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sábado, 15 de abril de 2017

"EN UN AÑO, NUEVE MESES Y VEINTISÉIS DÍAS" - Parte II - Cap.2 (segunda parte) - By Daniela Maurice








Capítulo 2
                               
                            Cuando tú llegaste
                                     (Parte 2)

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.
Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.
Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos...

Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo, porque yo te quiero.


                                                   No te rindas

                                                         Mario Benedetti.

Guillermo despertó en medio de  esa noche dominado por un miedo que no lo dejaba respirar... El sueño le era esquivo y su cuerpo temblaba. No podía dejar de pensar en la discusión que había tenido con Pedro el día anterior y lo contemplaba tan hermoso debajo de las sábanas que apenas cubrían
 su desnudez. En ese momento sintió que la confusión lo invadía. Se volvió un poco más a su amor, sus caricias se derramaban en su vientre despacio y el deseo inconsciente se agolpaba en su interior. ¿Qué es esa lucha interna que se debate dentro de uno? Él la conocía muy bien. Recordaba las de Pedro cuando no sabía qué hacer con sus sentimientos que comenzaban a nacer dentro de él. Esa lucha interna de entregarse al deseo o frenarse ante la razón. Y una vez más parecía que la razón le ganaba al deseo. Se abrazó a su vientre  y hundió su rostro en él, dejando caer una a una sus lágrimas.
Pedro despertó y verlo así le impactó de pronto. Se incorporó apartándolo con cuidado. Guillermo se incorporó en la cama hasta quedar frente a frente. Pedro abrazó sus manos  a las suyas buscando su mirada despacio.
_ Mi amor ¿Qué pasa? - le inquirió despacio abrazando su rostro entre sus manos.
Sus palabras se ahogaban. En ese momento, rompió en un llanto incontrolable
Pedro lo abrazó con fuerza sin dejar de abrigarlo en su amor. Se apartó de él despacio sin dejar de hablarle
_ ¡Shhh, mi amor! Todo va a estar bien - le decía mientras acercaba su rostro al de él sin dejar de abrigarlo en sus caricias.
_ Perdoname por la discusión que tuvimos.
_  No, no hablemos de eso ahora. Ya está olvidado.
_ No, yo necesito que lo hablemos. Vos pensás que a mí no me importa, que me comporto como un egoísta, pero no es así. Me duele... me duele saber que no puedo engendrar un hijo en tu vientre.
_ Mi amor, eso no me importa. Yo sé que hay otras formas de que podamos tener un hijo.
_ No, es una locura todo eso.
_ No, no lo es. _ Pedro se llamó al silencio y se colocó de espaldas a él. Llevó su mano a su vientre y le dijo:_ Cerrá los ojos.
_ ¿Qué estás haciendo?
_ Vos me dijiste una vez que el amor era un acto de fe.
_ Sí, yo te lo dije… ¿pero qué tiene que ver?
_ Soñemos, por un momento, que tengo un bebé creciendo dentro mío, un bebé nuestro.
_ ¿Vos te volviste loco?
_ No entendés - le dijo volviéndose hacia él - vos me enseñaste que todo es posible. Si tenemos fe desde nuestro amor, que podemos tener un bebé que sea nuestro, vamos a poder lograrlo.
_ ¿De qué forma? ¿No se te metió en la cabeza que te puedo dar un hijo naturalmente?
_ No, ya sé, obviamente que de esa manera no podemos - le dijo sonriendo -  Pero estoy seguro, que en alguna parte, hay alguien con quien podamos hacer que ese hijo sea posible.
_ ¿Nuestro? - le inquirió sonriendo.
_ Nuestro.
Pedro le sonrió y se acercó a él despacio abrazando sus labios a los suyos.
_ ¿Y si lo buscamos ahora? - le inquirió Guille adentrando su lengua en su boca.
_ ¿Quien se volvió loco ahora?
_ Callate  - le dijo acostándolo en la cama - Vos empezaste.
Se recorrían con la mirada y se respiraban en el mismo aliento. Pedro se aferró a su espalda enredando sus piernas mientras abrazaban sus bocas y dejaron que el fuego una vez más los consumara.

Pedro no estaba preparado para volver a ver a Teo, aunque estaba lejos de imaginar que su prima volvería a Buenos Aires. Hacía diez años que no
 se veían y muchas cosas habían pasado en la vida de ambos. Y era extraño, intentaba llevar su mente en lo que estaba cocinando pero ella se atravesaba
en sus pensamientos. Pensar en ella o estar concentrado en  hacer el desayuno daba lo mismo. Lo único que aliviaba sus sentimientos era ocuparse en Fabián. Desde que había llegado todas sus fuerzas se colapsaron y entró en una fiebre que nada lo curaba. Despertaba por momentos y apenas podía hablar.

Entró a la habitación y dejó a un costado la bandeja honda con agua y vinagre
y se acercó a él. Su cuerpo permanecía inmóvil con los ojos cerrados, respirando con dificultad. Corrió su pantalón y subió la remera para ir colocando los paños de agua y vinagre. En ese momento, Pedro tomó sus manos y sus dedos temblaban. Se detuvo a recordar sus palabras cuando había llegado pero se rehusaba a creerlo. Estaba convencido que al despertar su reacción volvería a ser la misma. Que lo hubiera llamado papá no podía ser verdad. Aunque nunca había esperado que lo viera como un padre,  sus palabras habían llegado a su corazón. Las sentía de la misma manera que sentía que los sentimientos en Fabián habían cambiado.
Fabi hizo un movimiento y movió sus manos. Entreabrió los ojos, cuando sus miradas se encontraron. Todo se nubló a su alrededor y apenas captaba su presencia.
_ Papá… _ musitó
_ Tranquilo.  No te esfuerces.
_ Papá, perdóname - musitó de nuevo.
_ Tranquilo - insistió él. _ ¿Querés que llame a tu papá? _ le inquirió, mientras abrazaba fuerte su mano.
_ No _ lo veía levantarse, cuando con su mano lo detuvo. _ Vos, por favor, perdóname.
_ Fabián. No tengo nada que perdonarte. Todo va a estar bien _ agregó acariciando despacio su frente.
_ Perdoname papá.
Pedro no dejaba de sostener su mano cuando él la aprisionó con más fuerza.
La llevó a su pecho. Apoyó su mejilla en su mano y sintió que un alivio lo abrigaba en su interior.
Comprendió que de quien hablaba era a de él. Sus ojos se cubrieron de lágrimas.
Acercó su rostro y besó apenas su frente. De repente sintió que un calorcito se colaba en su interior. Sentía la necesidad de protegerlo. Nunca había experimentado una sensación igual. Era un sentimiento que lo aliviaba, que lo transportaba a otro mundo, que lo salvaba de todo el dolor que un día lo había ahogado. Aún así no podía comprender lo que estaba sintiendo.
Volvió a darle un beso suave en su frente y abandonó la habitación.

Guillermo acababa de despertarse. Se fue hacia a la cocina. Pedro había dejado el desayuno sobre la mesa.  En ese momento sintió que una sensación de ternura le embargaba el corazón al ver el esmero con que lo había hecho. Había dejado las dos tazas de café junto a la mermelada que a él gustaba y las tostadas recién hechas.
Se detuvo un momento a observar, lo conocía muy bien. Era como su ritual. Cada vez que despertaba después de hacer el amor tenía más apetito de lo habitual.
Se volvió hacia a la heladera y sacó el queso y la torta de chocolate que había dejado el día anterior. Tomó la bandeja y regresó a la habitación.
Dejó la bandeja en la mesa que estaba a unos pasos de la cama, fue hacia la ventana y apartó apenas las cortinas. La radio estaba encendida, se había acostumbrado a oír a Chabuca Granda y el somos novios. Era como respirar su esencia, vivirlo, tener a su amor cuando por unos segundos se mantenía ausente.
Pedro volvió a la habitación cabizbajo y con la respiración acelerada. La situación de un momento atrás lo había desbordado. Guillermo se acercó hacia él y tomó su rostro entre sus manos.
_ Mi amor ¿Qué paso?
Pedro se mantuvo en silencio y se volvió hacia la cama. Guillermo lo siguió con la mirada y frunció el ceño en una actitud de desconcierto. Se acerco a él. Apoyó sus manos en su frente y abandonó sus caricias sobre su cabello. Apenas corrió los pelos rebeldes que cubrían sus ojos, cuando sintió que su piel quemaba. Temblaba y de repente sintió que un escalofrío lo recorría de pies a cabeza como una espada de doble filo que lo rozaba lentamente.
No se detuvo a pensar. Apresuró el paso hacia el armario y extrajo una manta.
En ese momento sintió que un pánico lo dominaba, no podía con la situación de ver a su hijo y al hombre que amaba en el mismo estado.
Lo cubrió con la frazada pero aun así, Pedro continuaba temblando. Lo cubrió de caricias despacio y lo aferró fuerte a él para calmarlo. Pedro sintió el calor en su cuerpo y de a poco el temblor desaparecía.
Se dio vuelta y se incorporó en la cama. Guillermo no se atrevió a preguntarle nada. Sabía que necesitaba tiempo, comprender lo que le estaba pasando. Que su mente pudiera traducir lo que su corazón no podía.
Fabián no había cruzado en su mente ni por segundo. Fue mucho antes a la habitación y la fiebre había cedido. Ahora solo descansaba en un sueño tranquilo y reparador.
Abrazó su mano con fuerza y esperó a que él pudiera hablarle.
_ No sé que me pasó, no entiendo.
_ No te esfuerces.
Pedro hizo silencio y luego le dijo:
_ Fui a verlo a Fabián para ayudarlo a bajarle la fiebre.
_ Bueno, pero eso no es motivo para estés así mi amor. _ Llevó la mano a su cabeza y fue corriendo su pelo._ Está bien. Me gusta que cuides a mi hijo. Nuestro hijo.
_  Es que, es precisamente de eso. No sé si fue la fiebre pero no dejaba de pedirme perdón y en un momento… me dijo papá.
_ Mi amor, eso es hermoso. Yo te dije que para él iba a ser difícil… pero te fue aceptando de a poco.
_ No, yo no creo que lo merezca.
_ ¿Por qué?
_ Cuando se le pase la fiebre va a volver a ser como antes. Ana le quemó la cabeza en contra mío y quizás tenga razón.
_ Ana no tenía porque llenarle la cabeza. Y en parte fue mi culpa, yo tendría que haberlo cuidado, ayudarlo a que él comprendiera de a poco, con sus tiempos, sin que nadie interviniera.
_ ¿Ah... él lo aceptó? ¿Cuándo vos ibas a casarte con él…  Fabián lo aceptó?
_ Eso no tiene importancia ya. Él fue comprendiendo que mi forma de amar fuera diferente, por eso pudo asimilar verme con él… eso fue todo.  Pero con vos sé que fue distinto. Lo conozco, es duro igual que yo. Le cuesta afrontar lo que le pasa. Cuando yo creí que te había perdido, pensé que era el único que estaba sufriendo y cargando con ese dolor tan grande.
_ ¿Qué me querés decir? ¿A él también le dolió mi muerte?
_ Sé que fue así. Él mismo me confrontó porque no le dije que estabas vivo.
_ Es demasiado que él me vea de esa manera.
_ Para mi es maravilloso. Mi amor - le dijo llevando su mano a su rostro - ya sufrimos mucho con todo lo que pasamos y merecemos estar juntos como una familia los tres.
Guille tomó sus manos y la llevó a sus labios, Pedro se acobijó en sus brazos.
_ Yo siento lo mismo, lo siento nuestro hijo.
_ Lo sé mi amor, lo sé.

Al cabo de unos días Fabián fue recuperándose, se mantenía tranquilo y lejos de cualquier pensamiento que en el pasado lo hubiera afectado.
Durante ese tiempo, por su parte, Teo buscó en los lugares donde sabía que podía encontrar algún dato de Pedro.
Al llegar al estudio, las dudas que la habían acompañado en todo un año se disiparon por completo. Al principio Gaby dudaba de hacerle saber dónde podía estar su primo. No comprendía por qué, de repente, había aparecido de la nada. Sin embargo, Octavio que había llegado a conocerla en el primer año de facultad en que conoció a Pedro terminó por convencerla que no había ningún peligro.

_ Fabi, te despertaste… _ Pedro se sorprendió al verlo a entrar en pijama, descalzo. Lo creía aún bajo el estado de fiebre y que despertase así bruscamente solo haría empeorar su estado.
_ ¿Me levanté muy tarde? _ inquirió mientras se acercaba hacia donde él estaba preparando el desayuno...
_ Recién son las nueve y media._ Los dos intentaban llevar una conversación amena y totalmente casual. Estar a solas era una situación incómoda para ambos. Pedro no sabía qué decirle y, aunque había estado bajo una fiebre infernal, Fabián recordaba claramente las palabras que había dicho.
_ Sentate, yo ya termino de hacer el desayuno.
_ Yo antes quería hablar con vos… _ sus palabras se acortaron cuando sintió que llamaban a la puerta. Pedro trató de evadir la situación y le hizo un gesto que ya volvía, y se fue hacia la entrada.

Teo estaba detrás de la puerta pero no lograba tranquilizarse. No podía imaginar la reacción de su primo al volver a verla después de diez años y presentarse allí de imprevisto era una situación que la llenaba de miedos.
Pedro abrió la puerta y apenas pudo reaccionar. Al principio la miró como si se tratara de una completa desconocida. Se veía bastante cambiada, vestida con una remera de tiras finas y una pollera acampanada que parecía imitar las vestimentas de las gitanas.  El negro de sus pupilas bien dilatadas. Su pelo era el mismo, oscuro… de un color negro azabache que caía en bucles y en cascada, pero más largo y abundante.
Su imagen se volvió difusa ante sus ojos cuando los gestos de su mirada se fueron aclarando en su mente y  comprendió que era ella. Teo entró con un aire tímido mientras él  se volvía hacia dentro sin poder mostrar otro gesto que no fuera de asombro. Por unos minutos permanecieron en silencio, mirándose. Teo se acercó a él despacio y fue ahí que las lágrimas se ahogaron en la mirada de ambos.
Teo llevó a ambos a su rostro y apenas pudo decirle:
_ Mi niño, sabía que no podía ser verdad. _Pedro se apartó un poco
_ Teo, no puedo creerlo. ¿Cómo supiste que estaba acá?
_ Fui al estudio donde trabajabas y justamente lo encontré a tu amigo Octavio y me dijo dónde podías estar. _ Pedro hizo silencio ante sus palabras y ella en un arrebato de impaciencia lo abrazó con fuerza
_ Supiste… lo que me pasó - le dijo unos segundos después
_ Si, gracias a Marcial - le respondió con un dejo de molestia.
_ Marcial - pronunció acentuando un tono de grave de molestia. Él sabía que tenía razones para sentirse de esa manera. Aún no podía perdonar el gesto de generosidad que había tenido con Camila en el juicio. Aunque le sorprendía el tono que su prima había utilizado con el primo de ambos. Ella no podía saber nada.
_ ¿Por qué Marcial te lo dijo?
_ Era el único que podía decírmelo. Octavio me dijo que estaba New York cuando se enteró y lo había sabido por uno de tus compañeros cuando se volvió para acá.
_ Marcos. Aun no entiendo, me sorprende que Marcial haya tenido ese gesto con vos.
_ Me resultó molesto  y me enojé con él sin razón. En todo estos años que no lo veía, que me llamara solo para decirme que vos te habías muerto, me dio tanta rabia que descargué toda la culpa en él.
_ Yo tengo más razones para estar así con él que vos. _ Hubiera seguido dando largas al asunto cuando apareció Guillermo. Él la miró desconcertado, su presencia lo incomodaba. De pronto sentía que los celos se le subían por los poros al ver como sostenía apenas los dedos de su amor. Teo le sonrió apenas y se volvió hacia él. En ese momento lo abrazó con efusividad. El abrazo lo tomó por sorpresa.
_ Tu eres Guillermo.
Él se mantuvo en silencio por unos segundos y luego prosiguió.
_ No comprendo.
_ Mi amor, ella es mi prima, Teo.
_ Disculpa… yo vine de imprevisto y me presente así. Es que mi primo Marcial me habló de vos también. Después Octavio me contó toda la situación por la que habían pasado.
_ Está bien.
_ ¿Te vas a quedar acá? - le inquirió su primo en un tono inofensivo.
_ Solo necesitaba saber que lo que Marcial me había dicho de vos no era cierto. Aunque ya que estoy acá debería ir a ver a mis padres. Hace años que no los veo.
Pedro no esperó que le diera una respuesta. Se acercó a ella y le tomó las maletas para convencerla que se quedara. Guillermo no le opuso ninguna objeción, aunque Pedro le decía que la casa era de ambos, no le parecía correcto emitir alguna opinión. Sin embargo la presencia de Teo no le molestaba y con el paso de los días se fue acostumbrando a ella, le gustaba escuchar las historias que ella había traído del otro lado delmundo.

Se abrigaron en la noche, abrazados, desnudos entre las sábanas. Pedro se abrazó a su pecho embriagado a la felicidad que ya nunca los dejaría.
_ ¿Crees que sea ella?
_ ¿De qué hablás?
_ Mi prima me hizo una vez una promesa, que si un día no encontraba a esa mujer con quién formara una familia, ella iba a darme un hijo.
_ Mi amor, yo te dije que tener un hijo de esa manera es complicado y no podés pedirle a tu prima que tenga ese hijo que los dos deseamos.
_ ¿Deseamos? - Pedro se incorporó apenas en la cama y le sonrió. - ¿No era que Graziani no quería tener un hijo conmigo?
_ ¿Cuándo te dije eso, mi amor?  Yo te dije que me dolía saber que no puedo darte un hijo naturalmente.
_ Mi amor… - se abrazó mas junto a él pegando su mejilla a la suya, abrazando sus manos a sus manos. - Yo te entiendo. ¿Sabés lo que hubiera significado para mi  sentir nuestro bebe dentro mío, un pedacito tuyo? Y no quiero renunciar a ello, quiero que tengamos a nuestro a hijo.
_ Yo también lo quiero, te lo prometo mi amor.

Teo había notado una actitud extraña entre los dos. Por momentos parecía que su primo deseaba hablar abiertamente con ella, como cuando eran chicos y se contaban todo. Sin embargo nunca se daba la ocasión. Intuía que algo pasaba y necesitaba saberlo.
Se sentaron los tres en la sala como lo hacían habitualmente. En ese momento Pedro se excusó hacia la cocina, no obstante, a los ojos de su prima no había escapado el estado de nerviosismo que había percibido en él. El mismo estado que veía en Guillermo. Ella, obviamente no podía saber de qué se trataba pero él sabía perfectamente cuál era la causa. Seguía sin poder estar de acuerdo con él. Le parecía una idea descabellada pedirle a Teo que fuera la madre que ellos necesitaban para tener a su bebé.
Teo tanteó en el silencio buscando el momento preciso para hablar y miraba de a ratos hacia la cocina.
_ ¿No te parece que mi primo está muy extraño actualmente? - le inquirió intentando verse casual.
_ ¿Extraño? Yo no lo noto para nada extraño ¿por qué me lo preguntás?
Hizo una pausa. Había dudado en lo que diría pero se daba cuenta que se le haría difícil llegar a la verdad de lo que estaba pasando si ella misma le daba vueltas al asunto.
_ Está bien, voy a directo al punto. Los noto muy nervioso a los dos desde hace días.
Guillermo ahogó un suspiro hondo, sentía que los latidos de su corazón se aceleraban. ¿Cómo haría para salir de esa situación? Por suerte, Pedro había vuelto…
El silencio continuaba en torno a ellos cuando Pedro inquirió:
_ ¿Pasó algo?
_ No, solo que le preguntaba a Guillermo por qué estás muy nervioso últimamente.
Pedro no le dijo nada. Apoyó tímidamente con cuidado la bandeja con café y la tarta recién hecha, y desvió su mirada. Ambos se miraron en una cómplice tensión. De pronto, Pedro se detuvo un segundo a pensar  y llegó a la misma conclusión que él. Era demasiado comprometido exponerle a Teo el deseo que ella pudiera ser esa posibilidad de tener a su hijo. Habían pasado muchos años
¿Cómo Teo podía recordar entonces la promesa que un día le había hecho?
Aceptó sin prejuicios que amaba a una persona de su mismo sexo y que estaban casados, pero no dejaba de entrar en él el temor que pudiera rechazar la idea de dar su vientre para tener a su bebé.
_ Yo lo sé _ respondió Pedro tímidamente con las manos inquietas sobre ambas piernas.
_ No quiero que sientan incomodidad con mi presencia. Si hay algún problema entre ustedes y necesitan estar solos…
_ No _ la interrumpió Guillermo. No sabía lo que iba a hacer pero las oportunidades solo pasan una sola vez. Se daba cuenta que sus mismos miedos lo habían arrastrado a Pedro y a él a toda esa pesadilla que los sumió en un abismo. No dejaba de culpabilizarse y no estaba dispuesto a cometer el mismo error. _ Con Pedro discutimos una situación, mejor dicho, un deseo que quisiéramos que se concretara… pero sin vos sería imposible.
_ Lo que Guille te quiere decir, es sobre la promesa que un día me hiciste.
Teo se detuvo en sus pensamientos tratando de indagar en su memoria. De repente como un golpe certero, le vino la imagen de Amaia y sus palabras. Ahogó un suspiro hondo al comprender a dónde querían llegar. Sintió que una sensación de ternura le embargaba el pecho.
_  Recuerdo la promesa que te hice _  respondió mirando fijamente a los ojos de su primo.
_  Pero me la hiciste pensando que yo podía amar a una mujer.
_ Eso no me importa. Sabía que era un deseo tuyo en ese momento. Además ustedes se aman.  ¿Es eso lo que ustedes desean, un hijo biológico? _ Los dos se llamaron al silencio. Se les hacía imposible hablar y los sentimientos se entremezclaban dentro de los dos, haciéndose confusos. _ Voy a cumplirla. Si ustedes desean que yo sea esa mujer que pueda llevar en su vientre a su bebé, así será.
_ No, no puedo pedirte eso. Vos aun no pudiste tener tus propios hijos. ¿Cómo vas a hacer para tener un bebé de Guille y mío cuando después tienes que dárnoslo?
_ Pedro tiene razón
_ Yo ya les conté  mi trabajo en África. Para mi esos niños son como mis hijos. Yo ya me siento madre con ellos y, además, nunca tuve el deseo de tener hijos propios. Estoy preparada psicológicamente para tener su bebé.
_ Pero ese ese tratamiento es muy complicado.
_ Lo sé Guillermo, pero tengo un amigo colega que nos puede ayudar. Lo primero que tendría que hacer es hacerme un estudio de Serología para saber  que no tengo ninguna enfermedad que pueda afectar el embarazo. Tengo tu misma sangre, soy Beggio también, y el bebé llevaría la sangre de los dos.


     Dos meses después

El examen dio positivo. Pedro no lo podía creer y no dejaba de mirar el resultado del análisis tan solo entregado hacía dos semanas. Lo llevaba celosamente consigo y lo dejaba junto a la cama sobre la mesita de luz. A Guille le costaba todo el tiempo convencerlo que dejara el documento, el único que no era capaz de perder porque se trataba de su bebé…
Las noticias en el estudio continuaban igual sin ningún movimiento que alertara algún peligro. Octavio no dejaba de darle información de cómo iban avanzando su causa con Gaby. Los dos ya se habían hecho amigos y eran casi inseparables.
Aun así, ninguno de los dos se detenía a pensar en los casos ni en todo lo que había pasado en el pasado. Solo se ocupaban de que la habitación estuviera acorde para la llegada del bebé y de cuidar a Teo, pues era, a sus treinta ocho años, un embarazo de riesgo pero nada que pasara a mayores.
Pedro acomodó la cuna de moisés a unos pasos de la cama. Se detuvo a mirarla y la contemplaba con ansias. No podía esperar a que el día llegara y tener a su bebé en sus brazos. Imaginarlo en su cuna abrigado en un sueño mientras juega con sus manitos pequeñas. Cerró los ojos cuando sintió que sus manos se abrazaban en torno a su cintura. En ese momento su amor inclinó su rostro y lo besó en la mejilla.
_ ¿Ya es Diciembre?
_ Sí, lo es.
Guillermo sabía porque lo decía, porque recordaba un año atrás. Recordaba esa separación que se estrechaba entre los dos como un mar separa dos continentes, y le parecía mentira que ahora estaban juntos esperando a su hijo. Guille se apartó un poco mientras podía oír la música de fondo en la habitación.
_ Estás escuchando mucho esa música.
_ Es un cantante italiano, a Teo le gusta _ le respondió mientras se volvía a la cama. _ Gianluca Grignani
_ ¿Luca no se llamaba el protagonista de tu historia? -le inquirió mientras continuaba doblando la ropa que sería del bebé.
_ Si pero ¿por qué me lo preguntás?
_ Estaba pensando en el nombre de nuestro bebé. Creo que ya sé cómo podríamos ponerle
Estaba por decírselo cuando Fabián entró en la habitación. Su padre lo miró en un gesto cómplice y se levantó de la cama.
_ No quería interrumpirlos.
_ No, está bien - repuso Pedro
_ Yo los dejo, ustedes dos tienen que hablar
Fabián apenas se acercó. Se sentía fuera de lugar. Pedro comprendía su nerviosismo y se levantó de la cama acercándose un poco hacia él.
_ ¿Necesitabas hablar conmigo?
_Es por lo que pasó la otra vez. Con todo lo del bebé no me animaba a hablarlo. No sé si te acordás lo que te dije cuando tuve esa fiebre.
Pedro bajó la mirada
_ Perdón, no quería incomodarte.
_ No, está bien. Comprendo que estabas mal en ese momento.
_ Es que yo se que lo dije porque lo siento. Yo se que te trate mal ese día que dormiste en mi casa.
_ Eso ya no importa Fabi.
_ Es que yo no quise actuar así. Sé que mi papá te ama y lo importante que sos para él. Yo lo entiendo ahora.
_ Está todo bien, no quiero que te culpes. Sé que fue difícil para vos todo lo que pasó.
_ Pero hay algo que quería decirte. Cuando todos pensaron que te habías muerto yo sentí...  que había perdido a mi papá y me di cuenta tarde de eso.
Pedro ahogó el llanto que sentía subir por su garganta y sus ojos se cubrieron de lágrimas.
_ ¿Es tarde para que me perdones?
_ Yo no tengo nada que perdonarte. Yo te quiero y es lo único que importa.
Fabián se acercó a él, lo abrazó con fuerza y dejó que sus lágrimas se derramaran en él.
_ Yo también te quiero papá
_ Yo también hijo.

CONTINUARÁ

6 comentarios:

  1. Hermosa historia Daniela y muy tierno el capítulo. Este es el Fabián que siempre quisimos ver, un hijo que acepta la felicidad de su padre. ¡Y bienvenida Teo! Su generosidad permite que el sueño más bello se convierta en realidad. ¡Gracias Dani! ¡Felicitaciones!

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  2. ¡¡ gracias a vos !! por seguir transitando nuestros caminos

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  3. Dani... nunca bajes los brazos. Tus historias son herrrrmosas!!! Mi corazón Guilledrista te agradece infinitamente las garras que le ponés para defender nuestra trinchera. ¡Un abrazo inmenso linda!

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  4. Mi gran amiga que mamera tan magistral de narrarmos esta historia hermosa que nos describe lo que debio ser la ternura al máximo esas lágrimas de Guille fueron las mias y Fabian que encuentro tan bello mil gracias

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  5. Felicitaciones Daniela siempre valoro el esfuerzo y tu imaginación en tus ficciones
    Mara rosas

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  6. gracias a todas ustedes que día a día construimos este espacio porque seguimos creyendo en los sueños.

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