AQUEL HOMBRE QUE ESTOY ESPERANDO - CAPÍTULO 2

El tiempo
vuela rápidamente, tan imperceptible que ahora, muchos años después, los
recuerdos se esa noche casi se han borrado de su memoria, pero a veces ella
vuelve. La noche más larga de su vida… Infinita… Noche agitada de
desesperación, las esperanzas y el intento de no perder la fe.
“No puede no
pasar”… Las palabras con las que una vez el trató de darle fe al que ahora está
esperando… Las palabras con las que ahora él está tratando de darse a sí mismo
la fe que le quiso dar a ese hombre que está esperando.
Estaba absorto
en sus pensamientos cuando sonó el teléfono.
En la voz de
José se oía entusiasmo.
- Hay algunas noticias.
Parecía que
en ese momento el corazón iba a salirse de su pecho.
-¿De Pedro?
La voz de
José se apagó un poco.
-No, de
Pedro todavía nada, pero eso también es importante, si estuviese muerto, el cuerpo habría aparecido.
Lo encontraremos, estoy seguro. Pero hay nuevas cosas en la investigación del
caso Moravia, parece que nos arreglamos para sacarlo del punto muerto. ¿Podés venir a mi oficina?
Guillermo
respiró hondo, tratando de ocultar su decepción
-Si si, voy a
estar ahí en 30 minutos
-Bien - pensó Guillermo, caminando
por las escaleras -José tiene razón, todo esto también es muy importante… Es
importante que en el momento del retorno de Pedro, todos los cargos hayan sido
retirados, que él tenga la oportunidad de volver a su vida anterior,
conmigo, sin miedo ni aprehensión.
En la oficina
de José, había mucha luz y una planta mullida dispuesta en un alfeizar.
Sobre la mesa había algunos papeles, fotografías, documentos…
-Los técnicos
han descubierto que alguien estableció un control remoto de la cámara
de vigilancia en la casa de Moravia, de manera que automáticamente se conectó
cinco minutos antes de la llegada de Pedro. Desafortunadamente esa persona que
lo activó no dejó huellas dactilares pero eso es algo ¿verdad? Esperá, te voy a
mostrar un dictamen pericial.
José comenzó
a buscar las llaves en el cajón de su escritorio.
-¿Y? ¿¿Y eso
es todo lo que tenés??? De todos modos vos ya sabías que Moravia fue
asesinado antes de que Pedro llegara ahí.
Guillermo se
levantó y comenzó a caminar por la oficina, ni siquiera trató de ocultar su
exasperación
- Entiendo tu
impaciencia pero al menos, la evidencia demuestra que alguien planeó todo de antemano y Pedro
solo fué la víctima atrapada en una trampa. ¡La prueba! ¿Entendés? Y voy a tratar de interrogar de nuevo a la patrulla policial.
Ana estaba
poniendo la mesa, servía verduras al vapor en platos y cortaba el pan. Hablaba
y hablaba constantemente… No tenían nada de que hablar pero ella todavía
intentaba hacerle preguntas interminables. Los pensamientos de Guillermo
estaban tan lejos que ni siquiera la escuchaba.
“…Hace casi
un día…. Y todavía nada se sabe. Tanta sangre en el suelo, en la
pared… Durante veinticinco años de oficio de abogado penalista el se enfrentó con
tantas cosas… sangrado de heridas punzantes que pueden durar horas, miembros
fracturados, septicemia… ¿ Eso era lo que querían de Pedro? Una y otra vez,
minuto a minuto este pensamiento sin descanso dando vueltas en su
cabeza. ¿Qué pasó? … ¿Lo querían a Pedro?
-¡Guillermo! ¡Guillermo,
creo que hablo con vos!
-¡Basta! ¡Basta! ¡Dejame en paz!- Y en medio de la frase Guillermo se levantó de
la mesa, sin prestar atención a su exclamación indignada.
Alguien llamó
a la oficina de José.
- La misma
patrulla- dijo el encargado.
Eran dos, uno
de mediana edad y otro muy joven, al parecer, había entrado en el servicio
recientemente y estaba muy nervioso.
-¿Pueden
describir en detalle a la persona que reportó el tiroteo?- les preguntó José.
-Todo está en
el informe- gruñó el mayor
-Lo sé, pero
me gustaría escucharlo de nuevo y directamente de usted.
El mayor se
encogió de hombros.
- Todo
sucedió demasiado rápido y yo no podía verlo cuidadosamente.
José sintió que comenzaba a hervir de irritación. Parece que a estos dos no les
importa en absoluto que debido a su falta de atención podían acusar a un
inocente o liberar al delincuente verdadero. José apenas se contuvo para no
decirles todo lo que pensaba.
-¿Y vos? ¿Qué
has visto? - José dirigió su pregunta al menor
- Casi no
recuerdo- su voz era apenas audible.
- Un hombre, 50-55 años de edad, parece… Con barba despeinada. Eso es todo lo que recuerdo
-¿Pero usted
puede tratar de identificarlo?
- Si… voy a tratar.
Las cortinas
bajas lo resguardan del calor. No tenía sentido ir a la oficina, Todas esas
pequeñas cosas, el bullicio cotidiano, música en los auriculares de Solange,
lamentos de Cuca y disputas eternas… ¿Qué
sentido tenía todo eso ahora? ¿Dónde buscar? ¿Dónde encontrar?…. la ciudad es tan grande… Él sentía
fatiga en todo el cuerpo. Una fatiga muy real, como si hubiese corrido todo el
día sin descanso, pero era incapaz de moverse. Carpetas con
documentos lo estaban esperando en el escritorio- otro divorcio, hurto, fraude
con documentos falsificados… Todo lo habitual, aburrido y sin sentido. Tanto
tiempo se dedica a gente que no conoce y no quiere conocer y tanto tiempo sin
hablar con ese que realmente quiere, sin abrazar a ese que le importa y sin besar
a ese que ama.
Los hombres
para la identificación eran tres, Mendoza estaba sentado entre un joven rubio
con una barba hirsuta y un hombre de mediana edad.
-Ponga
atención- Le dijo con cansancio el investigador, comenzado el discurso
habitual- de su testimonio depende…
El tipo de la
patrulla estaba visiblemente nervioso. Sus ojos recorrieron a uno y a otro.
Este.. no, ¿otro? Sin embargo,… ese. Finalmente decidió.
-Ese fué, él.-
Su dedo señaló a Mendoza
-¿Está seguro?
- Si… Si es él.
José suspiró
con alivio. Por fin…
- De todo
modo, usted no será capaz de mandarme a la cárcel.- La voz de Miguel estaba
llena de aplomo. -Ni siquiera lo intente.
- Esta vez se
ocupará de este asunto un juez de otro distrito y usted no podrá salir de la cárcel, incluso durante la
investigación. Yo me voy a ocupar de eso.
- El tipo de
la patrulla identificó a Miguel. No se
resistió. – Aunque sea tenía algo bueno que decirle a Guillermo. Por eso lo llamó al salir de la oficina- Primero
no estaba seguro, pero finalmente señaló a Miguel. En cualquier momento el juez
emitirá una orden para su arresto.
-Si- La voz
de Guillermo no se escuchaba confiada en absoluto.
Se hace una pausa
demasiado estirada y José miró la pantalla para asegurarse de que la conexión
no se había cortado.
-No te
preocupes, Guillermo. Esta vez el no podrá escapar de la justicia
-¿Hay algunas noticias? De….- Esto lo dijo casi en un
susurro. Pero José no tenía nada que responder. Quería calmarlo, pero tan sólo
podía prometer.
- Lo vamos
a encontrar.
Guillermo
colgó el teléfono.
“Te amo”- Era
lo último que le había dicho a Pedro y sería lo primero que le iba a decir
cuando volviera a verlo.
Era la hora pico
y el taxi lentamente se abría paso a través de las calles de la ciudad.
“Y luego
ellos van a organizar un asado en la oficina. Él invitará a Fabian, Nancy,
José, que se ha convertido en un verdadero amigo. Será un día de fiesta. Y
vamos a elevar las copas para brindar porque la vida nos ha dado una
oportunidad más. Y luego nos vamos a ir a casa, juntos, con Pedro ... Él va a
estar sonriendo y yo voy a sonreír, mirando su sonrisa. Y luego…” -Guillermo salió del taxi y se dirigió a la
casa-“ luego en casa, tendremos una pequeña isla de la felicidad en el mundo
...”
-¿Qué
demonios? -Guillermo entró en la casa y se quedó inmóvil… parecía que un
huracán había arrasado la habitación. Las cosas tiradas por el suelo, cajones
abiertos, muebles volcados…
-¿Qué
demonios?.... -¡Fabián, Fabián! - Guillermo en un estado de terror subió
corriendo las escaleras, entró en la habitación de Fabián, luego en la suya… Ahí
también, todo estaba revuelto, incluso el armario había sido empujado. Sintió
un crujido detrás de él, alguien, un movimiento extraño, una presencia en la
habitación. Trató de darse vuelta, pero no tuvo tiempo, un fuerte golpe justo
en su cabeza, en un instante todo se volvió oscuro y Guillermo se desmayó.
Aún no eran las
cinco en el reloj, cuando una llamada telefónica despertó a José. Con
dificultad para abrir los ojos, el buscó su celular. La voz se quebró y se
ahogó en lágrimas, las palabras se
fusionaban en una corriente sin fin de sollozos, y todo lo que podía entender era
que algo había pasado con Guillermo. A las cinco de la mañana las calles de la
ciudad estaban desiertas. José condujo el coche superando la
velocidad y sin preocuparse por eso. Alrededor de la casa ya estaban los
coches de la patrulla policíal y una ambulancia. José subió corriendo las
escaleras.
- ¿Qué pasó?
-No sé -la
voz de Fabián sonaba desesperada- no sé. Volví a casa cerca de las cuatro, la cerradura estaba
rota, toda la casa patas arriba y mi papá… - la voz de Fabian se agrieta. –Él
no está en ninguna parte, en ninguna. Miré alrededor de la sala, la cocina,
pero él no está… solo encontré en su dormitorio, tirados en el suelo, el celular
y su carpeta, lo que siempre lleva con él.-
Continuará.
MUy interesante Carola querida, ya pasé en mi fic por esto y medio que me mueve cosas que ya había enterrado pero muy buen relato. Como sé que no lees directamente voy a comentar en face. Besote.
ResponderEliminarCarola.. ¡Que impresionante giro tomó tu Fic! Primero Pedro desaparecido, Camila muerta.. Y ahora también Guillermo ha sido.. ¿Secuestrado? ¡Ay no amiga! No nos dejes con esta intriga por favor, pronto la parte tres!
ResponderEliminarAy nonoo!!! Mi amorcis secuestrado!!!! Ojala que al menos lo lleven con Pedro!!! Por favor!!! Pronto continuacion!!!! Que intriga!! Gracias!!! Sil (barby)
ResponderEliminarSe pone cada vez mad interesante
ResponderEliminar, esta historia no va atrapando de a poco muy bueno Carola
Carola, me has dejado con el corazón latiendo a mil y con muchas expectativas de leer la continuación!!! Que buena trama, me gusta mucho como se deja conducir a través de la lineas y me introduce en ese mundo. Maravillosa pluma, quiero saber como sigue, esto se pone cada vez mejor!!! Besotes
ResponderEliminarmuy buena espero mas ya me atrapo y para que ami me atrape algo jajajaja un beso enorme y espero la continuacionnnnnnnn mara rosas
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