
CAPÍTULO 2
Pasó una semana y ninguno de los dos se volvió a ver. Juan y José intentaban por todos los medios interesar a su amigo en alguna persona, en especial en Pedro, pero parecía que no les estaba yendo muy bien con el plan.
Luego de salir de su estudio, Guillermo pasó por un estacionamiento para acortar camino y despejar un poco su cabeza. Estaba confundido. Ese joven abogado estaba nublándole el pensamiento, pero no aceptaba que pudiera estar interesado en él… Era demasiado grande y Pedro demasiado joven y atractivo.
Con su mente dispersa por poco es embestido por un auto que estaba saliendo del garaje. Casi pegado a su cuerpo, Guillermo comenzó a los gritos notando que el conductor bajaba del auto.
- ¡Fíjese cuando sale…! ¿No ve que los peatones tenemos prioridad?- Contestó Guillermo enfadado
- No lo vi… Perdón… En todo caso usted está pasando por un estacionamiento. Debería ser usted el que debe tener cuidado – respondió el conductor
- Está bien… dejémoslo así… _ respondió Guillermo levantando la vista
- ¿Guillermo…? ¿Qué hacés acá…? Un poco más y te piso – contestó Pedro asombrado
- Pedro… Perdóname… no debí enojarme así… es que soy impulsivo – contestó Guillermo
- ¿Estás bien…? Me muero si te pasa algo – respondió Pedro tomándolo del brazo
- Estoy bien… y sería una lástima morir tan joven precioso… y menos por mi – respondió Guillermo con una sonrisa
- Te invito a almorzar… conozco un lugar perfecto para vos – respondió Pedro - Acepto – contestó Guillermo subiéndose al auto.
Pasaron por un puesto de comidas rápidas, pidieron dos órdenes para llevar y terminaron sentados bajo un árbol sobre una lomada de un parque con una vista al río estupenda.
- Este no era el almuerzo que esperaba – respondió Guillermo sentándose en el pasto
- Me encanta este lugar. Cuando quiero pensar hago esto… comida chatarra y vista hermosa – respondió Pedro sentándose a su lado
- Soy más de restaurantes… no me gusta el pasto y mucho aire – respondió Guillermo
- Lo sé… pero tenés que relajarte Guillermo… sacate los zapatos, pisá el pasto – respondió Pedro quitándose los suyos
- No sé que estoy haciendo… me desconozco… comida chatarra, aire puro y descalzo en el pasto… no soy yo _ contestó Guillermo quitándose los zapatos - Cocinás muy bien… no te lo dije en la cena el otro día… pero estaba riquísima – contestó Pedro
- ¿Y vos… que cocinás? – quiso saber Pedro
- Nada… lo básico… Tengo una señora que cocina en casa, por los niños… no puedo darle siempre comida chatarra – respondió Pedro
- ¿Tenés hijos?... no sabía… pensé que… _ contestó Guillermo asombrado
- En realidad no soy su padre… soy tutor legal de dos niños, Brisa de 7 años y Daniel de 6… Sus padres fueron condenados a prisión por abuso infantil y por ser su abogado me los dieron en custodia legal… son perfectos sabés? – respondió Pedro
- No se… pero si están a tu cargo claro que deben ser perfectos… pero… vos sabés que… _ contestó Guillermo apenado
- Lo sé… que si encuentran un hogar sustituto me los quitan… lo sé, y de verdad no quiero pensar en ello, me encariñé tanto que no se qué haría sin ellos en mi vida – respondió Pedro
- No pienses en eso… siempre los podés adoptar - respondió Guillermo
- ¿Siendo padre soltero?... No sé, gracias que mi hermana me ayuda cuando estoy en tribunales o en el estudio… y Rita la niñera es adorable… los chicos la quieren mucho – respondió Pedro
- Tenés suerte Pedro… esos niños deben de quererte mucho – quiso saber Guillermo
- Hablando de ellos, tengo que retirarlos de la escuela… ¿Me querés acompañar? – quiso saber el joven mirándolo seductoramente
- ¿Yo?... no se… ¿vos querés? – quiso saber Guillermo
- Claro que quiero… sino no te lo hubiera pedido – respondió el joven abogado
- Muy bien… vamos
En la puerta de la escuela, Guillermo observaba como las madres estaban muertas de amor por el joven a su lado. Abogado reconocido por defender a la farándula argentina y padre soltero… candidato perfecto, añadiendo que era joven, atractivo y con una sonrisa compradora.
Los niños salieron corriendo junto a su compañeros de colegio seguidos por las maestras, quienes entregaban a los menores a sus respectivos padres.
Al ver a Pedro esperando junto a su apuesto caballero, las maestras los reconocieron en seguida. Eran los dos abogados más reconocidos del ambiente: Pedro por su carisma y encanto y Guillermo por su aire masculino y abogado del ambiente penal.
La maestra se acercó al joven abogado junto a los pequeños Brisa y Daniel, quienes al verlo se abalanzaron abrazándolo con fuerza.
- ¿Cómo se portaron hoy maestra? – quiso saber Pedro
- Como siempre… son un ejemplo… se ve que están bien educados Sr. Beggio – respondió la maestra
- Me saqué un diez en música Pedro… y Daniel un nueve en lengua – respondió la niña mirando al hombre a su lado
- Que bien… los felicito… Adiós maestra – saludó Pedro
- Adiós Sr. Beggio… y a usted también Dr. Gazziani – saludó la maestra
- ¿Me conoce?... – quiso saber Guillermo
- Claro que si… vemos las noticias… Usted es muy conocido, sobre todo en los noticieros cuando defiende algún detenido por un delito o pone preso algún que otro corrupto… Usted y el Dr. Beggio son conocidos, si… _ respondió la maestra colorada
- Bueno… no sé qué decir… no pensé ser tan popular… Gracias y buena suerte maestra… _ quiso saber Guillermo
- Sandra… maestra Sandra – respondió la mujer estrechándole la mano
- Encantado… _ saludó Guillermo seductor
- ¿Es amigo de Pedro? – quiso saber Brisa
- Sí… somos los dos abogados… y vos debés ser Brisa y vos Daniel… no es así? – quiso saber Guillermo
- Sí… es así… Pedro, la maestra nos dio tarea… podemos jugar primero? – quiso saber Daniel
- Primero los deberes… ya lo saben – respondió Pedro
- Les propongo algo… ¿Si vamos a tomar un helado y luego hacen las tareas? – quiso saber Guillermo
- Sí… dale Pedro… por favor! – le imploró Brisa
- Está bien… vamos – respondió Pedro tomando de la mano a sus niños.
Sentados en la mesa de la heladería, los niños estaban saboreando un helado gigante que les había comprado Guillermo. Ambos hombres estaban sentados uno a cada lado de los niños enfrentados, mirándose mutuamente.
Brisa no paraba de hablar. Le contaba a Guillermo lo bien que cantaba y bailaba, lo estudiosa que era, y lo buena hermana que era con Daniel. El pequeño no podía emitir palabra, ya que su hermana estaba hablando por los dos.
Pedro estaba en las nubes. No podía dejar de mirar los ojos de aquel hombre que tenía enfrente, esa boca sensual que lo llamaba a morderla, ese cuerpo con aroma a hombre que lo estaba volviendo loco… No podía ser, estaba pensando en un hombre… Era imposible… imposible.
- Pedro… me escuchás? – quiso saber Brisa
- Papi… estás bien? – quiso saber Daniel
- ¿Que… que pasó… me dijiste papi? – respondió Pedro saliendo de su trance
- Perdón… se me escapó Pedro _ respondió Daniel
- Niños… quieren ir al pelotero?... ahí hay unos juegos – respondió Guillermo para salir del tema
- ¿Podemos Pedro? – quiso saber Brisa
- Si… pueden, pero no se alejen de mi vista… los quiero adelante mío, está claro? – quiso saber Pedro
- Alto y claro…. Nos vemos – contestó Brisa saliendo con su hermano hacia los juegos.
- ¿En que pensabas Pedro?... estabas en las nubes – respondió Guillermo
- Me dijo papi… no sé que voy a hacer Guillermo… son mi vida – respondió Pedro
- No pienses en eso ahora… te dijo así porque lo siente así… esos niños te adoran Pedro… no te los van a quitar nunca… eso te lo prometo – respondió Guillermo
- No prometas algo que no sabemos si vas a poder cumplir… pero voy a luchar por ellos – respondió Pedro
- Me parece muy bien… pero en que pensabas? – quiso saber Guillermo
- En todo esto… en nosotros… en los accidentes de la vida… Nosotros que tanto nos odiamos, terminamos sentados tomando un café junto a los niños… nunca lo hubiera imaginado – respondió Pedro
- No te odio precioso… nunca podría hacerlo – respondió Guillermo
- Bueno… pero no somos amigos, no nos odiamos, no nos amamos, entonces que somos nosotros? – quiso saber Pedro
- Eso… nosotros mismos… No te faltan mujeres Pedro… vi como las madres y las maestras suspiraban por vos… Y no las culpo, sos joven, atractivo y definitivamente hermoso – respondió Guillermo
- No me interesa ninguna… y… ¿me estás piropeando? – quiso saber Pedro con una sonrisa
- Te estoy describiendo… es lo que veo – respondió Guillermo
- Vos también sos un hombre seductor, maduro, muy masculino… cualquier mujer estaría en tus brazos – respondió Pedro
- No me interesa ninguna… y nunca me interesaron tampoco… me gustan los hombres Pedro – respondió Guillermo
- Lo sé… y eso me confunde… me siento bien con vos Guillermo… y pienso que me pasa lo mismo – respondió Pedro
- ¿Que te gustan los hombres? – quiso saber el maduro abogado
- No todos… solo vos… creo… no se _ respondió Pedro mirándolo
- Eso va a pasar chiquito… vas a ver, va a pasar – respondió Guillermo mirándolo seductoramente.
Pasaron dos semanas desde aquella tarde con los niños. Si bien no se vieron por sus respectivos trabajos, ambos hablaban por teléfono, al igual que Guillermo con los niños, en especial con Brisa, que lo llamaba para ver cómo estaba y contarle sus hazañas escolares.
- Hola Guillermo – quiso saber la niña
- Hola preciosa, como estas?... y tu hermano? – quiso saber Guillermo
- Estamos bien… vamos a actuar en una obra del colegio… como los padres también la van a actuar, Pedro también – respondió la niña
- Que bueno… y vos de que vas a actuar? – quiso saber Guillermo
- De ángel… vos me prometiste que me ibas a enseñar a tocar el piano… para cuando? – quiso saber la niña
- Eso depende de Pedro…. de cuando vengan a casa… está él por ahí? – quiso saber Guillermo
- Si, ya lo llamo… te quiero Guillermo – respondió la niña sin querer
- Yo también preciosa… - respondió Guillermo contento
- Hola Guille… ¿Cómo estás?... ¿Brisa te dijo que te quería? – quiso saber Pedro
- Sí… ¿Por qué?... ¿Estás celoso? – quiso saber el maduro abogado
- Claro que no. De mi hija nunca… de otro podría ser – respondió Pedro
- Quiero verte… ¿Nos encontramos para cenar? – quiso saber Guillermo
- A la tarde voy al gimnasio… dejo a Laura con los niños y nos vemos a las ocho… ¿Me pasás a buscar? – quiso saber Pedro
- Al gimnasio… claro, a las ocho – respondió Guillermo
- Nos vemos – contestó Pedro cortando la llamada.
Era una tarde tormentosa. La lluvia no paraba y el viento impedía caminar cómodamente por la calle. A pesar del temporal, Guillermo fue a buscar a su joven perdición al lugar indicado.
Pedro estaba muerto de cansancio. La rutina del gimnasio lo había agotado. Se dio una ducha para ponerse lindo ya que Guillermo lo iba a venir a buscar para cenar. No sabía que podría pasar esa noche, pero la esperaba ansioso.
Su amigo Sergio se acercó a saludarlo percibiendo que el joven abogado estaba alistándose para un acontecimiento importante.
- Estás lindo Pedro… tenés una cita? – quiso saber el amigo
- Si se puede llamar cita… sí, una cena – respondió Pedro
- Que afortunada que es esa chica… la envidio – respondió Sergio
- No es una chica… es un colega… Guillermo Grazziani – respondió Pedro
- ¿El abogado de la tele?.... pero si te la pasás peleando con ese – respondió el joven
- Ese es un abogado excelente… y no me peleo siempre… en todo caso es mi problema – respondió Pedro mirándolo enojado
- Si te dijera que no vayas, que salgas conmigo, ¿qué me dirías? – quiso saber el joven
- Que no, por supuesto… - respondió Pedro
- ¿Ya lo besaste? – quiso saber su amigo
- Que te importa Sergio… no es asunto tuyo – respondió Pedro enojado
- Claro que lo es… porque desde hace tiempo me gustás mucho Pedro… no sabía que te gustaban los hombres, sino hubiera avanzado antes – respondió Sergio acercándose al joven abogado
- No me gustan… solo me atrae Guillermo… no te acerques mas – respondió Pedro apartándolo
- No lo puedo evitar… estás tan lindo e irresistible – respondió Sergio besándolo apasionadamente.
En ese instante, Guillermo se asomó por el pasillo de los vestuarios para encontrarse con Pedro, quedando sin palabras al ver ese beso entre su joven moreno y ese muchacho alto y rubio.
Pedro estaba apoyado contra el casillero de los vestidores mientras que el joven lo aprisionaba contra su cuerpo besándolo sin darle respiro.
Una ola de celos le corrió por las venas, al punto de no poder contener la ira de ese beso que debería ser suyo.
- No lo esperaba de vos Pedro…. eso no – respondió Guillermo cortando el momento
- Guillermo…. Esperá – contestó Pedro apartando a su amigo
- Que espere que… está todo dicho… no debería haber venido – respondió Guillermo marchándose
- Déjalo… no te merece Pedro – respondió su amigo tomándolo de la mano
- Soltame… y nunca más vuelvas a besarme… _ contestó Pedro marchándose apurado.
La lluvia no amainaba. Guillermo estaba empapado caminando sin rumbo fijo con su cabeza fija en ese beso… Escuchó detrás de él a Pedro que lo llamaba desesperado, mojándose bajo la lluvia sin importarle nada.
- Guillermo esperá… dejá que te explique – respondió Pedro agarrándolo del brazo
- No me toques… no soy nadie para decirte lo que tenés que hacer – respondió Guillermo soltándose
- Me besó por sorpresa… no pasa nada con Sergio – respondió Pedro empapado
- No me expliques nada… no se para que vine – respondió Guillermo
- ¿Por qué me celás?... Si no somos nada nosotros dos… No sos mi amigo, ni mi novio, ni mi amante… ¿Que somos? – respondió Pedro exigiendo una explicación
- Pensé que esta noche sería especial… nunca pensé que te encontraría besando a otro – contestó Guillermo enojado
- ¿Qué querés de mi Guillermo?.... dale, decime – respondió Pedro decido
- Quiero besarte, abrazarte… quiero que seas mío solamente…. Eso quiero, tenerte… me conformo con solo un beso – respondió Guillermo mirándolo
- Entonces besame… _ contestó Pedro besándolo en los labios
Guillermo lo aprisionó contra su cuerpo respondiendo al beso con desesperación. Esa boca jugosa, mojada por la lluvia lo estaba prendiendo fuego.
Pedro lo abrazó del cuello besándolo con pasión, recorriendo con sus manos la nuca mojada de aquel hombre que varias noches le quitaba el sueño.
Ambos hombres bajo la lluvia y delante de la gente no podían contener el deseo de tenerse. Abrazados y acariciándose suavemente, recorrieron sus bocas al compás de dulces besos apasionados y ardientes.
Guillermo comenzó a recorrer con sus manos el cuerpo de aquel joven, el cual mojado por la lluvia se notaba torneado, ya que la ropa se le adhería al cuerpo provocando en su mente un éxtasis de deseo desenfrenado.
Pedro no pudo contener un gemido de placer al sentir los dedos de aquel hombre posarse en sus nalgas, para luego terminar acariciando su entrepierna provocando una ola de excitación nunca antes experimentada.
Sin darle respiro, entre besos y caricias en una noche lluviosa y negra, el joven abogado se aferró a la espalda de Guillermo intimándolo a que cumpla sus deseos más oscuros. Sintiendo la mano de su hombre estimularle su zona prohibida, no pudo contener otro gemido ahogado de deseo.
Sintiendo que no podía contener lo que sentía, abrazado a su hombre lo llevó hasta la sombra de un árbol. Guillermo lo arrinconó posando su cuerpo contra el del joven, moviendo sus caderas estimulando su zona más oscura.
Pedro posó su mano en la entrepierna de Guillermo sintiendo que este respondía al estimulo. No podía contener el deseo pero estaban entrando en un terreno peligroso.
Guillermo se apartó delicadamente sintiendo que Pedro le pedía más. El joven lo tomó de las manos mirándolo con esos ojos marrones que lo llamaban a la perdición.
- Esto no está bien Pedro… no podemos – respondió Guillermo
- No me podés dejar así Guillermo… me muero por estar con vos… _ respondió Pedro aferrándose a sus manos
- Provocás en mí sentimientos y deseos que nunca antes había experimentado Pedro… vos cambiaste mi vida… con vos puedo decir que conocí el amor… pero así no puedo. No sos para mí _ contestó Guillermo besándolo en la frente
- No podes decidir por mi… yo te elijo, es mi elección – respondió Pedro
- Pensalo Pedro… ese muchacho es más joven y atractivo que yo…. Podés tener lo que quieras y a quien quieras _ respondió Guillermo soltándolo
- No es verdad… al que quiero no puedo tenerlo… no me deja amarlo… y sí… Sergio es más joven y atractivo… Puede ser – contestó Pedro mirándolo
- ¿Puede ser que? – quiso saber Guillermo
- Que tengas razón… que necesito una persona más joven que sienta como yo, que quiera amarme y enamorarse conmigo… y que me bese en los vestuarios del gimnasio – respondió Pedro parando un taxi
- No me provoques Pedro… no me gusta este juego – contestó Guillermo tomándolo del brazo
- Vos empezaste… me entregaste… ahora mirá lo que pasa – contestó Pedro tomando el taxi.
Desde ese día pasó un mes. A pesar de estar peleados, Brisa y Daniel llamaban a Guillermo para ver cómo estaba y de paso le contaban que Pedro estaba triste, que parecía enfermo.
- Pedro está triste Guillermo… no sabemos qué le pasa – respondió Brisa afligida
- Capaz se peleó con alguien… querés que hable con él? – quiso saber Guillermo
- Bueno… capaz que se le pasa… lo llamo – respondió Brisa llamando a su padre del corazón
- Hola – respondió Pedro
- Hola precioso… ¿Cómo estás?... Me dijo Brisa que estás triste… Está preocupada por vos – respondió Guillermo
- No soy precioso… y estoy bien… no tenés que preocuparte por mi – contestó Pedro enojado
- Tenemos que hablar… de lo que pasó… lo que dije no lo sentía de verdad Pedro – contestó Guillermo apenado
- Pero sonó como que sí… ahora no te preocupes… con Sergio estoy bien – respondió Pedro mintiéndole
- Sergio… Me alegra… ese chico te conviene – contestó Guillermo celoso
- Sos de lo peor Grazziani… no llames mas por favor… _ contestó Pedro cortando la llamada.
Desde aquella charla ninguno de los dos volvió a hablar del tema. Si se encontraban en tribunales o en alguna audiencia donde coincidían, más que saludarse cordialmente no llegaban a más.
Guillermo sabía que lo había herido demasiado, y que si estaba con ese muchacho era por su culpa… por su rechazo.
Pedro a pesar de estar enfadado con Guillermo, no podía dejar de pensar en él, en esos besos apasionados bajo la lluvia que lo habían excitado demasiado. Si no podía estar con él, mejor que pensara que estaba con otro… Así sufriría como lo estaba haciendo él.
Pasado un año se acercaba la cena del Colegio de Abogados. Juan y José intentaron por todos los medios de que tanto su amigo Guillermo como Pedro se reconciliaran. Sabían que había pasado algo entre ellos, pero ninguno de los dos había contado los pormenores.
Esa noche Pedro y Juan José irían juntos a la cena de gala, donde se encontrarían en el lugar con sus amigos Juan y Guillermo.
A pasar de no querer ver a su hombre seductor, no podía evitar quererlo con locura, amarlo con desesperación. José le había propuesto bailar y cantar en el escenario para sorpresa de sus amigos, idea que a Pedro le pareció provocadora… Iba a aprovechar esa oportunidad para ver la reacción de su maduro abogado.
Instalados en el escenario, les dieron una canción para cantar a dúo. Era una de Chayanne: “Provócame”, canción acertada para la ocasión.
Ambos hombres comenzaron a cantar ante la vista de cientos de colegas que asistieron al evento anual. El joven fiscal a medida que entonaba la canción movía las caderas incitando al deseo de miles de mujeres. Juan lo mirada desde su asiento anonadado… José era increíblemente seductor y lo estaba provocando.
Pedro, al entonar el estribillo, movía la cintura de manera sensual. A medida que pasaba la letra el joven abogado se iba desabotonando la camisa hasta quedar con el torso completamente al descubierto. José lo siguió con el streep dance hasta quedar a la par del su amigo… Ambos con el torso desnudo, bailando sensual, entonando una canción por demás atrevida.
Las abogadas gritaban desesperadas. Parecía un lugar de streepers, situación que a ambos jóvenes les atraía por completo… Si bien sabían que provocaban suspiros en el sexo opuesto, ambos querían provocar miradas a dos personas en particular, sin saber que en el fondo lo estaban logrando.
Guillermo no podía creer lo que estaba viendo. Pedro era un verdadero Dios griego, tan apuesto, sensual, atrevido, verdaderamente hermoso. Estaba con la boca abierta. No podía hablar… sus ojos no podían despegarse de aquel cuerpo torneado, semidesnudo que con solo recordar que lo tuvo entre sus brazos, besándolo, tocándolo, dejándolo partir, lo llenaba de culpa y desesperación.
- Por favor, como se mueve… Hoy me lo llevo – contestó Juan mirando a su joven fiscal bailar
- ¿A dónde?... Ni siquiera sabe que te gusta Juan… sos demasiado lento para decírselo – respondió Guillermo a su amigo
- ¿Mirá quién habla?... que con solo verte la cara cualquiera se daría cuenta que estás muerto por Pedro… o me equivoco? – quiso saber Juan
- Está ocupado… no puedo pensar en él – contestó Guillermo
- ¿Ocupado con qué?... vos podés pensar lo que quieras de cualquiera… ese chico te trastorna Guillermo… no lo podes evitar – respondió Juan
- No con que… sino con quien… Está saliendo con alguien… Me lo dijo hace meses – respondió Guillermo
- Que sorpresa Dr. Grazziani… otra vez nos vemos – respondió una voz conocida
- Sergio… el amigo de Pedro, no es así? – quiso saber Guillermo celosísimo
- Así es… muy amigos… casi cercanos diría yo – respondió el joven
- Mirá vos, me alegro – contestó Guillermo ante la mirada de Juan
- Como se mueve… Pedro sí que sabe provocar… y ese amigo junto con él, que buen mozo que es. – respondió el joven
- Ese no está en venta muchacho… ni se te ocurra posar tus ojos en esa belleza porque te la vas a ver con un Juez de la Nación… está claro? – quiso saber Juan celoso
- Muy claro… ni lo miro. Igualmente con Pedro me alcanza y sobra – respondió Sergio
- Si no querés tener problemas legales, mejor salí de mi vista – contestó Guillermo enojadísimo
- Está bien… me voy… hasta luego – respondió el joven marchándose.
- ¿Quién era ese pibe… desubicado? – quiso saber Juan
- Es el novio de Pedro… un amigo del gimnasio – contestó Guillermo
- ¿Novio?... Que decís Guillermo… Ver tanto cuerpo desnudo te nubló el cerebro… Pedro no sale con nadie, está solo – respondió Juan mirándolo
- Me lo dijo él mismo… los vi besándose – respondió Guillermo
- ¿Cuando…? ¿Antes o después que te lo apretaste vos?... porque te conozco y sé que ya probaste a ese bombón de Pedro – quiso saber Juan
- Bueno… un poquito… nos besamos y al mismo momento nos pelamos. Después de verlo besar a su amigo – contestó Guillermo
- Estás celoso Guillermo… seguro que lo ofendiste y está jugando con vos… Pedro es astuto… sabe como bajarte la guardia – contestó Juan sonriendo
- No se… es todo un misterio para mí… y eso me encanta Juan, lo admito – contestó Guillermo
Luego de ser aplaudidos por el público presente y con una sonrisa cómplice por parte de ambos jóvenes bailarines, se acercaron a la mesa donde estaban sus amigos Juan y Guillermo.
- ¿Como nos vieron? _ quiso saber José
- Estuvieron estupendos… no pararon de recibir elogios de las mujeres … aunque también de un muchacho – respondió Juan sonriente
- ¿Un muchacho?.... Umm… que tentador, ¿estaba bueno? – quiso saber José - Vos estás bueno José… _ respondió Juan robándole un beso en los labios
- Bueno… tengo que bailar así más seguido… así me besas más seguido también Juan – respondió José dándole otro beso
- Y vos Guillermo… ¿qué pensás? – quiso saber Pedro
- Que sos el mismo Adonis Pedro… el Dios griego de la belleza… si estuviera vivo le harías una competencia terrible – contestó Guillermo mirándolo a los ojos
- Bueno… vamos a buscar unas bebidas amor… estos dos tienen que hablar – respondió Juan retirándose de la mano de José
- Vamos… _ contestó José aferrándose a los dedos de su hombre
- Pedro… estuvo Sergio acá… hace un rato – respondió Guillermo
- Lo sé… los vi desde el escenario – contestó Pedro
- Perdóname… no quise ofenderte… es que soy un idiota… no sé qué me pasa, siempre arruino lo bueno de mi vida – respondió Guillermo
- No es así… tu familia es hermosa, tenés un hijo maravilloso y un nieto que es una dulzura… No sabés dejar que te quieran Guillermo… eso te pasa – contestó Pedro decidido
- Tenés razón… te dejé ir por mi culpa – contestó Guillermo
- No sabés mentir Guille… se que Juan te contó que no salgo con nadie… me lo dice tu cara… mírame – respondió Pedro levantándole dulcemente la cara con su cálida mano
- ¿Tanto se me nota?... No puedo dejar de pensarte Pedro… no puedo – contestó Guillermo mirándolo enamorado
- Llevame a algún lado… donde quieras… Esta noche quiero estar con vos _ contestó Pedro con una sonrisa
- ¿Y los niños?... ¿No tenés que volver con ellos? – quiso saber Guillermo
- Están con Laura… mi hermana los cuida por esta noche, se quedó a dormir en casa… _ contestó Pedro
- Entonces vamos… _ respondió Guillermo tomándole la mano
- Tomá… manejá vos… sorpréndeme – contestó Pedro entregándole las llaves del auto.
CONTINUARÁ
Absolutamente maravillada con esta historia, tiene todos los condimentos: celos, besos, peleas, amor y reconciliación. Una historia tierna que sana el alma. Todos los aplausos todos a tu pluma sanadora Verónica Lorena! Una bendición que hayas llegado al blog. Gracias!!! Un abrazo Guilledrista!!!
ResponderEliminarGracias Guillermina. Me alegra poder compatir este espacio con ustedes y que les guste. Un poco de celos, amor, odio, venganza, intriga es lo que le da sabor a la vida... Saludos. Verónca
ResponderEliminarFelicitaciones impresionante y muy tierna tu ficción y espero mucho más de ella
ResponderEliminarMara rosas
En verdad linda historia con muchos mar o es me emociona esta cada ves mas interesante esos celos y esos acercamientos tan sensualea
ResponderEliminarMe encantó ya quiero saber como sigue!!!
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