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domingo, 16 de julio de 2017

"LA MERCERÍA" - 2da. Temporada - Cap. 2 - (By Guillermina Pedris)








CAPÍTULO 2

Hubiese dado cualquier cosa por un desayuno que le hiciera justicia a la noche que habían pasado, pero Kendy se despertaba apenas comenzaba a amanecer, incluso a veces antes que ellos y entonces corría a treparse a la cama matrimonial para acostarse entre los dos. Pero al menos dormía toda la noche y esa sí que había sido una ventaja.
Pedro había abierto los ojos antes que Guillermo y retozaba en la cama como una gata en celo rememorando cada minuto de aquella madrugada… Un verdadero derroche de placer.
Guillermo dormía de espaldas a él, su respiración era profunda y cansada. Se deslizó lentamente entre las sábanas y acercándose sigilosamente comenzó a recorrer su columna vertebral con su nariz. Al principio no notó señal alguna, pero cuando llegó con sus caricias donde la última vértebra se unía a la parte posterior de su pelvis, un estremecimiento  involuntario sacudió el cuerpo de Guillermo.
_ Mmmm _ murmuró entredormido.
Pedro volvió a transitar el mismo camino, pero en sentido inverso. Humedeciendo a cada paso el centro de su espalda con sus labios.
_ Buenos días amor… ¿Dormiste bien? _ Le preguntó Pedro muy cerca de su oído.
Guillermo se debatía ante la idea de permanecer de espaldas sintiendo sus caricias o girar sobre su cuerpo para ver sus ojos. Se abrazó a la almohada y suspiró profundamente, los arrumacos de Pedro sobre su piel lo hacían entrar en estado zen, un ascenso de placer que lo llevaba a la elevación.
Finalmente giró sobre sí mismo, lo besó enamorado y ardiente mientras atraía su cuerpo desnudo hacia el suyo que se había prendido fuego, cuando una vocecita tierna y suave que venía desde la otra habitación puso punto final al encantamiento.
_ Papá… Papi…
El sonido de sus pies descalzos los extrajo rápidamente del embeleso que vivían uno en brazos del otro.
_ ¡Pedro! _ Casí gritó Guillermo mientras saltaba de la cama y revolvía entre la ropa que estaba tirada sobre el piso _ ¡Ponete algo! ¡No puede vernos desnudos!
_ ¡Ya lo sé! _ Reafirmaba Pedro haciendo exactamente lo mismo. Buscaba a toda velocidad con que cubrirse hasta encontró los calzoncillos de Guillermo, los mismos que la noche anterior había quitado de su cuerpo con tanta sensualidad y se los puso.
_ ¡Pedro ayudame a encontrar algo! ¡Ni siquiera puedo encontrar mis calzoncillos, la puta madre! ¿Dónde mierda los tiraste? _ Revolvía y revolvía, hasta que encontró los bóxer de Pedro. _ Acá están los tuyos.
_  Escondelos, y dejá de buscar lo tuyos… me los puse yo.
Giró para mirarlo y tomándose la cabeza entre las manos, observó preocupado que lo que Pedro le había dicho era cierto. _ Pedro… me estás mandando al muere. ¡Los tuyos no me entran!
_ ¡Lo sé!  Pero no hay tiempo para intercambiarlos… Yo voy a su encuentro y lo entretengo unos minutos hasta que encuentres algo que ponerte.
_ Está bien… ¡Apurate y andá a buscarlo antes que llegue y me vea en pelotas!
Pedro salió como un rayo de la habitación y lo encontró a pasos de ingresar al cuarto. _ ¡Buenos días mi príncipe! _ Lo alzó entre sus brazos y besó todo su cuerpito. _ ¿Hiciste pis?
_ No, todavía no.
_ Entonces vamos al baño antes que se escape y te moje la ropa.
Guillermo escuchó aliviado la conversación mientras buscaba un pijama en el ropero. Eso le daría tiempo a cubrir su desnudez.
Pedro entró en el baño, bajó a Kendy de sus brazos y lo ayudó a deslizar el pantaloncito de su pijama. _ ¡Vamos, vamos! Hacé pis y después vamos con papá.
Kendy tomó su pitito entre sus manos y le apuntó al inodoro. Al instante un chorrito abundante comenzó a salir.
_ ¡Ahhh! Llegamos justito, ¿no hijo?
_ Si _ le respondió Kendy con una sonrisa. _ Me estaba meando.
Pedro estalló en carcajadas, era gracioso escucharlo hablar tan claramente siendo tan chiquito, pero su pediatra ya les había advertido que los niños suelen tener algunos sentidos más desarrollados que otros, y en el caso de Kendy era el habla.
_ Los chicos vienen con el lenguaje incorporado, _ les había dicho un año atrás _ como lo desarrollan depende del entorno en el que conviven. Seguramente ustedes hablan mucho y eso hace que él desarrolle el habla mucho más rápido que otros niños de su edad. Lo que me impresiona es la dicción, pronuncia las palabras perfectamente. Si llega a seguir el camino de sus padres, va a ser un abogado insuperable.

Pedro lo miraba fascinado, hizo pis, sacudió su pitito sobre el inodoro y se levantó el pijama. _ Vamos con papá.
_ Ummm… ¿No falta algo? Hay que lavarse las manos y cepillarse los dientes. Vamos, yo te ayudo.
Todo ese protocolo le dio tiempo a Guillermo para encontrar un pantalón de pijama que lo cubriera y también de observar la cama. La habían dejado en estado desastroso y las sábanas olían a sexo. No podía permitir que el nene se acostara ahí.
Se acercó a la puerta del baño. _ Pedro…
_ Sí, ¿qué pasa amor?
_ Depemoporapatepe upun popocopo. Vopoy apa capambiapar lapas sapabapanapas. Sopon upun apascopo.
Las carcajadas de Pedro dentro del baño retumbaron entre los azulejos. Había subido a Kendy al banquito que le habían comprado para que pudiera cepillarse los dientes y lavar sus manos, y estaba parado detrás de él para evitar que se cayera, pero al escuchar esa frase en el clásico jeringozo, intercalando sílabas en medio de cada palabra en forma reiterada, tuvo que ponerse de rodillas para poder expresar su hilaridad sin mojar los calzoncillos de Guillermo que llevaba puestos. Rememoraba sus palabras y a cada minuto reía un poco más… “Demorate un poco. Voy a cambiar las sábanas. Son un asco.”
_ ¿De qué te reís? Me afanás los calzoncillos, me dejás en pelotas y encima te causa gracia que las sábanas sean un asco, pelotudo!
Pedro casi no podía hablar, cada vez que Guillermo se exasperaba y usaba ese “pelotudo” entre la coma y el punto final, no podía evitar reírse como lo estaba haciendo.
Escucharlo reír de esa manera lo sulfuraba cada vez más. Tenía ganas de putearlo como a él le gustaba hacerlo, sin escatimar, pero del otro lado de la puerta estaba su hijo. _ ¡Andate a cagar, Pedro! Me voy a hacer lo que te dije.
Al escuchar esas palabras, Kendy se dio vuelta para mirarlo. _ ¿Querés hacer caca papi? Dale, hacé… yo te limpio. _ Esta vez Pedro tuvo que sentarse en el piso del baño, una vez más el día había empezado en un cúmulo de risas para él y en una rabieta para Guillermo. Eran definitivamente el Yin y el Yang, dos fuerzas fundamentales, opuestas y complementarias.

Guillermo tuvo tiempo de ponerse el pantalón de un pijama, cambiar las sábanas y echar un poco de desinfectante en aerosol dentro de la habitación. Ahora sí podrían retozar con su hijo en la cama matrimonial. Lo que minutos atrás era una cueva de urracas, ahora era un lugar propicio para empezar la mañana los tres juntos.
Se acostó entre las sábanas limpias esperándolos y satisfecho con lo que había logrado. Cruzó sus brazos debajo de la cabeza y contempló la habitación con una sonrisa. Era una maravilla tener un esposo tan bonito como Pedro, aunque lo hubiese primereado con los calzoncillos, aunque siempre se riera de las mismas situaciones que a él lo sacaban de quicio, aunque se siguiera riendo cuando él, sobrepasado, puteaba a diestra y siniestra. Pero si la presencia de Pedro en su vida era un prodigio, un milagro que nunca terminó de comprender… ¿Qué palabras habría que usar para describir lo que significaba Kendy?
Kendy era un antes y un después, el exacto componente que los había definido como una verdadera familia. Por él, habían modificado muchas cosas. Por él, habían dejado de discutir abiertamente. Por él, habían tenido que recuperar el pudor y volverse reservados, enmascarar la pasión, encubrir el deseo y todo lo que fuera necesario para que nada interfiriera en un desarrollo apropiado, pero lo que nunca le ocultaron era el amor que sentían el uno por el otro. Ambos habían coincidido en que toda expresión de  afecto era saludable para él.
Ver entrar a Pedro con Kendy en sus brazos le provocó una arritmia involuntaria. Eran perfectos. Abrió la cama del lado de Pedro con una sonrisa inmensa invitándolos a recostarse junto a él. Ninguno de los dos se hizo esperar.
_ ¡Papá! _ Gritó Kendy gateando sobre la cama hasta llegar a él y abrazándose a su pecho descubierto. Pedro se metió debajo de las sábanas impecables y se acercó a Guillermo y a su hijo que retozaba sobre el pecho de su padre.
Guillermo había enredado a Kendy entre sus brazos y se lo comía a besos
_ ¿Dónde estaba mi cosita hermosa? No veía la hora de tenerte acá conmigo.
_ Estaba en el baño, con papi, haciendo pis.
_ ¿Y te cepillaste los dientes?
Kendy asintió con un gesto afirmativo. _ Sí, yo me cepillé los dientes, _ lo miró frunciendo el ceño _ pero papi no quiso hacer caca!
Guillermo se ruborizó mientras Pedro volvía a reír a carcajadas.
_ Bueno, eso no es demasiado importante hijo. _ No sabía cómo salir del embrollo y la risa de Pedro no lo ayudaba. _ ¡Dejá de reírte! _ Le gruñó por lo bajo.
_ Pero vos le dijiste que hiciera caca… _ Para ese momento Pedro se había dado vuelta y mordía la almohada para amortiguar su risa y no enfurecer a Guillermo que carraspeó sin saber cómo seguir.
_ No te preocupes por eso hijo. Papi va a hacer caca cuando tenga ganas. ¿Tenés hambre? _ Le preguntó cambiando de tema. _ ¿Querés que bajemos a desayunar?
_ Si… ¿Me hacés una choco papá?_ Le preguntó apoyando cada una de sus manitos en las mejillas de Guillermo.  _ Lo que quieras hijo. Papá va a hacer por vos todo lo que quieras. _ Respondió muerto de amor. _ Pero primero, ducha para todos!
_ ¡Siiii! _ Gritó Kendy. Adoraba bañarse con sus padres.
_Pedro… _ le dijo por lo bajo _ ponete tus bóxer y devolveme mis calzoncillos, te quedan grandes.  Al primer chorro de agua quedás en pelotas.
_ De acuerdo _ respondió Pedro entre dientes y comenzó con el operativo. Siempre que se bañaban los tres juntos lo hacían en ropa interior.

_ Pedro, avisá al estudio que hoy no vamos. _ Le gritó desde un rincón de la cocina mientras batía la mamadera de Kendy. _ Y también avisales a Cuca y a Solange que por la mañana Kendy se queda con nosotros. En todo caso, si las necesitamos por la tarde, les avisamos con tiempo. _ Probó la temperatura de la leche chocolatada sobre su mano y se la dio a Kendy quien la tomó entre sus manitos regordetas y la llevó a su boca de inmediato.
_ ¡Uy que hambre hijo!
Del otro lado de la cocina Pedro preparaba las tostadas y el café. _ ¿Y se puede saber qué plan tenés Graziani que no vamos a ir al estudio y vamos a llevar a Kendy con nosotros?
_ ¿Cómo preguntás que plan tengo? ¿De qué estuvimos hablando anoche?  Tenemos que encontrar una salita de tres para nuestro hijo.
Pedro se sonrió con sorna y en silencio mientras retiraba las tostadas del fuego.
Lo miró como para ahorcarlo con la corbata, no le gustó una mierda esa sonrisita socarrona. _ ¿Se puede saber de qué te reís…? _ Se contuvo apenas de agregar el clásico “pelotudo” por respeto a Kendy.
Pedro era un collar de dientes. No podía ni quería disimular lo que le divertía la situación. _ No pasa nada amor… Me reía porque anoche hiciste toda una disertación respecto de esa ley y hoy estás desesperado por encontrarle un banco a Kendy.
Carraspeó antes de seguir hablando, un clásico cuando se veía obligado a dar un paso atrás. _ Bueno, la ley es la ley. Hay que respetarla.
Pedro dejó salir una carcajada _ Si claro… ponele que te creo.
Le echó un vistazo a Kendy para asegurarse que estuviera tomando la mamadera sin dificultades y se acercó a Pedro cruzando la cocina en tres zancadas. _ Pedro… estamos bien. ¡Por favor, no me provoques! ­_ Le dijo por lo bajo.
_ ¿Y quién te está provocando? _ Le respondió en el mismo tono y con una sonrisita que lo exasperaba mientras ponía las tostadas y el café en una bandeja. _ Solo me llama la atención tu cambio de opinión tan repentino. _ Se mantuvo unos segundos en silencio, borró esa sonrisita irritante, y finalmente volanteó. _Guille… ¿Desayunamos en paz mi amor? _ Le preguntó con un tono conciliador mirándolo a los ojos.
_ De acuerdo… _ Respondió recorriéndolo con la vista de arriba a abajo. Su belleza podía derribar todas sus trincheras. _ Desayunemos en paz.

Siempre había sido consciente que el matrimonio no era una constante, que a pesar de la firme voluntad y determinación de continuar con el mismo estilo de vida, las cosas iban a cambiar, pero no lograba comprender como habían llegado a esa meseta. ¿Cuándo dejaron de ser los amantes que fueron? ¿Cuál fue el primer día que se durmieron sin besarse? ¿En qué momento, observar su belleza se convirtió en una práctica inconsciente y mecánica?
Pedro permanecía inmóvil, la bandeja entre sus manos y los ojos fijos en él. Habían vuelto a hacer el amor como cuando recién se conocieron y la pasión había vuelto a arder.  El erotismo flotaba en el aire y al ver sus ojos reflejados en los suyos supo que el amor estaba intacto. Porque el amor verdadero no se interrumpe, persiste en su estado natural y soporta las inclemencias de la vida cotidiana sin variar su intensidad.
_ ¿En qué estás pensando? _ Preguntó Guillermo robándose una tostada de la bandeja.
_  No estoy pensando, cuando te miro no puedo pensar… Solo sentir.
_ ¿Y qué sentís? ¿Sorna, burla, ironía, sueño, hambre, sed…? ¿Qué sentís Pedro?
_ Que te amo… _ Casi se atragantó con la tostada. _ Sos huraño, malhumorado, cabrón, insociable y terco como vos solo entre muchas cosas más, pero eso te hace único…  y nunca podría dejar de amarte.
Tuvo que toser para desatorar el bocado de pan tostado que había quedado atrapado en su garganta. _ Pedro…
_ ¡Papá! ¡Papí!
El llamado de Kendy los sacudió pero no interrumpió el hechizo.
_ Si hijo… Ya vamos. _ Le dijo Guillermo sin apartar su mirada de ese hombre que había sabido como domesticarlo.
Pedro llevó la bandeja a la mesa y se sentaron uno a cada lado de su hijo para desayunar.
_ Pedro… _ Pronunció su nombre suavemente mientras bebía su café.
_ ¿Si amor?_ Le preguntó Pedro pasándole una tostada cubierta con mermelada de naranja.
_ Hoy es viernes…
_ Si, hoy es viernes y mañana es sábado. ¿Qué pasa con eso?
Se odió a sí mismo. ¿Por qué le costaba tanto decirlo? Pedro se había quedado corto en todo lo que había enumerado sobre él, era más parco que una mula. Pero para que seguir dando vueltas, tomó coraje y lo dejó salir.
_  ¿Querés salir conmigo esta noche? Solos… Vos y yo.
No esperaba escuchar esas palabras. Sus labios se enmarcaron en una enorme sonrisa que dejó al descubierto un par de hoyuelos de la ostia. ¡Qué lindo era!
_ ¿Me estás proponiendo algo así como… una cita?
_ Algo así… _ respondió ruborizado. _ ¿Te cabe, Pedro?
Apoyó los codos sobre la mesa, acomodó su mentón entre sus manos y lo miró a los ojos sin dejar de sonreír. _ Me cabe Graziani, me recontracabe… 
Le devolvió la sonrisa con un guiño de ojo. Era evidente que a pesar de la llanura de los últimos tiempos el amor seguía intacto.

CONTINUARÁ.

14 comentarios:

  1. Bella.....bella...muero por esos dos.....Kendy es algo fuera de serie....sabes la Mercería es algo que siempre llega a mí corazón....amo la Mercería.....amo a ese Pedro amoroso y a ese Guiie chinchudo..... jajajaja.....amo está fics....
    .

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    1. ¡Gracias Mirtuchi! Me alegra profundamente que esta aventura mía te llegue al corazón porque la escribo con mucho cariño. ¡Besosss!

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    1. ¡Gracias Vale! Espero que las musas me sigan acompañando. Adoro escribir La Merce. ¡Un beso!

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  3. Hermoso capítulo tabta ternura con ese pequeño que les robo el corazón y que siga ese gran amor entre ellos no cabe duda el ser tan grandes papás no dejan de ser grandes amantes gracias por tan bella historia

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    1. ¡Gracias Elena! Cada una de tus palabras le da cuerda a mis musas. Adoro escribir La Merce. ¡Gracias y besos!

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  4. Todos los aplausos todos para esta segunda temporada, repleta de ternura, dulzura y el más glorioso amor.
    Lo suyo Pedris es un continuo renacer, pluma mágica inagotable.
    Kendy un sol, aunque no quicira ser su seño, estos papis huelen a inaguantables jajaja, al menos uno el más seductor.
    Gracias infinitas por tanto.
    "Miran al cielo y piden un deseo contigo la noche más bella" Mónica de Lanús. ������������

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    1. Hermosas palabras señora de Lanús, gracias Mónica por tu apoyo continuo, incondicional y siempre tan necesario para poder seguir soñando y escribiendo. Gracias a vos por todo lo que das como lectora, un abrazo inmenso!

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  5. Léase quisiera,el corrector no está atento jajaja������Mónica de Lanús.

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    1. No te preocupes... suele pasar y bastante seguido. Mi corrector también suele estar distraído ¡jajajaja!

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  6. Hermoso Sandra! Ese Guille es un dulce de leche. Me encanta que vuelvan a "encontrarse", dejando por un ratito las tareas de papás y dedicarse solo el uno con el otro. Espero que el proximo capitulo nos cuentes con luji de DETALLES esa cita. Besos Romina
    PD: Perdón por la demora. Besos

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    1. ¡Gracias Romi! Adoro escribir La Merce y compartirla con ustedes es un verdadero honor. Vamos a tratar de hacer todo lo posible para que esa cita las lleve a un paseo por las nubes. ¡Abrazote inmenso! Besosss!

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