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domingo, 15 de abril de 2018

"MEDIANOCHE" - Cap 29. El final (By Guillermina Pedris)








MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

CAPÍTULO 29  (El final – Última parte)

Después de una semana recorriendo Francia viajamos a Suiza. Relojes, chocolates y paisajes sacados de un lienzo. Me encantó Ginebra y su reloj de flores; Zúrich con su moda, accesorios y joyas, más una destacable cantidad de clubs nocturnos sin hora de cierre y muchos de ellos al aire libre, pero la ciudad que atrapó mi corazón fue Lucerna. A orillas del Lago de los Cuatro Cantones, con su casco antiguo, sus callejuelas estrechas y plazas pintorescas. Ese estilo medieval me robó el corazón.
Se que suena raro, pero nunca tuvimos problema para conseguir sangre, la sangre que debíamos beber cada mañana. Mamá me había dado instrucciones precisas al respecto. En cada lugar que llegábamos comprábamos uno de esos artefactos que son capaces de sacar jugo de un ladrillo, y así nos abastecíamos. Comprábamos carne fresca y preparábamos el elixir que nos mantenía con fuerza para vivir, viajar, disfrutar, reír y hacer el amor como dos desenfrenados.
Pocos días después viajamos a Italia. No recuerdo haber comido tanto en mi vida. Lasaña, canelones, ravioli, ensalada caprese, salami, macarrones y bruschetta era en lo único que pensaba, pero apenas empecé a conocerla le dije a Guillermo que no quería marcharme nunca más de ese lugar. Todo era maravilloso. El Coliseo Romano, El panteón, La Basílica de San Pedro, El Domo, La Fontana di Trevi… Nunca olvidaré la mirada de satisfacción con la que él me observaba tanto cuando comía como cuando me encontraba de pie ante alguna de sus maravillas históricas. Italia fue el país donde más me divertí. Aprendí gestos obscenos que divertían a Guillermo y varias palabras en ese idioma que con el que ya me había familiarizado en Suiza y que me encendía la sangre.  Esa lengua romance proveniente del florentino arcaico me resultaba sumamente atractiva y excitante. Hacíamos el amor todas las noches de una y mil formas diferentes, encendidos de pasión con la sangre impregnada de sus de sus vinos únicos y ardientes, licorosos y espumados. 
Guillermo me dijo que los antiguos griegos llamaron a Italia “Enotria”, la tierra del vino y en mi mente pensé que los griegos eran muy sabios.
_ Pedro… _ me dijo una noche Guillermo mientras me observaba con un dejo de asombro en la mirada y una sonrisa de amplia satisfacción en los labios como me desnudaba para él _ A veces no se qué pensar, si Italia te sienta muy bien o muy mal. ¿Te das cuenta de tu transformación en este lugar? No sos ni la sombra del chico sorprendido y tierno que llegó a Paris. Estás… endemoniado!
_ ¡Santamente bendecido querrás decir! _ grité mientras arrojaba sobre él la última prenda que cubría mi cuerpo y me derrumbaba entre sus brazos fuertes y masculinos que, una vez más, supieron atraparme al vuelo.
_ Vení para acá… Endemoniado o santamente bendecido, hagamos el amor Pedro. Estoy encendido como un desierto en pleno verano y vos sos el oasis perfecto. Aunque esto no fuera verdad, aunque estuviera cruzando un desierto y vos fueras la última alucinación antes de morir, dejame morir en tus brazos bebiendo de tu fuente hasta la última gota de vida.
Aquella noche se dedicó a besar cada parte de mi cuerpo como si fuera el último instante de su existencia. Con los ojos cerrados me entregué a él y dejé que hiciera conmigo lo que le viniera en ganas. Más receptivo que nunca, deliré de placer al sentirlo entre mis piernas, el calor de su respiración resoplando entre mis muslos y la suave piel de su lengua haciendo estragos en mi sexo. Me aferré a la almohada y la mordí con fuerza para que el grito que brotó de mis entrañas no despertara a todo el hotel. Desmayado de placer, lo dejé que bebiera hasta la última gota de la savia que había brotado de mis simientes.
Recostado sobre su pecho descansaba del intenso placer que acababa de vivir dibujando despreocupadamente caminitos sin destino sobre su piel con la punta de mis dedos. _ Pedro, ya hace más de un mes que estamos en Italia. Creo que es hora de seguir recorriendo el camino planeado
Suspiré resignado. _ Si, es cierto. Me va a arrancar lágrimas dejar este lugar, pero tenés razón. Debemos seguir con lo planeado y después regresar a Medianoche. Pero prométeme que vamos a volver. _ le dije mirándolo a los ojos.
_ Todas las veces que quieras Pedro, nací para complacerte y cada deseo tuyo es una orden que no voy a demorar en cumplir. Terminemos con el itinerario del viaje, regresemos a Medianoche y después de eso, al primer lugar que volveremos será Italia. Estás enamorado de este lugar.
Me limité a mirarlo a los ojos, no hacía falta que lo dijera, él podía leer mis pensamientos,  pero necesitaba decirlo y así lo hice. _ Nunca tanto como me enamoré de vos.
Ya no hicieron falta más palabras, volvimos a hacer el amor desesperadamente. Nos fundimos el uno en el otro y volamos tan lejos que ni siquiera Evangeline podría adivinar por donde andábamos.

De Italia volamos a Austria, seguimos por Alemania, después Suecia, Finlandia y terminamos en Turquía. Todo muy bello, nuevo y a veces desconcertante, pero para mí no había nada como Italia, y ni que hablar de Medianoche, empezaba a extrañar sus escaleras de piedra, la vista maravillosa que permitían sus pequeños miradores, a Gaby, a Beto y por supuesto, más que a nada en el mundo, a mis padres.
_ Guille… _ le dije  una noche abrazado una vez más a su cuerpo desnudo _ Hace cuatro meses que estamos viajando. Juro que nunca había sido tan feliz, pero…
Como era de esperar, ni falta hizo terminar la frase. El ya había leído mi mente.
_ Mañana mismo mi amor _ Respondió acariciando mi cabello. _ Mañana mismo. _ Reafirmó apretándome contra él.
Era imposible concebir la idea de poder amar a otra persona o de poder amarlo un poco más. Lo llevaba bajo mi piel.
_ ¡Qué lindo abrazo…! No me sueltes nunca amor. _ Mi cara reposaba sobre su pecho cuando sentí el calor de su mirada. _ ¿Por qué me mirás así?
_ Porque no se en que parte de tu mente tan brillante hay lugar para que pienses que alguna vez podría soltarte.
Repte sobre él y me apoderé de su cuerpo.
_ Esta va a ser la última noche lejos de casa. De Medianoche. De la vida que nos unió. Haceme el amor como si fuera eso, la última noche, y no permitas que me olvide jamás de este momento.
_ Tus deseos son ordenes… Te prometo que nunca vas a olvidar la última noche de este largo viaje.
Dios mío… Sí que se lució. Aun hoy, después de tantos años, vuelvo a sentir mariposas en mi vientre al rememorar aquella noche en Turquía. Desplegó sus colmillos solo lo justo y necesario, ni yo lo hubiese podido manejar así, solo para arañar mi piel tan dulcemente que de un momento al otro abandoné la Tierra y me sumergí en un increíble océano de sexo, lujuria y pasión. Me tumbó sobre la cama y recorrió mi cuerpo entero desde la cabeza hasta los pies provocando estallidos en mis entrañas y temblores en todo mi ser.

Llegamos a Medianoche pasado el mediodía. Atravesamos juntos el portal de la entrada. Los alumnos esparcidos por los campos disfrutando del sol me hicieron recordar mis primeros días en la academia, cuando recién conocí a Guillermo y desde ese primer instante no pude dejar de pensar en él.
Avanzamos lentamente dejándonos acariciar por la tibieza del sol, el crudo invierno había pasado y también gran parte de la primavera. El verano se abría paso en Medianoche y ahí estábamos nosotros, juntos. Después de tantas pruebas, después de haber vencido a la muerte y los interminables obstáculos, volvíamos como dos gladiadores que sobrevivieron en la arena del Circo Romano.
Si bien habíamos llamado a Kate y a mis padres con frecuencia, no le dijimos a nadie que habíamos decidido regresar. Queríamos que fuera una sorpresa.
Estábamos a buena distancia de los prados, pero fue inevitable distinguir la figura de Marcial entre ellos. Mí tan querido amigo y compañero de cuarto paseaba junto a Collins, el rubio del hacha, por los extensos prados de Medianoche. A pocos metros de ellos Dana hablaba despreocupadamente con un grupo de quienes habían sido los “legítimos”, parecía otra chica sin la sudadera gris, el uniforme de la academia le sentaba de maravillas. Recorrí el predio con la mirada intentando ver a Gaby y a Beto, pero ellos no estaban ahí.
Fue Collins el primero en divisarnos y por la forma en que movió sus labios, era evidente que estaba dando la voz de aviso mientras echaba a correr hacia nosotros. Dana apartó la vista del grupo con el que estaba hablando y enfocó la vista tratando de divisarnos, apenar lo logró, echó a correr detrás de Marcial que había sido el segundo del grupo en correr a nuestro encuentro.
_ ¡Guillermo! ¡Pedro! _ Marcial y Collins pronunciaban nuestros nombres mientras corrían, al llegar se abalanzaron sobre nuestros cuerpos apretándonos en un fuerte abrazo, pero lo mejor de ese regreso hasta ese momento fue el arribo de Dana que saltó sobre los cuatro haciéndonos perder el equilibrio y provocando un verdadero derrumbe sobre el césped de Medianoche. Tirados sobre el suelo no parábamos de reír. Era maravilloso volver a encontrarse.
_ ¿Dónde está Beto? ­­_ preguntó Guillermo al tiempo que se sentaba sobre el césped.
_ Si no está por acá, seguro que está en su cuarto, el tuyo, el que compartieron siempre. Ha estado muy callado desde que no estás, ya no es el mismo. Ha dejado las camisas estridentes por el uniforme de Medianoche y solo se lo ve de tanto en tanto, cuando Gaby consigue rescatarlo de ese estado lacónico en el que se ha sumergido los últimos meses.
_ Voy por él _ Me dijo por lo bajo.
_ Claro que si amor. Andá por él y vayan por Gaby, yo voy en busca de mis padres. Nos vemos en el departamento de ellos, los espero ahí.
Nos despedimos de nuestros amigos prometiéndoles un encuentro al anochecer de ese mismo día, pero no llegamos a cruzar el vestíbulo cuando una voz conocida nos detuvo en el acto.
_ Por lo visto han decidido regresar sin anunciarse. ¿Qué otra cosa podía esperarse de ustedes dos, par de insurrectos? _ La voz de la señora Bethany era claramente inconfundible.
_ Madame… _ Susurró Guillermo fiel a su estilo correcto y tradicional
_ Señora Bethany _ murmuré entre dientes.
_ ¡Ya los dos! ¡Dejen de tratarme como la superiora de esta institución! _ Relajó el rictus de su rostro y abrió los brazos sonriéndonos. _ ¡Vengan para acá, pequeños desdichados!
Tiempo atrás habría jurado que no tenía sentimientos, me había formado una imagen de ella que no se correspondía con esta bienvenida tan cordial y afectiva. _ ¡Vamos! ¿Qué están esperando? Vengan a darle un abrazo a esta vieja vampira que no ha dejado de rezar un solo día para verlos regresar sanos y salvos.
Jamás habría imaginado que de cerca oliera tan bonito. Avanzamos los dos al mismo tiempo y nos abrazamos a ella que no dudó un instante en apretarnos cariñosamente contra ese cuerpo voluptuoso. _ ¡Qué bueno es tenerlos de regreso! ¡Qué bueno muchachos y que bien lo han hecho!_ Tardó unos instantes en soltarnos, pero cuando lo hizo pude ver sus ojos bañados en lágrimas. _ Señor Graziani, lo creía un ser sumamente inteligente y capacitado para vencer las tentaciones del mundo, que suerte que de alguna manera su concepto se haya modificado. Verlo tan enamorado de este jovencito insurrecto y atrevido me hace ver que no solo es inteligente sino también muy afortunado.  Ha dado un paso que jamás creí que iba a dar, ha renunciado a la mortalidad por amor, y eso lo convierte en un ser admirable. ¡No baje la vista, hombre! Siéntase orgulloso de lo que ha hecho. En los años que llevo al frente de esta academia, nunca vi algo así. Un mortal y un vampiro enamorados… ¡Y yo creí que ya lo había visto todo!_ Inmediatamente se volvió hacia mí. _ En cuanto a usted, joven Beggio, admito que jamás me había topado con un alumno tan particular. Usted sí que sabe sobresalir y salirse con la suya. Lo felicito. Se lleva lo mejor de esta academia. Hágalo feliz, cuídelo, y de gracias a Dios todos los días de tener este hombre a su lado. Se ha sacado la lotería. Ahora vayan ya los dos en busca de quienes han estado esperándolos todo este tiempo.
_ Gracias señora Bethany _ dijimos los dos al mismo tiempo y salimos corriendo. Guillermo hacia la torre donde estaba la habitación que compartía con Beto y yo hacia el departamento de mis padres.

Dos golpes en la puerta. _ Beto, ¿estás ahí?
Segundos después la puerta maciza y gótica se abría de par en par.
_ ¡Guiye!_ El mundo volvió a brillar con la sonrisa de su hermano del alma, su compañero en las buenas y en las malas, la mirada humedecida y el timbre de su voz
_ Volví Beto. Volví para quedarme.
El rubio de cabello largo y revuelto se abrazó a él y sacudido por el llanto dejó salir el temor que lo había inmovilizado en el tiempo.
_ ¡Hermano! ¡Qué bueno que estés acá! Pensé que no iba a verte nunca más.
_ Nunca te dejaría Beto. Nunca. Vos sos mi hermano.
_ ¿Dónde estuvieron todo este tiempo?
_ Ya les vamos a contar. Pedro nos espera en el departamento de sus padres. ¿Dónde está Gaby?
_ La dejé en la biblioteca. ¿Vamos a buscarla?
_ ¡Vamos!
Caminaron abrazados y dándose golpecitos cada tanto. La vida estaba volviendo a la normalidad y no era necesario disimular la alegría.  

Mientras Guillermo y Beto se reencontraban e iban por Gaby, subí la vieja escalera de piedra a hurtadillas para que mis padres no advirtieran mi presencia. Quería sorprenderlos.
Respiré profundamente antes de golpear la puerta.
_ ¿Quién es?
Escuchar la voz de mi padre me sacudió por dentro y la emoción se aglomeró en mi garganta. Decidido a jugar con la expectativa, no respondí y volví a golpear la puerta mientras un par de lágrimas resbalaban por mis mejillas.
_ ¡Que quien es maldito coño!
_ ¡Adrián, las formas!
“¡Mamá!” gritó mi mente, pero mi voz siguió en silencio. Los había extrañado tanto que no tenía idea de cómo presentarme ante ellos.
Sequé mis lágrimas con la manga de mi remera y sonriendo como un chico que hacía una travesura, volví a golpear.  
_ ¡Pero quien cuerno se ha dignado a golpear a nuestra puerta incansablemente sin anunciarse! ¿Acaso estás sordo tío? _ dejó salir mi padre con enojo mientras abría la puerta de muy mala forma. _ ¡Pedro…! _ al verme, el mundo cayó a sus pies. _ ¡Pedro, Pedro, Pedro…! _ Balbuceó mientras sus brazos me buscaban, me encontraban y me rodeaban de todo ese afecto que tanto había extrañado. _ Pedro… _ Pronunciaba mi nombre por lo bajo mientras me mecía contra su cuerpo y acariciaba mi cabello como cuando era apenas un crío.
_ ¡Adrián! ¿Quién es?
_ Celia… _ me soltó apenas, solo para poder responderle _ Es Pedro.
Seguido de un chillido ensordecedor, se escuchó un golpe seco contra el piso. Fuera lo que fuera que estaba haciendo, algo acababa de caer de sus manos.
_ Por lo visto, vamos a necesitar una plancha nueva. _ Dijo mi padre con ese sentido del humor que yo adoraba.
La vi aparecer pálida y como dudando de lo que mi padre le había dicho, pero al verme, todo su rostro se contrajo en un gesto compungido y lloroso.
_ ¡Pedro! ¡Hijo! _ Se lanzó contra mí y me estrujó hasta dejarme casi sin aire. Me soltaba apenas para mirarme a los ojos y me volvía a abrazar en una catarata de lágrimas. _ ¿Estás bien? ¿Y Guillermo?
_ Tranquila mamá, estoy bien. Estamos bien. Ya pasó todo, hemos regresado a Medianoche.
Me bañaba en besos, y aunque me sentía grande para eso, la dejé hacerlo. Era reconfortante volver a estar en casa.

Antes que pudiera reaccionar me habían metido dentro del departamento y me acribillaban a preguntas.
_ Ok… tranquilos. Les vamos a contar detalle por detalle todo lo que vivimos estos cuatro meses, pero esperemos a Guillermo que fue por Beto y por Gaby.
_ ¡Supongo que vamos a tener una fiesta esta noche no? _ preguntó mi padre
_ Eso no está en duda Adrián. Esta noche hay fiesta en nuestra casa. Con Pedro, Guillermo, Gaby, Beto, la señora Bethany, los que formaron parte de la expedición y todos los miembros de la Cruz.
_ ¡Celia, no hay lugar para tanta gente!
_ Sí que lo habrá. Mi hijo ha vuelto a casa y nada podrá opacar la bienvenida. Ya nos acomodaremos. ¿Qué estás esperando? Hay que ir por algo de comida y mucha cerveza, esta noche festejaremos a lo grande.

Cuando Guillermo atravesó la puerta de nuestro departamento junto a Gaby y Beto, mi padre lo saludó con un abrazo de esos que solo ellos dos podían entender cuanto decía. El amor de mi vida, mis mejores amigos, mis padres y yo, no podía pedir más.
Volver a ver a Gaby y a Beto fue muy fuerte. Abrazos que reemplazan todas las palabras dichas y las por decir, el silencio elocuente, la complicidad en la mirada.
Poco a poco fueron llegando los demás. Marcial -siempre pegado a Collins-, Balthazar, Camila, la señora Bethany, Dana, el señor Watanabe, y con ellos los miembros de la expedición y también los de la Cruz. Éramos tantos que apenas si cabíamos en el departamento de mis padres, pero nada opacó la felicidad de ese reencuentro. Las cervezas corrían de mano en mano y todos escuchaban intrigados las anécdotas de nuestro viaje.
_ ¡Deberían haber visto la cara de Pedro cuando llegamos a París! _ dijo Guillermo henchido de felicidad. _ Parecía el mismo chico que encontré al azar en los prados de Medianoche, tímido y algo asustadizo, pero Italia… Italia fue un antes y un después. Ha aprendido gestos obscenos y palabrotas en ese idioma que avergonzarían a cada uno de ustedes.
_ ¿Es cierto eso Pedro? _ Preguntó mi madre entre preocupada y divertida.
_ No tal como él lo describe, solo me familiaricé con el idioma _ expuse con cara de ternero, haciendo reír a todos.
_ ¡Dios mío! Al traerlo a Medianoche hemos creado un monstruo _ dijo mi madre tomándose el rostro entre las manos.
_ Nada de eso Celia _ le respondió Guillermo. _ Tu hijo es vanguardista, atrevido y audaz. Por eso me enamoré de él.
Una salva de aplausos y exclamaciones fueron la corona de oro para esa declaración de amor en público.
Nunca había visto a la señora Bethany tan feliz. _ Mañana es sábado, por lo tanto vamos a hacer la celebración oficial en el vestíbulo. Lo haré preparar como para un banquete, habrá comida y también música de la buena. Y quizás alguna sorpresita, pero veremos… Apenas si puedo creer que La Tribu haya sido exterminada. Gracias a eso los miembros de La Cruz han encontrado su lugar en Medianoche y ya no hay nada que temer. Los bebedores de sangre han caído bajo su propio peso y una nueva vida nos espera.

Después de despedirnos de todos, Guillermo y yo volamos a hurtadillas hasta aquel lugar secreto y nuestro para volver a hacer el amor escondidos en las sombras de Medianoche, tirados sobre un cojín frente a la pequeña ventana que dejaba ver un cielo despejado y la estrella más hermosa del mundo: Evangeline.

La noche del sábado se convirtió en una verdadera fiesta, el vestíbulo parecía un castillo medieval dispuesto para una boda. Las arañas que colgaban majestuosas desde el cielo raso brillaban como diamantes y una orquesta ejecutaba la mejor música desde el lugar destinado al coro. Todos vestíamos de gala y la señora Bethany se paseaba sonriente de un lado al otro del salón interactuando con los estudiantes.
Mis padres bailaban acompasados y enamorados, Gaby y Beto intentaban hacer lo mismo, pero se perdían entre besos y beso a un costado del salón. Solo Balthazar y Camila se lucían como expertos bailarines rondando por la pista sin sacarse los ojos de encima. Algo había cambiado entre ellos, él había dejado de mirarla como el premio consuelo de una larga vida y empezaba a verla como lo que siempre había sido, una compañera incondicional.
Marcial y Collins no bailaban, pero estaban sumidos en una charla que en la distancia parecía ser interesante ya que no se quitaban los ojos de encima. Por lo visto mi querido amigo había encontrado su alma gemela y eso aumentaba mi alegría.
Todo transcurría a la perfección y cuando pensé que nada podría hacerme más feliz, la señora Bethany hizo un gesto a la orquesta para que detuvieran la música y golpeó su copa de cristal antiguo con una pequeña cucharita de plata llamando la atención. El silencio reinó en el vestíbulo.
_ Pido disculpas por esta breve interrupción, pero tengo algo muy importante que anunciar. _ Me di cuenta que miraba a Guillermo de reojo con una sonrisa en los labios, pero no llegaba a descubrir que se traía entre manos. _ Como sabrán, nos hemos reunido para celebrar el regreso de un profesor y de un alumno, sin los cuales, la exterminación de La Tribu no hubiese sido posible, pero no solo a ellos les debemos ese hecho histórico que cambiará nuestras vidas, también les debemos nuestro agradecimiento a quienes formaron parte de la expedición, a todos los miembros de La Cruz, y fundamentalmente… a su líder. ¡Bienvenidos Kate y Eduardo! ¡Adelante por favor!
Escuchar sus últimas palabras y ver entrar a Kate del brazo de Eduardo por la puerta principal del vestíbulo fue todo uno. Busqué a Guillermo con la vista y contemplé con ternura la emoción que le humedecía la mirada. Podía escuchar los latidos de su corazón y su respiración entrecortada.
_ Mamá… _ murmuró avanzando hacia ellos con los brazos abiertos.
Kate lucía bellísima. No parecía la misma sin sus jeans y sus camisas ceñidas, estaba vestida para la ocasión. Llevaba un vestido largo en color lavanda y el cabello recogido. Parecía una princesa. A su lado, Eduardo vestido de etiqueta, soltó su brazo delicadamente para permitirle recibir a su hijo, pero contra todo pronóstico, Guillermo los abrazó a los dos y no tuve que hacer el menor esfuerzo para leer su pensamiento. Acababa de aceptar a Eduardo como parte de su familia.
Otra salva de aplausos coronó el momento inolvidable, y mientras me acercaba a ellos, pude escuchar la voz de la señora Bethany dirigiéndose a la orquesta. _ ¡Que vuelva la música! ¡Sigan bailando! ¡Festejen! ¡Ahora si estamos todos!
Esperé prudentemente el momento de dar el paso que definitivamente me uniría a ellos, observando con emoción ese abrazo interminable, hasta que Kate me divisó entre lágrimas. _ ¡Pedro! ¡Mi otro hijo! ¡No te quedes ahí! _ Me dijo al tiempo que me invitaba con un gesto colmado de cariño a unirme a ellos y así lo hice.
_ Qué alegría volver a verte mamá. Gracias a los dos por venir.
_ No íbamos a perdernos esta fiesta por nada del mundo. La señora Bethany nos llamó ayer, apenas regresaron, y no tuvimos que pensarlo demasiado. Recogimos un par de cosas y emprendimos el viaje.
_  ¿Hasta cuando se quedan? _ Preguntó Guillermo tímidamente
_ ¡Hasta que nos echen! _ Respondió Kate con una gran sonrisa. _ Nos han asignado un departamento para profesores, así que tal vez nos quedemos unos cuantos días.
_ ¡Qué buena noticia! _ Exclamé feliz.
_ Gracias Pedro. A propósito… Hay un sobre en el departamento de tus padres que lleva tu nombre. Si fuera vos, no me demoraría en ir a buscarlo.  Tal vez contenga algo que te interese.
Una lucecita de ilusión me recorrió el alma. _ ¿Y puedo ir ya? Digo… ¿ahora? ¿En este momento?
_ ¡Claro que sí! Andá tranquilo, te prometo pararme frente a la puerta y no dejar que Guillermo salga de este lugar si eso es lo que te preocupa. 
Me sonreí ruborizado. _ Amor… ¿te molestaría?
_ Sabés que no, andá Pedro. _ Dudé un instante _ ¿Qué estás esperando? ¡Corré y volvé lo antes posible! No se vivir sin vos…
_ Ya vuelvo. _ Lo besé en los labios y me dirigí hacia la torre que llevaba al departamento de mis padres _ ¡Kate, _ le grité mientras me alejaba_  cumplí con tu promesa! No lo dejes salir de acá sin mí.
Ella cruzó sus brazos como montando guardia y me guiñó un ojo.

Trepé la escalera de piedra a toda velocidad. No quería hacerme ilusiones, pero ya era tarde para eso, el corazón me daba saltos mortales en el pecho. Cerré la puerta y bajé la persiana para que ni siquiera la gárgola pudiera verme. Luego, abrí el sobre con dedos temblorosos, lo di vuelta y algo oscuro cayó en mi mano extendida: mi broche. Los pétalos negros lanzaron un destello en mi palma, tan perfectos, raros y hermosos como siempre. Al fin volvía a tenerlo conmigo. Recordé fugazmente la noche que lo había empeñado para escapar junto a Guillermo, lo besé tiernamente, lo abroché en la solapa de mi saco y bajé a toda carrera. Las lágrimas me empañaban la mirada, pero jamás había sido tan feliz.
_ ¡Gracias Kate! _ exclamé al reencontrarme con ella en el vestíbulo. _ Estoy agradecido y emocionado. Ni quiera se que decir… ¡Gracias!
_ No tenés nada que decir, era lo menos que podía hacer por vos después de todo lo que hiciste por mi hijo. No me va a alcanzar la vida para agradecerte que lo hayas salvado en todos los sentidos. Guillermo siempre fue un buen chico, aunque algo apático y poco demostrativo, pero desde que está con vos ha cambiado tanto que ahora es un placer estar con él, hasta dejamos de pelear. _ Concluyó divertida.
_ A propósito… ¿Dónde se metió? No lo veo por ningún lado
_ Por la puerta no salió, de eso doy fe.
_ Se fue por allá _ dijo Eduardo. _ Lo vi subir por aquella escalera. Lo siento, no conozco el castillo, no tengo idea a donde lleva.
Me sonreí _ No te preocupes Eduardo, ya sé lo que fue a buscar. Voy por él.
_ Andá hijo, nosotros vamos a aprovechar para bailar un rato. Creo que jamás bailamos, ¿no Eduardo?
_ ¡Jamás! _  Dijo él tomándola por la cintura.
_  ¡A ponerse al día entonces! _ Exclamé mientras me marchaba _ ¡Que lo disfruten!

Tal como había sido supuesto, lo encontré ensimismado, observando los prados de Medianoche por aquellas ventanitas pequeñas. Sin duda alguna era uno de sus lugares preferidos. Estaba concentrado observando el paisaje pero una vez más y sin necesidad de volver la vista, supo que estaba ahí.
_ Medianoche… _ susurró como al azar sin quitar la vista de los prados, pero supe que me estaba hablando a mí. _ Quien lo hubiese dicho… _ ya había vivido un momento similar, hasta me pareció tener un deja vu. _ Odié este lugar, maldije el momento en que me ordenaron venir, pero al encontrarte acá… este lugar se fue transformando en mi hogar. Ya te lo dije una vez, y hoy lo ratifico, si me dieran a elegir donde habitar, elegiría Medianoche. _ Me abracé a su cuerpo y pegué mi mejilla a su espalda como lo había hecho aquella noche, tiempo atrás, aspirando su aroma de hombre y regocijándome con su tibieza.  Otra vez sus manos sobre las mías presionándolas contra su pecho. _ Quien lo hubiese dicho Pedro… _ continuó sin dejar de acariciar mis dedos mientras seguía hablando. _ Que este lugar sería mi lugar en el mundo. Estoy enamorado Pedro. De vos, de esos prados, de Medianoche y de todo lo que te trajo a mí.  _ De pronto giró sobre sus pies y quedó de frente a mí _ ¡El prendedor! ¡Tenés puesto el prendedor!
_ Un gesto de Kate, el sobre…
_ Debí suponerlo. _ Murmuró acariciándolo _ ¿Estás feliz ahora?
_ ¿Hace falta que lo diga? Claro que estoy feliz, pero no por el prendedor. Él aumenta mi felicidad, pero aunque nunca lo hubiera recuperado, me bastaría con tenerte. No le pido más a la vida, ha sido muy generosa conmigo.
Me abrazó y giró conmigo hasta quedar los dos de pie frente a le mejor vista de Medianoche. _ ¿Qué vamos a hacer ahora Pedro? ¿Tenés algún sueño en especial para los próximos doscientos o trescientos años?
_ Uno. Solo uno. Estar con vos, siempre, como Ruth… “Nunca me pidas que te deje o que deje de seguirte, donde tu vayas yo iré y donde mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.” ¿Te alcanza amor?
_ Me alcanza amor, claro que me alcanza. _ Se volvió para besarme mientras la brisa fresca de aquella noche de verano atravesaba el pequeño mirador y agitaba levemente mis cabellos.
_ Te amo Guillermo.
_ Te amo Pedro.
Todo estaba consumado.
Un ave salvaje interrumpió su vuelo y Evangeline volvió a brillar en el cielo.
Habíamos renunciado a la mortalidad para estar juntos.
Habíamos luchado contra toda adversidad por no perdernos y ese instante era el premio a la tenacidad con la que habíamos combatido los miedos y cada enemigo que encontramos en el camino.
Así debería ser siempre el amor.

“La cobardía es asunto de los hombres, no de los amantes. Los amores cobardes no llegan ni a amores ni a historias, se quedan ahí. Ni el recuerdo los puede salvar, ni el mejor orador conjugar.”
(“Óleo de una mujer con sombrero” – Silvio Rodriguez)

FIN

4 comentarios:

  1. Guillermina, Sandra... me saco el sombreo... que hermoso final... dos almas enamoradas por toda la eternidad... el final soñado... gracias por tanto. Besos. Verónica

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    1. Gracias Verónica! Si en medio de tanta adversidad pude escribir este final, fue gracias a esas amigas Guilledristas que están presentes, día tras día, empujando y dando fuerza. Una parte de este final soñado es mérito de ellas. Gracias Mara Rosas. Gracias Angela Do Santos. ¡Y mil gracias a vos Vero por tan bonita devolución! ¡Abrazo en la distancia amiga Guilledrista!

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  2. Impresionante siempre lo supe felicitaciones guillermina pedrisco
    SANDRA ESCRIBIR COMO LO HACES SANA
    MARA ROSAS

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    1. ¡Gracias Mara! Vos sabés que este final es mérito tuyo. Gracias por no dejarme en paz, por presionarme y chantajearme... ¡Jajaja! ¡Gracias amiga Guilledrista! Un abrazo desde este lado del río.

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