Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 8 de enero de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap. 12 - (By Guillermina Pedris)







MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 12

Puedo ver y decir. Puedo ver y decir y sentir… Algo ha cambiado. Para mí no es extraño. Yo no voy a correr. Yo no voy a escapar de mi destino. Yo no pienso en peligros.
Si fue hecho para mí, lo tengo que saber. Pero es muy difícil ver cuando alguien controla tu ser.
En el fondo de mí tengo temor y veo sospechas con mi fascinación nueva. Yo no sé bien que es, vos dirás: son “intuiciones”, verdaderas alertas. Pero debo confiar en mí, lo tengo que saber.
Una parte de mi dice “stop!”, fuiste muy lejos, pero no puedo contenerlo. Trato de resistir y al final, no es un problema. ¡Qué placer esta pena! Si yo fuera otro ser, no lo podría entender, pero es tan difícil ver si algo controla tu ser que puedo ver mi vida dormir bajo tu influencia… Esta extraña influencia”
(“Influencia” – Charly García)


_ Me debés una explicación _ le dije aún tumbado entre sus brazos. _ ¿Cómo es eso que mi madre te pidió que fueras al tejado de Gaby mientras yo estaba de guardia?
_ Pedro, el sobre con el que ella te envió a mi habitación, no tenía el resultado de los exámenes sino una pequeña réplica de “El Beso” con una nota que decía: “No lo dejes solo”_.  Fruncí el ceño evidenciando que no aprobaba en absoluto la decisión que mi madre había tomado a mis espaldas.  Intenté incorporarme, pero sus brazos me lo impidieron. _ No te enojes Pedro, es tu madre y es lógico que haya sentido miedo de dejarte a solas con alguien tan experimentado y tan malvado como Franco.
_ ¿Cómo no voy a estar molesto? Eso significa que, aún después de lo que pasó en Riverton, ella no confía en mi capacidad.
_ Mi amor… _ intentaba hacerme recapacitar _ ¿podés razonar? No siempre se puede reaccionar como vampiro, a veces es inevitable responder a las circunstancias solo motivados por lo que la otra persona nos genera. El amor, el miedo de perder a un ser querido…  Eso fue lo que le pasó. Y no entra en debate la confianza, eso es otro tema. Si no confiara en vos no te hubiese dejado ni siquiera intentarlo. Solo tuvo miedo, el mismo miedo que yo sentí cuando llegaba la noche y sabía que te tocaba estar de guardia. Además, no la juzgues. Tan solo se adelantó. Aunque ella no me lo pidiera, yo iba a ir igual.
Esta vez no hubo forma de que sus brazos pudieran detenerme. Me separé de él en un arranque de exasperación asegurándome de usar solo mis recursos humanos y me planté de pie junto a la ventana dándole la espalda.
 _ Es obvio que tanto mi madre como vos creen que soy un inepto. Un nenito inexperto que en lugar de asumir esos riesgos debería quedarse en casa tomando el vasito de sangre de cada mañana junto a los copos de cereal.  
_ Pedro, ¿podés pensar lo que estás diciendo? Todos confiamos en vos y en tus capacidades. Si tu padre pensara que sos un inepto, no te hubiese permitido ir solo a buscar a Gaby el sábado pasado en Riverton. Si tu madre hubiese pensado que eras incapaz de defender tu guardia como lo hiciste, se hubiese opuesto desde el primer momento. Y si yo pensara algo similar, ¿crees que me hubiese vuelto a Medianoche con el resto de los estudiantes dejándote solo allá? ¡Casi me volví loco esperando que regresaran! _ Finalmente cambió el tono de su voz para seguir hablándome _ Pedro, si pensara que sos un inepto, no hubiese existido una sola posibilidad de que me enamorara de vos… pero me pasó. Me enamoré de vos.
Me moría de ganas de volver a estar entre sus brazos, pero ese orgullo tan típico de mi edad me lo impedía. Hoy me extrae una sonrisa recordar aquel momento, fue la primera pelea que tuvimos. Miraba los astros bordados en ese terciopelo azul a través de la ventana rogando interiormente que me diera una excusa, un buen motivo o hasta que me tomara de un brazo y me obligara a volver a su lado.
Por lo que se perfilaba, como vampiro era bastante eficaz, pero como humano, era un tonto que ante una simple discusión acababa de olvidar que el hombre del que estaba enamorado podía leer mis pensamientos.  
_ Si eso es lo que querés… _ dijo poniéndose de pie _ así será _. Sus pasos retumbaron en la habitación y al instante lo sentí pegado a mi espalda de la cabeza a los pies. No tuve tiempo ni de volver a respirar antes de que sus brazos me envolvieran contra su cuerpo. Mientras una de sus manos me sostenía con fuerza por la cintura, con la otra tiró suavemente de mi cabello hasta dejar mi cuello al descubierto. Un cosquilleo conocido trepó por mis piernas al sentir la humedad de sus besos, pero el roce de sus dientes en mi piel me llevó a un estado de excitación tan intenso que al percibir el inconfundible ardor en las encías supe lo que iba a suceder. Intenté separarme de él aterrorizado ante la idea de lastimarlo, pero sus brazos, al menos hasta ese momento, eran más fuertes que mis primitivos instintos de vampiro. _ No trates de huir, Pedro. Si queremos saber si esto va a funcionar, tenés que quedarte y afrontar las consecuencias.  
Mantuve los ojos cerrados todo el tiempo, no me atrevía a mirarlo. Me pasé la lengua por los dientes, y para mi tranquilidad, noté que pese a ese hormigueo en las encías mis incisivos permanecían en su lugar. Entonces me relajé y dejé que me llevara de nuevo hacia el viejo edredón. Me tiró sobre él sin demasiados protocolos y acomodó su cuerpo encima del mío.
_ Después que me mordiste, apenas abrí los ojos, pensé en no verte nunca más. Por un momento me sentí traicionado y pensé que tenía que obligarme a olvidarte, pero fue inútil Pedro. Nada en el mundo podría lograr que te olvidara.  
Su expresión al mirarme era tan penetrante que la quemazón que sentía en las encías hacía que me retorciera debajo de su cuerpo. Con ansiedad y temor no dejaba de investigar con la lengua la protuberancia de mis colmillos, pero asombrado, comprobé que a pesar de estar con los sentidos a punto de estallar apenas si se habían desplazado de su lugar. Algo me decía que aunque mi cuerpo estuviera incendiándose, mi parte humana era más fuerte que mi instinto de vampiro. Era extraño. Todos mis sentidos determinaban que me iba a transformar pero la metamorfosis no se producía, entonces, recién ahí lo comprendí. La furia me desenfocaba y me hacía perder el control, pero el amor provocaba exactamente lo contrario. Era absolutamente consciente de mis actos y podía controlar cada uno de mis impulsos. Di gracias a Dios. Ahora sabía que podíamos estar juntos. 
Su mirada seguía fija en mí, y como siempre, haciéndome temblar de pies a cabeza. Pretendiendo ignorar como me retorcía de placer, siguió hablando.
_ No me llevó mucho tiempo saber que sería incapaz de olvidarte Pedro, mucho antes que atravesaras la puerta del sarcófago de la señora Bethany con tu mirada avergonzada y confundida, supe que seguía necesitándote, que confiaba en vos. Aunque seas un vampiro o casi un vampiro o lo que  quiera que seas, es inútil negar lo que siento por vos.
No pude soportarlo más. Me enredé en su cuello y lo atraje hacia mí. Su cuerpo se sacudió y sujetándome la cara con las manos me besó. Me perdí dentro de su boca y el molesto ardor en las encías me dejó en paz por primera vez en lo que iba de esa primera noche que estábamos tan juntos, y tan a solas.
_ ¿De verdad querés estar conmigo? ¿Aunque sea un vampiro? _ pregunté. Guillermo cerró los ojos con fuerza.
_Pedro, ¿cuándo te vas a dar cuenta que eso no me importa? _ Volvió a mirarme intensamente _ No puedo creer hasta que punto te necesito. _ Rozó sus labios contra los míos. Tal vez él no tuviera la intensión de ir más lejos, pero yo sí.  Estaba decidido a todo. Volví a rodearlo con mis brazos y lo besé con el mismo deseo que se estaba apoderando de mi cuerpo. Todo lo demás dejó de tener importancia, solo podía pensar en Guillermo, en lo cerca que lo tenía, en el aroma de su piel, en la manera en la que respirábamos juntos cuando nos besábamos. Éramos dos partes de una misma persona.
Estremecido, noté esa corriente eléctrica que volvía a correr desde mis piernas hasta el abdomen y trepaba por mi pecho. Se adueñaba de mi cuerpo sin pedir permiso y sin piedad. Sentí su aliento cálido contra mi oído mientras sus manos se deslizaban por debajo de mi ropa, sujetándome contra él. Enloquecí de deseo, pero no intenté apartarlo, ahora estaba seguro que nunca le haría daño. Esta vez no fue mi instinto de vampiro el que sobresalió, sino mi parte más humana, esa parte de mí que nunca se había entregado a nadie y dibujó un extraño rubor en mis mejillas.
Lo lógico hubiese sido que fuera él quien sintiera temor de besarme hasta llevarme a ese punto del deseo, pero no fue así. Confiaba en mí lo suficiente como para besarme y acariciarme hasta hacerme perder la consciencia.
_ Guillermo, si seguimos adelante, no sé si voy a poder mantener el control_ le susurré avisándole.
Su voz era cautivante, cálida y seductora. _ Entonces es el momento de averiguar  hasta donde llega tu control.
Enredé mis manos en su cabello mientras volvía a besarlo. Sus manos se acercaron lentamente al borde de mi jersey, atentas a mi reacción. Lo besé exasperado mientras él comenzaba a desplazarlo y al sentir mi espalda descubierta, levanté los brazos para ayudarle a quitármelo.
Debajo del jersey solo llevaba una fina camiseta de algodón que transparentaba mi pecho encendido. Debo admitir que se entretuvo un poco jugueteando con el pudor que me iba provocando comenzar a estar desnudo ante él, me miraba con los ojos encendidos y la respiración agitada. Se inclinó apenas para quitarse el jersey y la camiseta que llevaba debajo, todo a la vez y en un mismo movimiento. Después volvió a tumbarse sobre mí. Su respiración se oía desbocada, pero luchaba por mantenerse controlado.
_ ¿Vamos a hacer el amor acá y ahora? _ pregunté inocentemente
_Todavía no lo sé, todo depende de cómo te comportes. Para eso estamos acá, para saber hasta donde podés controlar tu raciocinio. Pero algo me dice que vas muy bien.
Lo silencié con un beso lo suficientemente efusivo como para darle a entender que entendía de qué estaba hablando. Guillermo me devolvió el beso y me sostuvo con fuerza contra su cuerpo, aunque no con tanta como para que no pudiera darme vuelta y colocarme encima suyo. Ahora era él quien tenía la espalda contra el piso, lo noté rendido debajo de mi cuerpo que no cesaba de provocarlo.
Lo sentía todo multiplicado, sus piernas enredando las mías y el metal frío de la hebilla de su cinto contra mi piel. Deslizó la fina camiseta que cubría mi torso y me incorporé para que pudiera quitármela. Ya no podía pensar en nada que no fuera llegar hasta el final. _ Cuanto me gustaría estar seguro que pudo detenerme… ¡Te deseo tanto!
Guillermo extendió su cuello y expuso su garganta ante mí. Estaba poniéndome a prueba. Ambos necesitábamos saber si podría contenerme.
Acaricié su piel desnuda y posé mis labios, más abiertos que nunca sobre su garganta. ¿Qué si tuve deseo de morderlo? ¡Claro que sí! No había sabor más perfecto que el de su sangre, pero no iba a hacerlo por respeto a él y por todo el amor que me inspiraba.
Guillermo dejó salir un gemido gutural que tuvo un efecto extraño en todo mi cuerpo. ­Cuando logré transformar mi deseo de morderlo en un beso largo y sugestivo contra su cuello, y acaricié la cicatriz que le había dejado mi mordida con los labios entreabiertos, me dijo lo que nunca pensé que iba a decir. _ Tal vez no sea necesario. 
_ ¿Qué cosa?
_ Que te contengas. Al menos no siempre. Ya me mordiste una vez y te detuviste a tiempo. No tuviste necesidad de terminar con mi vida. Pedro… _ me estaba hablando muy en serio _ quiero que me cambies. No quiero dejarte solo.
Puedo dar fe que ese fue el momento más intenso de mi vida, al menos hasta ese día. _ Mi amor… ¡No! _ Intenté separarme de él, pero una vez más, sus brazos fuertes lo impidieron.
_ Pedro, no entres en pánico. No te estoy pidiendo que lo hagas esta noche, pero es algo que algún día vas a tener que hacer. Escuché tus temores en el departamento de tus padres mientras contenías a Gaby y supe que esa caricia, en cierta manera, era para mí. Hasta ese momento nunca habías querido darte cuenta que todo indica que voy a morir antes que vos y en pocos años comparados a los que, se supone, vos tenés como perspectiva de vida. Y no me lo niegues porque lo escuché perfectamente, ante la idea de quedarte solo fue la primera vez que consideraste esta otra opción. “A menos que…” pensaste, y yo pensé lo mismo que vos_. Me miraba con tanta devoción que creí que, pese a toda perspectiva, iba a morir de amor y en ese mismo instante. _ Pedro… Por favor, te ruego que lo hagas.
Me abracé a él angustiado, el amor que sentía por ese hombre socavaba todas mis defensas. Sabía que tenía razón, pero no dejaba de cuestionarme si era lo correcto. Era absolutamente consciente que ese era el único camino para no perderlo, pero… no pude dejar de debatir conmigo mismo si éticamente sería correcto. Tal vez lo mejor sería dejar que la naturaleza se expresara por sí misma, tal vez sería mejor amarlo en su condición humana y después sobrevivir sin él como pudiera.
Escondí mi rostro en el hueco de su cuello y acaricié su cabello. _ No puedo hacerte eso _ Las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos como vertientes naturales, caían sobre su piel como una llovizna salada y triste, y mi voz entrecortada por el llanto apenas si me permitía hablar. _ No soporto la idea de perderte, no consigo siquiera pensar en eso, pero no te voy a condenar a este destino por tenerte a mi lado. No voy a transformarte en un monstruo, no voy a hacerte pagar semejante precio solo para tenerte conmigo. Mi amor no es egoísta.
_Ya lo sé _ me dijo haciéndome girar en el aire. En solo cuestión de segundos habíamos vuelto a cambiar de posición y otra vez estaba debajo de su cuerpo que ejercía sobre mí un poder supremo. _ Ya lo sé, _ repitió buscando mis ojos. Cada vez que me miraba de esa manera podía lograr de mi lo que se propusiera. Con un gesto simpático introdujo su dedo dentro de mi boca y perfiló la línea de mis dientes con la yema de su dedo _ por eso tus colmillitos siguen estando en su lugar_. Era dueño y señor de todo mi ser. Aún en medio de un tema tan formal y realmente serio, logró hacerme sonreír. _ Así me gusta Pedro, este es mi chico… No quiero que llores, quiero que rías. Amo tu sonrisa y quiero verla por muchos años. No es una decisión tomada al azar, lo he pensado mucho y he llegado a la conclusión que no tengo nada mejor que hacer en los próximos trescientos años que estar a tu lado. _ Aunque en ese momento yo todavía lo ignorara, ya había empezado a convencerme.  _ ¿Te vas a animar a volver a morderme esta noche?
_ ¡No lo sé! ¿Cómo podés pedirme eso?  No sabemos qué efecto va a tener…
_ No vas a convertirme por una segunda y prudente mordida, hace falta mucho más que eso.
_ ¿Cómo podés estar seguro?
_ Porque tengo información. Porque en mi sangre hay sangre de vampiros, ya te lo dije. Pertenezco a una estirpe de vampiros que se negaron a beber sangre humana, ni una sola vez. Por eso no detuvieron su envejecimiento y murieron en tiempo y forma. Pero está en mis genes y puedo cambiarlo si así lo deseo, y eso es lo que quiero.
Su cuerpo seguía manifestando ese dominio que tenía sobre mí aplastándome contra el edredón. Nuestros torsos desnudos piel a piel. La suave caricia de su aliento sobre mi boca y su aroma tan particular me recordaban el amanecer en el bosque y no me dejaban pensar con claridad.
_ ¡No! ¡Así no puedo pensar! Dejame levantarme… _  Y para que se lo dije… Ese fue mi más perfecto error.
_ Bueno… si en esta posición no podés pensar, es justo lo que estoy necesitando. Porque no quiero que pienses, quiero hacerte mío y ser tuyo para siempre.
Por un momento pensé que el vampiro era él. Me mantuvo todo el tiempo que siguió en un trance del que no pude salir. Apoyó el peso de su cuerpo sobre un costado liberando apenas el mío, pero antes de permitirme reaccionar soltó el botón de mis jeans, bajó la cremallera y dejó que su mano viajara por la cresta de mi cadera. Percibí que mis ojos estaban en blanco, mientras sus dedos dibujaban mapas de pasión sobre mi piel.
Era absolutamente consciente que me estaba desnudando, el aire frío se adhería a mi piel y la suavidad de mis jeans ya estaba a la altura de mis rodillas. Se detuvo para acariciar mis cuádriceps, volvió a llevar su mano hasta mi abdomen y al dejarla caer arrasó con la ropa que restaba.
Estaba completamente desnudo ante él y eso me hacía sentir en inferioridad de condiciones, pero al verlo contemplar mi cuerpo como si fuera un santuario del placer me relajé y le permití observarlo.  Lo miré sonriéndole, incitándolo. Yo también quería verlo desnudo y se lo hice saber tironeando suavemente de esa hebilla cuadrada de su cinto que minutos antes había sentido clavada sobre mi vientre.
Era evidente que el juego lo había llamado, se despojó de sus pantalones y entonces estuvimos en el mismo punto de partida. Los dos desnudos, solos, apartados y enloquecidos de placer.
Si alguien me pidiera detalles de esa noche de amor, juro que no sabría por dónde empezar. Lo único que recuerdo es su boca recorriendo mi cuerpo y después, la mía apoderándose del suyo. Nos consumimos en ese erotismo que nos había encadenado. No podía reaccionar, estaba a merced de sus deseos. Lo dejé hacer de mi lo que quisiera, porque no deseaba nada más que eso. Me dejé morir y renacer en cada movimiento hasta que sucumbimos juntos y en el mismo instante.
Mis colmillos habían cobrado vida después de sentir la adrenalina explotando en mi interior y queriendo salir de mi cuerpo en un grito que su boca supo apaciguar, pero tan solo unos milímetros. Apenas si despuntaban de la línea de mis dientes.
_Que bonito estás mi amor… me enciende tu boca entreabierta, tus labios enrojecidos y tus colmillos apenas desplazados _ Mientras yo trataba de recuperar el ritmo de mi respiración él me observaba fascinado. _ Quiero grabar esta imagen en mi mente y no olvidarla nunca. La noche en la que fuiste mío. Mío y solo mío por primera vez.
Una parte de mi cuerpo estaba exhausta, pero otra seguía encendida. Tenía un objetivo e iba a alcanzarlo. Repasé una vez más mi dentadura con la lengua y sus palabras se hicieron evidentes. Mis incisivos de verdad sobrepasaban la línea de mis dientes, pero no sugerían peligro alguno. Esta vez le sonreí sin prejuicios y noté como su mirada se encendía. No estaba mintiendo, realmente lo excitaba mi leve transformación.
Que en Medianoche me había convertido en una persona diferente no era un secreto para nadie que formara parte de mi entorno. La Academia me había liberado, por eso decidí soltar algo de mi instinto. No tanto como para dañarlo, pero si la dosis exacta para que no pudiera olvidarme por el resto de su vida.
Sé que rugí porque alcancé a escucharme, el ardor volvió a apoderarse de mis encías, mis músculos se tensaron y me apoderé de él. Más que a un vampiro me asemejé a un caníbal. No quería beber su sangre, quería devorarme su cuerpo y saciar el apetito descomunal que su desnudez me provocaba.
Mientras lo hacía mío, la imagen de la rosa de mis sueños volvió a mi mente. El frío, el viento y la tormenta que amenazaban con despedazarla no fueron suficientes. Ella, decidida a vivir, se adhirió a su planta nodriza, se introdujo en su simiente, bebió de su savia y abrió sus pétalos en pleno vendaval. No podía ser más que una señal. Tal vez lo que me había sugerido no fuera tan descabellado, tal vez ambos éramos una rosa sin rosal y el otro la planta nodriza que le permitiría seguir con vida.
Lo besé tanto que me dolieron los labios. Besé su cabello, su cuello, sus hombros firmes. Su espalda fuerte, sus brazos masculinos. Finalmente, cuando estuve seguro que todo iba a terminar, me abracé a su cuerpo y respirando la sugestiva esencia que se desprendía de su piel, grité. Si, grité. Y esta vez sin que su boca pudiera silenciarme, como el guerrero que acaba de ganar la batalla y clava su bandera en ese suelo que se defiende a morir o a matar.
Aun sobre su cuerpo, inspiré largamente con los ojos cerrados para volver a ser yo. A pesar del frio tan intenso que rodeaba Medianoche, gotas de sudor caían por mi frente. Intentaba secarlas con el dorso de mi brazo cuando un extraño e inesperado temblor me trajo a la realidad. Su cuerpo se sacudía de una manera extraña. Busqué su rostro para saber si debía preocuparme o no, y en el mismo instante en que lo vi supe que se me había ido la mano. Tenía los labios morados y no cesaba de temblar y arquearse compulsivamente. 
El terror se apoderó de mí, pero pese a eso, pude actuar como debía. Lo llamé por su nombre, lo removí para que volviera en sí,  pero nada estaba dando resultado. Finalmente me monté sobre él y apliqué lo que había aprendido en las clases de anatomía. Resucitación. Puse mis manos sobre su pecho y presioné su músculo cardíaco al ritmo que me habían adiestrado mientras rogaba al cielo no haberlo lastimado. Cada tanto abría su boca e invadía con mi aliento sus pulmones, por un lado desesperado por volverlo a la vida, por otro, consciente que debía mantener la calma para poder ayudarlo. Rezando como nunca lo había hecho, logré seguir paso a paso lo que nos habían enseñado.
Finalmente, y ya desesperado, viendo que todo lo aprendido no estaba dando resultado, intenté leer su pensamiento, pero alarmado noté que su mente estaba tan en blanco como sus ojos. Ausculté su corazón, revisé sus pulsaciones, lo moví, lo sacudí gritando su nombre.
_ ¡Guillermo reaccioná! ¡Por favor reaccioná mi amor! _ Ese fue el momento en que su temblor se detuvo y temiendo lo peor, me llevé las manos a la cara.
_Pedro, agradezco tu preocupación, pero más te agradecería que dejaras de pegarme.
Aparté mis manos de mi rostro con sorpresa y alivio, hasta que vi sus ojos. La picardía en su mirada me tranquilizó, pero cuanto me enfureció.
_ ¡Maldito!_ Estaba tan asustado que tuve ganas de golpearlo y tan enojado que por un momento temí que el vampiro que vivía en mi se hiciera presente, así que dejé que sus manos retuvieran mi reacción. _ ¿Cómo pudiste hacerme algo así? ¡No tenés perdón!
_ No te hice nada… _ intentaba explicarme la situación, más preocupado en detener mis puños a que lo escuchara. _ Solo estaba disfrutando del placer que me habías dado, no te enojes conmigo por algo que yo no hice. Lo que pasó lo hiciste vos.
_ ¡No! Me hiciste creer que te estabas muriendo
_ Error… yo solo estaba paladeando el néctar que había dejado en mí tu manera tan intensa de hacer el amor. Si te asustaste, fue por algo…  ¿Hiciste algo que no debías hacer Pedro?
Una vez más avergonzado, bajé la vista y me detuve. Ya no quería golpearlo, él tenía razón. Había sacado a relucir parte de mis dotes de vampiro en esa noche y esas fueron las consecuencias.
_Puede que si… _ respondí sin mirarlo _ quería dejar mi huella en vos, para que no pudieras olvidarme.
Me tomó entre sus brazos y me acomodó en el hueco de su cuerpo. _ Bueno, si eso era lo que querías, te aseguro que lo lograste. Nunca voy a olvidar esta noche Pedro, fue perfecta. Perdón por asustarte
_Perdón por intentar golpearte…
De pronto nos miramos y comenzamos a reír… Nos besamos mientras rodábamos por el suelo.  En una de las revueltas por el piso de ese cuarto plagado de cosas que no comprendíamos volví a ver las estrellas y constelaciones a través de la ventana. El cielo estaba claro, como si empezara a amanecer aunque faltaran muchas horas, y estuve seguro que era una buena señal.
Cuando la euforia se tranquilizó, él encendió un cigarrillo y fumamos juntos, desnudos sobre el edredón. Yo entre sus brazos y él envolviéndome con los suyos
_ No sabía que fumabas _ Me dijo mirándome a los ojos.
Cuanto cambia la mirada después de haber hecho el amor. Sus ojos no habían cambiado, me había llevado tiempo distinguir que no eran negros como creí haberlos visto en ese amanecer en el que nos revolcamos juntos sobre el suelo de los bosques, sino que tenían un matiz entre canela y miel que descubrí en el transcurso de los días y que tanto me afectaba, pero su mirada ya no era la misma. Y la mía tampoco. Acabábamos de entregarnos el uno al otro, habíamos hecho el amor y eso modifica la vida para siempre.
No hay manera de olvidar a alguien a quien le hayas entregado tu cuerpo, es algo que siempre recordarás. Aunque la vida los separe, aunque pasen muchos años, si algún día, por esas cosas volvés a cruzarte con él o con ella, siempre volverá a tu mente ese instante en el que estuvieron desnudos y a solas, complaciendo deseos y entregados al placer.
_ No fumo… _ le respondí sin dejar de mirarlo. Era verdaderamente hermoso por donde se lo mirara.
_ Pero estás fumando…  _ el timbre de su voz siempre me hacía volar sobre campos dorados de trigo a punto de cosecha.
_ No estoy fumando, te estoy acompañando a fumar. Y eso es lo que siempre voy a hacer, acompañarte. En lo que quieras, en lo que necesites.
Aplastó el cigarrillo contra el suelo y se volvió hacia mí absolutamente resuelto.  _ ¡Por Dios! Hacelo Pedro. Volvé a morderme, por favor…
El deseo ardía en mi interior, era imposible pensar con claridad. Dudé, pero su ofrecimiento tan explícito me transformó en cuestión de segundos.  Mis colmillos habían despuntado con exaltación, empujé a Guillermo contra el edredón, busqué su cuello y lo mordí con fuerza.
_ Pedro… _ Se revolvió cuando el éxtasis nos alcanzó a los  dos. Mi pulso se fundió en el suyo al tiempo que su sangre me inundaba más poderosa que el más apasionado de los besos, entrelazándonos. Ya conocía el sabor de su sangre, pero esta vez era más irresistible que aquella primera vez. La tragué saboreando la vida de Guillermo que se estremecía debajo de mí y comprendí que mi mordida tenía el mismo efecto en cada uno de los dos.
Cuando lo sentí respirar con debilidad, supe que era el momento de detenerme. Me separé de él y lo observé. Estaba como mareado y débil, pero esta vez no había perdido el conocimiento. Me había retirado a tiempo.
Tomó mi cara con sus manos y volví a la realidad de golpe. Tenía los labios manchados de su sangre y los colmillos aun no se habían retraído. ¿Cómo podía mirarme en ese estado sin sentir repulsión? Sin embargo y a pesar de todo, me besó suavemente.
_ ¿Estás bien? _ le pregunté cuando nuestros labios se separaron_ ¿Vas a poder soportarlo?
_ Quiero estar con vos Pedro _ me respondió. _Seas lo que seas y pase lo que pase.
Sentí como mis colmillos se retraían pero cuando quise limpiar la sangre que cubría mis labios, él me lo impidió. Atrajo mi rostro hacia el suyo y comenzó a beberla, primero con cierto recelo hasta que terminó transformándose en voracidad. Lamió hasta el último vestigio de sangre que pudo encontrar. Algo había cambiado.
_ ¿Podés levantarte?
_ Todavía no _ Guillermo se llevó las manos a la cara y luego dejó caer los brazos hacía el suelo. _ Necesito unos minutos más
_ Intenté no beber demasiado…
_ Tranquilo Pedro, está todo bien. Vamos a tener que acostumbrarnos a esto si queremos estar juntos.
_ Por momentos pienso que somos como el pájaro y el pez. Pueden enamorarse, pero… ¿Dónde tendrá cabida ese amor?
Revolvió mi cabello con un gesto lleno de ternura y lo escuché sonreír. _ No te pongas drástico, hoy comprobamos que podemos estar juntos sin matarnos, y no es poco. Ya el tiempo dirá como seguirá lo nuestro.
_ ¿Te sentís bien?
_ Si mi amor. Es raro… Recuerdo que acabás de morderme, pero todo está como borroso. Como cuando no lográs recordar a la perfección un sueño a menos de cinco minutos de haber abierto los ojos.
_ La amnesia forma parte del mordisco, no sé por qué  y tal vez nadie lo sepa.
Guillermo hizo una profunda inspiración y después se ayudó con los codos para incorporarse hasta conseguir mantenerse sentado sobre el edredón. Un hilo de sangre corría por su cuello, busqué un pañuelo en el bolsillo de mi pantalón y lo apoyé contra la herida. Él hizo un pequeño gesto de dolor y me miró directo a los ojos en un viaje reflexivo.
_ Un cazador de vampiros enamorado de un vampiro, esa sí que nunca la habría imaginado, y encima rogándole que vuelva a morderme.
_ ¿Estás arrepentido?
_ Por supuesto que no mi amor, solo reflexiono ante lo extraños que pueden ser los caminos de la vida.
_ No voy a volver a morderte aunque me lo pidas
Guillermo se echó a reír _ ¿Por qué?
_Porque  me deja sabor a culpa.
_ Vas a volver a ponerte dramático…
_ ¡No me estoy poniendo dramático! Estamos jugando con fuego…  ninguno de los dos sabe qué efecto va a traer esta mordida, por lo tanto, hasta que no estemos seguros que no te perjudica en nada no vuelvas a pedírmelo porque no lo voy a hacer.
_ Está bien Pedro, si eso te tranquiliza, vamos a suspender las mordidas hasta reconocer sus consecuencias.
Cuando la herida dejó de sangrar nos vestimos y bajamos la escalera en absoluto silencio. Al llegar a la entrada del dormitorio de los chicos me besó con total naturalidad y se alejó de mí como si esa noche no se hubiese diferenciado en nada a las demás. Pero algo acababa de marcarnos para siempre.
Me quedé contemplando su espalda fuerte y ancha hasta que desapareció por los pasillos de Medianoche. No se volvió a mirarme ni una sola vez, pero con una inmensa sonrisa pude leer sus pensamientos mientras se esfumaba por el internado.
“Puedo ver y sentir. Puedo ver y decir y sentir… Algo ha cambiado.
Una parte de mi dice: ¡stop!, fuiste muy lejos, pero no puedo contenerlo. Trato de resistir y al final, no es un problema. ¡Qué placer esta pena!
Si fue hecho para mí lo tengo que saber. Puedo ver y sentir mi vida dormir bajo tu influencia, esta extraña influencia”
No necesitaba nada más, apoyé mi mano sobre el picaporte de mi habitación, me aseguré de que Marcial estuviera dormido, y me hice un ovillo en mi cama pensando en él.
Mi madre estaba de guardia y rogué al cielo que no tuviera necesidad de llamarnos. Mi cuerpo estaba exhausto y lo único que deseaba antes que volviera a amanecer, era pensar en él y soñar con él.   
Silenciosamente busqué entre mi ropa el prendedor que él me había regalado en Riverton y al acariciar esos pétalos de metal, volví a sentirlo a mi lado. Desnudo y entregado, tal como lo había estado unos minutos atrás. Habíamos tenido la noche más bella.
Entonces cerré los ojos y tuve el más hermoso de los sueños.
Estábamos juntos y nada podría separarnos.

CONTINUARÁ 

7 comentarios:

  1. No hay palabras para describir este momento tan perfecto ..... EXCELENTE PERFECTO MARAVILLOSO INFINITAS GRACIAS GUILLERMINA PEDRIS
    MARA ROSAS

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias, infinitamente gracias Mara! Un honor que haya alcanzado tus expectativas, como siempre... un abrazo inmenso de este lado del río. Espero no decepcionarte. ¡Besossss!

      Eliminar
  2. Y Si... que decirte! Hermoso! Una historia fuera de lo comun para nuestra pareja, pero tan bellamente escrita que me hace viajar en cada capítulo y disfrutar enormemente. Te lo vuelvo a decir, Gracias Sandra por estar siempre! Sé lo complicado de la semana y aún así, ahí estas con todo tu trabajo, casi remándola sola, para no abandonar a este grupo de "loquitas lindas". Una genia!!! Gracias!!! Besos Romina
    PD: Ya estoy esperando el proximo capítulo super ansiosa ;)

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Romi! Gracias por tus palabras, por ese empuje constante, por tu confianza en mi pluma. Solo Dios sabe cuanto me gustaría tener más tiempo para escribir... Si hay algo que me alegra el alma es compartir estos viajes mágicos con ustedes. ¡Un abrazo inmenso y Guilledrista! ¡Besossssss!

      Eliminar
  3. Que belleza de capítulo, con la entrega absoluta desde lo más profundo dela corazón. Quiero seguir leyendo esta historia x favor!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias Valeria! Siempre tan amiga y tan gentil... ¡Te quiero amis!

      Eliminar
  4. Maravilloso Guillermina y esa pluma de oro que tenes es increíble y si te digo que termine llorando seguro me lo crees no con ellos la noche más bella hoy y siempre

    ResponderEliminar