
MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)
CAPÍTULO 26
Por un momento el griterío fue espeluznante.
Con la piel erizada los vi separarse en un abanico que a simple vista no parecía difícil de atravesar, pero si bien los superábamos en número, su ferocidad y la capacidad de lucha que tenían no recomendaba subestimarlos. Si no peleábamos con estrategia, indudablemente nos vencerían. Eran verdaderos asesinos.
_ Guillermo… _ susurré por lo bajo, pronunciando su nombre entre dientes como una invocación. Por un momento sentí miedo, mucho miedo, pero no por mí.
_Tranquilo mi amor, tranquilo…_ me respondió sin quitar los ojos de esa escena de película de terror que se había gestado a solo metros de la puerta trasera.
Después de haberme quitado del frente de combate, mis padres y la señora Bethany se plantaron delante de nuestro grupo en posición de ataque, las piernas flexionadas amenazando con saltar sobre los integrantes de la Tribu, rugiendo con fiereza y mostrando sus colmillos.
El resto de los vampiros se formó detrás de ellos mientras los miembros de la Cruz se desplazaban como sombras en busca de sus armas. No eran vampiros pero estaban bien adiestrados, ellos sabían cómo luchar con esos seres repulsivos y extremadamente peligrosos.
Guillermo y yo habíamos quedado recluídos en el fondo de la habitación y algo me decía que no era casualidad, todos actuaban como si la misión fuera protegernos.
_ ¿Por qué no me permiten avanzar? ¡Quiero pelear junto a ellos!_ grité exasperado, pero todo lo que obtuve como respuesta fue ver a los integrantes de La Cruz cubriéndonos en todos los flancos. Era evidente que tenían orden de preservarnos de la Tribu.
_ ¡Largo de aquí! _ Exclamó Kate a viva voz _ Váyanse o morirán y no pienso repetirlo. Tienen diez segundos.
Ellos empezaron a chillar burlándose de sus palabras. _ ¿Diez segundos para qué? ¿Para que tomemos este lugar por asalto y acabemos con todos ustedes?
Nunca había visto a la señora Bethany en estado de vampiro, se veía feroz. Kate estaba de pie al lado de mi madre, con los brazos en jarra y uno de sus dedos sobre la empuñadura del cuchillo que llevaba en la cintura. Era un Sax.
Mientras el aire se cargaba cada vez más de tensión, desde el fondo de la sala pude reparar en las armas que portaban los miembros de la Cruz Negra. No eran armas contemporáneas sino lo más parecido que había visto a un arsenal de épocas medievales.
Dana cargaba una ballesta. Sobre su espalda colgaba un morral con flechas y delgadas antorchas. Me pareció extraño, ya nadie peleaba con flechas en el siglo XXI, pero si eso me pareció extraño, ni que hablar cuando posé mis ojos en Collins. El joven rubio y corpulento mantenía los pies separados a la altura de sus hombros buscando estabilidad, cargaba un hacha de importantes dimensiones sobre su hombro izquierdo y empuñaba el grueso mango de madera con ambas manos. Hasta el aparentemente inofensivo señor Watamare se había preparado para el duelo, ya no se apoyaba sobre su bastón, lo había acomodado debajo de su brazo derecho y apuntaba hacia ellos. No pude comprender que significaba esa actitud extraña hasta unos minutos más tarde, cuando toda la Cruz Negra estuvo completamente armada y lista para dar batalla.
Apenas si podía creer lo que estaba viendo, solo había visto imágenes de esas armas en los libros de Historia Antigua. Algunos llevaban hachas pequeñas de estilo arrojadizas, otros las de dos manos, enormes y pesadas, como la que Collins cargaba sobre su hombro. La mayoría llevaba cuchillos como el de Kate entre sus ropas, los Sax tenían un solo filo y extremo punzante, estaban diseñados para apuñalar, pero como algunos llegaban a medir cincuenta centímetros, también servían para luchar sin acercarse demasiado al adversario lo que los convertía en una combinación muy efectiva de daga, cuchillo y espada corta. Mazos con bolas de púas unidas a la barra por una cadena que permitían golpear, perforar y derribar al enemigo; espadas curvadas de un solo filo y ástiles de madera de más de dos metros con punta de lanza en la parte superior, nada mejor para mantenerse a distancia del oponente.
_ Guillermo, ¿por qué usan esas armas? _ le pregunté intrigado
_ Ya lo vas a ver, tratá de no impresionarte. La única manera de terminar con ellos es el fuego o la decapitación, por eso usan esas armas, porque para poder cortarles la cebeza es necesario derribarlos primero. Las armas convencionales ni siquiera permitirían detenerlos.
La tensión congelaba el aire contenido en los pulmones, era evidente que en breve se desataría una guerra entre dos bandos que se habían odiado por mucho tiempo y esa noche solo uno ganaría. El líder rió con potencia y sus carcajadas resonaron por toda la habitación quebrantando el silencio absoluto que ahora reinaba en ella. Los demás miembros de La tribu siguieron su ejemplo, todos se reían, pero ese ser inmundo lo hacía con una seguridad que me ponía los pelos de punta. Siguió riendo despectivamente mientras recorría con la vista a sus enemigos, hasta que lo vio y su risa se detuvo en seco.
_ Vaya vaya… miren a quien tenemos aquí. _ La mirada fija en él y un rictus de furia en los labios. _ Balthazar… tanto tiempo y mirá donde venimos a encontrarnos. ¡Maldito traidor!
El gesto de furia del líder no era nada comparado con la ira que brotaba de los ojos enrojecidos de Balthazar que mostraba sus colmillos con deseos de despedazarlo. _ ¡Maldito seas Lucifer!
_ Veo que no has olvidado mi nombre
_ No he olvidado nada, ni un solo detalle de aquella maldita noche en que llegaste a nuestras vidas. Nunca olvidaré como mataste a mis padres, como nos convertiste a mi hermana y a mí en verdaderos monstruos, ni como la pusiste en mi contra. Te he maldecido desde aquella noche y te maldigo por los siglos de los siglos, me arrebataste la vida, me quitaste todo. Una parte de mi quisiera que no murieras esta noche sino que sufras por toda la eternidad, pero otra quiere borrarte de este mundo para siempre, para que no puedas seguir haciendo daño, y te doy mi palabra, esta noche voy a vengar la memoria de mis padres, esta noche voy a matarte con mis propias manos.
_ Te lo ofrecí todo Balthazar, a mi lado hubieses tenido lo que desearas, pero me traicionaste. No sé cómo pudiste escapar, pero el hecho es que lo hiciste. No es mi estilo perdonar, no tengo sentimientos de piedad, pero se negociar. Señora Ross _ le hablaba a Kate sin quitar los ojos de Balthazar _ le propongo un trato, entrégueme a ese traidor y nos marchamos.
Mientras Marcial y otros vampiros se cruzaron delante de Balthazar intentando protegerlo, Kate dio un paso al frente y se interpuso entre ambos bandos, había quedado de pie ante el líder de La Tribu. Por la expresión en su rostro era evidente que Eduardo hubiese querido detenerla, pero hubiese sido en vano, ella sabía todo lo que estaba en juego en esa maldita noche. Eduardo desenfundó su Sax y lo sostuvo entre sus manos casi sin respirar, lo tomaba por la afilada cuchilla dispuesto a arrojárselo al pecho si el líder atinaba a moverse contra Kate. Dana extrajo una flecha de su morral, cargó la ballesta y se aprestó a disparar apuntando al grupo invasor mientras el señor Watanabe quitaba el seguro de su arma. En ese momento me di cuenta que el aparentemente inofensivo bastón era un arma de fuego de calibre largo camuflada bajo el aspecto de un pacífico cayado.
_ ¡Bravo señora Ross! _ Le dijo con sorna el líder de la Tribu _ Admiro su valor y el de su gente, pero no servirá de mucho. Sé que intenta protegerlos a todos, pero lamento comunicarle que ninguno de ustedes saldrá con vida en esta noche.
_ No seremos nosotros los que vamos a morir, serán ustedes. Palabra de Kate Ross.
_ Eso lo veremos _ dijo él con una sonrisa retorcida.
_ Cuidado… _ me dijo Guillermo por lo bajo mientras apoyaba una mano sobre mi brazo _ pase lo que pase quedate conmigo. Es una orden Pedro, no intentes hacerte el héroe o vas a ponernos a todos en peligro. Tan solo reaccioná si vienen contra vos, defendete pero no ataques bajo ningún punto de vista. _ Me estaba hablando muy en serio, el timbre de su voz era sombrío. Desvié la vista del frente para mirarlo y noté que él también estaba armado, tenía una lanza en la mano izquierda y un Sax calzado en el cinturón, al igual que su madre.
El líder tomó aire como si fuera a seguir hablando, pero lo que resonó contra las paredes del viejo edificio fue un alarido de guerra y una orden largamente esperada por los miembros de la Tribu. _ ¡Ataquen! _ gritó saltando sobre los nuestros y derribando a varios de un solo golpe, entre ellos, a mis padres. Los otros miembros de La Tribu no se hicieron esperar y los nuestros tampoco, en cuestión de segundos se desató una batalla descarnada, combates cuerpo a cuerpo, gritos, sangre y horror.
_ ¡Malditos hijos de perra! _ Grité intentando avanzar.
_ ¡Pedro quedate donde estás! _ Me gritó Marcial segundos antes de incorporarse a la batalla que acababa de comenzar. _ ¡Guillermo no se lo permitas!
Sin esperar la orden de atacar, Dana disparó contra ellos y alcanzó a uno justo en medio del pecho. Una ballesta no alcanzaba para matar un vampiro, pero si para distraerlo y darle ventaja a uno de los nuestros. Otro miembro de la Cruz Negra se descolgó un arco del hombro con movimientos precisos, apuntó y disparó, atravesando el muslo del líder que graznó con furia mientras tiraba del extremo de la flecha intentando arrancarla de su cuerpo. Eso les dio tiempo a mis padres y a la señora Bethany a ponerse de pie y lanzarse contra él.
_ ¡Por qué no puedo ir a pelear con ellos! _ Grité desesperado.
_ Porque es lo que ellos esperan que hagamos Pedro, que vayamos todos al frente, de esa forma dejamos la retaguardia del grupo descubierta y encerrarnos es cuestión de minutos. Así no tendríamos escapatoria, por eso no tenés que moverte de acá. Se paciente, no van a tardar en venir por nosotros.
Intuí que ese no era el verdadero motivo por el que no nos permitían avanzar pero hice lo que Guillermo me había pedido, no me moví del fondo de la sala.
_ Guillermo, decime la verdad. ¿Por qué todos actúan como si tuvieran orden de protegernos?
Suspiró profundamente, me miró a los ojos y no pudo seguir escondiendo la verdad. _ Porque esa fue la orden que recibieron de mi madre, y te aclaro que tus padres estuvieron de acuerdo.
_ No puedo aceptarlo, no es justo, debo pelear junto con ellos. _ Quise avanzar pero su mano me detuvo bruscamente.
_ ¡Pedro pensá! Es hora que dejes de ser tan impulsivo. ¿Sabés lo que pasaría si ponen sus manos encima de uno de nosotros? Los tendrían a todos a su merced, los obligarían a rendirse aunque después terminaran matándonos a todos. Somos sus presas favoritas, el hijo de Kate Ross y el alumno destacado de Medianoche. Si querés ver morir a tus padres, a tus amigos, incluso a mi, andá. Pero si sos inteligente, cosa que no dudo, vas a esperar pacientemente acá y conmigo nuestro momento de actuar, como ya te dije, no van a tardar en venir por nosotros dos.
Aunque me dio mucha rabia, hice lo que me decía. Él siempre lograba que yo hiciera lo que me decía. Permanecí a su lado observando con impotencia como nuestra gente se jugaba la vida protegiendo la nuestra.
Tal como me lo había advertido, mientras La Tribu se batía en un duelo feroz dos de ellos lograron atravesar el grupo aprovechando el revuelo y se dirigieron hacia nosotros con ferocidad.
_ ¿Querías luchar? Llegó la hora. _ Me dijo poniendo todo su cuerpo en alerta. _ ¡Ahora Pedro! ¡Conmigo! _ Gritó Guillermo clavando la lanza en el pecho de uno de ellos mientras el otro se arrojaba contra mí. Reboté contra la pared y el impacto me dejó aturdido. _ ¡Pedro! ¡Pedro! _ Me gritaba Guillermo desesperado. Había logrado recuperar su lanza dejándole al vampiro que lo había atacado un agujero en el pecho que solo lo detendría por pocos minutos. Abrí los ojos justo para ver a ese ser depresiable arremetiendo contra mí por segunda vez, no era muy experto para este tipo de combates, pero el instinto de supervivencia me hizo reaccionar. Caminé unos pasos por la pared para tomar impulso, salté por encima de él y caí de pie del otro lado, dejándolo encerrado contra el muro.
_ ¡Pedro, ahí va! _ El grito venía de un costado. Alguien me arrojó un Sax que abarajé al vuelo y con la rapidez de un rayo lo clavé en su abdomen. Cayó de rodillas maldiciéndome y me observó aún inclinado sobre el piso. Sus ojos impregnados en sangre se volvieron peligrosos y amenazantes, estaba seguro que se incorporaría con más fuerza que antes y comencé a pensar rápidamente como defenderme cuando vi la fornida silueta de Collins acercándose a toda velocidad. Sin titubear, descargó el hacha contra su cuello. Un reguero de sangre nos salpicó a todos y su cabeza rodó un par de metros. Estaba muerto.
_ ¡Uno menos! _ Gritó Collins.
El otro vampiro había recuperado su fuerza y aprovechando la distracción de Guillermo que le había quitado la vista de encima preocupado por mí, se lanzó nuevamente contra él. Logró inmovilizarlo y desplegando los colmillos con fiereza apuntó a su cuello. No era momento de pensar, salté contra él pero apenas si pude evitar que lo mordiera. Tenía una fuerza descomunal, a pesar de haber puesto mi mayor ímpetu solo había logrado separarlo de Guillermo, pero aun estaba de pie, amenazante y seguro de sí mismo.
Había quedado demasiado cerca, me tenía a su alcance y no desperdició la oportunidad. Me tomó con una sola mano y en un movimiento casi imperceptible me arrojó a varios metros de ellos sin dejar de mirar a Guillermo con voracidad. Pensé que iba a matarlo delante de mí, quería correr a su lado y protegerlo, pero el golpe había sido demasiado fuerte y no lograría recuperarme a tiempo.
_ ¡Guillermo, un paso atrás! _ La voz del señor Watanabe era inconfundible, Guillermo adivinó su intención y obedeciendo saltó hacia atrás al tiempo que se escuchaba la detonación. El impacto lo separó de Guillermo lo suficiente como para darle tiempo a tomar su lanza y volver a clavársela en el torso, pero el muy maldito, a pesar de las tres laceraciones que le atravesaban el cuerpo, seguía con vida y lo que era peor, con fuerza. Mucha fuerza.
En el frente no la estaban pasando mejor que nosotros. Eran necesarios varios miembros de la Cruz para defenderse de uno solo de ellos, y a pesar que muchos estaban gravemente heridos por lanzas, bolas, puñales y hachas arrojadizas, todos seguían con vida.
Sin perder de vista al vampiro que seguía amenazando nuestras vidas, vi a Kate apuñalar por la espalda al líder que se había lanzado contra Balthazar logrando que lo soltara por un momento.
_ ¡Ahora Dana! _ Como si hubiese estado esperando ese momento desde que la batalla había comenzado, tomó una antorcha de su morral con gesto de satisfacción y la cagó en la ballesta. _ ¡Todos atrás! _ Gritaba Kate _ ¡Dejen de luchar y apártense!
Un joven de la Cruz corrió junto a Dana con una botella y un chisquero, impregnó la punta de la antorcha e inmediatamente la encendió. Al primero que apuntó fue al miembro de la Tribu bastante mal herido que luchaba con nosotros en el fondo.
_ ¡Fuego! ¡Fuego! _ Gritó mientras corría hacia donde estaba el resto de La Tribu, intentando en vano ponerse a salvo. Dana nunca erraba un disparo con su ballesta y esta no sería la excepción. La delgada antorcha incendiaria salió disparada, cruzó la habitación y lo alcanzó por la espalda cuando estaba uniéndose al grupo, el químico inflamable hizo que el fuego se extendiera rápidamente por su ropa y en cuestión de segundos era una bola de fuego que se retorcía en el piso irregular del centro cívico abandonado. Ya iban dos, pero aún quedaba el resto.
Dana seguía disparando una antorcha tras otra, apuntando directamente a los cuerpos, mientras los miembros de La Tribu resistían intentando esquivarlas, pero si había algo que ponía la vida de un vampiro en peligro era el fuego, por lo tanto mis padres, la señora Bethany y el resto de nuestra expedición se replegó con nosotros en el fondo dejando la batalla en manos de los miembros de la Cruz quienes, seguros de lo que estaba haciendo, perfectamente adiestrados y en cierto modo complacidos de poder dar fin con esa extirpe que venían persiguiendo por años, los encerraron en un circulo de fuego del que no podrían escapar.
Los cazadores de cabezas, hacha en mano, aguardaban pacientes a que alguno atravesara el fuego para decapitarlo, pero todo indicaba que eso no iba a suceder, todo indicaba que ese sería el final de La Tribu, hasta que lo vimos emerger. Su alarido enfurecido hizo temblar las paredes, su cuerpo voló por el aire, atravesó el círculo de fuego y cayó de pie ante los miembros de la Cruz. Estaba mal herido, pero no iba a entregarse con facilidad.
La Cruz arremetió contra él que se defendía con una destreza inhumana y sorprendente, esquivando los hachazos que amenazaban con desprenderle la cabeza del cuerpo e intentaba avanzar, pero había perdido mucha sangre y comenzaba a debilitarse. Trastabilló un par de veces, se tambaleó inconsistente y finalmente cayó de rodillas.
_ ¡Esperan! _ Suplicó _ No me maten, por piedad no me maten. _ Era extraño escucharlo suplicar por su vida, toda su arrogancia había muerto chamuscada en el mismo fuego que acababa de terminar con su maldita Tribu. _ Kate, no permitas que me maten, ustedes no son asesinos.
_ Ellos no, pero yo sí. _ Balthazar se había acercado a él con la botella de combustible y el chisquero _ Vos me convertiste en eso, Lucifer. Vos me convertiste en un asesino.
_ Balthazar, te lo ruego, no lo hagas _ Tenía los ojos vidriosos por el pánico. Toda su larga vida estaba por terminar en manos de quien menos hubiese sospechado.
_ Qué ironía Lucifer, que ironía. Así rogaba yo para que no mataras a mis padres, pero no tuviste piedad… y yo tampoco voy a tenerla.
_ Balthazar… No lo hagas, puedo darte lo que quieras.
_ No me cabe duda que esta noche vas a darme lo que más deseo en el mundo Lucifer, verte morir. _ Y sin decir una palabra más, dejó caer el líquido sobre él y activó en chispero.
Un alarido desgarrador fue lo último que salió de su boca, después todo fue consumado. Balthazar lo observaba consumirse por el fuego sin inmutarse.
_ Que descanses en el infierno Lucifer, vos y todos los tuyos, esto me lo debías. Ahora estoy en paz.
Todos estábamos atónitos, mudos e impresionados, pero Kate reaccionó con rapidez.
_ ¡Rápido! ¡Busquen los extintores! ¡Hay que comenzar a apagar el fuego! _ La batalla final había terminado, pero ahora había que salir con vida del Centro Cívico. Si no sofocábamos el incendio las llamas o la falta de oxígeno nos consumirían a todos. _ Señora Bethany, saque a su gente de acá, mis muchachos están entrenados para esto, ellos podrán apagar el fuego. Guillermo, guialos hasta la otra salida, salgan por la parte delantera. ¡Corran!
Guillermo encabezaba el grupo, los demás corríamos detrás de él intentando escapar del fuego y cuando vislumbramos las amplias puertas del frente creímos estar a salvo, sin embargo, al abrirlas de par en par, vimos que alguien nos esperaba del otro lado. Tenía el cabello negro como la noche y la piel extremadamente pálida. Seguramente sus ojos habían sido muy bellos, pero ahora estaban vacios de vida y entre los carnosos labios rojos asomaban dos protuberancias blancas.
_ ¿Ya se van? _ preguntó irónicamente.
Se habían cubierto los rostros con parte de sus prendas para no respirar el aire contaminado mientras terminaban de apagar hasta la última chispa del incendio que había tenido lugar minutos atrás.
_ Listo muchachos, bien hecho _ Dijo Kate _ La batalla ha terminado, ahora salgamos de acá. Vayamos por el frente a juntarnos con el resto, ya deben estar afuera.
_ Charity… _ Balbuceó Balthazar abriéndose paso entre nosotros. Mis padres y la señora Bethany caminaron detrás de él.
_ Balthazar… Cuantos siglos sin vernos. Estás prácticamente igual a la última vez que te vi
_ No es un buen chiste.
_ No era un chiste, de verdad que estás casi igual, parece que apenas hubiesen pasado un par de años. En cambio yo si estoy igual, exactamente igual, no he envejecido ni siquiera un día.
_ Los muertos no envejecen Charity
_ Veo que seguís con ese escaso sentido del humor y tus ideales moralistas.
_ ¿Qué estás haciendo acá? Cuando no te vi con ellos pensé… Que estúpido soy, por un momento albergué la esperanza que los hubieras abandonado, que hubieras buscado otro destino mejor que pertenecer a la hermandad de esos desalmados.
_ Esos desalmados, como vos los llamás…
_ Llamaba… Están todos muertos Charity
_ ¡Es mentira! ¡Eso no puede ser verdad!
_ Lo es
_ ¡Cerdos! Si eso que decís es verdad, juro que los voy a matar a todos.
_ Charity, no te entiendo. ¿Por qué?
_ ¿Por qué? Porque ellos me hicieron conocer el mundo, el lujo, los placeres y la inmortalidad. ¿Por qué iba a abandonarlos?
_ Porque era asesinos despiadados. No puedo creer que no signifique nada para vos que hayan asesinado a nuestros padres delante de nosotros antes de secuestrarnos y convertirnos en esto que somos… Vampiros.
Charity levantó una ceja y lo observó confundida. _ ¿Y que hacés rodeado de vampiros si tanto te molesta ser uno de ellos? _ Hizo una pausa, como si hubiese detectado algo diferente en el grupo de vampiros que estaba frente a ella y no tardé en darme cuenta de lo que pasaba. Había olido a Guillermo, ya sabía que había un humano entre nosotros. _ Un momento… _ dijo recorriéndonos con la vista uno por uno _ huelo un humano entre ustedes.
Percibí el peligro y el inconfundible hormigueo en las encías lo confirmaba, Charity era miembro de la Tribu y su sed de sangre no tardaría en descubrir a Guillermo que permanecía inerte junto a mí. Sentí mis incisivos crecer rápidamente, si pensaba ponerle una mano encima estaba muy equivocada, aunque fuera lo último que hiciera en esta vida, no iba a permitir que lo lastimara sin luchar por él hasta la muerte.
El aroma de Guillermo comenzaba a alterarla. _ ¡Dónde lo tienen! Entréguenmelo y no les haré daño. _ El efecto de su provocación nos jugó una mala pasada y cometimos un error imperdonable. Todos, absolutamente todos sacamos a relucir nuestros colmillos rugiendo con ferocidad y agazapándonos para atacar, pero eso no hizo más que dejar en evidencia la frágil humanidad de Guillermo.
Rió con la misma hilaridad con la que Lucifer se había reído de nosotros. _ ¡Pero qué tontos son! _ Dijo mirando a Guillermo con intensidad.
Los pasos apresurados de los miembros de la Cruz retumbaron detrás nuestro y ella aprovechó la distracción para abalanzarse contra el grupo, era veloz como un rayo y fuerte como un demonio, logró derrumbar a varios de los nuestros y antes que pudiera reaccionar la vi de pie ante Guillermo. Nunca más había vuelto a usar tanta violencia para atacar a alguien después de haber peleado con Franco en Riverton la noche que mis padres lo mataron, pero apenas si pude desestabilizarla. Era mucho más fuerte de lo que él había sido, pero mi amor por Guillermo me volvía endemoniadamente insensato. Saberlo en peligro me cegó y olvidé que ese hombre de manos como nidos me había pedido que dejara de ser tan impulsivo, la ataqué enajenado por la furia y sin pensar me cargué a su espalda y la tomé por detrás intentando romperle el cuello con mis brazos. La muy maldita se retorcía y clavaba las uñas en mi carne provocándome un dolor lacerante, trataba de arrancarme de su cuerpo mientras mis padres corrían en mi auxilio.
Todo pasó tan rápido que no recuerdo cuanto forcejeamos, supongo que menos de un minuto porque hoy que lo pienso, era imposible resistir mucho tiempo más. Luchar contra ella era una batalla casi perdida, pero valía la pena perder la vida si se trataba de proteger a Guillermo. Antes que mis padres pudieran llegar donde estábamos y a pesar de los vanos intentos del resto por ayudarme, logró tomarme por los hombros y usó mi cuerpo para derribar a los que nos rodeaban. Saltó sobre el grupo que intentaba separarla de Guillermo y avanzó hacia él. Guillermo extrajo el sax de su cinto y la enfrentó con valentía, aún sabiendo que no tenía demasiadas posibilidades elegía morir con dignidad.
Aún tirado sobre el piso irregular y frío, invoqué a Evangeline. Sabía que donde fuera que ella estuviera no me abandonaría, dolorido y bastante lastimado me puse de pie lo más rápido que pude, con ese temor punzante de llegar demasiado tarde. Con el miedo en los ojos de que el destino hubiese escrito que me iba a tocar verlo morir en esa maldita y fatídica noche me preparé para volver a atacarla, pero por suerte, la Cruz ya se había unido a nuestra lucha. Ahora estaba seguro que podríamos vencerla, no iba a poder escapar, pero ella fue más rápida, supo que no sobreviviría, logró arrebatar el sax de las manos de Guillermo dejándolo absolutamente desarmado y antes que alguien pudiera evitarlo, lo clavó en su vientre.
Lo vi caer de rodillas mientras ella reía a carcajadas. La desazón me nubló la vista por segundos, pero el desconsuelo fue mi mejor aliado. Cuando me repuse, no había quedado en mi un solo vestigo de mi parte humana, me había convertido en una bestia que no podía razonar, ni escuchar, ni comprender la lengua en la que me hablaban. No corrí hacia él, con la sangre helada corriendo por mis venas le quité la Alfanje a uno de los miembros de la Cruz y con esa espada curva de un solo filo, avancé hacia ella y la decapité por la espalda sin el menor remordimiento.
Su cabeza rodó por el piso mientras largos mechones de su cabello negro volaban por el aire. Respiraba agitado tratando de recuperar el control sin dejar de mirar su cuerpo inerte encharcado de sangre, cuando el estruendo de las corridas y los gritos me trajeron a la realidad.
Guillermo seguía tirado sobre el piso con los ojos cerrados y el torso bañado en sangre, de rodillas junto a él vi a Kate desgarrando la camisa que llevaba puesta para tratar de detener la hemorragia mientras el señor Watanabe agitaba las manos en el aire como un director de orquesta, sus bocas se movían pero yo no lograba escuchar una sola palabra de lo que estaban diciendo. Todos corrían de un lado al otro como un ejército de hormigas obedientes mientras yo permanecía inerte viendo como un espectro invisible se llevaba su vida.
No podía pensar con claridad, o tal vez no quería, prefería perderme en un abismo demencial que volver a una realidad en la que él ya no estaría. Si, lo decidí en ese mismo instante, me dejé abrazar por esa nebulosa, esa mezcla de confusión y desvarío que me protegían de esa verdad que no podría soportar, cuando la vi justo frente a mí. Sus destellos intermitentes se expandían por toda la habitación, pero parecía que solo yo podía verla… Era Evangeline.
Si ella estaba ahí, tenía que ser un buen presagio.
Poco a poco fui retomando el contacto con la realidad, vi a mis padres junto a mí y las voces se volvieron audibles. Corrí hacia Guillermo justo cuando lo estaban trasladando, seguramente percibió mi presencia porque pronunció mi nombre con lo ojos aun cerrados.
_ Pedro…
_ Acá estoy mi amor. ¿Me escuchás? ¿Guillermo me escuchás? _ El silencio sabía a miedo, no estaba preparado para perderlo.
_ Ya no puede responderle jovencito _ me dijo el señor Watanabe con voz acongojada _ pero siga hablándole, seguro que puede escucharlo.
Kate estaba desfigurada de llorar, Eduardo no se separaba de ella. Mi madre lloraba sobre el hombro de mi padre y toda la Cruz Negra permanecía en silencio. El aire olia a muerte y mi misión era distraerla para que nunca lo encontrara. _ ¿Qué van a hacer con él?
_ Lo que se pueda jovencito, lo que se pueda.
_ ¿Qué significa lo que se pueda?
_ Lo siento, pero está muy mal herido. Déjenme ver que puedo hacer primero.
_ ¡Dígame si se va a morir!
Su gesto fue más que contundente, desvió su mirada sutilmente hacia Kate insinuándome que no me respondería delante de ella, entonces tomé la decisión. Haría lo que él tanto había esperado, pero antes tenía que hablar con su madre.
_ Señora Ross…
_ Kate… _ me dijo dando una larga pitada a su cigarrillo. Ya no lloraba, en su cara el rictus de la resignación había ganado la batalla
_ Está bien, como quieras. _ Me atreví a tutearla _ Kate… el señor Watanabe dijo…
_ Lo sé. El señor Watanabe dijo que no pasará la noche. _ Me miró derrotada y no quise estar en su lugar, yo estaba perdiendo el amor de mi vida, pero ella estaba perdiendo a su único y tan amado hijo. _ Lo perdimos Pedro _ Me dijo extendiendome los brazos.
No iba a abrazarme a ella a llorar la muerte de Guillermo, no iba a darme por vencido, tomé sus manos entre las mías y las encerré contra mi pecho acariciándolas con ternura.
_ Kate, Kate… Necesito que dejes de llorar y me escuches con atención. Todavía no lo perdimos.
_ Pedro, el señor Watanabe dijo que no va a sobrevivir. La herida es muy profunda, ha tocado órganos vitales y…
_ ¡Kate!_ No hizo falta decirlo, su desesperación de madre pudo ver la luz en medio de tanta oscuridad y su llanto se detuvo. _ Kate… _ mis ojos castaños se fundían en sus pupilas cristalinas _ Kate, yo puedo salvarlo.
Vi sos ojos verdes llenarse de vida _ ¡Claro que si, Pedro! ¿Cómo no se me ocurrió antes? La tercera mordida…
_ De eso venía a hablarte. Si me das tu concentimiento…
_ ¡Ya mismo Pedro! Ya mismo, no te demores un minuto más. Convertilo, esa siempre fue su voluntad. Hacé lo que sea, pero salvá a mi hijo.
_ Necesito que me ayudes, debo quedarme a solas con él.
_ ¿Qué estamos esperando? Vamos, yo me ocupo de todo.
La última en dejar su habitación fue Kate, su semblante había cambiado y me guiñó un ojo antes de cerrar la puerta. Volvíamos a estar solos, pero esta vez sus manos permanecían inertes y pegadas a su cuerpo casi sin vida en lugar de rodearme para rodar conmigo sobre el cobertor en aquel lugar escondido y secreto que habíamos transformado en nuestro refugio. Volví a observar su habitación y todos los recuerdos de una adolescencia dorada, su colección de latas de cervezas y las etiquetas de cigarrillos de los lugares mas recónditos del mundo. Sabía que esa noche le arrebataría todo lo que había sido hasta el momento a cambio de su vida, pero él lo hubiese querido así y yo también lo quería. Tal vez Franco tenía razón cuando me dijo que mi amor era egoísta, ¿pero es tan malo ser egoísta cuando nos une tanto amor? Me arrodillé a su lado e invoqué nuevamente a Evangeline para que no me dejara solo. El cosquilleo en el estómago se volvía insoportable, su respiración ya era casi imperceptible y no podía perder un segundo más.
Nunca supe a ciencia cierta si Dios existía, pero aquella noche recé. Rogué a Dios que me asistiera, lo que más amaba en el mundo estaba en mis manos y si algo salía mal, mi vida se iría con la de él. Me persigné, respiré hondo y me hundí en él para arrancarlo de su mundo e integrarlo al mío por el resto de nuestras vidas.
CONTINUARÁ
Sadra... ese Pedro me mata de amor... como todas las novelas de vampiros... esa mordida era inevitable... juntos hasta el fin de los tiempos... gracias. Verónica
ResponderEliminarGracias Verónica! Un honor compartir con ustedes esta aventura. Gracias por la paciencia, por el empuje de cada día cuando las musas no quieren asistirme y por ser parte de este espacio que nunca dejará de mantenerlos con vida. Pedro & Guillermo por siempre juntos en esta trinchera. ¡¡¡Gracias!!!
EliminarBueno que decir si ya esta todo dicho FELICITACIONES ....
ResponderEliminarMARA ROSAS
Gracias Mara, como verás tus extorsiones siempre terminan dando resultado... ¡Jajaja! Un abrazo inmenso desde este lado del río.
EliminarAyyyyy POR DIOS!!!! No podes dejarme asi! Fui paciente y tuve templanza por 26 capitulos, o no Sandra?! ;)
ResponderEliminarNo puedo conmigo!. Me encantó, obvio!!! Que tension, por favor!!!
PLEASE no te demores con el siguiente. Quiero. Quiero. Quiero. Besos Romina (muchos :))
Romi querida! Gracias por tu paciencia infinita, por darle cuerda a mis musas con tu ansiedad, por estar siempre ahí al pie del cañón. Sos una gran compañera de aventuras. Prometo publicar la continuación lo antes posible. Abrazo Guilledrista!!!
EliminarCaaardiaco no puede se por favor no tardes con la continuación excelente historia y tan emocionante porfa quiero saber que sucede
ResponderEliminar¡Gracias Elena! Es un inmenso placer compartir esta aventura con todas ustedes. Prometo la continuación lo antes posible. ¡Besossss!
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