
CAPÍTULO 7
Pasaron dos años desde los acontecimientos narrados. Pedro y Guillermo apostaron a la convivencia. El joven abogado se mudó a la casa de Guillermo, dejándole su departamento a Fabián para que viviera con su esposa, quien estaba esperando un hijo… Sería abuelo postizo y eso le encantaba.
Se comprobó la doble identidad de la impostora, por lo que Mara Eugenia García Suarez, alias, Luciana Escobar fue encarcelada a cadena perpetua por los delitos de narcotráfico extorsivo, usurpación de identidad, posible secuestro de su hermana o en el peor de los casos, posible homicidio agravado por el vínculo.
Al no encontrarse el cuerpo de Paola, la causa de su desaparición todavía estaba abierta. Su marido, el Sr. Ordoñez, movió cielo y tierra para recuperar a su esposa. No dejó un solo contacto sin mover, dispuso toda su fortuna a disposición de su búsqueda, pero a la fecha, el paradero de Paola era un misterio.
Al ganar el caso de divorcio, el estudio Graziani – Beggio recibió una suma millonaria en concepto de honorarios. Comenzaron a tomar prestigio dentro del ambiente legal, sobre todo por la noticia de su convivencia, los que los llevó a ser tapas de revistas y noticia de los diarios.
En ese tiempo se encargaron del bienestar de Brisa y Daniel. Los visitaban dos veces por semana para saber de su educación y salud en general. Invirtieron dinero en mejorar la calidad del instituto, por lo que el lugar repuntó y José se encargó de acomodar sus finanzas y calidad de servicio y educación para que el lugar no cerrara.
En una de las visitas al hogar, fueron acompañados por Juan y José, quienes al ver a Ezequiel, el amigo incondicional de los hermanos Luna, no pudieron dejar de ocuparse de él. El vínculo afectuoso era mutuo, ya que el joven moreno se había encariñado mucho con ellos.
Una tarde, en el estudio de Guillermo, todos estaban reunidos disfrutando de un cálido receso, cuando de improviso llegó una visita inesperada. Era una mujer hermosa, rubia, con una sonrisa cautivante.
Al verla, Pedro no podía dejar de mirarla. Después de tantos años sin verla y ahora encontrarla en ese lugar era algo definitivamente inesperado. Guillermo, al verla, percibió la mirada de Pedro sobre la hermosa dama, quien al verlo, no pudo dejar de dirigirle una cautivante sonrisa al joven abogado.
- Buenas tardes… ¿Pedro…? Que gusto verte – saludó la mujer sorprendida de verlo
- Buenas tardes Camila… ¿Qué hacés acá? – quiso saber el joven abogado
- Disculpe señorita… ¿Se conocen ustedes? – quiso saber Guillermo celoso
- Claro que nos conocemos Dr. Graziani… fuimos pareja por diez años… Soy la ex mujer de Pedro – respondió la dama
- ¿Y que la trae por acá? _ quiso saber Guillermo
- Me recomendaron su estudio Dr. Graziani… vengo por una causa penal de mi padre Moravia… como usted es penalista concerté una entrevista, pero no pensé que estaría Pedro con usted – respondió la joven
- Es mi socio… si gusta pasar a mi despacho, veré que puedo hacer por usted – respondió Guillermo celosísimo
- No se enoje doctor, pero prefiero hablar primero con Pedro… él conoce a mi padre y tenemos más confianza… luego, podemos conversar lo que guste en su despacho _ contestó la mujer mirando a Pedro seductora
- Camila… Guillermo es el mejor abogado penalista que existe… por más que nos conozcamos él está más capacitado que yo para asesorarte en esto – respondió Pedro mirando a su hombre
- Lo entiendo… pero quiero hablar con vos. Tenemos temas pendientes y creo que es el momento adecuado – respondió la joven
- No lo creo Camila… no tenemos nada pendiente nosotros… nada – contestó Pedro tajante
- No hay problema Pedro… atendela y avisame cuando terminen – respondió Guillermo dirigiéndose a su despacho enojadísimo por los celos.
Pasaron casi dos horas y no tenía noticias de su joven moreno. Esa visita inesperada le había carcomido el alma. Pedro era suyo, pero esa mujer lo había tenido por casi diez años y además tenía que reconocer que era verdaderamente hermosa.
Sin poder contenerse, se dirigió al despacho de Pedro, abriendo suavemente la puerta sin antes tocar. Camila estaba inclinada a punto de besar en los labios a Pedro, que estaba sentado completamente paralizado. Al ver a Guillermo, se puso pálido, siendo la escusa perfecta para alejarse de las redes de seducción de su ex pareja.
- ¿Está todo bien? – quiso saber Guillermo entrando al despacho
- Muy bien Dr. Graziani… estábamos entendiéndonos nuevamente, ¿no es verdad Pedro? – quiso saber la mujer sensual
- Claro que no… nosotros no tenemos nada que nos lleve a entendernos nuevamente Camila – respondió Pedro mirando a su hombre
- No quise interrumpir el momento… cuando decida si todavía quiere que la asesore pase por mi despacho señorita _ respondió Guillermo retirándose celosísimo
- No interrumpiste nada Guillermo… _ respondió Pedro partiendo a su encuentro
- Señores… no discutan por mi culpa. Si le parece podemos charlar –respondió la mujer a Guillermo
- Muy bien… adelante – respondió Guillermo cerrando la puerta de su despacho en la cara de Pedro.
Luego de una hora de charla, casi en silencio, la mujer le comentó a Guillermo sobre los negocios de su padre Moravia con Miguel Mendoza, desconociendo la joven que aquel bicho era su hermano.
Al retirarse del estudio, luego de despedirse de Guillermo, este se dirigió a su despacho haciendo caso omiso a la presencia de Pedro, quien lo miraba inquieto.
- ¿Qué te pasa Guille? – quiso saber Pedro
- No me pasa nada… es que estoy molesto, nada más – respondió Guillermo
- ¿Solo eso…? La presencia de Camila te inquietó un poco – respondió Pedro mirándolo
- ¿Y a vos no Pedro?... vi como la mirabas de nuevo… es hermosa y fue tu mujer diez años… no puedo competir con eso – respondió Guillermo
- ¿Competir con quien…? ¿Con Camila?... No pasa nada con ella, es pasado –respondió Pedro ante la mirada de Marcos, Gabriela y Cuca.
- Por supuesto que no… yo soy viejo y ella es joven y hermosa. Ahora que la conocí no sé cómo pudiste dejarla. ¿Cómo podés estar conmigo? – respondió Guillermo hiriendo los sentimientos de Pedro
- Ella no me importa… te elijo porque te amo, solo por eso – respondió Pedro casi suplicando
- Dejá que lo ponga en duda… es bellísima y casi te besa. Dejemos esto así Pedro… necesito aire. Me voy _ respondió Guillermo yendo hacia la puerta
- ¿Qué te vas…? ¿Ponés en duda que te quiero…? Yo por vos conocí el amor de un hombre, me enamoré tal cual eras. Aposté a una convivencia, a crear un hogar…. Hasta soñé con casarnos, tener hijos… pero veo que eso no te importa… Que pongas en duda que te amo no te lo perdono Gaziani –respondió Pedro marchándose del estudio
- Repetí lo que dijiste Pedro… repetilo – respondió Guillermo quedando atónito con la declaración de su joven amor
- Ya lo escuchaste… me voy – contestó Pedro marchándose.
- Dejalo tranquilo mi vida… Está enojado – contestó Cuca abrazando a su sobrino
- ¿Escuchaste? Soy un boludo Cuca… puse en duda su amor solo por esta mina y nunca supe lo que quería conmigo… soy un boludo – respondió Guillermo agarrándose la cabeza
- Lo lastimaste Guillermo… fuiste muy duro con él. Tenés que controlar los celos – respondió Marcos
- No sé como… no puedo… me muero si lo pierdo Marcos – respondió Guillermo sincero
- Vas a tener que remar demasiado en esta… de verdad estuviste mal. Y no te enojes conmigo por decírtelo pero sos mi amigo y Pedro también _ respondió Marcos
- Lo sé… Sé que ustedes son mis amigos, pero Pedro es el amor de mi vida… No sé que hice pero lo lamento demasiado – respondió Guillermo
- Entonces andá a buscarlo… habla con él, disculpate – contestó Gabriela
- Si… _ respondió Guillermo partiendo a buscarlo.
A partir de esa noche, la convivencia fue fría y distante. Pedro lo amaba pero no podía aceptar la desconfianza de Guillermo. Nunca debió poner en duda el amor que le tenía… pero lo hizo, y ahora no podía perdonarlo.
Pasó un mes y Pedro se había mudado al cuarto de Fabián. Solo convivían lo necesario: trabajo, alguna cena juntos, pero nada más.
Guillermo estaba viviendo un calvario. Tener a Pedro tan cerca sin poder abrazarlo, olerlo, amarlo con la pasión con que lo hacía era desesperante. Tenía que hacer algo para reconquistarlo… quería tenerlo a su lado para siempre, formar esa familia soñada por su amor, tener hijos… todo con Pedro.
A la mañana siguiente, se levantó temprano. Sin despertar a Pedro, salió de su casa. Necesitaba pensar. Apagó el celular y se dirigió a una joyería. Quería pedirle compromiso. Compró dos alianzas preciosas, engarzadas en oro blanco con un trenzado fino y delicado. Las hizo grabar y se las entregaron en una caja rojo pasión como su amor por Pedro.
Quería estar solo, así que se dedicó exclusivamente a él. Lo que nunca pensó fue lo que generaría el solo hecho de haber apagado su celular.
Pedro se despertó relativamente temprano. Fue al comedor y notó que Guillermo se había llevado su llave. En ese momento sonó el teléfono de la casa.
- ¿Hola, Pedro? – quiso saber Valeria
- Valeria… ¿Cómo estás? – saludó Pedro
- ¡No se qué hacer…! ¡Secuestraron a Fabián! – respondió la joven
- ¿Que decís…? ¿Estás segura…? Calmate, que estás embarazada – respondió Pedro
- ¡No se qué hacer Pedro…! Fabián salía como todos los días para ir al trabajo y yo me asomé por la ventana para verlo cuando un auto negro vino, un tipo alto le tapó la boca y lo metieron al auto… ¡Estoy desesperada! Guillermo no me atiende el teléfono _ respondió la joven
- No te asustes… enseguida voy para allá – respondió Pedro
- Está bien, te espero… ¡Apurate Pedro! – respondió la joven
Pedro intentó llamar al celular a Guillermo y le daba apagado. Llamó a Juan pero le informaron que estaba en una audiencia, por lo que llamó de inmediato a José, quien al escuchar el relato del joven enseguida partió para la casa de Valeria.
Una vez allí, tomaron todos los detalles que pudo dar la joven del secuestro de su esposo, intentando nuevamente llamar a Guillermo.
- No sé quién puede ser… Fabián no tiene enemigos – respondió la joven
- Pero su padre sí… Es una venganza… Hay que encontrarlo _ respondió José
- Hay que revisar todos los casos relacionados con Guillermo… me temo que esto es obra de Miguel… se la tiene jurada. Moravia… Tenemos que ver los casos de Moravia, Mendoza y Escobar… lo tienen ellos – respondió Pedro seguro
- ¿Cómo sabés eso? No tenemos ninguna pista _ respondió José
- Miguel conoce a su hermano y se la tiene jurada… ¿Quién va a querer tocar a Fabián si no es él para vengarse? No creo que le haga nada a su sobrino, pero si está metido el narco… Tenemos que ver algún lugar relacionado con los tres – respondió Pedro
- Voy a llamar a la comisaría a ver qué relación tienen los tres… Intentá llamar a Juan y que revise los casos de su despacho _ respondió José
- Está bien… Enseguida… _ contestó Pedro decido a todo.
Luego de casi tres horas de investigación plena, encontraron una casa quinta en las afueras de la ciudad que pertenecía a la familia Escobar y que actualmente figuraba como abandonada. Mandaron un equipo de rastreo por aire, donde pudiendo comprobar que en el lugar había movimiento. Carga y descarga de camiones… estaban traficando drogas.
José junto a Juan organizaron un equipo táctico de rescate, desplegando un centenar de policías.
Pedro estaba desesperado. Llamó casi diez veces a Guillermo sin obtener respuesta. En el estudio le informaron que no había ido a trabajar, por lo que su preocupación era doble. Estaba alarmado por el secuestro de su hijo putativo al que adoraba con locura, pero no saber del paradero de su hombre lo tenía trastornado. Sabía que había sido duro con él, pero lo había dañado en su sensibilidad… Nunca tendría que haber puesto en duda el amor que le profesaba… ese amor por encima de todo y de todos… daría su vida por Guillermo y por su hijo… por eso no podía esperar a que la policía ingresara al recinto.
En un último intento por comunicarse con Guillermo, dejó un mensaje en el contestador de su casa: “Amor… no puedo ubicarte al teléfono. Secuestraron a Fabián. Se armó un operativo y estamos yendo a la casa Escobar, en las afueras de la ciudad…. Vos y Fabián son la razón de mi vida, sin ustedes no tiene sentido… Voy a buscarlo… Te amo…”
Llegaron al lugar indicado. Un operativo policial tenía rodeada la vivienda. Pedro no pudo esperar las órdenes de José, por lo que ingresó por la puerta del sótano, que no tenía seguridad.
Apagó el teléfono y sigilosamente fue en silencio por unos túneles que no sabía donde terminarían. Caminó casi veinte minutos hasta llegar a un lugar lleno de celdas vacías y en una de ellas pudo ver tendido sobre un catre a Fabián, que estaba golpeado e inducido por los efectos de las drogas.
Intentó abrir la celda pero era inútil. Despacio lo llamó por su nombre notando el estado en que se encontraba.
- Fabián… ¿Estás bien? – quiso saber Pedro
- Pedro… ¿Qué hacés acá? ¿Cómo me encontraste? – quiso saber el joven
- Es largo de explicar pero te encontré… ayudame a abrir esto… necesito sacarte rápido – respondió Pedro forcejeando con la puerta
- Tomá esto… este alambre de la cama te puede servir – respondió el joven acercándose a Pedro
- Veamos… ya está – contestó Pedro abriendo la puerta.
En ese mismo instante, ambos hombres se fundieron en un apasionado abrazo. Pedro lo tomó de la cara para comprobar que estuviera bien.
- ¿Estás bien…? ¡Mirá como te dejaron esos desgraciados! – respondió Pedro tomándolo del rostro
- Te pareces a mi viejo hablando Pedro… ¿Dónde está? – quiso saber el joven
- No lo sé… no lo puedo ubicar al teléfono… estamos peleados – respondió Pedro
- ¿Peleados ustedes dos…? Si se aman Pedro… se nota – respondió el joven abrazándolo nuevamente
- Lo sé… pero los celos lo comen… no cree que lo amo _ respondió Pedro
- Eso es una locura… salgamos de acá Pedro… De verdad gracias, sos un tipazo – respondió Fabián
- Lo hago porque te quiero nene… y a tu papá lo amo… no puedo vivir sin ustedes… ahora, vamos – respondió Pedro tomándolo del brazo
- ¿Cómo sabías que estaba acá? – quiso saber el joven
- Por la lacra de tu tío… se relaciona con el caso del millonario del estudio… ¿Te acordás de la mujer desaparecida? _ preguntó Pedro
- Sí, algo supe… ¿Pero no la encontraron todavía? – quiso saber el joven
- Por el momento no… pero su marido la está buscando… Su hermana, Mara Eugenia García Suarez está presa y esta casa es propiedad de los Escobar, así que salgamos rápido – respondió Pedro
- ¿Escuchás ese ruido Pedro…? Creo que es una mujer – dijo el joven
- Viene de ese pasillo… vamos – contestó Pedro
- ¡Por acá por favor…! ¡Soy Paola Suarez…! ¡Estoy acá! – gritó una mujer
- No grite fuerte… vamos a intentar sacarla – respondió Pedro forcejeando la puerta junto a Fabián
- Ya está… salga – respondió Pedro
Al abrir la puerta vieron a una mujer pelirroja, delgada, casi demacrada pero con rasgos hermosos. Era Paola Suarez, la esposa perdida del millonario Ordoñez. La habían encontrado. Ahora debían salir, y rápido.
- ¿Quiénes son? Gracias por encontrarme – respondió la joven
- ¿Sos Paola, la esposa de Ordoñez? – quiso saber Pedro
- Si… ¿Cómo está mi esposo? Mi hermana me secuestró y lo quiso matar… Es una yegua – respondió la mujer
- Lo sabemos… soy Pedro Beggio el abogado de su esposo… es muy largo de explicar ahora. Su hermana está presa… _ contestó Pedro
- No sé porque me pusieron en esta celda… me tenían en una habitación sin comunicación, aislada, y hace unos meses me pasaron para acá… Me enteré que se relacionaba con los narcos y la quise denunciar… por eso me secuestró _ respondió la mujer
- Si, se hizo pasar por usted y se casó con su esposo… lo quiso matar para sacarle todo el dinero, si el divorcio no le resultaba… De eso hace dos años – respondió Pedro
- No se ustedes, pero yo quisiera irme… Vamos Pedro, por ahí _ respondió el joven
- Si, vamos… Paola – se presentó Fabián, quien la sostenía del cuello para que no se cayera. – Soy Fabián… casi el hijo de Pedro – respondió el joven ante la sorpresa de Pedro
- Encantada… vamos – contestó la mujer
Guillermo llegó a su casa y la encontró vacía. Prendió su celular y comenzaron a caerle una catarata de llamadas perdidas: diez de Pedro, otras tantas de Juan y de su amigo José.
Preocupado, miró al teléfono de línea y vio que titilaba. Había un mensaje: “Amor… no puedo ubicarte al teléfono. Secuestraron a Fabián. Se armó un operativo y estamos yendo a la casa Escobar, en las afueras de la ciudad…. Vos y Fabián son la razón de mi vida, sin ustedes no tiene sentido… voy a buscarlo… te amo…”
Al escuchar esas palabras de la boca de su joven moreno se le paralizó el corazón. El saber que habían secuestrado a su hijo lo volvía loco, pero el saber que Pedro lo fue a buscar y que lo amaba… eso lo desesperaba. No podía perderlos… Llamó a Pedro, pero tenía el teléfono apagado.
- José… ¿Qué pasa…? Pedro me dejó un mensaje. ¿Dónde están mi hijo y Pedro? – quiso saber Guillermo
- Estamos en un operativo… ¿Dónde te metiste Guillermo? No podíamos esperar. Pedro está adentro… no esperó mis órdenes – respondió José
- Decime donde están… ¡Tenés que sacarlos José…! ¡Por favor…! Te lo pido como amigo, por favor – respondió Guillermo desesperado
- Estamos en eso… ya desarmamos el cartel y apresamos a los Escobar… mandé un operativo adentro para buscarlos – respondió el fiscal
- Manteneme al tanto… voy para allá – respondió Guillermo cortando la llamada.
- Hola Beto… necesito tu ayuda – dijo Guillermo
- ¿Dónde estabas…? Te busca hasta la gendarmería a vos – contestó Alberto
- Tenés que llevarme al lugar del secuestro… A la casa Escobar… solo puedo confiar en vos Beto… _ respondió Guillermo
- En menos de cinco minutos estoy por tu casa – contestó Alberto cortando la llamada.
En una hora llegaron al lugar. Se acercaron a José, quien estaba comandando el operativo a la perfección. En ese momento, Guillermo recibió un mensaje: “Encontré a Fabián y a Paola, la esposa de Ordoñez. Estamos saliendo por el lado Sur. Salida del bosque… se que estás afuera. Te amo...”
- Es Pedro… están saliendo por el lado Sur. Salida del bosque… vamos para allá – respondió Guillermo
- La unidad 9 de rescate… lado sur. Salida del bosque. Vayan enseguida. Armados – ordenó el joven fiscal al equipo policial
Guillermo se acercó a la salida indicada, pudiendo ver a Pedro, a su hijo y a la mujer saliendo por el lugar. Al verlos, no pudo contener la emoción y salió corriendo a su encuentro.
Se escuchó un disparo y Guillermo se desplomó en el piso, cayendo inconsciente. Miguel Mendoza, su hermano, le había disparado desde unos árboles a un costado del bosque.
Al verlo caer, tanto Fabián como Pedro comenzaron a gritar desesperados. Su hijo corrió desconsolado, agachándose al lado de su padre, sacudiéndolo. La mujer fue auxiliada por el equipo táctico retirándola del lugar.
- ¡Papá… no! ¡Vos no! – gritó su hijo sacudiéndolo
- Amor… por favor… No me dejes… ¡Vos no! – gritó Pedro aferrándose al cuerpo de Guillermo
- Fue Miguel… Allá, en los árboles – gritó Albero señalando el lugar
- ¡Desgraciado…! ¡Te voy a matar! _ respondió Pedro y salió corriendo para matarlo
- ¡No Pedro… salí! – dijo Alberto corriéndolo y agarrándolo por los brazos
- ¡Ahora…! _ gritó José indicando al tirador que disparara, poniendo fin a la vida de Miguel Mendoza
- Tiene pulso, pero está débil… _ respondió Fabián
- Tenemos que trasladarlo rápido… venga conmigo – respondió el médico
- No… no se lo lleven… ¡No me dejes, por favor Guille! – lloraba Pedro aferrado nuevamente al cuerpo de su hombre
- Señor… tenemos que llevarlo… por favor – respondió el médico
- Pedro… anda con él… Te quiere _ respondió Fabián levantándolo por los hombros
Pedro estaba agarrado al cuerpo de Guillermo. Cuando el joven Graziani intentó separarlo, Pedro pudo tantear un objeto extraño en el bolsillo del saco de su hombre. Antes de levantarse, metió la mano y tomó una caja roja que miró atónito. Se quedó parado en silencio, mudo por el pánico que sentía. Su hombre, al que amaba con pasión, había comprado los anillos de compromiso, y ahora estaba en una camilla rumbo al hospital… Y todo era por su culpa, pensó desconsolado.
- Andá vos Fabián… es tu padre… yo voy con Beto – respondió Pedro
- ¿Estás seguro…? ¿Qué te pasa? – quiso saber el joven
- Andá por favor… Cuidalo… y llamá a Valeria que está preocupada por vos – respondió Pedro paralizado
- Está bien… nos vemos – contestó el joven metiéndose a la ambulancia
- ¿Qué te pasa Pedro? ¿Qué es eso? – quiso saber Alberto
- Alianzas… las encontré en el saco de Guillermo – contestó Pedro mostrándoles la caja
- Se quería amigar con vos Pedro… te iba a pedir compromiso – respondió José acariciándole el brazo
- Y ahora por mi culpa está en una camilla… No se puede morir… No puedo soportarlo – respondió Pedro llorando con la cajita en la mano, temblando de miedo
- No se va a morir… ¿Qué pavadas decís?... Es fuerte, se va a poner bien y se van a casar – respondió Alberto abrazándolo
- Es mi culpa… se va a morir… Lo amo – respondió Pedro inmóvil
- ¡Basta Pedro…! Dejate de decir boludeces… ¡Reaccioná, querés! – le gritó Alberto dándole una cachetada suave
- ¿Qué hacés…? ¿Estás loco? – quiso saber Pedro reaccionando al golpe
- ¡Por fin…! Vamos al hospital… Tenés que estar con él, te necesita –respondió Alberto
- No seas tan duro Beto… Lo quiere y está conmocionado… Vamos Pedro –respondió José tomándolo del brazo
- Vamos…. – respondió Pedro guardando las alianzas en su bolsillo.
CONTINUARÁ
Gracias, gracias eternamente gracias Verónica por todo lo que das en este espacio. ¡Cómo me gustó ese final! ¡Jajaja! Beto le puso un bife a Pedro para que reaccionara! muy bueno!
ResponderEliminarFelicitaciones verónica un placer leerte
ResponderEliminarMara rosas
Gracias a todos por leerme. Besos. Verónica
ResponderEliminar