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sábado, 8 de abril de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap. 16 - (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 16

La observaba en silencio bebiendo su café. No recordaba haber visto una mujer más bella en los cientos y cientos de años que tenía de vida.
_ Por lo visto se han tomado en serio tu amenaza Celia, ya va a ser mediodía y ninguno apareció por acá.
Parecía concentrada en la comida que estaba preparando, pero su mente se encontraba revuelta en un mar de confusiones. _ ¿De verdad crees que les importa que los amenace con un vaso de sangre? Adrián, lo único que esos cuatro quieren es estar a solas. Tal como lo anhelábamos nosotros cuando éramos así de jóvenes.
Dejó la taza de café sobre la mesada, caminó hacia ella con serenidad y pasando su brazo por su cintura le susurró al oído. _ No estás hablando en serio Celia. Nunca dejamos de anhelar estar a solas.
Siempre le pasaba lo mismo, volvía a tener veinte años cuando ella sonreía con ese pudor que lo encendía.
_ Adrián… no hagas que arruine al almuerzo.
La besó cándidamente en la mejilla. _ ¿En qué estás pensando? Vamos, te conozco, se que tu mente brillante está atrapada en alguna situación.
Ella bajó el fuego de la hornalla para no arruinar el almuerzo y lo miró directo a los ojos. _ Creo que tenemos que decirles la verdad.
Adiós romance, adiós adorada intimidad. _ Ya vamos a empezar a estar en desacuerdo una vez más.
_ Adrián, no pienso hablar sin tu consentimiento si es lo que te preocupa, pero nosotros dimos origen a una nueva orden junto con ellos. Prometimos no mentirnos, Guillermo hizo la confesión más difícil de su vida, no me siento bien ocultándoles lo que realmente pasó anoche.
Mi padre se separó de ella, caminó hacia la ventana y posó su mirada sobre el horizonte. En verdad, él tampoco se sentía a gusto ocultándoles la verdad, pero esa necesidad de proteger a su hijo era por momentos mucho más fuerte que los mandatos de su conciencia.
_ ¿Y qué les vamos a decir?
_ La verdad
_ ¿Qué matamos a Franco?
_ ¡Esa no es la verdad, Adrián! ¡Ya lo hablamos! Franco murió en un combate limpio y nunca quisimos que eso pasara.
_ ¡Pero pasó! Llenalo de poesía Celia, pero la verdad es que nosotros lo matamos.
_ Adrián, no hace falta que te recuerde los hechos uno por uno. Era él o éramos nosotros. Franco estaba decidido a llegar hasta el final.
_ ¡De acuerdo! De acuerdo… solo dame un motivo para que ellos lo tengan que saber.
Se acercó a él hasta quedar frente a frente. _ La desaparición de Franco va a levantar sospechas, no van a parar hasta descubrir la verdad, van a dar vuelta Medianoche de ser necesario y si ellos no saben la verdad, pueden llegar a traicionarnos sin saberlo. Además, una orden es una orden. Si no hay lealtad entre los miembros, nunca lograremos sobrevivir.
No había como rebatir ese argumento. _ Está bien Celia, se lo vamos a decir.
No estaba contento, pero al menos estaba convencido. No era poco.

Llegamos justo a tiempo, la mesa ya estaba servida y la comida en su punto. Nos veíamos sonrientes, todo parecía estar en su lugar salvo esa palidez en mi rostro producto de lo que Guillermo acababa de pedirme y que no pasó desapercibida para mi madre. _ ¿Pedro te sentís bien?
_ Si, si… Estoy bien mamá. _ Estaba seguro que no había podido engañarla.
_ Entonces lávense las manos y siéntese a la mesa. La comida está lista.
Pero se quedó mirándome, por algo me había tenido en sus entrañas.

El almuerzo transcurrió de manera agradable, no había nada mejor que una comida en familia para contrarrestar lo que significaba estar en Medianoche. Un recreo, un relax con calor de hogar. Pero una vez que cruzamos los utensilios sobre los platos, lo inevitable cayó sobre la mesa. Franco.
_ Camila está desesperada por saber que le pasó _ dijo Gaby inocentemente. _ Si, esta mañana irrumpió en el cuarto para preguntarnos a Marcial y a mí si lo habíamos visto.
_ Y cuando bajamos la escalera, vimos a un grupo de los legítimos hablando de su desaparición. ¿Creen que se va a poner en contacto con ellos antes de marcharse? _ Gaby volvía a verse vulnerable ante la sola idea de que Franco regresara a Medianoche.
_ No _ dijo mi madre de manera terminante mientras comenzaba a recoger los platos. _ Franco ya no se va a poner en contacto con nadie, nunca más.
Sus palabras nos dejaron enmudecidos. Los cuatro la seguimos con la vista sin atrevernos a preguntar.
_ Muchachos, Celia y yo tenemos algo que decirles. Traigo café para todos y seguimos hablando. _ Se levantó de la mesa claramente incómodo y ninguno de los seis dijo una palabra más hasta que volvimos a estar alrededor de la mesa bebiendo café.

_ ¿Entonces… está muerto?
_ Si Pedro. _ No se me escapó el detalle de la sombra en su mirada, mi madre era una mujer fuerte, pero sin duda esto la había afectado. _ Franco está muerto y enterrado.
No hubo comentarios, todos escuchamos callados y prudentes el relato de los hechos con el aire contenido en los pulmones, hasta que gracias a Dios, Guillermo encontró las palabras justas para romper aquel silencio que se había vuelto tan incómodo.
_ Cuanto lo siento… Adrián, Celia… Es inevitable verlos conmovidos, pero deben saber que respondieron a su provocación constante y a su amenaza como padres, no como vampiros. Esto no fue lo que quisieron hacer sino lo que les tocó hacer para resguardar no solo la vida de Pedro, sino la de todos nosotros y seguramente la de muchos alumnos humanos que habitan Medianoche. Franco estaba enceguecido, vivía sediento de sangre humana para detener el paso del tiempo. No quería envejecer ni siquiera a largo plazo, nunca se unió al pacto, ni siquiera supo hacerse de amigos verdaderos. Creo que solo Camila lo extraña y por algo que aun desconocemos. La verdad es que Franco nunca sintió respeto por la vida, ni por la suya ni por la de nadie. No me gustaría estar en su lugar, pero creo que hicieron lo que pudieron. No se sientan mal por eso.
Gaby había tomado la mano de mi madre entre las suyas en un gesto que intentaba darle aliento y decirle cuanto la comprendía. _ Estoy de acuerdo con Guillermo, hicieron lo que él los obligó a hacer.
_ Yo también los entiendo, ustedes son buena gente, no debe ser fácil pasar por esto… pero si me permiten mi opinión _ Beto y su sinceridad _ me alegro de que esté muerto. ¡Ese malnacido no servía para nada, salvo para hacer daño! Si existe un Dios, que lo tenga donde pueda, pero sobre todo que no lo suelte nunca más.
No pude evitar la sonrisa de satisfacción que tampoco logré ahogar a tiempo para no ofender el sentimiento de culpa de mis padres. Al fin y al cabo, solo tenía dieciocho años y me faltaba saber mucho de la vida. Me miraron los dos al mismo tiempo y más que avergonzado me sentí ante un pelotón de fusilamiento.  
_ Pedro… ¿te estás riendo?
La palidez se había esfumado de mi rostro que ahora se veía enrojecido.
_ Perdón… no me estoy riendo de que Franco esté muerto, las palabras de Beto me causaron gracia. Eso es todo. Perdón… _ No había forma de que me sacaran los ojos de encima. _ ¡Perdón! Ya dije que lo siento.
Sentí la mano de Guillermo presionado la mía, a él no podía esconderle nada, estaba que saltaba de alegría por habernos liberado de esa lacra y como de costumbre, volvió a interrumpir el silencio para hacer del momento algo más interesante con esa sabiduría que lo destacaba.
_ Debo confesar que para mí también es un alivio saber que no vamos a tener que protegernos de Franco nunca más, pero esto es serio. Muy serio. Grave, diría. Esto no puede saberse nunca. ¡Nunca! _ Y recién ahí comprendí el peligro que corrían mis padres. _  Ahora mismo y funcionando como una verdadera orden, vamos a decidir entre todos que va a decir cada uno de nosotros. Hipótesis cruzadas, presunciones inciertas, conjeturas mal sacadas, sospechas infundadas… todo lo que sea necesario para despistar a toda Medianoche. No podemos correr el riego que alguien asocie la desaparición de Franco con Celia y con Adrián.
Mi padre se quedó mirándolo con admiración. _ No había pensado en eso. Gracias Guillermo. Lo vamos a hacer tal cual acabás de plantearlo.
Y así lo hicimos. Cada uno repasó el guión que desviaría las sospechas mucho más allá de la verdad.

Estuvimos toda la tarde esperando a que la señora Bethany nos reuniera en el vestíbulo para darnos o pedirnos alguna explicación, pero eso nunca sucedió.
Aquella noche y de muto acuerdo, quedamos con Marcial que mientras él salía por la ventana en busca de alguna ardilla, yo me escabulliría de nuestra habitación para encontrarme con Guillermo. Para ese entonces ya nos habíamos dado cuenta que las cámaras de seguridad eran solo aparatejos montados para intimidarnos, pero que no funcionaban como tales. Si no, ya nos habrían expulsado de Medianoche. No eran pocas las veces que ignorando el toque de queda, el alumnado más audaz deambulaba por los pasillos.
_ Y no te olvides que tenemos una charla pendiente Pedro _ Me había dicho a punto de saltar la ventana.
Como olvidarlo. _ Andá a divertirte de una vez, y sobre todo… dejame hacer lo mismo.
Me miró con picardía. _ Lamentablemente, no vamos a hacer lo mismo amigo. Yo voy a tratar de cazar alguna ardilla, en cambio vos ya cazaste la mejor presa de Medianoche.
Nos reímos juntos, nos dimos la mano y cada uno salió detrás de su objetivo.

Unos minutos después acabé merodeando por la escalera de la torre que llevaba a nuestro lugar, la de las ventanitas estrechas que permitían la mejor vista de toda la Academia. No vi a Guillermo por ahí, pero me quedé en la mitad de la escalera, esperándolo en la oscuridad y observando el paisaje.
_ ¿Preocupado Beggio? Debería tranquilizarse, creo que la policía no vendrá. No al menos esta noche.
Aparté la cabeza de la ventana y lo vi unos escalones más abajo. Vestía la versión negra del uniforme y su silueta se recortaba con nitidez contra la luz del vestíbulo. No podía ver su cara, solo el contorno que trazaba su figura en ese juego de luces y sombras. Sus hombros anchos, ese modo atrevido y seductor de apoyarse contra la pared de piedra y el timbre de su voz.  Debo reconocer que todos mis temores se hicieron humo ante el deseo.
Subió los escalones que nos separaban a su estilo. Sereno, impertérrito y callado. Solo me tomó de la mano y tiró de mí mientras seguía ascendiendo. En ese momento recordé la noche que había salvado a Gaby del ataque de Franco a orillas del rio en Riverton. Ya no podía sentir el suelo debajo de mis pies, me sentía levitando de pasión y consciente que lo seguiría a donde fuera por el resto de mi vida.

Lo escuchaba jadear como si el sonido viniera desde muy lejos. Abrí los ojos y lo miré, estaba arrodillado sobre él. La penumbra lo volvía aun más hermoso. Presionó mi cadera con sus manos, esa fuerza que lo caracterizaba y el contacto de su piel me hicieron gemir mientras todo mi cuerpo se arqueaba hacia atrás. Tomó mi cabello a la altura de la nuca y lo presionó dejándome en un delirio de hambre, sed y necesidad de su cuerpo.
Lentamente me dio vuelta y me penetró con suavidad. Como jugando a descubrirnos sin apuro, disfrutando cada momento. Era la segunda vez que hacíamos el amor y aprisionado entre el edredón y su cuerpo, tomé la decisión que él tanto esperaba. Iba a convertirlo en uno de los míos porque no podía soportar la idea de seguir viviendo sin sentirlo dentro de mí.
El silencio se volvió música cuando él dejó salir un grito callado y aceleró sus movimientos.  Poco a poco, sus movimiento se volvieron compulsivos y su voz se ahogó en un bramido que amenazaba con llegar. Yo también empecé a moverme con más fuerza hasta que nuestros ritmos se acoplaron.
El corazón se aceleró cuando me atrajo contra su cuerpo, sentí su lengua recorriendo la parte alta de mi espalda y la base de mi cuello. Disfruté de su aroma, de sus gemidos y de su potestad, hasta tomar conciencia que lo único importante que me había pasado en la vida fue conocerlo.
Cerré los ojos y me entregué totalmente hasta sentir sus espasmos finales. Me fui con él en el grito ahogado del silencio, el alivio de la lluvia en un día de verano y el desahogo de cada parte de mi cuerpo.
Me rozó suavemente con el filo de sus dientes y nos quedamos largo tiempo abrazados, en silencio y evidentemente emocionados.

Aquella mañana volví a salvarme del acoso de Marcial solo porque los dos nos habíamos dormido muy tarde y contábamos con el tiempo justo para desayunar a toda prisa mientras nos vestíamos para ir a clase.
_ ¡Pedro! ¡Pedro! ¿Sabés que algún día el universo va a dejar de favorecerte y vas a tener que contármelo todo? _ Me dijo mientras se enfundaba en su uniforme.
_ Si, lo sé. Pero ese día no es precisamente hoy. ¡Estamos retrasadísimos! ¡Dale apurate!
Bajamos la escalera de piedra a toda velocidad y cada uno corrió hacia su aula.

¡Qué difícil era concentrarse en las clases con el perfume de Guillermo aún sobre mi piel y sobre todo, pensando en lo que me había pedido! Ni bien llegó el descanso de mediodía salí a caminar por los prados esperando encontrarme con Gaby, con Beto o porque no con él. Pero el destino tenía otros planes para mí.
No era precisamente una de las personas que más me agradaban de Medianoche, pero la tristeza en sus ojos y ese cuerpo tan delgado sobre el césped captaron mi atención. No era la misma Camila que había conocido, se abrazaba a sus piernas a punto de hacerse un ovillo. Estaba más pálida que nunca y con la mirada perdida en los terrenos ajenos a Medianoche.  Nunca sabré porque me acerqué a ella, no fue mi cerebro el que tomó la decisión, sino la parte humana que vivía dentro de mí.
_ Camila…
Me miró sin verme. Estaba en otro lugar. _ Hola _ me respondió automáticamente. Era evidente que yo no era una realidad sino un reflejo impensado de su evasión.
_ ¿Puedo sentarme?
Afirmó de la misma manera en que me había mirado, más por instinto que por convencimiento.
_ ¿Te molesta si te pregunto que mirás con tanta atención?
_ La distancia _  respondió con la voz apagada, como si no quedara en ella un solo destello de vida.
Realmente dudé mucho antes de seguir preguntando, estaba enajenada y me pesaba en la consciencia seguir interrogándola, pero a pesar de lo malvada que podía ser, la vi mal y quise ayudarla. _ ¿Qué buscás en la distancia Camila?
Esta vez sí que se quebró. Se me partió el alma cuando vi sus ojos anegarse en lágrimas que finalmente terminaron inundando sus mejillas _ A Franco.
Ahora sí que me había puesto, sin saberlo, una estocada que me dejó cabizbajo y pensativo.  _ Camila, Franco no va a volver.
_ ¿Y vos qué sabés? _ apenas si le quedaban fuerzas para enfrentarme, pero a pesar de todo lo estaba haciendo. La idea de quedarse sin Franco le otorgaba en compensación ráfagas de energía que usaba como podía. _ Yo se que él va a venir a buscarme, nunca me dejaría sola.
_ Camila, tal vez…
_ ¡No! _ me dijo mirándome a los ojos. Por primera vez estaba haciendo contacto. _ Vos sos muy nuevito, no tenés la menor idea de cómo funciona esto. Incluso tus padres aún están  vivos… No Pedro, no te atrevas a opinar de esto. Te juro que no tenés la menor idea de lo que estamos hablando.
_ Bueno, tengo todo el tiempo de mundo. Podés contarme si querés.
_ ¿Y por qué debería confiar en vos? _ se comportaba como un animal herido, necesitaba ayuda pero estaba muerta de miedo.
_ Porque por lo que puedo ver, soy el único al que le interesa lo que te pasa.
Debió haberlo meditado solo segundos, arrancó un puñadito de césped del prado y mientras jugueteaba con los hilos de hierbas silvestres empezó a hablar.
_ Me transformé la noche de mi primer baile…. Mejor dicho, me transformaron_ dijo con dolor _ Esperaba ese baile con inocencia y ansiedad, iba a ser presentada en sociedad. Iba a tener la posibilidad de encontrar un buen pretendiente, de casarme, de tener hijos, de formar un hogar… pero en lugar de todos esos sueños, me encontré con el martirio.
Ya había captado toda mi atención y nada podría lograr que diera por terminada esa charla que recién comenzaba. Con la vista fija en algo inexistente ella siguió hablando.
_ En esos tiempos nadie hablaba de vampiros, pero ellos ya existían y faltaban muchos años para que se promulgara el pacto. Buscaban jovencitas en los bailes sociales para unirlas a su legión y para convertirlas en esclavas…_ Las lágrimas cubrían su rostro por completo, se la veía abatida y perdida entre tantos recuerdos _ Esclavas sexuales, éramos la misma codicia de los dioses ante ellos, sabían que después de convertirnos haríamos lo que fuera por un poco de sangre.
La piedad me abrazó como si de pronto hubiese tomado cuerpo y forma
_ Camila,  lo siento. Nunca había oído hablar de esos tiempos.
_ Te falta tanto para saber la verdad Pedro, es por eso que sos tan bueno, tan cándido… Ojalá tengas un mejor destino. Vos sos vampiro de nacimiento, nadie te transformó. Cuando diste tu primera mordida lo único que lograste cambiar fue el paso del tiempo, lo retrasaste. Pero ser transformado no es lo mismo, puede traer muchos defectos indeseados. _ Esas palabras me hicieron pensar en lo que Guillermo me había pedido, en que lo transformara en uno de los nuestros. No tenía idea que pudieran existir esos “efectos indeseados” a los que Camila acababa de referirse. _ Fijate en lo que te voy a decir… Marcial es un caballero, Balthazar ni que hablar, pero Franco no. Franco está resentido por la forma en que lo transformaron. Fue muy poco antes que a mí.
Sus ojos evadieron las fronteras del tiempo y volvieron a estar en ese baile que le había arrebatado la vida.
_ Cuando aquel hombre se acercó para invitarme a bailar, me sentí la joven más beneficiada de la noche. No solo era muy apuesto, sino terriblemente seductor. No sé, no puedo recordar cuanto tiempo bailamos, pero sus palabras y el timbre de su voz eran terriblemente cautivantes. Deseaba con ansias que me invitara a pasear por los jardines, en esos tiempos, eso resaltaba un interés especial que en general conducía al noviazgo y luego al casamiento. Hasta que finalmente lo hizo… y yo accedí feliz. Me  sentía bendecida. _ Hizo una pausa involuntaria, la cercanía de esos recuerdos siniestros acababan de cortarle la respiración. _ Si lo hubiese sabido, si al menos lo hubiese sospechado… pero nunca había oído hablar de vampiros. Me dejé conducir por la penumbra de los jardines sintiéndome una privilegiada, pero que equivocada estaba… No era la privilegiada, era la elegida. Cuando se paró detrás de mí rodeando mi cintura, pensé en muchas cosas. Que iba a proponerme que siguiéramos viéndonos, que iba a decirme que yo le gustaba, que quería conocer a mis padres, que pensaba como yo, en un futuro juntos. Pero nada de eso fue real. _ Esta vez se detuvo voluntariamente. Detuvo su relato y me miró a los ojos. _ Nunca voy a poder olvidar el dolor que repentinamente atravesó todo mi cuerpo cuando sus colmillos se hundieron en mi cuello, fue tan inesperado y punzante que me desmayé.
_ Camila… No sé qué decir. ¡Cuánto lo siento! Es horrible lo que me estás contando.  _ Estaba siendo totalmente sincero. Había sido víctima de una crueldad que le había arrebatado los sueños, la juventud y la vida.
_ Cuando me desperté, ya no era la misma jovencita que había asistido a un baile con sus sueños aprisionados contra el pecho. Ya era otra. Los recuerdos aparecían como en medio de una nebulosa, no sabía bien quién era, donde había vivido, ni donde estaba mi hogar. Pero era joven y fuerte, por eso logré sobrevivir. Desperté en un lugar desconocido, entre hombres y mujeres que jamás había visto e hice todo lo que me ordenaron durante algunos días. Dejé que pensaran que estaba conforme ahí con ellos, pero lo único que tuve en claro desde que desperté, era que no quería pertenecer a ese lugar. Pronto se dieron cuenta que mi juventud y mi belleza eran el mejor señuelo que tenían, por eso me exigieron asistir a otros bailes sociales obligándome a beber de un hombre a otro para poder apresarlos con facilidad y de esa manera aumentar su séquito. Lo que nunca sospecharon fue que mientras ellos creían que estaban utilizándome, era yo la quien los utilizaba a ellos. No era la autómata que creían haber creado, poco a poco había vuelto a pensar con claridad y solo pensaba en escapar. Fue en uno de esos bailes donde conocí a Franco. Él pertenecía a otra hermandad y estaban ahí con el mismo propósito que ellos, encontrar más víctimas de su maldad. Con ver solo como se observaban desde lejos se podía comprender la seriedad de la situación. Me ofrecí como anzuelo, si bien no lo conocía, Franco no me inspiraba el mismo asco que ellos. Ellos habían mutilado mi vida, él no me había hecho ningún daño. _ Esta vez sonrió con la satisfacción que deja la venganza. _ Los vendí. Los entregué a la orden de Franco. Ayudé a que los encerraran con falsos mensajes, me deleité viendo como los asesinaban uno tras otro y después huí con él. El hecho de haber sido la causante  de semejante triunfo me escalafonó muy bien en la orden de Franco. Ahí fui tratada como una señora, tuve voz, voto y el respeto de todos. No volví a ser la esclava sexual de nadie, ninguno se atrevió a meterse conmigo, había logrado cierta inmunidad. Con Franco recorrí el mundo, y más allá de todo lo que había perdido, recuperé ciertas cosas. La integridad, la paz, la sonrisa… y con el paso de los días también logré recuperar la alegría. Franco siempre fue muy bueno conmigo y me puso en un lugar de privilegio. Desde aquel día, nunca nos separamos. Es devoción lo que siento por él, porque fue el único que a pesar de su condición de vampiro, me salvó del infierno en el que había despertado el día siguiente a mi transformación.
Estaba impactado, pero aún había algo que no cerraba en su relato.
_ Camila, no quiero importunarte con mis dudas, pero si desde aquella noche nunca te separaste de Franco, ¿cómo es que acá hay muchos alumnos que dicen conocerte de diferentes lugares pero no conocían a Franco?
_ En cada uno de esos lugares estuvimos juntos, pero no siempre hacíamos las mismas cosas. Tal vez estés pensando que fuimos una pareja, algo así como novios, pero no. Nunca dormí con Franco. Desde que tomé la decisión de entregar a su orden a esos malditos que me habían transformado, para él fui como una hermana. Y él fue lo mismo para mí. Recorríamos el mundo juntos, pero él tenía sus cosas, y yo las mías. Siempre respetamos esa distancia porque el uno pasó a ser para el otro lo que habíamos perdido para siempre, la familia. _ Y en ese mismo instante volvió a quebrarse.
_ ¿Nunca más volviste a ver a tus padres?
Alzó el mentón, volvía a ser la misma Camila arrogante y altanera, su manera de protegerse. _ ¿Y para qué? ¿Para provocarles más dolor? Habían perdido a su hija para siempre la misma noche que esos malditos demonios me robaron la vida, yo ya no era la misma jovencita que vieron prepararse candorosamente para el primer baile en sociedad, yo ya era un monstruo que necesitaba beber sangre cada día para mantenerse viva. Lo mejor fue dejar que me pensaran muerta, de todos modos, no había mucha diferencia.
En ese momento comprendí porque algunos vampiros eran tan impiadosos y crueles, respondían a lo que les habían hecho. Los habían matado en vida y sin el beneficio de encontrar la muerte a modo de recompensa y liberación.
_ Pero, perdón por la pregunta… _ ya no sabía cómo seguir investigando sin irritarla _ ¿Vos te uniste o no te uniste al pacto?
_ Si lo hice. Lo hice inmediatamente. ¿En qué cabeza cabe querer llevar esta vida para siempre? La verdad es que no veo la hora de que esta pesadilla termine de una vez, mis padres están muertos y cada día se vuelve más necesario unirme a ellos. Yo también deseo morir algún día Pedro, ya no soporto más este infierno.
_ ¿Y cómo tomó Franco tu decisión?
_ Al principio se puso furioso, me trató de traidora, no podía aceptar que con el paso de los años algún día terminaría abandonándolo, pero no logró convencerme de lo contrario. Me castigó con su ausencia, ese fue el año que conocí a Balthazar y por eso me apegué tanto a él. Después de haber sido abusada sexualmente tanto por hombres como por mujeres dentro de la orden que me había convertido es “esto” _ dijo con resignación y tristeza _ el sexo nunca fue algo que me interesara, pero con Balthazar fue diferente, él es un caballero y siempre supo tratarme bien. Hubo noches en las que estando entre sus brazos volví a sentirme viva y hasta pude ser feliz.
Un cosquilleo me recorrió el vientre, sabía que estaba enamorado de Guillermo, pero no podía dejar de reconocer que Balthazar era endemoniadamente apuesto. Aparté la imagen de estar entre sus brazos al instante y seguí con el tema que veníamos hablando. _  ¿Y cómo fue que Franco y vos volvieron a encontrarse?
_ Hasta los vampiros necesitamos contar con alguien y Franco no era la excepción. Apareció una noche como si nada hubiera pasado y no fue necesario intercambiar muchas palabras para saber que pese a no estar de acuerdo, había aceptado mi decisión. Volvimos a ser los mismos hermanos incondicionales de siempre y nunca más tocamos el tema. _ Me miró a los ojos, parecía estar aliviada. _ ¿Demasiado descabellado mi relato Beggio?
Le sonreí intentando colaborar con ese paliativo que significaba para ella haberse abierto conmigo.  _ Algo, pero ahora te entiendo más que antes. Valió la pena tener esta charla. ¿O no?
Suspiró largamente _ Si, supongo que sí.
_ Camila _ no sabía cómo hacerlo, pero quería ayudarla _ ¿Qué vas a hacer si Franco no vuelve?
Mi quitó la vista de encima y se volvió a encerrar en si misma mirando la nada. _ Él va a volver Pedro… Él va a volver.
Me puse de pie y después de apretar su hombro como quien da el más sentido pésame en respetuoso silencio, me alejé de ella.
Franco estaba muerto. Yo lo sabía, y ella… aunque se negara a aceptarlo, también. Pero ya había vuelto a su mundo, a salvo de tener que recordar su horrible pasado y se volvió a perder en los terrenos que rodeaban Medianoche.

Las palabras de Camila me habían dejado repasando interiormente la idea de convertir a Guillermo. ¿A qué se refería precisamente? ¿Acaso una tercera mordida podía convertirlo en un monstruo? ¿Y si después de convertirlo lo perdía para siempre? Para ese momento ya era consciente que no podía preguntar sin levantar sospechas, entonces me dirigí a la biblioteca en busca de información. Guillermo me había pedido que lo transformara en uno de los nuestros, pero no iba a hacerlo hasta estar convencido que era lo mejor para los dos y que el hecho no iba a tener consecuencias desagradables sobre él.
Lo único que encontré no me sirvió de nada, solo novelas y los mismos estudios que ya habíamos visto en clase, por lo visto ningún vampiro había escrito un libro sobre vampiros, estaba solo ante semejante decisión.

Con el pasar de los días, las cosas volvieron a la normalidad. Ya casi nadie en Medianoche hablaba de Franco, todos habían dado por hecho que había huido, menos Camila que seguía esperándolo.
Una tarde me acerqué a Balthazar, hacía tiempo que no hablábamos más que cosas aisladas e intrascendentes al pasar. Yo sabía que lo estaba evadiendo, pero era guapísimo y ese fue el único modo que encontré para no confundirlo, ni confundirme. 
_ Hola _ Le dije al acercarme.
_ ¡Pedro, que sorpresa! _ Me extendió su mano y yo la estreché con recelo. Estar cerca de él me ponía nervioso, sabía lo que sentía por mí. Sus ojos evasivos pero certeros me lo habían hecho saber a la perfección en todo ese tiempo que estuvimos casi sin hablarnos.
_ Vine a pedirte algo que después de exteriorizarlo, voy a dejar a tu criterio.
_ ¡Uy! ¡Cuánto misterio se deja entrever en tus palabras Pedro! A ver, decime. ¿Me tengo que poner contento?
Sabía que no me era indiferente y jugaba su juego, dueño de no pocos encantos, hizo uso de cada uno de ellos al hablarme, incluso de su lenguaje corporal que manejaba como los dioses.
De no haber existido Guillermo Graziani, estaría comiendo de su mano, pero Guillermo existía y a pesar de lo que Balthazar me provocaba se interponía entre nosotros como una transparencia que ni un humano ni un vampiro podría superar.  Su presencia entre él y yo era algo de lo cual los dos estábamos conscientes, ni falta hacía mencionarlo, y él lo supo… por eso retrocedió. 
_ Te escucho Pedro _ dijo ya sin juegos eróticos en el medio. Sabía que era una batalla perdida.
_ Vine a hablarte de Camila.
Puso los ojos en blanco como clara señal de decepción. _ Camila… ¿Qué pasa con ella?
_ Desde que Franco desapareció está muy triste.
_ Si, lo sé. ¿Pero qué puedo hacer yo por ella?
_ No sé, tal vez integrarla a tu grupo de amigos. Darle participación en algo, está muy sola…
_ Es lo que se buscó.
_ Lo sé, pero también se con quien estoy hablando. Sos un gran tipo Balthazar.
_ Pedro, no es que no quiera hacer algo por ella, pero después eso la confunde, cree que tenemos algo y la verdad es que nunca tuvimos nada. Tener sexo con alguien no es siempre tener un vínculo.
_ No te estoy pidiendo que te acuestes con ella, solo te estoy pidiendo que la ayuden entre todos para que no se confunda más de lo que está. Se siente muy sola sin Franco, está cada día más pálida y más triste, se pasa horas mirando el horizonte esperando verlo volver.
Me examinó de la cabeza a los pies, me recorrió con sus ojos de un modo escalofriante. _ Qué suerte tiene Guillermo Graziani, sos la mejor persona que conocí en mi vida Pedro. Vos interesándote por el bienestar de Camila que te volvió loco desde que puso un pié en Medianoche.
Ni en sueños iba a contarle lo que ella le había confesado. Nunca traicionaría su confianza. _ Todos nos merecemos un poco de contención Balthazar.
_ No te prometo nada, pero voy a ver qué puedo hacer por ella.
Le sonreí e inmediatamente supe que había cometido un gran error, toda su energía me envolvió y tuve la necesidad de huir lo antes posible de su presencia. _ Gracias _ Le dije y me marché.
Me permitió irme sin oponer resistencia porque nunca dejaría de ser un caballero, pero aun a cierta distancia podía sentir sus ojos clavados sobre mi cuerpo y eso ya no me estaba gustando.

Hoy que han pasado muchos años debo reconocer que siempre fui un vampiro diferente, a pesar de mi naturaleza yo creía en Dios, tal vez por eso esa tarde intervino a mi favor.
Los ojos de Balthazar nunca me habían hecho sentir tan incómodo, me sentía como si a su manera hubiese logrado desnudarme sin mi consentimiento. Antes se contentaba con cortejarme, pero ahora intentaba seducirme abiertamente.  Caminé cabizbajo y pensativo por los prados bajo los últimos rayos de sol con las manos en los bolsillos, deambulaba ensimismado cuando me choqué contra un cuerpo tan compacto que me hizo retroceder varios pasos. Levanté la vista algo irritado, pero verlo fue el remedio instantáneo para mi mal.
_Guillermo… _ sonreí al verlo
Me miraba con una picardía que hacía evidente que al verme tan absorto en mis pensamientos había provocado el choque con toda la intención. Recorrió con los ojos el perímetro que nos rodeaba para saber hasta dónde podía llegar, pero aún había varios alumnos merodeando por los prados.
_ ¿Se puede saber que tiene a mi novio tan preocupado que ni siquiera me vio venir?
_ No tengo nada que esconderte, se trata de Camila
Me miró más asombrado que Balthazar _ ¿Y desde cuando te importa Camila?
_ Desde que se abrió conmigo y me contó toda su historia _ Con él era diferente, a él no iba a ocultarle nada, nunca.
Escudriñó mis pensamientos y yo le permití hacerlo, no quería secretos entre nosotros. _ Si… siento tu tristeza, que si no me equivoco, es la suya.
_ Su historia es muy triste Guillermo
_ Como la de casi todos los vampiros, pero eso no justifica las actitudes que suelen tener con los humanos Pedro, nunca te olvides de eso. Ellos descargan sobre los humanos la ira que sienten por lo que le hicieron otros vampiros, por eso se ganan tantos enemigos. _ Sabio como siempre, había dicho las palabras exactas.
_ Lo sé, pero igual me dio pena, por eso fui a hablar con Balthazar. _ No me hizo falta mirarlo, la tensión en su cuerpo me adelantó lo que se venía y traté de amortiguar el impacto con palabras olvidando que él podía ver todo lo que pasaba por mi mente. _ Fui a pedirle que la ayuden, él y su grupo, que la integren, que no la dejen sola, que traten de hacer algo por ella.
Sus brazos abandonaron el deseo de tocarme, lo noté inmediatamente, los cruzó sobre su pecho y permaneció en silencio. Sabía que estaba diciéndole la verdad, pero no toda. _ ¿Y qué más Pedro? _ Su voz ya no era la misma, esa voz me asustaba. Entonces levanté mis ojos hacia los suyos para que pudiera verlo todo por sí mismo, mi voz podría mentirle, pero mis pensamientos no. Le permití ver cada momento, cada instancia, mis luchas internas. No quería perderlo y para eso tenía que jugar con la verdad. Permití que viera la atracción que Balthazar ejercía sobre mí, pero también como mi corazón, mi alma, mi cuerpo y mi mente seguirían eligiéndolo a él hasta el final de los días.
Respiré profundamente y sin quitar mis ojos de los suyos, volví a entregarme a él. Sé que pudo ver en la trasparencia de mis pupilas su propia transparencia, la que se había interpuesto entre Balthazar y yo, y poder asegurarse que así como lo había elegido unos minutos atrás lo iba a elegir por el resto de mi vida.
Permanecía inmóvil ante mí, sus ojos me atravesaban con tanta fuerza que sentí que me iba a desvanecer, pero encontré la serenidad que necesitaba para enfrentarlos. No tenía nada que esconder. Y cuando creí que todo iba a terminar en una crisis, en una escena de celos, en una discusión sin sentido, me besó. Sí, me besó en medio de los prados aun transitados por alumnos.
_ Ahora entiendo porque estabas tan pensativo… Ese gigante musculoso cree que puede hacerte dudar de esto, de lo nuestro.
_ Guillermo yo…
_ No Pedro, no sos vos el que tiene que preocuparse, sino él.
_ ¡Guillermo que vas a hacer!
_ ¿Con él? _ se rió _ Con él absolutamente nada, por ahora y mientras se mantenga en su lugar. _ Me acarició con tanta ternura que me hizo tiritar más que el viento frío de Medianoche _ Lo que tengo que hacer lo tengo que hacer con vos. _ No hicieron falta más explicaciones, pude ver en sus ojos la determinación con la que iba a defender nuestro amor. _ Vení Pedro, seguime... Yo sé como limpiar esa blasfemia que dejaron sus ojos sobre tu piel.
Me tomé de su mano y lo seguí a ciegas, sin duda alguna era él y solo él quien podía quitar de mi cuerpo sensaciones que no le pertenecían para darle lugar a las nuestras, las auténticas, las reales, las que seguirían llevándome al cielo todos los días que me quedaran de vida.
Atravesamos el prado, cruzamos el vestíbulo y trepamos la vieja escalera de piedra sin detenernos. Solo cuando estuvimos frente a la puerta de ese lugar sagrado y nuestro interrumpimos nuestro andar para mirarnos a los ojos. Los últimos rayos de luz atravesaban las ventanas del pasillo y se reflejaban en los herrajes antiguos que ornamentaban la entrada a nuestro refugio.
_ Pedro… ¿Estás seguro que querés seguir adelante con esto? _ La fuerza que había visto en su mirada amenazaba con haberse esfumado por el camino. _Balthazar es mucho más joven, es vampiro, todo sería mucho más fácil si estás con él… Conmigo… Conmigo la vida va a ser un campo de batalla y no sé si quiero eso para vos.
Éramos la pareja prefecta hasta en eso, cuando uno se debilitaba el otro se volvía más fuerte. _ Nunca dije que estuviera buscando el camino más fácil y creo que dejé en claro que no me asustan los campos de batalla, lo único que realmente me atormenta, es pasar un solo día sin vos. Yo te amo Guillermo. Ya te elegí y no habrá nada que me haga cambiar de opinión. Así que no me asustes con esos miedos que se reflejan en tus ojos, abrí la puerta y por esta noche olvidate de todas nuestras diferencias… Abrí esa puerta de una vez y dejame que te muestre las constelaciones que soy capaz de crear sobre tu piel.
El sonido de la llave al girar dentro de la rancia cerradura y el chirrear de las bisagras gastadas fueron la renovación de votos que los dos necesitábamos. Recordar esos primeros tiempos me llena de ternura, todavía nos faltaba un largo camino que recorrer, pero hasta el momento veníamos haciéndolo bastante bien.
Guillermo trabó la puerta por dentro mientras yo desplegaba una vieja manta sobre el piso. A solas, casi a oscuras y escondidos en ese lugar de Medianoche que ya se había convertido en nuestro refugio volvimos a amarnos. Me hundí en su cuerpo, pegué mi corazón al suyo para acoplar nuestros latidos, y me permití indagar sus sentidos hasta poder comprender cada uno de sus temores. Dejé mi raciocinio junto a la ropa amontonada sobre el piso para amarlo salvajemente, como un ser que ha renunciado a su intelecto para volverse solo carne, piel y cuerpo. Para amarlo hasta que las caricias comenzaron a quemar, para entregarse hasta que el silencio de la madrugada nos indicó que era hora de volver a nuestros cuartos. Él con Beto, yo con Marcial, pero cada uno con el perfume del otro sobre su piel. Eso ya no era una simple elección, nuestro amor estaba dictado y marcado por el destino. Estaba escrito. Cada noche, fuera del modo que fuera, sería la noche más bella si estábamos juntos.

CONTINUARÁ.

5 comentarios:

  1. Me volví a perder en sus palabras y supe que la ficción siempre le ganaría a la triste realidad. GRACIAS GUILLERMINA PEDRIS
    MARA ROSAS

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    1. GRACIAS MARA POR HABERTE TOMADO EL TIEMPO PARA DEJAR UN COMENTARIO ACÁ, EN NUESTRO BLOG. SOLO DIOS SABE CUANTO ME ALEGRA HABERTE EXTRAÍDO AUNQUE SOLO FUERA UN RATITO DE LA TRISTE REALIDAD PARA HACERTE VOLAR JUNTO CONMIGO EN ESTA FICS EXTRAÑA Y POLÉMICA, PERO ESCRITA CON TODO EL CARIÑO DEL MUNDO POR Y PARA NUESTRA TRINCHERA GUILLEDRISTA. UN ABRAZO DESDE ESTE LADO DEL RIO.

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  2. MUCHÍSIMAS GRACIAS A TODOS LOS COMENTARIOS DEJADOS EN LA PÁGINA DE FACE. LO QUE LAMENTO EN EL ALMA ES QUE A ESOS SE LOS LLEVA EL VIENTO Y NUNCA SE PERPETUARÁN COMO LOS QUE DEJAMOS EN EL BLOG. ¡BESOSATODOS Y GRACIAS!

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  3. Respuestas
    1. ¡Gracias Valeria! Una gran compañera de aventuras... gracias amiga! Un abrazo inmenso!

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