Audiencia – Parte I “Guillermo”
Guillermo
tiene una nueva audiencia, prepara todo la noche anterior para no olvidarse
nada por la mañana. Deja los papeles ordenados dentro del expediente y coloca
prolijamente las anotaciones en su agenda. Luego de una cena ligera, se dirige
a acostarse. Su cabeza no para, sigue repasando una y otra vez la estrategia
armada y las preguntas a los testigos, ya son pasadas las 2 am cuando al fin se
queda dormido agotado por el ajetreo del día.
Amanece
en Buenos Aires, y Guillermo duerme placenteramente, comienza a sentir el calor
del sol en su rostro que se va acentuando, abruptamente se levanta para mirar
el reloj, “la puta madre” se le escucha maldecir y sale disparado al baño. Se
quedó dormido y esto lo pone de muy mal humor, se ducha rápidamente y se viste
apurado y baja la escalera hacia la cocina pero ya no tiene tiempo para
desayunar, camino al juzgado comprará algún café por ahí. Es tal la urgencia
que tiene que toma descuidadamente el expediente y su agenda desparramando
todas las hojas que había ordenado la noche anterior, todos los apuntes están
mezclados, putea sistemáticamente a todos los miembros de su familia por su
descuido. No tiene tiempo para acomodar nada, así que mete los papeles como
puede y sale enfurecido a la calle. Justo un taxi pasa por ahí y lo detiene, le
indica la dirección y le sugiere que tome calles menos transitadas a fin de
llegar a tiempo a la audiencia. El taxista comienza con la charla típica que
realiza con todo pasajero, “que clima loco no?”, “fue al supermercado? No se
puede creer lo caro que está todo”, “este país se va a la mierda en cualquier
momento”. Guillermo lo que menos quiere es escuchar al taxista, su humor va de
mal en peor, trata de ordenar el expediente pero todo está confuso. Al menos
algunas hojas de sus anotaciones están juntas y no se mezclaron con el resto.
Llega
al juzgado, a paso atropellado entra y se dirige a la sala en la cual ya se
encuentran el juez, el fiscal, los testigos, el público, su cliente. Pide
disculpas a todos y se sienta tratando de apaciguar su respiración agitada. “Doctor,
pensé que no venía” le reclama su cliente con cara de preocupación. Graziani lo
mira cansino, era la gota que faltaba para que rebalse el vaso “pero por favor
hombre, como puede pensar que lo voy a
dejar pagando” le dice ofuscado. El juez comienza la audiencia informando la
causa que se tratará, luego le otorga la palabra al fiscal quien comienza su
oratoria. Guillermo escucha mientras aprovecha para acomodar todo el legajo de
su expediente y ordena sus ideas. Levanta la vista hacia el auditorio, como
siempre hay bastante gente, “quizá hayan venido a deleitarse con una clase
magistral del Dr. Guillermo Graziani” piensa para sí y sonríe. Le gusta tener
público, lo hace sentir importante y le recuerda aquella etapa de su vida en
que se dedicó a dar clases en la universidad, “qué buena época” rememora
“debería retomar” se plantea. Deja que sus ojos lo lleven por cada rostro que
se encuentra en ese recinto, observa las expresiones y el interés que pueda
reflejarse en cada mirada, un rostro en particular le llama la atención, un
muchacho joven que “no debe tener más de treinta años” piensa, luce muy
prolijo, se le nota que está muy interesado en todo lo que explica el fiscal.
“Será un abogado recién recibido” trata de adivinar, no puede quitarle los ojos
de encima, le parece extraño el interés que muestra y justo en ese momento el
muchacho lo mira directamente. Queda en evidencia ante esos hermosos ojos
grandes que lo miran interrogándolo, “Dr Graziani, ¿se encuentra con nosotros?
O ¿debemos proceder sin usted?” le reclama el juez, Guillermo desvía la mirada y
se percata de que todos están observándolo esperando su oratoria. Se siente
como un niño que ha sido descubierto realizando alguna travesura, se recupera
rápidamente y se disculpa para dar inicio a una clase de derecho propia de sus
conocimientos y su capacidad para expresarse como un verdadero maestro de su
oficio. Todos murmuran ante la capacidad y la facilidad que demuestra el Dr.
Graziani para desenvolverse en la sala, y Guillermo se siente satisfecho por
esto. Cada tanto lanza una mirada hacia los espectadores, en uno en particular
que lo observa admirado y hasta casi extasiado. El juez agradece a Guillermo y
pasa a cuarto intermedio para analizar las pruebas y toda la documentación a
fin de expedirse respecto al caso. Se retomará la audiencia al día siguiente en
el mismo horario.
Guillermo
habla con su cliente “bien, vamos bien, mañana veremos que decide el juez pero
usted tranquilo porque tenemos todo a nuestro favor”, el cliente suspira
aliviado y le estrecha la mano antes de retirarse. Mientras acomoda todo, echa un vistazo a las
personas que aún se encontraban allí para ubicar a ese joven que llamó su
atención pero no lo encuentra “que desilusión” se dice “me hubiese encantado
conocerlo” murmura y sale de la sala para alguna confitería a desayunar.
Llega
al barcito de la esquina cercano al juzgado y se ubica en una mesa pegada a la
ventana, pide un café negro con tostadas y mermelada. Revisa una vez más el
caso, realizando anotaciones en su
agenda, ensimismado está cuando siente la presencia de una persona parada
frente a él “¿Dr. Graziani?” le pregunta “disculpe la intromisión pero quería
conocerlo personalmente” le explica y cuando Guillermo levanta la vista se
encuentra con el rostro del muchacho que había asistido a la audiencia y que lo
miraba entusiasmado.
“No
quiero molestarlo pero puedo volver en otro momento si lo prefiere” le explica
el muchacho, y Guillermo se sorprende “no por favor sentate” alcanza a decirle
y le extiende la mano. “Soy Pedro Beggio, y le agradezco por su tiempo” dice al
mismo momento que le estrecha la mano. Toma asiento y sonríe, y al hacerlo unos
hoyuelos se forman en su rostro, Guillermo lo observa aún desconcertado “bueno,
aquí estas” comenta “¿decís que querías conocerme?” le consulta.
Pedro
lo mira un poco nervioso “sí, tenía ganas de conocer al gran Guillermo
Graziani, es muy popular en tribunales ¿sabía?”, el modo en que Pedro se
expresó hizo que Guillermo diera una carcajada, no se esperaba esa clase de
confesión “así que popular ¿eh?” expresa divertido. Sí hasta ese momento había
tenido un comienzo del día para el olvido, estaba cambiando notablemente “la
verdad no me lo imaginaba pero supongo que es algo …. ¿bueno?” agrega en son de
pregunta. Pedro se sonroja un poco “supongo que sí pero por favor no lo tome a
mal, no me exprese correctamente” se sentía incómodo pero Guillermo
inmediatamente le pide disculpas por su reacción “no, discúlpame, no te sientas
mal es que tuve un comienzo del día de mierda y la verdad que necesitaba reírme
un poco”.
Pedro
llama al mozo y pide un café cortado, se relaja un poco y siguen charlando
acerca del caso, le interesa en particular el modo en que Graziani logra cautivar
a todos con su oratoria “deberías dar clases en la universidad” le dice
“seguramente las aulas estarían repletas esperando tu llegada” de a poco se va
soltando en la conversación y Guillermo se percata de esto, empezó a tutearlo y
ni siquiera se dio cuenta “en realidad, hace unos cuantos años atrás me dediqué
a dar clase en la universidad, mi cátedra era el derecho penal” le cuenta ya
distendido, “¿derecho penal? Que coincidencia, yo soy abogado penalista” le
confiesa Pedro, ambos sonríen “mirá que bien, y ¿trabajas en algún estudio o
sos abogado independiente?” continúa Guillermo, ahora está muy interesado en
conocer más de Pedro “en realidad trabajo para una multinacional como abogado
corporativo pero me gustaría en un futuro no muy lejano cambiar de rumbo, me
vendría bien unirme a algún estudio o bien abrir alguna oficina, clientes no me
faltan”. Guillermo lo escuchaba entusiasmado, podía percibir un brillo en la
mirada de Pedro cuando este hablaba, “discúlpame la pregunta pero ¿Cuántos años
tenés?” le dice sin vueltas, “tengo 34 años, ¿por qué?” lo interroga inclusive
con la mirada “no, por nada, pareces más joven. No imaginé que ya eras todo un
abogado consumado, imaginé que eras recién recibido”.
La
charla se había vuelto muy entretenida, ninguno tenía intenciones de marcharse
porque estaban muy a gusto hablando de diversos temas, tanto penales como de la
vida misma “¿no tenés intenciones de volver a dictar alguna cátedra?” le
pregunta Pedro casi espontáneamente, “no lo sé, quizá más adelante, estamos un
poco atorados de casos en el estudio y no es momento para pensar en otra cosa
fuera de ahí” que fácil le resultaba conversar con Pedro, no sentía la presión
de responder a preguntas que quizá provenientes de otras personas le
resultarían fuera de lugar. A pesar de la comodidad mira su reloj para notar
que habían pasado un par de horas “uy como vuela el tiempo, vas a tener que
disculparme pero tengo que volver al estudio sino mi socio me mata” Guillermo
comienza a juntar sus cosas y llama al mozo para pagar la cuenta “no dejá,
invito yo” le dice Pedro “además te interrumpí y te hice quedar más de lo
debido, pero la próxima invitas vos” agrega sonriendo, Guillermo lo mira
sorprendido “ah entonces la próxima almorzamos, ¿mañana venís a la audiencia?
Podemos arreglar para después y de paso festejamos el fallo a favor de mi
cliente” le explica “¿tanta fe te tenés de que va a ser favorable?” le pregunta
Pedro divertido “acaso ¿te queda alguna duda? Yo vengo a ganar sino ni me
presento” le retruca convencido Guillermo “por supuesto que vengo, no pienso
perderme por nada en el mundo ese triunfo” dice Pedro y se levanta para
saludarlo.
“Ha
sido un placer escucharte, me preparo para mañana” agrega Pedro “dale, no va a
tener desperdicio, te lo prometo” y mientras le dice esto Guillermo le guiña un
ojo. Se despiden y sale apresurado con rumbo a su estudio. En el camino, sus
pensamientos comienzan a poblarse con la imagen de Pedro, le recuerda en algo a
él en su juventud, tan decidido, tan claro en sus ideas. “Es grato encontrarse
con personas así” piensa y espera poder conversar con ese muchacho más allá de
un almuerzo.
¡Ay Juli! Si supieras la emoción que me provocó el comienzo de tu fic!! Fue como comenzar a ver la novela de nuevo, pero esta vez con la tranquilidad de quien siente que sus sueños están en buenas manos. Me encantó, me encantó, me encantó!! Gracias por compartirla y porfi.. ¡Pronto el cap 2! Un beso gigante y un abrazo Guilledrista!!
ResponderEliminarQ hermoso re-comienzo, Juliana!! un encuentro más distendido, relajado, realmente lo disfrutaron ellos tanto como nosotros, creo!! Gracias, y cuanto antes la 2, please!! Carina
ResponderEliminarJuli, que bueno encontrarte por aca y escribiendo, una caricia para el alma!! Se te extrañaba mucho!!! Me encanto este comienzo que junto a tu magia estoy segura nos va a traer muchas cosas buenas!! Beso grande y esperando el proximo. Sil.
ResponderEliminarQuè alegria Juliana que vuelvas a escribir, yo era una de las que te hinchaba en el grupo para que hicieras otra historia, y ahora al fin la tenemos. Hermoso comienzo, en una audiencia como en la novela, pero ahora seguras de que tendremos nuestro final feliz. Espero el dos!!!
ResponderEliminarMe encanto tu relato!!! hermosisimo, ansiosa para que lo continues!!! Gracias Liliana Posteraro.
ResponderEliminarbienvenida julian este espacio divino , como siempre leerte es un placer!!!! me encanto este nuevo comienzo, segura que con tu pluma vamos a disfrutar afull !!! mariana
ResponderEliminarSublime!! Que bueno leerte nuevamente !! Felíz!! Gracias!!
ResponderEliminar