“ P & G” LA MERCERÍA – Parte II “Celos cruzados”
Pedro sale atrás de él, mira
hacia ambos lados de la calle pero no lo ve por ningún lado. “Encima de áspero, calentón”, piensa.
Sube al auto, hace una cuadra a baja velocidad buscándolo con la vista, hasta
que lo distingue parado en la esquina esperando un taxi. Se detiene frente a
él.
_ Subí._
_¿A mí me hablás? Perdés el
tiempo.
_Guille, subí al coche.
_No. Te dije que no.
_Dejate de joder y subí, por
favor. ¡Dale Guille, vamos a casa! Fue un día de mierda. Quiero llegar a casa.
_Y andate. ¿Quién te detiene?
_Bueno listo. Si vos no subís
bajo yo, te como a besos y te juro que no paro hasta que la gente aplauda.
Lo mira irascible. _ Ni se te
ocurra.
_Entonces subí._ Como Guillermo, obstinado como de costumbre
ni amaga a subir, Pedro comienza a estacionar el Sonic. “Alerta, Graziani. Lo va a hacer. Últimamente este pendejo está tan asumido y liberado que no me
extrañaría que un día aparezca con pestañas postizas. ¡Me toca en plena calle y
lo mato!” _ Pedro se baja del auto y como ultimátum le dice_ Venís o voy.
Hecho una furia Guillermo sube al
auto._ No golpeés la puerta_ Tarde. Acaba de meterle un portazo para la
historia. _ Listo. ¿Querías hacerla giratoria, amor?_ Pedro arranca y le dice_
Ponete el cinturón de seguridad.
No le contesta, pero tampoco se
lo pone. Está rabioso. Pedro detiene el coche en el semáforo, se inclina sobre
él, busca el cinto y lo cruza sobre su cuerpo para abrocharlo, pero Guillermo
se brota en movimientos frenéticos intentando impedírselo. _ ¿Qué haces? ¡A mí
no me atás como si fuera un chico porque me bajo!
A pesar del forcejeo Pedro se
sale con la suya y abrocha el cinturón. _ ¡Terminala Guillermo!_ Esta vez le
habla serio y a punto de enojarse el también. Guille se da cuenta que las soga
hizo tope y se queda en el molde.
El trayecto hacia la casa de
ambos transcurre en silencio. No se dirigen la palabra pero de tanto en tanto
de miran de reojo.
“¡Como si
hubiese sido poco esa conversación de
mierda que escuché accidentalmente entre él y ese pelotudo de Matías en el estudio
y que no fuera capaz de contenerme ni un poquito, de darme una mínima
explicación, ahora le pega de celos con el pobre Robertino que no hace más que
comprarnos en la mercería como nadie! ¡No querido, vos no me vas a manejar la
vida!”
“¡Además de haber desaparecido todo el día y de apagarme el celular por
esos celos ridículos que le tiene a Matías, cuando finalmente lo encuentro se
farolea como un pavo real con esa mariquita que no hace más que avanzarlo! ¡Y como
si fuera poco, se lo festeja! ¡No querido, vos de boludo no me agarrás!”
Llegan a la casa y Guillermo que
es el primero en entrar se la desquita con los muebles y enciende las luces de
muy malos modos. Pedro entra detrás de
él aflojándose la corbata y quitándose el saco. Aún trae puesta la ropa de la
mañana. La de abogado. _ ¿Vas a cenar? _ le pregunta serio.
_¡Obvio que voy a cenar! ¡Porque
ni siquiera almorcé, y no almorcé porque la personita que me dijo que me
buscaba para almorzar desapareció todo el día!
_¡Guardate tus reproces Graziani,
que sabés muy bien porque desaparecí! ¡Además te advertí antes de irme que no
pensaba volver!
_¡Claro! ¡El señorito se pone
celoso porque estoy trabajando en un caso con un colega y no solo desaparece,
sino que me apaga el celular!
-¿Un colega?_ Pedro se le acerca
irritado y le habla a centímetros de la cara_ ¿Matías, “un colega”? Un colega
que si pudiera, ¡te come con fritas! No te hagas el tonto conmigo, Graziani… _Da
la vuelta y amaga a irse cuando Guillermo lo detiene por un brazo y lo hace
girar para dejarlo de nuevo frente a él.
_¡Dejá de exagerar Pedro! ¡Por
una vez que me invitó a su casa te hacés toda esta película!
Pedro se acerca aún más a su
rostro y sin usar las cuerdas vocales le dice gesticulando en forma exagerada y
cargado de celos. _¡El mismo lo admitió!
Ah ah ah… Graziani. Pedro y
parece tenér bajo la manga una carta que vos desconocías. _¿Cuándo te lo
admitió? ¿Qué te dijo? _ Ahora su voz suena más amigable. La verdad es que no
quiere estar peleado con Pedro.
_ Me dijo que si pudiera “me
serrucharía el piso y de mil amores”. _Guillermo se queda paralizado. Eso no
debe ser fácil de escuchar._ Matías te tiene unas ganas que se desarma cuando
te ve. Y esa charla que escuché, no era muy transparente que digamos.
_Pedro, cielito… _ Intenta un
caricia convencido que Pedro la va a rechazar, pero se equivoca. Se queda
quietito, hasta se podría decir, disfrutándola.
Él tampoco quiere estar peleado con Guillermo. _No podés ponerte celoso
de Matías. Le estaba diciendo que como vos no ibas a buscarme hasta mediodía,
teníamos ese tiempo para resolver un acuerdo apropiado para todos. Pedro, ¿te das cuenta que vos escuchaste lo
que quisiste escuchar?
La reciente mansedumbre de Pedro
se pierde con esas palabras. _ ¿Ves que sos un jodido? Esa frase, la que acabás
de decir… ¿Por qué no me dijiste eso cuando Matías se fue en lugar de gritarme
como un tarado? Y no es como vos decís, que escuché lo que quise escuchar,
porque sino Matías no me hubiese llamado para explicarme que él trabaja con vos
en el caso Salustiani. _ Pedro se arremanga la camisa, se lava las manos en la
pileta de la cocina y comienza a sacar las cosas de la heladera para preparar
le cena.
_¡Ahí está! ¡Esta vez me la
dejaste picando en el área, Pedro! Si Matías te llamó para explicarte, ¿por qué
no bajaste un cambio? ¿Por qué no volviste?
_No era Matías quien me tenía que
dar explicaciones, sino vos. Vos. _ Guillermo sabe que algo de razón tiene,
pero no va a admitirlo porque está enojado y para él es motivo suficiente. Va
en busca de una copa y mientras destapa una botella de vino, le retruca _ ¡Todo
un día sin saber nada de vos y cuando te encuentro, me entero que coleccionas
“mariposas”!
Pedro comienza a cocinar con un
humor de perros. Al escuchar esta frase
explota._ ¡No seas cínico! Estas queriendo tapar el sol con la mano, Robertino es
nuestro mejor cliente, nada más.
_¡Mueve el culo más que Sonia,
Pedro!
_¡Ahh, estabas espiando!
_¡Obvio que estaba espiando!
¡Cómo no voy a sentir la necesidad de ver con lo que estaba escuchando! “¡Vi ese
auto azul divino como el dueño y no pude dejar de entrar!” _ Guillermo
imita la voz y la pose de Robertino. Pedro siente muchas ganas de reír, pero se
muerde los labios. Ver a Guillermo de saco y corbata quebrando la cintura tal
como lo hace Robertino es demasiado. Se hunde dentro de la heladera para que no
lo vea. Está tentado de risa. _ “Ese auto
que brilla como purpurina” ¿Qué carajo es purpurina, Pedro? “¡Ah y poneme en lista de espera!” ¡Puto de
mierda! Lo vuelvo a ver cerca tuyo y lo cago
a trompadas…
_ Ahh si, nosotros somos tan
héteros… ¡Ni se te ocurra meterte con Robertino! Le decís una sola palabra y se
pudre todo…
Guillermo se acerca a él con la
copa de vino entre sus manos, pausado pero más enojado que antes. _ ¿Y porque
lo defendés tanto vos?
_ Porque no jode Guille. Compra y
no jode. Solo juega._ Se lo dice sereno intentando calmar el clima. Lo mira con
esa dulzura que suele ser la trampa Graziani perfecta y le dice suavecito._
Dame un poco de vino._ Guillermo acerca
la copa a la boca de Pedro y ve como sus labios se entreabren para dejar entrar
el brebaje de los sueños. Observa su perfil maravillado. Sabe que besa el suelo
que Pedro pisa y la sola idea de que
alguien lo mire con deseo lo enloquece. Como si pudiera leer sus pensamientos,
Pedro lo mira jugando con las tonalidades de su mirada tan particular. La paz
comienza a llegar. _ Dejame que te ayude con esto_ Le dice haciéndose cargo de
preparar le ensalada. Pedro lo sigue mirando. Guille baja ocho cambios.
_¿Qué me mirás así?_ Le susurra
sugestivo
_Evasor.
_Tontín.
Estallan en risas los dos al
recordar esas palabras que formaron parte de un pasado doloroso pero ahora
distante. Sueltan todo lo que tienen entre las manos y se abrazan.
_¡Al fin, chiquito! Te extrañé
tanto hoy. No me hagas esto nunca más Pedro. No vuelvas a desaparecer así. Si
te enojás conmigo por algo, gritá, rompé cosas, pero no desaparezcas más. Me
trajo malos recuerdos, ya sabés de que te hablo. Me atormentaron los fantasmas
del caso Moravia y vos prófugo y escondido en la casa de Laura. Casi me muero
amor.
_Está bien. Te tomo la palabra.
La próxima vez que lo vea a Matías cerca tuyo les parto una silla en la cabeza
a cada uno_ Pedro ríe, tiene una risa única y contagiosa. Guillermo se relaja
un poco más, besa su frente, su cabello desordenado, sus ojos maravillosamente
tiernos y se detiene en esa boca que le quita la respiración, se sumerge y
acciona meneándose con sus labios hasta abrirla a su agrado. Se saborea en
ella. Degusta su secreción y su piel.
_ Pedro, ¿te dije alguna vez que
te amo?
_ Nunca, miserable. Nunca._
La calma ha vuelto al hogar. Se
abrazan, se besan, se relajan y preparan la cena juntos mientras comparten la
copa de vino. Ha sido un día para olvidar, pero horas de pelea suelen traer
horas de reconciliación. Por eso cenan en penumbras mirándose a los ojos, sin
televisión, sin música de fondo. Solo el sonido de sus voces y la melodía de
las frases que anticipan el postre. El celular de Pedro suena…
_ Si._ Hace una pausa _ Naaaa… ¡Todo
bien! ¡Todo arreglado!
_ ¿Quién es?_ Pegunta Guillermo
del otro lado de la mesa.
_Robertino… _ responde Pedro en
tono muy bajo, tapando el micrófono del teléfono.
El volcán Graziani quiere entrar
en erupción cuando ve su mirada maliciosa, sagaz y de atorrante.
_¡Mentira Graziani! _ Mantiene
cubierto el micrófono para que del otro lado no se escuche lo que dice. _ Es
Laura… ¡Tonto! _ Y se ríe como un chico.
Guillermo se la banca. Acepta la
broma como parte de la reconciliación pero le responde con un guiño, que más
que un gesto es una promesa. “¡Pendejo y
la puta madre! Me tenés comiendo de tu mano, vamos a vivir al borde del
divorcio porque tanto amor no es fácil de manejar… Pero te amo, Pedro.
Eternamente te amo, Pedro Beggio.”
Fin. ( De un gran enojo y de
celos cruzados, pero seguro vendrán más historias de “La Mercería”)
"Tanto amor no es fácil de manejar" ahí caí rendida a tus pies (y los de Guille también!! jaja)
ResponderEliminarMe encantan estos relatos de celos y reconciliaciones, son tan reales como la vida misma. Excelente. Ojala pronto nos cuentes otras historias de "La Merceria". Liliana P,
ResponderEliminarBellisimo relato!!
ResponderEliminarNooooo ame la merceria!!! por favor Sandra inspirate y traenos mas historias de estos dos bombones que nos tienen locas a todas.....imposible no imaginar a Guille imitando a Robertino y la risa contenida de Pedro.....y me terminaste de matar con....“¡Pendejo y la puta madre! Me tenés comiendo de tu mano, vamos a vivir al borde del divorcio porque tanto amor no es fácil de manejar… Pero te amo, Pedro. Eternamente te amo, Pedro Beggio.”....ahhhhhh suspiros y mas suspiros espectacular Guillermina Pedris!!!!! Gracias Barby
ResponderEliminar"Sabe que besa el suelo que Pedro pisa" ... INSUPERABLE! Cande
ResponderEliminarsandrissssssssss desmayada en el teclado por leer esta bellezaaa ame tu fic amiss y espero muchoss mas caps de esta merceria !!!! te quiero con el alma! lo sabessss mariana
ResponderEliminarHay Guillermina querida, Sandris amada, ese te amo eternamente Pedro Beggio, los celos cruzados, esas reconciliaciones, Pedro con pestañas postizas, ja, ja. Divina pluma màgica, tierna historia de vida cotidiana. Una belleza. Una perla. Abrazote y feliz de estar en este espacio contigo y espero que disfrutes de su crecimiento.
ResponderEliminarAy Sandra què manera de disfrutar. Amo los relatos con celos, pero estos celos cruzados me terminaron de matar, jajajaaaa. Amè la parte en la que Pedro lo amenaza a Guille con bajarse del auto y llenarlo de besos en plena calle. Yo hubiera sido una de las que me paraba a aplaudir, jajajaaaaa. Gracias por esta delicia de relato, y por ubicarlos en un nuevo espacio, la merceria, que seguramente al igual que Laura, nos van a dar màs historias nuevas para seguir disfrutando. Gracias!!! ♥
ResponderEliminarGENIAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAAA
ResponderEliminartanto amor no es fácil de manejar… Hermosisismo!! Muchas gracias. Felicitas
ResponderEliminarRECIEN DESCUBRO ESTA FIC. DISFRUTE TOTAL, ABSOLUTO, INCREIBLEMENTE DELICIOSA, SIN DESPERDICIO.MONICA DE LANUS
ResponderEliminar