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martes, 21 de noviembre de 2017

"ESCLAVO DE TU MIRADA" - Cap. 2 - (By Verónica Lorena)







CAPÍTULO 2

- Bueno… ¡Que carácter…! Ahora sé por dónde viene el mal de amores – respondió José no pudiendo contener la sonrisa
- No empieces José, que sé por dónde viene la cosa – y enojado consigo mismo se retiró del lugar.
Pedro estaba que volaba de bronca y celos. Nunca pensó que aquel hombre que contempló acunando a su nieto, al que había besado desesperadamente, era el que lo había rechazado… y encima, estaba coqueteando con el fiscal Miller. Era increíble, que descaro… “Lo odio” pensó.
Sonó un celular.
- Hola Pedro… qué bueno que te encontré – saludó su amigo Ignacio
- Hola Ignacio, cómo estás?
- Muy bien… Estamos organizando una salida para esta noche, te prendés?
- No tengo ganas… no estoy de humor
- Dale nene… que tomamos algo y de paso podés conocer alguna chica
- No quiero conocer a nadie – contestó Pedro malhumorado
- Bueno… entonces vení por nosotros, tus amigos… Dale, que desde hace meses que no te vemos
- Bueno, está bien… voy porque de verdad los extraño
- Buenísimo, te esperamos en el lugar de siempre - y colgó el celular.

A pesar que no quería ir por lo mal que estaba, se vistió elegantísimo y salió al encuentro de sus amigos. Eran una pandilla divertida… de verdad que extrañaba las salidas con aquellos muchachos. Pensó que un poco de distracción le haría olvidar al malhumorado de su “Guille”.
Una vez en el bar tomaron unas copas, bailaron, se divirtieron. Para ahogar sus penas Pedro tomó un par de tragos de más, por lo que se dirigió a la barra a pedir una copa.
Desde la otra punta del lugar y entre la multitud, estaba siendo observado por dos hombres. Uno de ellos se acercó a la barra y sin ser visto, vertió en la bebida de Pedro una pastilla retirándose del lugar.

Una vez en su departamento se sintió cansado. No pudiendo más con la borrachera que tenía y lo cansado que estaba, así como estaba vestido se acostó en la cama quedándose dormido.
A la mañana siguiente le dolía la cabeza. Estaba desconcertado. Al voltear de su cama tocó la piel fría de una persona. Al ver aquel cuerpo inerte recostado al lado de su cama dio un salto que le paralizó el corazón. ¿Quién era aquél hombre? ¿Qué hacía al lado de su cama…? Estaba confundido y desesperado. No sabía qué hacer. No quería llamar a Guillermo, por lo que sin pensarlo marcó al Juez Juan Arizmendi.
- Hola Juan? – preguntó Pedro desesperado
- ¿Quien habla? – contestó el juez, ex pareja de Guillermo y amigo personal
- Soy Pedro Beggio… me conoce de un par de audiencias
- Pedro, que pasa… te noto raro
- Necesito que vengas a mi casa… me desperté al lado de un muerto que ni siquiera conozco
- ¿Un muerto? ¿Qué decís?
- Juan… estoy desesperado… no sé qué hacer…. De verdad no lo conozco… no sé quien es ni que hace en mi cama… por favor – suplicó Pedro al juez
- No hagas nada ni toques nada… ya voy para allá…

Guillermo recién se acababa de levantar y se dirigió al cuarto de baño. Luego de darse una ducha más que merecida escuchó el timbre del teléfono.
- Papá… - llamó Fabián desconcertado
- Hijo… buen día… ¿Qué pasa? ¿Estás bien? ¿Danielito está bien? – quiso saber Guillermo ante la inesperada llamada
- Si, si, estamos bien… El que no está bien es Pedro… Juan está en la casa de Pedro y hay un millón de policías
- Juan está qué?.. Que decís hijo – respondió Guillermo tirando la toalla que sostenía en sus manos
- No sé qué pasó… Está Juan con Pedro… parece que salió con alguien y está muerto en su casa
- ¿Qué…? Vos no te muevas de tu casa… ya voy para allá.
Al llegar al edificio había un móvil policial. Se identificó como el Dr. Guillermo Grazziani y entró corriendo por las escaleras. Llegó al quinto piso y lo primero que comprobó fue ver si su hijo estaba bien. Luego se dirigió al departamento de Pedro.
- Juan… ¿Qué pasa? – preguntó Guillermo no pudiendo creer lo que veían sus ojos
- Tranquilo Guillermo… Pedro está bien… Le tendieron una cama
- ¿Una cama?... Tiene un muerto en la cama… ¿Me estás cargando Juan?
- No, no, no es lo que parece… De verdad, Pedro me juró que no lo conoce… Que no sabe quién es…
- Pedro... ¿qué es todo esto? ¿Qué significa este escenario?... ¿No podés estar solo que ya te traes un tipo y encima se te muere? – preguntó Guillermo enojadísimo y celoso.
- No te quiero acá… Andate… ¿Qué te importa qué pasó? – respondió Pedro también enojado.
- Pedro… tranquilízate… Guillermo es el mejor abogado que conozco y el único que te puede sacar de este lío – respondió Juan para tranquilizarlo.
- No quiero verlo… que se vaya…
- ¿Qué pasa? ¿Tenés miedo de contarme que te lo cogiste?... – Guillermo sacaba chispas
- Si… me lo comí con moño y todo… y mirá que bien la pasó que se murió de un infarto… - contestó Pedro desafiándolo
- Ustedes dos… basta de pelearse… Pedro, no estás para bromas sarcásticas y vos Guillermo… cortala con tu mala onda… El chico te necesita – contestó Juan de modo conciliador
- No lo necesito… me se cuidar solo – contestó Pedro siendo esposado por un oficial de la policía.
- ¿Donde lo llevan? – quiso saber Guillermo
- A la alcaldía… El fiscal Miller le tomará declaración… - contestó un oficial
- No digas nada Pedro hasta que yo llegue… - respondió Juan viendo como se llevaban a aquel joven asustado - Y vos Guillermo, no cambiás más… ¿Como pensás que Pedro iba a traerse un tipo? - Le contestó Juan dirigiendo una mirada fría al maduro abogado
- ¿Y por qué no…? Es joven y bonito... puede salir con quien quiera – respondió Guillermo desafiante.
- ¿No te das cuenta que el pibe te adora…? Se le nota en los ojos que se muere por vos
- Que decís Juan… no digas pavadas
- No son pavadas… lo que pasa que estás ciego… no querés reconocer que alguien que te gusta pueda quererte… que se preocupen por vos… no te dejás querer – contestó Juan enojado con su amigo
- Y vos que sabés… ¿sos vidente?
- No… soy tu amigo y te conozco, y sé que ese chico te adora.
- Soy un idiota Juan…
- No… sos Guillermo Grazziani… y tenés que aprender a reconocer que podés ser amado… y Pedro te ama. – y dicho esto dejó solo a su amigo parado en el cuarto revuelto, viendo como se llevaban el cuerpo inerte del lugar.

Pedro se confesó con Juan, jurando que no lo conocía, que no había salido con nadie aquella noche, que luego de beber unas copas con sus amigos se retiró del lugar solo.
Guillermo estaba desesperado. Pedro no quería hablar con él, su amigo Juan estaba enojado y al mando de la defensa de su joven amado. Sin saber qué hacer, recurrió a la ayuda del fiscal de la causa.
- José… se que sos el fiscal del caso y necesito que ayudes a Pedro – le suplicó Guillermo a su amigo
- Guillermo… yo sé que lo querés y todo eso, pero amaneció con un muerto… tengo que atenerme a la ley
- Lo sé… pero creo que es inocente… que dice la verdad… que como dice Juan, le tendieron una cama… y lo voy a averiguar
- Yo también creo lo mismo… tengo que seguir el procedimiento, pero te prometo que lo voy a ayudar… en serio
- Gracias… no se qué hacer…
- Empezá por pensar con la cabeza y no con el corazón, y decile a Marcos y Gabriela que te ayuden… Hablá con los vecinos… Buscá cámaras de seguridad del edificio… No sé, mové la tierra si es necesario
- Si… creo que me tengo que calmar… Voy a hablar con ellos… Gracias por todo José, y perdón
- ¿Perdón por qué?... _ preguntó el fiscal intrigado
- Por no haber valorado a la persona que tuve cuando estuvimos juntos
- Yo sé como sos Guillermo… Te quiero y sé que me querés… pero no podemos estar juntos… Vos no podés estar con una persona que quiera todos los días estar a tu lado… Vos necesitás una persona que te haga hacer hervir la sangre de las venas… que te desafíe… y por eso somos amigos, nada más – contestó José con una sonrisa sincera
- No pensé que pensabas todo eso de mí… Juan me dijo lo mismo pero con otras palabras
- Me diste la oportunidad y te lo dije… soy tu amigo y Juan también te conoce como yo
- Juan es buen tipo… y te quiere José… de verdad te quiere
- Lo sé… pero no me lo demuestra… y yo no quiero esperar a hacerme viejo para estar enamorado
- Sos de fierro José… de verdad
- Lo sé… y ahora tenés que irte porque tengo que interrogar a tu hijo… y después a Pedro
- Bueno… de verdad gracias – respondió Guillermo dirigiéndose hacia la puerta
- Guillermo….
- ¿Qué?
- Quedate tranquilo… Pedro va a salir de esta… te lo prometo como tu amigo que voy a hacer todo lo posible para que eso pase
- Lo sé José… Lo sé – y se retiró del despacho del flamante fiscal.

Pasaron los días y Pedro seguía sin querer ver a Guillermo. Juan y José estaban ayudando al joven abogado en lo que podían, ya que uno era el Juez de la causa y otro el fiscal… y Pedro se negaba a contar con un abogado defensor. Estaba decidido a argumentar su propia defensa.
Guillermo había removido cielo y tierra para encontrar evidencias que exculparan a su joven moreno. Gabriela había entrevistado a todos los vecinos del edificio, incluido Fabián, quien había hecho una declaración a favor del joven abogado de manera magistral. Marcos por su lado, se había encargado de revisar las cámaras de seguridad del día del incidente, como de los detalles de la autopsia y del resto de las pruebas del caso.
Reunidos en el “Estudio Grazziani”, Juan, José, Gabriela, Marcos y Guillermo se encontraban revisando “extraoficialmente” las evidencias encontradas. La cinta de seguridad mostraba a un joven ingresando al edificio, con ropa holgada y una gorra, arrastrando una bolsa negra que se utiliza en la morgue. Subió por el ascensor mientras que afuera lo esperaba un vehículo negro, pudiendo individualizar la patente. El joven del video era más bien bajo, rubio por lo que se notaba debajo de la gorra, hasta que José se dio cuenta que no era un muchacho, sino que se trataba de una chica joven… Guillermo supo de inmediato quien era… Camila, la ex novia de Pedro.
El cuerpo encontrado en la cama del joven detenido había sido envenenado y la hora de la muerte no coincidía con la hora en que Pedro había vuelto a su departamento. Sus amigos declararon que lo habían dejado a la una de la madrugada… El hombre asesinado había fallecido a las diez de la noche, lo demostraron las pruebas de toxicología y el rigor mortis del cuerpo.
Pedro era inocente… había que demostrar quien había hecho eso y porque. La patente del vehículo identificado pertenecía al padre de Camila, quien mantenía negocios turbios con el fiscal Miguel Mendoza, hermano de Guillermo y su peor enemigo. Revisando sus causas encontraron una relación con el hombre asesinado. Había sido un soplón en una causa en curso del Fiscal Mendoza que estaba desaparecido con pedido de captura por ser testigo presencial de un hecho de corrupción que implicaba de lleno al villano Mendoza. Lo había mandado a matar. Todo encajaba.
Pedro había dejado a Camila unos días antes de la boda. Por despecho, su padre, incapaz de asimilar que su hija había sido dejada por un hombre que para el Sr Moravia era “poca cosa”, decidió tenderle una trampa. Recurrió al fiscal Mendoza para que lo ayudara en el plan. Lo siguieron hasta el bar donde se reunió con sus amigos, lo drogaron y una vez dormido le colocaron el cadáver fresco que recién había liquidado “el Dr. Frankestein”, alias, el fiscal Miguel Mendoza.
No lo podían creer. Juan y José estaban sin palabras. Guillermo no veía la hora de hacer pedazos a su hermano y meterlo preso de por vida, en tanto que Marcos y Gabriela recogían todas las nuevas pruebas para llevar al tribunal.
Pedro estaba esperando la llegada de su abogado defensor. Se abrió la puerta a su espalada.
- Hola Pedro… ¿Cómo estás? – lo saludó Guillermo
- Pero… ¿Qué hacés vos acá…? No quiero verte ni que me defiendas – le contestó Pedro todavía enojado
- No me importa lo que vos quieras… Yo de acá no me muevo sin que me escuches – respondió Guillermo sentándose frente a aquel joven moreno
- Dale… hablá – lo desafió Pedro
- No seas insolente precioso… que no estás en condiciones de mandar – respondió Guillermo a la defensiva
- ¿“Precioso”? Estoy hecho un asco… necesito una ducha urgente – respondió Pedro mirando fijamente aquellos ojos marrones que tanto lo llamaban al pecado
- Estás hermoso Pedro… y de verdad quiero que me escuches… Se quien te tendió la cama…. Y no fue tu mucama – bromeó Guillermo
- ¿Qué…? Guille… no estoy para bromas… Dale, decime quien fue
- Primero pedime perdón
- ¿Perdón? ¿Por qué?
- Por tratarme de esa manera Pedro…. No me merezco tu rechazo ni tu maltrato – arremetió Guillermo a la defensiva
- ¿Maltrato yo…? ¿Y vos…? ¿No me merezco que me pidas perdón? – respondió Pedro aferrado a los ojos que lo miraban fijamente - ¿Cómo pudiste creer que pude haber salido con un tipo cuando al único hombre que realmente quiero es a vos…? ¿No te das cuenta que cuando me mirás me pierdo en tu mirada…? Que cuando te acercás a mí con ese perfume me vuelvo loco… Que cuando me besás no puedo dejar de saborear tus labios… no… - Guillermo lo calló colocando una mano sobre la de aquel joven sincero
- Perdoname chiquito… perdóname… soy un idiota…. Perdóname… Lo único que quiero en este momento es abrazarte y besarte chiquito…  Sos hermoso y estaba celoso
- ¿Celoso… el Dr Grazziani?
- Si… estaba celoso… ¿Cómo puedo pensar que una criatura tan hermosa como vos pueda fijarse en un viejo como yo? – preguntó Guillermo mirando la mesa
- Guille… vos me diste la vida que nunca tuve… me regalaste las ganas de vivir, de volver a creer en el amor… Cuando te vi sosteniendo a tu nieto me di cuanta que me había enamorado de vos – respondió Pedro sosteniendo la mano de su hombre
- Pedro… yo, desde que te vi, vivo enamorado de vos… Monté a caballo, caminé por el pasto, me amigué con la naturaleza solo por vos… Le diste sentido a mi vida… y fue un idiota… tuve miedo
- ¿Miedo…? Vos no tenés miedo Guillermo…. No querés dejarte querer… tenés terror al amor
- Muy bien no me fue… vengo de dos divorcios… soy un fracaso
- No… sos un hombre… nada más
- ¿Me perdonás Pedro…?
- No… algo más… - contestó Pedro retirando la mano de aquel hombre al que amaba locamente
- Fueron Camila, Moravia y mi hermano – contestó Guillermo con cara seria
- ¡Hijos de su madre…! Que lacra que son… ¿Y eso por qué?
- Por romper el compromiso con su hija
- Lo hice por vos… solo por vos…
- ¿Qué hiciste por mi chiquito?
- Nada Guille… no entendés nada… Quiero a otro abogado, no quiero que me defiendas
- No me importa lo que vos quieras… te voy a defender yo y punto… Si querés después hacé lo que quieras con tu vida – y levantándose de la silla se retiró del lugar cerrando de un portazo.

En la sala de audiencias Juan escuchó los alegatos finales. Con las pruebas aportadas y en vista de cómo habían sido los hechos, declaró a Pedro inocente ordenando la detención de los tres mosqueteros del mal: Camila, Moravia y Mendoza.
Una vez liberado, Pedro agradeció efusivamente tanto a Juan como a José por haber confiado en su inocencia. Marcos y Gabriela están contentísimos por haber podido ayudar al Dr. Pedro Beggio… Lo admiraban por su trabajo en tribunales… y por querer a su jefe y amigo, el Dr. Guillermo Grazziani.
Los cuatro se encontraban sentados en el bar de tribunales. Pedro y Guillermo sentados enfrentados se miraban sacando chispas. Juan y José no podían creer lo rencorosos que eran…
- Pedro… ahora que estás libre tenemos que festejar – rompió Juan el silencio - Gracias Juan pero la verdad no tengo ganas… Quiero darme un baño e irme a dormir – respondió Pedro cansado
- Dormir… Dale lindo…. Vamos a tomar algo y a bailar… Conozco un lugar que te va a encantar – contestó Juan ante la mirada acusadora de Guillermo y José
- No… Pedro no sale a ningún lado, te dijo que quería irse a dormir – respondió Guillermo celoso de su amigo
- Vos no sos mi papá Guillermo… ¿Qué lugar es?- respondió Pedro con una sonrisa irónica
- Un lugar de moda, se llama “Secretos”… es un lugar para tomar algo, y hay show en vivo… te va a venir bien – respondió Juan mirando a Guillermo que lo fulminaba con la mirada
- Me gusta la idea… Dale, nos vemos ahí – respondió Pedro mirando de reojo a Guillermo
- Ah bueno… ¡Qué bonito…! ¿Tenés que meterte también con el chico? – preguntó José enojadísimo y celoso de Juan
- ¿Qué pasa José…? ¿Qué te pasa? – preguntó Juan mirando a su dulce fiscal, el que lo tenía perdido en secreto
- Nada le pasa Juan… Dale José, vamos…  Te invito una copa… Este lugar huele a traición – respondió Guillermo parándose de su asiento
- ¿Traición? ¿Qué decís Guillermo? – le preguntó Juan a su amigo
- Traición a la amistad Juan… La amistad… - y junto a José, Guillermo se retiró del lugar.
- Me parece que es mala idea Juan… Te agradezco, pero no voy – dijo Pedro mirando a su amigo
- ¿No ves que está celoso?... Guillermo está celoso lindo – le contestó Juan con una sonrisa pícara
- No me digas que esto fue a propósito ­_ preguntó el joven con una sonrisa que se asomaba de sus hermosos labios
- Sí… sabía que Guillermo iba a reaccionar así… Te quiere Pedro, se le nota a la distancia – contestó Juan
- Pero esto te va a traer problemas con José… se nota que le gustás _ respondió Pedro mirando a su amigo
- José es un caso perdido… Desde que salió con Guillermo cambió mucho… Creo que sigue enamorado de él – confesó Juan
- No… Se nota que quiere a Guillermo… es su amigo, yo también puedo ver eso… pero también se nota que le gustás Juan… Te mira como yo miro a Guillermo _ se sinceró Pedro
- ¿Te parece que tengo chance con el fiscalito? – preguntó Juan sonriente
- Todas las chances… Apostá fuerte – respondió Pedro
- Entonces vamos a la noche… Vas a ver cómo van a ir
- ¿Cómo estás tan seguro? – quiso saber Pedro
- Porque conozco a mi amigo y sé que los celos lo van a hacer ir a bailar – contestó Juan levantándose de su asiento.

CONTINUARÁ

5 comentarios:

  1. Yo también espero ansiosa la llegada de ellos a ese boliche .... SECRETOS. .. quiero el primer lugar para ver todo lo que suceda .
    FELICITACIONES VERÓNICA

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  2. ¡Muero por saber que va a pasar en ese lugar llamado "Secretos"! Creo, como Juan, que los celos van a hacer ir a Guillermo... pero ¿que va a pasar ahí? Yo también quiero el primer lugar!!!
    Felicitaciones Verónica!!! Es una hermosísima fic... ¡Gracias!

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  3. Vero waw historia linda llena de amor etalles farsante recorde mucjas cosas el tema se los celos me encantan y esa relación entre Juan y Jose es linda pero sobre todo ese gran amor Guilledrista

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  4. Gracias a todas por leerlas. La vuelvo a leer y me enamoro cada vez mas de ellos... Verónica

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