Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

domingo, 5 de marzo de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap. 14 - (By Guillermina Pedris)






MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 14

Noté a mis padres demasiado silenciosos durante el viaje de regreso a Medianoche, intentaba inútilmente sondear algún mensaje encriptado en sus rostros pero no sirvió de nada, sin duda alguna sabían muy bien como dejarme afuera de sus secretos.
Sentía la duda como una espina clavada en la garganta, me moría por saber que había pasado, pero tendría que esperar hasta estar a solas para preguntar y además, confiar en que desearan decirme la verdad.
Cuando las luces del micro se apagaron, me abracé a Guillermo. Ya no sentía la adrenalina de tener que enfrentar a Franco, ni el temor de no poder defender su vida y las de mis amigos, todo eso había desaparecido dándole paso a un sentimiento mucho más doloroso que por ahora no tenía nombre pero me provocaba un peso en la conciencia que nunca había sentido. No iba a hablarlo ni con mi sombra, pero la sospecha de que mis padres hubiesen acabado con la vida de Franco se volvía a cada instante más intensa.
Me revolví en mi asiento y acoplé mi cuerpo un poco más al suyo, la tibieza de su pecho y el calor de sus brazos rodeando mi espalda eran lo único que equilibraba en ese instante la realidad que me tocaba vivir. Intenté cerrar los ojos, pero la imagen de Franco decidido a asesinarnos a todos se volvió tan real que un temblor me recorrió el cuerpo llamando la atención de Guillermo.
_ ¿Qué pasa Pedro?  ¿Por qué temblás?
El roce de sus manos y su voz serena me tranquilizaron de inmediato, y pude al menos mirarlo sin esa sombra que me pesaba sobre los párpados, una especie de culpa que no terminaba de discernir de donde provenía.
_ No puedo cerrar los ojos porque las imágenes de Franco vuelven con tanta nitidez que me hacen revivir ese momento. _ Le confesé angustiado.
_ Entonces mirá el cielo. _ Desenredó mis brazos de su cuerpo y me hizo girar en el asiento dejándome de frente a la ventana del micro. Ladeó su cuerpo para no tener que soltarme y me sentí sumamente agradecido con ese gesto. Apoyé mi espalda sobre su pecho, sus brazos volvieron a rodearme y mientras escuchaba su respiración me dejé llevar a otro mundo en el que solo estábamos él, las constelaciones y yo.

Al llegar a la Academia esperé a que el resto de los estudiantes abandonara el micro antes de descender y solo cuando estuve seguro que nadie podía escucharnos me acerqué a ellos.
_ Bueno, ¿qué pasó? _ Guillermo iba conmigo, Beto y Gaby se acercaron rápidamente hacia nosotros.
Se miraron antes de responder.  _ Franco no va a volver a Medianoche _ Dijo mi madre con sequedad.
_ ¿Cómo que no va a volver? _ Pregunté mirándolos fijamente. _ ¿Cómo pueden estar seguros de eso?_ En el mismo momento en que los dos apartaron la vista de mis ojos inquisidores, supe que estaban escondiéndome algo, pero mi padre era mucho más hábil que yo, me superaba en todos los aspectos. Había vivido cientos de años y yo apenas dieciocho.
_ Hicimos un buen trato, Pedro. Si la señora Bethany se enteraba que había vuelto a salir sin permiso y que cuando llegamos estaba tratando de matarte, la iba a pasar muy mal. Por eso el pacto… silencio a cambio de que desapareciera de nuestras vidas. Olvídense de las guardias en el tejado de Gaby, ya nadie va a volver a molestarla. Franco nunca va a regresar a Medianoche.
No le creí una sola palabra. Si bien el argumento estaba perfectamente fundamentado, sus ojos me daban la certeza que estaban mintiendo y el peso que sentía se acentuó. Guillermo que estaba parado detrás de mí, cubriéndome las espaldas como siempre, permaneció en silencio y solo se limitó a posar su mano sobre mi hombro. Acababa de descubrir que era lo que en realidad me impedía cerrar los ojos, pero Beto y Gaby festejaron la noticia inocentemente y con exclamaciones de alegría.
_ ¡Eso hay que celebrarlo…! ¿Tomamos algo? Mañana es domingo y no hay que levantarse temprano. _ Habían logrado convencer a Beto, pero a mí aun no.
_ Vayan ustedes… Adrián y yo solo queremos cerrar los ojos y dormir. Si quieren mañana almorzamos todos juntos, pero la noche del sábado para nosotros ha llegado a su fin. Mañana será otro día. _ Fueron Gaby y Beto los que confirmaron el almuerzo, yo seguía mirándolos en silencio y Guillermo también. _ Muy bien, _ dijo mi madre _ mañana almorzamos juntos. Eso sí, ni se les ocurra llegar antes de mediodía porque les juro que les doy sangre tibia._ Bromeó intentando parecer la misma de siempre, pero hasta su voz había cambiado. Y yo que no le daba una tregua, seguía con los ojos clavados en ella como dos estacas de madera.
Ella me ignoró por completo, desestimó mi mirada insistente e inquieta pero mi padre me tomó por un brazo y me separó del grupo para hablarme a solas.
_ ¿Se puede saber qué te pasa que no dejás de mirarnos como si fuéramos dos extraños?
_ Se están comportando como dos extraños, papá. No sé porque pero siento que me están mintiendo.
Me miró sorprendido _ ¿Mintiendo? ¿Por qué estaríamos mintiéndote Pedro?
_ No lo sé y por eso te lo estoy preguntando. Papá, ¿qué pasó en Riverton? Por favor, necesito que me digas la verdad.
_ Pedro, ¿vos confiás en mi?
_ ¡Claro que si papá! Pero quiero detalles, que me cuentes todo, necesito saber…
_ Un día vas a saber con detalles lo que sucedió esta noche, pero a su tiempo… Hijo, si de verdad confiás en mí, andá a pasar lo que resta de la noche con tus amigos… y tu novio _ me dijo cambiando el tono de su voz que se volvió compañero y cómplice a la vez mientras me daba un golpe cariñoso en el brazo. _ Hijo confiá en mi de la misma manera en que yo confío en vos, sin hacerte preguntas, solo esperando que llegue el día en que sientas la necesidad de contármelo todo. Por ahora disfrutá de esta tregua, de esta paz. Franco no va a volver a molestarnos. 
Acababa de hacer pedazos mi insistencia. Era cierto que había algunas cosas que todavía no había hablado con él. _ Está bien, como vos digas. _ Estaba a punto de marcharme cuando sentí el impulso de abrazarlo. Me recibió en sus brazos como cuando era un niño que se asustaba con las tormentas y en ese instante decidí no volver a preguntar. No fue hasta muchos años después en que acepté ante mi mismo que había elegido creerle porque era mucho más fácil que enfrentar la realidad.  

Caminaban en silencio uno al lado del otro. Apenas atravesó la puerta del departamento, mi padre fue hasta la heladera y sacó una lata de cerveza.
_ ¿Cerveza? _ preguntó mi madre como si tuviera una propuesta mejor.
_ Si, ¿por qué no?
Ella extrajo dos copas de pie y las puso sobre la mesa. _ ¿Por qué no champagne?
La observó confundido. _Solo tomás champagne cuando hay algo que celebrar _ el silencio mirándose a los ojos cortaba el aire _ y no creo que esta noche haya algo que celebrar, Celia.
_ No estoy tan segura de eso. Pero seguí con tu cerveza, yo pienso beber champagne. _ Sin dudarlo buscó la botella, la descorchó, llenó su copa y se sentó frente a él que la miraba una vez más  como si no la reconociera.
_ ¿Qué nos está pasando Celia? ¿Por qué después de tantos años juntos empezamos a sentir tan diferente? Cuando yo pienso que Pedro no debe quedarse solo en la Academia con Guillermo, vos salís en su defensa. Cuando yo creo que no debemos darle tanta información respecto del amuleto, vos soltás la lengua y le hablás del conjuro de la capa sin consultarme…
_ Te recuerdo que eso le salvó la vida.
_ No te lo discuto, pero antes jamás hubieses tomado semejante decisión sin consultarla conmigo. Y ahora esto… estás disfrutando algo que, personalmente, me llena de tristeza y de culpa. _ En ese momento bajó la voz para evitar que hasta las paredes pudieran escuchar lo que iba a decir._ ¡Acabamos de asesinar a un alumno, Celia! Acabamos de matar a Franco.
Mi madre mantenía la vista fija en su copa de champagne mientas lo escuchaba atentamente y solo levantó la vista cuando estuvo segura de lo que iba a responder.
_ En primer lugar, me puse a favor de Pedro cuando quiso quedarse con Guillermo en la Academia, porque están enamorados y es lógico que quieran estar juntos, sobre todo cuando uno de los dos está enfermo. No había evaluado el riesgo que significaba Franco hasta que lo mencionaste, y no sé si te diste cuenta, pero en ese mismo momento me puse de tu parte. Me llamé a silencio y dejé que vos decidieras como resolver la situación… y ya que estamos tocando el tema, la resolviste muy bien.
Ese reconocimiento no pasó inadvertido para él, parpadeó con lentitud y volvió a mirarla con la misma ternura con que la miraba cada día._ Gracias Celia. Hice lo que se podía acorde a las circunstancias…
_ En segundo lugar, no te consulté sobre el conjuro de la capa porque después que detallaste tan minuciosamente el peligro que significaba Franco, estuve tan segura como vos que iba a atacar a Pedro y quise protegerlo. Quise darle todas las armas para que pudiera defenderse y no me equivoqué. Si no lo consulté con vos fue porque no había tiempo y porque estaba segura que lo aprobarías, la vida de nuestro hijo estaba en riesgo.
_Y hubiese estado de acuerdo, solo hice referencia a que no lo consultaste conmigo, nada más…
Podría haberse dicho que no lo estaba escuchando, que solo estaba dejando salir ese abanico de emociones encontradas que iban de la culpa por haber terminado con la vida de Franco al alivio de saber a su hijo fuera de peligro. Por eso siguió hablando sin poder detenerse.  _Y en tercer lugar, no estoy celebrando la muerte de Franco, estoy dándole la bienvenida a la paz… Para Pedro, para Gaby, para Beto, para Guillermo e incluso para nosotros dos. _ Con los puños apretados cerró los ojos con fuerza y dos gotas de sal recorrieron sus mejillas _ ¿Qué te pasa a vos Adrián? ¿Acaso no me conocés? _ Bajó la voz hasta hacerla casi imperceptible _ ¡Cómo se te ocurre que puedo celebrar haber matado a un chico…! Si bien era un monstruo, la culpa me corroe igual que a vos, pero éramos nosotros o él. ¡Y no vuelvas a decir que lo asesinamos…! No fue así, Franco murió en el combate. Luchó con todas sus fuerzas contra nosotros hasta que finalmente lo vencimos. ¿Cuántas veces le pediste que se fuera? ¿Cuántas veces le rogaste que diera por terminada la batalla y se marchara de Medianoche? ¡No vuelvas a decir que lo asesinamos! Asesinar implica premeditación y eso no era lo que vos y yo queríamos… _ bajó la cabeza pero no pudo impedir que mi padre viera como su rostro se bañaba en lágrimas. _ Franco terminó perdiendo la vida porque esa fue su elección, estaba enceguecido de odio y su objetivo era matar o morir. _ Esta vez lo miró directo a los ojos _ No estoy celebrando su muerte Adrián, estoy agradeciendo esta nueva paz que tanto nuestro hijo, como Gaby, Beto, Guillermo, vos y yo nos merecíamos. Nunca quisimos hacerle daño a nadie, fue lo que nos tocó vivir. _ Había dejado salir el llanto, la pena, la culpa y la contrariedad de emociones que le provocaba la muerte de Franco. _ Somos vampiros Adrián, nuestras vidas nunca serán como las de un humano común, siempre estaremos expuestos a estos riesgos. _ Para ese instante estaba espiritualmente quebrada pero cerebralmente convencida que habían hecho lo correcto. Todavía no había bebido un solo trago de champagne, antes de levantar su copa, quería dejar salir todo lo que había callado. El miedo, la incertidumbre por las vidas de todos y hasta un odio desconocido. _ No voy a beber champagne para celebrar ninguna muerte, si no querés acompañarme lo voy a entender perfectamente, pero voy a beber mi copa de champagne porque nuestro hijo sigue vivo y sus amigos también. Porque una sombra siniestra que nos atormentó durante muchos días ya no existe, porque la paz ha regresado al hogar. Cuando llegamos estaba a punto de matarlo por segunda vez. ¡Estaba a punto de matar a nuestro hijo Adrián! Y vos te sentás frente a mí cabizbajo y triste por él. _ Recordando el momento, su mirada bañada en lágrimas se impregnó de ira. _ Sentí tanta furia que hubiese sido capaz de desangrarlo ahí mismo, sin darle la mas mínima oportunidad. Sin embargo se la dimos Adrián. Se la dimos… pero no quiso tomarla. _ Apoyó sus brazos sobre la mesa, dejó caer su rostro sobre ellos y lloró _ No podés juzgarme por esto, no deberías… _ Después de haber vomitado todas sus emociones decidió no decir una palabra más. Tan solo se limitó a mirarlo en silencio pensando que si no lograba comprender su mirada, tampoco entendería más explicaciones.
Mi padre guardó su cerveza en la heladera, tomó la copa vacía destinada a él, se sirvió champagne y fue a sentarse junto a ella. No hacían falta palabras. Ella lo recibió con un abrazo y él se abrazó a ella. Acaban de pasar juntos un hecho desagradable, algo que ninguno de los dos había deseado. Un mal necesario. El mal menor, pero definitivamente ingrato.
_ Lo siento mi amor, lo siento. Nunca quise hacerte sentir culpable por lo que pasó.
Su gran fortaleza estaba quebrada. Se permitió ser frágil y llorar sobre su hombro.  _ Adrián… cuanto me va a costar vivir con esto en la conciencia. Ese chico podría haber sido nuestro hijo…
A veces es muy difícil ser el hombre de la casa, lo que acababa de pasar tenía sus consecuencias morales y éticas. _ Podría… pero no lo era, Celia. No llores más. Nuestro hijo está a salvo y seguramente, si algo lo conozco, buscando algún lugar en Medianoche donde esconderse con “su novio”
Esas palabras lograron que mi madre dejara de llorar y secándose las lágrimas con la palma de su mano lo mirara directamente. _ ¿Te parece?
_ ¿Qué si me parece? ¡Estoy seguro! _ Barrió las lágrimas que aun rodaban sobre su rostro y la besó suavemente sobre los labios. _ En eso, tiene tu sangre… No va a permitir que nada lo separe de él. “Voy por mis amigos y por mi novio” nos dijo, y salió corriendo. Nuestro pequeño hijo, está enamorado hasta los huesos… ¿Brindamos por eso mi amor?
La calma y el entendimiento ya estaban de regreso en el hogar, si bien pesaba mucho sobre ellos la muerte de Franco sabían que hubiesen ofrecido cualquier sacrificio para que la noche no terminara como terminó, pero no hubo otra opción. Bebieron champagne acompañándose, conteniéndose, y de a ratos, entre sonrisas, preguntándose donde andaría su hijo.

_ ¡Che, no puede ser que no haya un lugar en la Academia donde poder pasar un rato a solas los cuatro juntos! _ Se quejó Beto _ No podemos irnos a dormir después de lo que pasó. Estoy que camino por el aire. Van a pasar días, meses, años… pero nunca voy a poder quitar esta noche de mi cabeza. Ese loco casi nos mata a todos. ¿A alguno se le ocurre dónde podríamos escondernos? Hace demasiado frío para quedarnos en el prado y encima no es de lo más acogedor. ¿Y si esa tarado falta a su promesa y decide volver?
Guillermo y yo nos miramos y al instante supimos que queríamos compartir nuestro escondite con ellos. _ Hay un lugar Beto, pero es secreto de sumario.
Nos miró entrecerrando esos ojos tan azules. _ ¡Jodeme que tienen un lugar secreto!
Busqué los ojos de Guillermo y en ellos vi nítidas imágenes de la noche que habíamos pasado juntos en ese cuartito escondido en la parte más alta de la torre. _ Algo así… _ Un escalofrío me recorrió el cuerpo mientras seguía mirándolo. En sus iris cristalinos estábamos los dos entregándonos a la pasión, un conjunto de muebles que no sabíamos para que servirían, el edredón, la ventana despejada mostrándonos las constelaciones y nuestros cuerpos desnudos entregándose por primera vez.
Me costó horrores volver a la normalidad _ Si, tenemos un lugar secreto. ¿Quieren ir?
 _ ¡Obvio! _Respondieron Gaby y Beto al mismo tiempo.
_ Beto, andá a buscar un par de cervezas a nuestro cuarto.
_ ¡Ya mismo General! _ Inmediatamente salió corriendo mientras Guillermo, Gaby y yo nos reíamos de su ocurrencia.
_ General… _ Susurró Guillermo con una sonrisa mientras lo observaba desplazarse por el prado a toda velocidad. Se volvió hacia mí y con la misma sonrisa me regaló delante de mi mejor amiga una confesión que arrasó con las dudas, los temores y ese extraño sentimiento de culpa que me había atormentado todo el viaje de regreso.  _Nunca imaginé que iba a encontrar en Medianoche el amor de mi vida y los mejores amigos que pudiera soñar.

Trepamos la escalera silenciosos y con mucha discreción. Llevábamos cervezas, chocolate y cigarrillos. Estábamos lejos, fuera del horario y los lugares permitidos para deambular, y como si todo eso fuera poco, nos acompañaba un profesor. Si nos descubrían era nuestro fin en Medianoche, pero valía la pena correr el riesgo.
Apenas cruzamos la puerta me apresuré a buscar una manta y como buen anfitrión la extendí sobre el piso frio y desierto de ese alejado rincón de la Academia, un lugar solitario, casi olvidado, que en primera apariencia podía parecer una bohardilla pero para nosotros dos era nuestro reinado.
No demoramos un minuto en sentarnos en corro y pusimos nuestro botín de guerra en el centro. Las cervezas, el chocolate y cigarrillos. Esa fue la primera noche que nos besamos en público, pero  no tuvimos demasiada dificultad ya que el público tampoco paraba de besarse.
Mientras las cervezas pasaban de mano en mano hablamos de todo un poco, de nuestros sueños, de los innumerables proyectos de vida que se tienen cuando uno es muy joven, y si bien todos estábamos pensando en Franco ninguno quiso tocar el tema. Nadie quería arruinar esa noche tan bella.
Miraba con adoración a Guillermo quien, sentado a mi lado, les contaba a Gabriela y a Beto como nos habíamos conocido aquella mañana en el bosque y di gracias al Cielo de que mis padres fueran tan obstinados cuando se les metía una idea en la cabeza. De no ser por esa terquedad, me hubiese perdido lo mejor que me había pasado en la vida. Guillermo…
_ Pobre Pedro, casi lo maté del susto que le di. Yo vi una figura detrás de él y corrí para protegerlo, pero por poco lo infarto. ¿O no mi amor?
Gaby y Beto escuchaban fascinados _ Nunca corrí tan rápido en toda mi vida. Imagínense que un tipo cubierto por una capa se te venga encima en la soledad de los bosques a la velocidad de un rayo. Casi me muero. _ Todos se rieron, más que por mis palabras por la expresión de mi rostro de solo recordar ese momento.
_ Pero creo que lo peor fue cuando finalmente pude alcanzarlo.
_ ¿Lo alcanzaste Guillermo? ¿Y qué pasó? _ preguntó Gaby atorándose con el  chocolate.
_ Me le tiré encima
Gaby y Beto nos miraban con los ojos desorbitados y sonrientes.
_ ¡No! ¡Jodeme! ¿Te le tiraste encima Guillermo? Pedro, ¿qué pensaste en ese momento?
Lo miré de la misma manera en que solía mirar el cielo. Recordar ese momento me hacía mucho bien en esa noche tan extraña y diferente a lo que habían sido mis noches anteriores en la Academia. Una noche de amigos.
_ Pensé que me iba a matar. ¡Pedazo de bruto! ¡Encima me tapaste la boca con la mano!
Él intentaba amortiguar sus carcajadas tapándose la boca, era evidente que recordar nuestro primer encuentro le hacía mucha gracia. _ Estaba tratando de protegerte, Pedro.
No pude ni quise contenerme, tampoco había motivos para hacerlo, estábamos con amigos. Me arrodillé detrás de él y rodeé su pecho vasto y fuerte con mis brazos. No podía dejar de sonreír, me sentía feliz.
_ Siempre me protegiste amor, desde ese primer día y a pesar del susto que me diste, fuiste y sos el ángel que le dio vida a mi vida. Te amo.
Guillermo apoyó sus brazos encima de los míos y meció sutilmente su cuerpo hamacándome junto a él. Su rostro pegado al mío y nuestras miradas atravesando la ventana. El cielo, las constelaciones, él y yo. Un mundo que nos pertenecía.
_ Fui, soy y siempre voy a ser el guardián de tu vida Pedro. Nunca voy a dejarte solo, cueste lo que cueste, pase lo que pase. Ningún precio es demasiado por vivir a tu lado. Yo también te amo.
Gaby y Beto quedaron como dos estatuas de sal. Enmudecidos y atónitos ante esa declaración de amor. Nos miraban conmovidos mientras nosotros seguíamos abrazados. 
En algunas horas volvería a amanecer, en algunos días tal vez nuevas dificultades que enfrentar, en algunos meses nuevos exámenes y en algunos años la vida. Esa vida diferente que yo había heredado y él estaba eligiendo por vivirla conmigo… Pero eso sería a partir de mañana.
Esa noche estábamos lejos de las miradas de la Academia, con amigos de ley, transgrediendo todas las reglas de Medianoche y mirando abrazados el terciopelo azul a través de la ventana.
Esa fue, sin duda alguna, otra de nuestras noches más bellas.

CONTINUARÁ

10 comentarios:

  1. Muy corto exijo un resarcimiento apúrate a escribir no tenes perdón igualmente estuvo muy bueno mara rosas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Señora, no exija. En todo caso escriba porque hace mucho que no lo hace. (¡Jajaja!) ¡Gracias Mara! Abrazo Guilledrista desde este lado del río.

      Eliminar
  2. Hermoso capítulo lkeno de amor y algunas revelaciones!!!

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias Valeria! Gracias por acompañarme en este viaje. Te quiero mucho pibita linda. ¡Besos y un abrazote Guilledrista!

      Eliminar
  3. Que lindo volver a leerlo. Hermosa historia! Gracias Sandra! Esperando el proximo ;) Besos Romina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a vos Romina... Gracias por tu ansiedad, por tu paciencia, por esperarme cuando se me complican los tiempos y por tu aliento incansable. ¡Abrazote inmenso y por siempre Guilledrista!

      Eliminar
  4. Por fin se deshicieron del malvado Franco! Cómo no iban a celebrar la paz recuperada? Pero yo creo que los padres deberían contarle la verdad a Pedro...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Evidentemente los padres de Pedro son buena gente, o buenos vampiros, y haber terminado con la vida de Franco les genera sentimientos encontrados, pero ya los superarán. En cuanto a decirle la verdad a Pedro, opino igual que vos. Tal vez estaban demasiado conmocionados para hablarlo esa noche, pero se lo van de decir en el momento justo.
      ¡Que lindo es verte por acá Guille! ¡Graciasssss!

      Eliminar
  5. Al fin mataron a Franco era hora costo pero se hizo justicia hermoso capítulo pero me quede con ganas de más.

    ResponderEliminar