
MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)
PARTE I - “EL ENCUENTRO”
CAPÍTULO 19
De vez en cuando me asaltaban las dudas y me preguntaba si Guillermo no tendría otras razones que no comentaba conmigo para sumergirse con tanta ansiedad en los libros que nos enviaba la señora Bethany, pero siempre lo alentaba a seguir adelante pensando que estábamos a un solo paso de lograr que se convirtiera en vampiro y se quedara conmigo para siempre.
Un solo paso, pero con tanto contenido de inseguridad, que se volvía una muralla, un camino ante el cual era imposible no sentir temor.
_ ¿En qué pensás? _ Me preguntó mientras caminábamos juntos por un pasillo después del almuerzo. _ Hace más de media hora que no decís una palabra y eso no es común en vos.
Levanté los hombros con un gesto de resignación. _ En lo mismo de siempre.
Si no era uno era el otro. Éramos dos serpientes cercadas por un círculo de baba y el sapo era el destino que nos había encerrado ahí. *
Detuvo su andar y con una sola mano también el mío. _ ¡Vamos Pedro! Anoche me prometiste no bajar los brazos y usar tu capacidad para que podamos estar juntos. ¿Qué pasó con ese muchachito tan decidido y apasionado? Hoy pareciera que la nieve se hubiese filtrado hasta tu alma.
Me observaba con aprensión. Sus pupilas de café y miel no lograban ocultar el temor de que me hubiera dado por vencido.
_ No me mires imaginando cosas que nunca serán verdad, me hace daño. Lo siento… No quiero estar así, pero hay momentos en los que todo el optimismo se viene abajo y tengo mucho miedo de que nunca encontremos la punta del ovillo.
Su sonrisa reveló que mis primeras palabras le habían sentado de maravilla.
_ La señora Bethany me ha enviado nuevo material. Quien te diga que esté justo ahí la punta del ovillo que tanto te atemoriza no encontrar.
Abrí los ojos desorbitados. _ ¿Cómo que te envió?
_ Si… los envió con Beto a nuestra habitación. ¿Qué pasa?
_ Nada, solo me extraña que no los haya dejado en la biblioteca como siempre. _ Entrecerré los ojos pensando a toda velocidad. _ Guillermo, si los envió con Beto directo a tu cuarto, debe ser información confidencial. Algo que, por motivo de fuerza mayor, no podía dejar en la biblioteca.
La inflexión en su mirada hizo evidente que mi parecer lo había tomado por sorpresa. _ Cierto… Muy cierto Pedro. No lo había pensado. ¿Qué estamos esperando? Vayamos ya y empecemos a revisar ese material.
Comenzó a andar casi arrastrándome con él. _ ¡Guillermo pará!
Se detuvo sin comprender _ ¿Qué sucede?
Bajé la voz lo más que pude y miré a nuestro alrededor para asegurarme que nadie pudiera escucharme. _ Es que…
_ ¿Qué Pedro?
Titubeé un poco antes de hablar. _ Es que… no tengo permitido subir a tu habitación.
Hoy puedo jurar que nunca olvidaré esa sonrisa socarrona y fascinante.
_ ¿Estoy equivocado o tampoco tenés permiso para subir conmigo a nuestro lugar? Y ni hablar de las cosas que suelen pasar en ese lugar…
Creo que me ruboricé porque sentí el calor en mis mejillas. _ ¡Guillermo!
_ Pedro, creo que en este momento lo que menos le importa a la señora Bethany es donde pasemos el tiempo juntos, tiene demasiado temor a que vos, yo, o los dos, podamos convertirnos en depredadores. Estoy convencido que en caso de saberlo minimizaría esa información. Además, ya estuviste dos veces en mi habitación.
_ Si, pero fue diferente. Una vez me envió mi madre con un sobre para vos y la otra estabas enfermo.
_ ¿Y qué pasó? ¿Acaso el mundo se detuvo? ¿Acaso la señora Bethany se enteró de eso? Pedro, tengo café, chocolate, cinco tomos de diez centímetros de alto y toda una tarde para vos. ¿Lo tomás o lo dejás?
Ni loco me iba a perder todo eso. _ ¿Cinco tomos? ¿Qué estamos esperando? ¡Vayamos ya!
El miedo se había desvanecido ante la idea de pasar la tarde juntos en su cuarto. Corrimos por los pasillos y trepamos la escalera riendo a carcajadas, tomados de la mano y con la esperanza renovada. En esos tiempos habíamos aprendido a atesorar los buenos momentos cada vez que las coordenadas de tiempo y espacio nos lo permitían. Nuestro futuro era tan incierto que cada instante de felicidad era recibido como una dádiva que aceptábamos sin pensar en que un día todo podía terminar. Nos dejábamos ir y disfrutábamos de esos instantes como si fueran los últimos. Fue una sorpresa, una dicha y un alivio que existieran muchos más.
Cerró la puerta del cuarto dándole un golpe con el pie, dio una vuelta de llave y sin perder tiempo me enredó entre sus brazos. Mientras me besaba comenzó a quitarme la ropa. Era evidente que los próximos minutos no investigaríamos otra cosa que no fueran nuestros cuerpos. Pero una incertidumbre no me permitía relajarme. Una inquietud llamada Beto.
_ Olvidate de eso _ susurró separando sus labios apenas de los míos _ No va a venir. _ Me dijo después de haber leído mi mente.
_ ¿Y cómo es que estás tan seguro? _ pregunté mordisqueándole los labios y trepándome a sus hombros.
Volvió a hundirse en mí y supuse lo que debía sentir el mar cuando un barco de magnas dimensiones echaba ancla en él. La misma sensación, una tonelada de hierro macizo traspasándome para terminar asentándose en mis profundidades.
_ Porque está arriba, con Gaby. _ Enloquecido de deseo soltaba mis labios lo justo y necesario para responder a mis preguntas mientras sus manos recorrían los suburbios más íntimos de mi geografía.
_ ¿Arriba dónde? _ Solo separé mi rostro para mirarlo a los ojos, mi pecho estaba tan pegado al suyo que podía sentir sus pulsaciones alteradas, su vientre sobre mi vientre delataba lo agitada que estaba su respiración y su pelvis contra mi pelvis me daba la certeza de que no íbamos a seguir hablando mucho más.
_ En nuestro lugar.
Reí a carcajadas. _ ¡Sos un sátrapa! _ Salté sobre él y enredé mis piernas en su cintura. _ ¡Lo tenías todo planeado!
Cruzó sus brazos por debajo de mis glúteos, le costaba poco esfuerzo mantenerme en el aire contra él. _ Hay que ser generoso con los amigos, Pedro. Se merecían estar juntos de una vez por todas.
Ahora que sabía que Beto no iba a aparecer y con la puerta cerrada con llave, me dediqué a desnudarlo y a desnudarme para él.
Cada vez que hacíamos el amor era como emprender un viaje sin destino y esa no fue la excepción. La única excepción aquella tarde fue que no hubo tristezas, ni lágrimas, ni desolaciones. Habíamos logrado desvestirnos no solo de nuestra ropa, sino también de ese estado lacónico y sombrío que nos había acechado las últimas veces. Hicimos el amor con alegría, terminamos agotados de amarnos y reírnos, y aunque no existiera la ventana que nos permitía ver a Evangeline, supe que estuvo cerca de nosotros a cada instante. Guillermo tenía razón, Evangeline era especial.
Ya no era un rumor que Guillermo y yo estábamos juntos, sino una relación formal y declarada abiertamente. Como era de esperar, no toda la academia estaba de acuerdo. Balthazar y su séquito de seguidores nos miraban con respeto, pero aun así, no lograban disimular el desagrado que les provocaba vernos juntos.
Tal como le había pedido aquella tarde, Balthazar se había ocupado de que su grupo aceptara compartir su tiempo con Camila y eso le había devuelto el color a sus mejillas, aunque ya no era la misma después de haber perdido a Franco. No había abdicado a su arrogancia y a su estilo altivo, pero interiormente, estaba quebrada. Estaba muy lejos de ser aquella chica sexy y provocativa que había arrebatado a Balthazar de mi lado la noche de la fiesta oculta junto al río y después de haber comprendido que Franco nunca volvería, se había convertido en su fiel lazarillo. Él era lo único que le quedaba.
Por otro lado, había muchos que nos apoyaban, como Sonia, la compañera de cuarto de Gaby y sin duda alguna, Marcial. Había saltado una vez más sobre su cama la tarde en la que, por fin, había podido contarle sobre nosotros. No podía quitarle esa costumbre, saltar sobre su cama era su deporte favorito.
_ Te dije mil veces que la vas a romper y vas a tener que dormir en el suelo.
Acababa de hacer su maniobra preferida, saltó hasta casi rozar el cielo raso de nuestra habitación, giró en el aire y cayó sobre sus pies. Era un verdadero vampiro. Después de semejante demostración, se sentó sobre la cama y se abrazó a sus piernas. _ De verdad me alegra que estén juntos Pedro, Guillermo me cae bien y en cuanto a vos… ya sabés. Al principio, cuando recién te conocí, me parecías un pacato. Eras demasiado tímido, parecías un chico sin carácter, pero con el tiempo me demostraste ser el chico más guapo, y tal vez, el más inteligente de toda Medianoche. Tenés una apariencia apacible, pero adentro tuyo vive un gran guerrero, sos astuto y sabés como manejar las situaciones sin exponerte. He llegado a admirarte y de verdad te aprecio mucho.
_ Gracias Marcial. Sabés que yo también te aprecio mucho y aprecio toda la ayuda que me brindaste para integrarme a Medianoche. Las veces que arreglaste mi cabello para que me viera bien, los consejos en cuanto a cómo vestirme o comportarme, toda tu orientación fue de gran valor para mí.
Se incorporó de la cama en un solo movimiento, como si fuera un felino y me tendió la mano. _ Bueno, antiguo compañero de cuarto, creo que es el momento de empezar a llamarte “amigo”. ¿Estás de acuerdo Pedro?
¡Claro que lo estaba! Estreché su mano, me puse de pie y lo abracé.
_ Totalmente de acuerdo, amigo.
_ Gracias Pedro, no sabés lo importante que es encontrar a alguien en quien confiar cuando llevás décadas en soledad.
Volvimos a abrazarnos y en ese momento supe que podía confiar en él.
Después de habernos entregado al placer por casi dos horas, Guillermo había traído un termo con café y suficiente chocolate como para que pudiera olvidar mis instintos carnales y me dedicara junto a él a buscar algo que nos sirviera de ayuda dentro de los cinco tomos espesos que la señora Bethany le había enviado.
Pasamos minutos interminables leyendo en silencio, ya había hojeado el primer tomo sin descubrir absolutamente nada, cuando a mitad del segundo y para mi perplejidad, apareció algo similar a lo que estábamos buscando con tanta ansiedad.
_ ¡Guillermo! ¡Mirá esto!
_ ¿Qué encontraste? _ dejó sobre el suelo de la habitación el libro que estaba leyendo y se acercó a mí.
_ Mirá esto. El libro dice que aunque la historia ha pasado de boca en boca como un cuento popular, muchos aseguran que fue real. Cuenta acerca de un amor entre una humana y un vampiro.
_ Leelo, Pedro. Por favor. _ Me pidió sentado en el suelo junto a mí.
Comencé a leer en voz alta, tal como él me lo había pedido.
“Lyra no era una chica más en toda la aldea, era hija de una pareja de humildes campesinos y en edad para ser presentada en sociedad. Si bien había pasado su corta vida como las demás chicas del lugar, ocupándose de los habituales quehaceres domésticos como ordeñar las cabras, abastecer de agua la casa, cortar leña cuando era necesario y amasar el pan, Lyra soñaba con la llegada de un príncipe que la rescatara de esa vida e hiciera sus sueños realidad.”
_ Pedro, muy bonito, pero me importa un cuerno como Lyra ordeñaba las cabras. ¿Podés saltear algunos párrafos y buscar lo que nos interesa leer?
No pude ni quise disimular mi sonrisita insinuante y muy provocativa. Hacía poco más de una hora que nos habíamos hecho el amor de manera excepcional y mis sentidos seguían alterados.
_ Hummm… estás muy ansioso mi amor. Me parece que voy a tener que desnudarte otra vez… Nada me gustaría más que ayudarte a calmar esa ansiedad.
Me miró a los ojos y no pude discernir si tenía ganas de que volviera a desnudarlo, de que siguiera leyendo o de ahorcarme con sus propias manos.
_ Estás muy atrevido vos… ¡Quien te ha visto y quién te ve! Es increíble cuanto te ha transformado Medianoche. ¡Dale! Leé, Don Juan de Marco. Si desciframos el enigma tenés permiso para volver a desnudarme.
Ante la opción de poder volver a desnudarlo, me apresuré a buscar dentro del texto algo que nos sirviera de ayuda. Seguí leyendo.
“Una mañana, una extraña romería llegó a la aldea. Estaba compuesta de tres carruajes majestuosos y al mando de un aristócrata que llenó de oro los bolsillos del posadero para que se marchara por tiempo indeterminado, con la promesa de más oro, si decidían permanecer en el lugar.”
_ ¡Uff! ¡Cuánto misterio! Pedro, ¿podés ver que dice más adelante?
_ ¡Te calmás o te desvisto ya mismo! Necesitamos leer detenidamente toda la historia, saber de los detalles, sino es inútil.
_ ¡Está bien! Seguí leyendo, pero apurate.
Ya me había dado cuenta que era imposible leerle la historia tal cual estaba escrita, así que aceptando su sugerencia, leí algunos párrafos por encima y solo me detuve en los que podían resultarnos relevantes. _ Por lo que dice, este aristócrata era un vampiro que viajaba de pueblo en pueblo con un grupo de sirvientes, también vampiros, buscando más jóvenes para reclutar a su legión. Pero al conocer a Lyra, se enamoró perdidamente de ella.
Me auxiliaba con un dedo para seguir el escrito haciendo una lectura veloz sobre él y buscando lo importante.
_ ¿Qué dice Pedro?
_ ¡Pará! Estoy haciendo lo que me pediste, pasar por encima toda la poesía del romance para ir directo a lo que de verdad nos interesa.
_ Está bien, pero cambié de idea. Mejor leelo todo y en voz alta, quiero saber que sintieron, que sensaciones los llevaron a tomar la decisión que hayan tomado.
Esa vez el que tuvo ganas de ahorcarlo fui yo, pero nunca imaginé que así sería siempre nuestra vida. Aun hoy, y después de tantos años, es extraño el día en el cual no sienta ganas de ahorcarlo. Es impredecible, temperamental y cambia de opinión más rápido de lo que puedo asimilar. Me exaspera con facilidad, me lleva al cielo y al infierno, pero sigo eligiéndolo. Estuve y estoy enamorado de él. Sigue siendo lo mejor que me pasó en tantos años de vida.
_ ¡Dale que va! _ Dije resoplando _ Voy a leerlo todo.
_ ¡No resoples Pedro!
_ ¡Entonces no me agobies! ¡Qué leé, que salteá, que no leas, que leé todo…! ¿Podés decidir de una vez que mierda querés que haga?
Sabía que lo que estaba diciendo era verdad, por eso se cruzó de brazos y me dijo. _ Leé… Leé todo hasta el final. Prometo no volver a interrumpirte, pero eso si, después vamos a hablar bien clarito vos y yo. Estás muy altanero… ¡Dale, leé!
_ Lo siento _ murmuré al tiempo que dejaba un beso en su mejilla. _ Lo siento amor… Es que me carcome la impaciencia de llegar al final de la historia y, tal vez, poder encontrar en ella un camino que nos salve. No te enojes conmigo, yo te amo.
La forma en la que me devolvió la mirada hizo hervir la sangre que corría por mis venas. _ No te disculpes, _ me dijo pasando su brazo por mi espalda y besándome la frente _ no lo decía en serio. Seguí leyendo mi amor.
Ya más tranquilo retomé la historia. _ Aparentemente, este señor pagó con mucho oro para poder habitar en la posada sin otros testigos que no fueran sus fieles sirvientes, buscaba más jóvenes para convertirlos en vampiros y así expandir su pequeña legión, pero al conocer a Lyra, sus malévolas intenciones fueron derrotadas por el amor que sintió por ella desde el momento en que la conoció. Te leo lo que dice el texto.
“Con el hacha en mano y de mal humor, aquella mañana Lyra se dirigió al bosque en busca de leña para la chimenea y para la cocina. Su padre se había lastimado una mano el día anterior y al no haber otro hombre en la familia que pudiera hacerlo, le tocaba a ella llevar a cabo esa tarea. Ser hija única podía ser un suplicio en esos tiempos. Si al menos tuviera un hermano, seguramente lo hubiesen enviado a él por la leña, pero al ser solo ella, su madre y su padre, le tocaba realizar trabajos pesados que la llenaban de angustia. Arruinaban sus manos y su piel, y así nunca lograría enamorar el príncipe de sus sueños.
Detestaba profundamente hachar leña, por eso descargó con toda su furia el machete contra el tronco seco caído sobre el suelo. Necesitaba despedazarlo para poder acarrearlo hasta la casa envolviendo sus pedazos en un lienzo grueso y fuerte como su alma.
Ver su figura recortándose en las primeras horas del alba lo paralizó al instante, estaba sola y a su merced, una nueva víctima estaba frente a él, pero cuando agudizando sus ojos y a distancia suficiente para no ser visto, observó su mirar cansado y valiente, se sintió vulnerable. Había algo en ella que transformaba su inmortalidad en nada. Todo su poder había quedado prendado de esa mujer. Algo le decía que no lo hiciera, pero de igual manera se acercó con intenciones de ayudarla, él podía hachar solo todo un bosque antes que volviera a amanecer.
Al ver la figura de ese extraño enfundado en una larga capa dirigiéndose a ella, al principio titubeó, luego soltó el hacha y echó a correr atemorizada.
Él supo que la había asustado, por eso corrió tras ella para decirle que no había nada que temer.
Lyra corría entre los árboles dejando restos de su ropa entre las ramas y un halo de su aroma que cada vez lo hipnotizaba más. Lo asombró la velocidad con la que trataba de defender su vida, pero sin duda alguna, él era mucho más veloz. Cuando la tuvo solo a metros saltó sobre ella y cayeron los dos rodando por el piso. Lyra comenzó a gritar y no paraba de golpearlo, entonces él cubrió su boca con una de sus manos y detuvo sus golpes con la otra.
_ No temas _ le dijo. _ Lamento mucho haberte asustado, solo intentaba ayudarte con la leña. No es trabajo para una mujer.
Esas palabras lograron calmarla. Poco a poco la soltó y la ayudó a ponerse de pié, entonces notó que durante la caída su mano se había lastimado con una rama. El extremo puntiagudo se había clavado en su palma traspasando su carne y un hilo de sangre brotaba de ella.
_ ¡No! ¡No puede ser! ¿Cómo voy a hacer todos mis quehaceres con una mano lastimada? Mi familia depende de mí, mi padre también está herido.
Pero él no se inmutó, tan solo puso su mano a corta distancia de la suya y ella observó, confundida y asustada, lo que comenzaba a suceder. La herida se trasformó en una flor de pétalos puntiagudos que segundos después se cerraron y finalmente desaparecieron sin dejar rastros de la lesión.”
Detuve mi lectura y nos miramos.
_ Que encuentro tan parecido al nuestro_ dijo Guillermo.
_ Y esa flor… _ Instintivamente llevé la mano hacia mi broche _ La descripción la vuelve muy parecida a esta y a la rosa de mis sueños.
_ Pedro, estoy seguro que en esta historia está la respuesta que estamos buscando.
_ Pienso lo mismo, sigamos leyendo.
Sentados sobre el piso, uno al lado del otro, continuamos leyendo con ansiedad sin olvidar el café y el chocolate. Hacía mucho frío.
“_ ¿Quién es usted y cómo hizo eso? Curó mi herida… Desapareció. _ Lyra observaba su mano sin comprender.
_ Sería mejor para los dos que te olvidaras de eso. Mi intención era ayudarte con la leña, no asustarte, y mucho menos lastimarte.
_ Pero… la herida. Ya no está.
_ Eso no es nada comparado a lo que podría hacer por ti si fueras mía… Quiero decir, si trabajaras para mí. _ Corrigió su frase de inmediato para no alterarla más de lo que estaba.
_ ¿Trabajar para usted? ¿Haciendo qué? No lo comprendo… Además, no sería posible. Tengo que ayudar a mi familia. Mi padre se ha herido y no tengo hermanos, debo velar por la seguridad de mi madre y la de mi padre también.
_ Si aceptas trabajar para mí, puedo ocuparme de todo. Una belleza tan particular no debería estar hachando leña en el bosque. Guíame hasta dónde está tu morada, hablaré con tus padres y tu vida cambiará. Te juro que cambiará
_ ¿Es usted un príncipe?
_ No. No soy un príncipe. Soy un Conde y puedo ofrecerte hasta lo que no llegaste a imaginar. ¿Cómo te llamas?
_ Lyra.”
Pasábamos las páginas ansiosos, los cuerpos pegados y sin poder quitar los ojos del libro, pero aún no habíamos descubierto nada que nos pudiera ayudar.
_ ¡Ay, no doy más! Tengo los ojos destruidos _ Se quejó Guillermo.
_ Descansá un rato amor, yo sigo leyendo y te voy contando. Pero pongámonos más cómodos, mis piernas ya no soportan el frio que viene del piso.
Guillermo se recostó sobre la cama con los ojos cerrados, yo me senté a su lado con las piernas cruzadas sobre el acolchado y seguí leyendo.
_ Contame Pedro, por favor.
_ Si, ahí voy. Bueno, resultó que el Conde les propuso a los padres de Lyra que le permitieran trabajar para él a cambio de tres de sus sirvientes que se ocuparían de que nada les faltara, mas una pequeña bolsa repleta de monedas de oro. _ Hice una larga pausa, atragantándome con la historia.
_ ¡Pedro, contame que dice el libro!
Me estaba cansando de leer tanto, así que usé mis aptitudes especiales para llegar a donde quería llegar. Estaba pasando las páginas a toda velocidad, de nada me servían los pasajes románticos que iban describiendo como se fueron enamorado, eso lo había vivido en mi propia piel.
_ Ya voy… Ya voy. Tené paciencia. _ Hasta que encontré lo que tanto había buscado. _ Guillermo… sentate. Acabo de encontrar la punta del ovillo.
Saltó como un rayo y se sentó a mi lado. _ Por el amor de Dios, Pedro contame de una vez.
_ Lyra fue a vivir a la posada y el Conde, tal como había prometido, se ocupó de que sus padres vivieran con prosperidad y abundancia. Esperaba con serenidad el momento apropiado para convertirla, pero no pudo llevar a cabo sus planes como lo tenía premeditado. Poco a poco se fue enamorando de ella, y tanto fue su amor, que un día descubrió que no era capaz de hacerlo. Cuenta la historia que el Conde vivió los días más contradictorios de su vida, quería tenerla con él por el resto de su vida, pero el amor que sentía por Lyra era tan fuerte que no deseaba convertirla en lo que él era.
_ ¿Y qué pasó con Lyra? ¿También se enamoró del Conde?
_ Así parece. Escuchá esto.
“Una mañana, Lyra lo escuchó dar órdenes para que empacaran todo en los carruajes. Había decidido su partida. Él, que había sido capaz de tantas cosas, se había vuelto vulnerable ante una mujer humana y decidió soltarla antes de hacerle daño.
Lyra sabía que escondía un gran secreto, pero ya nada le importaba. Solo quería estar con él el resto de su vida. Por eso juntó valor y lo enfrentó.
_ Conde… ¿Me va a abandonar?
_ Lyra… Lyra… Lyra. Nunca comprenderías aunque tratara de explicártelo. Debo irme. Tu amor me salvaría, pero el mío te condenaría para siempre. Si aceptara ese sacrificio, no podría volver a hablarte de amor. Solo sería egoísmo. Me queman las manos por tenerte, mi cuerpo se incendia cada vez que te miro, pero te amo… Te amo tanto que elijo soltarte. No te preocupes por tu futuro ni por el futuro de tus padres, donde sea que esté me voy a ocupar que estén a salvo, que nada les falte y… que nunca más tengas que hachar leña. ¡Mi querida Lyra!
_ ¡Conde! _ Lyra había corrido hasta donde él estaba y se abrazó a sus hombros. _ Conde no se marche. Si usted me deja, ni siquiera ese lucero que me ha regalado me podrá salvar. Moriré de soledad.”
Guillermo abrió los ojos exaltado _ ¿Cuándo le regaló un lucero?
_ No sé. Seguro en uno de esos párrafos románticos que me pediste que me salteara.
_ Pedro, te dije que leyeras todo
_ Guillermo, hago lo que puedo. ¿Además que importa cuando y como fue que le obsequió un lucero? Lo importante es saber que hubo entre ellos un lucero, como Evangeline… Demasiadas coincidencias.
_ Demasiadas... Esto me está poniendo nervioso. Seguí leyendo, por favor.
“_ Lyra… ¿En verdad no te has dado cuenta de lo que soy?
_ Claro que lo sé. ¿Pero qué importa eso?
_ Importa y mucho. No quiero esto para ti. Te mereces un amor mejor que el mío, no tengo nada para ofrecerte, solo el amargo trago de la inmortalidad.
_ ¿Por qué no me convirtió en todo el tiempo que estuve aquí?
_ Porque si te hubiese convertido sin tu consentimiento, te hubieses convertido en una autómata, como ellos._ Dijo señalando a sus fieles sirvientes. _Solo obedecerías mis órdenes, pero tu esencia habría desaparecido. No quise convertirte en una esclava más. Te amo demasiado.
_ ¿Y que hace falta para que usted pueda convertirme en una… vampira? Si, no me mire de esa manera. Siempre lo supe. _ Él la miró espeluznado, ella sostuvo su mirada. Al fin uno de los dos se atrevió a decirlo y era lo mejor que podía pasar. _ ¡Dígame! ¿Qué hace falta para que pueda convertirme en su condesa y no en su esclava? ¿Dónde está la diferencia?
_ En el consentimiento Lyra. Si tú me lo pides, podré hacerte mía, convertirte en mi reina y tenerte toda la vida conmigo. Nunca conocerás la enfermedad ni la muerte, tendrás lo que muchos humanos desean, pero el precio es abdicar a muchas cosas. Nunca tendrás una familia como en la que creciste. Tendrás que olvidar todo tu pasado y volver a empezar. ¿Estás dispuesta a tanto? ¿Vas a pagar ese precio por este miserable amor que puedo darte?
_ Mi señor… No vuelva a llamar miserable a nuestro amor. Nadie me ha dado tanto como usted, además… estoy enamorada. ¿Es posible escapar de nuestro destino? ¿Vale la pena intentarlo? ¿Para qué? ¿Para qué tanto sacrificio si jamás podré olvidarlo? He aquí y ahora mi consentimiento, así lo declaro para que lo escrito se confirme. Es mi palabra. Conviértame y lléveme con usted donde quiera que vaya. No tengo más dote para ofrecerle que el amor que usted me inspira, pero si eso le basta, tómeme. Seré suya por siempre, donde usted vaya yo iré, donde more moraré. Su pueblo será mi pueblo y su Dios será mi Dios.”
Ahí sí que quedamos en silencio y sin poder mirarnos. Cada uno estaba sumergido en su realidad.
_ ¡El pasaje de Ruth! Más coincidencias… _ Murmuré soltando el libro. No podía creer lo que acababa de leer.
Tardó unos segundos antes de reaccionar, lentamente fue llevando sus ojos hacia los míos y cuando nuestras miradas se encontraron, comprendimos que un suspiro de alivio había llegado hasta nosotros.
_ El consentimiento, Pedro. Esa era la respuesta que estábamos buscando y acabamos de encontrarla. Ahora si podemos hacerlo…
Me abracé a él sin comprender con exactitud lo que sentía, sin saber si reír o llorar. Las palabras del Conde me pesaban en el alma. Tenerlo conmigo implicaba hacerlo pagar un precio demasiado grande y algo aguijoneaba mi consciencia. Primero me lo había dicho Franco y ahora las letras escritas en el libro. Todo era dolorosamente cierto, si él me lo pedía podría hacerlo mío y tenerlo toda la vida conmigo. Nunca conocería la enfermedad y pasarían cientos de años antes de enfrentarse con la muerte, pero a cambio, debería abdicar a muchas cosas. Nunca tendría una familia conmigo, no tendríamos hijos. Tendría que olvidar todo su pasado y volver a empezar. ¿Estaría dispuesto a tanto? Y finalmente llegó la pregunta más dolorosa… ¿Acaso valía la pena hacerle pagar ese precio por tener solo el amor que yo podía darle? Tal vez Franco tenía razón, tal vez mi amor por él era demasiado egoísta.
Me separó lentamente de su cuerpo y tomó mi rostro entre sus manos, un gesto habitual en él que siempre lograba su objetivo, darme paz. Había leído en mi mente todas las preguntas y aflicciones que me atravesaban el alma.
_ Pedro, dejá de torturarte. Te elegí hace mucho tiempo y a consciencia de lo que estaba eligiendo. No necesito una familia porque ya la tengo, mi familia sos vos y te aseguro que con eso me basta. No temo dejar mi pasado atrás, porque no dejo nada. En mi vida solo hubo vacío y soledad hasta que vos llegaste. Como dijo Lyra, no tengo más dote que ofrecerte que el profundo amor que siento por vos, y si eso te alcanza quiero que me tomes y ser tuyo para siempre. He aquí y ahora mi consentimiento. Así lo declaro para que lo escrito se confirme.
*”El mito del sapo y la serpiente”
CONTINUARÁ.
Hay!!!!no hay palabras para describir lo que siento. .? GRACIAS VOS PODES GRITAR A LOS CUATRO VIENTOS QUE ESCRIBIS CON EL ALMA ... FELIZ DÍA
ResponderEliminarmara rosas
Gracias Mara... me hiciste emocionar por que si algo es cierto, es que pongo el alma entera al escribir. No sé si lo hago bien, solo se que le pongo toda la pasión que me corre por las venas. Un abrazo inmenso desde este lado del río.
EliminarHay LPM estoy llorando.....son tan bellos mis Vampiros.... gracias Guillermina Pedris.....tú poesía sigue intacta....tú amor por escribir sigue allí....solo diré GRACIAS... feliz día gran Escritora....
ResponderEliminar"Tu poesía sigue intacta." No creo que puedas imaginar lo que esas palabras provocaron en mi alma... ¡Gracias!
EliminarHoy es un día muy especial para mí, escribir es mi pasión, mi legado y mi idioma. No puedo imaginar la vida sin esos momentos mágicos donde me siento ante una hoja en blanco y dejo volar la imaginación. ¡Un abrazo inmenso mi tierna amiga y nuevamente GRACIASSSS!
POR EL AMOR DE DIOS!!!! SANDRA!!!! No nos dejes así! No hay corazón que aguante! Hermoso. Ni un dejo de tristeza, pero si de mucha ansiedad. PLEASE pronto la continuación ;) Besos Romina
ResponderEliminarRomi! Que inmenso placer es haber escrito un nuevo capítulo que no haya dejado tristeza, en cuanto a la ansiedad por la continuación, el próximo capítulo avanza a pasos agigantados. ¡Un beso inmenso corazón y gracias por tus palabras!
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