Audiencia – Parte II Pedro
Pedro
se prepara para ir al juzgado, tiene una presentación importante que realizar,
prepara todo en su portafolio, expedientes, anotaciones, su agenda. Se mira en
el espejo para corroborar que la barba está prolija y recortada, su cabello
bien peinado, su ropa impecable y aprovecha a acomodar la corbata. Mira el
reloj y está a tiempo, se acerca a la cocina y saluda con un beso en los labios
a su novia Camila “¿volvés tarde mi amor?” le consulta “depende del trabajo que
tenga, pero te aviso en todo caso ¿sí?” le responde Pedro “¿te parece que me
veo bien así?” le pregunta mientras posa su mano derecha sobre el pecho. “Sí,
mi amor, te ves muy bien” le contesta Camila levantándose de la silla para
rodearlo con sus brazos, Pedro la mira embelesado besándola dulcemente “bueno,
bueno, me tengo que ir” le dice apurado y sale del departamento. Emprende el
viaje al juzgado en su auto, se siente feliz de compartir la vida con Camila,
su novia desde hace tres años. “Al fin un poco de estabilidad” piensa, siente
que ha llegado a una etapa de la vida en que debe comprometerse, dar un paso
más, además Camila es la mujer correcta para él o al menos eso quiere creer.
Desde que la conoció se enamoró inmediatamente de ella, y al poco tiempo ya
convivían, ella solía reclamarle que ya estaban pasando por un momento en que
debían formalizar la relación. “Mis amigas ya están todas casadas y con hijos”
le recordaba en un tono inquisidor, pero Pedro aún no se sentía preparado para
traer al mundo un hijo. Quizá sí para pedirle matrimonio, pero para eso debía
comprar primero una alianza “hay que ir paso a paso” se recordaba “todo a su
debido tiempo” murmuraba.
Llega
al juzgado, estaciona el auto, se mira por el espejo retrovisor para asegurarse
de que luce correctamente y luego baja. Ingresa al edificio y se dirige a la
mesa de entrada para anunciarse, le indican que suba al primer piso para que le
reciban la documentación en la fiscalía correspondiente. Sube a la oficina del
secretario del fiscal para entregarle el escrito correspondiente, le sellan el
ingreso y cuando está saliendo hacia el pasillo escucha a unos cuantos abogados
jóvenes que hablan entusiasmados por una audiencia que se llevará a cabo en
unos minutos, que será pública y dónde el abogado defensor no será otro que el
Dr. Guillermo Graziani. Al escuchar este nombre Pedro es embargado por la
curiosidad de poder presenciar dicha audiencia, ha oído hablar del Dr. Graziani
dentro del juzgado y muchos lo consideran una eminencia del derecho penal, “no
estaría mal verlo actuar en vivo y en directo” se dice y emprende rumbo hacia
la sala. Cuando llega ya está casi completa, se acomoda rápidamente en unos de
los asientos que aún se encontraba liberado y espera mientras observa a todos a
su alrededor y los escucha hablar animadamente. Puede oír toda clase de
comentarios desde los que dicen que Graziani es un tipo insoportable y soberbio
hasta quienes lo elogian por su capacidad de elaborar estrategias que muchas
veces dejan boquiabiertos a todos los presentes. Los minutos pasan pero al
parecer el único que falta es justamente el famoso abogado, el juez mira
impaciente el reloj, el fiscal habla con su cliente y no se lo ve precisamente
feliz, los testigos que se encuentran cerca del estrado se mueven nerviosos al
igual que el cliente de Graziani quien no deja de mirar hacia la puerta de la
sala. En ese instante hace ingreso el Dr. Guillermo Graziani y Pedro se percata
de esto gracias a la persona sentada delante de él que musita “llegó por fin”. Todos
lo observan ingresar a paso apresurado, mientras camina pide las disculpas
pertinentes al juez, fiscal, testigos y público presente luego se acomoda en su
asiento y puede notar que el cliente se le acerca para decirle algo que
evidentemente no satisface a Graziani, puede percibir esto gracias al cambio en
su semblante. El juez casi ofuscado da inicio a la audiencia informando la
causa a tratarse para luego darle la palabra al fiscal. Pedro observa al Dr.
Graziani quien al parecer tiene un problema con el expediente ya que lo revisa
de atrás para adelante moviendo hojas de un lado para otro, luego su atención
se centra en la oratoria del fiscal, quien se mueve como pez en el agua por su
estrategia, se lo nota muy seguro. Escucha atentamente la presentación de las
pruebas, así como las declaraciones que los testigos han brindado, sonríe
imaginándose a él mismo en ese lugar, defendiendo a algún cliente en ese
recinto. Se encuentra absorto en las palabras emitidas por el fiscal cuando
siente una mirada que lo desconcentra, se gira para descubrir los ojos del abogado
sumergidos en sus ojos, Pedro pestañea y en ese momento el juez llama al Dr.
Graziani reclamándole atención. Se puede notar la incomodidad de Graziani al
percatarse de que todos lo observan pero se recupera al instante para comenzar
con su oratoria. Pedro lo escucha atentamente como si fuera seducido por la
capacidad que demuestra el abogado, la forma en la que se expresa, sus
movimientos lo convierten casi en un showman, cuando mira alrededor todo el
público se encuentra bajo el mismo hechizo. “¿Cómo lo hace?” se pregunta Pedro,
“hasta el tono de voz es embriagador” piensa. No hay una sola alma que no esté
atenta a cada movimiento, a cada palabra, a cada gesto. Concluye luego y toma
asiento, Pedro tiene la necesidad de aplaudir semejante despliegue pero se
contiene y escucha al juez decir que pasaran a un cuarto intermedio para
continuar con la audiencia al día siguiente en el mismo horario.
Pedro
quiere acercarse a Graziani para conocerlo y felicitarlo por la clase magistral
de derecho pero su celular comienza a sonar insistente, así que sale apresurado
al pasillo para atender “Buenos días Dr. Beggio, ¿pudo presentar la
documentación?” quien le habla es el presidente de la empresa en la que trabaja
“sí, todo presentado en tiempo y forma, no se preocupe. Voy a tardar un poco
más si necesita algo me ubica al celular” le explica “bien, en cuanto llegue
necesitamos hablar acerca de un tema muy importante así que diríjase a mi
oficina inmediatamente” le indica “lo tengo presente, apenas llegue me acerco
.. disculpe pero tengo que cortar” y sin más termina la comunicación. Se siente
perseguido por su jefe, se siente disminuido por él, no confía en sus tácticas.
Sabe que algo no está bien, una corazonada pero lo resolverá al llegar a la
empresa. Ingresa a la sala pero ya no encuentra a nadie, le consulta a un
muchacho que circulaba por ahí si vio salir al Dr. Graziani y este le confirma
que se retiró del juzgado hace unos minutos. Decide salir para ver si lo
encuentra, comienza a caminar y se aproxima a un bar en la esquina, estuvo a
punto de seguir de largo cuando ve de refilón la silueta de Graziani quien se
encontraba sentado en una mesa cerca de la ventana. Empieza dudar si lo
interrumpe, pero toma coraje e ingresa al lugar, se para delante de la silla
que se encuentra frente al abogado quien en ese momento estaba sumergido en su
agenda. Pedro titubea un poco pero lo llama por su nombre, en cuanto Graziani siente
su presencia levanta la vista y lo mira directamente, Pedro se disculpa por esa
intromisión, se siente un poco nervioso pero el abogado lo invita a sentarse
mientras le extiende la mano. Esa mano es fuerte y firme, trata de no temblar
al responderle el gesto y se presenta, sonríe ante la mirada inquisidora de Graziani
quien comienza a hablarle. Pedro no sabe muy bien que decir solo contesta
“quería conocer al gran Guillermo Graziani, es muy popular en tribunales
¿sabía?” al instante que emite esas palabras se arrepiente, escucha al abogado
lanzar una carcajada, no puede creer que haya dicho algo así “que pelotudo que
soy” piensa y trata de que los colores no se le suban al rostro. Quiere aclarar
lo dicho pero Graziani se disculpa por su reacción, al parecer no ha tenido un
buen día y necesitaba relajarse un poco. Pedro llama al mozo y pide un café, le
halaga la capacidad que posee de cautivar a todos con su oratoria, le hace
saber que debería dar clases en la universidad y Graziani le confiesa que lo
hizo mucho tiempo atrás. Se siente muy cómodo hablando, escuchando y descubre
en el abogado a un hombre encantado con su oficio, deleitándose con sus
anécdotas. Le revela que su fuerte es el derecho penal y Pedro le comenta que
es un abogado penalista trabajando en una multinacional, pero le confiesa la
necesidad que crece en su interior de cambiar esa situación. Guillermo le
consulta por su edad y esto descoloca a Pedro, lo cree mucho más joven de lo
que aparenta.
La
charla se extendió sin que pudiera notarlo, pero se siente animado por conocer
a un colega con el cual tiene cosas en común, Guillermo mira el reloj y se da
cuenta de que el tiempo voló, se disculpa con Pedro pero debe volver a su
estudio, llama al mozo para pagar la cuenta pero él lo detiene, a modo de
disculpa por retrasarlo le dice “dejá, invito yo” y luego agrega “te interrumpí
y te hice quedar más de lo debido, pero la próxima invitas vos”, nota que
Guillermo lo mira sorprendido, “acaso ¿me extralimite?” piensa Pedro pero
inmediatamente el abogado le responde “entonces la próxima almorzamos, ¿venís
mañana a la audiencia? Podemos arreglar para después y de paso festejamos el
fallo a favor de mi cliente”, muestra tanta seguridad al decir esas palabras
que Pedro no puede evitar responderle “¿tanta fé te tenés de que va a ser
favorable?” y sonríe esperando una respuesta que no tarda en llegar y que lo
sorprende aún más “acaso ¿te queda alguna duda? yo vengo a ganar sino ni me
presento”. Pedro no puede creer la convicción que demuestra Graziani, tiene una
presencia única y es imposible no darle la razón “por supuesto que vengo, no me
pierdo por nada en el mundo ese triunfo” le indica y se despiden, Guillermo
sale apresurado y Pedro paga la cuenta para salir luego del bar.
Nunca
imaginó encontrar a alguien así, tan seguro, que destile tanta confianza por sí
mismo que le brota por los poros. Es cautivante su modo de ver las cosas, tiene
respuestas para todo. Pedro camino a su trabajo no puede evitar pensar en ese
hombre que lo sorprendió de un modo particular, no puede esconder la ansiedad
que le genera saber que lo verá al día siguiente para continuar deleitándose
con sus argumentos.
Continuará?...
Juli querida, ¡mortal tu fic!. Me transporta en el tiempo, me hace volver a vivir la emoción de esos primeros capítulos y la magia de observarlos descubrirse mutuamente, pero como te dije en el capítulo primero, esta vez con la tranquilidad de que estos personajes tan amados están en muy buenas manos.. Sos cálida para escribir y eso sana. Gracias por compartir tu creación con todos nosotros. Un abrazo gigante y Guilledrista!!! Esperamos la parte 3 con una bolsa gigante de pochoclos.. :-)
ResponderEliminargenialll juliana me encanta conocer ambas sensaciones de los que les va ocurriendo!celebro tu incorporacion al blog besosmariana
ResponderEliminarObviiio que tiene que continuar que es ese Signo de Pregunta??? Jjaja Geniiial
ResponderEliminarMuy bueno July, interesante ver la historia desde la mirada primero de Guille y ahora, de Pedro. Espero el 3, a ver què pasa en ese almuerzo.
ResponderEliminarYa te dije que bienvenida. Preciosa fic que nos lleva al inicio de todo, hermosa, esperando el cap 3 y gracias por incorporarte al grupo. Beso.
ResponderEliminarBellisimo Juliana ,es un placer volver a leerte y reencontrarme con estos hermosos momentos de Guilermo y Pedro!! Gracias!!
ResponderEliminarJuliana me esta encantando esta historia, extrañaba mucho leerte, que bueno haberte encontrado aca!!! Felicitas
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