
Capítulo 4
Déjame sueltas las manos
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión —sangre, fuego, besos—
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!
Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!
Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste—
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!
y el corazón, déjame libre!
Deja que mis dedos corran
por los caminos de tu cuerpo.
La pasión —sangre, fuego, besos—
me incendia a llamaradas trémulas.
Ay, tú no sabes lo que es esto!
Es la tempestad de mis sentidos
doblegando la selva sensible de mis nervios.
Es la carne que grita con sus ardientes lenguas!
Es el incendio!
Y estás aquí, mujer, como un madero intacto
ahora que vuela toda mi vida hecha cenizas
hacia tu cuerpo lleno, como la noche, de astros!
Déjame libre las manos
y el corazón, déjame libre!
Yo sólo te deseo, yo sólo te deseo!
No es amor, es deseo que se agosta y se extingue,
es precipitación de furias,
acercamiento de lo imposible,
pero estás tú,
estás para dármelo todo,
y a darme lo que tienes a la tierra viniste—
como yo para contenerte,
y desearte,
y recibirte!
Déjame suelta las manos...
Después de haber leído Los Versos del capitán y haber oído las historias de las personas que vivían allí sobre Neruda y su esposa Matilde, a Fabián le había parecido buena la idea de visitar la casa del poeta. Aunque sólo terminó por ser una excusa, cuando se detuvo en una librería que se ubicaba a unos pasos y que ya había visto. Se detuvo en la vidriera observando a la vista la selección de libros que había en diversos géneros. Apoyó sus manos a ambos lados del vidrio; solo dos autores lograron captar su atención. Neruda era su mayor deseo desde que había llegado a Isla Negra y una autora que le era desconocida. Aunque su nombre se le aparecía en su mente como si la hubiera oído antes. Recordó que su padre la había nombrado en una oportunidad sin mayor interés y por conocimiento este de su editora Giovanna… que mantenía el contacto para saber cómo seguía el libro que estaba escribiendo.
Pero lo que más atrapó su atención fue la imagen que se materializaba ante sus ojos: Una mujer desnuda recostada en una sábana de seda apenas cubierta por una larga cabellera oscura que dejaba al descubierto sus senos. La imagen le provocó un torbellino de sensaciones. Como si su alma y todo su ser se envolviera en llamas. Nunca una emoción tan fuerte lo había dominado de esa manera. Cerró los ojos y se aparecía ella. Tan hermosa y de rasgos tan perfectamente lineados. Era a ella a quien imaginaba desnuda y él en sus brazos poseyéndola en absoluta entrega.
Andrea Ferdinang era la autora de Pasiones prohibidas. En ese momento el poeta se había borrado completamente de sus pensamientos. Entró en la librería deseando con ansias tener esa novela.
_ ¿Está buscando algún libro en especial? _ La mujer que estaba detrás del mostrador le inquirió atenta por cómo veía su inquietud. Tenía los cabellos de rubio oscuro y moteado.
_ Si, ¿tiene algún libro de Pablo Neruda?
_ Viniste a su tierra _ se apresuró a contestar.
Fabián pensó primero en él pues no se animaba a pedir el libro de Ferdinang.
_ Los de Neruda están acá _ le dijo acercándose. _ Mirá, acá están _ le indicó detrás de una fila que se ocultaba detrás de las novelas de Isabel Allende._ ¿Vas a elegir uno en especial?
_ Si, veo.
Miró rápido y eligió al azar entre todos Los versos del Capitán
_ Me llevo este _ le dijo acercándose a la mesada. _ Disculpe. Vi un libro en la vidriera de una mujer… _ se le dificultaba decir _ desnuda.
_ Puede ser. Es de una escritora Argentina. _ La mujer se apartó del mostrador y dio la vuelta para dirigirse al estante que estaba contra la vidriera. _ ¿Te gustan las novelas románticas o quieres regalarle a tu novia?
_ ¿Es romántica? No sabía. No tengo novia. ¿Cuánto está?
_ $210. Él de Neruda te sale $ 170.
_ Me lo llevo a los dos.
Nelly atendió la puerta cuando recibió al cadete de siempre. Esta vez venía con un remitente del exterior del país. Le parecía una rutina el ajetreo de ir y venir y buscar si Gaby o Sonia estarían en la casa; firmar ella misma le producía fobia como si estuviera dejando su firmando en alguna información ilegal. Tal vez su miedo se debía a la falta de costumbre de trabajar tranquila con un sueldo todos los meses desde que había comenzado a trabajar en la casa de Gabriela. Había sido una acertada decisión solucionar dos problemas a la vez. Sonia se fue a vivir con ella y como Nelly tenía en su haber un título de enfermera, era la persona ideal para cuidar a su madre. Esta vez sería un alivio. Su jefa estaba en el cuarto de su amiga estudiando unos apuntes y podría salvarla de ese tramo.
Fue hacia al cuarto y se asomó detrás de la puerta.
_ Niña _ dijo asomándose en la puerta. Era él término formal que utilizaba siempre para dirigirse a Sonia.
_ ¿Qué pasa Nelly? _ inquirió levantando la vista del apunte, recostada de costado en la cama.
_ Ahí está el cadete. Trajo un paquete que no sé de donde debe venir. Sabe lo desconfiada que soy yo.
Sonia soltó él apunte y le dijo al levantarse.
_ ¡Ay Nelly! Tenés que perder ese miedo. No podés estar esperando siempre lo peor _ agregó acercándose a la puerta. La empleada la siguió.
_ Usted si que está cambiada. Ahora me habla toda como una señorita.
_ Es verdad _ se dio vuelta sobre su hombro sonriendo. _ Debe ser la profesión.
_ Voy a ver cómo está la señora Aida.
Nelly se retiró cuando ella atendió al cadete. Efectuó la firma. Luego que el muchacho se había ido, miró el remitente. El mensaje la desconcertó y al mismo tiempo el corazón le dio un vuelco al imaginar de quién podía tratarse.
15 de Noviembre. Valparaíso, Chile.
Por eso eres, la sed y lo que ha de saciarla.
Cómo poder no amarte si he de amarte por eso.
Si ésa es la amarra cómo poder cortarla, cómo.
Cómo si hasta mis huesos tienen sed de tus huesos.
Sed de ti, guirnalda atroz y dulce.
Sed de ti que en las noches me muerde como un perro.
Los ojos tienen sed, para qué están tus ojos.
Abrió el paquete con cuidado. Dentro descubrió un libro titulado Los versos del capitán con la autoría del mismo poeta. Le resultaba desconocido. Por demás ella nunca había leído ningún libro. La literatura le era ajena. Se sentó despacio en el sofá y abrió la tapa. Sobre la guarda había un mensaje con una carta escondida tímidamente entre las hojas.
Pensándote siempre guardé este libro especialmente para vos
El corazón se le ahogó en el pecho y la invadió una extraña emoción. El recuerdo del beso de ese último día en que se vieron se coló en su mente. ¿Por qué se sentía así, con el corazón acelerándose a gran velocidad, si solo había sido eso, un beso? Se subió la mano al pecho para comprobar que no era así, que su respiración se encontraba en el mismo estado. Tan calma como hacía unos segundos.
Gaby entró en ese momento a paso a rápido y acelerada. La oyó apenas mascullar un dejo de preocupación pero no podía captar su presencia.
_ ¡Ay Soni, estabas acá! ¡Me quiero matar, no sabés lo que me pasó! _ agregó, sacándose el morral. Lo dejó apoyado sobre la mesita ceñida a la pared y se acercó a ella.
_ ¿Qué pasó ahora en el estudio?
_ Perdí los expedientes. Los dos expedientes, el de Almorena y el de Diego. Te pido que no le digas nada a Marcos porque me va a querer sacar de la causa. Para mí es muy importante poder encargarme de este caso.
_ Seguramente lo dejaste por ahí. Tenés el caso de Mónica también. Deben estar mezclados.
_ No, yo estaba segura que lo había dejado en mi escritorio.
_ ¿ Y Octavio no se lo habrá llevado? Lo estás manejando con él al caso.
_ No, Octavio no. ¡Me quiero matar! _ se subió a la mano a la frente, lamentándose. _ ¿Vos crees que tengo que llamar a Guille? No quiero preocuparlo.
_ Hacé lo que quieras Gaby.
_ No, mejor no. Tengo que demostrarle a todos que yo puedo manejar todo el caso sola. ¿A vos te pasa algo? _ Se detuvo a observarla. Sonia tenía la vista ida en algún punto muerto. Se sentó junto a ella y abrazó su mano sobre la de ella. _ Estás temblando.
_ No, estoy bien Gabriela. No me pasa nada. Es el examen.
_ Bien. ¿Mirá cómo estás?
Tomó aire y alzó la vista hacia arriba. Las lágrimas fueron cubriendo sus pupilas.
_ Sonia ¿Qué pasa?
_ ¿Vos crees que yo merezco que alguien me ame enserio? De verdad. Se sincera
_ ¿Por qué me hacés esa pregunta?
_ No, dejá _ hizo ademan con sus manos. _ Creo que el idiota de Antonio tiene razón.
Gaby hizo una pausa. Las palabras de su amiga la llenaron de curiosidad.
_ ¿ En qué tiene razón Antonio?
_ Que soy una trola, que para lo único que sirvo es llevarme tipos a la cama. Mirá lo que pasó con Marcos. Con Santiago nada, porque quedó todo ahí en un simple beso que fue como besar una pared.
_ Bueno, vos también. Yo te dije como era Marcos. Es incapaz de comprometerse y está casado con Isabel que siempre fue consciente de las amantes que tenía. Ellos son así. Él la engaña pero siempre vuelve a ella. Y Santiago, no sé qué decirte. Es bastante raro, no sé. Me da a un hombre muy serio, muy frío.
_ No lo es tanto. Es un poco ¿cómo se diría? estructurado. Tan frío no es. Los ayudó con lo de Pedro.
_ ¿A qué va la afirmación de Antonio? Vos sabés como es él. Anto siempre está diciendo pavadas. Él es así.
_ Él tiene razón. Por engancharme con él te traicioné a vos. Me acosté con él que era tu novio y se suponía que éramos amigos.
_ Yo ya te perdoné por eso. Si vamos a ser sinceras yo tampoco estaba bien con él. _ Hizo una pausa y luego le dijo _ ¿Vos estás así por quien yo creo?
_ ¿He? _ fingió no entender. _ No sé de quién me hablás.
_ Yo te conozco, varios nos dimos cuenta. No te quise tocar el tema porque sé que tenés la mente en otro lado y yo estoy con las causas. ¿Es por Fabián?
Extendió su mano hacia los dos libros al mismo tiempo que el sobre y se lo entregó en manos a su amiga.
_ Mirá lo que me envió.
Gaby observó ambos libros de reojo y los abrió, dando vueltas las páginas. Se detenía por momentos y no podía evitar leer los versos. Del otro había captado una emoción muy fuerte y al mismo tiempo se sintió movilizada por la incomodidad que le producía el relato.
_ Neruda, me encanta.
_ Nunca nadie hizo eso por mí. Mirá que conocí tipos de todas las personalidades juntas. Pero la culpa la tengo yo, siempre hago lo mismo.
_ No creo que sea así. Es un divino. ¿Qué es lo que te preocupa? ¿Ser más grande que él?
_ Eso es una pavada Gabriela. Tampoco estoy vieja. ¿Y no estaba de novio con la amiga de Camila? ¿Camila cuánto tiene?
_ La edad de Pedro. Treinta y seis, no sé. ¿Entonces?
_ Es todo. Es karma. Él se está haciendo ilusiones conmigo como yo con Marcos. Ahora me toca a mí pasar por la hija de puta.
_ ¿Estás estudiando psicología y me venís con el karma?
_ La psicología no es tan básica hoy en día, Gabriela.
_ Dejá de torturarte con lo de Marcos, ya fue.
En ese momento se le hacía imposible pensar. Por más que Gaby intentara aliviar la situación sentía que su propio mundo daba vueltas. Se abrazó sobre su cuerpo y dejó que las lágrimas fueran deshaciéndose una a una. Sentía que no merecía su amor. Ni de él ni de ningún otro hombre. Su corazón se había endurecido y su cuerpo era el que respondía a un instinto que solo terminó por dejarla vacía.
Gaby la acompañó en silencio y abrazó muy fuerte su mano. Sonia se volvió hacia su amiga, la miró con los ojos cubiertos de lágrimas y se arrojó a sus brazos.
_ Me voy a despertar de esto.
_ Sí, todo va a estar bien. Te lo prometo.
Aún no se había atrevido hablar con ninguno de ellos lo que estaba sintiendo por Sonia, ni tampoco sabía si podrían entenderlo. Los observaba a ambos mientras las letras lo atrapaban a escribir un poema pero se le hacía imposible concentrarse. Una angustia le aprisionaba el pecho como si las palabras por decir, lo que sentía, se le ahogaban dentro. Levantó la vista meditando. Entre los dos el único que podía llegar a entenderlo sería Pedro. Aprovechó el momento al ver que Guillermo se iba hacia el despacho. Se acercó a su padre pero el estado de nerviosismo no lo había abandonado. Por más que su cariño hacia él fuera profundo, no lo conocía lo suficiente para saber que reacción tendría.
_ Pa ¿Podemos hablar?
_ Si Pedro. _ Dejó lo que estaba haciendo en la cocina y se acercó hasta el sofá que estaba a unos metros
Fabián se sentó y él lo siguió
_ ¿ De qué querías hablarme?
_ No se me hace fácil.
_ Pero que ¿es grave?
_ No. Me pasa algo con alguien. El problema es que estoy de saliendo con una compañera de facultad. Valeria se llama.
Pedro lo escuchaba atento pero imaginaba dónde venía el conflicto de su hijo
_ Hay algo que no entiendo. Me doy cuenta que pasaron muchas cosas mientras no estuve. ¿Qué pasó entre Nancy y vos?
_ Nada. Habíamos vuelto pero las cosas se complicaron cuando, bueno…
_ Decilo, ya está. Pasó.
_ Cuando Camila hizo todo eso, ella se fue por su hijo y no volvimos hablar hasta hace unos meses.
_ ¿ Y Valeria te importa?
_ Ahí está el tema, porque comencé andar con ella pero aun pensaba en Nancy. Es que todo pasó rápido. Estábamos bien y todo se arruinó. Aunque entiendo que tenía que proteger a su hijo. Como ella me dijo antes de irse, no podía apoyar a Camila teniendo a su hijo de por medio. Era una locura. Quería alejarlo de toda esa mierda.
_ Fue difícil para todos. ¿Y la chica quién es?
_ ¿No le vas a decir nada a mi viejo?
_ Primero decime. ¿Es Sonia, la amiga de Gaby?
Pedro alzó el ceño y se quedó unos segundos en silencio.
_ ¿Te sorprendió?
_ Algo. ¿Ella no tenía una relación con Marcos?
_ No eso ya fue. Sé que no es la mujer indicada y si mi viejo se entera…
_ Bueno, pero Nancy tampoco entraba en el tipo de mujer, no sé cómo decirte… Ella también tenía problemas. Lo importante es que lo que vos sentís sea sincero y que ella sienta lo mismo. Lo único que sé es que Sonia estaba estudiando.
_ Si y lo sigue haciendo. Es que mi viejo quiere que sea responsable.
_ En eso estoy de acuerdo con él.
_ ¿Le vas a decir?
_ No puedo mentirle. No estaría bien ocultarnos cosas. Sos su hijo. Lo que puedo hacer es actuar como intermediario entre él y vos. Pero vos tenés que hacer tu parte. Hablar con Valeria.
_ Entonces me entendés. No te parece una locura.
_ Bueno ya nuestra familia no entra dentro de lo convencional.
Fabi se rió por lo bajo.
_ Si te entiendo
Fabián se volvió hacia él rápidamente y lo abrazó con fuerza.
_ Gracias por escucharme.
_ Sabés que siempre podés contar conmigo.
_ Lo sé, te quiero mucho papá.
CONTINUARÁ
Una dulzura de capítulo Daniela... ¡Felicitaciones! Me encanta este Fabián que llama papá a Pedro y confía tanto en él. Gracias por compartir tus sueños con nosotras. Abrazo Guilledrista!
ResponderEliminarMuy linda historia... La lei en el blog de Daniela Mauri un toque de queda al amanecer... es linda... Fabian enamorado y Pedro en rol de padre siembre dispuesto a todo... Amo las historias que se general con estos dos personajes como Guillermo y Pedro... nuestros inolvidables abogados de Farsantes... Un placer leerte Daniela. Saludos. Verónica
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