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viernes, 17 de marzo de 2017

"DONDE LOS SUEÑOS NUNCA TERMINAN" - Parte II - Cap. 3 (By Daniela Maurice)






La carta permaneció todo ese tiempo sobre la cómoda de su cuarto, hasta ese día en que Fabián se decidió por abrir el sobre y saber lo que su padre tenía para decirle. La leyó entrelineas.

Aun se sentía abrumado por la discusión que habían tenido la última vez que se vieron. Solo era una discusión más de tantas que se daban de padre a hijo. Guillermo tratando de corregirlo para que se encaminara y él que se obstinaba en seguir actuando como un adolescente. Sin embargo,  esta vez su hijo se había ido de las manos; Fabián espeto contra él sobre su condición sexual, dando mil argumentos lleno de prejuicios que prefería no recordar. Había herido los sentimientos de su padre y no parecía que el que hubiera hablado con él, era su hijo, sino Ana. No le cabía duda que su madre estaba logrando influir en sus formas de pensar.

Solo recordaba las palabras difusas. Se confundían, entremezclándose en su mente y  que le habían hecho mantener un peso que no lo había dejado en paz en todos esos meses. Pero lo que más lo hacía sentir culpable,  era haberle dicho que sentía vergüenza que su padre se sintiera atraído hacia otros hombres. No olvidaba su imagen inmutado y sin palabras. Podía y estaba dispuesto a soportar el desprecio y la señalización de cualquier persona, pero de su hijo, el único ser al que él le había dado la vida. Su propia sangre, no podía esperarlo jamás.
Sabía que se había precipitado y que sus palabras habían arremetido hacia su padre en una lluvia de balas  que dispararon directamente hacia su alma.
Cuando él se fue, no esperaba que diera respuesta. Lo conocía perfectamente, para que se atreviera hablar de lo que había sucedido entre los dos. Lo entendía y lo aceptaba. Era su forma de ser.

La carta que Gaby le entregó lo sorprendió al principio, para después llegar a la conclusión que no había encontrado más que escribirle, como el único camino para volver a acercarse a él.
Para Fabián  había sido una discusión más, pero no quitaba lo intempestivo de su reacción. Nada había cambiado. Solo que la influencia de Ana había tomado forma en sus palabras y  terminó por producir la distancia entre los dos.
Estaba convencido que tenía que hablar con  Guillermo. Estaba decidido y no daría marcha atrás. Aunque Ana se enfureciera y amenazara con incendiar la casa con él adentro. Ya había perdido a su madre biológica. No quería perder ahora al único ser que tenía en su vida.
_ Mira vos, ahora estás así por tu padre.
El sarcasmo no fue bien recibido. A la luz de la claridad se daba cuenta que le había hablado con intención de fastidiarlo y lograr que volviera en sí y desechara cualquiera idea que, en ese momento, se estuviera cruzando por su mente.
La observó con desconcierto. Ana permanecía a un costado de la puerta con un vaso de whisky en sus manos. Como siempre, pensó para sus adentros su hijo. Comenzaba a temerle. La miraba y se le estaba volviendo una desconocida.
_ No me digas nada_ le dijo aprestándose a entrar. _ Lo vas ir a ver al traidor de tu padre.
_ Si _ contestó con firmeza, parándose.
_ Perdés tu tiempo _ le aseguró, sentándose al borde la cama. _Seguramente está en el estudio y lo que menos va a tener es tiempo para vos.
_ Papá no está en el estudio. Hablé con Marcos y me dijo que no fue.  Así que voy a ir a su casa _ agregó yéndose hacia el armario.
_ Ahí tenés _ le expresó con la voz sofocada.
Se acercó a Fabián en un acto de convencimiento. Estaba claro que no se sentía desesperada. Necesitaba retener a su hijo a costa de lo que fuera.
_  Si vas a ver a tu padre vas a salir lastimado y después quien te va a poner el hombro voy a ser yo.
_ Ana no empieces _ le dijo al volverse a ella
_ Ana. Me llamás por mi nombre porque estoy tomada. Está bien _ se excusó haciendo ademán de ponerse en tregua _Yo acepto que no he sido una buena madre estos últimos años para vos. Pero yo sé porque te le digo.
No quería escucharla y  siguió buscando ente los cajones  una toalla. Ana se fue hacia él y detuvo la puerta insistiendo que la escuchara.
_ Déjame que te diga.
_ No se adonde querés llegar _ le replicó, quitando su mano de la puerta _  y tampoco quiero saberlo _ continuó, yéndose hacia el baño
_ Si sabés _ le replicó, siguiéndolo. _ Vas a pedirle perdón a Guillermo por lo que le dijiste. Yo vivo tomando, pero al final soy la que tiene razón. Si tu padre te amara se hubiera quedado acá.
_  Primero y principal, mi viejo y vos hacía meses que estaban separados. Y no me quieras  tomar por estúpido como estuvieron haciendo todos estos años. Me hicieron tragar el verso que eran un matrimonio.
_  Ese fue tu padre. Yo me casé ilusionada. Fue tu padre que me metió en esto para tapar el romance que tenía con el amiguito. Andá y preguntale porque los abandonó tu madre biológica.
_  Ana basta. Ya no soy un bebé de pecho. En todo caso tendría que estar enojado con los dos.
_ ¿Te vas a ir a vivir con Guillermo?
_ No, si no me obligás a hacerlo. Voy a bañarme y después que vuelva, espero que estés más estable, porque entonces si voy a repensar lo que papá me escribió.
_ Está bien, te dejo solo.
Fabián no se dio cuenta del  peligro de sus palabras. Entre lo que había dicho y la carta que descansaba sobre la cómoda de su cuarto, había solo un paso para que su madre cruzara el límite entre uno y otro. Acababa de darle el poder que necesitaba, ya que sin Miguel no tendría posibilidad de hacer de las suyas.
Esperó a que su hijo estuviera en la ducha y cerró la puerta para disimular que ya no estaba allí. Se acercó a la cómoda y tomó la carta. Leyó cada línea sin perder atención. La volvía a releer para tratar de encontrar alguna  novedad y encontrar alguna intención para fastidiar a Guillermo.
Ahora entendía porque Fabián le había puesto un ultimátum. Guille no había entrado en detalles, solo dejaba claro como si quisiera abandonar todo y empezar una nueva vida con Pedro y deseaba que su hijo fuera parte de sus planes.
¡De ninguna manera! - espetó y arrojó la carta sobre el piso, pisoteándola y salió de allí azotando la puerta. No le importaba que su hijo se diera cuenta.
_ ¿Ahora que fue eso? _  expresó su hijo saliendo del baño y acto seguido tomó la carta que Ana había dejado “mutilada”_ No lo puedo creer, está cada día más desquiciada.

Después de una semana de meditarlo,  Nancy tomó valor y decidió visitar a Camila, pero cuando llegó allí Orestes se encontraba frente a la entrada. Detuvo sus pasos y  se quedó inmutada al verlo. Por el gesto de su rostro estaba hecho una furia. Sin embargo, no estaba dispuesta a dejar que sus miedos la dominaran y entraría a la clínica, aunque Moravia tratara de arrojarle los guardias encima.
_ ¿Qué haces vos acá? - le inquirió levantando la voz Orestes.
_ Disculpe pero vine a ver mi amiga.
Orestes se inclinó sobre ella para impedirle la entrada.
_ Es mi amiga y tengo derecho a verla - insistió
_ Y yo soy el padre. Y dejé claro que no quería que viniera nadie a molestar a mi hija. ¿En nombre de quien venís? -le inquirió, dudando de su intenciones de ver a su hija
_ ¿De qué está hablando? Ya le dije que vine y por mi propia cuenta a ver a Camila.
_ Yo no me quiero enterar que estás sirviendo para que mi hija se vea con ese sinvergüenza que la dejó plantada.
_ ¡Yo vine a ver a mi amiga! Yo no vine en nombre de Pedro. Hace meses que no lo veo.
_ A mí no me tomes por estúpido - le contestó tomándola del brazo. _Se perfectamente que te acostás con el hijo de Graziani.
_ Que Guillermo haya sido la causa porque Pedro la abandonó a Camila yo no tengo la culpa y menos Fabián. Él no vive con su padre, Guillermo se fue de su casa. Es lo único que sé. Ahora déjeme pasar que quiero ver a mi amiga
Orestes se apartó, no sin antes advertirle.
_ Desde ya te digo. No quiero que vayas a alterar el estado de ánimo de  mi hija ahora que se está recuperando.
_ Yo no le voy a decir nada que Pedro está viviendo con Guillermo. Yo solo quiero ver como esta mi amiga.
_ Te lo advierto. Una palabra  y hago que te quiten  a tu hijo. Nadie va a dudar en quitarle la tenencia a una perdida - le espetó, mirándola con desprecio.

Camila se encontraba en el patio principal de la clínica. Era la primera vez que salía y la situación de verse rodeada de personas en un estado de trance le resultaba infernal. Estaba convencida que ese día sería igual a todos los demás, cuando la figura de su amiga se presentó ante ella. Lo que menos esperaba era ver a Nancy allí.
_ Mamu - le expresó al abrazarla  - ¿Como estás?  
_ ¿Como querés que esté Nancy, encerrada acá? ¿Necesito que me digas que sabés de Pedro?  - le soltó rápidamente antes que su amiga pudiera pronunciar alguna palabra. - Esperaba que mi papá me dijera algo - continuó- pero se rehúsa a verme.
_ Yo no sé nada. ¿que querés que sepa Mamu? Yo hace meses que no lo veo.
_ Estás nerviosa. Te conozco Nancy - le respondió con seguridad como si pudiera leer su mente.
_ Yo no sé nada - contestó tratando de disimular el temor
_ Hablá - le ordenó en una actitud amenazante
_  Yo no puedo decirte lo que se. Tu viejo estaba en la entrada y me amenazó que si te hablaba, aunque sea una palabra de Pedro me iba a quitar al nene.
_ No te preocupes, mi papá no se va a enterar de nada.
_ Y no - expresó subiendo los hombros. _ Mucho, ahora que me doy cuenta…  no. Porque vos estás encerrada. No hay modo que se entere. Yo tenía miedo que vos -  le confesó más serena – que te sacaras Mamu y le largaras a tu viejo si yo te contaba.
Camila volvió su mirada a la de ella y la miró unos segundos, como si  tratara que Nancy se diera cuenta de lo que su mente había estado gestando durante días.
Se hizo un silencio sepulcral entre las dos. Nancy no se atrevía siquiera a mover ni un solo músculo de su cuerpo. Lo que deducía claro que su mente no lo quería pensar.
_ ¿Vos estás bien Mamu, no?
_ No sé. ¿Cómo querés que esté bien sino sé nada de Pedro? Mi papá me encerró...
Lo que más aterraba  y le preocupaba a su amiga era ese estado inerte  que divagaba en la mente de Camila. Miraba hacia a todos lados y al mismo tiempo a un punto fijo encerrada en un mundo que solo ella conocía. Más bien, comenzaba a gestar.
_Vos me tenés que ayudar a salir de acá _ le pidió, volviéndose hacia ella. _ A escaparme _ agregó serena
_ No, no Mamu. Vos tenés que recuperarte...
_ No _ la interrumpió. _Tengo que fingir. Le voy hacer creer a la enfermera que me agarró una crisis y vos me vas a ayudar a salir de acá. Orestes no se va a dar cuenta que fue por causa de Pedro.
_ ¿Y como pensás que yo te voy a poder ayudar? Es re peligroso Mamu.
_  Shh!, hacé silencio - la acalló. - Las enfermeras pueden escuchar. Eso no importa.
_ Tu viejo nos mata. ¿Cómo pudiste pensar semejante plan? - le reprochó, haciendo ademán con sus manos
_ ¿Y en que iba a pensar encerrada en ese cuarto de mierda en que Orestes me metió? Él no está en condiciones de amenazar. Yo sé cosas de él que no le conviene que se sepan.
Nancy no se atrevía preguntar cuál era la razón de peso para huir allí y que su cabeza daba por hecho.
Era evidente que no estaba aun lista para salir y recuperar su vida. Tomó valor y le pregunto.
_ ¿Es… por Pedro que querés salir de acá? ¿Querés buscarlo?
_ ¿Qué otra razón puedo tener para salir de acá? No entendés. Sin Pedro no me importa nada. Prefiero morirme acá mismo.
Hizo una pausa y luego le dijo en ese estado inerte en que había estado antes:
_ Pensé mucho  en ese cuarto ¿sabés?  Si estaba arrepentido, si quería verme.
_ Él trato de verte, pero como te, dije tu viejo estaba imposible. No dejó que nadie  se te acercara Mamu.
_ ¿Vos hablaste con él? - le inquirió desesperada.
_ Poco y nada. Solamente me llamó porque quería saber cómo estabas y quería verte, pero nada más. No  vayas a confundir las cosas con lo  te estoy diciendo.
_ Yo lo sabía. No confundo las cosas - siguió con la cabeza gacha. - por eso lo pensé mucho,  antes de hacer lo que tengo hacer por él y por los dos.  
_ ¿De qué hablas Mamu? - le inquirió, desconcertada.
_ Yo ya entendí. Yo comprendí que la única forma en que podemos estar juntos es lejos de acá. Acá no podemos ser felices, por eso no pudimos casarnos.
Nancy se quedó de una pieza. Camila iba comenzando a dilucidar en palabras el misterioso plan y  en ese mismo instante intentó que se olvidara de esa idea.
_ Vos no estás bien Mamu. No sabés lo que decís.
_ Si se lo que digo Nancy. Sos vos la que no entiende. Por eso tengo que salir de acá.
_ No. ¿Y como pensás que Pedro va a querer irse con vos? Es descabellado todo lo que estás diciendo.
_ Vos no entendés. Él tuvo miedo porque lo presintió, igual que yo, que acá nunca íbamos a ser felices.
_ No Mamu. Pedro no se casó porque no quiso. No te pongas mas ideas en la cabeza.
_  ¡No son ideas! Guillermo aprovechó la situación para confundirlo, por eso no fue. Y mi papá, que no soporta la idea de verme feliz con Pedro.
_ No lo metas a Guillermo y a tu viejo. Con o sin Guillermo o  tu papá, Pedro iba a tomar esa decisión. No voy a dejar que hagas una locura.
_ No quiero escucharte.  ¡Me tenés harta! Si no sos vos es Ana con sus comentarios. Porque ella no es feliz con Guillermo quiere verme mal a mí
_  Olvidate de Ana. Pedro ya no está con vos ni está confundido.
_ Está con Guillermo, ¿es eso?
_ No te lo voy a decir y por más que te lo diga no vas a querer asumir nada. Me hiciste acompañarte con todos los preparativos de la boda y seguí porque somos amigas,  pero sabía que ese casamiento no iba a llegar a ningún lado. Yo ya no te voy a seguir en esta. Estoy arriesgando la seguridad de mi hijo. Si no va a ser tu viejo, va a ser el juez de menores que me lo va sacar si me hago cómplice de la locura que querés hacer.
_¿No estás de novia con el hijo de Guillermo? Si ocurre eso tenés todo el estudio para que te defienda. Yo estoy sola con esto. Necesito que me ayudes.
_ No podés obligar a una persona a que se vaya y haga lo que vos querés hacer.
_  Él se va a ir conmigo, por eso te llamó. Yo le importo Nancy ¿entendés?
_ No te voy a ayudar, es una locura. Pedro no va a querer irse con vos.  Recapacitá - insistió haciendo ademán de lo dicho.
_ ¿Le vas a decir a Guillermo?
_ Si me obligás…  si
Fue lo último que le dijo y acto seguido se fue camino hacia la entrada. Faltaban unos cuantos pasos, cuando Camila la siguió y deteniéndola por el brazo le advirtió.
_  Hacelo Nancy y me vas a conocer. _ Ella se dio vuelta. Estaba helada, como si pudiera percibir lo que estaba por decirle. _Vos lo hacés y Pedro muere.
_ ¿Qué decís Mamu?
_ Vos abrís la boca con Guillermo, Pedro se  muere y va a pesar en tu conciencia y la de Guillermo. Él tiene la culpa de todo esto.
Nancy se mostró firme ante ella. Estaba dispuesta arriesgarse a costa de sus propios miedos,  si eso sería suficiente para salvar a su amiga. Pero la situación era más grave de lo que podía pensar.
Camila se sentía poseída por un deseo oscuro. Albergaba un instinto visceral, como si el motivo de huir de la clínica no era el convencimiento que ella misma había tejido en su mente, que Pedro volvería a su lado y se irían juntos, sino mas bien ganar una batalla que desde hacia tiempo había impuesto entre ella y Guillermo.
Cada día que pasaba, Pedro se volvía en su mente el único camino que podía transitar y su único refugio que la mantenía a salvo de sus temores más terribles y no estaba dispuesta a perderlo por nadie.

_ Pensé que iba a encontrar a mi papá acá. Necesitaba que hablar con él. _La actitud serena  lo tomó por sorpresa a Pedro. Fabián se había mostrado sin ningún vestigio de rabia hacia él. Quería pensar que estaba dispuesto a aceptar su presencia en la vida de su padre, pero prefería no hacerse ilusiones en vano. Nunca sabía las reacciones que podía tener Fabián; a veces parecía mostrarse amable, lo  suficiente  para acercarse a él y otras se volvía inseguro, dispuesto a atacar si estaba a la defensiva. _ Marcos me había dicho que podía encontrarlo acá - continúo
En ese momento no sabía que responderle. Temía mostrarse demasiado descortés y al mismo tiempo no sabía cómo tomar la oportunidad para acercarse a Fabián. Optó por darle la respuesta que mejor había encontrado
_ Podás ir al estudio, no creo que esté tan ocupado. Fue por un caso respecto al padre de Camila y tu tío.
_ No lo sé _ le respondió con desgano al levantarse del sofá. _ Me da miedo que no quiera hablar conmigo. No todavía. Vos ya lo conocés, es muy orgulloso y además yo me comporté como un idiota.
_ No lo creo así. Él se siente mal por lo que pasó y sos su hijo. Lo que importa en esta situación que vos también te sentís mal por lo que le dijiste.
_ Supongo porque me escribió. De verdad siento lo que le dije. Creo que me dejé llenar la cabeza demasiado por Ana. Ella no está bien.
_ Entonces andá y habla con él.
_ No, me quedo acá si no te molesta.
_ No, ¿Por qué iba a molestarme? - le respondió, sonriendo.
_ Pensé que me odiabas, por como fui con vos algunas veces.
_ No soy así. No puedo sentir odio por nadie y mucho menos por vos. Sos el hijo del hombre que amo.
_ De todos modos, perdóname por haber sido así. Espero que podamos llevarnos bien
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_ A ver Marcos _  le expresó Sonia, después de unos segundos. Llevaban una hora en la cocina tratando de entenderse. _Dejame traducir. Vos me estás diciendo que le tenés miedo a tu mujer y pretendés que yo te banque porque no podés dejarla todavía.
_ Isabel tiene un carácter especial. Yo lo que necesito es tiempo.
_ Hace seis meses que  vengo escuchándote eso Marcos. Tengo el oído que se me cae al piso.
_ Es que vos no entendés _ le subía él tono_ no la conocés como se pone. No quiero que reaccione mal y le haga algo a la nena o encienda la casa estando los tres adentro.
_ Ah, no puedo creerlo  Marcos _ le respondió con sarcasmo, llevando la vista al techo. _ Déjame que te dé un ejemplo…
_ No vengas de nuevo  con lo de Guillermo_ le interrumpió él, sabiendo hacia donde quería llegar.
_ No, si Marcos. _Hizo una pausa para luego continuar _Camila está internada en un hospital  para enfermos mentales y  ¿por qué? _ le inquiere.
_ ¿Por qué me hacés esa pregunta a mí? Estábamos hablando de nosotros y venís con eso.
_ No,  dejame terminar _ le sentenció con firmeza _ Porque Pedro no se casó con ella y es evidente que la mina estaba mal ya de antes,  como vos me estás describiendo a esa vieja con la que estas casado.
_ ¿Qué estás pretendiendo? ¿Qué la meta a Isabel en esos hospitales de mierda para irme con vos? - le contestó, levantando la voz.
_ No,  traduzco lo que te acabo de decir Marcos: un segundo, un segundo le tomó para mandar a la mierda ese casamiento pese a cómo debe haberse puesto Camila y ahora está viviendo con Guillermo y yo llevo seis meses esperando a que te decidas.
_ Yo no soy Pedro y  llevo treinta años casado con Isabel. No se puede echar un matrimonio así como así a la borda - le espeto levantándose como una tromba de la silla.
_ ¡Vos lo que sos un cobarde que no tenés la pelotas para ponerlas en la mesa y hablar con tu mujer!
_ No grites que puede estar Isabel por acá.
_ ¡Qué se entere! Tenés veinticuatro horas para hablar con tu mujer y dejarla y darme el lugar que merezco.
_ ¡Yo no permito que me digan lo que tengo que hacer! - le gritó
_ No estás en condiciones de hacerte la víctima o no me ves más la cara Marcos.
_ No, no me digas eso _ le suplicó, siguiéndola.  _ Hoy es viernes. Si querés vamos a un hotel después.
_ ¿A un hotel? Mientras tu mujer te hace la comida a mi me querés llevar a un hotel, como la última vez.
_ ¿Y adonde querés que vayamos?
_ Se supone que soy la mujer que amás y me ponés a mí en el papel de la otra,  mientras tu mujer te espera en la casa. Hasta el último segundo te preocupás y le das lugar a tu mujer antes que a mí y me ponés en una posición de mierda, Marcos.
_ Después hablamos que necesito hablar con Guillermo. Tenemos un caso pesado.
_ Se acabó Marcos, se acabó…  y encima me mentís, Guillermo no vino.
_ En realidad no iba venir. Fue eso lo que me dijo. Que los viernes no iba a venir al estudio, yo lo hice venir.
_Claro _le dijo ella, frunciendo el ceño llevando los brazos a su cintura._Porque él si se preocupa por Pedro y a mí me tenés acá y tengo que aguantar que venga tu mujer y me refriegue en la cara que te trae la comida. Ni un día me das libre a mí para estar con vos.
_ Yo te dije que fuéramos a un hotel
_ Ya te dije _ le advirtió al llegar a la puerta _ No garchás más conmigo hasta que no dejes a tu mujer y me des mi lugar y donde me corresponde. Yo no voy a ser tu amante toda la vida.
_ ¿Pero querés? ¿Qué te compre una mansión para vos sola?
_ Ah, ya Marcos - le espetó y le dio la espalda, yéndose.
Se detuvo en seco. Sentía que la situación se le había salido de control. Tener un hogar con una mujer y una hija que lo esperaba y por otro una amante, era demasiado. Respiró hondo y dejó que todo el aire se llevara la tensión que lo estaba abrumando. Luego salió de allí para hacer lo que tenía que hacer, hablar con Guillermo y ocuparse del trabajo.

Fabián decidió quedarse con Pedro. Esperaría a que su padre volviera y mientras tanto lo ayudaría con el  almuerzo.
Cuando Guillermo llegó, lo que menos hubiera imaginado era ver a las dos personas que más amaba en este mundo, en la más absoluta armonía.
¿Podía haber mejor felicidad que esa? No, no podía haberla. Lo que había anhelado en tanto tiempo se iba transformando allí, frente a sus ojos. Fabián le hablaba de música y Pedro parecía entenderle y encontraban afinidades parecidas.
_ No quiero interrumpir, pero se  les va hacer la noche sino se apuran con la comida.
Ningunos de los dos reaccionó, no al principio. Se gestaba una incomodidad entre padre e hijo, invisible, pero que era perceptible para Pedro.
Fabián no sabía cómo estar ante la situación de volver a ver a su padre y todo lo que necesitaba hablar con él, pero en ese momento las palabras se le hacían un nudo en el estomago que lo ahogaba.
_ Mi amor _ le dijo acercándose solo unos pasos a él. _ Fabi quería hablar con vos.
Antes que Guillermo pudiera decir algo, su hijo se apresuró a decir:
_ ¿Hay algún lugar donde podamos hablar solos? No es porque me moleste que escuches Pedro _ acoto, yendo su mirada hacia él.
_ Por mi no hay ningún drama. Ustedes tienen mucho que hablar _ agregó, en actitud de conciliación.
_ Bueno, vamos _ le dijo su padre, haciendo ademán que lo siguiera.
Guillermo lo condujo hacia la sala. Unos segundos después le dijo:
_ Bueno, te escucho.
_ Voy a ir al punto. _ Tomó aire y luego continuó. _ Leí la carta que me escribiste.
Guillermo sentía que la ola de vergüenza se avecinaba encima de él.
_ ¿Y qué pensaste? - le respondió.
_ Me sorprendió que me escribieras. Pensé que no ibas a querer que hablemos después de lo que te dije.
_ Mira  _ le dijo tomando aire _ a pesar de lo que dijiste, seguís siendo mi hijo. Fue la forma que encontré para expresarme con vos. Sabía que en algún momento ibas a recapacitar, por eso lo hice. Yo no iba a decirte nada, vos solito tenías que darte cuenta que te precipitaste.
_ Lo sé. ¿No querés que hablemos? Digo, lo de tus sentimientos hacia los hombres.
_ Ya lo hablamos a eso Fabián. No tendría sentido hablarlo de nuevo ahora. ¿Para qué? _ preguntó, retóricamente.
_  Si, tenés razón. En verdad me dejé llenar la cabeza por mamá.
_ Quiero que me entiendas algo _le dijo acercándose a él._ Lo que yo sienta _ continuó abrazando sus manos _ no cambia mi amor por vos hijito.
_ ¿Entonces, me perdonás por lo que te dije?
_ Hace tiempo que te perdoné y lo olvidé, que es distinto.
_ No quise decir lo que dije y no sé porque le hice caso a Ana.
_ Vos no tenés la culpa de nada y yo en algún momento iba a hacerlo. Irme de la casa.
_ Lo de los planes que decías en la carta…
_ Nada _ lo interrumpió _ Ahora no es el momento de hablar de eso.
_ Ya me parecía raro que le sacara demasiada información a Graziani.
_Graziani, vení _ le hizo ademán, extendiendo sus brazos para que se acercara.
Se volvieron hacia la cocina. Cuando Guillermo había llegado a la entrada, su celular vibraba. Estaba decidido a no contestar, pero la llamada  del otro lado se volvía insistente
_  ¿Quién es? - se preguntó a si mismo irritado.
_ ¿Por qué no atendés amor? - le dijo Pedro. Había alcanzado a oírlo.
_ No, debe ser Marcos por lo de Moravia. Ya tuve suficiente por hoy - siguió, abriendo la heladera para servirse un vaso de agua.
_ Deberías atender viejo. Debe ser importante.
_ Lo único importante es estar con ustedes.
_ A ver _ le dijo Fabián extendiendo su mano. _Le hablo yo.
_ ¿Vos? ¿Ahora te interesás por las cosas del estudio?
_ Bueno, en algún momento tenía que sentar cabeza, si voy a ser abogado.
Tomo él celular y se fue hasta la sala. La llamada lo sorprendió al ver que no era Marcos, sino Nancy la que figuraba en la misma.
_ Nancy _ dijo desconcertado.
_ Fabián ¿está tu papa ahí en tu casa?
_ No, estoy acá con él, en su departamento.
_ Dame con él. Es importante lo que tengo que decirle.
_ ¿Qué pasa? Me estás preocupando.
_ No me preguntes nada y pasame con tu viejo.
_ No me digas que ese hijo de puta volvió de nuevo y te puso una mano encima porque lo reviento.
_ No Fabián, yo estoy bien. Dame con tu papá por favor
_ Está bien, tranquilizate. Ahí te lo paso _ agregó, yendo hacia la cocina.
_ Pa_  le dijo, _ es para vos, Nancy.
_ ¿Nancy? _ preguntó, desconcertado
_ Si, dijo que quería hablar con vos, que era importante
Se alejó hacia la sala
_ Nancy ¿qué pasa?
_ Voy a ser rápida, se trata de Camila, pero no le digas nada a Pedro. ¿Él está ahí con vos?
_  No, pero no entiendo.
_ Es que, no es que ella sea una mala persona, ella lo ama a Pedro y está muy mal con lo que pasó…
_ ¡Uhh, que vueltas querida! Andá al punto.
_ Perdón, es que ella se metió en la cabeza que Pedro va a querer irse con ella, quiere que yo la ayude a salir del sanatorio. Yo no quiero perder a mi hijo pero si yo no te lo decía, si yo no la ayudo, lo va a hacer Ana…
_ Ya, ya. No me interesa lo que quiera hacer, si se quiere tirar del quinto piso, si se pega un tiro, que se mate. No tiene forma de salir de ahí. Pero si lo hace y se atreve a hacerle algo a Pedro, me va a conocer.

CONTINUARÁ

3 comentarios:

  1. Me gusta mucho el giro que va tomando la historia. Padre e hijo reconciliados y Fabián aceptando la forma de ser feliz de su padre. ¡Gracias Daniela!

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  2. Felicitaciones Daniela que buen capítulo muy emotivo y con bastante temor a lo que haga camisa y análisis. mara rosas

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