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domingo, 12 de febrero de 2017

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Segunda parte. Cap. 1 - (By Daniela Maurice)






Segunda parte
                                
                                     CAPÍTULO  1
                                    
                                     Una nueva vida

A donde tú vayas yo iré, y donde tú pases la noche yo pasaré la noche.
Tu pueblo será mi pueblo, y tu Dios mi Dios.
Donde mueras tú, yo moriré. A donde tu mores yo moraré...
                                                                             Rut




Sus caricias se derraman en él y lo atraviesan como si una descarga electrizante se adentrara en todo su ser. Se detienen en su vientre sus besos. Se vuelve hacia él y viaja a su cuello, lo besa y lo muerde con lascivia.
La respiración de Pedro se ahoga, se aferra a su espalda y abraza sus piernas a su cintura mientras su  boca se adentra con deseo buscando impaciente su lengua. Y lo siente inquieto debajo de su cuerpo cuando baja un poco más y se detiene en su intimidad. Pedro coloca su pierna sobre su hombro y se deja llevar y siente que el deseo se enciende en él como una llama que lo quema. El placer va en aumento cuando siente su boca adentrándose en él y va dejando que sus besos se introduzcan con lascivia.
Se vuelve a su boca y abraza sus labios con atrevimiento. Lo lleva adelante  y lo sienta más sobre sus piernas, y Pedro busca su boca y muerde su labio y vuelve su cuello hacia atrás. Esparce sus besos más y más en su piel.  Lo vuelve a la cama y recorre sus labios en sus piernas y la respiración se ahoga en él de nuevo.
_ No me canso de amarte - le musitaba en silencio Guille y acariciaba su pelo sin dejar de besar a sus ojos. - Tan hermoso, tan mío.
_ Te amo - le dijo él. - Soy tan feliz. Deseaba tanto que estuviéramos así, estar así en tus brazos. Prometeme que siempre vamos a estar así juntos, que nada nos va a separar.
_ Te lo prometo. Nadie nos va a separar mas, te lo juro.
Pedro se ahogó  en el silencio y los pensamientos se hacían presentes de nuevo en su mente. Abandonó la cama y se sentó en el sofá, subiendo sus piernas a su pecho. Se cubrió con una frazada atrapado en un sin fin de preguntas que no lo dejaban tranquilo. No dejaba de pensar en el pasado, en esos últimos días como si sintiera que la vida tenía una deuda pendiente aun con él.
Guillermo notó su ausencia. Se levantó de la cama, se vistió y se volvió hacia donde él estaba.
_ Mi amor ¿qué pasa?
_ Nada _ se echó hacia atrás. _ Pensaba. No puedo sacarme de la cabeza lo que me dijiste, cuando me pediste que me fuera antes que Camila me disparara.
Él se mantuvo en silencio. Sabía hacia donde quería llegar pero ¿qué podía decirle? Ni él mismo podía comprender el caos que en ese momento tenía en su vida.
_ ¿No me vas a decir nada?
_ Ya lo hablamos cuando tuvimos esa discusión…
_ Eso ya lo sé, pero habló nuestra bronca, mi enojo por todo lo que pasó. Yo necesito entender qué pasó en verdad. Porque dejaste de cuidarme. Todo fue cambiando entre nosotros. Y no es solo eso, es todo lo que pasó después. Tu relación con Miller por ejemplo.
_ Yo te dije lo que él significó en ese momento.
_ No me importa y no puedo entenderlo. Cada vez que te imagino con ese  tipo, no puedo entender en mi cabeza como se puede amar tanto alguien y estar con otra persona.
Se refugió en el silencio y luego le dijo:
_ Vení - lo atrajo hacia él. Pedro se volvió hacia él  y se fue acomodando de espalda a su pecho.
_ ¿Por qué no puedo olvidarme de todo eso? _ Lo comprendía más que nunca en ese momento por más que las palabras parecían ahogarse en él. Lo aferraba con más fuerza. Besaba su pelo y abrazaba sus manos para que supiera que él estaba ahí para él, que jamás se  iría de su lado.
_ Perdoname si en ese momento te lastimé. Perdoname -
_ Yo ya te perdoné. _ Guille lo volvió hacia él y aferró sus manos en su rostro.
_ Escúchame, no importa lo que haya pasado, lo que haya hecho, yo jamás dejé de amarte. Nada cambió en mí en ningún momento.
_  ¿Nunca vamos a poder dejar el pasado atrás?
_ Ya está mi amor - lo acobijo en su pecho-  eso ya no importa. Nuestro amor fue más fuerte que nuestros errores.

_ Lo sé, pero  no puedo borrar todo lo que pasó.
_ Shh _ lo acalló _ eso ya no importa, no voy a dejar que nada mas te lastime.
_ ¿Me lo jurás?
_ Te lo juro, porque te amo.

En ese tiempo Gaby se puso el estudio en sus hombros. Había decidido cargar con la presión que ello implicaba, pero en su interior lo hacía porque no quería pensar que su casamiento había sido un fracaso. Quería y necesitaba tener la mente puesta en otro lado. Sin embargo, los casos se volvían pequeños ante la prueba que debía enfrentar: Cepeda no se había quedado tranquilo con la idea que Julián Malvarez fuera elegido como el nuevo procurador. Y le extrañaba
Su ausencia en el juzgado. Comenzaba a sospechar de él y por eso había ido al estudio dispuesto a averiguar qué era lo que él sobrino de Santiago realmente buscaba
_ No me sirven sus explicaciones señorita. Hasta hace unas semanas estaba trabajando acá.
_ Yo lo sé eso pero…
Octavio que estaba junto a ella la tomó del brazo  y la apartó un momento temiendo que sus propios nervios la traicionaran.
_ Gaby este tipo es peligroso y está comenzando a sospechar.
_ Ya lo sé.
_ Lo sabés, pero si te dejaba un minuto más con él te iba a terminar sacando la verdad.
_ Yo jamás le haría eso  a Pedro.
_ Lo sé, pero el cuento del sobrino se nos está cayendo.
Octavio hizo un silencio. En ese momento se le ocurrió que lo único que podían hacer para proteger a Pedro era seguir  sosteniendo su falsa identidad y solo así podrían limpiar su causa.

Santiago los miraba a ambos y se sentía desbordado por el pánico. Precisamente él debía cargar con la responsabilidad o al menos era lo que sentía ante él con ese sin fin de interrogatorios que a cada instante el fiscal le estaba haciendo.
_ Digo yo - les dijo acercándose a ellos. _¿Hasta cuándo voy a tener que seguir jugando a esto del tío?
_ Que te hayamos inventado un sobrino es una pavada al lado del problema que tenemos ahora- le respondió Gaby.

_  Malvarez tiene razón - agregó Marcos- ¿cuánto se supone que tenemos que sostener esta pelotudez del sobrino? -le inquirió - El señor se va de “vacaciones”   con Guillermo - hizo ademán con sus dedos - y nosotros tenemos que cargar con el quilombo.
_ Te callás. ¿No podés tener dos dedos de frente?, siempre tan insensible - hizo ademán con sus manos - ¿Te crees que le debe parecer bárbaro estar escondiéndose?
_ Si se fue con Guillermo…
_ Yo no entiendo porque discutimos - le dijo Malvarez. - Al fin y al cabo todo el mundo sigue pensando que es mi sobrino.

_ ¿Y Señorita?, estoy esperando una respuesta. Me hizo un escándalo en mi oficina para apoyar la causa de  Pedro Beggio y ahora el señor desaparece.
_ No desapareció -hizo una pausa tratando de buscar la excusa que la salvara  de aquel tramo- Julián se fue de viaje - le respondió rápidamente.
_ En realidad  - intervino Malvarez- mi sobrino estaba de paso. Yo le pedí que me ayudara con una causa. Que quisieran elegirlo como procurador y que interviniera para apelar la causa contra mi clienta, fue algo imprevisto.
_  ¡Su sobrino ya me tiene harto! Se cree que esto es un juego. Aparece de la nada y de repente entra en este circo que usted - lo señaló a Octavio- y Olazábal se propusieron armar en el juzgado.
_ Julián solo quiso ayudarnos - acotó Octavio. - Lo creyó justo porque no le gustan las injusticias.
_ ¿Y Graziani por qué no está?
_ ¿Eso que tiene que ver? - lo confronto Gaby- Guillermo no viene al estudio y ahora tiene un problema por eso tuvo que irse… bueno. No sé porque está mezclando las cosas - siguió, acelerando el tono. - Usted quería hablar con Julián no con él.
_ De todos modos no me interesa donde se fue Graziani. Yo necesito saber donde esta Julián Malvarez.
_ Mi sobrino se volvió a… a New York. - Volvió sus ojos hacia Octavio y continuó - ¿No era donde vos trabajabas?
_ Si, él trabajaba conmigo allá en Estados Unidos. Así que no siga tratando de localizarlo. Lamentamos que hayan querido meterlo en la votación para el procurador
_ Está bien - respondió en un aire de resignación- y  mejor si se volvió a Estados Unidos porque no va a haber votación. Las cosas van a seguir como estaban programadas y Miguel Ángel Mendoza va a ser el nuevo procurador.
_ ¿Usted está seguro de lo que está haciendo? - le cuestionó Octavio-  Mendoza es un corrupto.
_ Eso lo va a tener que probar Cáceres.
Aunque el fiscal parecía conforme con la respuesta, los argumentos no lo convencían y una idea  mucho peor  estaba dilucidando en su mente: El parecido que había visto entre Julián y Pedro.
Gabriela sintió que un enorme alivio se apoderaba de ella cuando el fiscal se fue, pero sabía que tendría que lidiar con esa situación. Cepeda no se quedaría tranquilo y no dejaba de pensar en Pedro, en el peligro que suponía que pudiera saberse que estuviera vivo.
Se fue hacia la cocina y preparó café. En ese momento José vino a su mente. No había tomado en cuenta el enfrentamiento que entre él y Pedro había ocurrido. ¿Y si él se atrevía a mencionar siquiera alguna palabra, algún indicio que a su colega le diera la certeza que sus dudas podían ser ciertas? José ya no era el mismo que había conocido. Se daba cuenta y el solo pensarlo le hacía producir un escalofrío que le helaba la sangre.
_ ¿Gaby? - la llamó Octavio cuando llegaba a la cocina - ¿Te pasa algo?
_ No, no se - le respondió desconcertada. Estaba tan exhorta en sus pensamientos que no  se había dado cuenta que el café se estaba derramando.
_ ¡Ay no, mirá! - se dijo limpiando la mesada.
_ No te preocupes, le pasa a cualquiera - le dijo él, tratando  de ayudarla. Llevó las dos tazas a la mesa y ambos se sentaron. Octavio la observaba y pensaba que su actitud se debía al encuentro que unos segundos antes habían tenido con Cepeda.
_ Gaby no te preocupes, Pedro va a estar bien. Si Cepeda sospecha algo lo va a terminar disipando. No hay pruebas de que pueda saber que está vivo.
_ No, no es por Pedro… o si. Es que ese día que discutí con él, había venido José y él se sacó y no pudo evitar ponerse en evidencia con él.
Octavio se echó hacia atrás, no concebía lo que le estaba diciendo.
_ No te entiendo.
_ José sabe que está vivo, aunque son invenciones mías, él no va a decir nada. Yo se que…
Se detuvo un momento y lo miraba a Octavio. Su vista iba de un lado al otro y era evidente que su respuesta le había caído como un balde de agua fría.
¿Cómo podía pensar que no iba a ser capaz de decir nada? ¿Que se quedaría callado cuando tan solo unas semanas antes había descubierto de su relación con Buitrón? Precisamente ella que era socia del propio Miguel Ángel.
_ ¿Qué pasa? Ahora el preocupado sos vos.
_ No es nada.
_ No algo te pasa, sino no estarías así tan agitado. Parece como si te fueras a desmayar.
_ Es que…
_ José no va a decir nada. Si es por lo que él sentía por Guille no creo que vaya a influir.
_ No es por Guillermo, aunque lo creo capaz de ser un hombre despechado. Es que hace unos días fuimos con Pedro y Beto y descubrimos algo relacionado con los negocios que estaban metidos Moravia y Miguel Ángel.
_ ¿Y en eso que tiene que ver José?
_Precisamente, cuando Pedro lo siguió a Mendoza, descubrió una conversación que tenía Buitrón con Miller. Vos sabés que esa mujer es la posible culpable de la muerte de Almorena Quijano y la desaparición del cuerpo de Diego. Sabemos en lo que está metida.
_ Tráfico de órganos. Si José estaba hablando con esa tipa debe haber sido por un interrogatorio - agregó, subiendo la taza a sus labios.
_ Gaby por favor, Buitrón ni siquiera fue llamada a declarar por las causas. Se mantiene impune.
_ No, no - movió la cabeza - no lo creo. Él siempre estuve ahí ayudándonos en todo. Es imposible.
_ No lo hagas si querés, pero por Pedro, te pido que dudes un poco.

Juan venia siempre  para ayudarla con las causas, pero en su interior no podía evitar ir al estudio y pensar que él podía estar ahí con Gaby. Le parecía extraña esa emoción que desde hacía semanas no lo dejaba en paz pero que le gustaba. No dejaba de pensar en él aunque Octavio se mostraba reticente cada vez que se encontraban.
Era de noche y Gaby se había ido, pero Octavio continuaba en el estudio. Aún resonaba en él la conversación que había tenido con ella hacía unas horas. Por más seguro que podía mostrarse, temía que a Pedro pudiera pasarle algo. Era un temor angustiante pero que al mismo tiempo no entendía. En otro momento, hubiera sentido que solo imaginar que pudiera correr peligro lo hubiera desbordado, como si un tsunami se hubiera avecinado sobre él. Era extraño ¿por que de repente su preocupación se aliviaba? No era que no le importara, pero de pronto otra persona se colaba entre sus pensamientos. Otra persona que no se atrevía a mencionar ni imaginarlo.   
Se había acostumbrado al silencio cuando vio que Juan entraba al despacho. Había tratado de buscar una excusa para ir al estudio, pero sabía que estaba solo para encontrarlo a él.
_ ¿Eras vos? -  Le inquirió al levantar la vista. El tono de su voz parecía ahogarse en su interior y temblaba de pies a cabeza. Se levantó de la silla aun
En silencio y se acercó a él.
_ Pensé que Gabriela podía estar acá.
_ No - le respondió él rápidamente. _ Ella se fue hace un momento. Yo ya me iba...
_ ¿No querés que te lleve? Si no te importa.
No sabía que decir. Lo odió en ese momento. ¿Por que parecía tener siempre ese aire seductor y persuasivo? Terminó por convencerlo aunque no sabía bien por qué  había aceptado.
Por un momento Octavio se sintió desvanecer al llegar a la casa de Juan. En todo el trayecto se había mostrado callado y sin ningún movimiento que expresara comodidad. Tenía la mente en blanco que no se había dado cuenta porque había aceptado una vez más.  Esta vez,  ir a su casa.
_ ¿Estás bien? - le inquirió con dulzura al ayudarlo a recomponerse.
_  Si - se apartó - No sé porque me siento tan nervioso cuando estamos solos los dos.
Juan se acercó y tomó su rostro entre sus manos. Él se dejaba llevar por sus caricias.
_ No tenés que tener miedo.
_ ¿De qué hablás?
_ No lo sé - En ese momento Juan apartó sus manos. Octavio odió eso. _ De lo que pueda pasar entre nosotros. _ Hizo una pausa y continuó _ Conozco este sentimiento, lo tuve una vez.
_ Yo te entiendo más de lo que pensás.
Octavio se acercó más a él y lo miraba muy de cerca.
_ Enséñame a olvidar. Ayúdame a olvidarme de él.
_ No quiero lastimarte
_ No me vas a lastimar. - le tomó sus manos entre las suyas. _ Llévame a tu cuarto. Hoy solo quiero olvidarme, no pensar en él.
_ Sos joven, no sabés lo que me estás pidiendo.
_ Se lo que hago. No quiero pensar en Pedro, por lo menos no esta noche.

Acalló sus labios, lo llevó a su habitación y se tuvieron él uno al otro. Juan lo había tratado con tanta dulzura como la forma en que lo besaba. Octavio dejaba que sus besos se adentraran en su boca y sus lenguas se tocaban.
Se apartaban y se miraban abrazando sus manos
_ Me siento culpable por haberte hecho caso
_ ¿Te arrepentís?
_ No, te confieso que es una situación rara pero no. Te volvería amar de la misma manera. A veces tengo encuentros así con hombres pero no te imaginás la soledad que se siente. Me siento completamente vacío.
_ ¿Yo te puedo confesar algo también?
_ Si, podés.
_ Sos la primera persona con la que estoy. Nunca estuve con un hombre, con nadie.
_ ¿De verdad?
_ De verdad
_ ¿Y Pedro?
_ No, Pedro y yo nunca tuvimos nada. Siempre fuimos amigos. Solo una vez nos besamos pero no sé si él lo recuerda.
_ ¿Te importa?
_ Me importa que él esté bien. Aunque lo ame me basta que él sea feliz con Guillermo. Es el hombre que ama y yo respeto eso.
_ Sos un gran hombre Octavio.
_ Gracias por este momento que me diste. No me olvidar nunca.
Él se limitó a sonreírle y lo fue acobijando en sus brazos. Él ya se sentía a salvo.

Solo pasó un mes. En todo ese tiempo, Guillermo no se había atrevido a hablar con Pedro sobre lo que hacía días estaba deseando pedirle. Tal vez no era el momento, pensaba, o que quizás podría parecerle ridículo. En realidad no estaba seguro de la reacción que tendría Pedro. Lo que más lo preocupaba era la situación en que se encontraban. Por más que nadie en el juzgado sospechaba que él pudiera estar vivo, sentía todo el tiempo esa sensación de peligro acechando.
Lo observaba dormido abrazado a las sábanas. La tela apenas cubría su cuerpo y esa sensación de verlo así le erizaba la piel como si el deseo de hacerle el amor lo quemara... Se volvió un mar de ternura en sus ojos, tan niño como una armonía que lo abrigaba.
Colocó la bandeja del desayuno despacio sobre la cama, procurando no despertarlo. Pedro lo sentía cerca y despertaba por momentos pero amaba sentirlo así. Saber que estaba a su lado cuidándolo. Guille lo abrigaba en sus caricias. Acercó sus labios y besó su frente y sus ojos. Y se volvía a su pelo para abrazar sus manos.
_ Mi amor…
Pedro despertó y miraba hacia a todos lados buscándolo. Miró sus manos cuando encontró una rosa roja entre las sábanas. La llevó a sus labios para beber su dulce aroma.
_ Mi amor…
Siempre lo hacía. Cada vez que despertaba le dejaba una rosa junto al chocolate que a él le gustaba.
_ ¿Te despertaste? - le  dijo Guille al entrar- Se fue hacia él y lo besó con ternura
_ Me hiciste el desayuno.
_ Sí, pero no quería despertarte.
_ Vení - le dijo golpeando la cama con suavidad.
_ No- Apenas podía reaccionar. No sabía que decirle. Los nervios y las ansias al mismo tiempo lo embargaban.
_ ¿Pasó algo?
_ No. Es que…
_ ¿Qué? - le replicó él sonriendo. Tomó sus manos y lo llevó hacia él. Pedro  acercó sus labios y abrazó su boca con ternura.
_ Quiero pedirte algo.
_ ¿Y si me lo pedís después?- mordiendo sus labios.
_ Mi amor - lo apartó. _ Necesito decírtelo ahora porque temo que después me arrepienta.
Guillermo se levantó de la cama. Pedro lo miraba desconcertado. Apartó las sabanas y se vistió.
_  Y bien - le dijo unos segundos después sentándose al borde de la cama. - No entiendo qué querés pedirme.
_ Quizás es mejor que no lo haga. Te va a parecer una locura
_ Mi amor - le dijo, tomando su mano - Decime, no tengas miedo. Te amo._
Guille tomó su mano entre las suyas y se ahogó en el silencio. Su corazón latía con fuerza y el miedo lo dominaba cuando miró sus ojos. En ese momento se daba cuenta que nada debía pensar. Después de todo el
sufrimiento y la ausencia
_ Quiero… que te cases… conmigo. - Había colocado el anillo esmeralda en su dedo. Pedro no reaccionó en ese momento. Miraba el anillo y llevó apenas su lengua a sus labios en ese gesto tan de él.
Pedro lo miró y le dijo:
_ ¿De verdad?
_ Si no querés…
_ No, es que no sé qué decir. Nunca lo pensamos.
_ Lo sé. Tampoco tuvimos el tiempo pero si no es tu voluntad…
_ Quiero. Quiero que lo hagamos. Quiero casarme con vos.
_  No tiene que ser formal, puede ser a nuestra manera como si fuera simbólico.
_ No me importa eso, solo casarme con vos.
_  Pará - No había caído hasta ese momento que Pedro aún estaba casado con Camila. - Vos aún estás casado… con Camila.
_ No - le respondió rápidamente. _ Me divorcié de ella.
_  Pero cómo?...
_ Le pedí a Octavio que le llevara los papeles a la cárcel y ella firmó sin saberlo.
_ Pedro…
_ Ya lo sé, fue como una trampa pero no aguantaba más. Quería terminar con toda esa mentira. Lo hice por vos, todo lo que hice… hasta escaparme de la casa de mi médico para estar de nuevo juntos.
_ Aun no entiendo como lo hiciste.
_ Matías me ayudó con los papeles. No hubo peligro, nadie se enteró.
_ ¿Matías? ¿Olazabal? - preguntó desconcertado.
_ Sí, aunque cueste creerlo.
_ Mi amor! - llevó sus manos a su rostro. ¿Te volviste loco? Hacer todo eso por mí.
_ Por los dos lo hice. Ahora soy libre aunque vos…
_ No, yo también me divorcié, antes que pasara todo lo que sucedió después.
_ Entonces casémonos ahora.
_ ¿Ahora?
_ Si, ahora -
En ese momento abrazó su boca y sus labios iban adentrándose
Sus besos se  ceñían abarcando con desesperación. Las manos de Guillermo subían y bajaban desesperadamente en su espalda y Pedro se abrazaba más a él entreabriendo sus piernas sobre su cintura. Y sus dedos se enredaban en su camisa. Sentían que el momento era de los dos cuando llamaron a la puerta
_ No vayas
_ Tengo que ir - le dijo apartándose
_ No - lo detuvo sosteniendo su mano.
_ Mi amor no pasa nada.
Se volvió hacia a la puerta. El tío de Octavio aguardaba afuera cuando él abrió. Era un hombre en extremo delgado. Un juez de paz ya retirado que ahora vivía en el interior de San Luis apartado casi de la sociedad con su esposa.
Cuando Guillermo abrió la puerta el hombre lo saludó amablemente. Pedro se volvió hacia ellos. En ese momento se sintió avergonzado por la situación de minutos antes. Tenía el pelo desaliñado y la camisa apenas desabrochada.
_ Disculpe que los moleste_ El hombre había tratado de sonar discreto._Sabía que entre los había una relación.
_ No, no hay ningún problema.
_ Es que mi señora quería que desayunaran con nosotros.
Guillermo apenas asintió un sí. Se sentía descolocado y lo que más deseaba en ese instante era desaparecer.
Pedro los conocía desde que Octavio y él estudiaban juntos. Y muchas veces cuando llegaban las vacaciones iban juntos a visitarlos. Por eso cuando la tía de su mejor amigo lo volvió a ver sintió que una emoción inmensa la embargaba el pecho.
_ Con mi señora lo conocemos a Pedro desde que estudiaba con nuestro sobrino ¿Te acordás? - agregó, volviendo su mirada hacia Pedro.
_ Sí, me acuerdo cuando veníamos.
_ Eran inseparables - siguió el Juez
El comentario le produjo un golpe certero a Guillermo, como una angustia acuciante que le oprimía en su interior. Pedro percibió en ese momento esa emoción, y tomó su mano y la abrazó a la suya. Sintió que la tibieza de su mano se colaba en todo su ser y el miedo se disipaba.

_ ¿Y hace cuánto que están de novios? - La pregunta lo tomó por sorpresa a Guillermo que apenas pudo ingerir el café. Mucho más a su esposo que la creía ignorante de su relación. Aunque la conocía lo suficiente para saber que nada se le escapaba. Era muy intuitiva.
_ ¿Cómo se dio cuenta? Digo nosotros no…
_ Me di cuenta desde que te volvimos a ver. Además ¿no están durmiendo en la misma habitación?
_ Ah si.. - le respondió Guillermo.
_ No se preocupen por nosotros.  Lo tomamos como algo natural. Nosotros ya sabíamos que nuestro Octavio, bueno… Además mi marido hace un mes casó una pareja de chicas.
Pedro había oído cada palabra que ella había dicho y en ese momento una idea se prendió en su mente y no habría forma alguna de quitársela.
_ Yo sabía que usted era juez de Paz ¿sigue ejerciendo?
_ Ya no, salvo por lo que dijo mi esposa. En algunas ocasiones realizo casamientos como el caso de esas chicas.
_ A mí me gustaría, sino es un problema para ustedes…. Si usted podría casarnos.
 Guillermo no dijo nada, solo lo miró
_ ¿No es apresurado?
_ No, si me lo pediste no mi amor. ¿Usted tendría algún problema?
_ No, porque no. Cuando ustedes quieran.
Guillermo se sintió incómodo por el comentario y hubiera preferido que quedara en la privacidad. No porque le molestara compartir algo tan importante como casarse por primera vez con alguien que realmente amaba. Al contrario, de alguna manera ellos parecían entenderlo y en ningún momento lo había juzgado.
Pero casarse, como las normas sociales exigen, no tenía ningún sentido para él. Lo había hecho veinte años atrás por seguir las reglas que la sociedad impone para escapar de sí mismo, de quien era y de quien en ese momento amaba. Y había hecho de la obra de su vida su propio infierno.
Ahora era distinto, porque se trataba del amor de su vida. Significaba sellar la promesa que un día habían hecho.

Pedro lo miraba y no creía todo lo que había hecho por él. Las velas encendidas, tan solo acompañados por la tenue luz de la luna y pétalos de rosa derramados en la cama.
Se enterraban en la mirada el uno al otro. Se llenaba de caricias deteniendo el momento y tantas palabras por decirse y todas se ahogan dentro
_ ¿Hiciste todo esto por mi?
_ Por los dos _ él no apartaba su mano de su rostro. _Yo quiero que este momento nuestro sea especial.
_ Lo es, lo es ahora. No necesito más.
Abrazaron sus labios en un beso tierno y sus manos se aunaban. Guille se apartó un poco de él y tomó los anillos.
_ Aun me siento raro por haberte pedido que nos casáramos.
_ Para mí no cambia nada que lo hagamos o no. Lo más importante es que estamos juntos.
_ Lo sé pero para mí sí lo es. Yo hice un juramento antes sin saber  porqué lo hacía y fui construyendo una vida llena de mentiras y todo lo que hice después por intentar sentir en ese momento quien yo era realmente.
_ No tenés que decírmelo.
_ Pero yo necesito hablarlo porque me sentí y actúe de la misma manera cuando vos te fuiste, cuando pasó todo lo que nos separó. Me sentía perdido, sin saber qué hacer. Quisiera poder decirte, encontrar la forma de explicar porque estuve con José y con alguien más pero no puedo, porque yo mismo aun no lo entiendo.
_ No me importa ya eso, solo quería entender.
Tomó su mano y le fue diciendo:
_ Quiero hacerte esta promesa que ya no vamos a mirar el pasado y te juro- le colocó el anillo- cuidar lo nuestro, cuidarte cada momento. No voy a dejar que nada ni nadie nos separe nunca más.
Pedro le colocó el anillo. En ese momento tomó sus manos y las besó despacio
_ Yo también te prometo cuidarte y cuidar nuestro amor y hacer que cada momento podamos ser felices para siempre.
_ Mi amor - se apartó- él acta.
_ ¿Qué pasa con él acta? ¿Querés que la firmemos?
_ No lo sé, es sólo algo formal pero necesito que lo hagamos.
Sus últimas palabras lo desconcertaron. No cambiaba nada firmar el acta. La promesa que se habían hecho tenía más importancia para los dos. Después de todo se decidieron hacerlo. Para Guillermo no tenía sentido pero lo hizo por él.
Para Pedro era diferente y eso tenía que ver con un deseo que pronto se haría realidad.

CONTINUARÁ

2 comentarios:

  1. Lo dije y lo repito escribí rápido la continuación y si es necesario qué la roben de tu blog FELICITACIONES mara rosas

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  2. ¡Que preciosa historia Daniela! Cuanto suspenso y emociones profundas provocó la espera de l verdad, que Pedro estaba vivo y había vuelto como Julián. Pero el amor todo lo puede y ahora que Guillermo ya lo sabe, han vuelto a estar juntos.
    ¡Todos los aplausos Dani! Me encanta esta historia... ¡Besosssss!

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