
MEDIANOCHE
(Libro de anclaje: “Medianoche” – Claudia Gray)
PARTE I - “EL ENCUENTRO”
CAPÍTULO 18
Con los primeros días del invierno llegaron las lluvias y la nieve. Aguaceros torrenciales empañaban los cristales y convertían la tierra en charcos de barro. Y si no era la lluvia, era la nieve que caía a raudales. Por primera vez no podíamos evadirnos en los prados, sin embargo, por primera vez no nos hacía falta. Tanto él como yo ya estábamos impregnados de Medianoche, empezábamos a ser parte de ella y comenzábamos a disfrutarla.
El clima tan hostil nos obligó a buscar nuevas formas de entretenernos, muchas veces lo hacíamos en recintos cerrados como nuestro lugar secreto, algunas en la biblioteca y otras tuvimos la deferencia de ser invitados a pasar el atardecer oscuro y frío en el departamento de mis padres.
Una tarde, sentados en un rincón apartado de la biblioteca, Guillermo puso ante mí un gran ejemplar que nos había sido enviado por la señora Bethany. El silencio era solemne y solo se podía escuchar la lluvia golpeando contra los cristales.
Antes de emitir una sola palabra se detuvo a observar el broche que llevaba prendido a mi uniforme, el mismo que me había regalado aquella noche en Riverton. Estaba tallado en piedra negra y tenía un brillo intenso. En medio de él, una rosa de pétalos exóticos y afilados. Era pequeño, pero algo lo volvía especial, la similitud de la flor con esa rosa que solo existía en mis sueños.
_ Nunca te lo quitás
_ No puedo desprenderme de él. Cuando no puedo verte, el solo acariciarlo me lleva hasta donde estés.
Acarició mi cabello hasta hacerme cerrar los ojos hipnotizado por ese contacto. _ Si es así, no puedo dejar de sentirme aun más feliz que la noche que te lo regalé. Ahora mirá esto y decime que pensás.
El paso del tiempo había marcado las páginas del libro, la escritura era algo difusa y tuve que hacer un gran esfuerzo para leer lo que estaba escrito en él.
_ ¿Qué pensás Pedro? Habla de “La Tribu”. Un grupo ancestral de vampiros con apariencia de señores pero de hábitos repulsivos.
_ Nunca escuché hablar de La Tribu. _ Oculté mi rostro entre mis manos, me sentía avasallado. _ ¡Estoy harto de todo esto! Nunca imaginé que la tradición vampírica fuera tan complicada. Guillermo, ¿por qué no probamos con otra cosa? Mordeme vos a mí y tratá de convertime en humano.
Besó mi cabello condolido por mi desesperación. _ Ojalá pudiera Pedro, pero es tu estirpe la que tiene el control sobre nosotros, no te desesperes amor, algo se nos va a ocurrir_. Se sentó a mi lado y me ayudó cándidamente a leer una buena parte del texto, pero mi paciencia se desbordaba cada día más ante la incertidumbre de nuestro destino.
_ ¿Por qué nos envió este libro? No entiendo nada… ¿Acaso la señora Bethany quiere decirnos que dentro de Medianoche hay vampiros que pertenecen a La Tribu?
_ No tiene porque ser así necesariamente Pedro, creo que solo trata de informarnos acerca de “la complicada tradición vampírica”, de darnos todos los datos que sean necesarios para que estemos advertidos_. Me abrazó contra su cuerpo infundiéndome fuerza y confianza _ Todo va a estar bien Pedro, no tengas miedo.
Hoy debo confesar que en esos tiempos la palabra miedo no representaba en lo más mínimo el terror que sentía por el futuro de Guillermo, más que por el mío. Pero no podía cargarlo con más angustia de la que ya acarreaba por nuestro incierto destino. _ Estoy bien, no te preocupes amor. Algo cansado tal vez, solo eso_. Pero por dentro, la inseguridad y el miedo se hacían un festín con mis emociones. _ Mis padres dicen que hay vampiros que pierden el rumbo, la noción del tiempo y se vuelven incapaces de seguir el ritmo de los cambios. La Academia fue construida para que buena parte de nosotros no cayéramos en esa trampa. Su descripción coincide con la del libro, estoy convencido que aun sin nombrarla, se referían a La Tribu.
_ Puede que no la hayan nombrado por desconocimiento.
_ O tal vez para no preocuparme. Ya me di cuenta que son bastante limitados para transmitir información.
_ Quieren protegerte Pedro.
_ Lo sé, pero se equivocan. Esto es proteger. _ Dije señalando el libro _ Dar toda la información que sea necesaria para que uno esté advertido.
_ Tal vez no consideraron necesario ahondar en detalles porque siendo tan ancestral es probable que se haya extinguido.
_ No lo creo, Guillermo. Por lo que el libro dice acerca de los vampiros con esas características, se trataba de eremitas sin sentimientos por la humanidad. Si no se unieron al pacto y siguieron bebiendo sangre humana, son inmortales_. Expresé preocupado.
_ Lamento admitir que podés estar en lo cierto.
_ ¿Guillermo vos crees que aún existan miembros de La Tribu? Mejor dicho, permitime reformular mí pregunta antes de responder. ¿Vos crees que en Medianoche conviven con nosotros vampiros de La tribu?
_ A esta altura todo me parece posible.
_ ¿Pero quiénes?
_ Hasta ahora solo hay dos que reúnen todas las características para ser parte de La Tribu. Uno está muerto, pero el otro está vivo y muy interesado en vos
Lo miré incrédulo y atormentado. _ No…
_ Si…
_ ¿Balthazar? No puede ser Guillermo…
_ Si puede ser. Meditá lentamente acerca de lo poco que sabés de él. Fue transformado de manera criminal, asesinaron a sus padres y él mismo admite que su propia hermana, Charity, es de temer.
Las imágenes de los momentos compartidos con él me jugaban en contra ante esa teoría, siempre había sido un buen compañero, un pretendiente respetuoso, un alumno ejemplar y la mejor persona que había conocido en Medianoche. A mi parecer era irreprochable, lo de aquella tarde en la que fui a pedirle que ayudara a Camila no bastaba para tirar por el piso su conducta siempre cabal y honesta.
_ Tenés que estar equivocado Guillermo, Balthazar es un caballero.
_ Un caballero que últimamente ha tenido con vos actitudes no tan propias de un verdadero caballero y que marcaron una indiscutible diferencia del Balthazar que conociste los primeros días. ¿Acaso te olvidaste del estado en el que te dejó el día que fuiste a pedirle ayuda para Camila? _ No, claro que no lo había olvidado. Nunca lo olvidaría. _ ¡Despertate Pedro! Intentó seducirte de forma lapidaria, dando todo por perdido dejó a un lado sus buenos modales, sus impecables principios y golpeó bajo. Que Dios me perdone si los celos me llevan a malinterpretar sus delicadas cortesías, mesuras y tacto, pero Balthazar me desordena. Tal vez me confunda su actitud, en general íntegra y honesta, con las artimañas de esa secta… pero tenés que tenerlo en cuenta y al menos estar atento. Ya sabés que en Medianoche dos más dos no siempre es cuatro. Ya lo hablamos…
Claro que lo habíamos hablado y muy a mi pesar, todo lo que decía tenía sentido, pero me resultaba atroz la idea de pensar que Balthazar no fuera el hombre que había caminado a mi lado la noche del Baile de Otoño sino un monstruo sin piedad bajo una piel de cordero. Me estremecí de solo pensarlo.
_ Está bien, si querías sembrar duda y desconfianza ya lo hiciste. Ahora me tengo que ir a estudiar.
En ese instante tomó mis manos entre las suyas y me obligó a mirarlo a los ojos. _ ¡Pedro…! Pedro, mi amor, no quise ni quiero sembrar dudas y desconfianza, solo quiero que estés alerta, protegerte, cuidarte… Si algo te pasara, yo no resistiría un solo día sin vos.
Sin importarme donde estábamos ni lo que pudieran murmurar me abracé a él. La forma en que modificó su forma de respirar me ayudó a comprender su temor por mi seguridad, su aprensión por Balthazar y su recelo. Tal vez estaba más cerca de la verdad que yo, tal vez estábamos ante un integrante de La Tribu y si no poníamos todos nuestros sentidos en juego, iba a ser una utopía ganar esta batalla.
_ ¡Perdoname mi amor! ¡Es que siento que mi cabeza va a estallar! ¿Qué va a ser de nosotros Guillermo? Me pesa la culpa de haber empezado este juego prohibido. Si esa noche no hubiese pasado… ¡Maldito Baile de Otoño! Si nunca te hubiera mordido, no estaríamos donde estamos.
Cerró mis labios con un beso mientras hundía sus manos en mis costillas acoplándome a su cuerpo. De verdad mi cabeza iba a estallar en cualquier momento, ya no quería pensar más, por eso cerré los ojos y solo me dediqué a sentir.
Hacía mucho que no me besaba de esa manera, la última vez había sido la noche en la cual, después de verme luchar con Franco, me había besado como quien, de rodillas, contempla una segunda oportunidad. Un regalo de la vida. En sus labios no había erotismo ni sensualidad, tan solo el ahogo, el apuro y la angustia de perdernos. Esta vez me tocaba a mí rescatarlo. No sé de donde saqué la fuerza que no tenía para hablarle como le hablé, pero unos días después pude comprobar que seguramente nuestra estrella, a esas horas aún oculta en un cielo gris de pleno invierno, había intervenido en nuestra conversación.
_Guillermo, _ le dije tomando sus manos entre las mías y apretándolas contra mi pecho _ te pido perdón si por momentos me cuesta asimilar tu desconfianza, aceptar tus medidas extremas para protegernos y tu rigurosidad ante conjeturas de las que, hoy por hoy, no tenemos siquiera un solo indicio para considerarlas ciertas, pero te prometo cuidarme y cuidarte. Y por Evangeline, te prometo que siempre vamos a estar juntos.
Evocar su nombre fue un conjuro, una plegaria, una invocación…
“_ ¿Cómo se llama esa estrella? _ Me preguntó aquella noche mientras descansaba sobre mi pecho descubierto, señalando un cielo despejado.
_ No tiene un nombre en especial. Es solo un lucero, por eso brilla más que las demás.
_ Vamos a darle un nombre…
_ ¿Un nombre? Bueno, como quieras… ¿pero puedo preguntar para qué?
_ Por supuesto que sí, pero primero dale un nombre.
No me hizo falta pensarlo demasiado, desde que él propuso darle un nombre ya sabía cuál iba a ser. _ Se llamará Evangeline.
_ Evangeline… Es un hermoso nombre Pedro. ¿Por qué lo elegiste?
_ Era el nombre de mi abuela paterna.
_ ¿La conociste?
_ ¿Qué si la conocí? ¡Ay amor! Esa mujer fue un ángel en mi vida. Ella me enseñó a pensar con libertad, a respetar la vida y sobre todo a los humanos que son diferentes a nosotros. Murió hace unos diez años. Otra vampiro que se sumó al pacto, sin sangre humana tarde o temprano se muere.
_ La extrañás…
_ Mucho… Por eso le puse su nombre a ese lucero, se que desde donde esté, va a ayudarnos. ¿Puedo ahora preguntar por qué querías que le diera un nombre?
_ Porque cada vez que la miro me transmite algo especial, como si en ella habitara un alma que nos protege desde el cielo. Pedro, si alguna vez, por esas cosas de la vida el camino nos separa, quiero que al mirar a Evangeline, pienses en mí y sepas que siempre voy a estar esperándote. Su luz te va a ayudar a volver a mi lado.
_ Sé que así va a ser. La abuela Evangeline nunca desestimaría mi felicidad.”
_ No te disculpes Pedro. Estás agotado de tanto pensar ¿verdad?
_ Un poquito…
Él acarició mi mejilla con su pulgar. _ ¿Querés que hagamos un descanso?
_ Si, por favor. Debería estar estudiando Historia Antigua. Es desleal hacer un mismo examen con vampiros que han vivido en carne propia los acontecimientos que relatan los libros.
_ Entonces andá a estudiar, eso te va a ayudar a dejar de pensar en nuestra propia historia. Yo me voy a quedar un rato más leyendo el material que nos envió la señora Bethany y si querés… en un par de horas nos encontramos en la escalera.
Volví a estremecerme... Me estaba proponiendo pasar la noche juntos. _ Si claro, en un par de horas te veo en la escalera.
Me guiñó un ojo y se zambulló de lleno sobre el libro amarillento que tenía entre sus manos. Recogí mis cosas con la vista clavada en él, pero tuve que irme sin rastro de su mirada. Evidentemente estaba tan preocupado como yo por nuestro porvenir aunque lo disimulara mucho mejor.
Tal como había sido acordado, dos horas más tarde lo encontré esperándome entre los peldaños gastados de la vieja escalera de piedra. La de las ventanitas pequeñas y dueña de la mejor vista de Medianoche. Estaba concentrado observando el paisaje por uno de los modestos miradores, pero supo que me encontraba ahí sin necesidad de volverse a verme.
Me detuve al pie de la escalera. No podía verlo con demasiada nitidez, pero hasta el más precario de sus sentimientos llegó hasta donde yo estaba y todo lo que pasaba por su mente y por su alma, me traspasó como una bola de fuego. Pude sentir su amor desesperado, su temor sin fronteras y su disposición a lo que fuera para no tener que separarnos.
_ Medianoche… _ susurró como al azar sin quitar la vista de los prados ahora cubiertos de nieve y un cielo diáfano de invierno, pero supe que me estaba hablando a mí. _ Quien lo hubiese dicho. Tal como vos Pedro, odié el día en que mi antigua orden me mandó venir a este lugar, pero al encontrarte acá… este lugar que al principio fue inhóspito y desagradable, se fue transformando en mi hogar. ¿Sabés algo Pedro? Si hoy me dieran a elegir donde habitar, elegiría Medianoche.
Ascendí lentamente y en silencio los escalones que me separaban de él hasta quedar pegado a su espalda. Estaba extraño, reconocible pero diferente. Seguía siendo el mismo Guillermo que casi me había matado del susto la primera vez que nos vimos, el mismo Guillermo del que me fui enamorando, el mismo hombre con el que había hecho el amor por primera vez, pero algo en su interior había cambiado. Lo sentí vulnerable y fuerte a la vez. Me abracé a su cuerpo y pegué mi mejilla a su espalda aspirando su aroma de hombre y regocijándome con su tibieza.
Sentir sus manos sobre las mías fue todo lo que esperaba en ese momento. Sus manos nobles y fuertes se abrazaban a las mías y las presionaban contra su pecho.
_ Quien lo hubiese dicho… _ no dejaba de acariciar mis dedos mientras seguía hablando. _ Se podría decir que llegué casi odiándolos a todos, igual que vos… _ No pude evitar sonreír, nadie podía comprenderme como él _ Pero este lugar terminó siendo mi lugar en el mundo. Estoy enamorado de Medianoche porque te trajo a mí. _ De pronto giró sobre sus pies y quedó de frente. _ ¿Leíste el Antiguo Testamento?
_ Claro que si, Historia Antigua… Imposible no leerlo. ¿Por qué me lo preguntás?
_ Por el pasaje de Ruth. Creo que nada en el mundo podría definir lo que siento por vos mejor que sus palabras. “Nunca me pidas que te deje o que deje de seguirte, porque donde tu vayas yo iré y donde tu mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.”
No sé si fue el juego del claroscuro de las penumbras propias de la noche o el deseo desesperado de sentirlo atrapado en esta historia de amor como yo lo estaba, pero un brillo diferente apareció en sus ojos. Una fosforescencia que me traspasó el alma.
_ Guillermo, estás consiguiendo asustarme una vez más.
_ No quiero que te asustes mi amor, solo que seas fuerte. Usá ese potencial que tenés para volver a mí siempre. Prometeme que nunca vas a bajar los brazos pase lo que pase, prométeme que si algo nos separa siempre vas a tratar de encontrarme… Pedro, prométeme que vas a estar conmigo siempre_. Entonces me abrazó con todas sus fuerzas y dejó salir el dolor que lo estaba atormentando.
Lo dejé llorar sobre mi hombro como yo había llorado tantas veces sobre el suyo, esa noche comprendí que me tocaba a mí contenerlo como él lo había hecho conmigo antes, pero algo me asustaba. O estaba muy susceptible o sus nuevas capacidades le anunciaban un mal presagio.
Entre beso y beso, fui guiándolo hasta nuestro lugar sagrado muy cerca del cielo. Lo solté apenas lo necesario para extender rápidamente una manta sobre el piso helado y desierto, hacía mucho frío, por eso me limité a invitarlo a recostarse a mi lado y cubrí nuestros cuerpos con otro cobertor.
El calor de su espalda contra mi pecho y el perfume de su piel me desvistieron del frío e infiltraron en mí una borrasca de amor y deseo. Empecé a acariciarlo como nunca antes, no era el cuerpo el que me pedía poseerlo sino la fibra más íntima de mí ser.
_ Guillermo _ le dije suavemente enredando mis piernas a las suyas _ no se qué te tiene tan angustiado, pero si de algo te sirve, prometo no bajar los brazos nunca, usar mis capacidades diferentes cada vez que la vida intente separarte de mí y hacer hasta lo imposible para que estemos siempre juntos. Pero no somos tan diferentes amor, enfrentamos las mismas dificultades de cualquier pareja que se ha enamorado. En esto no nos diferenciamos para nada de los simples mortales, habrá dificultades, inconvenientes, contrariedades… pero siempre dependerá de nosotros elegir seguir juntos o abdicar. Así que si ya me elegiste, soltá todo ese miedo que te está atormentando, porque yo también te elegí y con eso me basta para saber que no hay nada que temer.
Giró sobre su cuerpo hasta quedar de frente a mí. Su aura había cambiado, un caudal de energía lo rodeaba y con un solo movimiento se quitó el sueter negro con el escudo de Medianoche. Ya no fue necesario emitir una sola palabra más. Cada gesto habló por sí mismo, cada movimiento tuvo su significado y cada mirada su expresión.
El cielo empañado no nos permitía ver a Evangeline, pero los dos sabíamos que ella seguía estando ahí. Las ocultas constelaciones seguramente conspiraron en ese nuevo encuentro envolviéndonos en una hojarasca de piel, saliva y pasión.
Nos quitamos la ropa como animales hambrientos y nos hicimos el amor como dos desesperados. Por primera vez comprendí de qué se trataba estar enamorado. Estar enamorado era aceptar el generoso significado de sentirse uno con el otro, la virtuosa urgencia de expresar el sentimiento con el cuerpo, la piel y los huesos. De arrancar la ropa con prisa y de besar hasta sentir dolor en los labios, de gozar hasta sentirse al borde la muerte y de poder acceder a esa muerte con una sonrisa. Pero esa noche también comprendí su lado oscuro. Si, esa noche descubrí que el amor, como todas las cosas de la vida, también tenía un pasaje tenebroso. Todo fue creado en par. Nada es definitivamente bueno, como nada es definitivamente malo. Todo interactúa en un delicado equilibrio y esa noche, al contemplar su vulnerabilidad, mis instintos más bajos salieron a la luz. Yo era un vampiro, pero él aun no y eso lo dejaba en inferioridad de condiciones. Si sus sospechas eran ciertas, si teníamos enemigos o sin saberlo convivíamos con miembros de La Tribu, él sería el más expuesto y mi misión sería protegerlo.
Aquella noche comprendí que el amor era un sentimiento más, como el odio o el rencor, un sentimiento que por su intensidad, se volvía muy difícil de controlar. Aquella noche, mientras seguíamos amándonos, supe que era capaz de lo que fuera necesario si algo intentara separarlo de mi, incluso de matar si las circunstancias lo exigieran.
No me sentí cómodo con ese pensamiento, yo no era un asesino, pero estaba convencido que mis instintos decían la verdad. Por él sería capaz de todo.
Galopé sobre su cuerpo extasiado, aferrado a sus cabellos proyecté un nuevo viaje y fui llevándolo conmigo mientras trazaba senderos de besos sobre su piel.
Mi mente, enajenada por el deseo, no tuvo en cuenta el visible y conocido ardor en mis encías. Juro que fue imposible contenerme, dar un paso atrás. Para cuando tomé conciencia era inútil tratar de detenerlo, sentí mis incisivos como dos protuberancias que sobresalían de mis labios y rugí con fiereza. Estaba llegando a la cima del placer y él estaba de espaldas a mí, miré su cuello y sentí el irresistible deseo de volver a probar su sangre. Podía hacer lo que quisiera, no podía defenderse, lo tenía a mi merced… Pero una vez más supe lo que es estar enamorado. No era capaz de traicionarlo. Le había prometido no volver a morderlo hasta que no supiéramos que consecuencias traería una tercera mordida y solo por el amor que le tenía, logré vencer mi sed. Esa noche me sentí el vampiro más valiente del mundo, tenía todo servido y él nunca se hubiese dado cuenta de nada hasta que todo hubiera sucedido, pero no traicionaría su entrega y su confianza.
Él sabía perfectamente lo que me estaba pasando, pero no hizo nada para detenerme, solo volvió a confiar en mí una vez más. Me encomendé a Dios y respiré hondo. Sentía los ojos en llamas y la boca ardiendo, hasta que sin saber porque, mis ojos se posaron sobre la ventana. “Evangeline” alcancé a pronunciar, e inmediatamente todo volvió atrás. Los colmillos retrocedieron y volví a ser solo un hombre que, dejando salir un gemido, cayó extasiado sobre su cuerpo.
Lloré sobre él humedeciendo su cabello con mis lágrimas mientras mis manos buscaban desesperadamente las suyas. No podíamos continuar así. Había estado solo a un segundo de volver a morderlo y no quería volver a pasar por eso nunca más en lo que me quedara de vida. No era justo para ninguno de los dos. Él siempre estaría en riesgo mientras no se convirtiera en vampiro, y yo nunca dejaría de sentir ese temor de lastimarlo.
No podía dejar de llorar, me sentía atrapado en un juego prohibido que podría costarnos la vida tanto a uno como al otro, o incluso a los dos.
Él giró su cuerpo hasta quedar de frente a mí y me cobijó contra su pecho.
_ Basta de llorar Pedro, no hay motivos para hacerlo. Se lo que pasó y sé que puede volver a pasar, pero no tengo miedo. Me daba lo mismo si me mordías o no, no siento miedo de vos, ni de lo que elegí, ni de lo que pueda pasar. El único miedo que me carcome el alma, es que llegue un día en el cual al abrir los ojos, ya no estés conmigo. Lo demás, _ dijo besando mi frente _ lo demás te lo juro por mi vida, que no me importa. Te amo como sos.
Me incorporé sobre él y lo miré a los ojos con la cara bañada en lágrimas.
_ No podemos seguir así, tengo mucho pero mucho miedo de hacerte daño. Somos como el pájaro y el pez, por mucho que nos amemos Dios ha olvidado crear el lugar donde podamos amarnos sin riesgo de hacernos daño.
Me miró a los ojos con esa pasividad característica en él y me habló de esa manera tan sensual y persuasiva que derrumbaba todas mis fronteras.
_ Pedro, a ver si nos entendemos. No te tengo miedo. Vos no podrías hacerme daño mordiéndome, ni siquiera matándome, vos tenés una sola posibilidad de hacerme daño. Mucho, pero mucho daño… Y es estar lejos de mí. _ Logró hacerme sonreír y recuperé la paz.
_ Eso nunca va a pasar.
_ Entonces basta de lágrimas por esta noche. Dejame ser el guardián de tus sueños, permitime acariciarte hasta que te quedes dormido, despertarte con mis besos y amarte hasta el amanecer. Es todo lo que te pido en esta noche tan bella.
Acepté el pacto dejando un beso sobre sus labios y le volví a sonreír. _ Así será si ese es tu deseo. Como el pasaje de Ruth. Donde vayas yo iré, donde mores, moraré. Tu pueblo será mi pueblo y tu Dios será mi Dios.
Me abrazó y volvimos a besarnos. Ya no había miedos ni lágrimas, pero lo que nunca hubiese imaginado en ese momento, era que acababa de pronunciar una sentencia que en breve se haría realidad.
CONTINUARÁ
IMPRESIONADA MUERTA DE AMOR MIS ETERNAS GRACIAS GUILLERMINA PEDRIS
ResponderEliminarMARA ROSAS
Gracias Mara... Es muy gratificante que te guste mi ficción. Un abrazo desde este lado del río.
EliminarQue ENORME alegría de entrar (como todas las noches) al blog y encontrar Medianoche. Hermoso capítulo! Me encantó. Ese amor, por favor! Me da un poco de miedito ;) esas preocupaciones que tienen cada uno. Sé que va a venir algo mmm... pero tmb confío en vos que no va a durar mucho, que siempre terminaran JUNTOS como es debido. Gracias Sandra!!! por seguir escribiendo estas hermosa historia! Espero el siguiente capítulo ansiosa :) muy ansiosa ;) Besos Romina
ResponderEliminar¡Gracias ENORMES Romi! Hacés bien en no preocuparte por su destino porque solo disfruto cuando escribo para la alegría. Es obvio que pasarán dificultades, sino no habría trama, ni suspenso ni un final feliz. Prometo subir el próximo lo antes posible. ¡Besotesssss!
EliminarSiiiii!!!! Porfis!!!! ;) Besos Romina
EliminarHermoso capítulo, que pasará quiero leer lo q sigue!!
ResponderEliminar¡Gracias Valeria! Si Dios lo permite, esta semana tendremos el próximo capítulo. ¡Un abrazo inmenso!
Eliminar