
CAPÍTULO 4
A la mañana siguiente, Pedro se despertó temprano dejando a su amado durmiendo cómodamente. Se levantó de la cama para ver a sus niños y despertarlos despacio.
Con suaves caricias y besos, Pedro despertó a Brisa para que se duchara y fuera a desayunar. Daniel, al escucharlo, lo abrazó con fuerza diciéndole al oído que lo quería mucho.
- Buen día hermosa, vamos a levantarse, hora de ducharse y desayunar – la despertó Pedro con un beso
- Buen día Pedro… ya voy – contestó Brisa dormida
- Buen día mi vida… como dormiste? – despertó Pedro a Daniel
- Muy bien… te quiero mucho papi – respondió Daniel abrazándolo
- Yo también los quiero, a ambos, ahora, después de tu hermana te bañás vos… sin peros – respondió Pedro besando a Daniel
- Me bañé ayer papi… otra vez? – quiso saber Daniel
- Claro que otra vez… todos los días _ contestó Pedro
- Buen día niños… ¿Como durmieron? – quiso saber Guillermo casi dormido
- Buen día Guillermo – respondieron a coro
- Papi quiere que me bañe de nuevo, lo hice ayer – respondió Daniel mirando a Guillermo
- Y está muy bien… hay que bañarse todos los días – respondió Guillermo sonriente
- Está bien… Dale Brisa, apurate – contesto Daniel
- Ya voy… y no se apura a una princesa – respondió su hermana
- Pero… – se quejó Daniel
- Pero nada… hay tiempo para todo…. Después vengan a desayunar – respondió Pedro marchándose del cuarto.
En la cocina, Guillermo comenzó a preparar café con leche, tostadas y chocolatada para los niños. Pedro lo miraba maravillado… le encantaba la escena mañanera… Despertar junto a su hombre, el que estaba despeinado y casi con la almohada pegada a la cara, preparándole el desayuno para él y sus niños… Lo amaba.
- Buen día amor… _ saludó Pedro dándole un cálido beso
- Buen día precioso… Nunca dormí tan bien y amanecí tan bien… eso te lo debo a vos y los niños – respondió Guillermo
- Me encanta esto… estar así con ustedes… una familia… Tengo mucho miedo – respondió Pedro abrazándolo
- Estamos juntos… y vamos a pelear por esto lindo – respondió Guillermo besándolo en los labios.
Al cabo de media hora, estaban los cuatro desayunando tranquilos. Pedro nunca había disfrutado un desayuno como esa mañana. Los niños se notaban felices, pero estaban preocupados por algo… y Pedro sabía por qué.
- ¿Quien era esa mujer Pedro? _ quiso saber Brisa
- Una asistente social… _ respondió Guillermo
- No puedo Guille…. No los involucres en esto – respondió Pedro
- Tienen derecho a saberlo Pedro… se trata de ellos también – respondió Guillermo
- Somos chicos pero entendemos Pedro… ¿Para qué quería hablarte? ¿Nos van a separar? – quiso saber la niña
- Ustedes saben que Pedro está tramitando la adopción de ustedes… quiere que sean sus hijos legales, pero aparecieron sus abuelos, quieren llevarlos con ellos – respondió Guillermo
- No quiero ir… quiero quedarme con Pedro y con vos Guillermo… No quiero Brisa, no quiero – respondió Daniel asustado
- No queremos dejar a Pedro… él nos cuida bien y lo queremos mucho, y a vos también Guillermo… no queremos ir con ellos – respondió Brisa
- Lo sé niños… y de verdad que no quisiera que se fueran del lado de Pedro, por eso voy a hablar con ellos, para que le dejen la custodia a Pedro y poder adoptarlos… pero no pueden negar a sus abuelos _ respondió Pedro
- Pero podemos verlos… como vos con Dieguito… sos su abuelo no? – respondió Brisa
- Sos muy inteligente vos… de verdad _ respondió Guillermo _ Les prometo que vamos a pelear por ustedes… por lo menos yo, que quiero que se queden conmigo y sean mis hijos… pero hay algo mas _ respondió Pedro
- ¿Qué? – quiso saber Daniel
- Guillermo y yo queremos vivir juntos, con ustedes… como una familia… ¿Qué me dicen? – quiso saber Pedro asustado
- Buenísimo… así tendremos dos papás… Me encanta _ respondió Daniel abrazando a Pedro
- ¿Y vos hermosa, que decís? – quiso saber Guillermo
- Que los quiero mucho, a los dos… y claro que quiero – contestó Brisa abrazando a Guillermo
- Muy bien, entonces a cambiarse que nos vamos – respondió Guillermo besando a la niña
- Llamo a Rita, así se queda con ellos – contestó Pedro
- No, dale el día libre… los niños vienen con nosotros, tengo una idea – respondió Guillermo
En la sala de audiencias, Pedro y Guillermo citaron previamente a los abuelos de los niños para concertar una charla con ellos antes de ver a Su Señoría.
Sentados los cuatro reunidos, Guillermo comenzó la charla amablemente, precedido por Pedro, quien iba a luchar a capa y espada por esos niños.
- Buenos días señores, soy el Dr. Guillermo Grazziani, abogado de Pedro Beggio, colega mío de la profesión – comenzó Guillermo
- Buenos días señores… ¿para qué querían vernos antes de la audiencia? – quiso saber el Sr. López
- Como ustedes saben, Pedro hace más de tres años que tiene la custodia legal de los niños, sus nietos Brisa y Daniel… está tramitando los papeles para la adopción _ respondió Guillermo
- Algo nos contaron, si… pero solo queremos a nuestros nietos – contestó el hombre
- Son algo más que sus nietos Sr. López… son unos niños adorables… Sufrieron mucho cuando los conocí, sus padres los maltrataban… Ahora están bien, contentos _ respondió Pedro
- Se lo agradezco, pero queremos llevarlos con nosotros _ respondió el hombre
- Sra. López, usted es madre y abuela… tiene otros nietos… ¿Qué me puede decir de Brisa y Daniel…? ¿Qué conoce de ellos? – quiso saber Pedro
- Bueno… son los hijos de nuestra hija, no sabíamos que ella los maltrataba… Desde que está encarcelada que no la vemos – respondió la señora
- Pero de ellos, ¿qué me puede decir?... ¿Qué le gusta a Brisa, por ejemplo…? ¿Qué le gusta a Daniel…? ¿Cómo son en el colegio…? No sé, algo… por favor – quiso saber Pedro
- No se… nunca los vimos, no los conocemos – respondió la mujer
- Brisa es inteligente, estudiosa, ama la danza y la música clásica… Guillermo le enseñó a tocar el piano y estudia en el conservatorio, además de ir al colegio… Daniel es callado, muy observador, amante de los deportes, sobre todo le encanta el fútbol – respondió Pedro
- ¿Usted le enseñó piano a la niña? – quiso saber el hombre
- Seamos sinceros… Pedro y yo somos pareja desde hace tiempo… Pedro está en trámites de adoptar a los niños y personalmente yo, quisiera adoptarlos junto con él… Los niños lo quieren… no pueden separarlos y alejarlos de su vida… Conocen a mi hijo, se encariñaron con mi nieto… ¿Serían tan egoístas de privarlos de una vida sana y feliz? – quiso saber Guillermo
- Tiene razón… nosotros no los conocemos… no podemos separarlos de este señor – respondió la mujer
- Pero me niego a no verlos… Son mi sangre – respondió el hombre
- Están acá…. No es nuestra intensión separarlos, solo que se conozcan y que cumplan la función de abuelos, que eso es lo que son… no sus padres – respondió Guillermo
- ¿Están acá? – quiso saber la mujer
- Si… y si están dispuestos a hablar con ellos puedo traerlos – respondió Pedro
- Lucas, por favor, el joven es sincero y los quiere… nosotros no tenemos las comodidades que tienen con él… _ respondió la mujer
- Quiero verlos… por favor – respondió el hombre
Entraron a la sala los dos niños. Eran hermosos y muy educados. Se sentaron Brisa al lado de Guillermo y Daniel al lado de Pedro, tomándolo de la mano.
- Hola niños – saludó el abuelo
- Hola abuelo – respondieron juntos
- Que lindos que son… y que educados que están… ¿Están bien con el Sr. Beggio?- quiso saber la mujer
- Sí abuela… estamos bien… Pedro es bueno, nos quiere y nosotros queremos están con él… _ respondió Daniel
- ¿Y vos hermosa, que decís? – quiso saber la mujer
- Pedro es bueno, atento con nosotros… Nos quiere y lo queremos. Guillermo también es bueno y lo queremos también… No queremos irnos, por favor abuela – respondió Brisa mirándola
- No puedo Lucas… estos niños tienen que quedarse con ellos… no podemos separarlos – respondió la mujer
- Se que no fuimos los abuelos adecuados. Su madre no era una buena hija y creo que tampoco era buena madre… pero no somos como ella, queremos verlos, conocerlos. Saber de su educación – respondió el hombre
- Nosotros también queremos conocerlos abuelo… pero queremos quedarnos con Pedro y con Guillermo… _ respondió Brisa
- Por nosotros no hay inconveniente. Vamos a firmar para que le den la adopción Sr. Beggio… pero no es nuestra decisión, usted lo sabe – respondió el hombre
- ¿De quién es papi? – quiso saber Daniel
- De un juez Daniel… él decide con quien se quedarán – respondió Pedro
- ¿Un juez como el tío Juan?... Entonces hablemos con él, es amigo de Guillermo – respondió Brisa
- Es parecido sí… Juan es Juez pero no de este caso, preciosa… _ respondió Guillermo
- Se ve que los quieren ustedes… de verdad van a estar bien – respondió el hombre
- Eso se lo prometo Sr. López, aunque ustedes pueden verlos cuando quieran… son sus abuelos. – respondió Pedro
- De verdad parece buena persona. Gracias _ respondió el hombre estrechándole la mano a Pedro
- Gracias a ustedes por ser tan comprensivos… de verdad – respondió Pedro mirando a la señora con un gesto amable
- Nos vemos en la audiencia. – respondió el hombre
- Gracias – saludó Guillermo viéndolos partir.
- Guillermo… ¿Que fue eso que dijiste al principio? – quiso saber Pedro
- No sé, dije tantas cosas – respondió Guillermo con una sonrisa
- Si sabe… se está riendo – respondió Daniel
- ¿Qué pasa…? ¿Qué pasa? – quiso saber Brisa
- ¿Guillermo dijo que quiere adoptarlos conmigo… o estoy loco? – quiso saber Pedro
- Dos papás… que bueno… me encanta – respondió Daniel
- Pero… Guillermo y vos no están casados… no se puede – quiso saber Brisa
- Si se puede preciosa…. Y sí, lo dije… pero no sé si van a querer un padre como yo… Pedro es bueno, amable, hermoso… yo soy viejo, aburrido _ respondió Guillermo sonriente
- Lo sabemos… pero sos el novio de papá… y si él te quiere, nosotros también te queremos así – respondió Brisa abrazándolo
- Me muero de amor… vengan todos para acá… abrazo de oso – respondió Pedro abrazando a sus tres amores.
En la audiencia, luego de dos horas de debate y largas charlas con los cuatro adultos, el Juez sentenció que Pedro podría seguir con los trámites de adopción de los menores, con pleno consentimiento de sus abuelos de sangre, renunciando a los derechos de su custodia.
Todo había salido perfecto. Pedro estaba nervioso pero el saber que no les iban a quitar a los niños lo tranquilizaba.
Pasaron seis meses y ambos abogados estaban viviendo en pareja junto a los niños. La casa de Guillermo era grandísima, con espacio suficiente para un cuarto para cada niño y uno para su nieto Dieguito, cuando venía Fabián a visitarlos y dejaba a dormir a su hijo.
Se acercó la feria judicial y Pedro quiso ir de vacaciones en familia. Le propuso a Guillermo ir a las playas de Brasil junto a los niños, idea que le encantó a Fabián prendiéndose junto a su familia.
Reservaron dos habitaciones lujosas en el mejor hotel de Brasil. Pedro eligió una suite de dos habitaciones y un living comedor más grande que su departamento.
El hijo de Guillermo no pudo con su genio y quiso elegir una tan lujosa como la de Pedro, que por cierto tenía un gusto exquisito. No era tan grande, pero de verdad le gustaba.
Día de playa. Brisa y Daniel pasarían la tarde junto a Fabián, su esposa y su adorado primito. Pedro no aguantaba más y le propuso a Guillermo ir a la playa, a nadar un rato.
- Amor… vamos a la playa… me muero por pisar la arena, el agua… dale! – le suplicó Pedro
- No me gusta Pedro… andá vos… yo me quedo en el hotel – respondió Guillermo
- Bueno… vos te lo perdés – respondió Pedro saliendo del cuarto con una malla negra adherida al cuerpo que invitaba al deseo.
- Pedro… no vas a salir con eso… estás casi desnudo – respondió Guillermo mirándolo anonadado
- Es una malla… ¿me queda bien? - quiso saber Pedro seductor
- Sabés que sí… estás hermoso… te la sacaría con los dientes – respondió Guillermo aferrándose a su cintura
- Entonces vamos juntos… así cuidás que nadie me la saque primero – respondió Pedro provocador
- Está bien… ganaste… te vigilaré de cerca – respondió Guillermo
- Entonces ponete la tuya….tomá – respondió Pedro entregándole una malla - Esto es muy chico para mi… ¿estás loco? _ respondió Guillermo mirándola
- Es tu talle, dale… La compré especialmente para vos – respondió Pedro
- ¿Como me queda? – quiso saber Guillermo saliendo del cuarto con la malla azul oscuro adherida a su cuerpo
- Te queda perfecta… estás para comerte Grazziani… te la sacaría con los dientes – respondió Pedro sensual
- No mientas… vamos antes que me arrepienta – respondió Guillermo besándolo en los labios.
- Vamos galán – contestó Pedro agarrándolo de la cintura.
En la playa, Pedro se quitó la remera y el pantalón bermuda que llevaba puesto dejando su cuerpo blanco, torneado y sensual al descubierto. Guillermo no podía dejar de mirar a las mujeres que se daban vuelta para mirarlo, llenándolo de celos.
- Te están comiendo con los ojos amor, tapate – respondió Guillermo entregándole la remera
- Ni loco… me meto al agua… y tranquilo Guille, que este cuerpo solo lo podés tocar vos, nadie mas – contestó Pedro provocador
- Eso dalo por seguro… antes les cortos los dedos – respondió Guillermo
- Dale… sacate la ropa, metete conmigo al agua – respondió Pedro quitándole la remera
- Puedo solo… andá vos lindo – respondió Guillermo incómodo
- Bueno… te espero en el agua, mojadito y con ganas de morderte esa boca Grazziani – contestó Pedro sensual corriendo hacia el agua
Guillermo se quitó la remera y la bermuda quedándose solo con su malla azul oscuro. Notó que varias mujeres lo observaban y más de una le hizo un gesto con los labios en señal de cazadoras, además de sendos guiños de ojos por parte de señoras veteranas pero dispuestas a la guerra.
No pudo con su genio, se colocó la remera y fue al encuentro de Pedro, que parecía un cisne nadando en el mar. Se metió despacio intentando no pisar nada extraño… No era de su agrado, pero solo lo hacía para complacer a esa criatura celestial que nadaba junto él.
Pedro se sumergió en el agua perdiéndose de la vista de su hombre. Viendo como este lo buscaba desesperado, lo tomó de la espalda saliendo de debajo del agua aferrándose a su cuello, dándole un dulce beso en la nuca.
- Me asustaste chiquito… pensé que te habías ahogado – respondió Guillermo
- Se nadar amor… no te preocupes… estás tenso, relájate Guille – respondió Pedro tomándolo de la mano
- Nos están mirando nene… ¿qué van a pensar esas señoras de nosotros? – quiso saber Guillermo
- Que somos dos hombres afortunados… vos por comerte a un bombón como yo, porque lo soy… y yo por comerme a un hombre seductor, atractivo y maduro como vos… _ contestó Pedro acercándose a su cuerpo
- Sos insaciable hermoso… no tengo paz con vos – contestó Guillermo
- Dale… besame galán…. Que tengo ganas de saborear tus besos – contestó Pedro provocándolo
- Vení para acá nene… _ contestó Guillermo siendo atraído por una ola.
En el momento en que Guillermo iba a besar a su joven perdición, fue arrastrado por una ola que vino de improviso. Pedro quiso agarrarlo de la mano pero fue demasiado tarde, la ola era muy fuerte y lo llevó marea arriba.
Sin perder tiempo y sin medir consecuencias, se introdujo dentro del agua a fin de ir en su auxilio. A pesar de sus esfuerzos, la ola lo arrastraba muy rápido, no pudiendo nadar mucho por la corriente. Desesperado, comenzó a gritar pidiendo ayuda.
Un salvavidas que estaba de guardia escuchó los gritos del joven yendo a su rescate. Unas mujeres que los estaban mirando le advirtieron al rescatista que una ola había arrastrado a un hombre maduro y buen mozo llevándoselo con la corriente.
Pedro le indicó por donde había sido arrastrado yendo el rescatista a su auxilio. Se introdujo mar adentro tardando unos minutos en regresar… tiempo que para Pedro parecía eterno…. No podía pensar en qué pasaría si Guillermo no salía vivo de esa situación… se le estrujaba el alma y el corazón con solo pensarlo.
Al cabo de veinte minutos, el salvavidas vino cargando el cuerpo inerte de Guillermo, que estaba desmayado y había tragado muchísima agua. Lo recostó en la arena intentando reanimarlo. Le tomó el pulso, lo tenía débil, pero respiraba.
Pedro se agachó a su lado tomándolo de la mano, viendo como el rescatista corpulento y de raza negra estaba haciendo su trabajo de primeros auxilios.
- Señor… ¿me escucha? – quiso saber el rescatista
- No responde… ¡por favor ayúdelo! – suplicó Pedro
- Su amigo está inconsciente, pero va a estar bien… voy a darle oxigeno – respondió el rescatista
- Es más que mi amigo… si se muere no se qué hago – contestó Pedro al salvavidas
- Va a estar bien… ¿puedo? – quiso saber el salvavidas
- Adelante – contestó Pedro
El rescatista tomó la boca de Guillermo acercando su boca para brindarle oxigeno. Sabía que era la pareja de ese joven, pero inconscientemente, el olor de ese hombre lo seducía.
Siendo lo más profesional que pudo, intentó otra vez darle más oxigeno, por lo que acercó otra vez sus labios a la boca del maduro abogado casi besándolo de manera accidental.
Guillermo comenzó a reaccionar de a poco, recordando la cara de su joven moreno sonriéndole y pidiéndole que lo bese de manera sensual. Sintió unos labios rozar su boca, brindándole un aire frío casi de manera brusca.
Recordando las palabras de su joven amor, lo tomó de la nuca besándolo apasionadamente.
El rescatista se quedó helado al ver la reacción de aquel hombre. Por todos los medios intentó separarse de esa boca que lo estaba devorando con un apasionado beso ante la mirada incrédula de Pedro.
- Que beso mi amor – contestó Guillermo casi inconsciente
- ¿Está bien?... ¿Sabe quién soy? – quiso saber el rescatista
- Claro que lo sé precioso… ¡Que cuerpo, vení! – respondió Guillermo tomándolo por los brazos
- Levántese por favor… ¿está bien? – quiso saber el salvavidas
- ¿Que pasa precioso…? Besame – contestó Guillermo tomándolo de la nuca besándolo otra vez
- Gracias por el cumplido… pero soy su rescatista, Julián – respondió el salvavidas
- ¿Quien?... No juegues conmigo amor… sos tan lindo! _ contestó Guillermo casi desmayándose de nuevo
Pedro no podía creer lo que estaba viendo. Guillermo se había despertado y lo único que quería era besar a ese hombre musculoso, negro y con un cuerpo increíblemente tonificado. Una vez lo podía dejar pasar, pero decirle mi amor, lindo, precioso era demasiado… Esas palabras eran solo suyas, y ahora las estaba compartiendo con otro hombre… Sin poder soportarlo más, se fue corriendo de la playa.
CONTINUARÁ
¡Ay por Dios! Este si que es un amor accidentado! Veníamos tan bien y justo Guillermo con semejante confusión!!! Pobre cielito, espero que lo hablen y vuelvan a ser la hermosa pareja de siempre.Gracias por esta dulce historia Verónica y espero que sigas escribiendo en este blog para hacernos volar con tu hermosa imaginación. Un abrazo Guilledrista!!!
ResponderEliminarQye capitulo tan lindo, ahora todo se complico pero el verdadero anor lo puede todo gracias
ResponderEliminarFelicitaciones hermosa tu ficción
ResponderEliminarMara rosas
Noooooooo No me podes dejar así, q sea una brima de Guille y como va hacer para q Pedro lo perdone.
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