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domingo, 2 de julio de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap. 20 - (By Guillermina Pedris)







MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 20

El enigma estaba resuelto, él había dado su consentimiento y con eso estábamos a salvo los dos. Una tercera mordida ya no representaba un riesgo, él sería un vampiro, pero nunca dejaría de ser bondadoso e indulgente y yo tampoco modificaría mi esencia.
Habíamos esperado tanto este momento que me dolía no poder disfrutarlo, estaba lleno de dudas y temores que muchas veces se transformaban en remordimiento. ¿Tenía derecho a tanto por mantenerlo a mi lado?
_ Pedro, tratá de tranquilizarte, nadie te apura. Un día más o un día menos no va a cambiar en nada la historia. Esperá… se paciente. Lo que tenga que ser será en el momento oportuno.
Debo admitir que su paciencia me daba la paz que estaba necesitando y que la tregua que me ofrecía me ayudaba a ordenar mis pensamientos. Indudablemente, él era lo mejor que me había pasado en la vida.
Que lo iba a hacer no estaba en duda, claro que lo iba a hacer. Pero antes tenía que armonizarme, hay cosas que no tienen vuelta atrás y esta era una de esas. Pensar en una eternidad a su lado me llevaba a un estado de algarabía y extrema felicidad, pero asumir que para eso tenía que robarle lo más sagrado, esa noble humanidad, me hundía inmediatamente en un cáliz de dolor.
Fueron muchas las noches en las que lloré amargamente enrollado sobre mí mismo, meditando nuestra situación y sin dejar de preguntarme si de verdad tenía derecho a hacerlo. ¿Qué pasaría si el consentimiento no bastaba para que siguiera siendo exactamente el mismo Guillermo del que me había enamorado? ¿Qué pasaría conmigo si él dejaba de ser el mismo y que sería de él si, como consecuencia de ese cambio, dejara de amarlo? La respuesta era muy clara y evidente. Si al transformarlo, algo interrumpía nuestro equilibrio, algo pequeño, ínfimo, tal vez comparable al peso de una pluma bastara para quebrar nuestro amor, llevaría por siempre en la conciencia que le había quitado lo que Dios le había dado al nacer a cambio de nada.

Fue una de esas noches de angustia y desconsuelo en la que Marcial entró a nuestro cuarto cuando yo pensaba que no lo haría. Se suponía que debía estar en una reunión que habían programado en la biblioteca. El mal tiempo impedía abandonar la academia y la señora Bethany había autorizado reuniones de “recatada frivolidad”* dentro de Medianoche para permitir el esparcimiento del alumnado.
Las luces estaban apagadas y yo estaba hecho un ovillo en un rincón, pero al ingresar a nuestra habitación sus sentidos le advirtieron lo que estaba sucediendo.
_ Pedro… ¿Sos vos, no? _ Podía olerme, pero también podía estar confundiendo mi aroma con otro, ya que todas mis pertenencias estaban ahí.
_ Sí, soy yo, no te preocupes.
Agudizó su mirada hasta que me vio hecho un mar de lágrimas en un rincón. _ ¡Pedro! _ Se acercó a mí y se arrodilló a mi lado. _ ¿Qué está pasando amigo? _ Quise decirle que no pasaba nada, que volviera a la fiesta, que no se preocupara y que todo estaba bien, pero en lugar de todo eso, apenas abrí los labios, lo único que salió de ellos fue un llanto desconsolado. _ ¡Pedro! _ Se sentó a mi lado dispuesto a no salir de nuestra habitación hasta no haber logrado calmar mi evidente angustia. Era un buen amigo.

_ Decisiones amigo… _ Dijo palmeando mi rodilla después de haberme escuchado atentamente. ­ _ La vida siempre nos obliga a tomar decisiones. ¿Hablaste esto con él?
_ Varias veces _ Respondí secándome las lágrimas con el puño de mi camisa.
_ ¿Y qué opina Guillermo?
_ Guillermo casi no opina, está fascinado con la idea. No me presiona para que tome la decisión, me dio todo el tiempo que necesite, pero es evidente que no ve la hora que lo haga. Soy yo el que está muerto de miedo.
_ Entiendo tus miedos y tus inseguridades Pedro, pero me parece amigo, que ya es tarde para echarse atrás. Vos ya empezaste una historia con él, bajaste tus cartas y él también lo hizo… El juego comenzó hace mucho tiempo, desde la primera vez que lo mordiste, desde la primera vez que se entregaron el uno al otro. Entiendo tus cavilaciones, pero si me permitís ser sincero, llegaron tarde. Ya abriste fuego, ahora no queda más que seguir jugando, de otra forma estarías traicionando su entrega sin resquemores y su amor incondicional.  Ahora te toca tirar los dados y que sea lo que tenga que ser. ¡Saltá Pedro! ¡Saltá! Disfrutá de esto que te pasa, soltá todos esos miedos y tirate al río. De alguna manera, tanto vos como él son dos privilegiados… ¿Vos creés que a todo el mundo le pasan estas cosas? Enamorarse como ustedes dos lo hicieron es un privilegio, no desperdicies este regalo de la vida. Te lo dice alguien que ha vivido cientos de años y que atisbó una sola posibilidad de enamorarse… Solo una. _ Hizo una pausa que me resultó embarazosa. _ Pero no se dio. _ Entornó los párpados solo un momento, pero fue suficiente.
_ ¿Esa persona era yo?
Chasqueó la lengua entre sus dientes y giró su rostro hacia la pared. _ No tendrías que haber hecho esa pregunta. _ Dijo mientras volvía a mirarme _ Pero si, eras vos.
_ Lo siento.
_  ¡Ya fue! No pasa nada… Me alegra que seamos amigos y además ya te dije, Guillermo me cae bien. Ya vendrá lo mío alguna vez.
_ Marcial…
_ Olvidate Pedro, te dije que ya pasó. Ahora somos amigos y como amigo, te prometo que si dejás pasar esto voy a poner leche de cabra en tu vaso de sangre todas las mañanas. ¡Te lo juro!
Logró hacerme reír. _ ¡Eso es maldad!
_ ¿Y lo tuyo que es? ¡Pura maldad! Seducís a Guillermo, te acostás con él, lo incentivás a encontrar la forma de estar juntos por cientos de años y ahora no te animás a hacerlo.
_ Esas palabras golpearon duro
_ Me alegro entonces
Medité solo segundos _ Tenés razón… Toda la razón. Yo abrí fuego, yo empecé este juego prohibido, soy responsable de esto y voy a hacerme cargo. Basta de lágrimas. Voy a convertirlo lo antes posible, el duelo terminó.
Me abrazó de una manera tan cálida que no me quedaron dudas que de verdad era un amigo en el que podía confiar.
_ ¡Ese es mi chico! Adelante y buena suerte, Pedro.  Tené confianza, todo va a estar bien. Ahora andá a buscarlo, no creo que se sienta precisamente feliz en esta noche tan fría y sin vos.
Me volvió a abrazar con mucha fuerza y se marchó.

No me hacía falta preguntar dónde estaba, podía leer su mente ensombrecida por mis dudas. Bajé a toda prisa por la vieja escalera de piedra sin siquiera rozar los escalones, pero mantuve mi compostura al cruzar el vestíbulo, alguien podría estar observándome. Tomé la escalera que llevaba a su habitación y cuando me sentí a salvo de la vista de toda Medianoche, volví a desplazarme por el aire hasta llegar a su cuarto. Golpeé la puerta de forma casi escandalosa a mi parecer, pero ya estaba hecho. No pude evitarlo.
Ver el picaporte desplazarse hacia abajo casi me cuesta un desmayo, estaba ahí, a solo un paso. Detrás de esa puerta que acababa de golpear exageradamente estaba el motivo de mi vida y sentí mi corazón palpitar  de forma desmedida, hasta que se abrió y me permitió volverlo a ver de cuerpo entero. Fuerte, masculino y atlético, enfundado en el uniforme negro de Medianoche.
_ Pedro… ¿Qué hacés acá?
_ Vine a decirte que ya tomé la decisión. Que lo voy a hacer, que acabo de soltar todos los miedos, que lo único que quiero es verte a mi lado cada mañana al despertar y que ya no me importan los riesgos. Que te amo y que no puedo vivir sin vos.
Me besó. ¡Dios mío! En ese entonces solo tenía dieciocho años y nunca, jamás, nadie me había besado así. Me hacía perder el control. De un solo movimiento me introdujo en su habitación, cerró la puerta y me aplastó contra la pared. _ Si volvés a hacerme sufrir otra vez de esta manera, Pedro… Si volvés a hacerme sentir la desazón que sentí todas estas noches, te juro que te mato.
_ No va a volver a pasar. Te lo prometo.
Acarició mis cabellos con tanta ternura que cerré los ojos y suspiré profundamente.
_ Amor, hay una fiesta en la biblioteca. ¿Querés que vayamos o preferís que nos quedemos acá?
Me observó detenidamente y  con una sonrisa perspicaz entre sus labios.
_ Adiviná. 

Cuando entramos juntos a la biblioteca fuimos recibidos por una salva de aplausos. Era evidente que no esperaban vernos por ahí, pero ese había sido mi castigo.
_ Dale, adiviná _ Había dicho mientras me tenía aprisionado contra la pared de su cuarto.
Quise pensar que iba a elegir quedarnos a solas, derritiéndonos en caricias y entregándonos al amor una vez más, pero no fue difícil leer en su mente lo que estaba pensando. Bajé la vista y me quedé callado.
Había comprendido mi rendición al instante. _ ¡Bien Pedro! ¡Vas muy bien!  Empezás a entender las cosas sin que tenga que explicártelas. Vamos a ir a reunirnos con el resto de la academia en la biblioteca. _ Dijo mientras me soltaba. _ Muero por una cerveza.
Me resigné, era evidente que me estaba castigando por haberlo hecho sufrir, pero recordé las palabras de Marcial y mi gesto sombrío se transformó en una sonrisa de paz.
_ Me parece bien, vayamos a beber unas cervezas.
Me miró a los ojos con una sonrisa sagaz y astuta entre sus labios. _ Ahora sí que de verdad estás creciendo Pedro. ¿Sabés…? Solo te estaba probando y me encantó tu reacción. Paso a aclararte que nunca dije que no íbamos a pasar la noche juntos, solo dije que muero por una cerveza.

¡Ay Dios mío! ¡Las cosas que ese hombre provocaba en mí en esos tiempos…!  Jamás encontraría palabras que le hicieran justicia. Me desequilibraba el timbre de su voz, la forma en la que me miraba y que decir cuando posaba sus manos sobre mí. Por supuesto que aún hoy sigue provocando maravillas en mi piel, pero en ese entonces era demasiado joven y recién comenzaba a recorrer el complejo camino del amor, era un idealista. Buscaba caminos perfectos para el amor, pero hoy que han pasado tantos años, debo admitir que cada disonante nos unió un poco más.  

La salva de aplausos me llevó a la realidad.
_ ¡Guillermo! ¡Pedro! Bienvenidos… ¡Cerveza para los recién llegados!
Se iban poniendo de pie uno en uno para saludarnos y me alegré de estar ahí. Nos recibieron como si fuéramos dos gladiadores y me sentí amparado por el afecto que nos demostraban. Era bueno saber que contábamos con ellos.
Bebiendo lentamente una cerveza helada, miré hacia una ventana buscando a Evangeline, comenzaba a extrañarla. Percibí su mirada desde el extremo opuesto de la habitación y olvidando a Evangeline, giré para morir en sus ojos.  
“Todo tiene un tiempo bajo el sol, hay un tiempo para amar y un tiempo para sembrar. Hoy es tiempo de sembrar, porque cuando demos el gran paso, de esta siembra dependerá nuestro destino.”
Confieso que no terminé de comprender ese mensaje, pero si él lo decía, era seguro que tenía sentido. Unos días más tarde pude entenderla de cabo a rabo y tuve que admitir que era un buen estratega.
Como era de esperar, el grupo de los “legítimos” no estaba ahí. Habían hecho rancho aparte, tal como era su costumbre, pero buena parte del alumnado se había convocado en la biblioteca y estábamos pasando una noche inolvidable.
Tanto él como yo pudimos interactuar de forma natural con alumnos que no habíamos tenido la oportunidad de conocer íntimamente y el encuentro forzado por las inclemencias del tiempo nos dio una ventaja que, al menos yo no había especulado. Días después me di cuenta que Guillermo tenía otro motivo para estar ahí y que iba mucho más allá del deseo de beber una cerveza.

La fiesta llegó a su final y, de uno en uno, todos se fueron marchando. Él había dicho que pasaríamos la noche juntos, pero no sabía qué hacer y por miedo a quedar expuesto me acerqué a saludarlo antes de dirigirme hacia mi habitación.
_ Fue una hermosa velada. Gracias por haber elegido esto. Juro que me encantó.
_ Gracias a vos por haber aceptado.
No había bebido demasiado, pero si lo suficiente para tomar el valor de mostrarme tal como me sentía.
_ No sé hasta dónde llega mi castigo y tampoco quiero preguntarlo. Sé que fui cobarde, que tuve miedo y que te hice sentir muy mal, pero todo eso ya pasó. Lo que no se si pasó es tu disgusto, así que voy a irme por donde vine. Hasta mañana amor. _ Besé su mejilla y me empecé a caminar.
 _ ¡Vení para acá! _ Dijo entre dientes mientras me sujetaba. Sentir ese impulso que me acercaba a él me llenó de dicha. _ Nunca más vuelvas a separarte de mí sin mi permiso _ Me susurró al oído y mis piernas comenzaron a temblar. _ Tu castigo recién empieza. Ahora vamos.
_ ¿A dónde? _ Pregunté mientras me dejaba arrastrar por el pasillo. ¿Para qué poner resistencia…? Si nada me gustaba más que sentir esa fuerza que le brotaba del deseo dirigida a mí.
_ ¿En serio no sabés a dónde vamos? Pedro… ¡No te creo! _ Volvió a murmurar tan cerca de mi cuello que casi me desmayo en pleno pasillo.
_ Temo hacer suposiciones equivocadas _ Alcancé a decir antes que me arrinconara contra una pared atrapando mi boca en un beso con alas y luz de amanecer. Ese siempre fue su don, desde esos tiempos hasta hoy, cada vez que me ha besado lo ha hecho de manera diferente. Ningún beso tuvo el mismo sabor, ni el mismo aroma, ni la misma intensidad. Cada beso suyo ha sido perfecto e imposible de comparar con alguno de los anteriores o con los que vendrían.

Pasamos la noche en su cuarto. Cuando nos marchamos no me había dado cuenta  que Gaby y Beto ya no estaban en la biblioteca, estaban en nuestro lugar, tan cerca del cielo y tan cerca de Evangeline. Sentí un poco de celos. Debo confesar que su cuarto era mucho más acogedor, pero extrañaba un poco ese espacio que había sido solo nuestro y también extrañaba a Evangeline.

Habíamos hecho el amor como nunca antes, ni con esa sombra que nos había perseguido durante meses ni con la alegría de entregarnos por primera vez sobre su lecho, esa madrugada habíamos hecho el amor con sosiego y manso placer.  Con la necesidad de saciar la sed muy lentamente, bebiendo sorbo a sorbo cada centímetro de piel. Acompañando cada caricia con una mirada, buscando la manera que nos permitiera llegar al otro mirándonos a los ojos y estallar lentamente labio sobre labio.
Ahora estábamos desnudos y agotados, hablando de trivialidades y por momentos, de nuestro futuro.
_ Me gustaría que recorriéramos el mundo_. Me dijo mientras recorría con las extremidades de sus dedos el contorno de mi cuerpo sin quitarme los ojos de encima. _ Quisiera llevarte conmigo a todos esos lugares que recorrí con mi madre, que vieras con tus propios ojos los diferentes lugares donde vivimos en Europa y que juntos descubramos los que nunca vi.
Me gustaba que estuviéramos así, desnudos y con la luz encendida. Las ventanas de los cuartos no se parecían en nada a la pequeña ventana de nuestro lugar. Eran tan grandes que para generar intimidad era imprescindible mantenerlas cerradas. Eso nos privaba de los matices del cielo en plena madrugada, de las constelaciones y de Evangeline, pero ver nuestros cuerpos desnudos tan abiertamente me estimulaba hasta incendiarme la piel.  Estaba fascinado con la perfección de su figura, era endemoniadamente atractivo y de él emanaba un encanto que me llamaba a besarlo, a poseerlo y a idolatrarlo. Era perfecto por donde lo mirara. 
Por otro lado, pude ver en sus ojos de canela y miel, cuanto lo seducía mi propia desnudez. No podía dejar de mirarme, me contemplaba como si fuera la primera vez que me hubiese entregado a él, recorría cada parte de mi cuerpo traspasado por la sensualidad mientras seguía explorándome con sus manos macizas y fuertes. Cada caricia era un deleite, sus manos sobre mí me llevaban a un estado de excitación que nunca había conocido. Era mi hombre… Con solo mirarme me erotizaba hasta erizarme la piel, si me rozaba me convertía en su esclavo y cuando me poseía me trasportaba a un mundo de voracidad y desenfreno del que nunca quería regresar. Ese era mi hombre y siempre lo sería. Defendería nuestro amor a toda costa y cuando me animara a hacerlo, ya no habría nada en el mundo más que él y yo.

_ ¿Cuánto hace que no ves a tu madre? _ Primero me respondió con un gesto que no terminé de comprender. _ El tiempo necesario para llevarnos bien. _ Pero inmediatamente se puso a  la defensiva. _  ¿A qué viene esa pregunta?
_ Simple curiosidad… Vos la nombraste y me di cuenta que no sé nada de tu familia. ¿Pero qué pasa con ella? ¿Por qué les cuesta tanto llevarse bien?
Por primera vez quitó la vista de mi cuerpo y la fijó en el techo de la habitación.  _ Creo que porque nos amamos demasiado. Ya te lo dije una vez, es un poco controladora, nunca va a aceptar que su hijo es un hombre. Ella quiere dirigirme la vida, yo no la dejo, y ahí empiezan los problemas.
_ ¿Y tu padre?
Tarde me arrepentí de hacer esa pregunta. Me había apoyado sobre uno de mis codos para seguir contemplándolo y por la expresión en sus ojos comprendí que no tendría que haber preguntado por él, pero… ¿Cómo iba a saberlo?
_ No conocí a mi padre Pedro, él murió antes que yo naciera.
_ Perdón… Lo siento amor.
_ No te culpes, ¿cómo ibas a saberlo? _ Era impresionante su capacidad para resurgir de las cenizas. Dio vuelta la página al instante, me atrajo hacia su cuerpo y quedamos frente a frente, a escasos centímetros de distancia.
_ Creo que por hoy ya hablamos demasiado, en cualquier momento va a amanecer y vamos a tener que separarnos. Cuando eso pase, podemos seguir hablando donde sea y vas a poder preguntarme lo que necesites saber, pero antes que llegue la luz del día… necesito desesperadamente que vuelvas a ser mi hombre y solo mi hombre una vez más. ¿Estás de acuerdo?
Estar de acuerdo… Por supuesto que estaba de acuerdo. Recuerdo con claridad ese instante, la voracidad con la que me arrojé sobre él y el apetito con el que me recibió entre sus brazos. Esa vez volvimos a hacer el amor como lo que realmente éramos. Dos animales hambrientos, dos rebeldes, dos insubordinados, dos transgresores que solo entendían una consigna: las reglas estaban hechas para romperlas. Culpables o no, eso era lo que éramos y nadie podía evitarlo. Ni siquiera nosotros.
Sucumbimos ante el placer una vez más y nos amamos hasta que el sueño nos venció. Esa noche soñé con él y con ella, Evangeline. Estábamos el uno muy lejos del otro, la noche era oscura y no lográbamos encontrarnos, su luz nos guiaba y una voz conocida me indicaba con precisión donde lo iba a encontrar.
Me desperté sobresaltado, pero al verlo durmiendo a mi lado me tranquilicé. Había sido solo un sueño. Me abracé a su cuerpo tibio y olvidando todo lo que pudiera inquietarme me quedé dormido sobre su pecho. Confiaba en Evangeline, ella sabría cómo proteger a dos sumisos pecadores.

* “Harry Potter y el cáliz de fuego”

CONTINUARÁ   

7 comentarios:

  1. AMO MEDIANOCHE UN CAPITULO FASCINANTE GRACIAS POR TANTO
    MARA ROSAS

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    1. Gracias a vos Mara, por acompañarme, por meterme presión, por todo lo que hacés para incentivarme a seguir escribiendo. Un abrazo desde este lado del río. Un abrazo....

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  2. Es indudable que la prosa poética es tu fuerte....estoy fascinada... atolondrada....es muy bella Medianoche....gracias por alegrar mí vida.... te amo..nunca dejes de escribir.....besito...

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    1. Ojalá Dios me conceda día a día el don de soñar porque no hay placer más grande que compartir esos sueños con ustedes, mis compañeras de trinchera, mis leales Guilledristas. Gracias Mirta por tus hermosas palabras, sabés que yo también te quiero con el alma y ruego al Cielo poder escribir siempre, siempre, siempre... Ese es mi idioma. Un beso inmenso! Te adoro amiga mía. ¡Besossss!

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  3. Hermoso Sandra!!!! Una historia de amor puro, tan dulce y romantico! (como nos gusta, no ;)
    Gracias gracias gracias por escribir (siempre) y compartirlas con nosotras. Besos Romina
    PD: "necesito" "desesperadamente" esa 3era mordida, por favor!!! ;)

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    1. ¡Gracias Romina! Qué cuerda para las musas son estas palabras tan bonitas! Solo te pido que no te asustes con lo que viene, vos sabés que nunca las haría sufrir... pero esa tercera mordida va a tener un contexto muy especial. ¡Confien en Evageline! Todo va a estar bien... Te mando un abrazo de osos, fuerte, Guilledrista y muy sincero Romi. ¡Gracias por tanto! ¡Besossss!

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    2. Vos me conoces, mientras sea dentro del mismo capítulo, no hay drama ;) No me dejes con la espera angustiosa de una semana. Te lo pido POR FAVOR!!!
      Besos Romina

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