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domingo, 12 de noviembre de 2017

"ESCLAVO DE TU MIRADA" - Cap. 1 - (By Verónica Lorena)






ESCLAVO DE TU MIRADA

CAPÍTULO 1

Era un día soleado. Guillermo Grazziani, abogado prestigioso, fue invitado junto a sus colegas del estudio a una reunión de campo en el “Club de Golf” en celebración del día del abogado. No era muy devoto de estas reuniones ni de la vida social ni campestre, pero no le quedaba más remedio que asistir, ya que Marcos y Gabriela estaban entusiasmados por la invitación.
Era un lugar precioso. Aire puro, naturaleza. Todos estaban socializando con abogados de gran nivel social, por lo que Guillermo decidió apartarse del gentío dirigiéndose hacia un lago cerca de la orilla de unas sierras alejadas.
Contemplando el agua con las manos en los bolsillos de su saco negro escuchó una voz a su espalda:
- ¿Puedo? – preguntó una voz joven
- Claro que podés… el lugar es público – dijo Guillermo dirigiendo la mirada hacia el joven
- Soy Pedro Beggio, abogado – se presentó Pedro ofreciendo su mano al magistral letrado
- Se quien sos… Te tengo visto de tribunales, de las audiencias – respondió Guillermo estrechándole la mano
- Que bien… entonces empecemos de nuevo… Soy Pedro Beggio, abogado, 38 años, me gusta el aire libre, el campo, el mar, el deporte en general… ¿Y vos quien sos?– dijo el joven sonriente
- Soy Guillermo Grazziani, 50 años, dos veces divorciado, no me gusta el agua, ni el campo, ni la gallina, ni los pollitos… Soy bicho de sillón y biblioteca – respondió Guillermo mirando esos ojos marrones que lo cautivaron al instante
- Que bien… nos vamos a llevar muy bien – respondió Pedro sonriente no pudiendo apartar la mirada de esos ojos hipnóticos del maduro letrado.
Se quedaron mirando el río uno al lado del otro. Ninguno de los dos podía creer que estaban hablando fuera del ámbito tribunalicio.
Pedro hacía dos años que asistía a todas las audiencias del Dr. Grazziani, solo para verlo. Lo admiraba.
Guillermo por su lado no podía soportar tener a su lado al joven que desde hacía dos años lo tenía perdido. Asistía a todas las audiencias del Dr. Beggio solo para verlo y desear besar esos labios carnosos y cautivantes que lo llamaban al pecado.
Perdido en sus pensamientos, la voz joven rompió el silencio.
- Vení Guillermo, quiero llevarte a un lugar muy especial para mí – arremetió Pedro tomándolo de la mano dulcemente, dirigiéndose hacia el caballo que tenía atado a un árbol.
- No pensarás que me voy a subir a ese bicho… no…? Ni loco – bufó Guillermo soltándose de la mano de Pedro
- Dale, me encanta montar… Soy bueno… yo te llevo – respondió el joven montando el caballo azabache
- Ni lo sueñes chiquito… El campo y los animales no van conmigo… no somos amigos - Guillermo se encontraba de pie junto al caballo y al joven ya montado
- Dale, subite – y le tendió la mano.
El maduro abogado, sin entender lo que su cuerpo hacía y con la ayuda de Pedro, se subió al lomo del caballo aferrándose a la cintura del joven que tantas noches lo había desvelado con sus pensamientos impuros.
Pedro no podía más de la alegría que sentía. No quería reírse delante del maduro abogado, pero tenerlo aferrado a su cintura recostado sobre su espalda lo tenía atrapado en un mar de pasiones.
De a poco el equino comenzó su trote a paso lento, recibiendo las órdenes de Pedro para que poco a poco apretara el paso. Unos veinte minutos montaron a paso ligero sobre el lomo del fiel caballo.
Pedro sentía el cuerpo de Guillermo cada vez más cerca. Sentía su aliento sobre su nuca desnuda… lo excitaba.
Guillermo estaba desesperado. No podía creer que estaba montado sobre un caballo, atrapado en las redes de seducción del aquel joven que lo tenía perdido…. Realmente estaba loco…. Pero de amor por Pedro. Una vez en destino, Pedro desmontó, indicando al equino que se agachara para que Guillermo pudiera bajar mejor.
- No puedo creer que llegué sano y salvo… pensé que me moría ahí arriba – dijo Guillermo temblando de miedo
- Te dije que era buen jinete… este es mi lugar preferido… cuando vengo al club a montar, vengo acá a leer, pensar, estar solo – comenzó a contar Pedro - Es lindo lugar… ¿Por qué me trajiste? – preguntó Guillermo
- Porque quería compartirlo con vos – contestó el joven letrado. - Sacate los zapatos… pisar el pasto es desestresante – le ordenó Pedro quitándose los suyos
- No puede ser que esté haciendo esto… me desconozco – y se quitó los zapatos pisando el pasto. Por primera vez en su vida Guillermo caminó unos pasos pensando que se sentía muy bien la sensación de estar en un lugar tan puro y con tan agradable compañía. Se sentó de espaldas, a la sombra de un árbol, contemplando el paisaje.
Pedro se acomodó a su lado y sin pensar lo que hacía, apoyó su cabeza sobre el hombro de su “encantador de sueños”.
- Se siente bien este lugar… me gusta mucho – rompió Pedro el silencio sin apartar su cabeza del hombro del maduro hombre
- Es muy agradable… al igual que la compañía – respondió Guillermo quieto para no mover a Pedro de su sitio.
- ¿Qué es esto que nos pasa Guille? - preguntó Pedro con voz dulce
- No pasa nada chiquito… Esto no está bien… No puede ser _ respondió Guillermo pensando que estaba mal enamorarse de aquel joven
- Perdoname… no quise incomodarte… lo hice sin pensar – contestó Pedro apartando su cabeza de su cómodo reposo
- No… no… quedate - colocando nuevamente la cabeza de Pedro sobre su hombro, tocando ese pelo sedoso que lo volvía loco.
Pedro no pudo contener el deseo que sentía, le rozó los labios dulcemente levantándose de su lugar y dirigiéndose hacia el caballo azabache.
- Dale, vamos…- ordenó Pedro a su hombre
- Bueno… pero vamos a pie – respondió Guillermo aterrado por lo que acababa de pasar.
Ambos volvieron caminando a encontrarse con el resto de los invitados. Camila, la novia de Pedro, se acercó a ellos saludando a aquel hombre maduro.
- Buen día Dr. Grazziani – saludó Camila estrechando la mano del abogado
- Buen día señorita. ¿La conozco? – respondió Guillermo
- Es Camila – arremetió Pedro dirigiendo una mirada culposa a su hombre
- Soy la novia de Pedro y futura esposa… nos vamos a casar – respondió la mujer dirigiéndose a Guillermo
- Se van a casar, felicitaciones….- estrechó la mano de Camila enfadado por la situación
- Gracias Dr. ¿Pedro, no le dijiste nada…? De más está decirle que está invitado a la boda – respondió Camila con una sonrisa
- Gracias, pero no creo que pueda ir – y sin decir nada más se retiró del lugar.

Pasaron semanas sin que Guillermo contestara las llamadas de Pedro. No quería verlo, ni escucharlo. Le había mentido… todo había sido una ilusión… La tarde en la rivera, montar a caballo aferrado a la hermosa cintura de aquel niño salvaje, el roce de sus labios debido a un beso robado… Todo era irreal, no podía perdonárselo.
Pedro estaba desesperado. No le respondía los llamados, no sabía nada de él. No lo veía en tribunales, había perdido contacto con aquel hombre maduro que lo tenía atrapado en sus redes de misterio, pasión, deseo… No podía dejar de pensar en el perfume varonil que emanaba de la piel de aquel elegante letrado que, sin pensarlo, lo había enamorado.
Hacía semanas que no podía ver a Camila. Le planteaba mil excusas para no verla, todas relacionadas con el mismo pretexto: “mucho trabajo”. Tal es así que no pudo más y ante el desconsuelo de aquella niña, le pidió romper el compromiso. No era justo engañarla… No era justo engañarse a sí mismo.

Guillermo se encontraba sentado en su sillón preferido leyendo un libro de misterio cuando sonó el teléfono:
- Hola papá… ¿Cómo estás? – preguntó Fabián, su hijo
- Hola hijito… ¿Cómo están? Valeria, Danielito…- preguntó Guillermo refiriéndose a su nuera y su nieto, al que adoraba con locura
- Todos muy bien viejo… ¿Venís a comer a casa? – preguntó Fabián invitándolo a cenar
- Es tarde hijo, mañana tengo una audiencia importante y vos tenés que trabajar temprano – respondió Guillermo a modo de excusa
- Dale pá… hacelo por mi y por tu nieto… Hay un vecino que quiero que conozcas, es abogado también – arremetió su hijo
- No quieras hacer de casamentero… estoy bien solo Fabián – contestó Guillermo enojado
- No es por eso papá… es solo que queríamos cenar con vos y así compartíamos un lindo momento… Danielito te extraña…- le insinuó Fabián a modo de súplica
- Me extraña… que versero que sos… pero igual voy en un rato – respondió Guillermo levantándose del sillón
- Dale viejo, te espero – y cortó la comunicación con una sonrisa pícara en los labios.
En su cuarto, se dio una ducha y se vistió con una ropa informal que le había regalado su hijo: remera negra, campera negra y pantalones color marrón de moda. Estaba hecho un muñeco… pero de torta, pensó Guillermo.
Llegó al edificio de su hijo. Tocó el timbre y subió por el ascensor. Al llegar al quinto piso, abrió la puerta y al salir escuchó su nombre proveniente de una voz dulce:
- Guille… ¿Qué haces acá? – preguntó Pedro saliendo de su departamento
- Pedro… ¿Vivís acá? – preguntó Guillermo sorprendido
- Si… voy a la cena de mis vecinos… una pareja encantadora – respondió Pedro con una sonrisa
- No irás a la casa de Fabián… mi hijo…- preguntó el maduro abogado mirando atónito ante la belleza de aquel joven moreno
- ¿Fabián es tu hijo?... Entonces Daniel es tu nieto… Otro Grazziani...- respondió Pedro dirigiéndose al encuentro de su amado hombre
- Si… soy abuelo… y me encanta serlo. Danielito es mi vida…. Es un pedacito de mi también - lo miró Guillermo con ojos de enamorado
- Me encanta que seas abuelo… pone a los hombres más interesantes – contestó Pedro desafiante, aferrándose al cuello de Guillermo y robándole un dulce beso.
Guillermo no podía más. Se dejó llevar por el momento y por esos labios carnosos que lo estaban saboreando. Se aferró a la cintura de Pedro devolviendo con suaves carias ese beso hermoso. Ninguno de los dos quería que ese momento terminara… hasta que escucharon el ruido de ascensor. Ambos salieron del transe en que estaban sumergidos, mirándose sin decir palabra. En ese momento Fabián abrió la puerta.
- Papá, estabas acá, pensé que te habías perdido – bromeó Fabián, escuchándose de fondo el llanto de Danielito - Él es Pedro, el vecino del que te hablé – siguió Fabián
- Si, nos conocemos – contestó Guillermo entrando a la casa de su hijo, saludando a Valeria y dirigiéndose a la cuna de su nieto.
- Pasá Pedro, ponete cómodo – insistió Fabián cerrando la puerta.
Guillermo tomó en brazos a su nieto del alma, quien lo miró lloroso y al verlo, le dirigió una sonrisa pícara. El niño se sintió contenido en brazos de su abuelo, quien lo acunaba despacio, mirándolo con dulces ojos… queriéndolo. Al rato, se quedó dormido.
Pedro no podía dejar de contemplar aquella imagen. Su hombre estaba acunando a aquel niño hermoso que era parte de su ser… Sintió deseos de pertenecer a esa foto… de ser parte de esa hermosa familia…
Fabián contemplaba en silencio la mirada ausente de Pedro. En ese momento supo que su plan estada dando frutos.
- Guillermo, ¿querés que lo acueste yo? Ya va a estar la cena – preguntó Valeria
- ¿Puedo tenerlo un ratito más…? Por favor nuera – preguntó Guillermo acunando a su nieto
- Claro…. Para venir a esta casa no necesitás permiso Guillermo… Es tu nieto, podés venir cuando quieras… - contestó Valeria contenta
- Gracias Valeria… gracias – y acomodó delicadamente a Danielito en su cuna. Los cuatro se acomodaron en la mesa del comedor disponiéndose a cenar. Pedro y Fabián charlaron animosamente de música, juegos de video, moda… estaban en su mundo.
Guillermo, que no casaba ni una de la charla, los contemplaba en silencio con una sonrisa en los labios… se llevaban bien, pensó. Valeria, por su lado, para romper el silencio de su suegro, comenzó a contar anécdotas de la infancia de Fabián que le habían contado para que este se incorporada en la charla… y así lo hizo... Pedro estaba embelesado con las palabras de Guillermo y sus historias… Lo amaba.
Al cabo de dos horas de una cena exquisita y de una charla de verdad animosa, Danielito comenzó a llorar, por lo que Guillermo hizo ademán de levantarse a su encuentro.
- No Guille… ¿Puedo ir yo Fabián?- preguntó Pedro
- Claro… - contestó el chico deseoso de ver lo que pasaba.
Pedro se acercó a la cuna del niño. Lo tomó dulcemente en sus brazos y apoyándolo sobre su hombro, se sentó en el sillón del comedor, cantándole al oído una canción de cuna. Danielito lo miró sonriente y apoyado sobre el torso del joven se quedó dormido.
Guillermo contemplaba la escena embelesado. De repente, su hijo irrumpió en sus pensamientos. - Papá… estás acá? – preguntó Fabián irónicamente
- Que… que decís hijo? – respondió Guillermo saliendo de su transe
- Nunca te vi en este estado viejo… - le refirió su hijo
- ¿En qué estado? – preguntó el maduro abogado
- Enamorado viejo… enamorado – le contestó
- ¿Esta cena era un plan siniestro no?- preguntó Guillermo
- Si… yo sabía que se conocían
- ¿Y como supiste que podría interesarme Pedro?
- ¿Interesarte papá?... Te lo comés con la mirada…
- No seas insolente Fabián… soy tu padre no un amigo
- No fue con mala intensión… Los vi el día de la reunión en el campo
- Si vos no fuiste invitado?- preguntó Guillermo a su hijo
- Fui con unos amigos y con Valeria, estábamos en otro grupo y los vi caminar juntos
- No sé qué decir hijo… nunca me pasó algo parecido… ni siquiera con tu madre, que la respeto claro
- Ya lo sé papá… lo sé y no te juzgo por nada… solo quiero que seas feliz… y creo que tu felicidad está en el sillón con mi hijo
- No hijito… se va a casar… y no conmigo
- ¿Qué?... No viejo… se peleó con la novia… por eso se mudó
- ¿Que decís?- y de reojo miró hacia donde estaba Pedro, quien sin escuchar lo que decían aquellos hombres les regaló una sonrisa
- Andá con él… andá – dijo Fabián a su padre. Y así lo hizo.
Guillermo se dirigió hacia donde estaba Pedro y su nieto. Se sentó a su lado y contemplando la escena tocó dulcemente la frente del pequeño pedacito de su ser.
- Te sienta bien… podés practicar, ya que después del casamiento vienen los niños – comenzó Guillermo la charla de un modo irónico
- No va a haber niños…. No me voy a casar, rompí con Camila- contestó Pedro sosteniendo en su regazo al pequeño Daniel
- Lo lamento Pedro
- No pasa nada… me gusta estar solo
- La soledad no es buena cuando alguien no quiere estar solo
- Me gusta estar con vos… tu familia es hermosa
- A mí me gusta estar con vos chiquito… y sí, mi familia es hermosa
- Estás lindo Guille… era ropa de onda te queda hermosa
- Me la regaló Fabián… no me hallo… parezco un muñeco
- Que bien… entonces te quiero para mi mesa de luz – lo desafió Pedro mirándolo a los ojos.
Fabián contemplaba a su padre, a su hijo y a aquel joven que tenía a Guillermo entre la espada y la pared. Ambos estaban sentados mirando como el niño dormía y sintió que era la imagen perfecta para una foto… Agarró su celular y la plasmó en la pantalla.
Era la una de la madrugada. Fabián le pidió a su padre que se quedara a dormir, quien con la escusa de que le gustaba su cama saludó a su nuera, a su hijo y se retiró del lugar junto a Pedro.
En el pasillo, esperando el ascensor, el joven abogado rompió el silencio.
- ¿Querés pasar?... te invito una copa – le preguntó Pedro seductoramente
- Es tarde Pedro…. Mañana tengo una audiencia importante
- Dale… solo un rato y te vas
- Bueno… solo un rato chiquito.
Entraron a la casa ambos en silencio. Pedro sirvió dos vasos de whisky sentándose junto a su hombre en el sillón de su living. Guillermo apuró el trago quedándose callado junto al cuerpo de aquel joven hermoso que lo tenía preso de amor. Sin decir palabra, Pedro se inclinó sobre su hombre robándole un dulce beso.
- No Pedro, estás borracho – apartándolo se su cuerpo
- No, estoy perfecto… No necesito estar borracho para saber que me gustás… que me importás Guille – le respondió buscando nuevamente aquella boca carnosa.
- No soy un juguete precioso… no puedo resistir este juego – contestó Guillermo esclavizado en la mirada de su joven amado
- No es un juego – y colocándose sobre las piernas de Guillermo le robó un beso apasionado, aferrándose a su cuello para no soltarlo jamás.
Ambos habían bebido mucho, pero eso no les nublaba el amor que sentían mutuamente. Pedro comenzó a acariciar a su hombre mientras lo besaba con desesperación, en tanto que Guillermo lo retiró de sus piernas suavemente.
- No Pedro, pará, así no, estás borracho – dijo Guillermo apartando a su joven niño
- Estoy bien… sé lo que hago – contestó Pedro aferrado a su cuello
- No está bien esto… no quiero que te arrepientas luego – arremetió Guillermo mirando esos ojos que lo embrujaban
- ¿Qué te pasa Guillermo…? ¿No te gusto…? Bueno, dejá, no vale la pena luchar por un imposible – respondió Pedro levantándose de esas piernas maduras que sostenían su cuerpo
- Precioso, pará, no te enojes – Guillermo estaba realmente asustado
- No soy precioso… y dejame… Si querés quedate en el sillón, sino ahí tenés la puerta – de un portazo, Pedro cerró la puerta de su habitación.
Pedro estaba desconsolado. Llorando y con la mente nublada por el alcohol se sintió descompuesto, por lo que fue al baño a devolver la amargura que sentía su corazón, mezclada con el alcohol. Una vez estabilizado, se acostó en su cama y, vencido por el sueño y la pesadez del alma, se quedó dormido. Guillermo al escuchar llorar a su joven debilidad se acercó a su puerta pidiendo entrar, pero Pedro no le respondió. No podía dejarlo en ese estado. Se quitó la chaqueta, se acomodó en el sillón y vencido por el cansancio se quedó dormido.

Suena el teléfono.
- Guillermo, ¿dónde estás?- preguntó el Fiscal José Miller
- José, ¿qué hora es?... ¡Oh no…! Son las 9.00… ¡Que tarde! - respondió Guillermo parándose del sillón
- ¿Vas a venir…? Ya empieza la audiencia – preguntó José desesperado
- Me quedé dormido… es que tuve una mala noche – respondió Guillermo acomodándose la ropa
- Mala noche…. Dale. - contestó José intrigado
- Es que cené con mi hijo y mi nieto estuvo fatal… sabés que me puede el mocoso – contestó Guillermo pensando en “su mocoso”
- Bueno… te voy a creer… Dejá que le digo al Juez que aplace la causa para mañana… le digo que estás con problemas personales – contestó José en calidad de amigo
- Gracias José… te debo una – y cortó la comunicación.
Escuchó la llave de la puerta que trababa la habitación de Pedro. Terminó de acomodar el sillón y comenzó a preparar el desayuno. Una vez servido en una bandeja, tocó la puerta de aquel muchacho encantador que tanto lo atormentaba.
- Buen día Pedro… ¿Puedo pasar? Te traje el desayuno – preguntó Guillermo con la bandeja en la mano. Pedro se encontraba cubierto con la manta hasta la cabeza. Asomó los ojos y mirando los ojos marrones de su amado le pidió perdón.
- Perdoname Guille… no sé que me pasó, perdón – suplicó Pedro acomodándose en la cama
- No paso nada… estábamos borrachos precioso… Dale, desayunemos juntos – colocándose al lado de la cama con la bandeja para dos personas
- Que rico… gracias – contestó Pedro saboreando el mejor café de su vida. Ambos desayunaron en silencio. Guillermo no podía soportar más ver semejante belleza a su lado sin hacer nada. Se inclinó hacia Pedro para robarle un dulce beso, el que fue rechazado por el joven, quien se levantó de la cama dirigiéndose al cuarto de baño.
- Andá que se te hace tarde – respondió Pedro enojado por el rechazo de Guillermo la noche anterior
- Ya suspendí la audiencia, tengo tiempo – le contestó Guillermo asombrado por la actitud hostil de Pedro
- Bueno… me voy a duchar, después nos vemos… - respondió Pedro de espaldas - Y no te olvides de cerrar la puerta cuando de vas – y de un portazo se perdió de la vista del maduro abogado.

Luego de unas horas, Guillermo se dirigió hacia Tribunales, donde divisó en una mesa al Fiscal y ex amante, José Miller.
- Buen día Guillermo… Así que mala noche, eh…?- preguntó José con una sonrisa
- Ni me hables... no estoy de humor… ¿Qué pasó en la audiencia? – preguntó Guillermo sentándose frente al fiscal.
- El juez Arizmendi la suspendió hasta mañana… alegué que tenías mal de amores – le contestó José a modo de broma
- Un poco sí… no te lo voy a negar…. Y vos? – preguntó Guillermo
- ¿Yo qué?
- ¿Cómo vas con Juan?
- No voy nada… Ni siquiera me mira – contestó José cabizbajo.
- Dale… Ánimo… El Juez Arizmendi es mi amigo y sé que le importás – le contestó Guillermo sincerándose con su amigo
- No se Guillermo… la cosa no va bien… y vos? ¿Por quién sufrís mal de amores? – quiso saber intrigado.
En ese momento Pedro entró al recinto donde se encontraban ambos letrados, observando a su hombre conversando animosamente con el joven Fiscal del juzgado y ex pareja de Guillermo.
- Buenos días fiscal Miller – saludó Pedro ofreciendo su mano
- Buenos días Dr. Beggio… que bueno verlo por aquí… ¿Que lo trae? ¿Una audiencia? – preguntó José mirando la cara de póker que tenía Guillermo ante semejante aparición
- ¿Puedo preguntar que se traen ustedes dos? – quiso saber el joven muchacho mirando fijamente a Guillermo celosísimo.
- No, no podés preguntar… y no nos traemos nada… ¿Qué te pasa Pedro? ¿Qué desayunaste hoy? – preguntó Guillermo enojado por el tono de su joven moreno
- Tu café… Desayuné tu café – y enojado se retiró del lugar.

CONTINUARÁ.

5 comentarios:

  1. Felicitaciones me encantó gracias por volver a este espacio espero mucho más mara rosas

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  2. Benditas sean las musas que te inspiran Verónica para mantener con vida esta trinchera Guilledrista que nos ha unido a través de los años. Hermosa historia. Tierna, llena de ese amor que sana las heridas. ¡Gracias totales!

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  3. Es un placer escribir en este espacio para ustedes. Saludos grilledristas. Verónica

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  4. Genial me gusta mucho ya me atrapo esas personalidades me fascinan Pedro audaz y enamorado, Julio encantadoramente enamorado waw genial gracias

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