
CAPÍTULO 3 – EL FINAL
Una vez en el lugar llamado “Secretos”, Juan y Pedro se sentaron en una mesa pidiendo algo de tomar. El lugar estaba llenísimo. Había de todo y para todos los gustos. Realmente, era un lugar para guardar muchos secretos.
A lo lejos Guillermo y José se sentaron en una mesa apartada buscando la mirada de sus almas gemelas. No habían tenido éxito.
- Pedro, mirá quienes llegaron _ Juan estaba contentísimo y con ganas de hacer una pequeña maldad
- Vinieron… Como lo conocés… Guillermo no bailaría ni muerto – respondió Pedro con una sonrisa
- ¿No querés que sufran un poquito?
- ¿Que pensás hacer?
- ¿Te animás a bailar en el escenario? A ver qué cara ponen – preguntó Juan a su amigo
- ¿Estás loco?... Me muero de la vergüenza Juan
- Dale… Le pregunto a los del show… Un numerito para nuestros muchachos
- Sos terrible… y yo que te sigo… _ respondió Pedro entusiasmado con solo pensar en la cara de Guillermo al verlo bailar
- Dale, vení… ¿Viste la película “Full monty”? – le preguntó su amigo
- Si, claro que la vi… Está buenísima
- Entonces bailemos esa coreografía… ya que tenemos que improvisar – dijo Juan levantándose de su lugar, agarrando la mano de su joven amigo
- ¿Qué?... Ni pienso desnudarme delante de toda esta gente… tan loco no soy – respondió Pedro siguiendo a su amigo
- Dale… Que Guillermo te vea desnudo… Lo volvés loco, lo conozco… Se va a desmayar – contestó Juan
- ¿Y José? - quiso saber Pedro
- Espero que se desmaye también… así tengo la escusa perfecta para hacerle respiración boca a boca – contestó Juan guiñándole el ojo a su amigo
- Sos un Juez… me muero con solo pensar lo que vamos a hacer
- Dale Pedro… nos divertimos un poco y de paso dejamos a los muchachotes con la boca abierta – contestó Juan ya arriba del escenario
- De eso no tengas duda…
Comienza el espectáculo. Un grupo de muchachos bien dotados y fornidos suben al escenario vestidos con trajes de policías. Un deleite para la vista femenina… y masculina también. Dos de ellos entraron de espaldas al público, encabezando el show. Comienza la música “Full Monty”… a bailar.
Los cuerpos deliciosos de todos los bailarines danzaban sin parar a medida que iban desprendiéndose de la camisa, el sombrero, el cinturón.
- José, mirá esos muchachos… ¿No te resultan conocidos? – preguntó Guillermo mirando a los dos hombres de espalda. “El chiquito está para comérselo a mordiscos”, pensó.
- ¿Conocidos? Yo no tengo noche Guillermo, no vengo a estos lugares… pero a decir verdad, el alto de espalda está buenísimo – contestó José comiéndose a Juan con la mirada
- Son Pedro y Juan… ¿Que hacen…? ¿Están locos? – se asombró Guillermo al creer reconocer las espaldas que estaba viendo
- Loco estás vos Guillermo… ¡Por Dios! – contestó José al ver que aquellos muchachos se daban vuelta, reconociendo a Pedro y Juan.
- Madre mía… Están locos… Pero qué bonito que es ese chiquito… que bonito por Dios! – contestó Guillermo en voz alta, ante la mirada atónita de su amigo, al escuchar de la boca del maduro abogado semejante confesión
- Por fin te soltaste Guillermo… y si, es lindo no te lo voy a negar, pero Juan… ese sí que esta buenazo – contestó José mirando enamorado a su hombre ante la mirada atónica de su amigo
- Bueno… Por fin… De verdad me alegra que estemos en este estado – contestó Guillermo
- ¿En qué estado?
- Según mi hijo… enamorados. – Respondió Guillermo mirando sin palabras la danza de su joven amado.
Ante la mirada de toda la gente, Pedro y Juan bailaban moviendo las caderas con una sonrisa en los labios. Las mujeres estaban enloquecidas por los muchachos cabecillas del espectáculo. Un poco a propósito, y con una mirada cómplices de ambos, el joven abogado y el prestigioso Juez se sacaron las camisas y con el torso desnudo, las arrojaron a donde se encontraban sus hombres. Ante la mirada de todo el público y los reflectores de luces, Guillermo y José agarraron de manera inconsciente las camisas que habían sido arrodajas hacia ellos.
- No puedo creer que estoy viviendo esto – rompió el silencio Guillermo
- No se Guille… pero si hoy me muero espero que Juan me despierte con un beso – contestó José oliendo la camisa de aquel juez al que amaba
- ¿Qué sos? ¿Blancanieves? – contestó Guillermo haciendo lo mismo con la camisa de aquel joven que lo tenía esclavizado.
- Sí... y espero que Juan sea mi manzana… Realmente Guillermo… Hoy no soy fiscal
- Es verdad… si yo fuera manzana me encantaría que este chiquito me mordiera – contestó Guillermo mirando a Pedro, comiéndoselo con la mirada.
Cuando terminaron de bailar, se saludaron con los bailarines retirándose del escenario y dirigiéndose al encuentro de aquellos hombres de hierro.
- Hola lindo…que bien que te movés – lo avanzó un muchacho a Pedro
- Gracias – contestó el joven mirando a su amigo que se encontraba a su lado muerto de risa
- ¿Me das tu teléfono?… así podemos vernos…. Realmente sos muy lindo_ insistió aquel muchacho
- No, no, no… De ninguna manera… Vos no le das el teléfono a nadie y vos pibe… esfúmate de acá – se metió Guillermo furioso como una pantera al ver semejante descaro
- ¿Y vos quien sos viejo? No es con vos la cosa… estoy hablando con él…_ contestó el muchacho mirando fijamente a Guillermo
- ¿Qué te importa quién soy…? ¿Vos querés que te meta preso…? Soy abogado penalista y mejor que rajes de acá… No me conocés chiquito – contestó Guillermo enojadísimo
- Bueno…. Nos vamos… - y dirigiéndose a Pedro dijo - Es una lástima bonito… Pudimos haberla pasado genial – y se retiró del lugar
- Bueno… ¿Que tenemos acá…? ¿Te trajo la corriente? – preguntó Juan a su amigo
- Sos de lo peor Juan… Sabías que íbamos a venir…. ¿Y vos Pedro? Vos…_ contestó Guillermo mirando fijamente esos ojos marrones que lo tenían loco
- Yo que Grazziani… Un viejito como vos no puede estar en estos lugares… El espectáculo no es apto para cardíacos – respondió Pedro desafiante
- No me provoques mocoso… que no sabés lo que puede hacer este viejito…_ contestó Guillermo devolviéndole la camisa al joven
- José ¿qué me decís? ¿Te gustó lo que viste? – preguntó Juan al joven fiscal
- Vi un montón de cuerpos desnudos… La verdad, claro que me gustó – contestó José sosteniendo la camisa de Juan
- ¿Cuerpos desnudos?... ¿No había uno que te interesara más? - preguntó Juan con un sonrisa picarona mirando los ojos marrones de aquel fiscal
- ¿Ese es tu modo de preguntarme si me gustaste? – quiso saber José devolviéndole la camisa
- Soy un boludo…. No quise ofenderte José – tomó la camisa y se la puso cubriéndose el torso
- Si, sos un boludo…. Pero no me ofendiste… Hoy no soy yo Juan – respondió José mirando fijamente los ojos de aquel juez que lo tenía perdido
- ¿No? ¿Y quien sos?... La verdad no sé qué decir, es la primera vez que me quedo sin palabras – respondió Juan mirando a sus amigos
- Mejor no digas nada – y ante la sorpresa de todos, José se aferró el cuello de Juan dándole un beso apasionado, el cual fue correspondido sin pensarlo. - Bueno, bueno…. Se ha formado una pareja… ¿Por qué no vamos a tomar algo a otro sitio…? Tantos cuerpos desnudos me marean – respondió Guillermo dirigiéndose a la flamante pareja y a su joven enamorado
- Buenísimo… porque si me quedo un minuto más acá me desnudo por completo – respondió Pedro mirando a Guillermo a modo de desafío
- No Pedro… que si hacés eso este viejo se nos muere acá – contestó Juan con una sonrisa dirigiéndose a su mejor amigo, abrazado a su brillante y amado fiscal y retirándose los cuatro del lugar.
Fueron a un restaurant a cenar y charlar un rato. Comieron animosamente. Pedro no le dirigió la palabra en toda la cena a su flamante abogado, quien lo miraba a cada rato sin saber que decir.
Juan y José se retiraron del lugar juntos, dejando a Guillermo a solas con su joven abogado.
- Se hace tarde Guillermo, estoy cansado… ¿Querés que te lleve a tu casa? – preguntó Pedro rompiendo el hielo
- Pedro, no puedo verte así… ¿Qué te pasa? – le preguntó temiendo por la repuesta
- ¿Qué me pasa?... Estoy ofendido Guille… Pero no importa, vamos – levantándose de la mesa y dirigiéndose hacia la salida.
Durante los veinte minutos de camino a la casa de Guillermo, ninguno de los dos hombres articuló palabra. Una vez en destino, Pedro detuvo el auto quedándose callado. Guillermo no pudo contener el deseo que sentía y acercándose lentamente al joven le robó un dulce beso. Pedro, a pesar de estar enfadado con aquel apuesto letrado, respondió seductoramente al cálido beso. De a poco, ambos hombres comenzaron a recorrer con sus manos el cuerpo del otro. Guillermo colocó suavemente su mano entre las piernas de su joven adorado, quien emitió un suave gemido de placer al solo contacto. Pedro con sus caricias recorrió el torso de su hombre hasta que su mano terminó posada en la entrepierna de Guillermo, quien a sentir el roce se estremeció de placer.
Pedro, a pesar del amor que sentía por aquel caballero, se apartó suavemente colocando las manos sobre el volante. Guillermo sin entender lo que había pasado miró fijamente al joven, quien tenía la mirada perdida en la nada.
- ¿Qué pasa precioso?... Decime por favor… Tu actitud me está volviendo loco – preguntó Guillermo mirando a Pedro
- Perdoname Guille…. No puedo… No puedo – respondió el joven entre sollozos.
- Está bien… se entender cuando no me necesitan – y bajándose del auto cerró la puerta a su espalda
- ¿Guille?
- ¿Qué?
- Te amo…. No lo olvides nunca – le dijo Pedro mirándolo a los ojos
- Yo también chiquito… yo también - y entró a su casa.
Pasaron semanas. Juan y Guillermo se encontraban tomando una copa en el despacho del flamante Juez.
- ¿Cómo va todo con Pedro? ¿Están bien?- quiso saber Juan
- Estamos bien… Salimos, pasamos momentos hermosos juntos, pero hay algo que me inquieta – respondió Guillermo a su amigo
- ¿Qué pasa Guillermo?
- Siento que Pedro no me quiere… se que lo lastimé aquel día… cuando lo arrestaron… y no me puede perdonar – le confesó Guillermo a su amigo
- Pedro te adora… sos su vida… se le nota en la mirada – le contestó Juan dándole esperanzas
- Lo sé… pero no se qué hacer… En todo el tiempo que estamos juntos, Pedro no quiere ir más allá, y eso me está volviendo loco Juan… No puedo soportar su rechazo – confesó Guillermo tristemente
- Hacé algo alocado… algo que no se espere de vos… sorpréndelo con algo – le respondió Juan con una sonrisa
- ¿Qué? ¿Bailarle en zunga? Lo voy a matar del susto – respondió Guillermo mirando a su amigo
- Que lo vas a matar seguro, pero de amor tonto… Hacé algo que te nazca del corazón y que le demuestre que lo querés Guille _ respondió Juan
- ¿Y vos? ¿Con José todo bien? – quiso saber Guillermo
- Con José estamos bien… pero siento que no soy suficiente hombre para él – confesó Juan a su amigo
- José es un tipazo… ya sufrió demasiado conmigo para que tenga otra decepción… hacerlo feliz – contestó Guillermo
- Es lo que más quiero en la vida Guille… José es sincero, cariñoso, no tiene maldad…. Pero es callado y a pesar de que cada día me demuestra que me quiere no se que más hacer por él… Lo amo demasiado como para perderlo – contestó Juan de manera triste
- Hacé algo alocado… algo que no se espere de vos – le sugirió Guillermo dándole su mismo consejo
- Hace tiempo que quiero pedirle casamiento… pero no sé si me va a aceptar - ¿Casamiento? ¿No te parece demasiado loco?
- Si… pero es lo que siento… No puedo evitar quererlo en mi vida para siempre – contestó Juan mirando a su amigo
- Entonces dale… está en la fiscalía – respondió Guillermo
- Tenés razón… Vamos, acompañame – contestó Juan parándose de su asiento
- Pero tenés que comprar los anillos
- Los tengo acá – sacando de su bolsillo una cajita roja.
En la puerta del despacho del prestigioso Fiscal Miller, Guillermo le da aliento a su amigo para atreverse a dar semejante paso. Juan golpea la puerta y entra.
- Hola amor – saludó Juan
- Juan… ¿Qué hacés acá?... Pensé que tenías una audiencia importante – respondió José besando dulcemente los labios de su juez preferido
- Si, tenía… pero quise hacer algo más importante primero
- ¿Y qué es?... Que misterioso que estás amor – respondió José mirando sorprendido la caja roja que sostenía Juan en la mano
- ¿Sabías que estoy enamorado de un fiscal? – le preguntó Juan
- Sí… y yo amo a un juez, pero…- se quedó mudo al ver el contenido de la caja - ¿Querés ser mi esposo José…? Te quiero demasiado… Se que hace poco que estamos juntos pero me basta para darme cuenta que te amo y que quiero que seas parte de mi vida para siempre – le contestó Juan sosteniéndole la mano
- ¿Querés casarte conmigo…? Estás loco Juan – contestó José sorprendido
- Loco por vos hermoso… ¿Qué me contestás?
- Que sí Juez… Que quiero ser su esposo – y abrazándolo con fuerza le regaló un beso apasionado.
Guillermo contempló la escena y comprendió que sus dos grandes amigos iban a ser felices de verdad. Él no podía perder esa felicidad con su joven moreno. Tenía que sorprenderlo… y eso iba a hacer.
Llegó al edificio donde vivía Pedro. Tocó el portero y ante la sorpresa de este entró tomando el ascensor. Llegó al quinto piso con una caja en la mano. Tocó el timbre.
- Que sorpresa Guille… ¿Saliste temprano? – preguntó Pedro haciendo pasar a su hombre y dándole un dulce beso.
- Sí… y quise venir a verte – contestó Guillermo ante la mirada de Pedro hacia la caja que sostenía en sus manos
- ¿Estás bien amor…? ¿Qué pasa? – preguntó Pedro
- Esto es para vos chiquito… Una muestra de mi amor por vos – y entregó la caja al joven muchacho, quien la abrió desconcertado por su contenido
- ¿Qué…? Guille… es un cachorro. ¡Qué lindo es…! Me encanta… Gracias amor – y depositó en los labios de su hombre un cálido y apasionado beso - Pero a vos no te gustan las mascotas... Odiás que te llenen de pelos la ropa…. – dijo Pedro acariciando a su peludo cachorro de Golden Terrier color blanco
- Lo sé… pero a vos te gustan. ¿Qué nombre le vas poner? – quiso saber Guillermo
- “Príncipe”… porque me lo regaló uno – contestó Pedro mirando a su maduro abogado
- ¿Te parezco un príncipe?
- Para mí lo sos… aunque un poco arisco, anticuado, amargado, celoso – contestó Pedro con una sonrisa
- Cuántas cualidades... ¿Alguna que te guste?
- Todas… aunque me gusta más cuando sos dulce, cariñoso, buen padre, buen abuelo, buen amigo y sobre todo buen hombre – respondió Pedro con una sonrisa
- Te quiero chiquito…
- Yo también te quiero mi amor – y selló la charla con un beso.
Pasaron una tarde hermosa. Junto al hermoso cachorro, ambos hombres se recostaron en la cama de Pedro, quien acariciaba a su nueva mascota mientras que “Príncipe” dormía dulcemente recostado en la pancita de Guillermo… Pedro estaba más enamorado que nunca… pero seguía con rencor. Su cuerpo quería poseer a aquel maduro hombre que lo perturbaba, pero su corazón tenía orgullo… y estaba destrozado por eso.
- Pedro… sabés que te quiero y que me gustás precioso… pero siento que no soy bueno para vos – se sinceró Guillermo mirando al joven
- Me lastimaste Guille… y a pesar de que te amo como el día que te conocí no puedo estar con vos... heriste mi corazón – respondió Pedro mirándolo seriamente
- Perdoname… estaba celoso… no podía pensar en otra cosa más que sentir odio al ver a ese tipo en tu cama… Pensé lo peor y sé que me equivoqué, lo reconozco – contestó Guillermo muerto de miedo
- Lo que me dolió no fue lo que me dijiste, sino que no creíste lo que yo te decía… ¿Cómo pudiste pensar que podía estar con otro hombre si te confesé que te quería…? No podría estar con otro por más que quisiera… sos muy importante para mí… y eso es lo que más me dolió, tu desconfianza – le contestó Pedro con el alma.
- No pensé en las consecuencias chiquito… pero ahora sé que se me fue la mano… de verdad respeto su decisión… solo quiero saber una cosa Pedro y te juro que no insisto más… Solo quiero saber si me querés – le preguntó Guillermo mirando su mirada triste
- Te amo, sos mi vida entera…. Nunca quise a nadie como te quiero a vos… por eso te pido que me entiendas y me des mi espacio… Que te quiero nunca lo dudes – le contestó Pedro dándole un beso en esos labios carnosos
- El que quieras… te voy a esperar hasta que me muera si es necesario – le contestó Guillermo respondiendo el beso y acariciando dulcemente la mejilla de su joven amado.
Pasaron dos meses. Pedro comenzó a tener problemas con el consorcio por una pérdida de agua del departamento de arriba, por lo que tuvieron que romperle el techo del comedor y ahora era el turno de la pintura… Su casa era un caos… tenía que conseguir otro departamento urgente.
Reunidos para almorzar en la casa de Fabián, Guillermo y Pedro disfrutaban de una comida riquísima preparada por el magistral Dr. Grazziani… Le encantaba cocinar… y mejor si era para sus dos debilidades: su hijo y su joven moreno. Valeria había salido a realizar unos trámites, por lo que Fabián se hacía quedado cuidando a su hijo, que estaba plácidamente dormido en su cuna.
- Que rico viejo… te salió diez puntos…- dijo Fabián mirando a su padre
- Me alegro que les guste… lo preparé especialmente…. – contestó Guillermo mirando a Pedro
- Pedro…. ¿Cómo va tu departamento? – preguntó Fabián
- Es un caos…. Tengo que conseguir uno urgente por unas semanas… con el polvillo y el olor a pintura ahí adentro me voy a morir – contestó Pedro sonriente
- Venite para casa…. Es grande y espaciosa… Tenés el cuarto de Fabián – contestó Guillermo enseguida
- Si, dale… Andá Pedro… Papá tiene razón – contestó Fabián entusiasmado y a la vez haciendo de Cupido
- No… no quiero ser una molestia para vos Guille… ¿Y qué hago con Príncipe si a vos no te gustan los perros? – contestó Pedro mirándolo a los ojos
- Vénganse los dos… Hay espacio y además es tu perro… Nada que venga de vos me puede molestar – le contestó Guillermo con una sonrisa, ante la mirada atónita de Fabián por semejante declaración
- Bueno… entonces voy con gusto – contestó Pedro mirando a los comensales.
Pasaron tres meses y ambos hombres convivieron gustosamente. Trabajaban a gusto en sus despachos, compartían salidas al cine, cenas y espectáculos al estilo Grazziani, como caminatas por el parque y salidas de esparcimiento que a Pedro le encantaban. Realmente estaban muy a gusto… pero todavía Pedro estaba inseguro… Quería estar con su hombre… Lo había perdonado pero ahora este no mostraba signos de deseo hacia él, y eso lo desconcertaba.
Guillermo se encontraba recostado en su cuarto pensando en cómo pedirle que fuera suyo. No quería forzar la situación, pero realmente lo deseaba con locura y a pesar de que le había prometido su espacio, no podía soportarlo más.
Le llegó un mensaje. Guillermo abrió su celular y leyó un mensaje de Pedro: “Guille… bajá que está lista la cena”. Pedro había preparado unas pastas especialmente para su hombre, a pesar que no sabía cocinar y era la primera vez que hacía una receta de un libro de cocina que encontró en la mesada. Ambientó el comedor a la luz de las velas y puso música clásica… la preferida de su Guille, quien bajaba la escalera vestido con una camisa negra desprendida hasta su velludo pecho que a Pedro lo excitó sobremanera.
- ¿Qué es esto precioso? ¿Cocinaste vos? – preguntó Guillermo sorprendido por lo hermosa que estaba servida la mesa
- Lo hice especialmente para vos… te cociné unas pastas… espero que te gusten – contestó Pedro sonriente
- ¿Pero si no sabés hacer un huevo frito?
- Bueno… siempre hay una primera vez para todo… ¿no te parece? – contestó Pedro sirviendo la cena.
- Está riquísima precioso… la verdad te pasaste….
- Gracias… qué bueno que te gustó
- Ahora espero que te luzcas con el postre…. ¿Qué preparaste chiquito? – preguntó Guillermo sonriente
- Nada… porque vos sos mi postre – y acercándose a su hombre lo abrazó del cuello depositando en sus labios un beso apasionado.
Guillermo estaba en las nubes. Correspondiendo al beso, sostuvo de la cintura a su joven moreno arrimándolo hacia su pecho, acariciando su espalda con desesperación. Pedro respondió al abrazo deslizando sus manos sobre el pecho masculino de aquel abogado que lo traía perdido. Quería más… estaba dispuesto a todo. Sin decir palabra, agarró a Guillermo de la mano y lo condujo escaleras arriba hacia la habitación principal, donde ambos hombres entre suaves besos y caricias comenzaron a recorrer sus cuerpos, desprendiéndose de la ropa que les molestaba… Les quemaba la piel.
Guillermo colocó dulcemente a Pedro sobre la cama, colocándose encima de su cuerpo, comenzando a recorrer con su boca el pequeño pecho color nieve de aquel joven adorado, a la vez que Pedro se dejaba llevar por el deseo que sentía emitiendo dulces gemidos. Con sus besos recorrió ese cuerpo que lo tenía embrujado hasta llegar a la pelvis de aquel joven, colocando sus manos sobre la zona prohibida, estimulándola suavemente. Estaba encendido. No podía resistir el deseo desenfrenado de poseer a aquel maduro seductor, por lo que deslizándose suavemente de las manos de Guillermo se colocó sobre su cuerpo haciéndolo suyo. No podía soportar tenerlo y no tomarlo como propio, embistiéndolo una y otra, sintiendo que era la primera vez que hacía el amor de verdad.
Guillermo estaba desesperado. Al sentir a su joven moreno poseerlo con esa pasión descontrolada no pudo evitar gemir de deseo, llegando juntos al placer más hermoso… al cielo mismo. Sin pensarlo, Guillermo se deslizó de entre el cuerpo que reposaba sobre su espalda colocándose encima de aquel joven, comenzando a besar suavemente aquella espalda que tanto deseaba hasta llegar a la gloria de aquellas nalgas que ante su contacto sintió que se tensaban de deseo.
- Guille… quiero ser tuyo – suplicó Pedro entre gemidos
- Precioso… no quiero que después de esto te arrepientas… quiero que seas vos el que decida _ contestó Guillermo trazando líneas de besos en las nalgas que tenía entre sus manos
- Te necesito Guille… no puedo soportarlo más – y ante ese deseo Guillermo lo hizo suyo. Pedro no podía creer lo que estaba viviendo. Nunca había deseado tanto a una persona como al hombre que lo estaba tomando para sí. Cada movimiento de la caderas de aquel maduro seductor era la invitación perfecta para llegar al cielo… Ambos, entre suaves gemidos de placer llegaron, a la gloria.
Al día siguiente estaban radiantes. Se encontraban listos para salir a sus trabajos cuando sonó el teléfono de Guillermo.
- Juan, que pasa?_ preguntó Guillermo preocupado
- Nada grave Guille… José me pidió que te llamara, aunque yo tengo mis dudas de hacerte este pedido – respondió Juan a su amigo
- Dale, decime – y puso el teléfono en altavoz para que escuchara Pedro
- Hoy le entró un caso de asesinato de un matrimonio, y quedaron en custodia de la asesoría de menores dos hermanitos de cinco años, mellizos – comentó Juan. - José no quiere que paren en la asistencia social, por lo que me pidió que te pregunte si podés hacerte cargo de su custodia legal provisoria, hasta que se resuelva el caso – siguió Juan ante la mirada atónica de Pedro y Guillermo. - Es una locura, lo sé… pero el fiscalito confía en vos y yo por pedirte esto estoy loco – siguió Juan
- Es una locura Juan… ¿Cómo voy a cuidar yo dos criaturas, si ni siquiera sé cómo cuidarme yo? – contestó Guillermo mirando sin palabras a Pedro, quien se metió en la comunicación
- ¿Como son los niños Juan…? ¿Son víctima de maltrato infantil? ¿Sabés cómo son de carácter? ¿Algo que nos puedas decir? – preguntó Pedro a su amigo juez.
- ¿Pedro? Qué bueno saludarte… y sí, sus padres los maltrataban pero son buenísimos… con José pegaron buenas migas…. Realmente son preciosos – contestó Juan
- Guille… no perdés nada con probar – le suplicó Pedro a su hombre
- Yo solo no voy a poder… me da miedo esto… Solo no puedo – contestó Guillermo
- No estás solo mi amor… yo te voy a ayudar con esto – le contestó Pedro mirándolo a los ojos
- Bueno Juan… decile que sí – y con un beso dulce de los labios de su amado cortó la llamada.
Pasaron seis meses y Pedro estaba contentísimo. Junto a Guillermo estaban viviendo con Brisa y Dieguito, dos niños hermosos y adorables, quienes se encariñaron locamente con Príncipe, el cachorro peludo de Pedro. Brisa era una niña encantadora. Sufrió mucho en su vida, al igual que su hermano, pero le encantaba vivir junto a aquellos dos hombres a los que a pesar de haberlos conocido hacía poco tiempo los quería como sus padres adoptivos. Dieguito era un niño hermoso, moreno y de tez blanca como Pedro, cosa que a Guillermo lo enamoraba cada día. Junto a su hermana había vivido una vida tormentosa, pero de a poco empezaba a volver a querer vivir. Se había encariñado locamente con aquel joven abogado, quien le enseñaba a nadar, andar a caballo, jugar en el parque. A Brisa le encantaba ver a su hermano tan contento, tan lleno de vida junto a Pedro, quien lo quería como si fuera su propio padre. Ella lo adoraba, pero más admiraba a Guillermo. Le encantaba escuchar las historias que le contaba de princesas, de caballeros que resacaban a las doncellas… pero sobre todo, le encantaba quedarse dormida sobre el regazo de aquel maduro abogado al que le gustaba escuchar música clásica y leer en silencio…. Le daba paz… y eso era lo que a Guillermo le estaba dando a su nueva vida… PAZ.
Las maestras de los niños estaban enloquecidas con aquellos dos padres, que con la sola presencia en el colegio cuando llevaban a sus niños, irradiaban seducción. Pedro emanaba deseo y varios suspiros de parte de las maestras de Brisa y Dieguito, cosa que a Guillermo le generaba celos… pero a vez lo amaba por ello. Era irresistible… él ya lo sabía.
Guillermo imponía autoridad en el colegio. Revisaba las tareas de sus hijos provisorios encargándose de que fueran buenos alumnos…. Y a la vez buenos niños. En las reuniones de padres ambos hombres de ley impartían presencia, seducción, deseos reprimidos y sobre todo cariño y responsabilidad hacia esos dos pequeños. Las maestras los adoraban. Cuando Pedro volvió de llevar a los niños de la escuela Guillermo lo esperaba asustado por lo que tenía que proponerle.
- Hola amor… estoy apuradísimo – lo saludó Pedro con un beso
- No te olvides que hoy Brisa tiene clases de danza… la tenés que llevar cuando sale de la escuela y Dieguito tiene natación, que lo llevo yo – contestó Pedro mirando a su amado
- Lo sé precioso… no me voy a olvidar… pero vení para acá, quiero hablarte – le ordenó Guillermo tomándole la mano dulcemente
- Que pasa… no me asustes Guille
- Pedro… mañana se vence la custodia de los niños… estuve hablando con José y estoy considerando adoptarlos – le respondió Guillermo ante la sorpresa de su joven moreno
- Que bueno…. te felicito Guille – le contestó Pedro con una sonrisa
- Tomá… son los papeles de adopción… quiero que vos también los firmes precioso… quiero que seas el padre de los niños también – le ofreció Guillermo a su dulce moreno
- Pero… Guille…. Me encantaría… pero para eso necesitamos estar casados… no podemos adoptar juntos siendo solteros – contestó Pedro con los papeles en la mano
- ¿Entonces querés casarte conmigo? – preguntó Guillermo depositando en la mano de su joven una cajita roja con dos sortijas grabadas.
- ¿Estás seguro?... Guille… esto es un sueño – respondió Pedro con lágrimas de alegría en sus mejillas
- Es nuestro sueño precioso…. ¿Qué me contestás? – quiso saber Guillermo
- Que sí… que quiero ser tu esposo amor… ¿Y mi departamento? Mañana tengo que recoger las lleves – quiso saber Pedro
- No te preocupes… mañana lo ponemos en alquiler… vos te quedás acá conmigo chiquito… - depositando un beso en los labios carnosos de su joven amado.
- ¿Y Fabián?... ¿Qué pensará tu hijo con todo esto? – preguntó Pedro
- No te preocupes… Él es Cupido – y sonó el teléfono. Guillermo puso el altavoz
- Hola viejo… ¿Que te contestó Pedro? ¿Se casan? – preguntó su hijo entusiasmado.
- Que sí – contestó Guillermo abrazado a su moreno
- ¡Que grande viejo…! Los felicito… ¿Y con los chicos que va a pasar viejo? Pobrecitos… son tan lindos y Danielito los adora – quiso saber su hijo
- Los vamos a adoptar – respondió Guillermo dejando mudo a su joven hijo, quien no esperaba semejante declaración. Silencio…
- Fabián…. ¿Estás ahí? ¿Te desmayaste? – quiso saber Pedro sonriente
- Si, estoy acá…. Pedro, que hiciste con mi viejo… me lo cambiaste – exclamó Fabián contento
- No hice nada… solo lo quiero… el resto lo hizo solito – y besando apasionadamente a su hombre cortó la llamada.
Ya casados y con dos niños adorables, Pedro no podía pedir más a la vida. Estaban pasando un día hermoso de campo con Guillermo, los pequeños, Fabián con su mujer y el pequeño Grazziani y sus amigos incondicionales Juan y José… además de la peluda mascota de la familia. Guillermo estaba sentado en el pasto descalzo jugando con sus pequeños hijos Brisa y Dieguito y su adorado nieto, acariciando a Príncipe que se había dormido en sus piernas. El flamante Juez Arismendi y su elegante esposo, el fiscal José Miller se encontraban sentados junto a Pedro disfrutando de un riquísimo trago.
- Juan… miralo a Guille… ustedes deberían adoptar un niño… se lo merecen – le dijo Pedro mirando a su amado
- José ya está iniciando los trámites… queremos adoptar a una niña - contestó Juan mirando enamorado a su esposo
- Los felicito…. De verdad los felicito – contestó Pedro contento
- Mirá a mi amigo vos…. ¿Qué le hiciste a Guille…? - quiso saber Juan
- Como le contesté a Fabián…. No hice nada, solo quererlo, el resto lo hizo solito – contestó Pedro enmarcando una hermosa sonrisa
- A ese Grazziani me gustaría tener en la mesita de luz – bromeó Juan guiñándole el ojo a José, que lo miró celoso
- Ni lo pienses Juan…. Si le ponés una de tus garras encima a mi Guille te juro que te meto preso – contestó Pedro a modo de broma
- No te preocupes Pedro… que antes de que vos lo metas preso yo lo mato – contestó José recibiendo una suave caricia de las manos de su amado esposo.
Noche de lluvia. Guillermo se encontraba recostado en su cama junto a Pedro, quien se había quedado dormido mirando para su lado. No podía creer lo feliz que estaba… todo lo que había vivido con solo mirar esos ojos morenos una mañana en tribunales. Guillermo era otra persona y se lo debía a aquel joven que descansaba a su lado. Nunca pensó que a su edad podría ser esclavo de la mirada de aquel niño perfecto…. Cerró los ojos… por un momento creyó que todo era un sueño, que no era verdad… tenía miedo de despertar y verse solo en la penumbra de su cuarto. Temeroso, abrió lentamente sus ojos percibiendo la mirada seductora de aquel moreno a su lado, que le regaló una cálida sonrisa.
- Que pasa amor…. no podés dormir? – preguntó Pedro risueño
- Tenía miedo de que esto fuera un sueño… de que esta vida a tu lado no fuera real – contestó Guillermo sosteniendo la mirada
- Es nuestra vida Guille…. Y es perfecta…. Me regalaste dos hijos a los que amo y a tu hijo que es un sol… no puedo pedir más… a tu lado estoy seguro – le contestó Pedro sonriente
- ¿Que soy para vos precioso? – quiso saber Guillermo acariciando la mejilla tibia de su hombrecito
- Sos mi alma entera… mi regalo del cielo…. Te amo… ¿Y yo? ¿Que soy para vos?- quiso saber Pedro
- Sos mi carcelero… mi dueño – respondió Guillermo risueño
- Tu carcelero… ¿por qué?
- Porque soy esclavo de tu mirada… esclavo de tus caricias, de tus besos… mi vida entera te pertenece chiquito – contestó Guillermo enamorado
- Chiquito… Uhmmm… me encanta como suena de tus labios… me excita _contestó Pedro acercándose a su hombre, robándole un beso exquisito… lleno de pasión. En ese momento, entraron a su cuarto dos niños asustados por la tormenta. Brisa y Dieguito se subieron corriendo a la cama de sus queridos padres acurrucándose entre los brazos de ambos, quienes al verlos, llenos de alegría y con una sonrisa, llenaron de besos y cosquillas a los pequeños, mientras que el pequeño y peludo de Príncipe mordisqueaba cariñosamente los brazos de toda su familia.
-FIN- (By Verónica Lorena)
Excelente espero que sigas escribiendo es un placer leerte.
ResponderEliminarMara rosas
Me sumo a las palabras de Mara, es un placer leerte Verónica y por suerte las musas no te han abandonado. Adelanto exclusivo: muy pronto una nueva fic de esta gran escritora. ¡Gracias Vero!
ResponderEliminarMe llena el alma de alegria que lo hayan disfrutado... Y Mara Rosas... espero que vuelvas a escribir esa formula que tanto nos atrapó a todos... muero por ese gato hermoso... Y de corazón, es un placer escribir en este espacio dedicado a estos dos grandes... Besos. Verónica
ResponderEliminarHermoso!!!! Me quede con ganas de mas
ResponderEliminarHermosa que agradble historia tan apasionada me fascino me hubieran encantado mas capítulos pero es hermosa
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