
MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)
PARTE I - “EL ENCUENTRO”
CAPÍTULO 25
_ ¡Apártense todos! Déjenle aire si quieren que respire, vamos… ¡córranse! _ La voz de Kate era imperativa pero conservaba la calma.
_ ¡Pedro! _ Los dedos de Guillermo acariciaban mis mejillas _ Pedro, por favor contestame
_ Guillermo mantené la calma y dejame revisarlo. Señor Watanabe, ¿quiere darme una mano, por favor?
_ Por supuesto, por supuesto. _ Mientras se ponía de pie miró a Dana _ Necesito mi maletín.
_ Ya mismo _ Respondió la chica de la sudadera y partió a toda velocidad en busca del pedido.
El señor Watanabe había ejercido la medicina por años, ahora retirado y sin matrícula, se había convertido en el médico exclusivo de la Cruz Negra. No era posible, bajo ningún punto de vista, llegar a un hospital público con las extrañas heridas que podía provocar un enfrentamiento con la estirpe de vampiros con las que solían enfrentarse. Los maquiavélicos vampiros que nunca se unieron al pacto y seguían bebiendo sangre humana a cambio de la vida eterna.
Ya se había arrodillado a mi lado cuando llegó Dana con su maletín. Después de auscultarme y revisar minuciosamente mis signos vitales sonrió con alivio. _ Está perfectamente bien, gracias a Dios, pero tiene señales de cansancio en su rostro. Aun inconsciente mantiene el ceño fruncido. Veamos si reacciona._ Destapó una pequeña botellita y la puso debajo de mi nariz.
La desagradable sensación del frio y arruinado piso de madera fue lo primero que sentí cuando comencé a despertar.
_ Ya está abriendo los ojos, levantémoslo despacio. _ Indicó el señor Watanabe.
_ Pedro, mi amor. ¿Qué te pasó? ¿Cómo te sentís? _ Yo permanecía sentado en el piso, pero ahora estaba reclinado contra el pecho de Guillermo que me envolvía entre sus brazos.
_ Estoy bien, no te preocupes.
_ Llevémoslo a alguna de las habitaciones, aunque haya recuperado el sentido es obvio que necesita un poco de reposo y de paz, _ dijo Kate _ este chico está estresado.
_ No es un chico _ agregó Guillermo _ y lo voy a llevar a mi habitación. Permiso. _ Me ayudó a ponerme de pie y me condujo sin soltarme de su abrazo por un pasillo oscuro.
La voz de Kate se escuchó detrás nuestro. _ Pedro, tenés que llamar a tus padres y avisarles dónde estás.
_ Después mamá, después _ Contestó Guillermo sin siquiera dignarse a girar_ Ahora necesita descansar.
Kate no insistió, sabía perfectamente que lo que necesitábamos era estar a solas, hablar y decidir que íbamos a hacer con nuestro futuro.
Cuando abrió la puerta y encendió la luz, lo que vi logró que terminara de recuperarme en un segundo. _ ¿Pero qué es esto?
Cerró la puerta y se apoyó sonriente sobre ella. Miraba con nostalgia lo mismo que yo observaba asombrado. _ Esta es la parte agradable de haber vivido en tantos lugares diferentes.
La habitación era de bastas dimensiones, contaba con una cama amplia y cómoda, un ropero, un pequeño escritorio con dos sillas y todo lo demás estaba invadido por cajas de cigarrillos y latas de cerveza de diferentes diseños y colores.
_ ¿De dónde es esta? _ Le pregunté señalando una lata vacía de color azul con un dragón dorado rodeándola.
_ Zurich.
_ ¿También viviste en Suiza?
_ No, solo estuve de vacaciones, pero eso no impidió que aumentara mi colección_. Me dijo mientras observaba su antigua pasión con un tinte de nostalgia en la mirada.
_ ¿Cuántas tenés?
_ Ya no lo recuerdo. Cuando comencé a coleccionarlas solía contarlas cada noche antes de dormir, pero eso fue hace mucho tiempo. Vení, _ me dijo tirando de mi mano _ recostate a mi lado. Tenemos que hablar.
Vaya que teníamos que hablar, eso lo tenía bien claro, pero me aterrorizaba tocar ese tema. De solo pensarlo sentía que me iba a volver a desmayar.
Nos sentamos sobre la cama con nuestras espaldas apoyadas contra la pared. Él pasó un brazo por encima de mis hombros y yo me abracé a su cuerpo.
_ ¿Cuándo dejaste de coleccionarlas?_ Le pregunté. Nunca había coleccionado nada y no podía comprender como después de haber juntado semejante botín un día se había apagado el entusiasmo.
_ Cuando crecí y finalmente nos establecimos en Boston. No solo dejamos de recorrer el mundo, todo cambió en esos días. Mi madre fue nombrada líder de la Cruz Negra, después conoció a Eduardo, se casaron, me fui de casa y todo ese hermoso pasado recorriendo el mundo con mi madre quedó atrás_.
Podía comprender su tono melancólico, estaba pasando por algo bastante parecido.
_ ¿Cómo fue ese momento?
_ ¿Cuál de todos?
_ Todos en general. Establecerte en un lugar fijo, compartir a tu madre con otro hombre, dejar de sentir la pasión de seguir coleccionando latas de cerveza y cajetillas de cigarrillos, marcharte de casa…
_ Al principio no fue nada fácil, debo admitir que los primeros tiempos los viví con cierta angustia, pero después me fui acostumbrando y al cabo de unos meses lo que sentí fue como un cambio de aire, una experiencia liberadora y en verdad interesante. Fue un mal necesario Pedro, todos los hijos un día se marchan de casa y aunque primero duela, poco a poco se va haciendo el callo, hasta que un día descubrís que no está para nada mal crear tu propio camino, decidir por vos mismo, equivocarte y volver a empezar.
Estaba seguro que el mensaje subliminal era para mí, me encontraba en la misma encrucijada y estaba tratando de decirme que no era tan grave como yo lo estaba imaginando. Un tiro por elevación.
Permanecí en silencio con la cabeza apoyada sobre su hombro.
_ ¿Estás como para hablar del tema o todavía no? _ Me preguntó enredando sus dedos a los míos.
_ En algún momento vamos a tener que hablarlo, así que dale, te escucho.
En la sala común de la Cruz Negra no se podía dejar de hablar del tema.
_ ¿Estás segura que no los siguieron? _ No era la primera vez que la actitud de Eduardo la ponía de los pelos.
_ Se podría decir que no, pero tanto como asegurar es imposible. No puedo asegurar absolutamente nada Eduardo. Cuando llegué dormían plácidamente y en el hotel me dijeron que nada extraño había pasado desde que habían arribado. Solo se hospedaron, cenaron y durmieron hasta que los desperté, pero no puedo estar segura de nada. No al menos por un tiempo considerable.
El señor Watanabe sonrió tiernamente escandalizado. _ ¿Pasaron la noche en un hotel? ¡Hoy en día crecen muy deprisa!
_ Kate, no quiero contradecirte, pero es una responsabilidad demasiado grande tener a ese chico acá, deberías llamar a sus padres y decirles que vengan por él. _ dijo Eduardo
_ Si, es cierto, pero voy a esperar a que terminen de hablar. No voy a llamar a nadie hasta que lleguen a un acuerdo.
_ ¿Qué acuerdo?
_ Cosas de ellos, Eduardo. Cosas de ellos.
_ ¡Cosas de ellos…! _ Respondió exacerbado. _ El riesgo que corremos no es solo cosa de ellos sino de todos los que estamos acá_. Kate sabía perfectamente a que se refería, Eduardo sospechaba al igual que ella que el ataque en Medianoche podía tener un trasfondo mucho más peligroso del que Guillermo y Pedro imaginaban. Aunque tanto uno como el otro ya supieran de la existencia de La Tribu, ninguno de los dos estaba al tanto de lo que había sucedido durante los últimos tiempos. _ Kate, por el amor de Dios se razonable. Te empecinaste en no decirle la verdad a Guillermo para no preocuparlo, pero ahora está acá y corre el mismo peligro que todos nosotros, incluso un poco más dado que es tu hijo. La Tribu está tratando de ubicarnos y si atraviesan esa puerta va a ser una masacre.
Sus palabras habían provocado un clima tenso en los integrantes de la Cruz Negra quienes permanecieron sentados alrededor de la mesa en un silencio espeluznante.
_ Eduardo, ¿te das cuenta lo que provocan tus comentarios fuera de lugar? No los necesito tensos sino fuertes y relajados. _ Dijo dirigiéndose al resto. _ Todo va a estar bien, estamos preparados para enfrentarlos en el caso que descubran donde estamos.
_ Estábamos bien preparados, pero ya no lo estamos. La presencia de ese chico nos pone en situación de desventaja, ya te lo dije, es nuestra responsabilidad y es necesario sacarlo de acá lo antes posible, llevarlo a un lugar seguro. Deberías llamar a sus padres de una vez.
_ Ya te dije que voy a hacerlo apenas terminen de hablar. Ahora te sugiero que te tranquilices, estás poniendo nerviosos a todos. _ El duro tono de Kate convertía una mera sugerencia en una orden y Eduardo la conocía lo suficiente como para saber que había dado el tema por terminado.
_ Bueno, dale. Te escucho.
_ Pedro, nadie mejor que yo sabe lo que significa dejar el hogar. Al principio no es fácil, pero poco a poco te vas a ir acostumbrando e incluso vas a disfrutarlo. _ La expresión de mi rostro debió ser patética por cómo reaccionó _. ¡Pedro, no vamos a irnos para siempre! Solo unos meses, hasta que estemos seguros que volver no implica ningún riesgo.
Eso ya tenía otro color _ ¿Entonces significa que algún día podremos volver?
Me sonrió con ternura. _ Por supuesto que vamos a volver, no vamos a quedarnos dando vueltas por el mundo. _ Los colores volvían poco a poco a mi rostro extremadamente pálido _ ¿Acaso pensaste que no íbamos a regresar?_ Asentí un poquito avergonzado, desde que había huido de Medianoche me sentía un cachorro destetado antes de tiempo. _ ¿Qué pensaste Pedro? ¿Qué no ibas a volver a ver a tus padres?
_ No solo eso, pensé que nunca más volvería a verlos a ellos, ni a Gaby, ni a Marcial, ni a Beto. Que nunca regresaríamos a Medianoche, que no volvería a verte esperándome en la vieja escalera de piedra, que las noches prohibidas en nuestro lugar se habrían terminado y que nunca más volveríamos a hacer el amor bajo el hechizo de Evangeline…
_ ¡Mi amor, con razón te desmayaste! Nada de eso Pedro, te estoy invitando a que vengas de vacaciones conmigo. Como te dije una vez, quiero que recorramos el mundo juntos, mostrarte los lugares en los que viví y conocer con vos aquellos en los que jamás estuve. Unos meses amor, solo el tiempo necesario para que volver a Medianoche sea algo seguro. ¿Qué decís?
El alivio me permitió sonreír con alegría por primera vez, además me corrían cosquillas por el estómago de solo pensar que íbamos a partir solos y juntos a recorrer el mundo. _ ¿Qué digo? ¡Que acepto! ¡Obvio que acepto! _ Me senté con una pierna a cada lado sobre las suyas, toda la tristeza se había esfumado y lo besé desesperadamente mientras lo abrazaba con todas mis fuerzas, que no eran muchas… Una extraña somnolencia me invitaba a quedarme dormido sobre él.
_ ¿Pedro que te pasa? Estás débil. ¿Te sentís bien?
Comencé a traspirar un sudor helado y mi cuerpo comenzó a temblar. Yo sabía lo que me estaba pasando. _ No te preocupes, no es nada grave. En unos minutos se va a pasar.
_ ¿Qué es Pedro? ¿Qué te pasa? _ Mi vaso de sangre, eso era lo que me pasaba. Aquella mañana no había bebido mi vaso de sangre y comenzaba a debilitarme. Por suerte Guillermo se dio cuenta antes que tuviera que decírselo, me hubiese resultado muy embarazoso. _ ¡Sangre! Eso es lo que te pasa, hoy no bebiste sangre. Recostate sobre la cama que voy a ver que puedo conseguir.
_ ¡No! No… no lo hagas. No quiero que les digas, eso me haría sentir incómodo.
_ ¿Pero cuanto vas a poder resistir sin beber algo de sangre?
_ A lo sumo hasta mañana. Este malestar va a desaparecer en unos minutos, pero va a volver en el trascurso del día, cada vez va a ser más intenso y va a durar unos minutos más. Va a ser mejor que llame a mis padres y les diga dónde estamos, ellos podrían traerme algo.
_ Vamos ya mismo. Además debe ser cerca de mediodía y también necesitás comer, pero no vamos a esperar hasta mañana para conseguir un poco de sangre. Apenas terminemos de almorzar vamos a salir juntos y sin decir una sola palabra, sé donde podemos conseguirla sin dar demasiadas explicaciones. A solo unas cuadras funciona un frigorífico, les voy a decir que estás de visita y que morís de ganas de conocer las instalaciones. Tenemos que empezar a generar nuestros propios recursos si vamos a ir a recorrer el mundo. Ahora vamos.
_ ¿A dónde vamos? Tengo que usar el amuleto. _ Los escalofríos empezaban a ceder y ya comenzaba a sentirme mejor, por eso no se me escapó el detalle de su sonrisa.
_ Pedro, el amuleto era por si quedabas atrapado en un lugar aislado, acá hay algo que se llama teléfono. Vamos a llamarlos. Mi madre te dará el número de Medianoche, ella ya ha hablado varias veces con la señora Bethany. ¡Vamos!
Fue imposible no escuchar la conversación cuando nos estábamos acercando a la sala común.
_ Kate, tenemos que concentrarnos por si algo sucede y sospecho que Guillermo no va a poder ni siquiera pensar mientras ese chico esté acá.
_ Error… _ Por el tono de su voz era evidente que el comentario de Eduardo lo había disgustado _ Pedro me ayuda a pensar con claridad, estoy mejor cuando estoy con él. _ El señor Watanabe me observó con una amplia sonrisa y yo le respondí de la misma manera. _ Mamá, Pedro está listo para llamar a sus padres.
_ Perfecto. Collins lo acompañará a mi despacho y lo comunicará con Medianoche. _ Un muchacho corpulento de cabellos rubios se levantó para acompañarme mientras Kate tomaba a Guillermo de un brazo _ Necesito hablar unas palabras con vos.
Seguramente Kate podía entender muchas cosas, pero esta escapaba por completo a su lógica y necesitaba que él se lo explicara.
_ ¿Por qué hijo? ¿Por qué?
_ Por amor mamá. No tengo otra explicación.
La tristeza desdibujaba sus rasgos y la musculatura de su rostro caía laxa desde sus pómulos. _ ¿De verdad querés convertirte en vampiro?
_ No, no es eso lo que quiero. Lo que quiero es estar con Pedro. Si fuera posible lo hubiésemos hecho a la inversa, pero como esa posibilidad no existe, solo cabe esta si queremos estar juntos. Unirme a su mundo.
Peinó su corta melena dorada hacia atrás con ambas manos y las mantuvo sobre sus sienes por unos minutos como cada vez que algo la inquietaba. Por primera vez a Kate Ross se le habían terminado las palabras, un silencio doloroso se apoderó de ella y clavó la vista sobre el suelo de la habitación para que su hijo no viera las lágrimas en sus ojos.
_ ¿No vas a decirme nada mamá?_ Le había preguntado Guillermo afligido, sabía que le estaba rompiendo el corazón.
_ No tengo nada que decir hijo. Es evidente que ya es una decisión tomada y nada de lo que diga va a hacer que cambies de opinión. ¿Para qué hablar entonces? ¿Para malgastar el poco tiempo que me queda junto a vos en un debate sin sentido? No hijo, no. Me conocés bien y sabés que eso iría en contra de mis principios, siempre te dejé tomar tus decisiones y eso no va a cambiar justo ahora que ya sos un hombre.
Guillermo tiró la cabeza hacia atrás y resopló al aire. _ No quería provocarte esa tristeza que no podés disimular, pero no puedo imaginar la vida sin Pedro. ¿No te alegra ni un poquito mi felicidad?
_ ¡Por supuesto que me alegra tu felicidad! Lo que me entristece es el destino que elegiste, vas a ver morir mucha gente querida y me duele pensar que dentro de cien años vas a estar tan solo.
_ No voy a estar solo, Pedro va a estar conmigo. Y si algo sale mal, si por esas cosas de la vida en algún momento lo pierdo, habrá valido la pena mamá. Habrá valido la pena porque nunca más voy a volver a amar a alguien como amo a Pedro. Mamá, Pedro es la alegría de estar vivo, el sentido de mi vida y el dueño de mi felicidad. Sin él, el mundo se opaca, pierdo el entusiasmo y el día a día se vuelve un retrato en sepia. ¿Acaso preferís eso para mí? ¿Una vida humanamente mediocre, esperando que la muerte se apiade de mí y venga de una vez?
Kate tomó coraje y levantó la vista para hundirla en esos ojos color miel que había gestado en sus entrañas. Los mismos ojos de su padre. A medida que pasaban los años, cada día, se parecía más a él. Incrustarse en sus pupilas transparentes la ayudó a recordar y a comprender, alguna vez ella había perdido la cabeza por unos ojos iguales a esos. Alguna vez ella había sentido lo mismo que él.
_ ¿Tanto lo amás?
_ Mucho más de lo que estás pensando.
_ Entonces no hay nada más que hablar. _ Kate se puso de pie y tomó sus manos entre las suyas. _ En cuestión de horas esto va a terminar y van a tener que irse. Se feliz hijo, es todo lo que voy a pedirte. Se inmensamente feliz con Pedro, cuídense el uno al otro, ténganse paciencia cuando las cosas no salgan como hubiesen querido y recorran el mundo como una vez lo hicimos vos y yo. _ Evocar esos tiempos le provocaba un nudo en la garganta, lo había llevado de la mano tantos años que la llenaba de nostalgia soltarlo para siempre. Ya no sería un miembro de la orden como tampoco volvería a ser el niño que se metía en su cama ni el adolescente indisciplinado coleccionista de latas de cerveza y cajas de cigarrillos. _ Es todo lo que te voy a pedir hijo, que seas feliz.
_ Gracias mamá. _ Guillermo abrió sus brazos y la estrechó con fuerza contra su pecho. _ Te doy mi palabra que así será. Pero no me hables como si fuera una despedida, por favor. En poco tiempo vamos a volver a vernos, te lo prometo.
Su sonrisa fue una mueca forzada por las circunstancias, no quería que se marchara con tristeza. _ ¡Por supuesto que vamos a volver a vernos! Apenas puedan regresar quiero que vengan a vernos, todas las veces que puedan y que se queden un tiempo con nosotros. Te voy a extrañar mucho hijo, le voy a pedir a Pedro que me llame todos los días porque pedírtelo a vos es inútil. Él parece ser más considerado.
Guillermo la miró pasmado _ Vos no estás hablando en serio…
_ Por supuesto que sí. Vos sos un desalmado, me llamarías dos veces al año. Voy a pedírselo a Pedro… y hablando de Pedro, andá a buscarlo hijo. Ya debe haber llamado a Medianoche.
_ De acuerdo, voy por él. ¡Pero no le pidas que te llame!
_ ¿Me vas a llamar todos los días?
Guillermo refunfuñó sabiendo que era una batalla perdida. _ Día por medio. ¿Hacemos trato?_ Preguntó extendiendo su mano hacia ella.
_ Hecho. _ Confirmó Kate aceptando esa mano morena y fuerte. _ ¡Ahora fuera! Necesito acomodar algunas cosas antes de almorzar.
_ Me fui _ dijo Guillermo abandonando la habitación, pero apenas la puerta se cerró detrás de él, ella se permitió dejar salir el llanto que había estado reprimiendo. Se sentía feliz de verlo tan enamorado, pero el precio que pagaría por ese amor no era lo que había soñado para él.
Lloró a solas todo lo que hizo falta, hasta que poco a poco pudo reponerse. Nada cambiaría para ella, aunque se transformara en un vampiro Guillermo nunca dejaría de ser su hijo, la persona que más amaba en su vida, ahora solo quedaba rezar por él, por Pedro y apoyarlos en lo que decidieran.
_ Basta de lágrimas Kate Ross, _ se dijo a si misma mientras se empolvaba la nariz ante el espejo _ vas a tener que ser más fuerte que nunca, porque mientras respires bajo este sol, nada ni nadie va a meterse con tu hijo. Eso jamás.
_ Academia Medianoche
_ ¿Señora Bethany?
Reconoció su voz al instante. _ ¿Joven Beggio, es usted?
_ Sí, soy yo, Pedro.
_ ¡Adrián! ¡Celia! Vengan, es Pedro.
_ ¿Pedro? ¿Es Pedro? _ Había preguntado mi madre con desesperación _ ¡Por favor señora Bethany, permítame hablar con él!
_ Por supuesto que si Celia, adelante. _ Le había respondido la directora de la academia pasándole el tubo.
_ ¿Pedro?
_ Mamá…
_ ¿Hijo cómo estás? ¿Dónde estás? ¿Por qué tardaste tanto en comunicarte?
_ Lo hice lo más rápido que pude, lo siento.
_ ¿Dónde estás? _ Me acribillaba a preguntas
_ Con Guillermo, su madre y la Cruz Negra.
_ ¿Y cómo te tratan?
No pude evitar reírme _ ¡Mamá! ¿Cómo crees que me estarían tratando? Muy bien, por supuesto.
_ Señora Bethany, está con la Cruz Negra. ¿Podemos salir para allá ya mismo?
_ Por supuesto que si Celia. Ya mismo me ocupo de eso, voy a empezar por llamar a quienes van a ir con nosotros. Trate de tranquilizarla Adrián, va a hacer entrar en pánico a ese muchacho, aunque pensando en los dolores de cabeza que me trajo, algo merecido se lo tiene. ¿No cree señor Beggio?
Mi padre comprendió enseguida que la formal señora Bethany se permitía bromear acerca de mí porque estaba tan feliz como ellos de saber que estaba a salvo.
La expedición partió en el micro de la escuela, el mismo que nos llevaba los sábados a Riverton.
_ Le dije a Pedro que llegaríamos cuando empezara a oscurecer _ Mi madre apenas si podía con su ansiedad, pobre mujer, nunca imaginó que iba a brotar de mí esa rosa extraña tan diferente a su linaje.
Ahora que habían pasado tantas cosas comenzaba a comprender el sueño que había tenido en aquellos primeros días en Medianoche. Yo era la rosa de mis sueños, la que dejaba su planta con los pétalos cerrados y se implantaba en otra, para hacerse una con ella y florecer desplegando sus pétalos extraños nunca antes vistos. Una rosa diferente. Una rosa especial. Una rosa que no pudo ser flor en su seto y que solo pudo abrirse a la vida al beber la savia de ese arbusto que gentilmente le permitió apoderarse de él.
Cada vez que llevaba instintivamente la mano hacia mi pecho me entristecía la ausencia del prendedor que Guillermo me había regalado y no dejaba de preguntarme si alguna vez lo iba a recuperar, él era el símbolo de nuestra unión y de que nuestro amor estaba escrito. Su rosa era la réplica exacta de la rosa de mis sueños.
_ Y así será si todo sale bien. ¿Cómo lo escuchaste? _ Preguntó mi padre guardándose el reproche porque no lo había dejado cruzar una sola palabra conmigo.
_ Bien, estaba bien. Tranquilo, hasta feliz diría. _ De pronto volvió a preocuparse. _ ¿Por qué estaría feliz? ¿Qué crees que ha estado tramando? ¡Ay Dios mío! Este es nuestro castigo por haberlo traído a Medianoche por la fuerza. ¡Nunca tendría que haber pisado este lugar! ¡Nunca!
_ Celia, te desconozco. ¿Podrías al menos intentar calmarte?
_ ¿Cómo voy a calmarme? Ya me di cuenta que Pedro es capaz de cualquier cosa, no conoce los miedos, no tiene límites cuando algo se le pone en la cabeza.
_ Lo que se hereda no se roba querida, tiene a quien salir.
_ ¿Vos estás insinuando que yo tengo algo que ver en la parte revoltosa e insubordinada de tu hijo?
_ Así que ahora es mi hijo… Si estuviera en el cuadro de honor sería tu hijo, no? Vamos Celia, nadie tiene la culpa de nada, Pedro está creciendo eso es todo. No podemos echarle la culpa a Medianoche de todo lo que pasó, es su naturaleza y contra eso no se puede hacer nada.
_ No sé… Tal vez tengas razón Adrián, pero sigo pensando que Medianoche no fue una buena influencia para él. Pedro no era así, ha cambiado tanto en este año.
Por más que murmuraran estaban rodeados de vampiros que con solo agudizar sus oídos podían escuchar lo que estaban hablando entre ellos y la señora Bethany no era precisamente la excepción. _ Si me disculpa Celia, sinceramente creo que el joven Beggio no fue una buena influencia para Medianoche. Sin ánimo de ofenderlos les aseguro que nunca vi en los cientos de años que llevo al frente de la academia tanta habilidad y pasión por romper todas las reglas. ¡Qué muchacho! ¡Es una suerte que esté vivo! A propósito… ¿Llevan algo de sangre para él? Si no se ha atrevido a cazar algún animal debe estar debilitándose.
_ Si señora Bethany, llevamos varios termos con sangre para todos. De eso si no lo creo capaz, Pedro no es capaz de matar una mosca. _ Dijo mi madre intentando poner un punto a mi favor.
_ Quisiera verlo. _ Dijo la señora Bethany. Esa mujer no me daba nada de crédito y hacía bien.
_ ¡Listo!_ Le dije por lo bajo mientras quitaba los restos de sangre de mi boca con un trozo de lienzo oscuro que habíamos tomado del centro cívico ocupado por la Cruz Negra antes de salir a hurtadillas una vez terminado el almuerzo.
_ Bien. ¿Bebiste lo suficiente? _ Me preguntó Guillermo con curiosidad. _ Hiciste muy rápido.
_ Estaba sediento, pero pude beber lo suficiente como para reponer fuerzas. Mirá _ Le dije mientras hacía la vertical casi levitando, me sostenía de cabeza con una sola mano apoyada sobre el piso embaldosado del matadero.
_ ¡Pedro compórtate! No hagas boludeces que nos van a descubrir y no sé qué vamos a decir si se dan cuenta que lo que buscábamos no era conocer el lugar sino sangre. Esta gente no sabe nada de estas cosas y es mejor que sigan así.
_ Está bien _ respondí irguiéndome sobre mis pies. _ ¿Así está mejor? _ Le pregunté capcioso y provocador.
_ Estás muy atrevido vos…
_ Estoy feliz. Te amo y no veo la hora en que partamos juntos a recorrer el mundo, aunque… ¡No había pensado en eso!
_ ¿En qué?
_ ¿De qué voy a trabajar? Tengo algunos ahorros pero los tienen mis padres y no les pedí que me los traigan, aunque igual no alcanzarían para mucho. Tengo que ver cómo voy a costearme la vida
_ Vos no tenés que preocuparte por eso, de eso me ocupo yo.
_ No pienso ser un mantenido
La explosión de risa de Guillermo no me cayó del todo bien. ¿De qué se estaba riendo? _ ¿Se puede saber que te causa tanta gracia? _ Pregunté un poquito ofuscado.
_ ¡Ay Pedro! No se trata de ser un mantenido, ese dinero es mío, mi herencia y si no puedo disfrutarlo con vos, ¿con quien más lo haría? No pienses en eso por el momento, te invité a pasar unas largas vacaciones alrededor del mundo, tenés tiempo de sobra para ver de qué manera querés ganarte la vida, pero que sea más adelante, ¿puede ser? Por ahora solo deseo que viajemos y mostrarte los lugares más bellos del mundo. Tendremos tiempo para todo lo demás. ¿Me vas a dar ese gusto?
Obviamente que acepté. No veía la hora de partir junto a él, aunque me esperaba la parte más difícil: decírselo a mis padres.
El micro nunca tomaría la misma velocidad que la camioneta de Kate y eso les hizo la tarea más fácil. Habían permanecido merodeando la academia desde el exterior durante días, estaban al tanto de todo y solo tenían que aguardar el momento en que la expedición saliera en mi búsqueda para seguirlos. Y eso fue lo que hicieron.
Ya era prácticamente de noche cuando el micro se detuvo en la puerta del centro cívico. La señora Bethany había dejado en claro que iría al frente de la expedición y se hizo respetar a rajatabla. Uno a uno los demás fueron bajando del micro y se alistaron detrás de ella, y cuando todo estuvo listo avanzaron hacia la puerta trasera, la misma por la que habíamos ingresado Guillermo, Kate y yo. Al llegar, la señora Bethany aplicó dos golpes de nudillos a la puerta. No tuvieron que esperar demasiado, enseguida alguien las abrió desde adentro y los invitó a pasar.
A pesar que avanzaban mucho más rápido que los vampiros comunes como nosotros, por un momento perdieron de vista el autobús, pero no se dieron por vencidos. Usando sus sentidos extrasensoriales se orientaron para seguir su trayectoria. La noche los había encontrado aun atravesando el follaje cerrado a los lados del camino pero se desplazaban seguros por la oscuridad a pesar del fango que prácticamente ni rozaban. Sus piernas eran tan veloces que hubiesen resultado invisibles a la vista humana. El estallido de un relámpago centelleó en el cielo y todo quedó iluminado como si fuera de día, pero lejos de amedrentarlos los hizo rugir de excitación, estaban a un paso de cumplir su cometido. A pesar de las intrigas y sospechas que habíamos puesto en consideración, ellos no iban detrás de mí ni de Guillermo específicamente, sino de toda la Cruz Negra. Chillaban en la oscuridad estimulándose entre ellos ante la idea de que, finalmente, iban a lograr su objetivo.
_ ¿Crees que vamos a hallarlos? _ Le preguntó una joven de rasgos extremadamente bellos a quien parecía ser el líder
_ Dalo por hecho, linda. Esta vez no escaparán.
_ Perdimos de vista el micro hace más de una hora.
_ Eso no es problema, puedo oler en el aire y en el asfalto el tufo de la combustión de ese viejo micro. Los vamos a encontrar.
_ Son más numerosos que nosotros.
_ Cierto. _ Le respondió con ira _ Han terminado con la vida de muchos de los nuestros, pero esta noche llegará la venganza esperada por tanto tiempo. ¡Sigamos viaje! Debemos llegar en silencio cuando estén todos reunidos.
Lo primero que vi fue la figura de la señora Bethany ingresando al centro cívico abandonado, y detrás de ella, a mis padres. Corrí hacia ellos.
_ ¡Mamá! ¡Papá! _ Me abracé a los dos como cuando era un niño y me asustaba en las noches de tormenta.
_ ¡Pedro! _ Fue todo lo que alcanzó a decir mi madre que me abrazaba y me alejaba de ella para inspeccionarme _ ¿Estás bien hijo? ¿Estás herido?
_ Ya te dije que estoy perfecto mamá. No hay nada porque preocuparse. Papá… _ Le dije mirándolo a los ojos para, inmediatamente, arrojarme en sus brazos. Lo había extrañado mucho y era innegable que él también me había extrañado mucho a mí.
_ Hijo querido… _ Me palmeó la espalda y eso me hizo sentir grande, acababa de saludarme como a un adulto y no revolviéndome el cabello como cuando todavía me consideraba un crio. _ No deseaba nada más en esta vida que volverte a ver.
Guillermo llegó donde estábamos junto a su madre dispuesto a presentársela a mis padres, pero tanto él como yo quedamos suspendidos en el aire cuando vimos ingresar a Balthazar y nos pusimos a la defensiva.
_ ¡Que hace él acá! _ Los increpé furioso. _ ¡Maldito traidor! Voy a matarte con mis propias manos… _ Mi padre me detuvo y la señora Bethany se interpuso entre nosotros.
_ ¡Deténgase joven Beggio! El señor Moore está acá por un pedido muy especial que me ha hecho, quería demostrar su arrepentimiento ayudando en su búsqueda y en la del señor Graziani. Lo hemos vigilado de cerca durante su ausencia y estamos convencidos que su arrepentimiento es sincero, por eso le permitimos venir con nosotros.
Guillermo se paró a mi lado, las palabras de la señora Bethany no nos habían convencido a ninguno de los dos, pero él era menos impulsivo que yo y a pesar de su desconfianza hizo lo que todos esperaban que hiciera. _ Si usted lo cree así señora Bethany, tanto Pedro como yo vamos a respetar su decisión, ahora pasen todos y cierren la puerta. Ya es de noche y hace frío.
Después de las presentaciones formales estábamos todos reunidos alrededor de la larga mesa de madera que se hallaba en la sala común. Kate había tomado la palabra.
_ Por eso creemos que lo mejor para los dos es que se vayan lejos por un tiempo, hasta que estemos seguros que no corren ningún riesgo.
_ Señora Ross _ La voz tímida y avergonzada de Balthazar la interrumpió con sumo respeto _ Puedo asegurarle que un hay ningún complot contra el profesor Graziani en Medianoche, y mucho menos contra Pedro. Lo que pasó aquella noche es mi responsabilidad, solo mía, ni siquiera de la señorita Moravia. Yo la manipulé para que me ayudara, estaba equivocado y realmente siento mucho haber provocado este disgusto. Pueden volver a Medianoche cuando quieran, siempre serán bienvenidos y cuidados en la academia. Yo mismo me encargaré de eso si hace falta.
_ Señor Moore, comprendo lo que dice y le creo, pero lo que sucede sobrepasa ampliamente en peligro lo ocurrido en la academia. _ Tomó aire antes de seguir hablando _ Hay algo que ninguno de ustedes sabe…
_ ¿A qué te estás refiriendo Kate? _ preguntó preocupada la señora Bethany.
_ A La Tribu.
La señora Bethany se puso de pie. _ No estás hablando en serio.
_ Estoy hablando muy en serio. Han regresado y nuestro mayor temor es que intenten atacar a Guillermo en primer lugar por ser mi hijo, el hijo de su peor enemiga y como consecuencia directa, también a Pedro. ¿Cómo estar seguros que no han logrado infiltrarse en Medianoche?
Mientras Kate y la señora Bethany debatían acerca de un tema tan delicado como era que La Tribu hubiese regresado, mi madre me miraba fijamente a los ojos. A su lado, mi padre había bajado la vista en una clara demostración de abatimiento y le había pasado un brazo por los hombros. El rostro de mi madre tenía la misma expresión que el de Kate cuando vio las claras señales de mis mordidas en el cuello de su hijo, la tristeza más profunda que jamás había visto en sus ojos. _ ¿De verdad vas a marcharte?_ Me preguntó por lo bajo desde el otro lado de la mesa.
Sostuve su mirada en silencio, si de verdad me conocía ya sabía la respuesta.
Guillermo estaba sentado a mi lado, su mano apretaba la mía con esa seguridad que despedía hasta por los poros de su piel y si él estaba conmigo yo encontraría la fuerza y el modo de convencerlos que la idea de desaparecer por un tiempo no era tan drástica como lo estaban imaginando.
Tal como lo había pensado, había llegado el momento más duro: Hablar con mis padres.
_ Kate, creo que Adrián y Celia necesitan hablar a solas con Pedro. _ Había dicho la señora Bethany.
_ Por supuesto. Dana querida, ¿podrías acompañarlos a mi despacho?
_ Guillermo, _ dijo mi padre _ me gustaría que vinieras con nosotros. Creo que debés estar presente en esta charla.
_ Claro que si Adrián _ Dijo Guillermo y se puso de pie inmediatamente. _ Dejá Dana, yo los conduzco. Por acá por favor.
Cuando empezamos a transitar el oscuro pasillo que llevaba al despacho de Kate, mi padre pasó un brazo por los hombros de Guillermo y le palmeó el hombro con la otra mano _ Que gusto verte bien. No te merecías lo que pasó, ese estúpido y sus celos casi te cuestan la vida, pero no te preocupes por Balthazar, es cierto que lo estuvimos vigilando y no es más que eso, un estúpido.
Vi a Guillermo sonreírle con gratitud. _ Gracias Adrián. De verdad gracias por tus palabras. _ En ese momento supe que entre ellos había surgido una verdadera amistad. Una amistad que el tiempo no pudo destruir.
El lugar estaba arreglado con buen gusto, pero herméticamente cerrado. Todas las ventanas estaban clausuradas y extrañaba ver el cielo, las constelaciones y las mágicas noches de lluvia en las que las nubes cargadas de agua ocultaban las estrellas.
Ingresamos al despacho de Kate en silencio, la tensión cortaba el aire, no era fácil enfrentarme a ellos. _ Bueno, ¿quién quiere empezar a hablar?_ Pregunté en un intento de lograr que ese mal momento terminara lo antes posible.
_ Ustedes dos son los que tienen que hablar _ dijo mi madre en tono de reproche _ es evidente que ya tienen todo decidido.
Miré a Guillermo rogándole que hablara por mí y escudriñé a mi padre para tratar de descifrar si estaba de nuestro lado o si también tendría que lidiar con él, pero no pude interpretar la expresión de su rostro.
_ Celia, Adrián… _ Guillermo había tomado la palabra _ esto ya no se trata de una decisión tomada. Hasta hace unos minutos mi madre nos había convencido que viajar era el mejor modo de ponernos a salvo en caso de que una conspiración se hubiese llevado a cabo en Medianoche contra mí y como consecuencia directa contra Pedro, pero por lo que acaba de revelar, ahora se me ocurre que es solo una posibilidad entre pocas de poner a Pedro a salvo hasta que el peligro haya desaparecido. Ni él ni yo sabíamos que La Tribu había regresado a Inglaterra, pero leímos sobre ellos. Son verdaderos demonios, asesinos implacables y si vienen por nosotros, no habrá forma de evitar la batalla final. Enfrentarnos con ellos va a ser a matar o morir y la mejor forma de proteger a Pedro es llevarlo lo más lejos posible por un tiempo, unos meses, como si solo se tratara de unas largas vacaciones, pero regresaremos tan pronto como nuestro mundo vuelva a la calma.
El silencio de mi madre dejaba en evidencia que muy a su pesar sabía que Guillermo tenía razón. Fue mi padre quien cerró el tema.
_ Guillermo, llevate a Pedro lo más rápido y lejos que puedas. Sé que con vos va a estar bien cuidado, solo no olviden llamarnos con frecuencia para mantenernos al tanto de cómo están y cuando todo esto pase los esperaremos para volver a ser la familia que fuimos. _ Después de pronunciar esas palabras se dirigió a mí. _ Nunca imaginé que crecerías tan rápido, _ estaba a un solo paso de quebrarse como mi madre que permanecía en silencio ahogada en lágrimas _ como tampoco imaginé que un día me sentiría tan orgulloso de vos, hijo. Tienen mi bendición. Váyanse lo antes posible. _. Nos abrazó a los dos y tomando a mi madre de una mano la unió a nuestro abrazo.
Ese fue el instante más emotivo de mi vida, al menos hasta ese día. Tenía tan solo dieciocho años y era imposible saber que en los años que vendrían viviría muchos más y aún más conmovedores que esa triste despedida.
_ ¡Por aquí, vamos! ¡Rápido! Ya estamos cerca _ Urgió la voz del líder en medio de la noche. _ No debemos perder tiempo, ya deben estar todos reunidos.
Siguieron adelante a la velocidad del viento, destrozando el follaje a su paso, jadeando y chillando como lo que eran, seres sin alma con apariencia humana y sin sentimientos de piedad.
Finalmente el líder se detuvo y con un solo gesto logró que todos los que venían detrás de él hicieran lo mismo. _ Esperen aquí. _ Ordenó. Había divisado a escasos metros el ómnibus de Medianoche.
Estábamos todos reunidos nuevamente en la sala común acordando los detalles de nuestra partida cuando el estruendo nos hizo saltar de nuestros asientos.
La puerta trasera se abrió de golpe y el aire frío de la calle se coló en la sala. Me puse en alerta pero no fui el único, todos los miembros de la Cruz Negra se pusieron en guardia empuñando sus armas para enfrentarse al grupo de vampiros que había aparecido en la puerta mientras los nuestros, yo incluido, nos transformábamos a toda velocidad dejando ver nuestros colmillos y rugiendo con fiereza.
La Tribu acaba de encontrarnos y venían dispuestos a terminar con todos nosotros. Intenté ponerme al frente, pero una mano me tomó con fuerza y me tiró hacia atrás. Trastabillé y fui a dar contra Guillermo mientras el ruido y los gritos invadieron la sala.
La batalla final había comenzado.
CONTINUARÁ.
Impossibile no describir la sensación que me embarga cada ves que leo medianoche FELICITACIONES
ResponderEliminarMARA ROSAS
Que hermoso comentario Mara, tus palabras siempre le dan cuerda a mis musas. Gracias! Un abrazo de este lado del río.
EliminarGuillermina. Me gustó este capitulo... Justo cuando van a irse para ser felices los encuentra La Tribu... podran quedarse juntos?... aunque creo que para eso Guille tendrá que convertirse en vampiro... Bueno, veremos que pasa... Gracias por esta historia.. Verónica
ResponderEliminarTibio... tibio... ¡Muy buena apreciación Verónica! Si, tal vez para poder seguir juntos, sea inevitable la tercera mordida que va a convertir a Guillermo en vampiro. ¡Graciassss! Un abrazo Guilledrista!
EliminarUn capítulo lleno de emociones porfa no tarden con la continuación
ResponderEliminarGracias Elena, te prometo tardar lo menos posible en la continuación. Ya está en proceso, ruego a las musas que me inspiren para poder publicarla pronto. Un abrazo Guilledrista!
EliminarGenial!, como siempre Sandra. Por Dios!!! Pobrecitos! No tiene paz ;)
ResponderEliminarPLEEEEASE prontito la continuación. Me muero de la intriga. Besos Romina
PD: y la 3er mordidita?! ya quiero que llegue ;)
Romi, corazón! Perdón por hacerte esperar tanto esa tercera mordida que tanto me venís pidiendo, pero ya falta poco para el final y te prometo un final feliz lo antes posible. ¡Besossss y un abrazo Guilledrista!
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