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martes, 15 de agosto de 2017

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" Parte II - Cap. 4 (2da. Parte) - By Daniela Maurice







“Sed de ti me acosa en las noches hambrientas.
Trémula mano roja que hasta su vida se alza.
Ebria de sed, loca sed, sed de selva en sequía.
Sed de metal ardiendo, sed de raíces ávidas...

Por eso eres la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.

La boca tiene sed, para qué están tus besos.
El alma está incendiada de estas brasas que te aman.
El cuerpo incendio vivo que ha de quemar tu cuerpo.
De sed. Sed infinita. Sed que busca tu sed.
Y en ella se aniquila como el agua en el fuego.”
                                                                    Sed de ti
                                                                      Pablo Neruda
                                                            

Haber oído turistas fue suficiente para que Guillermo se resistiera a viajar a Valparaíso, aunque fuera con su familia. Tenía los bolsos preparados pero sus pies se habían vuelto de plomo, como se le hiciera imposible poder moverse, sentado sobre el borde la cama. Tal vez era un acto inconsciente. Sentía una sensación de culpa, como si siempre tuviera el poder para arruinarlo todo.
_ Estás actuando como un chico, viejo. Es solo un viaje.
_ Un viaje. ¿A quién se le ocurre planear unas vacaciones en Isla Negra? Va a estar lleno de turistas.
_ Dale córtala. Es un regalo que yo quiero hacerle a los dos.
_ ¿A vos te parece que es momento para hacer vacaciones? ¿Cómo están las cosas? Demasiado tiempo libre tuvimos, un año sin hacer nada.
_ Sí, encerrado en la estancia. Sé que fue para protegerlo a papá y cuantas veces se pelearon por José.
_ Fue muy poco.
_ Lo sé, pero la única paz que tuvimos fue la llegada de mi hermano. Dale papá, se puso en el hombro esta familia. Nos cuida a mí y a mi hermano. A vos. Además no estabas sin hacer nada, tenías que terminar el libro. Pá, ya la pasaron fea con todo esos quilombos. ¿No crees que merezcan descansar de todo lo que pasaron?
_ Estás muy reflexivo hoy.
_ Reflexivo, agarrá un bolso que yo llevo los otros.
Pedro entró en ese momento con Gianluca en los brazos.
_ Yo llevo los bolsos al auto. _ Eugenia también entró en ese momento. Había llegado unas horas antes. Aunque su camino era como siempre, viajar hasta el pequeño pueblo de Antawara donde vivía Sebastián, su parada en Santiago fue por motivos de urgencia, lo cuales eran evidentes.
_ Te ayudo con estos bolsos _ se ofreció a Fabián mientras él salía de la habitación.
_ Ahí viene papá.
_  Amor, Juan está al teléfono
_ ¿Sabés lo que quiere?
_ No se mi amor, hablé poco. Contestale que está esperando. Yo tengo que buscar el bolso del bebé _ le terminó de decir al salir
_ Juan
_ ¿Cómo estás con la sorpresa?
_ ¿Cómo se te ocurre que vayamos a Isla Negra? ¿Y  precisamente a la casa de Neruda?
_ No exageres que  fue en una conversación que tuve con tu hijo, sino ni se me hubiera ocurrido. Le hablé del lugar  y le pareció que podía ser bueno para ir de vacaciones. Hablé con un amigo italiano que vive allá hace muchos años y que con papá hacemos negocios siempre.
_  Si algo me contaste _ repuso un poco más aliviado.
_ Te deja una de sus casas de verano por dos meses. Está cerca de la casa de Neruda.  Ah, casi me olvido, Luca Berucci se llama.
_ Luca, como mi hijo. Espero que eso sea una buena señal_. Hizo una pausa cuando tomó conciencia de lo que le acababa de decir._  ¿Dos meses me dijiste? ¿Vos te complotás con mi familia? Ahora entiendo tanto equipaje _ hizo ademán con la cabeza. _ Me voy a volver loco, dos meses, lleno de turistas y con el sol aplastándome en la cara.
_ ¡Pero dejá de quejarte! Primero lo sacás a Gianluca a pasear y de paso solucionas el problemita de abstinencia que tenés con Pedro.
_ ¿El problemita? ¿Quién te está pasando información a vos?
_ Fabián me contó sin querer. Nos conocemos desde hace veinte años y te va dar vergüenza.
_ Mirá, por todos esos años que nos conocemos te voy a pedir el favor que abogues por mí, porque cuando llegue allá los mato, a mi marido y a mi hijo.
_ Relájate una vez y después me contás.

Bajó hasta la sala. No sabía si agradecer a su hijo por haberle dejado el bolso menos pesado o matarlo por contar sus cosas intimas. La situación se alivió al ver que Pedro le había dejado una notita sobre una mesita: “Amor llevamos el equipaje al auto. Te esperamos allá.”
Esas cosas simples antes no le tomaban importancia pero ahora no podía vivir sin esos detalles.
“Amor como me cambiaste”

Su familia ya se había acomodado en el auto, salvo Fabi que terminaba de acomodar el equipaje. Eugenia se había sentado delante.
_ Vos vení acá _ le hizo seña a su hijo _ Se puede saber cómo sabés de mis cosas privadas y vas y se lo contás a Juan
_ ¿Te réferis a la abstinencia que te impuso papá? _ se hizo el desentendido, riendo.
_ Yo no entiendo cómo te enteras.
_ ¡Ah viejo tampoco exageres! No lo divulgué con todo el estudio. Si querés saber, la habitación que tomé en la estancia está cerca de la de ustedes y un poco se escucha
_ ¿Qué se escucha?
_  ¡Ah viejo! ¿Hace falta que yo te lo diga? Con el silencio era fácil darse cuenta que estaban con abstinencia.
_ ¿Pero que te crees? ¿Qué hago una orquesta con tu padre?
_ Una orquesta no pero que la pasan bárbaro… ¿Qué le hacés?
_ Yo no puedo creer que esté hablando de mi intimidad sexual con vos
_ Guillermo los llevo yo _ dijo Eugenia mientras lo veía acercarse. Esperó a contestarle _ Andá para allá antes que te mate _ le masculló a su hijo. Fabián apuró el paso y rodeó el auto para sentarse delante.
_ No, no te puedo pedir eso.
_ Es mucho viaje para Fabián. Yo ya estoy acostumbrada a ir y venir.
_ Está bien. Yo me siento atrás con Pedro.
_ Gracias por pensar en mí _ se inclinó Fabián hacia ella.
_ Que poco caballero que sos.
_ Viejo no exageres. _ Hizo una pausa. _ Y ustedes ojo ahí atrás.
_ Estás de mucho humor vos. Ya te mandaste una macana hablando de mis cosas privadas.
_ Nuestras amor.
Pedro intercambiaba risas con Eugenia a través del espejo retrovisor.
_ Háganme recordar que cuando volvamos hagamos terapia de viaje.
_ No te molestes Eugenia. Mi viejo no tiene remedio.
_ ¿Vos lo apañás?
_ Mi amor, no lo apaño. Es mi consentido _ le susurró al oído.
_ Tu consentido. ¡Flor de atorrante elegiste! A él no me lo corrompés. _ Gianluca se había acomodado en el pecho de su papá y dormía tranquilito
_ A él no porque es mi príncipe. Y me parece que es un auténtico Graziani.
_ No, mirá lo tranquilito que está. Tiene mucho de vos y de mí. _ Le dio un beso en su cabecita. _ Amorcito
Pedro estiró su brazo para acomodarlo en su pecho.

………………………………………………………………………………………………………..

_ Viejo, despertate que está lleno de gente.
Guillermo se incorporó de pronto de los brazos de Pedro. El viaje había durado casi un día y medio. ¿Había escuchado bien? Lo que menos quería imaginar era que bajaría del auto y una turba de gente estuviera cubriendo el lugar. Las manos comenzaban a sudarle y ya estaba sintiendo ese hormigueo que se le producía en el cuerpo cuando se encontraba en una situación incómoda.
_ ¿Te despertaste?
_ Vos me querés matar.
Pedro soltó una risa a la par de Fabi mientras avistaba hacia afuera.
_ No hay nadie
_ No te preocupes Guillermo que tampoco va a haber gente Son cerca de la once y media _  consultó su reloj. _ Siempre se llena de tarde.
_ ¿Vos habías venido ya?
Eugenia trató de mantenerse en silencio unos segundos al recordar la razón.
_ Si. Veníamos siempre con Aarón.
_ No, no. ¿Por qué no me dijiste?
_ Soy terapeuta, hay que enfrentar las cosas Guillermo.
_ Pero sos humana también _ replicó Fabián.
_ Con las chicanas entre padre e hijo ya hice todo el duelo _ bromeó. _ Continuando con lo que estábamos hablando. Ahora es más común que haya turistas en el restaurante
_ Pará el auto donde indicó Juan que estaba la casa. Ni se te ocurra a vos que vayamos a un lugar público a comer.
_ Yo no dije nada. Soy una tumba.
Estaba a cuatro casas. Para el italiano había sido una buena inversión. Quien fuera seguidor del poeta, no tendría reparos en alquilar una de las casas de verano que rodeaban la casa de su artista favorito. Verla le trajo a Pedro recuerdos de su infancia. Cuando Marcial había ahorrado el dinero que había ganado con él por cuidar la casa de un viejo matrimonio. Su primo había comprado todos los libros de Neruda para suerte de Teo. En ese tiempo Marcial vivía enamorado de ella y la perseguía por todos lados recitando cada uno de sus poemas. Pedro le servía de escudero y dejaba siempre una notita debajo de su almohada con uno de los versos del capitán.
Eugenia dobló por detrás de la fachada de la casa hacia un camino cuesta abajo. No hizo falta que después buscaran al socio de Juan. Luca Berucci estaba en la entrada. “Menos mal que no quedaba al lado de la casa de Neruda” masculló para sus adentros. Pedro decidió ver el lugar y dejó a Gianluca con Guillermo mientras él iba a ver la casa.

_  Vamos para allá _ le señaló Eugenia unos segundos después. Subieron por una escalera que ascendía a una calle empedrada de piedras blancas y se apoyaron sobre un  barandal para hablar.
_ Te iba a preguntar, pero no quería hacerlo delante de mi familia.
_ ¿Es por esto? _ Señaló generalizando el lugar.
_ ¿Cómo hacés para estar en un lugar en el que viviste tantas cosas con Aarón?
_ La terapia te prepara para eso. Igual no es fácil. Pensar que tantos años tratando gente con problemas emocionales. Con traumas tan terribles, crees que vas a tener todo solucionado.
_  ¿De qué murió?
_ En un accidente. Había sospechas sobre la causa pero se llevó todo a la nada. No importa. Él murió y yo sabía que tenía que seguir. Por eso los entendí más que nadie a ustedes. Principalmente a Guillermo.
_ No tenés que involucrarte con tus pacientes y lo hiciste con nosotros.
_ Desde el primer momento que leí el historial clínico de Guillermo me involucré. Era imposible que no me identificara. Mi tío me va a matar. Él se fue de vacaciones y me dejó sus pacientes. Me indicó que Guillermo era el más importante y que por nada del mundo fuera a conectar mi historia con la de él.
_ ¿Lo extrañás?
_ Todo el tiempo. Fue inesperado. Íbamos a casarnos en unos días y ocurrió ese accidente con su camioneta. De todos modos puedo rescatar una esperanza. Hace un año y medio viajamos a África hacia Níger. Generalmente voy y vengo para colaborar con la parte emocional de los niños. La última vez había viajado para solucionar un problema que hay con las mujeres que son las segundas esposas, creen que sus hijos se enferman porque la primera esposa que muere les echa brujerías. Así se complican las intervenciones médicas. Ellas se resisten a que sean atendidos.
_ Teo me contó algo. Debés conocer a mi prima. Ella trabaja en esa zona.
_ Sí _ asintió con la cabeza. _Teo Beggio. Cuando te conocí me sonó enseguida el apellido.
_ Es muy bueno... ¿Un hijo?
_ Si. Por suerte el trámite de adopción siguió adelante a pesar de su muerte. A veces por temas burocráticos se complica y las adopciones quedan en el camino, pero no fue nuestro caso. Me daba miedo pensar que no iban a dejar seguir adelante  porque quedé sola. Vos sabés, por temas de doble moral.
_  ¿Él sabe que Aarón murió?
_ Si lo sabe. Viajé un mes después y me quedé allá por un tiempo. Fue la forma de hacer mi duelo. Enfocándome en esos niños. Le dije y fue muy difícil porque Duma no había perdido al hombre que decidió adoptarlo, sino a su padre. Fue muy fuerte el vínculo que tuvimos con él pero lo aceptó con una sabiduría enorme. Es un niño especial, increíble. Han visto tantas cosas que ya nada puede romperlos. Esos niños son resilientes.
_ ¿No hay forma que puedan salir de esa situación?
_ Esa es la idea. Por lo menos de Sebastián. Él nos entrenó en un proyecto.
Eugenia miró hacia el resto-bar que estaba enfrente como varios de los empleados iban acomodando las mesas fuera del local.
_ Vamos para allá antes que se llene de gente.
_ Ahí va _ La siguió mientras fijaba la vista en su celular. _ Le mandó un mensaje a Guie  de donde estamos.
_ ¿Pedimos la carta o esperamos a que vengan ellos?
_ Mejor buscamos el lugar y esperamos. Guíe no conoce mucho la comida de acá.
_ Seguramente tendrán algo variado. Este lugar es nuevo. _ Agregó tomando una de la sillas. _ Cuando veníamos con Aarón no estaba.

Guillermo había acomodado a Gianluca en la cama y abrió el bolso del bebé. Fabi mientras quitaba algunas de sus prendas del bolso y las iba guardando en los cajones de un armario.
_ ¿Este está bien para él? _ levantó el traje de marinerito que acababa de sacar del bolso. _ Hace mucho calor afuera.
_ Me pareció raro que te encargaras vos del bebé. Siempre lo hace papá o los dos juntos.
_ A Pedro le gusta el lugar. Él quería verlo un poco. Le dije en el tramo que estábamos viajando que buscara un área que pueda ser  cómoda y no se llene de mucha gente.
_ La playa puede ser. Sé que no te gusta pero Eugenia me decía en el auto que no suele haber muchas personas. Recorren más los lugares por los que paseaba Neruda, además de la casa.
_ Sí, pero yo prefiero un lugar sin tanto barullo. _ Le fue acomodando el traje a Gianluca pero él se mantenía inquieto. Movía sus piernitas hacia arriba y sonreía a intervalos como si le divirtiera lo que él mismo hacía. A Guillermo no le preocupa mucho y no sentía la necesidad de llenarse de paciencia. Fabián se detuvo en guardar la ropa. Se quedó pensativo ante lo que le había dicho su padre. Se dio vuelta y le dijo:
_ ¿Es eso o tenés miedo a lo que piense la gente de ustedes?
Guillermo se dio vuelta.
_ Eso, _ acentuó sin importancia _ me lo planteé cuando decidimos estar juntos y formar una familia con vos. _ Se volvió hacia Gianluca para alzarlo _ Más con la llegada de tu hermano. Yo tenía que superar todos esos miedos _ agregó efectuando palmaditas a su espalda pues ya se volvía inquieto de nuevo.
_ Sé que Chile es conservador. No hay ninguna ley que reconozca los derechos de ustedes.
_ Es lamentable.
_ ¿De verdad no te preocupa? _ Frunció el ceño haciendo caer sus párpados en señal de duda. _ Siempre te escondiste, aunque sé que ahora es distinto.
_ No puedo hacer eso. Él es mi marido y ustedes son nuestros hijos. Yo lo amo y él a mí. No hay nada malo en eso. No nos tenemos porque esconder.
_ Bueno, te veo todo un cambio.
Guillermo se fue acercando al ver que el semblante de Fabián había cambiado. La serenidad se apagó en él. Guille tomó su mentón y luego llevó su mano sobre su mejilla.
_ Hijito.
_  No quiero que nadie les haga daño. Por eso me costaba tanto aceptar… bueno,… tu forma de sentir y tu relación con papá... Me daba miedo todo.
_ Lo que yo soy no cambia. Y no va a pasar nada. Vení _ le hizo seña con su mano. _ Venga acá _ lo fue abrazando a su pecho. _ Mis bebés
_ No soy un bebé
_ Para mí siempre vas a ser mi bebé. _ Fabián se soltó _ Me sorprende que hayas elegido este lugar ¿Qué te pasa qué estás tan romántico?
_ ¿No era que para vos nada era romántico? Todo era cursi.
_ Uno puede cambiar.
_ No me pasa nada.
_ ¿Ah no? Mira la cara de atorrante _ le palmeó la cara.
_ Entonces no te enojó mi regalo.
_ No. Nos va a hacer mucho bien, y a tu hermano y a vos también.
_ Mirá _ señaló el celular _  Papá te mandó un mensaje. Dame que yo te lo tengo. _  Le alcanzó él bebe para abrir la casilla de mensaje y leyó.
Pedro le indicaba la dirección del resto-bar con el nombre, adjuntándole la foto. Estás a dos cuadras, sincronicemos coordenadas”. _Guille sonrió por las últimas palabras cómplices y luego decidió llamarlo.
_ Mi amor
_ Guie.
_ Vamos para allá.
_ ¿Vas a poder ubicarte amor?
_ Si, no te preocupes. Nos vemos allá. Te amo.
Apagó la llamada efectuando un beso. Salieron de la casa. En el camino no fue difícil encontrar el resto. El cartel se alzaba cuando se acercaban sobre la escalinata de frente al resto.
_ Amor… ¿Cómo está mi bebé? _ Pedro extendió sus brazos para alzar a Gianluca. _ ¿Estuvo muy inquieto?
_ Se portó bastante bien. ¿Pidieron algo? _ inquirió Guillermo al tomar asiento.
_ Queríamos esperarlos a ustedes.
Un empleado se  acercó y dejó sobre la mesa una picada de variados fiambres junto a dos cartas para el almuerzo.

Aunque se había sentado a su lado, Guillermo percibía la indiferencia que Pedro le hacía. Su estado de ánimo parecía cambiante. Por momentos producía un acercamiento pero por otros se alejaba sin ningún motivo. Observó que tomó la carta rápidamente y la abrió solo para él. Eugenia notó el semblante contrito en él. Le hizo un gesto que tuviera paciencia. Envidiaba las risas compartidas que Fabián compartía con su psicóloga y como ella le explicaba los platos de comida.
_ Guillermo acércate _  musitó ella
_ No
_ Intentalo
Para apaciguar la tensión Eugenia abrió un tema sobre la isla.
_ ¿Te ayudo con el pedido?
_ No, está bien. Estoy eligiendo para los dos.
_ ¿Querés que tenga el bebé Guillermo? Así ven la carta juntos. Dame. _ No esperó su respuesta y extendió sus brazos para alzar a Gianluca. Guillermo corrió su silla acercándose muy junto a él.
Nunca se había sentido nervioso en toda su vida. Pedro compartía la emoción sin saberlo.
Miró la lista. Fue en ese momento que abrigó su mano con la suya. Pedro sintió la tibieza de su caricia que le recorrió como una corriente en todo el cuerpo. Sus mentes trazaron en pinceladas, el mismo recuerdo cuando miraban entre pilas de discos cuál elegir. Pedro bajó su mano sin soltarla y la posó sobre su entrepierna y lo dejó hacer que subiera y bajara para despertar al placer. Detuvo el movimiento cuando sintió que su miembro se empujaba hacia delante. Se miraron. Se derretían en ansias de devorar sus bocas.
_ ¿Qué vas a elegir?
_ Lo que vos quieras
_ Este _ señaló el Bistec a la Pobre mientras alzó su pierna sobre la suya _ y este. _ Los Príncipes, que era un plato dulce. Volvió su rostro rápidamente y le dio un beso fugaz que quemó en sus labios.
_ ¿De qué se ríen? _ bajó la carta apoyándola sobre la mesa en un aire de disimulo.
_ No nada. Eugenia me contaba las anécdotas de la isla. Ustedes estuvieron muy callados.
_ Estábamos eligiendo la carta.

Fabián llamó al mozo después que Pedro le mostró los menús que había elegido en la carta. Guillermo se había sentado frente a él junto a Eugenia.
Aun después, mientras iban almorzando, no apartaban la mirada el uno del otro. Enterraban sus miradas y el deseo se encendía en sus ojos. Fue un instante, pero eran momentos que parecían durar una eternidad.

……………………………………………………………………………………

_ ¿No crees que Eugenia esté muy sola? _ Pedro le inquirió a Guillermo mientras preparaba La Malaya.  A él y a Fabi les habían gustado los ingredientes al leerlos en una carta especial, por la tanto decidió hacerlo.
_ Me sorprende de vos esa pregunta. Los dos estuvimos en ese lugar. Pedro se dio vuelta con todo su cuerpo
_ Lo sé. Yo mismo me asombro también pero me afectó mucho todo lo que me contó. La aprecio mucho. ¿Te habló del hijo que pensaban adoptar?
_ Si algo. Por suerte el trámite siguió adelante por más que ella esté sola. De todos modos yo me hubiera ofrecido ayudarla si había surgido algún contratiempo.

Pedro se volvió de nuevo a lo que estaba haciendo. Guillermo lo veía muy concentrado cortando…
No le importaba. Corrió la silla y se fue acercando hacia él. Pedro sintió su presencia detrás y le recorrió un estremecimiento en todo el cuerpo. Como amaba que le provocara esa sensación. Que lo dominara como si se volviera esclavo de sus deseos. Guille abrazó sus manos a su cintura y atrapó su oreja. Lo fue besando para ir succionando mientras sus manos se abrazaban a las de él.
_ Guillermo, pará _ le suplico sofocado.
_ No aguanto más que estemos así sin amarnos. Dejá eso _ le habló a su oído.
_ Ahora no _ volvió su vista hacia él. _ Teneme paciencia. A la noche.
_ ¿Es una tregua más?
_ Yo tampoco aguanto. Creo que fuimos evidentes hoy.
_ Decime como aguanto.
_ Seguí ayudándome a cocinar. Pensá en otra cosa
_ Voy a pensar en vos precioso. _ Tomó su mentón, atrapó su boca y lo besó saboreando sus labios. El beso dejó a Pedro sin aliento.

………………………………………………………………………………………………………

Entró al baño sin saber qué hacer. Se sentía nervioso como la primera vez que estuvieron juntos. Se miró en el espejo y comprobó que su cabello estuviera bien peinado. Apenas unos pelos rebeldes por el agua se veían  hacia arriba de su coronilla. Se lo acomodó con la palma de su mano. Lo demás permanecía impecable.
El cabello esponjado se veía igual que siempre, así como le confería ese aspecto de niño frágil y dulce. Aun así el cuerpo le temblaba. Cerraba los ojos y evocaba ese momento perfecto en el que permaneció en sus brazos y se entregó a él por completo. Pensó en el miedo que lo invadía y rió al recordarlo. No entendía porque ahora se sentía de la misma manera. Tal vez por la misma razón que permaneció durante días en la cama sin tocarse. Era como retroceder en el tiempo y volver a esa represión impuesta. No quería volver a esa regresión de nuevo, pero la discusión lo había afectado a ambos sobremanera. ¿Por qué los fantasmas del pasado parecían recobrar fuerza?
No los dejaría volver. Lo único que importaba en ese momento era que estaban ahí, en ese lugar tan especial, atrapado por la magia de las letras. Sintió sus pasos tan inconfundibles para él y apuró el desodorante en aerosol por toda su ropa.
_ Pedro…
_ Acá estoy Guille _ se dio vuelta cuando Pedro se acercó a él de frente. Daba pasos lentos, pausados.
_ ¿Estás bien?
_ Si. Estaba hablando con Fabián. Un poco se sentía culpable por él viaje. Piensa que nos presionó un poco.
_ Bueno es entendible. Todo sucede muy rápido.
Trataba de seguir sus palabras pero ya no entendía él mismo lo que estaba diciendo. Su respiración se ahogaba y le volvió a temblar el cuerpo teniéndolo tan cerca. Podía respirar su aliento al oír su voz.
Se acercó un poco más a él. Se sentía desfallecer y las fuerzas en sus piernas lo abandonaban.
_ Perdóname, no sé qué estaba diciendo. Vos me hablabas de Fabián y yo te respondí cualquier cosa.
_ No, no te preocupes. Es normal.
_ ¿Qué es normal?
_ Todo, este momento. ¿Vos  crees que me aguanté todo el viaje para que no pase nada?
_ ¿Entonces me levantás el castigo?

_ Sí _ le respondió. Sus manos ya se habían adelantado a la respuesta cuando sus dedos comenzaron a deshacer de a poco la cinta que sujetaba su pantalón. Lo dejó caer lentamente hasta sus pies mientras Pedro iba deshaciéndose de su propia remera. Arrastró sus manos sobre la remera de su amante y dejó sus dedos fueran, dejando descubierta la piel. 
_ ¿Por qué sos tan hermoso? Te amo.
Guille trazó con sus dedos las líneas que se formaban en su cuerpo. Pedro se sintió de nuevo estremecer. Los impulsos se aceleraban dentro, presionando hacia adelante su sexo. Guille sabía cómo efectuar el recorrido hasta excitarlo.
_ Pará _  lo detuvo con la voz sofocada. _ Me parece que vamos rápido. Déjame sacarte esto. _ Posó sus dedos sobre el cierre y lo fue deslizando hacia abajo. Lo dejó caer.
_ Te amo.
_ Yo también _ le dijo acercando un poco más sus labios.
_ No, no como yo. Como este beso _. Saboreó sus labios apenas entreabiertos. Pedro abría su boca para besarlo pero él apartaba sus labios. Quería retener el deseo.
Pedro cerró sus ojos para dejarse llevar por esa boca que lo abarcaba. Las caricias se derramaban sobre su espalda en movimientos sin ninguna forma. Deslizó su mano y lo tomó con fuerza de la cintura. Pedro avanzaba en sus besos dejando paso a su lengua.
_ Tomame _ le susurro al oído. Subió su pierna a su cintura para levantarlo en sus brazos y lo arrojó despacio sobre la cama. Deslizó sus dedos trazando la forma de su miembro erecto. Le hizo un gesto cómplice. Pedro le dio la respuesta con una sonrisa. Tomó en su boca el inicio del bóxer y lo atrapó entre sus dientes para bajarlo de a poco. Se enredó entre sus piernas dejando a su paso delicados besos en su piel. Arrojó el bóxer al piso. Pedro había sentido que no podía más. Que su cuerpo se volvía fuego ante la espera.
_ ¿A dónde vas?
_ Espérame. Cerrá los ojos _. Colocó la palma de su mano sobre sus párpados. Apagó la luz. Pedro se deslizó hacia atrás con los codos apoyados sobre la cama.
_ ¿Desde cuando te da vergüenza sacarte el bóxer adelante mío?
_ No es eso, y callate que el bóxer me lo sacás siempre vos.
_ Soy tu marido. Dale, desnudate.
_ Te dije que no es por eso. Cerrá los ojos que yo ya vengo.

Pedro adoptó un ademán de resignación recostándose. Esperó unos segundos y ya podía sentir la brisa suave que venía de afuera de la isla colándose en la piel
_ ¿Ya puedo abrir los ojos?
_ No. De eso se trata, que te dejes llevar.
Dibujo una sonrisa de placer en sus labios cuando fue sintiendo un líquido espeso sobre su sexo que fue corriendo como un río hasta su entrepierna. Su boca se fue bebiendo el dulce sabor esparcido.
Su lengua fue haciendo lo mismo, surcando los espacios que daban paso al placer. Succionaba y mordía despacio. Pedro se arqueaba y se movía inquieto cuanto más se introducía en él. Apenas podía gemir, ahogaba sus gritos. No le alcanzaba ese juego de besos. Necesitaba tenerlo sobre él cabalgando su cuerpo hasta llevarlo al delirio.
_ No puedo más. Vení por favor.  
Guillermo se volvió hacia él, podía beber su aliento deshaciéndose en deseo por besarse.
_ ¿Por qué tenés que ser tan hermoso? Precioso mío _ despegó el pelo de su frente.
_ Para vos, solo para vos. Soy completamente tuyo.
_ Lo sé. Siempre fuiste mío. Tendría que haberte amado antes. Me contuve tantas veces.
_ Yo también _ sus caricias avanzaban a la piel de su rostro. _No sabés como deseaba que me tomaras a la fuerza. No sé porque no me quedé cuando me lo preguntaste.
_  Porque tenías miedo y no estabas listo. Yo no te quería presionar
_ Sí lo estaba, lo estaba. ¿Sabés qué sino hubiera venido ese perito nos habríamos amado?
_ No.
_ Lo pensé un montón de veces. No podía dormir pensando en eso, y me quería morir porque dejamos pasar ese momento.
_ Ya pasó mi amor. Ahora te puedo amar como tantas veces lo hice.
_ Es lo que más quiero, mi amor.
_ ¿Eso significa que me perdonaste?
_ Si, ya me olvidé de todo. Esos dos no pueden robar tu amor, ni tus besos, ni tus caricias.
_ Por eso te ame hoy así. Para reparar todo lo malo, todo lo que te lastimé.
_ Sos mío, solo mío.
Deslizó su mano por detrás de su nuca presionando su pelo para arquearlo. Se hizo dueño de ese cuello. De esa piel que fue saboreando. Trazó un camino infinito en él con su lengua. Se detuvo en la nuez de Adán donde sabía que podía tocar la fibra más íntima. Pedro sintió una descarga eléctrica leve, que se aprisionó debajo y le provocó un fuerte placer. Se aferraba a las sabanas cuando sus besos lo recorrían con desespero. Bajo a su pecho. Se detuvo y fue humedeciendo sus besos en sus pezones. Atrapó la punta oscurecida en su boca. Esta vez la descarga se hacía más fuerte en ambos. Sus cuerpos se volvían en llamas. Pedro se arqueó más. Esta vez con todo su cuerpo y emitió un grito ahogado que él apagó con sus besos. Tomó su boca con violencia hasta macar sus labios y fue introduciendo su lengua. La abrazaba reteniendo sus labios. La saboreaba empujándola hacia atrás. Pedro detuvo los besos. Apenas podía respirar.
_ Quiero que me ames _  le dijo cercando sus labios.
_ Lo estoy haciendo.
_ No, quiero que me tomes en esa posición que los dos sabemos.
_ ¿De verdad? ¿Estás seguro?
_ Si.
_ No sé si tenga energía para eso. Para amarte así.
_ Vas a poder. Hacelo.
Atrapó de nuevo sus labios mientras Pedro fue abrazando sus piernas a su cintura. Llevo su mano detrás de su espalda y lo inclinó hacia delante para apoyar una almohada que era precisa para evitar una contractura. Se arrodilló en el espacio que se abría entre sus piernas y se colocó a horcajadas. Apartó sus brazos en cruz y él lo fue recibiendo dentro suyo. Lo penetró despacio y la sangre fue bullendo en su interior, empujando su miembro en oleadas de placer que se volvían violentas, desesperantes, tanto como Pedro había deseado que tomara posesión de su cuerpo.
De nuevo se volvían a transformar en llamas. La habitación se volvía incendio y los silencios quedaban envueltos en gemidos. En ningún momento abandonó su boca a la que reclamó con posesión indebida. No tenía control de su cuerpo sobre su amor, al que fue cabalgando con desenfreno. Sus movimientos subían y bajaban sin detenerse. Pedro separó su boca cuando ya  sintió que los jadeos se abrían paso fuera.
Se alzaban más en gritos apenas ahogados que le reclamaban, que le suplicaban no detenerse.
Sus bocas se buscaban de nuevo mientras sus manos se abrazaban. Guille frenó sus movimientos para retener el éxtasis final. Se volvió hacia él para llegar juntos al orgasmo. Pedro lo recibió de nuevo. Sus dedos treparon sobre el respaldar de la cama a la última embestida y expresó su último gemidoIncorporó su espalda sobre la cama y fue bajando sus piernas para acomodarlo
_ ¿Estás bien?
_ Si. _ Guille se arrastró un poco más hacia él y abrazó su mejilla a la suya. Pedro inclinó su cabeza de costado y su mirada se cubría de un aire sereno.
_ Soy muy feliz
_ Yo también. ¡Te extrañé tanto! _ fue acercando su rostro. _ No me hagas más esto. Te amo. _ Lo besó _  ¡Te amo tanto!
_ Lo sé. Es que me dolió tanto y me lleno de rabia…
_ ¡Shh! No lo nombres _ le dijo dándole besos acortados. _ Este es nuestro momento. No existe nadie más.
_ No puedo creer que vos me pidas eso.
_ ¿Me perdonaste?
_ Ya lo hice. ¿Cuántas veces querés que lo haga?
_ Las que sea necesarias para que tengamos reconciliaciones así.
_ No necesitas que te perdone para que nos amemos así.
_ Fue una locura.
_ Vos me mostraste el libro.
Atrapó su boca y la fue saboreando de a poco. Pedro separaba sus labios pero apenas le daba tiempo y lo volvía a besar.
_ Hay tantas cosas que quiero hablemos  _ le decía mientras lo besaba.
_ Después, ahora no.
_ Mi amor…
_ No. Ahora sos mío. Olvídate que vamos a hablar._ Abrazó su mano a su cintura y lo atrajo más a su cuerpo. Pedro sintió la tibieza de sus dedos y un hormigueo le recorrió toda la piel. Guillermo subió sus manos sobre su nuca y fue enterrando sus dedos. Una descarga eléctrica viajó sobre su espalda hasta adentrarse dentro de su sexo. Advirtió la reacción provocada y bajo su mano hacia su miembro.
Sostuvo fuerte su cintura mientras impulsaba la yema de sus dedos más adentro. Su respiración se aceleraba con sus besos. Sin abandonar sus labios lo llevó debajo de su cuerpo.
Apartó sus labios y enterraban sus miradas él uno en él otro. Pedro apoyó su mano sobre la mejilla.

_ Ahora me doy cuenta que pudimos amarnos en ese momento _ la voz de Pedro se sofocaba en sus palabras mientras Guille derramaba sus besos en su cuello. Que hizo todo lo posible para separarnos
_ No lo nombres _ se apartó.
_ No.
Guille apartó sus brazos a cada lado de la cama y se abandonó a su pecho. Pedro derramó sus caricias sobre su espalda mientras recorría su rostro con pequeños besos que se posaban en su frente.
_ No nombremos a nadie.
Todo el tiempo que estemos acá que solo existamos los dos. _ Hizo una pausa. _ Abrázame fuerte. _ Pedro lo abarcó con sus brazos. Guillermo se dejó llevar en la tibieza de su piel. Se sentía a salvo. Resguardado en su protección.
_ Me encanta que estés así.
_ Es lo que necesito.
_ No podés ser fuerte todo el tiempo. A veces necesitás que te cuide.
_ Estuve muerto todo un año.
_ Sé que a vos te tocó la peor parte. Lo entiendo amor. Entiendo tu dolor. Yo por lo menos tenía la seguridad de que estabas vivo. Que Camila no te había hecho nada, pero vos me creías muerto.
_ Por eso no quiero que me sueltes. Te amo mi amor. Te amo. Toda mi vida, para siempre.
_ Yo también, siempre. Para siempre amor.
Guillermo inclinó su rostro hacia arriba
_ ¿De verdad te preocupaste por mí?
_ ¿Cómo no iba a preocuparme, mi amor? Camila está fuera de control
_ No me hizo nada. Al contrario, fue extraña su actitud. Me pedía que no la dejara.
_ ¿Lo hiciste?
_ No. Solo me preocupé por vos.
_ Beto me contó, que fuiste capaz de vender tu casa por mí. Para pagar mi juicio. No tenías que hacerlo
_ Yo haría todo por vos
_ Entonces lo que quiero es repetir la dosis.
_ Tu deseo es una orden para mí.
Pedro subió la sábana sobre Guille y se fueron escondiendo para volver a entregarse al amor.

CONTINUARÁ

2 comentarios:

  1. Excelente Daniela ya quiero la continuación de esta historia y muchas noches HOT COMO ESTAS.
    Mara rosas

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  2. Que lindo viaje a Valparaiso Dani! Y por fin Pedro levantó la condena! ¡Cuanto erotismo, cuanto fuego y cuanto amor! ¡¡¡Por favor que no se demore la continuación! ¡Besosssssss!

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