Guillermo
ordena unos expedientes, quiere tener todo a mano y chequea los folios para
estar seguro de que se trata de la información que precisa. La reunión que
tiene con los abogados del estudio Baunes, se transformó en una cena que
incluye al cliente, no está muy contento con esta decisión pero no tiene opción
además el dichoso caso se ha estirado mas de lo deseado y necesitan darle
cierre cuanto antes para que se fije la audiencia.
Pedro viene
llegando de una cita concertada con su cliente favorito, quien no lo abandona
ni a sol ni a sombra. Está cansado y solo quiere llegar a casa para relajarse y
cenar algo rico con Guille.
Guillermo lo
ve ingresar a su despacho – Hola cielito, ¿todo bien con tu cliente? –
- Sí, todo
bien, fue agotador pero pudimos resolver varias cosas que tenía pendiente,
ahora solo quiero ir a casa para descansar, ¿alguna idea para la cena? –
- Lamento
decirte que no voy a poder acompañarte, tengo una cena reunión con los abogados
del estudio Baunes y el cliente en común-
Pedro sabe muy
bien que Guillermo evitó decir el nombre que estaba prohibido, porque entiende
que le genera un rechazo difícil de controlar
- ¿Cena con
los abogados de Baunes? – le dice tratando de sonar tranquilo – y supongo que
Matías va a estar ahí ¿no? –
Guillermo lo
mira de reojo, si asiente dará lugar a una discusión sin sentido, Pedro se
agazapa esperando el momento de la confirmación y es inevitable eludirlo.
- Sabes que
si Pedro, es uno de los abogados de Baunes que trata directamente este caso
conmigo, Matías y otro colega más, el que no me soporta –
- Entonces
tal vez pueda acompañarte, digo como asesor legal para asistirlos en algún
momento que lo precisen –
“Guarda
Guillermo” se dice a sí mismo el abogado “estas pisando terreno escabroso”
- No creo que
sea necesario precioso, seremos 3 abogados penales reunidos por un mismo tema,
igualmente agradezco tu propuesta –
Pedro no se
queda satisfecho con la respuesta, incisivo y movido por los celos, insiste
- Pero que
tal si el otro abogado tiene un imprevisto y no puede presentarse, o tal vez
Matías sea el que no puede llegar y ya sabemos en lo que puede transformarse
esa reunión si quedas solo con el abogado que te detesta –
Pedro audaz
ataca por todos los flancos pero Guillermo sabe bien que si cede la famosa cena
puede derivar en la jaula de las locas.
- Pedro, no
pienso allanarte el camino para que por cualquier motivo, inicies una discusión
con Matías, ¿esta claro? – lo mira por encima de los lentes – Vos andá
tranquilo a casa y nos vemos mas tarde –
Guillermo es
terminante, conoce muy bien a Pedro y no dará el brazo a torcer. La sola
presencia de Matías logra transformarlo, lo último que necesita es que lleguen
hasta las manos y lo evitará mientras de él dependa.
- Ah bueno,
¿me dejas por Matías?, gracias por aclarármelo Graziani, ¡hace como quieras! –
Guillermo
sonríe sarcástico – No me vengas con celos ahora, sabés muy bien que se trata
de trabajo Pedro –
- Sí, para
vos seguro, pero ¿Matías qué? No pierde oportunidad para acosarte, para
acercarse –
- ¡¿Para acosarme?¡
¿no te parece excesivo lo que decís? –
Pedro lo mira
ofuscado, le molesta que Guillermo tome todo como una broma
- Sí, para
a-co-sar-te eso mismo quise decir, y sabes bien que es cierto, no lo niegues
ahora –
- Bueno esta
conversación se está tornando pesada, yo me voy a la cena porque voy a llegar
tarde por tu culpa, vos hace lo que quieras Pedro-
- Claro que
voy a hacer lo que quiera – lo desafía – es más ahora mismo busco mi equipo
para correr y me voy al gimnasio. Quizá tenga suerte y me encuentre con Diego,
ahora que lo pienso hace mucho que no lo veo, quizás me acepte un café – y lo
mira entrecerrando los ojos.
“No vas a
lograr hacerme perder la compostura” piensa Guillermo y le mantiene la mirada –
Andá Pedro ¿Quién te detiene? Manejáte, tenes tiempo para correr, para tomar un
café, para hacer paracaidismo, para jugar al truco, tranquilo – y toma sus
cosas para salir – no me esperes despierto –
Pedro hierve
de la bronca, de la rabia que le provoca la actitud de Guillermo, no puede
salir de su asombro, “pero como tiene el tupé de decirme que no lo espere
despierto” esas palabras lo carcomen “¿acaso piensa llegar a cualquier hora?”.
Se siente como un animal enjaulado, camina de un lado al otro en el despacho
hasta que se decide y sale del estudio.
Se acerca al
auto y abre el baúl, el bolso con su equipo de gimnasia está ahí desde hace
tiempo, por las dudas nunca lo sacó y ahora sí tiene intenciones de dirigirse
al gimnasio.
Guillermo
llega al restaurant, ya están presentes el cliente y Matías, se acerca a la
mesa y saluda extendiendo la mano.
- Buenas
noches, por lo que veo falta un colega, ¿lo esperamos? –
- No va a
venir, tuvo un imprevisto –
Matías saluda
a Guillermo, y su sonrisa cálida hace dudar al abogado.
- Bien,
comencemos entonces, es mejor no perder el tiempo –
Guillermo
nota que Matías no deja de mirarlo, ambos hablan con el cliente explicando
diversas estrategias mientras cenan. “Si Pedro llegara a saber que faltó el
otro abogado, Matías se convertiría en picadillo de carne”, este pensamiento
hace sonreír a Guillermo, su chiquitín tan celoso predijo de alguna manera que
eso podría llegar a suceder.
Matías se
deshace en adulaciones hacia Guillermo, roza su mano en momentos que ambos
toman la copa y casi puede jurar que se le acerca un poco más al transcurrir la
noche. Quizá debe ser un poco mas directo con él y explicarle que no tiene
ningún sentido montar esas escenitas porque ya no se encuentra disponible.
Desde que llegó Pedro a su vida, ya jamás estuvo disponible para ninguna otra persona
que no sea él.
Pedro por su
parte llega al gimnasio, se dirige al baño para cambiarse y comienza a trotar
alrededor de la cancha ubicada en el predio. No deja de pensar en las palabras
de Guillermo, su cuerpo se tensa al recordarlas y su mente le juega una mala
pasada imaginando a Matías acercarse a Guillermo para besarlo “¡malditos
celos!” masculla, y su paso se acelera, prácticamente corre una carrera contra
sí mismo, tratando de evadirse de esos sentimientos que le nublan la vista. El
terreno es irregular y cuenta con varios pozos, pero Pedro solo va concentrado en
la furia que le origina el abogaducho como suele llamarlo, trastabilla en un
momento, doblando su tobillo izquierdo y va a parar al suelo en un grito de
dolor arrasador. Alguien lo escucha y corre a auxiliarlo.
- ¿Estás
bien? – una voz conocida
- No, no
estoy bien, ahh ¡como duele! –
Cuando al fin
levanta la vista, Pedro se encuentra con el rostro de Diego
- ¡Pedro! –
le dice emocionado – dejá que te ayude, ¿podes levantarte solo? –
- Diego, no,
no puedo. Creo que me esguince –
- Te ayudo,
apoyate en mí que te acerco a alguna silla –
Como pueden
se trasladan hacia unas sillas y Pedro se acomoda mientras Diego lo asiste
- Uy se te
está hinchando el pie, mejor te llevo a la guardia, ¿queres que te lleve en tu
auto o en el mío? –
- Tengo las
llaves acá, vamos en mi auto –
Ya en camino
a la guardia, Pedro se acomodó en el asiento de atrás para mantener la pierna
en alto y estirada, el dolor le hizo olvidar todo el enojo que sentía.
- Qué loco
encontrarnos así ¿no? – inicia la charla Diego
- La verdad
que si, disculpáme, interrumpí tu entrenamiento –
- Ni lo
digas, pero ¿Cuánto tiempo pasó de la última vez que nos vimos?-
- Bastante, y
muchas cosas pasaron también –
Diego lo mira
desde el espejo retrovisor, Pedro solo atina a sonreír, toda la situación es
muy bizarra, nunca pensó que realmente pudiera encontrarlo, mucho menos después
de aquella vez.
Por fin
llegan a la guardia del hospital, lo atiende un médico quien toma unas placas
de su pie, la buena noticia es que no hay quebradura ni fisura pero tiene una
esguince grado uno que deberá cuidar guardando reposo, le recetan
antiinflamatorios, y le sugieren no pisar por unos 2-3 días, colocar hielo para
bajar la hinchazón y mantener en alto el pie. Le vendan el pie y le entregan un
par de muletas para movilizarse, que tedio sentía, todo por sus celos, por sus
arranques de ira.
Diego lo
lleva de vuelta a su casa, primero pasan por una farmacia por los medicamentos,
“¿Qué estará haciendo Graziani?” medita e inmediatamente quita esos
pensamientos de su mente, menos mal que no maneja él porque sino ya estaría de
vuelta en el hospital.
Guillermo
vuelve del baño para encontrarse a Matías solo.
- ¿Dónde está
el cliente? -
- Ya se fue,
te dijo saludos – le informa Matías
- Ah, bueno
entonces paguemos la cuenta y nos vamos –
- ¿Venís a
casa a tomar algo? –
Guillermo lo
mira de costado, “increíble” reflexiona “no pierde oportunidad realmente”.
-Matías, por
el bien de los dos, necesito aclararte algo. Vos sabes que Pedro es mi socio,
bueno es mi socio en todos los aspectos de la vida, con esto quiero decirte que
no voy a aceptarte una invitación a tu casa ni ahora ni nunca –
Matías lo
observa resignado - ¿Perdí mi oportunidad? –
- Nunca la
tuviste, perdoname pero esa vez estaba confundido sólo que me costo admitir que
no podía vivir sin él –
- Me alegra
que hayas encontrado la felicidad a su lado –
- Vos también
vas a encontrarla, pero no pierdas el tiempo conmigo-
Ambos se
levantan de la silla y se despiden, Guillermo quiere imperiosamente volver a su
hogar, necesita hacer las pases con su amorcito.
Pedro llega a
su casa, la casa de Guillermo que comparten hace varios meses, Diego lo ayuda a
ingresar.
- Gracias por
asistirme Diego, soy un desastre, no puedo siquiera ofrecerte un café –
- No te
preocupes Pedro, en otro momento será, ¿vivís con tu mujer acá? –
- No, vivo
con mi nueva pareja, él es abogado también –
Diego lo mira
desconcertado - ¡¿él?! –
- Sí, él, su
nombre es Guillermo, me divorcié de Camila y desde entonces convivimos –
- ¡Que bien!,
me alegro por vos Pedro. Todavía me acuerdo ese día que te encaré y estabas tan
indeciso, acaso ¿era por Guillermo? –
- Sí, era por
Guillermo, no entendía que me pasaba pero luego lo comprendí –
En ese
momento se siente un ruido de llaves y la puerta que se abre, Guillermo entra a
la sala para descubrir a Pedro con el pie sobre la mesita ratona y a un hombre
a su lado que desconoce.
- ¡Guille!
Que bueno que llegaste – le dice Pedro sobresaltado – tuve un pequeño accidente
mientras corría, por suerte Diego me socorrió –
- ¿Fuiste a
correr? – Guillermo lo mira incrédulo – Diego, un placer – y extiende la mano
Diego puede
sentir que el aire se está tornando denso, se corta con cuchillo, sus ojos van
de Pedro a Guillermo y nota que su estancia allí ha llegado a su fin.
- Bueno, te
dejo en buenas manos Pedro, espero que te recuperes pronto. Guillermo un gusto
conocerte –
- Te acompaño
a la puerta Diego – le ofrece Guillermo
Cuando
regresa a la sala, Pedro lo mira mientras se encoge de hombros.
- ¿Para esto
vas a correr? – le dice indicándole el pie
- No me retes
como si tuviera 10 años –
- Es que te
comportas como un chico Pedro, ante una rabieta vas y te desquitas y lo paga tu
cuerpo –
- ¿Cómo
estuvo la cena? – tratando de cambiar el tema
- No desvíes
la conversación, ¿Qué te dijo el médico? –
- Nada, es un
esguince nada más, tengo que hacer reposo, poner hielo en el tobillo y no pisar
por unos días –
- ¡Ah! Pero
que bonito, y ahora ¿quien te va a ayudar con la escalera? ¿a bañarte? ¿y a
vestirte? –
Pedro revolea
los ojos mirando hacia la escalera, y luego a Guillermo – Me puedo mudar con
Beto si no querés que te moleste–
- Bueno,
llamalo, que te pase a buscar rápido porque me quiero acostar –
Pedro lo mira
directamente a los ojos sin poder creer lo que acaba de decirle - ¿Me estás
echando? Porque si es así, me llevo todo y no vuelvo más – y en un arrebato se
olvida de su pie y se levanta para terminar de nuevo en el sillón con el rostro
desfigurado del dolor.
- Pero ¿qué
haces Pedro? ¿No te das cuenta que podés empeorar la lesión? –
Pedro no
soporta que Guillermo lo trate como una criatura pero tiene que admitir que sus
arranques lo llevan a comportarse como tal, trata de acomodar la pierna pero
siente puntadas en el pie que apenas puede aguantar.
- ¿Te dieron
calmantes? –
- Los tengo
ahí, en esa bolsita –
Guillermo
toma un blíster y busca un vaso con agua de la cocina, le entrega la pastilla y
el vaso. Luego se acomoda a su lado para hablar.
- Pedro,
cielito, ¡tenés que controlarte un poco! ¡Mira lo que pasó por tus celos! –
- Sí, ya sé,
¡es todo mi culpa! No tengo ganas de pelear Guille, estoy cansado –
- Pero yo no
quiero pelear con vos, solo quiero hablar, y hacerte entender que lo único
importante en esta vida para mí, ¡sos vos! –
Pedro cruza su mirada con la de Guillermo, de
alguna forma siempre logra que relaje su cuerpo, que los problemas se minimicen
y que el mundo desaparezca a su alrededor.
- Perdoname
mi amor, no quise reaccionar así pero no puedo concebir que estés en un mismo
ambiente con Matías, que respiren el mismo aire, que pueda rozarte con sus
ojos, todo eso me supera-
- Precioso,
ya hablé con Matías de este tema y le dije que no tiene oportunidad conmigo
porque vos sos todo para mí –
Y en ese
mismo acto toma con sus manos el rostro de Pedro, le sonríe y luego lo besa
suavemente, Pedro quiere más pero Guillermo lo contiene.
- Bueno,
vamos a bañarte ahora, te ayudo – le indica Guillermo
Pedro se
levanta lento, toma una de las muletas y Guillermo lo sostiene con una mano
alrededor de su cintura y con la otra apoyándola sobre su estómago para
ofrecerle equilibrio, al sentir esas manos Pedro no puede evitar el oleaje de
calor en su cuerpo.
Suben las
escaleras a paso lento tratando de evitar que el pie izquierdo roce los
escalones, tarea titánica pero lo logran. Llegan al dormitorio y Pedro se
sienta en la cama mientras observa a Guillermo prepararle la ropa para luego dirigirse
al baño a llenar la bañera, vuelve se quita la corbata y se arremanga la camisa.
Se acerca a él para conducirlo al baño y comienza a desvestirlo, Pedro sonríe
picarón y Guillermo trata de no prestarle atención, le quita la venda del pie y
cuando ya está desnudo lo ayuda a ingresar en la tina. Pedro muy quieto lo mira
de reojo esperando, Guillermo toma el jabón y empieza a bañarlo, luego toma el
shampoo para lavarle el cabello, lo hace con tal devoción y cuidado que Pedro
se rinde ante esas caricias, cierra los ojos disfrutando de cada momento.
Guillermo lo contempla a su chiquito “¡que precioso sos!” piensa, no puede
dejar de deleitarse con su belleza “¿Cómo podes pensar que puedo mirar a otros
hombres teniéndote a mi lado?” le pregunta mentalmente a un Pedro entregado a
su cuidado. Cuando termina de enjuagarle el pelo, lo deja reposar un poco y sus
ojos recorren cada línea de ese rostro tan lleno de vida, tan luminoso, sino
fuera por la barba juraría que es más joven de lo que dice ser, como si el
tiempo se detuviera en su piel, no permitiéndole envejecer.
Perdido está
en sus cavilaciones que no se percata de que Pedro abrió lentamente sus ojos y
lo examina en cada gesto tratando de adivinar sus pensamientos. Una media
sonrisa se asoma desconcentrando a Guillermo que ahora fija sus ojos en los
grandes ojos de Pedro, y este actúa rápidamente tomando a Guillermo de la
cintura para introducirlo en la bañera, el abogado desesperado trata de no caer
con todo el peso de su cuerpo sobre la pierna de su amorcito.
- Pero, ¡¿qué
haces Pedro?! –
- ¡Me estas
provocando Guille!, me miras de esa forma y, ¿pretendes que no reaccione? – y
no puede dejar de reír
- ¿A vos te
pareces que me trates de esta manera? ¿Después de lo cuidadoso que estoy siendo
con vos por tu pie? –
- Te quiero
acá conmigo – y comienza a quitarle la camisa
- Basta,
basta, no sigas, pero ¡mira lo que me hiciste!, soltáme que quiero salir –
- ¡No! ¡Vos
de acá no te vas, quiero que termines lo que empezaste!-
- ¡No sé de
que me hablas Pedro! –
- Yo no me
conformo con ese beso que me diste en el sillón, además cuando quise seguir,
¡te alejaste! – esos ojos no le perdonan el abandono
- Pero Pedro,
no somos un par de adolescentes que tenemos que estar besándonos como
desesperados y en cada rincón de la casa–
- Yo sí me
siento como un adolescente a tu lado, y lo único que quiero es tenerte cerca todo
el tiempo, besarte, abrazarte, acariciarte, ¿esta mal? –
- No,
cielito, no está mal pero somos grandes, hay que medirse un poco –
- Dame un
beso sino no te suelto –
- ¡Vos sos un
atorrante! –
Y toma su
rostro como antes había hecho y lo besa apasionado, sus lenguas danzan en sus
bocas, entrelazándose, buscándose y recorriéndose, cuando se separan apenas
pueden respirar.
- ¡No pares!
– le exige Pedro mientras sus manos recorren el cuerpo de Guillermo
- Cielito se
está enfriando el agua, o salimos ahora o nos pescamos los dos un resfriado –
trata de convencerlo
- ¿Seguimos
en la cama? – le dice y esboza una gran sonrisa
Guillermo no
puede creer las demandas de su chiquitín, entre rozongos sale de la bañera y se
quita toda la ropa mojada, se coloca una salida de baño y luego ayuda a Pedro a
salir con mucho cuidado. Le coloca la otra salida de baño y con una toalla le
seca el pie lesionado para colocarle la venda. Luego le seca el cabello y lo
traslada hacia la cama.
- Bueno,
vestíte que tengo que arreglar el desorden que dejamos en el baño – le indica
Guillermo
Pedro no
tiene ganas de vestirse y se acomoda en la cama para esperarlo, cuando Guille
vuelve lo nota muy relajado y aún con la salida de baño.
- Pedro, ¡te
dije que te vistas! Te vas a enfermar, dale, hacéme caso–
- ¿Para qué
me voy a vestir si después me vas a sacar todo? –
- No,
querido, esta noche nada porque con ese pie así cualquier mal movimiento vas a
quedar en un solo grito de dolor –
- ¿Cómo que
nada? – y empieza a hacer pucheritos
- No, no, no,
nada de pucheritos porque no me vas a persuadir –
Se le acerca
y empieza a pasarle la ropa, Pedro de mala gana se viste, y Guillermo coloca
debajo del colchón frazadas para que mantenga el pie elevado. Lo ayuda a
meterse en la cama, y hace lo mismo sin antes advertirle – no se te ocurra nada
porque no voy a desistir -
Guillermo se
coloca de lado dándole la espalda y Pedro se mantiene boca arriba mirando el
techo, cada tanto mira de reojo a Guillermo y suspira – ¡Dormite! – lo reta
pero él lo que menos tiene es sueño. Esos besos lo dejaron deseoso de más, la
proximidad del cuerpo de su amor no le permite calmarse, el fuego va
arrasándolo sin piedad. Ambos se mantienen quietos sin poder pegar un ojo,
Guillermo espera que su amorcito tome la iniciativa, y Pedro espera lo mismo de
él. Hasta que llega el momento en que Guillermo no puede contenerse y girándose
sobre sí, se acerca a Pedro y comienza a besarlo lento al principio y
apasionado después, Pedro responde desesperado, una necesidad creciente le
reclama las caricias y besos de su amor, pero no es suficiente. Sus manos se
meten por debajo de la ropa de Guillermo, buscando su piel, y se dirigen
directamente a su miembro erecto reclamándolo, Guillermo gime ante el contacto.
- Cielito –
le dice con la voz ronca y entrecortada – ¡tu pie! –
- Lo que
menos me importa en este momento es el pie mi amor – y su boca se apodera de la
boca de Guillermo
- ¡Esperá! No
quiero que te lastimes más, no te muevas, dejame a mí – y Pedro sonríe ante
esas palabras
Guillermo
comienza a desvestirlo, coloca a Pedro en el medio de la cama y sin prisa
tomándose todo el tiempo del mundo, comienza a besarlo por su rostro, besos
suaves, por su frente, su nariz, sus pómulos, sus labios. Baja por el mentón
mordisqueándolo despacio, lamiéndolo, llega a su nuez de adán y la besa, baja
por su pecho apoderándose con la boca de los pezones turgentes, Pedro se
contorsiona del placer, y gime su nombre. Guillermo recorre toda la extensión
de ese pecho mientras se saca la remera, con la yema de sus dedos roza la piel
de sus hombros y baja por el brazo dibujando círculos. Vuelve con sus manos
para seguir su camino por el pecho bajando hasta su estómago, se detiene en el
ombligo, la lengua allana el camino hasta allí y explora ese lugar con
intensidad, Pedro siente que se incendia por dentro. Guillermo continúa hasta
su vientre lamiendo con devoción cada centímetro de esa piel, susurra un te
amo, y finalmente llega al miembro de Pedro que lo recibe firme en su plenitud,
con su boca lo abarca generando en su precioso oleadas de placer. Pedro
acaricia la cabeza de Guillermo, y este acelera el disfrute de esa lamidas,
juega con su lengua subiendo y bajando por la longitud continúa luego por las
piernas besando la parte interna y externa. Termina de desvestirse y se ubica
sobre Pedro con cuidado, lo mira con gran deseo, ambos arden de pasión,
Guillermo toma meticulosamente la pierna izquierda de su amado y la coloca
sobre su muslo, con sus dedos toca sutilmente los labios carnosos Pedro para
luego besarlos con intensidad, Pedro acaricia la espalda y el cuello de
Guillermo atrayéndolo hacia su cuerpo, se separan apenas un poco y Guillermo
entra en su cuerpo sintiendo el calor, el estremecimiento de su cielito y
comienza a amarlo frenéticamente, en un vaivén casi violento, se muerden los
labios, Pedro toma con sus manos las nalgas de Guillermo para empujarlo hacia
él y acompañar el movimiento. Se siente a punto de llegar al éxtasis, al
nirvana, Guillermo acelera los embistes y ambos gimen hasta derramarse. Agotados,
sudados, con el corazón latiendo con fuerza queriendo escapar del pecho, no
pierden el contacto visual, Guillermo corre unos mechones rebeldes de la frente
de Pedro, y él lo mira risueño, una lágrima de felicidad se desprende de sus
ojos y Guillermo la detiene con sus labios, no pueden separarse, no quieren
hacerlo porque es el momento en que se vuelven uno, un solo ser, un solo
corazón, una sola alma, destinados a estar juntos, a amarse por el fin de los
tiempos. Guillermo descansa su cabeza en el hombro de Pedro llenando sus
pulmones con el dulce aroma de su cuerpo, Pedro suspira abrazando a su hombre.
Y descansan hasta el recuperar el ritmo normal de sus palpitaciones.
- Te amo mi
chiquito precioso –
- Te amo mi
amor –
- ¿Tu pie
está bien? –
- Está perfecto
-
Y el silencio
los embarga, no hacen falta más palabras, porque se saben dueños uno del otro.
Las caricias hablan por sí solas.
El amanecer
llega y los encuentra dormidos, Pedro logró acomodarse sobre Guille cruzando su
cuerpo por encima para evitar que su pie se resienta aún más. Guillermo
despierta y lo observa fascinado, ambos respiran sincronizados, tanta conexión
es difícil de creer pero con solo mirarse pueden sentirlo. Guillermo quiere
levantarse pero Pedro no lo deja.
- Buen día
amorcito – lo saluda con un dulce beso
- Buen día ¿me
queres abandonar? – le reclama
- No,
cielito, quiero prepararte el desayuno y traértelo a la cama, ¿cómo está tu
pie? –
- Bien, pero
¡quédate conmigo! –
- Dale, no
seas remolón, preparo un rico café y unas tostadas y te las traigo –
Y a pesar de
los pucheritos de Pedro se levanta y se alista para bajar a la cocina. Pedro
queda en la cama dando vueltas, pensando en la noche de amor que le regaló
Guille, y no puede más que sonreír de felicidad. Luego de un rato sube Guille
con la bandeja y Pedro se coloca cerca del respaldo de la cama.
- Así que ese
era Diego – suelta Guillermo haciendo toser a Pedro al tomar un sorbo de café
- Sí, ese era
Diego –
- Y supongo
que te lo cruzaste de casualidad cuando fuiste a correr-
No es una
pregunta, Guillermo no se quejó antes pero ahora quiere saber.
- Claro, me
lo encontré de casualidad – dice un Pedro intranquilo
-
Interesante, menos mal que no era tu onda sino quien sabe –
- ¿Qué me
queres decir con eso? –
- Nada, es
una observación –
- No
Graziani, no me vengas con eso, anoche no dijiste nada y ¿ahora vamos a pelear
por esto? –
- Yo no
quiero pelear, estoy conversando con vos –
- No, esto no
es conversar, esto es indagar, cuestionar y luego qué, ¿vas a comparar tu
conducta con la mía? Te acorto el camino, ¡sí!, soy celoso, no puedo
controlarlo, y aunque ahora te comportes así conmigo vos también sos celoso,
listo ¿podemos desayunar en paz? –
Guillermo no
sale de su asombro, y empieza a reír hasta que se transforma en una carcajada,
Pedro lo mira indignado
- ¿Te causa
gracia? – lo increpa
- No te
enojes, celosín –
- Evasor –
Y dejan la
bandeja en el piso para regalarse mimos y besos durante todo el fin de semana.
FIN
Aahhhhhh!!! precioso relato.....amo a estos dos seres celosos!!! pero mas me gustan amandose...pfff!! que calor me agarro!!! jajaa muy muy bueno Juliana me encanta como escribis y los describis...tan ellos!!! Gracias Barby
ResponderEliminar¡Ay Juli! Inspirate cada vez más que se viene el frío y perdimos el subsidio para el gas.. con fics como estas los calefactores se apagan solos!! MI vida.. que lindos son estos celos tan sanos que lejos de desestabilizar la relación la consolidaa aun más.. Y esa reconciliación, madre mia!! Invierno en musculosa!! Jajaja... Juli sos una genia, genia, genia total!!!!!!!!!! Gracias por ser parte de este equipazo y un abrazote Guilledrista desde el alma!! Besos...
ResponderEliminarPara no dormir! Esto no se hace un lunes, Juliana, golpe bajo! Como disfruto los celos de Pedro, que los admite y le quiere arrancar los ojos a Matìas. Y los de Guille tambièn, aunque se haga el distraìdo. Mis amores!, seguì escribiendo para no extrañarlos tanto! Marlene Rodriguez
ResponderEliminarHER-MO-SI-SI-SI-SI-MO!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!!! Juliana, este relato fue lo mas!!!! No se como voy a hacer para dormir esta noche, pero definitivamente valio la pena, miles de gracias. Felicitas
ResponderEliminarJuli, casi me muero con este unitario, decididamente soy tu fan, entre audiencia y esto he quedado prendada de tu pluma genia. Besos amiga y gracias.
ResponderEliminarMe llevaste a la gloria!! la forma en la que Guille le hace el amor a Pedro...seductor, cuidàndolo,tan tierno y sensual..."tan Graziani".-
ResponderEliminarJuli, me encanto, asi de simple!!! Con historias como estas sigo afirmando que Guille y Pedro, siiguen juntos y amandose, que ese final pedorro que nos dieron, solo fue un mal sueño y que ellos siguen su vida a pleno y nosotras somos testigos privilegiadas de ese infinito amor!!! Gracias. Beso gigante. Silvana.
ResponderEliminarUna belleza Juli!!! Una dulzura, tanto amor, son tan hermosos y los relatas de una manera magistral. ME ENCANTÓ. BRAVA!!
ResponderEliminarJuliiiiii!!! no podésssssssssssssss!! llego tarde pero llego al fin!!! POr eso no quería leer nadaaaa! Se va a convertir en una droga absolutamente adictiva y entre esto y mi vida personal (vos sabés de qué hablo) me voy a volver locaaaa!! Sos una genia!!!! Te quieroooo!!!
ResponderEliminarahh lo lei solo ahora..es hermoso este relatooo como me gusto!!! Graciass ..extrañaba los celos de Pedro ����
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