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martes, 28 de marzo de 2017

"DONDE LOS SUEÑOS NUNCA TERMINAN" - Parte II - Cap. 4 - (By Daniela Maurice)









Después de lo que había hablado con Nancy, Guillermo no mencionó ninguna palabra. Se mantuvo en silencio durante todo ese día, mucho menos cuando Fabián, al decidir quedarse esa noche a dormir, quiso quitarle algún indicio de aquella llamada.
Disimuló que nada pasaba. Que las palabras de la amiga de Camila no comenzaban a hacer efecto en su alma, como si lo peor estuviera por avecinarse y él lo presintiera. Evadió los pensamientos negativos y siguió tratando de acomodar el sofá para que durmiera lo más cómodo posible.
_ Está bien viejo, yo me arreglo _ le dijo Fabián al acercarse.
_ Me decís eso y después te estás quejando porque tenés frio.
_ Dale,  dejá _ insistió tomando la frazada por él _ Quería preguntarte, ¿para qué te llamó Nancy?_ le dijo un segundo después.
_ Nada _ negó con la cabeza. _ Necesitaba que la ayudara con... un asunto menor de su hijo.
_ Pero a mí no me dijo nada. Hablamos ayer, incluso la noté bastante nerviosa.
_ No te hagas problema hijito. Está preocupada por el hijo, como yo estaría por vos.
_ No sé. Para mí que hay otra cosa y no me lo querés contar. _ Hizo una pausa y luego siguió _ ¿Te dijo algo más?
_ No, solo eso. Un trámite menor con su hijo y necesitaba que yo la asesorara.
_ Pero vos no manejás lo civil.
_ Mirá _ le dijo tomando aire _ Si fuera grave yo sería el primero en decírtelo. Es más, creo de verdad, que si fuera grave y realmente importante, ella te lo diría.
_ Tenés razón _ hizo ademán con el brazo. _Yo me hago demasiado la cabeza_ completó al acostarse.

Se fue hacia su cuarto, Pedro se había acostado ya. Trataba de aparentar el sueño, pero aun se sentía preocupado por la respuesta que  Guille había dado en la cena, sin embargo, prefirió no preguntar.
_ ¿Por qué no me esperaste? _ preguntó Guillermo, unos segundos después al acostarse  a su lado.
Pedro se incorporó y le dijo:
_ Estabas hablando con tu hijo, no quería interrumpirlos.
_No hubieras interrumpido nada y por lo que vi hoy, Fabián parece dispuesto a aceptarte.
_ Si, fue muy amable conmigo.
_ ¿Amable? Estaban muy compinches los dos, por poco más me echan
_ Guie, no _ intentó aclararle
_ No, ya sé que me vas a decir _ lo interrumpe. _Estoy grande para esa música moderna y encima que no se entiende nada.
_ Mi amor, no...
_ No, yo sé donde querés llegar. No me vas a convencer que me haga adepto a la música que le gusta a mi hijo, ya tengo suficiente con la tuya.
_ ¿Mi música? _ lo miró asombrado _  ¿qué te pasa ahora con mi música?
_ ¿A vos te parece esa mezcla de sonidos, ni siquiera sé cómo se llama esa mujer que escuchas?
Chabuca Granda.
_ ¿Ves? ¿De dónde sacás esos nombres?
_ No creí que odiaras lo que a mí me gustaba _ le respondió, sintiéndose herido.
Se bajó entre las sabanas para ocultar su angustia acuciante. Pedro muchas veces era como un niño, capaz de romperse a la menor palabra que pudiera lastimar sus sentimientos.
Guille se volvió hacia él y notó en su mirada el efecto. Sus pupilas se dilataban y la tristeza iba ahogando el matiz  claro en sus ojos
Se mantuvo en silencio y lo tomó en sus brazos. Pedro no había puesto resistencia. Lo aferró, el único refugio que para su amor existía en toda su vida.
_ Perdóname
_ Llegué a pensar que me odiaste con lo que me dijiste - le respondió al levantar la vista
_ No…  ¿cómo te voy a odiar?
_ Pero no te gusta mi música
_ No es que no me guste, me parece rara, eso es todo. Es una opinión, una visión particular que tengo sobre esa música que escuchás. Pero si tuviera que elegir, prefiero tu música que la que escucha mi hijo. Y si te soy sincero, sentí un poco de celos al verte así, tan bien con él.
Pedro se dio vuelta, se arrodilló sobre sus piernas y lo miró con un gesto de niño travieso.
_  ¿Qué tan celoso?
_ Mirá, sea lo que estés pensando, sea lo que estés imaginando, ya te digo que no pienso seguirte el juego.
_ No pensé nada_ le hizo ademán con las manos.
_ Te conozco. A mí _ lo señala _ con esa sonrisita no me engañás.
_ Bueno, si imaginé algo. En verdad, lo imagino siempre.
_ Pedro _ le dijo, temblando su voz, mientras lo veía acercarse un poco mas_Yo no tengo energía para lo que estés pensando.
_ No te creo, son excusas para no hacer el amor conmigo.
_ No, me incomoda si está mi hijo y ya tuvimos suficiente hoy.
_No me alcanza _ le replicó, mordiendo sus labios. _ Fabián debe estar dormido y que él este acá no tiene nada que ver. No exageres _ agregó, llevando su mano hacia una zona que claramente Guille no deseaba. Lo del día había sido demasiado.
Se dejó llevar. Pensó que podía olvidarse de lo que Nancy le había dicho unas horas antes, pero no. La idea de que algo pudiera pasarle al amor de su vida se hacía más fuerte que los deseos que Pedro intentaba despertar en él.
_ ¿Te pasa algo? _ le inquirió Pedro sin dejar de besarlo.
_No _ le respondió en un dejo ahogado. Trataba de borrar las palabras de su mente, mientras él viajaba sus besos por debajo de su cuello, pero se hacían cada vez más latentes. Pedro se daba cuenta, no sentía su entrega como siempre y en un acto seguido le dijo:
_  ¿Qué pasa? Te siento frio.
_  No pasa nada. Yo no soy de hablar, Pedro, y es una pavada que se cruzó por mi cabeza.
_ No, algo te pasa. Contame _agregó abrazando su manos a las suyas._Prometimos contarnos todo por más que a vos te costara.
_ Me vino a la mente... Camila. Pensé en lo que una vez... te dije cuando ibas a casarte con ella.
_ ¿Hablás de que me decías que tenías miedo por mí? ¿De qué me pasara algo?
_  Es una locura pensar que ella podría hacerte daño.
_ Mi amor _le dijo_ mirame. _Siguió tomando su rostro entre sus manos._Ella siempre me amó, vivía para cuidarme _se soltó_. Por eso me dolió que las cosas terminaran así, que no pudiera explicarle que no fue mi intención lastimarla. Yo te reconozco, que ella es nerviosa, mimada, pero no está tan demente como para hacerme daño.
_ Espero, pero convengamos que está internada y eso no es por nada.
_ Yo sé. ¿Te preocupaste por mí?
_ No, no me vas a hacer hablar.
_ Decime _ le dijo con una mirada tierna. Se le hacía imposible decirle que no.
_ No _ le respondió tajante.
_ Nada va a pasar, o si, pero es algo hermoso. Que te vas casar conmigo.
_ No hablemos de eso ahora, Fabián puede escuchar.
_ Mi amor, Fabián está abajo durmiendo.
_ No importa, no quiero que vaya después al estudio y se le escape una palabra.
_ ¿Te da vergüenza?
_ No. Prefiero que esperemos para decirlo. Aun está la causa de Beto.
_ Yo sé, pero el juicio va a llevar tiempo y no es que no me importe.
_ Lo sé _asintió con la cabeza_. Solo una semana te pido. Ya para la semana siguiente la causa va avanzar.
_ Está bien, pero mientras eso pasa, vas a tener que darme tregua.
_ ¿Tregua? _ preguntó desconcertado.
_ Sí, yo no acepto un no como respuesta.
Abrazó sus labios y lo llevó hacia la cama. Una vez más Pedro terminó por convencerlo.

Nancy que siempre había apoyado a Camila, esta vez no estaba dispuesta a ser cómplice de su locura. Convencida que Orestes era el único que podía hacerla entrar en razón, decidió que era hora de hablar con él.
Lo había meditado durante días. Hacerlo no sería fácil. No por lo violento que Moravia podía llegar a ser, sino por lo que significaba para ella traicionar a Camila. Hablar con la verdad a su padre la atormentaba. Daba vuelta en dirección alguna en la sala de su departamento. Sostenía el celular y le temblaban las manos.
¿Que debía hacer? ¿Y si hablaba de nuevo con Guillermo y que Pedro pudiera saber lo que su amiga planeaba? Tal vez resguardarse por un tiempo en algún lugar, fuera de Buenos Aires hasta que Camila se calmara, pero no. Eso no funcionaría. Guillermo no aceptaría esconderse como si fuera un delincuente y Pedro intentaría hablar con ella y así sería peor. Debía evitar una tragedia, no provocarla. Tampoco podía planear la vida de los demás así como así.
“Y, no hay modo. Voy a tener que hablar con su viejo.”

Ni bien llegó el lunes se fue hacia a tribunales. Sería muy difícil poder encontrarlo al padre de Camila allí. La mayor parte del tiempo trabajaba desde su casa, mas teniendo en cuenta los negocios turbios que llevaba a cabo con Miguel Ángel.
Para fortuna, ese día se encontraba en su despacho revisando los últimos casos que se llevaría a juicio en las siguientes semanas.
Cuando llegó a la puerta sintió que una espada de doble filo le rozaba la espalda y la piel comenzaba erizarse por el temor de enfrentar a Moravia. Golpeó con dificultad la puerta.
_ Pase. _ Contestó en un tono grave y molesto. _ ¿Qué hacés vos acá?_inquirió, frunciendo el ceño al levantar la vista. Ella esperó para cerrar la puerta y luego le dijo:
_ Vine hablar con usted de Camila y no puedo irme hasta decirle algo que ella está planeando.
_ Acá lo único grave es la presencia tuya en la vida de mi hija. Ya me deshice de ese afeminado y no hizo falta que moviera un dedo para convencerla que se olvidara de esa locura de casarse.
_ Mire, yo a la Mamu la quiero, y la quiero bien. Lo que pasó con Pedro es otra cosa pero _ siguió al tomar asiento _ tiene que ver precisamente con él.
_ A mí no me interesa lo que tengas que decirme de ese sinvergüenza.
_ ¿Y no quiere escuchar que Camila sigue pensando en Pedro? ¿Qué de nada sirvió que la encerrara en esa clínica? Ahora se le metió en la cabeza que Pedro va a querer irse con ella a otro país.
_ ¿Qué estás diciendo? _ le inquirió. No concebía lo que Nancy acababa de decir. _ Mi hija no se va  a ir con nadie y mucho menos con ese…
_ Déjeme acabar _ lo interrumpió _ Camila quiere escaparse de la clínica. Yo pienso en la integridad de Pedro, incluso hablé con Guillermo, pero la que más me preocupa es Camila. A ella no le hace bien seguir pensando en Pedro. Va a terminar mal.
_ ¡Ya lo sabía! _ espetó, levantándose _ Tenía que estar metido ese puto.
_ ¿Podemos concentrarnos en su hija?
_ De mi hija me encargo yo, pero a esos sinvergüenzas les voy a hacer tragar una causa entera y voy embargar ese estudio.
_ Yo no sé para que vine _ se dijo, levantándose. _ Al final a usted le importa más ponerles una causa a Pedro y a Guillermo que la salud de su hija. Perdí el tiempo en venir hasta acá.
_ Me hacés un favor en irte o te hago echar con el guardia. Tengo demasiado trabajo para ocuparme en la chiquilinadas de Camila

Moravia pensó que podía pasar por alto lo que la amiga de su hija le había hecho saber. En efecto, no le interesaba ni había hecho mella en él sus palabras. Pensaba que era una tontería más de su primogénita y que luego se le pasaría con algún regalo que podría llevarle a la clínica. Un berrinche más, solo eso.
Terminaba de hacer su trabajo y del encargo del último envió del “paquete” a otro país cuando ya no le quedaba más que hacer.
Salió de tribunales y tomó el auto. Mientras conducía, su seguridad sobre lo que él ponía en dudas que haría su hija, comenzaba a tambalearse dentro de su mente.
¿Y si era verdad? ¿Y si Camila planeaba algo para volver con Pedro?
No le importaba la forma en que se estuviera tejiendo la idea de ella o lo que hiciera con su ex yerno, de ninguna manera podía perjudicar su imagen pública ante sus colegas.  ¡En que rayos está pensando esta estúpida! espetó para sus adentros.
_ Se cree que tengo tiempo para sus pavadas, ahora me va oír. No voy a arruinar mi carrera por sus chiquilinadas.  
Detuvo el auto enfurecido frente a la clínica, que por poco choca con el auto que tenía delante.
Esta vez no esperó para hablar con el médico. Caminó por los pasillos y al encontrar a Mary que iba hacia el cuarto de su hija con el desayuno y las pastillas que debía tomar, le adelantó el paso y le dijo al llegar a la puerta:
_ Déjeme pasar.
_ Pero señor, su hija tiene que comer algo y estas no son horas de visitas.
_ ¡Y eso que me importa a mí! _ le respondió de mala gana, por ende, haciendo ademán. _Yo soy el padre _ se señaló_ y si no me deja pasar la hago echar de esta clínica.
_ Está bien _ cedió Mary sin ganas _ pero no me hago responsable señor. Usted sabe cómo se pone su hija. Aunque de todos modos _ agregó en tono reflexivo _ su hija pedía por usted.
_ Es igual que la madre _ le dijo al entrar.

Camila miraba a la nada cuando se dio vuelta. Se sorprendió al ver a su padre pero poco le importaba encontrarlo allí. Le hizo un gesto de indiferencia y volvió su mirada hacia el ventanal cuando él se acercó y se abalanzó sobre ella tomándola fuerte de los brazos.
_ ¿¡Qué mierda estás pensando hacer con ese afeminado!? - le gritó sacudiéndola.
_ ¡Soltame! _ le suplicó en llanto _ Me estás lastimando.
_Te vas a olvidar de lo que estés pensando hacer _le advirtió al soltarla. _¡Desde ya te lo digo que de acá no vas a salir hasta que no pase un año!
_ A mí no me amenazás, porque yo sé muchas cosas de vos papáPedro es mío _ le enfatizó llevando una mano a su pecho. _No me vas a impedir que salga de acá y vaya a buscarlo. Si querés que nadie se entere, lo mejor va a ser que me ayudes a salir por las buenas de esta clínica de mierda en que me metiste o hablo de tus negocios con el hermano de Guillermo.
_ A mí no me hablas así _ le respondió y no lo pensó dos veces, cuando le efectuó una bofetada tan feroz que la arrojó sobre la cama.
Camila apartó la mano de su cara cuando vio que sangraba
_ ¡Sos un hijo de puta! ¡Mirá lo que me hiciste! - se señaló el rostro.
_ Vos no me vas a arruinar a mí la carrera y los planes que tengo.
_ Lo único que te importa es eso.
_ Vos sos una desagradecida. Debería haberte dejado tirada como a la loca tu madre.
_ ¡No la nombres! ¿No era que íbamos hacer como que ella estaba muerta?
_ Y es lo que voy hacer con vos ahora mismo. Para todos a partir de hoy, estás muerta.
_ Vos no vas a hacer eso.
_ Ya está decidido.
Orestes le dio la espalda y se quedó unos segundos así, abrumado por la discusión que acababa de tener con su hija.
Camila temblaba entera. Miraba hacia todos lados sin saber qué hacer. Su respiración se ahogaba dentro. Llevó su vista hacia la mesita de luz que se encontraba hacia un costado de donde estaba su padre. El día anterior, en un momento de distracción, Mary dejó olvidada la jeringa que iba a utilizar para otro paciente.
No lo pensó dos veces.
Era su padre pero su vida estaba en juego. Imaginar que podía estar una vida entera en aquella clínica resultaba una pesadilla, pero, imaginar su existencia sin la presencia de Pedro en ella, era mucho peor. El infierno mismo. No podía dejar que Orestes estropeara sus planes. Fingió calma para tratar de lograr una conciliación con él
_ Papá, escuchame.
Él se dio vuelta y la miró sumamente desconcertado.
_ No nos precipitemos. Yo te prometo que voy a tratar de no pensar en Pedro_le aseguró, haciendo ademán con sus manos. _ Entendeme, para mí es muy difícil. Íbamos a casarnos y tantos años de estar juntos y hacer planes para nuestro futuro.
_ Yo te dije que te iba arruinar la vida.
_ Lo sé, pero él no tiene la culpa. Fue Guillermo _ agregó clavándole la mirada. _ Él arruinó todo.
_  No, no vengas a cambiar las cosas.
_ Escúchame. Seguramente Pedro iba a dejarme, pero no así. No de esa forma. Tenés razón. Antes que nada está la imagen que tenemos antes nuestros conocidos y eso no lo podemos perder. Vamos a salir bien de todo esto _ le dijo, sonriendo.
_ Espero que lo que estés diciendo sea en serio.
_ De verdad. Vení _ le hizo seña, extendiendo los brazos.
Moravia odiaba mostrar gestos de cariño pero cedió, sin ningún ánimo. Cuando Camila lo tuvo entre sus brazos, extendió una mano hacia la mesa de luz. Tomó la jeringa y la clavó sobre su brazo. Orestes cayó en el acto.
Ella lo miraba sin inmutarse. “Lo siento papá, pero tengo recuperar a Pedro”.

Se acercó hacia la puerta y tanteó el pasillo para ver si no había nadie a la vista, cerró la puerta y la trabó.
Se fue hacia una silla, donde aún permanecía una maleta con ropa. Se vistió lo más oscura posible para disimular, tomó sus gafas de sol y un sobrero que aún conservaba de su madre. Sabía, al ser enviada a la clínica, que en algún momento lo necesitaría. Y salió de allí, lo más rápido posible sin mirar atrás.
Su padre podría despertar dentro de una hora. Para cuando eso fuera, ella ya estaría lejos.

CONTINUARÁ

2 comentarios:

  1. Lo que faltaba... Camila ha logrado escapar. Lo único que festejo es la mala pasada que le hizo a Orestes, cuanto lo disfruté! Solo espero que no pueda llegar a Pedro nunca, nunca, nunca... ¡Daniela por favor! Otra vez por lo mismo no...
    Muy linda tu historia. ¡Un abrazo Guilledrista y gracias por mantener con vida la trinchera! ¡Besossssss!

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  2. Muy bueno espero que te apures a escribir la continuación mara rosas

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