero la próxima acá tranquila sacándome los pelitos uno por uno para cortar la ansiedad jijijijiji si es que no me quedo pelada antes!! Te mando muchos besitos hasta la continuación guillermina pedris
ResponderEliminarGracias! Y tranquila con los pelitos... No te quedes pelada! ¡Jajajaja! Este amor se va cocinando a fuego lento, pero creeme que vale la pena esperar. Mañana lunes 31, por ser "noche de brujas" voy a publicar el capítulo 4, eso si, pido paciencia por lo menos hasta el finde para el 5 que está a medio camino. Gracias por tan hermosas palabras, la devolución de cada uno de ustedes es lo único que necesito para seguir soñando y escribiendo. ¡Un abrazo inmenso!
EliminarTerrible mente ansiosa espero tranquila del otro lado del charco mara rosas
ResponderEliminar¡Gracias Mara! No te pierdas mañana,capítulo especial... "Noche de brujas". ¡Besossss!
EliminarMe encanta esta historia Sandra. La disfruto tranquila, como siempre que te leo ;) Despacito van acercandose. Me gusta este Pedro muy joven e inocente pero fiel a su identidad. Y este Guille....bue....joven, fibroso, hermoso, varonil, protector, valiente, etc, etc, etc ;) completamente enamorada ;) Espero prontito la continuacion. Besos Romina
ResponderEliminarRomi!!! Cuanto me alegra que estés disfrutando este nuevo vuelo. Si, hay algo diferente, es una historia de tanto pero tanto amor, que es imprescindible darle estos tiempos. Pero te aseguro que la espera lo vale. Creo que es la historia más romántica que estoy logrando escribir después de ese tan lejano "Teatro". Gracias por tus palabras siempre tan alentadoras. Te quiero tanto Romi! ¡Besosssss!
EliminarBellisimo...gracias por seguir escribiendo sobre ELLOS.
ResponderEliminarEn espera del proximo....Abrazo
¡Gracias Adriana! Lunes 31, noche de brujas, el próximo capítulo. ¡Besosss!
EliminarMuy linda historia. solo pienso que si uno es vampiro y el otro es un hombre..... el en 50-60 anos tiene que morir y el otro que tiene todo eternidad por delante, va a perder a su amor? lo espera soledad para siempre?
ResponderEliminar¡Me mataste de amor "Anónimo"! Es absolutamente válida tu duda, pero no te preocupes por eso... Medianoche está llena de secretos y esta es una historia de amor con todas las letras. Confiá en mi. ¡Besosssss!
EliminarPEDRIS PEDRIS PEDRIS.ENAMORADA DE ESTA HISTORIA CON UN PEDRO QUE DESTILA TERNURA Y QUE PROMETE DERRETIRNOS CON UNA DULZURA QUE NOS VA A PARTIR DE AMOR EL ALMA.
ResponderEliminarALGO ME DICE QUE VA A SUFRIR, Y MUCHO.
GUILLE,CUIDALO,CONFIA EN VOS Y PORQUE EL "VOS SOS LO ÚNICO PARA MI" NO VA A ALCANZAR.
DELICIOSO CAPITULO. USTED PEDRIS ES LA MAESTRA EN LA RECREACIÓN DE PERSONAJES.TODOS LOS APLAUSOS TODOS.
ESE PRONTO PROMETE LA NOCHE MAS BELLA.
"MIRAN AL CIELO Y PIDEN UN DESEO CONTIGO LA NOCHE MAS BELLA"MONICA DE LANUS.
Mi tan querida amiga de Lanus, si usted conoce mi pluma sabe que no tiene nada que temer. Acá nadie va a sufrir, tal vez en algún momento deberán enfrentarse a las circunstancias de la vida, pero nunca más que eso... Como ya les dije, Medianoche es amor y solo amor. Ellos podrán mirar al cielo y pedir un deseo... Contigo la noche mas bella. ¡Gracias por todo y millones de besos Mónica!
EliminarHacia mil q no entraba al blog y descubro Medianoche..lei todo d corrido..q interesante esta historia,te felicito x tu forma d escribir,la complejidad d la trama las personalidades y tanto misterio,mucha sensualidad en el aire.Guille es fascinante,tan misterioso y caitvante y Pedro tan sensible y bello...adoro las historias d vampiros, mi favorita es Dràcula d B.Stoker...la considero una tremenda historia d amor,muy fuerte e impactante!me engancho en el comentario d "anònimo" xa mi,Guille es el vampiro y va a transformar a Pedro, a su gran y ùnico amor xa estar juntos xa siempre.Se q pasò mucho tiempo pero siempre me quedò x decirte q la escena d Narcos sobre aquella alfombra fue una d las mejores q he leido en el blog... nunca dejes d escribir,t felicito!P.D
ResponderEliminarQue decir ante semejante comentario... Eso de que "nunca es tarde cuando la dicha es buena" acaba de materializarse. Tu devolución a Medianoche es una vuelta de cuerda a la inspiración y una sensación que reconforta... Algo me dice que no ha sido errado el nuevo camino que escogí (Porque la duda siempre está a flor de piel) pero que me traigas el regalo inesperado y cálido de aquella escena de Narcos sobre la alfombra me hizo volar.
EliminarLos que escribimos con tanta pasión, hacemos el supuesto básico que una vez pasado el capítulo, son muy pocos los que siguen abrazando con ternura alguna escena. Hoy me hiciste emocionar, viajar en el tiempo y jurarme a mi misma que mientras alguien siga leyendo, nunca voy a dejar de escribir. Como dice Alejandro Sanz, este no es mi lenguaje, este es mi idioma... Crecí y sobreviví bebiendo tinta. La ficción me salva. Vivo per lei. ¡Graciassss!