Vistas de página en total

Vistas de página en total

Vistas de página en total

jueves, 2 de febrero de 2017

"MEDIANOCHE" - Cap. 13 - (By Guillermina Pedris)







MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)

PARTE I -  “EL ENCUENTRO”

CAPÍTULO 13

Amanecí renovado y sintiéndome inmensamente feliz. Ya me había acostumbrado a la exuberancia de mis sentidos al despertar y que solo se calmaba después de beber el vaso de sangre recién sacado del microondas.
Me vestí rápidamente y bajé la vieja escalera de piedra a toda velocidad, necesitaba volver a verlo con urgencia. Aun sentía sobre mi piel la voracidad y la dulzura de sus caricias, su forma salvaje y tierna de hacer el amor.
Lo busqué por todos lados pero no logré encontrarlo y pasadas algunas horas la exaltación con la que había despertado comenzaba a evaporarse. Busqué su mente, pero solo logré percibirla con escasa transparencia y algo me decía que las cosas no estaban tan bien.
Había llegado el sábado y todos aguardábamos ansiosos el paseo por Riverton, quería acordar con él a que nos íbamos a dedicar  esa noche, pero tuve que esperar casi hasta mediodía para tener noticias suyas. Divisé a Beto por los pasillos y en cuanto nos vimos caminamos el uno hacia el otro.
_ Pedro, Guillermo no está bien. ¿Podés acompañarme hasta nuestro cuarto? Le pasa algo raro y no quiere decir nada, si alguien puede convencerlo para que vaya a ver a un médico sos vos.
Angustiado lo tomé por un brazo mientras avanzaba dando largos pasos por el pasillo, arrastrándolo conmigo. _ Algo me decía que las cosas no estaban bien, vamos para allá ahora mismo.
_ Tampoco te pongas tan dramático, quizás solo sea un simple malestar…
Ese comentario me encolerizó, tal vez estaba demasiado susceptible. Me detuve en seco y lo miré enfurecido. _ ¡Estoy harto de que me llamen dramático! ¡No soy dramático! Soy literal. Y si Guillermo está mal yo también estoy mal.
_ Está bien Pedro, no te pongas así.
Respiré hondo y traté de tranquilizarme. _ Perdoname Beto, no quise reaccionar de esa manera. _ No podía contarle que estaba preocupado porque la noche anterior había vuelto a morderlo. _ Lo siento. Vayamos a ver a Guillermo, por favor. _ Solo se limitó a palmear mi hombro y supe que estaba todo bien entre los dos.
Cuando por fin llegamos a su habitación entré como una tromba. Guillermo estaba tirado sobre la cama con las manos sobre su estómago. Se sorprendió al verme, pero enseguida pareció sentirse aliviado. Su alegría de que estuviera ahí me puso tan feliz que me arrodillé a su lado sonriéndole.
_ Hola… ¿Dolor de estómago?
_ No creo que sea eso…  Beto, ¿podrías dejarnos solos un momento?
_ Claro. Cuelguen algo en la puerta si están ocupados…
_ ¡Beto! _ Gritamos los dos a la misma vez.
En cuanto la puerta se cerró me dediqué a él _ ¿Qué te pasa?
_ Pedro, desde que desperté, es como si… lo oyera todo. Todo lo que pasa en la escuela. La gente cuando habla, cuando camina, incluso los bolígrafos contra el papel. Lo escucho todo muy alto._ Sus síntomas me resultaron tan conocidos que un escalofrío me recorrió el cuerpo. Guillermo se llevó el brazo a los ojos, la luz lo perjudicaba y mis sospechas eran cada vez más profundas. _ Los olores también se han vuelto penetrantes. Es como si todo estuviera exagerado, es insoportable. 
_ Guillermo, yo tuve los mismos síntomas después de morderte la primera vez
_ No puede ser la mordida. La otra vez me desperté en el sarcófago de la señora Bethany con un ligero dolor de cabeza, pero no sentía esto.
_ “Más de una vez…” _ murmuré recordando lo que me había dicho mi madre. _ No podés convertirte en vampiro hasta que te hayan mordido más de una vez.
Guillermo se enderezó de repente _ Hey, hey… tranquilo. Sé que no soy un vampiro, al menos no todavía.
_ Lo sé, no sos un vampiro, pero bien lo dijiste, no todavía. Guillermo, podrías convertirte en cualquier momento. Tu cuerpo ha comenzado a cambiar
Me hizo un gesto extraño. _ Es una broma, ¿verdad?
_ No bromearía con algo así…
_ Bueno, después de todo yo te lo pedí. Así que cambiá esa carita. _ Me besó en los labios con ternura _ ¿Y cuando se supone que nos daremos cuenta si estoy convirtiéndome en uno de los tuyos?
_ No lo sé… No tengo idea de cómo funciona esto.
Más que preocupado parecía complacido, hasta se permitió bromear con la situación. _ Pedro, deberías sugerirles a tus padres que te mantuvieran mejor informado respecto de tus “particularidades”
_ Me han explicado algunas cosas, me fueron preparando para mi propio camino, pero no para el tuyo. ¡Lo siento tanto Guillermo!
_ Lo sé. Lo sé. _ Su mano sobre mi hombro me tranquilizó y me sentí abochornado de que fuera él quien me consolara.
_ Es que me cuesta hacerme a la idea de que… estés transformándote
_ Entonces ya somos dos. Si bien es lo que deseaba, no deja de impresionarme lo que trae el cambio
_ Un momento, no nos adelantemos. Tal vez sea solo un malestar pasajero producto de la mordida.
¿Por qué nunca había tenido la necesidad de investigar acerca de lo que es ser un vampiro y las consecuencias de las mordidas a un simple mortal? Ni siquiera se había cruzado por mi mente preguntar al respecto. Tal vez mis padres no estuvieran ocultándome muchas verdades de manera consciente, tal vez solo estaban esperando a que estuviera preparado para absorber tanta información, y recién ahí tomé en cuenta que ese podría haber sido el verdadero motivo por el cual habían insistido en que ingresara a Medianoche. Tal vez estaban preparándome para el momento de saber toda la verdad. Si así era, lo habían conseguido.
_ Voy a intentar averiguar algo al respecto, tiene que haber algún libro en la biblioteca que nos oriente. Podría preguntarle a Marcial o al Balthazar, pero no me alcanza la confianza en ellos, podrían traicionarnos. Son dos tipos geniales, pero esto supera el límite de la amistad, esto se trata del secreto que garantiza sus supervivencias.
_ No te arriesgues. _ Dijo Guillermo _ Ya lo averiguaremos de alguna manera. Ahora andá, y no le digas una palabra de esto a nadie. Si te preguntan algo, tan solo decí que tengo un leve malestar. Espero que no dure para siempre, no deseo estar tirado en esta cama el resto de mis días.
_ Está bien, me voy a ir para no levantar sospechas, pero cada tanto voy a volver para ver cómo estás. Si seguís así no vas a poder ir a Riverton esta noche, y yo tampoco lo voy a hacer. Si vos no vas yo me quedo con vos.
La forma en que me miró me dejó bien en claro que no pensaba que fuera una buena idea, pero no tenía fuerzas para discutir conmigo en ese momento.

_ Estás raro _ me dijo Gaby cuando caminábamos juntos por los prados disfrutando de las horas cálidas de la siesta. _ ¿Va todo bien entre Guillermo y vos?
_ Va todo fenomenal. _ Dije tratando de disimular mi preocupación. _ ¿Y vos cómo estás?
_ ¡Genial! _ me contestó con verdadero entusiasmo. _ Ahora que estoy con Beto, Medianoche se ha vuelto un lugar al menos soportable. ¿Qué van a hacer ustedes esta noche en Riverton?
_No sé si vamos a poder ir. Guillermo amaneció algo indispuesto y si él no puede ir, me voy a quedar con él.
Me miró con los ojos súper abiertos. _ Pedro, no quiero desilusionarte, pero dudo mucho que tus padres lo permitan.
_Si, sé que no va a ser fácil, pero tampoco me pueden llevar por la fuerza. Ya veremos qué pasa, todavía quedan algunas horas antes del anochecer.

Por suerte o por desgracia, Guillermo se sintió mejor en un par de horas. Para ese entonces me tenía entusiasmado la idea de quedarnos solos en Medianoche, sobre todo porque seguramente sería en su habitación y sin Beto entre nosotros. Deseaba desesperadamente volver a hacer el amor con él.
La última vez que fui a verlo no parecía el mismo, estaba radiante y lleno de energía. La exageración de sus sentidos se había serenado para volver a la normalidad y dejar de ser un problema, sin embargo, hubo otros cambios más complicados de entender, aunque estuviera familiarizado con el tema.
_ Mirá esto _ me dijo mientras paseábamos por el límite de los prados. Antes que pudiera parpadear, dio un salto para alcanzar una de las ramas más bajas de un pino, se aferró a ella y quedó colgado sin esfuerzo alguno. Después, muy lentamente, alzó todo su cuerpo y terminó estirando las piernas hacia arriba, haciendo una vertical precisa y exacta.
_ Por favor, decime que sos gimnasta olímpico _ le dije algo nervioso.
_ No. Nunca pude hacer la vertical, y menos sobre una rama. ¿Qué te parece? Estoy en forma, ¿no? Ni en mis mejores sueños podría haber hecho algo parecido.
No podía decirle que me parecía un mal presagio, no era el momento.
_ Guillermo bajá de ahí antes que alguien te vea.
_ Ningún problema. _ se desenredó de su pose como si fuera elástico y cayó de pie, mirándome divertido. _ ¿Ves? Ahora soy más fuerte que un humano común
Me quedé mirándolo sin saber que decir. _ Mis padres suelen hacer esas cosas, yo también cuando la circunstancia me lo exige…
_ Entonces estás admitiendo que estos son poderes de vampiros.
_ No lo sé… No me pidas respuestas que no tengo. Lo único que te suplico es que no hagas públicas tus nuevas “habilidades”, por el bien de los dos.
_ Está bien Pedro. Voy a mantener esto oculto, por el bien de los dos.

Fue una tarea titánica, y completamente inútil, intentar convencer a mis padres para que me permitieran quedarme con Guillermo en Medianoche en lugar de ir a Riverton. Mi padre se mostró terminante, entonces acudí al sagrado privilegio de ser el único hijo, y encima varón. Tenía un poder especial sobre ella. _ ¡Mamá! ¡Por favor! Guillermo no se siente bien, no va a poder ir a Riverton y no quiero dejarlo solo. ¿Es tanto lo que pido?
Se veía nerviosa, esperaba de mí las palabras justas para defender mi causa. _ ¿Y qué van a hacer?
_ ¿Y qué vamos a hacer si Guillermo está enfermo desde la mañana? Nada… Me voy a sentar junto a su cama acompañándolo hasta que Beto regrese. ¡Mamá no puedo dejarlo solo!
Carraspeó antes de hablar, sabía que se enfrentaba a un iceberg. _ Adrián… no creo que sea peligroso que se queden juntos en la academia.
_ Hasta el momento nunca dije que fuera peligroso, pero no es ético. Guillermo es un profesor y Pedro un alumno.
Ella me miró sugiriéndome que me llamara a silencio. _ Adrián, todos saben… Ni la señora Bethany lo objeta, ¿qué se supone que ganás con esta oposición? Se aman, quieren estar juntos y no dañan a nadie. ¿Con que argumento nos negamos? Dame un motivo verdadero para negarte y te voy a apoyar…
_ Franco… _ dijo mi padre. _ Si Franco se llega a enterar que están solos en Medianoche va a volver a atacar. ¿Qué va a hacer Pedro solo y con Guillermo enfermo si Franco atenta contra sus vidas? ¡Es una locura dejarlos solos!
Mi madre pensó en silencio algunos minutos. _ Podemos  dejarles el amuleto.
_ ¡Es que no va a ser suficiente! Van a poder convocarnos pero nunca llegaríamos a tiempo. ¡Celia! No te estás poniendo a favor de Pedro sino de ese maldito demonio llamado Franco
_ Siempre pueden usar el otro conjuro, el de la capa.
Esta vez temí un divorcio. Mi padre la miro seriamente. _ Tu insensatez empieza a preocuparme Celia, nunca te habías comportado así.
La forma en la que lo ignoró me produjo un intenso temor de perderlos como familia, pero ella siguió hablando. _ Hijo, el amuleto tiene un segundo poder y es el de la “capa”.  No los va a volver invisibles como en las películas de ciencia ficción, pero desprende ciertas ondas de energía que enturbian la vista de tu oponente y te dan varios minutos de ventaja. ¿Cuántos minutos? Eso depende de lo adiestrado que esté tu ofensor, pero siempre ayuda.
_ ¿Eso es un sí? _ pregunté eufórico.
Mi madre estuvo a punto de hablar, pero la reacción de mi padre le ganó de mano.
_ ¡No! ¡Definitivamente no! No van a quedarse solos en Medianoche. _ Mi gesto de decepción debió afectarlo en algún punto porque suavizó su mirada y el tono de su voz. _ Lo siento hijo, y no es que no confíe en vos. Además, _dijo mirándome con una mezcla de temor, nostalgia y complicidad_ ya tenés edad para empezar a manejarte solo y tomar tus propias decisiones. _ Debo admitir que esa frase hizo que me ruborizara un poco y bajé la vista pudorosamente. _  Es Franco el que me preocupa. _ Mi padre se acercó a mí y puso sus manos sobre mis hombros. Fue un gesto tan tierno que me ayudó a volver a mirarlo. _ Está resentido y furioso. Primero, el castigo que le impuso la señora Bethany por haber abandonado Medianoche sin la custodia de los profesores lo ha humillado públicamente. Franco Nazarre limpiando los pasillos de la escuela… Y después el enfrentamiento que perdió con vos en el tejado de Gaby. Y no solo perdió, sino que encima lo mordiste. Estoy seguro que la presa favorita de Franco ya no es Gaby sino vos. El odio con el que nos mira cada vez que le pasamos cerca deja en evidencia que si pudiera nos mataría a todos._ Yo sabía que tenía razón en lo que estaba diciendo, pero deseaba tanto volver a estar a solas con Guillermo que no había evaluado esos riesgos que mi padre sabiamente aludía. Bajé la vista entristecido, era una batalla perdida por donde se la mirara, no habría una noche a solas para los dos…  Pero si había un ser caminando sobre la Tierra que supiera lo que es estar enamorado, ese era mi padre. Se rascó la cabeza pensando por algunos segundos que fueron interminables y para colmo mi madre ya no intentaba intervenir a mi favor. _ A ver hijo… _ estaba a punto de ofrecerme algo que seguramente me iba a interesar, entonces lo miré a los ojos esperando el milagro. _ Si Guillermo no se siente bien, podemos eximirlo de su tarea como profesor esta noche cuando viajemos a Riverton. Que vaya como acompañante, no le pondremos ningún alumno a cargo, excepto uno. Vos. Vayan donde quieran, pero los dos juntos, en Riverton, cerca nuestro y con el amuleto. Nadie los va a vigilar, considero que ya son grandes y saben lo que hacen. _ En ese momento recordé que la primera vez que tuve la necesidad de ir más allá con Guillermo pensé que iba a tener que hablarlo con mi madre, nunca imaginé que mi padre se mostraría tan abierto al respecto, y eso me hizo sentir mucho mejor. _ ¿Te parece un buen acuerdo Pedro?
_ ¡Sí! ¡Si, si, si! ¡Gracias papá! _ Me le tiré encima como cuando era un niño y terminé tumbándolo. Le encantó mi reacción. Hacía mucho que no retozábamos de esa manera sobre el piso, trabándonos los brazos y provocándonos cosquillas.
Creo que mi madre viajó en el tiempo porque se quedó mirándonos embobada y estuve seguro que esa nostalgia en su mirada expresaba cuanto sentía que yo hubiera crecido tan rápido.
_ ¡Basta! ¡Basta! ¡Me rindo! _ siempre terminaba ganándome, tenía una fuerza descomunal. Me soltó inmediatamente, pero antes de dejarme totalmente en libertad se dio un lujo que hacía muchos años no se daba. Revolverme el cabello con frescura y desfachatez. _ ¡Noooo! ¡Odio que hagas eso y lo sabés! ¡Basta papá! _ Esta vez me soltó, me ofreció su mano para ayudarme a ponerme de pie, me miró a los ojos largamente y apretándome entre sus brazos me suplicó al oído. _ Por favor cuidate hijo…
No fue lo que dijo, sino como lo dijo, lo que me hizo comprender que de verdad estaba en peligro.

Minutos antes de subir al autobús me volvieron a convocar en el departamento que habíamos compartido los tres antes que comenzaran las clases. Mi madre pasó el amuleto por mi cabeza y se aseguró de cubrirlo con mi ropa de abrigo. Mi padre observaba la escena con una sombra en su mirada. Que me llevaban ventaja en todo no era una novedad, pero esa noche sentí que me ocultaban algo y quise averiguarlo.
_ A ver, quiero que me digan la verdad. ¿Qué  pasa?
_ Nada hijo… _ mi madre siempre trataba de hacer de la vida un paraíso prefecto para mí, pero mi padre tenía otro concepto de lo que era preparar un hijo tan especial para la vida que le tocaba vivir, y no se reprimió.
_ Pedro, estamos seguros que Franco va a volver a atacar esta noche. Ya hablé con Gabriela y con Beto, les pedí que no se separen bajo ningún punto de vista y en lo posible que se mantengan cerca de vos y de Guillermo. Saben que llevás puesto el amuleto, pero si deciden hacerme caso o no, es algo que no puedo manejar. Ocupate vos de eso, mantené a tus amigos cerca tuyo. Ya no se trata de Gaby, todos nos hemos convertido en un blanco para él. ¿Me das tu palabra que vas a saber usar la libertad que te hemos dado esta noche?
Nunca sabré con exactitud si el amuleto palpitó contra mi pecho como una premonición o si estaba sugestionado, pero una leve oscilación que hubiese sido imperceptible para los sentidos humanos hizo que llevara mi mano inconscientemente hacia él. 
_ ¿Qué pasa Pedro? _ Sabía muy bien lo que pasaba, la imagen acababa de cruzarse por mi mente. Los ojos de Franco enrojecidos por la furia y en su iris estaba yo. Evidentemente la información que me había pasado cuando lo mordí tenía sus efectos residuales.
_ Nada, solo quise asegurarme que lo tenía puesto.
No era tarea fácil engañarlos _ Pedro que sentiste _ Nunca vi a mi padre tan pálido como esa noche.
_ ¡Nada papá! No te preocupes, voy a estar bien. Vamos a estar bien, los cuatro, te lo prometo.
Se quedaron mirándome y vi en sus rostros el temor de que fuera la última vez.  No quería preocuparlos más de lo que estaban y el silencio se estaba volviendo sumamente incómodo. _ Bueno, si no les molesta voy por mi novio y por mis amigos, ¿si? Nos vemos en el micro. _ Salí corriendo, acababa de decir “mi novio” inconscientemente delante de ellos y no tenía coraje para ver como decantaba ese desliz. 

Bajé las escaleras atropellado, crucé el vestíbulo a toda prisa y al empujar la pesada puerta de entrada los vi. Estaban los tres juntos esperándome en el exterior.
Gaby tenía una sonrisa que nunca había visto en ella, el primer día que la vi en Medianoche supuse que ese estado lacónico y gris sería su componente crónico, pero gracias a Dios me había equivocado. La llegada de Beto a su vida la había llenado de colores y estaba muy lejos de ser la misma colorada apabullada que rescatamos con Beto de un rincón de la Academia.
Beto nunca dejaría de ser Beto, audaz, desprejuiciado, con ese porte a veces insolente, amistoso y gentil, pero también intimidante cuando algo no estaba donde tenía que estar. Su cabello largo y rubio se agitaba con el viento y tenía los ojos mas azules que nunca. Tal vez ese roce constante y nervioso entre su cuerpo y el de Gaby tuviera algo que ver.
Y finalmente Guillermo…  Hoy que ha pasado tanto tiempo estoy convencido que ni mis instintos sobrenaturales me ayudarían a describir lo que vi esa noche con exactitud. Éramos muy jóvenes, bellos y habíamos hecho el amor solo una vez. Nuestra primera vez.
Recordé la imagen que había cruzado mi mente, la misma que les había ocultado a mis padres, y consideré que la vida sería muy injusta si permitía que uno de los dos muriera cuando nuestra historia de amor recién empezaba a florecer.
Contemplándolo en esa noche estrellada, invoqué a la rosa de mis sueños y acaricié una vez más el prendedor que me había regalado la última noche que pasamos juntos en ese viejo almacén de antigüedades en Riverton. No podía pasar, no iba a pasar. No permitiría que la muerte nos separara. Ninguno de los dos se merecía ese dolor. ¿Sería la rosa de mis sueños el veredicto a nuestro favor o algo que me había adelantado que alguno de los dos se desprendería de su rosal? Al mirarlo contra ese trasfondo de oscuridad y la nada que rodeaba Medianoche, tuve miedo. ¿Qué sería de mi si lo perdía? ¿Y qué sería de él si yo moría en esa noche? ¿Acaso intentaría borrar las huellas de mis besos en otros brazos?  De solo pensarlo, los celos más feroces se atropellaron dentro de mí y sentí ese hormigueo inconfundible en las encías. Respiré profundamente y me obligué a calmarme. El cosquilleo cedió inmediatamente. Por ahora estábamos vivos y juntos, no era necesario seguir imaginando lo que no había sucedido.
Sacudí mi mente para alejar cualquier pensamiento que enturbiara esa noche que recién empezaba y entonces me di cuenta de cómo estaba mirándome.  Sus ojos me recordaron el color del caramelo azucarado y transparente que preparaba mi madre para esparcir sobre los pochoclos cuando vivíamos en nuestro pequeño pueblo y nos preparábamos para mirar películas hasta el amanecer.
_ Pedro…
_ Acá estoy _ Quería abrazarlos a todos, pero era una estatua de sal ante el hechizo de su mirada_ ¿El micro ya llegó?
_ Hace diez minutos que entró _ dijo Beto, pero nosotros seguíamos mirándonos como si no hubiese un cuadro más bello. No existía una maravilla en el mundo que pudiera compararse a observarse frente a frente, cada minuto que pasaba estábamos mas unidos, mas enamorados e introspectivamente juntos. Sin secretos, sin mentiras, sin temores. Irremediablemente enlazados por el tiempo que nos quedara de vida.
_ ¡Vamos! _ gritó Gaby entusiasmada _ ¿Qué están esperando?
Me tomó de la mano y corrimos hasta el micro. Subimos juntos como si él fuera un alumno más, estaba eximido de sus deberes como profesor, salvo conmigo. Parecía haberse tomado esa única tarea con mucha responsabilidad porque no permitió ni por un solo segundo que me apartara de él.
Cada excursión a Riverton era en una catarsis explosiva para los alumnos de Medianoche, pero esa fue increíble. Habiendo terminado los exámenes el micro se convirtió en un pandemónium. Solo unos pocos lograban mantenerse quietos en sus asientos, la mayoría iba y venía por el pasillo intentando interactuar con todos, y eso si que nos favoreció.
Nos hicimos un ovillo en el asiento y amparados por la oscuridad, el ruido y el deambular de los chicos y chicas, nos besamos hasta sentir los labios quemándose en la boca del otro. Por lo poco que pude observar cuando llegamos a destino, Gaby y Beto habían estado recorriendo el mismo camino.
Me alegró ver a Gaby con los labios encendidos y el cabello desordenado. Se lo merecía, había sufrido mucho en Medianoche.
_ Bueno… se supone que no debemos separarnos. ¿Qué hacemos? _ preguntó Beto
_ Para empezar podríamos ir por una cerveza, después vemos. _ Sugirió Guillermo.
Caminamos por las calles de Riverton buscando un lugar donde refugiarnos, pero la noche estaba atestada de alumnos por donde fuéramos. Finalmente Guillermo sugirió ese viejo lugar donde no había demasiada gente y nunca pasaba nada. El mismo en el que habíamos estado el sábado anterior.
De solo verlo se podía comprender porque permanecía solitario. No era lo que se pudiera llamar un espacio glamoroso, pero tenía una cálida sensación de intimidad y con eso nos bastaba.
Pedimos pizza y tomamos cerveza mientras charlábamos despreocupados. Los espacios de los bóxers eran estrechos y eso hacía que una parte del cuerpo de Guillermo estuviera pegado al mío mientras bebíamos, comíamos y charlábamos. Con cada movimiento me rozaba involuntariamente y pese al frío del otoño sentía a cada minuto más calor. Me quité el jersey y aflojé mi bufanda, de buena gana me la hubiese quitado, pero algo me decía que mantuviera oculto el amuleto.
_ ¡Pedro! ¿De donde sacás esa temperatura corporal? _ Me preguntó Gaby espantada al verme en mangas cortas cuando ella todavía no había logrado desprenderse de su abrigo.
_ Soy vampiro Gaby _ dije para salir del paso, no iba a explicarle que me estaba prendiendo fuego a causa del deseo que despertaba en mí el hombre que estaba a mi lado. Hubiese sido bochornoso. _ Y vos deberías quitarte ese abrigo, sino cuando salgamos a la calle te vas a congelar. Beto, ocupate de eso. _ Fue lo único que se me ocurrió para distraer la atención del grupo.
_ Pedro tiene razón colorada. Vamos, sacate ese abrigo. _ Desabrochaba los botones de su chaqueta con tanta sensualidad que sentí que iba a despegar de la silla. Suspiré largamente y me sequé la frente empapada con el dorso de mi mano.
_ ¿Pedro, estás bien? _ Me preguntó Guillermo por lo bajo. _ Estás sudando como si fuera una siesta de verano. _ ¿Pero para qué explicarle? Me limité a mirarlo a los ojos y lo dejé navegar en ellos para que descifrara solo el misterio. Nunca sabré si el calor es contagioso, pero casi inmediatamente él también pareció sucumbir ante una ola de sudor. Desabrochó su camisa y comenzó a apantallarse. Ese era mi chico, lo había comprendido a la perfección. _ ¿Qué les parece si salimos a tomar un poco de aire? _ Preguntó despreocupadamente.

Pagamos la cuenta y salimos a ver que más podíamos hacer en Riverton antes que llegara la hora de volver al autobús.
_ ¿Quieren ir a ver antigüedades? _ Preguntó Gaby a modo de invitación
Beto que caminaba junto a Guillermo detrás nuestro se acercó a él y le susurró al oído _ Yo quisiera enterrarme en algún hotel con ella y arrancarle de una vez por todas esa tristeza que todavía entorpece sus días de tanto en tanto. Cada vez que ve a Franco se paraliza, sigue asustada. Por eso quisiera hacerla mía para siempre, para que sepa que estamos juntos de verdad, para consumar nuestro compromiso y proponerle matrimonio. Todo en una misma noche. Esta.
_ Por favor, no menciones el tema porque me prendo fuego acá mismo. Había pensado en lo mismo, pero si Adrián tiene razón no debemos exponernos. _ Le pasó un brazo por los hombros _ Lo siento amigo, nuestro amor van a tener que esperar hasta que estemos todos seguros.
_ Si, por supuesto. No la expondría por nada del mundo. Juro que ese bicho mal nacido se vuelve a cruzar y lo mato.
_  Si eso llegara a pasar, te ruego que no me quites ese placer. Nunca le he deseado la muerte a nadie, y tampoco quiero que muera, solo quiero que nos deje en paz a todos.  Por eso siento lo mismo que vos, se vuelve a meter con Pedro o con Gaby y lo mato. Te juro que lo mato.
No era algo que me hubiese propuesto pero la excitación que había provocado la constante fricción de Guillermo contra mí en el bar, había alertado mis sentidos y había escuchado sin problemas toda la conversación. Rogaba interiormente que solo hubiese sido eso, porque de no ser así, ese malestar en las encías me inducía a suponer que algo que no deseaba podía llegar a pasar.
El bar que habíamos escogido estaba bastante alejado y todos lo sabíamos. Caminábamos por las calles desiertas tratando de no preocuparnos en exceso, pero alertas.  Faltaban pocas cuadras para llegar al centro de Riverton donde se suponía que debía estar todo el escuadrón de Medianoche. Alumnos y profesores. Yo llevaba mi abrigo y mi jersey colgando de un brazo, todavía no me recuperaba del sofocón, y Gaby caminaba a mi lado colgada de mi brazo libre. Detrás nuestro Guillermo y Beto haciendo de las suyas, dejando salir comentarios que me hacían sonreír mientras agradecía al universo que Gaby no tuviera desarrolladas mis habilidades y no pudiera escucharlos. Estaban hormonalmente alterados.

El amuleto oculto bajo mi bufanda vibró sutilmente contra mi pecho e involuntariamente llevé la mano hacia él. Algo estaba mal, pero no tuve tiempo de avisarles. Estábamos doblando la esquina cuando lo vi caer como un rayo en medio de la noche. Franco estaba ahí con sus colmillos extendidos y una mirada asesina.
No fue fácil reaccionar, pero ya tenía mi mano sobre el amuleto y esta vez no perdí tiempo. Invoqué a mis padres mientras empujaba a Gaby hacia atrás interponiéndome entre ella y Franco que rugía ferozmente ante nosotros mostrándonos sus colmillos de manera amenazante.  
_ ¡Qué belleza! ¡Qué regalo! Todos juntitos y a mi merced…
Guillermo tiró de Gaby y la arrojó contra Beto _ Ocupate de ella Beto. ¡Cuidala! Pedro y yo nos vamos a encargar de este  pobre y lastimoso animal.
_ ¡Pero miren que poderoso se siente el señor Graziani por haber recibido solo una sutil y enamorada mordida! ¿Acaso crees que eso te alcanza para enfrentarte conmigo? ¿Crees que una sola mordida te va a dar la posibilidad de vencerme? _ Sus ojos estaban enrojecidos, su rictus más peligroso que nunca, había venido a matar y esta vez no iba a ser fácil vencerlo. _ Una mordida no significa nada… tonto Graziani.
_ Una no, pero dos si… ¡rata inmunda! _ No solo tuvo el valor de acercarse a él, sino que le incrustó un puñetazo que aun no sé cómo no le voló los colmillos por el aire. Franco trastabilló varios pasos tomándose el mentón con las manos y nos miró sorprendido. El juego había cambiado y no precisamente a su favor.  Para ese instante yo ya me había transformado. Mis colmillos también estaban expuestos y relucían en la noche. Estaba enceguecido de odio, rugía más fuerte que el viento y fue esa noche en la que comprendí que ya no era el vampiro cándido del cual Guillermo se había enamorado, sino un verdadero vampiro. Un vampiro absolutamente capaz de matar.
Miré a Beto y sin necesidad de hablar le supliqué con la mirada que preservara a Gaby de lo que iba a pasar. Sabiamente, él la rodeó con sus brazos y ocultó su rostro contra su pecho con la mandíbula endurecida. Se salía de sus cabales por intervenir, pero había comprendido que su misión era proteger a Gaby.
Me agazapé doblando mis piernas, listo para saltar sobre él, pero la presión de salvar la vida de Guillermo, la de Gaby y la de Beto me jugaban en contra. No solo debía ir sobre él, tenía que cuidar de mis amigos y de la vida de ese hombre que amaba hasta la locura. Él era consciente de mi debilidad y supo cómo usarla, me ganó de mano y se lanzó contra mí como un demonio. Logró inmovilizarme y me apresó contra una pared. Forcejeamos por algunos segundos y cuando pensé que ese podía ser mi fin, una mano lo tomó por la espalda y con un envión de dudosa fuerza humana lo hizo arrastrar por el medio de la calle.
Franco era malvado, vampiro y asesino, pero de tonto no tenía nada. Mientras se incorporaba nos hizo saber que nuestro secreto ya no era tan secreto. _ Lo estás transformando Beggio… ¡Qué asco tu amor! ¡Lo estás convirtiendo en parte de esta raza que no encuentra paz sobre la Tierra! ¿A  eso le llamás amor? Si en verdad lo amaras no lo someterías a semejante tortura, a deambular sin rumbo, a ver morir a tus seres queridos, a no tener el derecho de morir junto a ellos.
_ Que equivocado estás Franco… _ Fue una fortuna que él pudiera hablar por mí, esas palabras me habían calado hondo. Había logrado su objetivo, me había llenado de culpa. _ Pedro no me está convirtiendo en  vampiro, soy yo el que está decidido a transformarme para pasar el resto de mi vida con él. Porque lo amo, porque lo respeto, porque no hay nada mejor que estar a su lado. A ver… contame. ¿Hay alguien que sienta eso por vos? Porque estoy convencido que inspirás exactamente lo contrario. Conociéndote, creo que la gente que te rodea desea morir para no verte nunca más.
Seguramente tocó sin saberlo su punto más débil, esa soledad en la que vivía desde hacía años. Se enfureció tanto que rugió y se revolcó sobre el asfalto. Cuando finalmente se puso de pie, supe que iba a ser a matar o morir. Saltó sobre nosotros con tanta crueldad que me tomó por sorpresa. Han pasado muchos años, pero aun no tengo en claro las imágenes de esa noche. Mi inquietud por la vida de Guillermo, Gaby y Beto me dejaba en inferioridad de condiciones. No tenía las mismas fuerzas que tuve la noche que lo enfrenté en el tejado de Gaby, estaba debilitado y él lo sabía. Me tomó por el cuello y arrastró mi cuerpo junto al suyo por la pared hasta llegar a la parte alta de la construcción.  _ ¡A ver hasta dónde llegan tus nuevos poderes Graziani! ¡Vení si sos capaz para salvar al amor de tu vida!
Era obvio que Guillermo no podía trepar la pared. Franco apretaba mi cuello ferozmente, el aire en mis pulmones se estaba agotando y no conseguía liberarme. Estaba decidido a asesinarme, pero era tan perverso que dilatar el momento intensificaba su placer.
No dejaba de luchar, pero esa noche él me estaba ganando la batalla. Su fuerza superaba todos mis intentos, como si hubiese bebido sangre humana antes de ir por nosotros. Pensé que ese podía ser el final y sentí piedad por Guillermo, tal vez iba a verme morir. Miré las constelaciones que tanto me habían acompañado y exhalé la última ración de aire que tenía en los pulmones. A punto de darme por vencido recordé el poder de la capa del que me había hablado mi madre y llevando mí mano al amuleto lo invoqué. Franco se desequilibró por un instante y perdiendo el control se vio obligado a soltarme. Caímos juntos sobre la acera, pero mientras yo recuperaba mis fuerzas él se revolcaba rabioso contra el suelo. No podía ver con nitidez y rugía enfurecido maldiciéndome. _ ¡Voy a matarte Beggio! ¡Juro que voy a matarlos a todos!
“¿Cuánto puede durar? Eso depende de lo adiestrado que esté tu oponente” había dicho mi madre. Evidentemente, Franco estaba muy bien adiestrado. Más rápido de lo pensado se recuperó y se arqueó dispuesto a saltar de nuevo sobre mí, cuando dos fuerzas se abalanzaron desde el aire contra él.
Sentí el impacto como una explosión de energía que pegó mi espalda a la pared, pero inmediatamente llegó la liberación.
_ ¡Corran! _ La voz de mi padre fue inconfundible.
_ ¡Pedro, hacele caso a tu padre! ¡Corran hacia el micro! ¡Váyanse de acá! ¡Ya! ¡Ahora!
Pocas veces mi madre me hablaba de esa manera, por eso no dudé. Tomé a Guillermo de la mano y junto a Gaby y Beto corrimos hacia el autobús.
En el camino logré que mi trasformación retrocediera, volví a tener aspecto humano pero estaba preocupado por mis padres. ¿Dónde estarían? ¿Qué les habría pasado?
_ Tengo que volver…
_ Vos no vas a ningún lado, Pedro. Vos vas a hacer lo que tus padres te ordenaron, ponerte a salvo en el micro.
_ ¡No voy a dejarlos solos!
_ No están solos, están juntos y estoy seguro que Franco no va a poder contra los dos. Vamos Pedro, por una vez en tu vida se obediente. Si vos estás ahí los vas a debilitar como Gaby, Beto y yo te debilitamos a vos esta noche. Sentí tu miedo, tu temor de no poder protegernos y eso casi te cuesta la vida, no les hagas lo mismo a tus padres. Vamos…
Estaba muerto de miedo, nos sentamos en el autobús, me abracé a él y lloré.
_ Bien hecho bonito… Muy bien hecho. Luchaste como un héroe. Me siento orgulloso de vos, Pedro. _ Susurró por lo bajo sin dejar de acariciar mis cabellos. Me abrazaba cálidamente y hoy, después de tantos años, podría jurar que ese abrazo fue uno de los más relevantes de nuestras vidas. Habíamos estado a un instante de perdernos pero volvíamos a estar juntos. Evidentemente, Dios, el universo, la creación o como sea que se llame, ya había decidido que permaneceríamos juntos para siempre.
No pude siquiera levantar la vista, abrazado a él lloré un largo rato hasta que, para mi tranquilidad, los vi subir al autobús.
Llegaron diferentes, desdibujados… pero cuando me miraron, ese miedo que me había rodeado los últimos días desapareció inmediatamente. En ese momento, y sin saber porque, sentí que ya estábamos todos a salvo.

CONTINUARÁ

7 comentarios:

  1. No hay palabras para describir lo que siento al leer medianoche es desde ya un clásico y aunque confieso que TEATRO es mi talón de aquiles , medianoche no se queda atrás FELICITACIONES GUILLERMINA PEDRIS mara rosas

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. ¡Gracias Mara! Este capítulo se vio demorado por diferentes circunstancias y que lo hayas disfrutado es una caricia para el alma. No se si sos consciente de lo bien que hacen tus palabras... Nuevamente gracias!

      Eliminar
  2. De más esta decir que "valió la pena la espera" ;) Hermoso capítulo! (obvio que lo leí ayer). Bien extenso como me gusta, para disfrutarlo más. Me encanta ese Guille cambiando, como nene con juguete nuevo con sus "habilidades" y también me gusta Pedro con su doble personalidad, por un lado una "criatura furiosa" cuando hace falta y un tierno y sensible cuando todo termina. Me encanta esta historia diferente ;) La extrañé un montón! (parece que hace mil que no la leo). GRACIAS Sandra! Sé que no es fácil en estos momentos, pero aún así estas! Gracias! Gracias! Gracias! Besos Romina

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Gracias a vos Romi, por tu paciencia, por tu pasión, por estas palabras tan bonitas que me empujan a seguir escribiendo. Gracias por la compañía, por no dejarme sola, por comprender mis tiempos en medio de las vicisitudes que la vida nos hizo vivir. ¡Gracias por estar! Tu pasión es contagiosa y eso es lo que hace que ya esté en camino la continuación de este capítulo. ¡Abrazote Guilledrista y una vez mas, gracias totales!

      Eliminar
  3. Respuestas
    1. ¡Gracias Vale! Estoy en deuda con vos amis... ¡Infinitamente gracias por no dejarme sola en esta nueva aventura! ¡Abrazote Guilledrista!

      Eliminar