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domingo, 4 de febrero de 2018

"MEDIANOCHE" - Cap 28 - (By Guillermina Pedris)










MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

CAPÍTULO 28  (El final – Parte II)

Habíamos llegado al Centro Cívico abandonado con lo puesto, motivo por el cual Kate insistió en llevarnos de compras al pueblo más cercano, pero de alguna manera nuestro viaje ya había comenzado, decidimos ir solos y así lo hicimos. Si bien mis padres me habían dado suficiente dinero como para que comprara lo que fuera necesario Kate me dejó en claro antes que nos marcháramos que los gastos corrían por cuenta de la casa, a lo que intenté negarme, pero era completamente inútil discutir. Desde la noche que había salvado la vida de Guillermo no dejaba de tratarme como el héroe de la historia.
Realmente me importaba muy poco quién pagaría los nuevos jeans o un par de sudaderas, no veía la hora de subir a la camioneta de Kate junto a Guillermo y por una vez en la vida, andar juntos por ahí sin tener que escapar de alguien.
Dejamos la camioneta estacionada y nos dedicamos a recorrer las calles, mirando vidrieras y planeando el itinerario de nuestro viaje. El momento me trajo a la memoria aquella noche en Riverton cuando pasamos largo rato escondidos en un local de antigüedades, aquella noche mágica en la que disfrutamos de estar a solas, entrando y saliendo de todas las tiendas que estaban abiertas para no volver al cine donde mis padres estaban de guardia.
Yo me había probado un viejo sombrero de terciopelo y él un abrigo gris al estilo Sherlock Holmes que le sentaba como los dioses. Nunca olvidaría ese momento, cuando pasó un brazo por mis hombros, mi rostro pegado a la curva de su cuello, las marcas rosadas que le había dejado mi mordida y la culpa. Su dedo acariciando mi mejilla, queriendo borrar de mi mente el remordimiento y los pensamientos que me atormentaban con tanta calidez, que por un momento me había sentido dentro de la lámina de El Beso de Klimt que habíamos estado observando juntos, tumbados en el suelo de mi habitación.
Escondidos detrás de esos viejos estantes y perdidos en un sinfín de antigüedades, pasamos uno de los mejores ratos a solas, al menos hasta ese momento, seduciéndonos y enamorándonos sin que nadie nos viera. La misma noche en la que Guillermo me había obsequiado aquel prendedor que extrañaba con locura.
Casi habíamos llegado a la puerta de salida cuando lo vi y quedé prendado de él al instante. Un broche tallado en piedra negra y en el centro, aquella rosa exótica, exactamente igual a la rosa de mis sueños. La misma rosa con la que había soñado reiteradamente durante mis primeros días en Medianoche. Me había detenido a observarlo con tanta fascinación que él no había dudado en comprarlo para mí.
Lo había llevado prendido en mi pecho desde aquella noche hasta que tuvimos que empeñarlo para huir de Riverton a Boston imprevistamente, aquella maldita noche en la que Balthazar había atacado a Guillermo obligándolo a escapar de Medianoche. Instintivamente me llevé la mano a donde solía estar, aún sabiendo que no lo encontraría. Un gesto que no pasó inadvertido para Guillermo.
_ Extrañás tu prendedor
_ Claro que lo extraño, pero no te preocupes. Desprenderme de él para llegar a donde estamos valió la pena.
_ Te prometo que vamos a hacer lo que sea por recuperarlo, pero si llegamos tarde, te doy mi palabra que voy a hacerte hacer uno igual.
_ Ya no pienses más en eso. Estamos empezando una nueva vida, me basta con tenerte conmigo. No deseo nada más. Además estoy seguro que el tendero no va a vendérselo a nadie, creo que siempre estará esperando que regresemos, se encariñó mucho con nosotros.
_ Sí, yo también creo lo mismo. Por eso estoy seguro que lo vamos a recuperar

Finalmente y después de haber comprado solo unas pocas cosas, decidimos volver. Nada nos interesaba más que planear nuestra partida.
Aquella noche la larga mesa de madera del Centro Cívico se vio súper poblada a la hora de cenar, éramos tantos que tuvimos que apretarnos para entrar todos a su alrededor. El clima era festivo, la alegría flotaba en el aire, ya no quedaba el mínimo vestigio de la incertidumbre y el temor de los últimos tiempos. Ver tantas caras sonrientes me llevó de regreso a Medianoche, a la reunión que habíamos tenido en la biblioteca con el resto del alumnado, bebiendo cerveza y charlando despreocupadamente, y también a Gaby y a Beto. Ambos habían quedado allá y no habíamos vuelto a saber de ellos. Guillermo leyó mi pensamiento y apretó mi mano por debajo de la mesa.
_ Yo también los extraño. ¿Querés que vayamos a verlos antes de viajar?
Claro que quería, pero más quería partir junto a ese hombre a recorrer un mundo que nunca había visto y lo dejé bien en claro. _ Muero por verlos, pero por ahora, lo más importante para mí es que nos marchemos juntos. Tal como vos lo dijiste, quiero conocer los lugares en los que viviste y descubrir con vos aquellos en los que nunca has estado. Ya volveremos a verlos, de eso estoy seguro, pero tal vez podríamos llamarlos por teléfono.
_ Mañana mismo lo hacemos. Te amo Pedro.
Le sonreí con agradecimiento _ Yo también te amo.
La voz de la señora Bethany nos extrajo del momento. _ Si me permiten, quiero transmitirles la conclusión de la charla que hemos tenido con la señora Ross
_ Kate… _ Era evidente que Kate detestaba que la llamaran por su apellido
_ De acuerdo querida. Kate, los profesores Beggio y yo hemos tenido una extensa charla acerca del futuro de los miembros de La Cruz. El objetivo de esta orden ya ha sido cumplido y muy satisfactoriamente, los enemigos han sido exterminados. El tiempo del adiestramiento y el esfuerzo ha llegado a su fin… al menos acá. _ Agregó rápidamente al ver como los rostros de los miembros de la Cruz se ensombrecían. _ Tanto los profesores Beggio como yo, creemos que cada uno de ustedes ha logrado un potencial que sería sumamente injusto que quedara a la deriva, sin una causa, sin un nuevo objetivo. Por lo tanto hemos decidido, con absoluta libertad para aceptarlo o desecharlo, abrirles las puertas de Medianoche. A todos, absolutamente a todos.
La reacción general fue la de una grata sorpresa que no esperaban, sonrieron extasiados mirándose entre ellos, pero lo más sorprendente fue ver como aquel rubio fortachón que manejaba el hacha como si fuera una extensión de su brazo y Marcial, se miraron a los ojos fijamente. Hubiese dado cien años de vida por saber lo que ambos estaban pensando.
_ No creo que sea necesario sacrificar cien años de vida para saberlo. _ Me dijo Guillermo por lo bajo sin que nadie pudiera escucharlo, el bullicio era tranquilo pero alcanzaba para lograr un comentario sin testigos. _ Creo que es bastante obvio _ agregó explotando en una sonrisa que me quitó el aliento.
Cada minuto que pasaba me parecía un bello sueño del que no quería despertar, nunca había imaginado que iba a ser tan feliz. Siempre fui un chico solitario y de apariencia introvertida, pero llevaba escondido un carácter de los mil demonios que se había puesto en manifiesto dentro de los muros de Medianoche y también fuera de ellos. Yo había resultado una sorpresa y no solo para mis padres, sino también para mí mismo. Tampoco yo había sospechado que bajo mi apariencia de jovencito inexperto se escondía una personalidad que pudo enfrentar cada peligro sin titubear.
_ Por lo tanto _ prosiguió la señora Bethany luego de haberles dado tiempo de asimilar la idea _ están todos invitados a integrarse a Medianoche. Estamos seguros que toda la experiencia que han adquirido en estos años será sumamente útil a nuestros estudiantes, de paso, los más jóvenes podrán completar sus estudios y los que ya lo han hecho, podrían incorporarse al staff de profesores.
Todos, absolutamente todos levantaron sus copas hacia la señora Bethany y también hacia mis padres en señal de agradecimiento. Algo en sus miradas había estado dejando entrever que si bien se sentían satisfechos de haber logrado el objetivo, terminar con La Tribu, un nuevo vacío se había instalado en cada uno de ellos. Esa pregunta inevitable que llega siempre una vez logrado el objetivo: ¿Y ahora qué?  Pero ese vacío acababa de ser llenado de manera grata e inesperada y no podían dejar de celebrar la propuesta.
_ La que necesita hablar ahora soy yo. _ Dijo Kate con la voz quebrada por la emoción. _ Hay algo que ustedes no saben _ dijo refiriéndose a nosotros, los que formábamos parte de Medianoche _ y es el motivo por el cual formé esta orden. Una macabra noche de abril, mi esposo, padre de Guillermo, y yo caminábamos de la mano, felices y despreocupados por una calle cualquiera cuando nos encontramos con estos seres de los que nunca habíamos escuchado hablar. Nos tomaron por sorpresa. Él tan solo me pidió que huyera, y de no haber sido por mi pequeño hijo, hubiese preferido morir con él. Pero tuve que hacerlo, huí mientras veía como lo asesinaban. Gracias a Dios no fueron tras de mí, o si, quien sabe, pero si así fue no lograron encontrarme. Por eso fue que viajé incansablemente con mi pequeño hijo de país en país, nos establecíamos en un lado y una mañana, atormentada por el pasado decidía volver a huir.  Intentaba proteger a mi hijo. Con el tiempo fui logrando serenarme, pregunté, investigué, y poco a poco fui entendiendo lo que había pasado, entonces, en honor a la memoria de quien tanto había amado y por el futuro de mi hijo, cree la orden de La Cruz Negra. Un grupo de personas que, marcadas por la misma desgracia, se unieran a mí y lucharan conmigo para que esas bestias no pudieran lastimar a nadie más. Cada uno de estos seres, a los que amo y que también son mi familia, está solo en el mundo.  El señor Watanabe, Dana, Collins… todos, están solos y todos se unieron a la orden por el mismo motivo: esos seres siniestros exterminaron a sus familias. Cada uno de ellos logró escapar por milagro, así fui reclutándolos, cuidándolos y entrenándolos para este momento, pero cuando todo llegó a su final… me sentí triste. Nadie, absolutamente nadie, puede vivir sin una meta, sin un sueño o un propósito. El nuestro había llegado a su final y ya no quedaba nada real porque seguir. Por eso quiero agradecer a la señora Bethany  y a los profesores Beggio tanta gentileza. Permítanme expresarles mi agradecimiento con un nuevo brindis y un nuevo lema. Todos unidos. Todos por todos.
Debo admitir que me emocioné. _ Guillermo, ¿vos lo sabías?
_ Todo _ me respondió con un nudo en la garganta
_ ¿Y por qué nunca me lo contaste?
_ No sé… Tal vez porque ella me enseñó a callar.
_ ¡Pero mi amor! Es mucha carga para llevarla solo… deberías haberme contado.
_ Si ella no lo hacía algún día te lo iba a contar. Se dio así Pedro, no fue algo planeado.
Tan solo lo abracé llevando su rostro hasta el hueco de mi cuello. _ Cuanto lo siento amor.

El día había llegado. El viejo micro de Medianoche esperaba en la puerta a toda la legión, mientras Guillermo y yo aguardábamos un taxi. Habíamos decidido llegar a Londres en ómnibus y desde ahí ir a París en tren.
Kate se veía ansiosa y un tanto preocupada _ ¿A dónde van a ir después de París?
_ No tenemos la menor idea mamá. Vamos a ir decidiendo los destinos paso a paso, pero prometo llamarte todos los días.
_ Pedro, si él no lo hace, hacelo vos.
_ Dalo por hecho Kate. _ Respondí mientras sentía la mirada de Guillermo sobre mí como un disparo  de sal. _ ¿Qué? _ Le pregunté solo para salir de la situación.
_ ¿Qué? Ya te vas a dar cuenta solito Pedro… dale rienda y nos va a controlar todo el viaje.
_ A mí no me molesta, todo lo contrario. Gracias por preocuparte Kate, te prometo que nos vamos a cuidar.
Me miró con esos ojos de un verde sin igual, con una sonrisa tan bonita como ella. _ Gracias por todo Pedro. Gracias por tanto, hijo.
Un taxi destartalado atravesó la entrada y estacionó cerca nuestro.
_ Llegó la hora.
Mis padres se acercaron a mí lentamente, como si cada paso les pesara más que mi equipaje. Mi madre tenía los ojos bañados en lágrimas y mi padre… que hombre extraordinario. En ese instante me partió el alma la tristeza de que el padre de Guillermo hubiese muerto en manos de bebedores de sangre sin la posibilidad de verlo crecer. Nadie merece morir sin ver crecer a sus hijos y ningún hijo merece crecer sin padres. Mientras los abrazaba me prometí a mi mismo ser lo más medido posible, evaluar los riesgos, llamarlos con frecuencia, decirles cada día cuanto los amaba y cuidar de mi vida para evitarles un sufrimiento innecesario. Eran los mejores padres del mundo.
_ Mamá, no llores. Te prometo que vamos a estar bien.
_ Sé que van a estar bien, solo que me cuesta ver cuánto creciste. No hay día que no me arrepienta de haberte arrastrado a Medianoche en contra de lo que sentías.
_ Y no habrá día en el que no bendiga que lo hayas hecho mamá. Medianoche me hizo libre, estoy enamorado y solo te pido que dejes de llorar y me des tu bendición. Pronto esteremos de regreso y la vida volverá a ser como era. Cenas, charlas, música y reuniones todos juntos y ya sin necesidad de sentir temor.
Me abrazó por última vez tratando inútilmente de ahogar el llanto y después le dejó paso a mi padre. Mi padre, que hombre tan sabio, se limitó a abrazarme con todas sus fuerzas y lo único que dijo fue _ Te amo hijo. Te amo. Cuidate, cuidá de Guillermo y vuelvan a salvo. Me siento tan orgulloso de vos Pedro.
Me hizo saltar las lágrimas, pero me dio una fuerza increíble. Mi padre estaba orgulloso de mí a pesar de todo. Había transgredido miles de reglas en la academia, me había enamorado de un hombre, por ese amor me había expuesto a peligros imponderables, la directora había estado a un paso de detestarme para siempre, pero él seguía estando orgulloso de mí.
_ Yo también te amo papá _ le dije abrazado a él como cuando era un niño asustadizo. _ No dejes de esperarme, te juro que voy a volver.
_ No me cabe la menor duda. Sos mi héroe Pedro.

Subí al taxi con sus últimas palabras recorriéndome el alma, “sos mi héroe Pedro”. Si cuando vi a mi madre llorar las fuerzas me flaquearon, él había logrado la magia de la resurrección. Viajé con esa frase impregnada en mi alma, con sus palabras dando vueltas por mi mente y me prometí volver. Volver a Medianoche, a su departamento, a noches de música, cerveza y charlas interminables. Hoy puedo asegurar que si algo me permitió disfrutar de ese andar de país en país junto al hombre de mi vida, fue la confianza y las palabras de mi padre

Llegamos a Paris en plena madrugada. Guillermo detuvo un taxi y le dio una dirección en francés.
_ No sabía que hablabas francés
_ Prometí sorprenderte y esto recién empieza. Mirá _ me dijo señalando hacia adelante.
_ ¡Por Dios! _ Exclamé mientras nos acercábamos cada vez más a ella.
Guillermo se sonrió y me pasó un brazo sobre los hombros. _ Bienvenido a Paris amor
Nunca había visto la Torre Eiffel y mucho menos de noche. La dama de hierro, arropada por su halo de luz y con su tinte dorado se alzaba majestuosa e imponente. Los potentes haces de luz realzaban su estructura y las líneas de su silueta. No podía cerrar la boca.
_ ¡Es bellísima!
_ Diría que sí, pero después de mirarte debo reconsiderar mi respuesta, no hay nada en este mundo más bello que vos, Pedro Beggio.
No sabía si tenía permitido besar a un hombre en París, pero igual lo hice y una turbulencia de mariposas se alborotó en mi vientre.

Nuestra primera noche en París no fue demasiado diferente a las demás en cuanto cerrábamos la puerta de nuestra habitación, pero por ser la primera, en algún modo fue mágica y especial. Jamás había estado en un hotel tan lujoso, la cama era inmensa y cada detalle del cuarto me encandilaba. A un costado de la habitación había una botella de champagne y fresas, la ciudad brillaba detrás de las inmensas ventanas, y a mi lado, el hombre más apuesto del mundo.
_ ¿Estás cansado? _ Me preguntó tomándome por la cintura
_ En absoluto _ Le dije pegándome a su cuerpo
_ Mejor así, porque tengo una pequeña sorpresa para vos.
_ ¿Más sorpresas? Nuestro viaje recién comienza y ya estoy en las nubes.
_ Estoy seguro que ni siquiera imaginás las cosas que vas a vivir Pedro, más que a las nubes, prometo llevarte a otra galaxia. Vení _ Me tomó de la mano y arrastrándome tras él abrió la puerta que separaba la habitación del cuarto de baño.
Me sonrío al evocar aquel momento, no solo que nunca había visto algo igual, ni siquiera imaginaba que ese tipo de lugares existieran. Todo era inmaculadamente blanco y perfecto, pero lo que capturó mi atención fue la tina inmensa provista de varias tomas de llenado.
_ ¡Por Dios! _ Exclamé una vez más. _ ¿Esto es un jacuzzi?
_ Así es. Podemos llenarlo de agua caliente y tomar el champagne en medio de una constante rotación de agua y sales de baño. ¿Te gusta la idea?
Más que gustarme me enloquecía de solo pensarlo. _ Me encanta.
Guillermo abrió todos los grifos y eligió unas sales de color celeste intenso que agregó al agua. Yo lo miraba extasiado sin hacer absolutamente nada más que eso, observarlo profundamente enamorado. _ ¿Te ayudo en algo?
_ No hace falta amor, solo resta traer el champagne y las fresas hasta acá y disfrutar.
_ Yo lo traigo
_ No. Vos sos mi invitado de honor.
Me sonreí algo nervioso. _ ¿Y qué hago?
_ Desnudate. El nivel del agua ya es suficiente para empezar la diversión.

No me quitó los ojos de encima desde que comencé a desabrochar el primer botón de mi camisa hasta que, completamente desnudo, me sumergí en la espuma tibia y perfumada. Ese sí que fue un momento de alto contenido erótico, su mirada recorriendo cada milímetro de mi piel que al quitarme la ropa iba dejando al descubierto, acariciándome y devorándome con la vista, llevándose a cada instante mi respiración. Acercó la mesita con el champagne al jacuzzi, sirvió dos copas, me dio una de ellas y recién entonces comenzó a desnudarse el también.
Cuando la espuma rodeó su cuerpo atlético y desnudo, casí sentí celos. Ese hombre era mío y solo mío, era capaz de sentir celos hasta del viento que despeinaba sus cabellos. Buscó su copa de champagne y se sentó a mi lado con una sonrisa de satisfacción potenciada al haber leído mis pensamientos.
_ ¿No estarás exagerando un poco? _ me preguntó acercando su rostro al mío. Esa sonrisa perfecta no hacía más que despertar mi instinto animal.  
_ No. _ Respondí acercándome más a él _ Dame un beso.
Si yo creía que un beso calmaría un poco la sed que sentía por poseerlo, estaba totalmente equivocado. El agua recorriendo mi cuerpo, la tibieza de la espuma, la caricia de sus labios sobre los míos y él explorando mi boca fue demasiado. Sentí el hormigueo inconfundible en las encías y le advertí telepáticamente que me estaba convirtiendo y que no lo podía manejar. Se separó de mí solo para dejar su copa de champagne sobre la mesa, yo hice lo mismo con la mía y al sentirme libre lo busqué con desesperación. Volvimos a besarnos como dos enajenados y entonces noté la protuberancia de sus dientes creciendo junto con los míos. Nunca habíamos hecho el amor como dos vampiros y no tenía la menor idea de lo que podía resultar.
La fuerza del agua rotando entre nosotros ya no era un impedimento para movernos como quisiéramos, me monté encima de él con una rodilla a cada lado de su cadera y tomando su rostro entre mis manos comencé a lamer la espuma que había quedado sobre él. Gracias al efecto gravitacional de nuestros cuerpos sumergidos en el agua, no hubo nada que no pudiéramos lograr. Nos tomamos el uno al otro desesperados y hambrientos, enloquecidos de placer, y solo cuando nuestro fuego mermó un poco después del clímax, nos dimos cuenta del desastre que habíamos provocado. Una gran cantidad de agua y espuma estaban ahora derramadas sobre el piso.
_ Guillermo, nos van a echar del hotel.
_ No te preocupes mi amor. Tomemos el champagne. Ya no está muy frío pero al lado nuestro, todo parece hielo.
Me largué a reír y haciéndole caso, dejé de preocuparme por lo que pasaría en el hotel y me seguí ocupando de lo que realmente me interesaba. Ese hombre, esa noche, el champagne y los días que vendrían.

CONTINUARÁ

4 comentarios:

  1. felicitaciones GOLPEARTE Y MALTRATARTE DA SUS FRUTOS
    MARA ROSAS

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    1. Debo admitir que estás en lo cierto Mara. Gracias por empujar mis musas. Un abrazo de este lado del río.

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  2. Sandra, Guillermina... está bellisimo... me encanta este romance ardiente... como vampiros no tienen limites. Hermoso. Gracias. Verónica

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    1. Gracias Verónica! Me alegra inmensamente que lo disfrutes. Un abrazo Guilledrista.

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