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domingo, 12 de abril de 2015

"CONFRONTACIÓN" - Cap. 7 - (By Mary Buhler)

CONFRONTACIÓN - CAPÍTULO 7




Los intentos de ubicar a Camila no dieron resultado.  Toda la semana recibió el frío mensaje del contestador.  De día, de noche, el fin de semana, puesto allí como una barrera infranqueable.  Tendrá que respirar hondo y tirarse a dejar un mensaje.  Ensaya en su mente distintas frases.  Se decide por no anticiparle nada.  “Hola, Camila, soy Pedro.  Tenemos que hablar.  Llamame.”  Después de cortar se da cuenta que no le dijo el número.  Disca de nuevo y deja el número de su celular.  “Ya está, -piensa aliviado-.  Ahora tengo que esperar.  Ojalá Guille tenga razón y ya esté con otra persona.  Sería una bendición para todos”.
Va hasta el placard y saca un bolso, elige unas prendas cómodas y un poco de abrigo.  Guillermo entra al cuarto y le recuerda que no se van a quedar mucho tiempo, que no exagere.
-Dame algo de ropa tuya y la pongo acá con la mía, con un bolso nos arreglamos los dos.
Termina de guardar todo.  Guillermo le alcanza un par de libros y un neceser.
-¿Cosas de tocador?
-No, son medicamentos y boludeces.  No te olvides de llevar la notebook también, que ahí tenemos todo lo que nos puede hacer falta. Matías me armó una carpeta que se llama Civiles. 
-Qué eficiente… Te lo tendrías que llevar a él ya que es el especialista -Pedro lo mira y le sonríe.  Guillermo pasa por alto el comentario. 
-¿Guardaste el pasaje?
-Sí, y en  tu mesita de luz están los dos pasajes que saqué para vos. En semana Santa no ibas a conseguir pasajes de última hora.  Ojalá puedas llegar al primer horario.
-Bueno… entonces ya está todo.   Me voy a dar una ducha y después bajamos a cenar.  Fabián y Valeria prepararon unas milanesas que se ven muy bien.
La comida resulta estar excelente pero Guillermo siente que el apetito se le esfuma a los pocos bocados.  Una vaga inquietud lo viene persiguiendo desde la mañana.  Intentó dejarla de lado concentrándose en el trabajo pero resultó más persistente de lo que pensaba. Por la tarde estaba reunido con unos clientes y Gabriela le avisó que  tenía un llamado de la cárcel.  Le contestó que no podía atenderlo y que le dijera que insistieran después, pero no lo volvieron a hacer.  Aunque no resulte extraño que lo llame algún cliente desde el presidio, la sensación de angustia aumentó a partir de ese momento.  Piensa que tal vez no debió comenzar a trabajar después de tan poco tiempo de haber sido dado de alta, que el estrés del estudio es demasiado fuerte para alguien en sus condiciones.  Se está exigiendo más de lo que debería.  En todos los aspectos.  Gira la cabeza y lo mira a Pedro.  Está contándole algo a Valeria y hace que ella largue una carcajada.  Fabián también se ríe.  No debería preocuparse, las cosas marchan bien.  Mañana se hará ese estudio y después irá a reunirse con esa gente.  Y a disfrutar con Pedro de un par de días en el campo. Con todos los bichitos que se le canten venir. 
El despertador suena a las seis de la mañana.  Pedro estira la mano y voltea el reloj, como de costumbre.  Hunde nuevamente la cara en la almohada.  Guillermo se da vuelta y apoya la mano en su espalda.  -Pedro… despertate o vas a seguir de largo.
No le responde.   A veces se parece a un niño, por la noche no se quiere poner a dormir y a la mañana no se despierta.  -Cielito… despertate… -baja la mano y le hace cosquillas en la cintura-. Dale, amor… nos vamos a terminar quedando dormidos de nuevo y entonces sonamos.
Pedro se da vuelta y abre un ojo.  -Tengo mucho sueño.
-Después tenés más de tres horas de viaje, podés echar una siestita ahí.
-Está bien… -se despereza y mira la hora-. ¿Las seis y diez ya?  ¿No me abrirías la ducha, mi amor?
Guillermo se levanta y va hasta el baño.  Termina de girar las perillas y en ese momento siente los brazos de Pedro atraparlo por la cintura.
-Eeeh que hacés, querido… no hay tiempo para mimos.
-Siempre hay tiempo  -Pedro está desnudo y le quita la poca ropa que tiene puesta él.
Estira la mano y comprueba que el agua esté agradable.
-Ya podemos entrar, Guille. 
-¿Vos querés que me salga mal el estudio hoy?
-Te van a encontrar perfecto.  Mirá lo bien que te funciona todo.
Guillermo se sonríe.  -Es que vos hacés milagros.
Están terminando de desayunar y oyen la bocina del auto de Beto apremiándolos desde la calle.
-¿Estás seguro que no querés que te acompañe a la terminal? De todas maneras ya no me puedo volver a dormir…
-No, mi amor, quedate.  En unas horitas vamos a estar juntos de nuevo. No seas tan ansioso.
Guillermo junta las tazas. Pedro hojea unos documentos y verifica que estén completos.  Los guarda en el bolso y comprueba por última vez que no olvidó el pasaje.  Se pasa la correa por el hombro y se apoya en el bastón. 
-No, dejá que yo llevo el bolso hasta el auto. Está muy pesado.
Le toma la correa para quitárselo pero Pedro lo detiene agarrando su mano. 
-Eh? Dejame ayudarte.
-Mi vida… puedo, no te preocupes.  Desde que me levanté noto que estás muy nervioso.  No me voy a otro país, son unos kilómetros nada más. ¿Por qué no te recostás? No me gusta irme y dejarte así.
Guillermo lo mira largamente y no sabe qué contestarle.  No quiere decirle que apenas durmió, que pasó una noche tormentosa con fugaces ratos de sueño interrumpidos por una ansiedad que no lo abandona desde el día anterior.  Odia la irracionalidad de ese sentimiento casi tanto como preocuparlo. Pedro tiene razón, en pocas horas se encontrarán nuevamente y podrá descansar.  Quizá hasta disfrutar de esa estadía campestre y brindarle a su amor un romántico fin de semana como se merece. Como los dos se merecen. Desde que llegaron de Brasil apenas han podido estar solos. Y aún falta mucho para poder estrenar esa casa que compraron. Tal vez deban programar más fines de semana como éste. 
-Está bien, me voy a acostar si eso te tranquiliza.  Pero prometeme que apenas llegues me llamás.
-Te lo prometo -le afirma mientras acaricia su mejilla. Guillermo aprovecha para depositar un beso en esa mano que lo roza.
-Cuidate mucho y extrañame.
-No hace falta que me lo pidas. Te quiero… -le dice, y sella esas palabras con un beso tibio y dulce como el desayuno que acaban de compartir-.  Nos vemos prontito amor mío.
Guillermo reprime un absurdo y repentino temblor, y se obliga a sonreir.
-Yo te quiero más, siempre más. Y por supuesto que nos vemos pronto, cielito.
Retiro está abarrotado de gente.  Innumerables colas de pasajeros esperando para subir a los micros, unidades que entran y salen todo el tiempo.  Desearía tener nuevamente un auto y poder manejarlo, de esa manera no tendrían que haber viajado separados.  Confía en alcanzar el grado de rehabilitación suficiente para volver a conducir como antes. Y aunque por el momento encuentre remota la posibilidad se niega a desechar esa esperanza. Apenas dos meses atrás se le hacía inconcebible la idea de levantarse de esa silla. Sube y se ubica en su asiento.  Pone el bolso arriba.  Mira por la ventanilla y se choca con la mirada de un hombre que lo observa desde el andén.  Automáticamente éste desvía la vista y saca un cigarrillo.  Pedro le coloca los auriculares a su celular y se los acomoda en los oídos.  Por suerte no olvidó tomar su pastillita antimareos.  Cuando el micro arranca y comienza a retroceder el hombre que está en el andén se da vuelta y se aleja.  Pedro contempla el asiento que está junto al suyo pero allí no se ha sentado nadie.  “Qué extraño… juraría que miraba hacia acá.  Me habrá parecido”.  Se deja acunar por la música y a los pocos minutos se queda dormido.
La hora del almuerzo suele ser tranquila, pero ese día flota en el aire una chispa de discordia.  Primero el tartamudo se quejó de mala manera de la comida que le estaban sirviendo,  provocando la contestación agresiva del que servía.  Ahora dos presos discuten en una de las mesas del fondo.  La disputa debió de comenzar por una tontería pero el tono de voz fue subiendo y en este momento ya han pasado directamente a las piñas.  Se levanta un poco de su asiento (varios están haciendo lo mismo), y ve que los que están peleando son nada menos que el juez y su amigo.  La joyita ésa, el gusano del fiscal.  Hay algo surrealista en esa imagen que no termina de convencerlo.  No porque no sea posible que esos dos remilgados se peleen, sino por el hecho de que hasta hace un rato los vió muy pegados, cuchicheando y lanzando miradas hacia todos lados.  Sabe perfectamente que traman algo muy pesado, y en este momento puede jurar que están armando un teatro.  Pero nadie parece pensar lo mismo que él.  Algunos intentan separarlos y otros vitorean y los animan  a que se hagan mierda.  Hasta que llegan los guardias y se termina la diversión.  Se los llevan del comedor a los empujones entre cuatro guardiacárceles.  La idea general es que acabarán en alguna celda de castigo.  Uno de ellos, por lo menos.  Sin duda el fiscal, que es el que no tiene influencias en la prisión.  Allí no tendrá contacto con nadie a menos que esté tan castigado como él.  Pero por sobre todas las cosas, los demás presos no podrán verlo ni saber de él.  Qué conveniente, piensa mientras termina su porción de postre.  Maldice no haber podido comunicarse con el abogado ése.  De nada le ha servido conseguir su número.  El tipo no parece dispuesto a atenderlo.  Dos veces estaba ausente y una ocupado en una reunión.  Decide que tiene que insistir.   Después de esta escenita de vodevil, siente más que nunca que algo huele a podrido en Dinamarca.   Le pide a un celador que le permita intentar otra vez la llamada mientras le desliza un billete en la mano.  
A pesar de haberle dicho a Pedro que descansaría, no ha podido detener la inquietud y pasó todo el resto de la mañana dando vueltas por la casa incapaz de hacer algo productivo y mucho menos serenarse. Al mediodía decide que hasta las tres de la tarde el tiempo se le va a estirar interminable.   Se prepara un sandwich y lo come de parado, revisando lo que tiene que llevarse. Pedro ya cargó todo, así que guarda los pasajes, recoge una campera y se toma un remis al estudio.  Al llegar se asombra al encontrar a Matías que está tipeando en la computadora.
-¿Qué hacés acá? ¿No te ibas a Entre Ríos? -le pregunta mientras se dirige a la cocina.
-Termino algo y  ya me voy.  ¿Y vos? ¿No te ibas al campo con Pedro?
-A la tarde, yo.  Primero tengo que ir a hacerme un estudio. Me voy a preparar un café.  ¿Te sirvo uno?
-Dale. 
Está terminando el café en su despacho cuando Matías se asoma a decirle que tiene un llamado.
-¿Me lo pasás acá?
-No puedo, está en el privado de Marcos. Guillermo, es de la cárcel.
Se levanta y va a atenderlo.
-Hola, ¿quién habla? -le llega el sonido de una voz que suena como si hablara dentro de un tubo.  O con la mano tapando para que no lo escuchen.
-¿Doctor Guillermo Graziani?
-Si, si, hable, qué necesita.
-No puedo hablar mucho.  Pero tengo que decirle algo muy importante. Conozco a su hermano.  Está tramando algo contra usted y contra alguien que usted quiere.
-¿Qué dice… de qué habla? Cómo es el nombre de mi hermano.
-Miguel Angel Mendoza, doctor… no le estoy mintiendo.  Le conviene escucharme.  No le voy a pedir nada a cambio.  Solamente quiero joder a esa rata de su hermano.
-Hable, entonces, con confianza.  ¿Qué es lo que sabe?
-Contrató a una gente profesional para que los mate a usted y a su pareja.  Pagó mucha plata.  De una cuenta numerada según escuché.  Debe ser algo inminente.
Guillermo se sienta sobre el escritorio.  De repente un mareo le hace ver todo dislocado.
-¿Matarnos? Si Miguel no sabe…
-Escuche, doctor. Hay un juez aquí en la prisión, un detenido, que lo está ayudando.  Consiguió todo por intermedio de él.  Por razones obvias no le puedo dar mi nombre, pero ponga sobre aviso a la policía. 
-Y usted… ¿por qué me está queriendo ayudar?
-Ya le dije, odio a su hermano.  Por su culpa voy a pasar una temporada extra acá dentro. 
-¿Sabe algo más? ¿Algún dato que me sirva para descubrir lo que tramó?
-No.  Pero hace un rato armó un quilombo en el comedor con su amigo el juez.  Una fantochada.  Se lo llevaron, no sé más nada. Tenga mucho cuidado.  Yo creo que en cualquier momento los van a atacar.  Tengo que cortar.  Si alguna vez necesito de usted, le voy a recordar esta ayudita.  Adiós, doctor.  Y suerte.
La línea quedó muda. Apoyó el tubo sobre el aparato.  Matías lo miraba con preocupación.
-¿Qué pasa, Guille… qué te dijeron? -se acerca y le pone la mano en el hombro.  Ve que tiene la cara muy pálida y  la mirada perdida.
-Matías… tomá el teléfono que está sobre mi escritorio y marcá el número de Pedro ya.  Por favor.
Corre al despacho y busca el número en los contactos.  Guillermo se asoma a la puerta y se queda mirándolo.
Atiende la molesta grabación que le avisa que el teléfono está apagado o sin señal.
Reintenta tres veces más.  En todas el mismo resultado.  -Le voy a enviar un mensaje, Guille, en cuanto tenga señal lo va a ver. 
-Ponele que es urgente que me llame, que lo haga apenas vea el mensaje. Poné urgente en mayúsculas.
Matías lo envía.  Deja el celular en el escritorio y se acerca a Guillermo.
-¿Qué está pasando? ¿Quién te quiere matar?
-A mí solo no, a los dos.  A Pedro y a mí.  Mi hermano Miguel, -levanta la vista y clava sus ojos llenos de preocupación en los de Matías-  y esta vez contrató gente que sabe. 
-Hay que avisar a la policía ya mismo  -saca el celular de su bolsillo y marca el 911.
-No, Matías, esperá un momento… -va hasta el sillón y se deja caer ahí-.  Dejame pensar un poco.  Ya es la una y diez de la tarde.  A esta hora Pedro  ya debió llegar a Saladillo.  Lo iban a recoger en auto a la terminal.  No creo que él corra peligro… no pueden saber tanto nuestros movimientos.  Seguramente van a intentar algo por acá. 
Matías se queda pensativo.  -¿Quién te contrató para ir allá y por qué?
-Una señora, para un tema de una sucesión, un problema con los hijos… tiene un haras dedicado a criar caballos de carrera. 
-¿Corroboraste los datos?
-¿Estás desconfiando de ella? Parecía mi tía… no creo.  Igual lo buscamos por internet y el haras existe.  A ver, entrá por favor y fijate.  A mí me tiemblan las manos.
-Tranquilizate que no quiero que encima te dé algo  -abre el buscador de Google en el celular-.  Haras en Saladillo… ¿se llama Santa Catalina?
-Si, ése. 
- Hay una dirección de email para contactarse.  ¿Querés que intentemos?
Guillermo agarra su celular.  -No,  es perder el tiempo -pulsa la tecla de discar.  Atiende nuevamente la contestadora-. Haceme un último favor, llamame un remis.  Me voy a Retiro. Tal vez consiga un micro que salga ahora.
-Te acompaño, Guille.  No te podés ir en este estado.  Y creo que tendríamos que conseguir una custodia ya -le dice mientras llama a la remisería.
-No, me voy solo.  No tengo tiempo de nada.  Avisale por favor a Beto que no venga, no puedo esperarlo.
Matías se acerca a Guillermo y le toma la mano.  Le impresiona lo mucho que está temblando.
-Va a estar todo bien.  Andá y por favor, cuidate.  Observá alrededor, estás sobre aviso y éso es algo muy bueno.
-Gracias, Matías… decile a Beto lo que pasó. Pero que no se entere mi hijo. 
-¿Estás seguro que no querés que haga algo? Podemos ir a apretar a tu hermano a la cárcel, no sé… quedarnos esperando es lo peor que hay.
-Lo primordial es que yo vaya con Pedro y me asegure que está bien.  Después decido que se hace.  Ay, qué hijo de puta este Miguel.  Todavía no puedo creer que se haya mandado a hacer algo así… no quiero creer.
-Agradezcamos que te avisaron, Guillermo. Todo se puede solucionar.
Cuando suena la bocina del remis,  Matías lo abraza. 
-Cuidate y llamame apenas lo encuentres.  Yo me voy a quedar en Buenos Aires esperándote.
Alguien le sacude el hombro.  Abre los ojos y ve la cara del chofer a pocos centímetros.  Se quita los auriculares.  -Perdón, no lo escuché.
-Ya llegamos a Saladillo.
-Ah, gracias  -se levanta y recoge el bolso.  Pequeños grupos de personas se encuentran y se saludan.  Gente que regresa a su pueblo para pasar la Semana Santa con sus familiares.  Camina por el andén de la terminal y va hasta la calle lateral donde una hilera de autos esperan a la sombra de unos tilos.  Recorre media cuadra sin ver otra cosa que no sean taxis y vuelve sobre sus pasos.  -¿Pedro Beggio? -pregunta una voz a sus espaldas.  Se da vuelta y ve venir un hombre de camisa y corbata a su encuentro.  -Si, soy yo.
-Me distraje yendo a comprar cigarrillos.  Tengo el auto a la vuelta porque acá sólo pueden estacionar los taxis.  Le llevo el bolso…
-No hace falta, gracias. ¿Cómo sabía que era yo?
El chofer vacila un momento.  -Tengo su nombre anotado.
Esa respuesta no lo convence. No dudó, como si supiera de antemano que él era Beggio y no Graziani, y no entiende por qué. Dan vuelta a la esquina y lo sigue hasta un auto gris con vidrios polarizados.  Se suben y Pedro deja el bolso en el asiento de atrás.  El chofer arranca y le pregunta si vino solo.
-Sí, soy yo solo  -no agrega nada más. Lo inquieta ese hombre aunque desconoce el motivo.  Sólo es un chofer que la dueña del haras envió a buscarlos. Lo mira de reojo y se pregunta una vez más cómo dedujo quién era él. Tal vez junto a su nombre tuviera anotado “hombre con bastón”. Se sonríe pero a la vez se siente estúpido por perderse en conjeturas tan irrelevantes.  Saca el celular del bolsillo del pantalón para avisarle a Guillermo que llegó y descubre que está apagado. Trata de encenderlo, no lo consigue.
-Qué macana, me quedé sin batería. 
-No se preocupe, enseguida llegamos y va a poder hablar desde la estancia.
Mira por la ventanilla y ve cómo se va diluyendo de a poco la apretada geografía de la ciudad en casas más espaciadas y terrenos más amplios.  Se desvían por un camino de tierra y a las pocas cuadras llegan a otro camino secundario que culmina en una tranquera.
El chofer se baja a abrirla.  Pedro mira para todos lados pero no encuentra ningún cartel, sólo el alambrado y el acceso a lo que parece ser el fondo de una estancia.  A unos trescientos metros pasan por una arboleda que circunda el camino de ambos lados y desembocan en un amplio patio de tierra.  Los recibe una construcción de grandes proporciones,  parece un granero o galpón con ventiluces de respiración paralelos al techo.  Un portón corredizo de chapa es el único acceso a la edificación.  El chofer se baja y le hace señas de que lo siga.  Pedro toma su bastón y se baja del auto. 
-No entiendo… ¿por acá se entra a la estancia? ¿Qué lugar es éste?
-La estancia está unos cien metros justo aquí detrás.  Me pidieron que lo traiga a la caballeriza, los dueños están adentro.
Le pregunta si deja el bolso en el auto o lo lleva con él.  Le contesta que lo deje en el auto. Caminan hasta el portón y el hombre desliza la puerta invitándolo a pasar. Un olor a alfalfa seca mezclado con estiércol le da de lleno en la nariz.  El contraste entre la claridad intensa del exterior y la oscuridad interna lo dejan ciego por un momento. Se detiene parpadeando  para acostumbrar la vista.  A pesar de los aromas no ve caballos por allí.  El portón se cierra detrás suyo.   Unas personas están hablando al fondo del recinto.  Uno de ellos se levanta de una silla en la que estaba sentado y camina hacia él. 
-Bienvenido, doctor Beggio -le dice mientras alarga la mano para saludarlo-. Lo esperábamos junto con el doctor Graziani, ¿qué sucedió?
Pedro se siente inexplicablemente perdido.  Le aprieta la mano y se queda mirándolo sin saber qué responder.  Hay algo en la forma de hablar de ese hombre que no cuadra.
-Disculpe, no me dijo su nombre…
-Perdón, soy Francisco Bianchi.  Pero no me contestó que pasó con su socio.
La manera de hablar le resulta tan familiar.  Una cadencia especial que sin duda no es argentina.  “Tengo que hacer que hable un poco más…”
-No pudo venir.  ¿Es un problema?
-Lamentablemente, sí.  Mi madre quiere que el doctor atienda sus asuntos. 
-Perdón… ¿usted es argentino?
-Por supuesto.  Ah… lo dice por mi acento. Es que viví mucho tiempo en Bogotá.  Se me ha pegado.
-Con razón. Me hizo acordar a una persona que conozco.  Y… ¿sería posible que yo me comunique con mi socio? Tal vez pueda convencerlo de que deje lo que está haciendo y se venga para acá.
-Me parece bien  -se queda mirándolo sin hacer nada.
-¿Podría facilitarme un teléfono? El mío se quedó sin batería.
-Cómo no.  Le consigo uno  -se aleja hacia el fondo donde los otros dos hombres están hablando, uno de espaldas y el otro mirándolo sin hacer ningún ademán de venir a su encuentro.
Todo le parece extraño.  Incómodo y poco amable.  No es lo que se imaginaba, y el detalle de ese acento extranjero le ha agregado aún más inquietud aunque ignore por qué.  Se da cuenta que quiere salir de allí ya mismo.  El hombre regresa y le alcanza un celular.
-Me disculpa un momento… -le dice Pedro y hace un gesto indicándole que quiere ir a hablar afuera.
-Claro  -le responde el hombre y abre un poco el portón para que salga.
Recorre unos metros y entonces advierte que el auto no está.   Se da vuelta y mira detrás suyo.  No hay nadie allí.  Marca el número de Guillermo en el celular.  A los dos timbrazos lo atiende.  -Hola, Guille…
-¡Pedro! Mi amor, ¿dónde estás? ¿De qué teléfono me estás hablando? Te llamé y estaba apagado.
-Se me acabó la batería.  Guille… no sé qué está pasando pero hay algo raro en todo ésto… tengo miedo.
-¿Qué decís, qué pasa? ¿¡Adónde estás!?
-No les avisé Guille… les dije que venía solo.  Estoy en el haras.  Pero me quiero ir.  ¿Qué hago?
-Pedro… decime exactamente la ubicación y con quién estás. 
-No sé… vine en auto, tardamos como quince minutos.  Ésto es campo.  Hay unos hombres y un galpón, o caballeriza y…
Un golpe seco lo envía directo al suelo.  El celular también cae y se corta la comunicación.
-¡Pedro! ¡Pedro! ¡Contestame!  -Guillermo se queda escuchando pero sólo oye un silencio mortal-.  ¡Pedro por favor…!
El chofer del remis lo mira por el espejo retrovisor.  -¿Pasa algo malo, doctor?
Guillermo se toma la cara con las manos y el celular se le escurre al asiento.  Tiene el corazón tan acelerado que apenas puede respirar.  El hombre se desvía en la primera salida de la autopista.  Hace un par de cuadras y  detiene el auto sobre la colectora.
Se da vuelta y ve que el abogado está bañado en transpiración.  Respira agitado y está a punto de quebrarse.  Piensa que debe haber recibido una noticia terrible.
-Doctor, qué puedo hacer.  Dígame que hago. ¿Llamo a su estudio?
-No sé… no sé.  No sé… -parece como si estuviera en shock. 
-Alcánceme su teléfono que voy a llamar a algún conocido.
-No… no  -agarra el teléfono y abre la puerta.  Se baja y apoya los brazos en el techo del auto.  Se queda ahí como intentando recobrar fuerzas o pensando qué va a hacer.
El hombre  espera dentro del auto.  No sabe cómo ayudarlo.  Guillermo busca un número en la agenda del teléfono.  Lo atiende una voz grave de fumador.
-Sí, diga…
-¿Hablo con Luis Correa? Soy Guillermo Graziani, ¿se acuerda de mí?
-Doctor Graziani, qué gusto oirlo… cómo me voy a olvidar, no pasó tanto tiempo. ¿En qué puedo servirle?
-Correa… estoy en un apuro terrible.  Necesito ayuda urgente.  Le pago lo que sea, pero tiene que venir ya… -el tono de desesperación de su voz no deja lugar a dudas de la urgencia.
-Déme la dirección y salgo para allá.
Guillermo levanta la vista y por primera vez se da cuenta de dónde está.  Se sube al auto.
-Encontremonos en la plaza Constitución.  Yo estoy cerca de ahí.  Lo espero sobre la Av. Garay.  Por favor apúrese, hombre.  Y venga armado.  Si puede traiga también una para mí.
-Mire doctor que yo no tengo autorización para usarla… sólo portación.
-No se haga problema, soy abogado, Correa.  No lo voy a involucrar en algo ilegal.  Es por protección.  ¿Viene o no?
-Quédese tranquilo, ya estoy saliendo para allá -le contesta mientras apaga el cigarrillo y manotea las herramientas que guarda en el primer cajón de su escritorio.

CONTINUARÁ
***

17 comentarios:

  1. Ayyyy querida Mary con el corazón estrujado me quedo!! Que paso con cielito ahora??? Pobrecito!!! Que se solucione pronto todo por favor!!! Guille sabrá actuar de acorde a la situación , estoy segura!! Esperando el próximo cap más que ansiosa! Besos, marian��

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    1. Gracias Marian, tu confianza en Guille no se verá defraudada estoy segura, un beso grande!

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  2. Maryyyyyyyy, cómo explico lo que siento? No tengo palabras... Esto es para devorarselo, se me hizo tan corto!!! Me pasó lo mismo que a vos cuando desvié la vista y vi la horrible palabrita "Continuará" =S Te juro que mientras lo leía me vinieron retortijones de los nerviosssssss! Pero es tan fascinante! Sabes cómo me gusta la literatura de suspenso y policial! Aunque los tenga por protagonistas a nuestros amores... porque en vos confío plenamente y sé que va a terminar todo bien.
    Sé que ahora la mayoría me va a matar pero... estoy brincando de la felicidad! Porque se viene la acción... Ayyyyyyyyyyy cómo me gusta!!! Estoy comprendiendo lo tuyo de "lo disfruté mucho"... Me parece que ahora más que nunca nos tenemos que ir al Club Privado, jajaja!
    Te amo! Te adoro! Te idolatro! Mi Agatha Christie!!!!!!!!!!

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    1. Tenemos gustos parecidos, nos apasiona la adrenalina y sin duda tu historia lo confirma. Los prox. capítulos ya entran en la recta final de esta historia y no se quedarán dormidas jajjaja me alegra mucho que te guste, como a mí, este vértigo y la incertidumbre de no saber que habrá antes de la palabrita fin... Un beso grande y gracias por caminar junto a mí por este camino de cornisas Guille!

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  3. El corazon de Guillermo me tiene en un estado de panico total...es tal el suspenso que lo lei de un tiron sin siquiera respirar... como manejas las emociones !!! Cada capitulo es mejor que el anterior... gracias a Dios por el preso ( ya veo que los dos van a ser sus abogados )...necesito desesperadamente la continuacion!!!!!!!!!!!! Amo como escribis...un beso Pilar

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    1. Gracias Pilar! Me hace muy feliz que te guste, no me tirás la oreja, siempre alentando, es un placer leerte. Si, gracias que estaba ese preso porque si no... mal final para nuestros chicos. Un beso grande para vos!

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  4. Éres mala muy mala la mas mala , pero igual te perdono por ser mi maestra en maldad mara rosas

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    1. Mara es un gusto saber que estás, no maestra no soy pero sí una buena discípula, de quién no sé, jajja tal vez de la bruja Aguirre, tal vez.

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  5. ¡Ay que pedazo de bruja sin corazón! Si le tenemos que hacer un trasplante a Guille voy a sugerir el tuyo porque es de piedra, entonces nunca más le fa a fallar! ¡Ay que pedazo de Sadic Which sos Buhler! Te amo y te odio! Ya te lo dije, te voy a acogotar con una media chica para despistar a la policía! Ahora.. ¿Estos dos son boludos o despistados? Están mas amenazados que un testigo en cubierto, la espada de Damocles les cuelga sobre sus cabezas desde hace tiempo y se mandan esta patriada de creerle a una viejita el cuento de la herencia y dejar que Pedro, que encima apenas se repone del accidente y anda con bastón, viaje solo a un lugar desconocido. ¡Ay que ganas de ponerme a patear cosas!
    Insisto en que lo peor que les pasó fue dejar Bahía, Guilermo.. Grrrrrrrr!!! Eso fue tu culpa! Vivían en un mundo de fruta encendida.. ¿Y Ahora como sigue esto? ¿Que le pasó a Pedro? ¿Podrá Guillermo sobrevivir con su frágil corazón una nueva confrontación con este destino?
    Mary.. sin duda alguna, sos una de las plumas más destacables de este blog, sino no te odiaría tanto esta noche. (Jajajaja! ) Al menos lograste que dejara de llorar, no es poco. Gracias por eso! Abrazo inmenso mujer!

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    1. Sandra, si se hubieran quedado en Brasil, hoy no existiría Confrontación, es así m´hijita. Si no hay conflicto se me pincha el globo, así que si quieren el saco conmigo quieren la mancha. Decime, vos en serio pensás que Guillermo Graziani se bancaría quedarse a vivir allá, al ritmo de axés y capoeiras, comiendo feijoada y teniendo que pronunciar sus puteadas con el traductor de castellano portugués? Y aguantando las amistades de Cielito, y la arena, la playa, etc etc? Dejaría de ser Graziani! Tanto como imaginarlo haciendose amigo de Robertino, y aceptando que Pedrito se ponga una tiara... impensable Sandris... Guille es Guille, aquí y en la mercería, no lo queramos cambiar que así es más querible... No tengas miedo, sabés que después de la tormenta siempre sale el sol... (y además aún no se sabe si no volverán a ese lugar... todo puede pasar en este extraño mundo). Gracias x bancarme siempre, un beso gigante!!!!

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  6. Que difícil se les hace estar juntos y bien,,,saltan de peligro en peligro. Me encanto y espero con muchas ansias el próximo capitulo!!

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    1. Adriana, se les hace muy difícil en estas manos retorcidas, no hay dudas, pero estoy segura que te va a seguir gustando porque se viene la acción con todo! Un beso grande!

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  7. Ayyy Mary. Que decirte... que ya no te haya dicho? Impecable, como siempre. Atrapante. Amorosa esa relacion de ellos. Realmente, una obra de arte. Pero como se sufre, querida!!! Y tmb se disfruta! Besos Romina

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    1. Gracias Romina, ya sé que estás al pie del cañón, siempre, te tapás los oídos y te la bancás. Y sí, la relación de ellos es tan pero tan fuerte que como pensó Guille en otro capítulo, se enfrentaría a una horda de demonios si fuera necesario... y ahora le toca. Tendrá que enfrentarse y jugarse la vida. Te espero el domingo, Romi! Gracias, gracias, gracias. Un beso enormeeee!

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  8. ayyyyyy pero que hdp!!! que hdp!!! si Mary lo volví a leer!!! sabes que soy muy masoquista! ay y lo peor es que no puedo dejar de leerte! porque me encanta!! mucho mucho!!!! tenes una gran capacidad de hacerme trasladar e imaginar todo y cada una de los diálogos y escenas...los veo....los escucho....imagino sus expresiones, el tono de su voz...me impresiona a veces no se si es que estoy muy loca o que lo haces tan bien!! ....jajajaja desde que empiezo a leer el capitulo me sube una tensión tan grande....que me trastorna! y espero lo peor todo el tiempo! debe ser por eso que me tenes atrapada en esta historia ...siempre ame el suspenso y vos me lo das....Mary me saco el sombrero y me pongo de pie! si tu intención era hacerme sufrir lo lograste con creces! igual yo te quiero !!! así de bruja como sos!!! besos! y espero nada tranquila y mucho menos entera el próximo!!!!Silvana

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  9. Sil! Pensaste que se las iba a hacer fácil, no no no y no. La tía Mary pierde el pelo pero no las mañas! Yo sé que tenés un corazoncito tan sádico como el mío... Te prometo que no te va a faltar sufrimiento, no permitiré que sufras esa carencia... Jajaja no te asustes, falta poco para que termine esta aventura que no será peor que lo que ya vivieron. Un beso! Gracias por estar Silvana! Eternamente agradecida de tu compañía y tu cariño que es mutuo!

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  10. VOLVER A LEER ESTE CAPITULO Y TODO EL MIEDO QUE TE CONGELA EL AIRE EN LOS PULMONES,LA VERDAD ESTA PAREJA NO TIENE PAZ, NO HAY CASO CUANDO NOS SON CAMILA EL HERMANO O ALGUNO DEL PASADO DE GUILLE SON LOS BUITRES Q RODEAN A GUILLE....COMO SE LES PASO CHQUEAR LOS DATOS ESTOS CHICOS ESTAN TAN ENAMORADOS QUE NOS VEN MAS ALLA DE ELLOS MISMOS...QUE PANICO LE TEMG O AL MALDITO DE MGUEL OJALA TENGA EL FINAL QUE SE MERECE ...DE TODAS MANERAS AMIGA DEL ALMA CONFIO PLENAMENTE EN VOS Y SE QUE A PESAR DE TODOS LOS ESCOLLOS A LOS QUE LOS ENFRENTAS VAN A SAFAR UNA VEZ MAS Y VAN A SER PLENAMENTE FELICES TOMANDO DAIQUIRIS EN LA POLINESIA AUNQUE PEDRO LO TENGA QUE DOPAR AGUILLERMO PARA QUE VAYA A LA PLAYA....
    PERDON AMIGA POR LO ATRASADISIMO DE MIS DEVOLUCIONES ESTOY ALGO COMPLICADA Y ATURDIDA PERO YA A A PASAR.......UN BESASO Y AMOR LEERRTE ESPERO NUNCA TENER QUE EXYTAÑARTE TKM ................MAJO

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