
Un baldazo de agua fría lo devuelve a la realidad. El líquido lo empapa de punta a punta, haciendo que la tela del pantalón se le pegue aún más a la piel y que lo recorra un nuevo escalofrío. Le arde allí abajo. Eso le recuerda lo que pasó. Baja la cabeza y trata de esconder el rostro de la mirada burlona de Miguel. -Y, cuñado… ¿seguís empeñado en salvar el culo de mi hermano? Mirá que no lo vas a conseguir. Tarde o temprano va a caer. Cuanto antes lo haga, menos sufrimiento inútil para vos.
-¡Basta, terminá con esto! -le grita mientras alza la cabeza y sorprende a Miguel Angel con la dureza de sus ojos. Paradójicamente, nunca lo vio tan fuerte y decidido-. Jamás te voy a ayudar a llegar a él. Torturame todo lo que quieras, pero no voy a traerlo.
-Eso es lo que tengo planeado, Beggio. Pero cuánto menos dure la tortura, mejor para vos. Dale, no seas cabeza dura. Mirá que en esa valija hay mucho cotillón…
-Seguí, entonces. Divertite que mientras tanto, Guillermo ya debe haber conseguido quién te baje del palito.
-Soñá querido, soñá… que no cuesta nada. Chicos, continúen con la fiesta.
Esta vez los hombres se acercan y le tapan la boca anudándole un pañuelo. Quisiera que le pusieran la capucha para no tener que ver nada, pero eso para Miguel también forma parte de la diversión. El de cabeza rapada se para por detrás suyo y lo levanta en vilo sosteniéndolo de las axilas. El otro libera sus manos de las esposas que las tenían sujetas. Pedro siente que las piernas apenas lo sostienen, parecen pertenecerle a otra persona. El compinche se calza en la mano derecha un puño de acero y Pedro sabe que lo que le espera no será un dolor más. El tipo se da vuelta y espera la señal de largada. Miguel extiende los cinco dedos de una mano. El primer golpe lo deja sin aliento, siente como si un auto lo hubiera atropellado. Su cuerpo ya no ofrece resistencia, los músculos fortalecidos de su abdomen apenas logran amortiguar el impacto. Es como si el auto ahora hiciera marcha atrás y volviera a pasar sobre su cuerpo, una y otra vez, implacable y preciso. Cualquier vestigio de pensamiento desaparece, el dolor se torna un aliado que lo libra del miedo y de la locura. A un gesto de Miguel, los golpes se detienen, el tipo que está sosteniéndolo lo suelta y cae al piso. Cuando por fin logra hacer entrar un poco de aire por la nariz, intenta gritar. La mordaza se lo impide. Siente que la cabeza le va a estallar, le laten las sienes y el poco oxígeno que puede atrapar se vuelve insuficiente. Miguel se levanta y se acerca para apreciar mejor el espectáculo. Disfruta ver los esfuerzos que hace por respirar. Por encima de la mordaza, la piel de la cara luce enrojecida y tiene los ojos inundados de lágrimas.
-Sáquenle el pañuelo -uno de ellos se agacha y se lo desprende-. Y ni se te ocurra gritar ahora.
Lo primero que hace es abrir la boca para capturar el tan preciado aire. Intenta levantarse apoyándose en las manos pero una patada brutal lo tira nuevamente contra el piso. Miguel encuentra sumamente gratificante ese golpe así que ensaya algunos más.
…
Mientras caminan por el campo, no dejan de observar en todas direcciones. Los pastos están crecidos y ofrecen un buen escondite de ser necesario. No parece haber actividad alguna en varias hectáreas a la redonda. A lo lejos un tractor levanta una ligera nube de polvo y un grupo de aves surca el cielo que ya empieza a enrojecerse hacia el oeste. Todo transmite paz. El detective lo observa un momento de costado y repara en la cicatriz que asoma por la abertura de la camisa. -¿Usted está operado del corazón y anda haciendo esto?
-No importa, Luis. No me queda otra opción.
-Bueno, yo de qué me asombro. También me operaron de lo mismo y mire cómo fumo.
-De algo hay que morir, no?
-Es lo que yo digo, no nos quedamos para semilla.
Se detienen al llegar al comienzo de la línea de árboles. -Ahora hay que andar con más cuidado, doctor. Cuando se acabe el bosque hay un claro. Allí no tendremos dónde escondernos.
Siguen hasta el final y distinguen el patio y el galpón. Afuera no hay nada y el silencio es total.
-Descansemos un momento. Cuando yo comience a andar, usted me sigue. Vaya con la pistola en la mano y sin seguro. No dude en usarla. Y de ser posible, no me emboque a mí.
Guillermo le agarra el brazo. -Luis, si algo me pasara… por favor, no desista de dar con Pedro. Ayúdelo…
-Delo por hecho -le contesta con la voz quebrada.
…
Miguel abre el portón y sale afuera. Delante suyo se abre un espacio que pareciera infinito. La inmensidad del campo, la magnificencia de la libertad. La idea de escapar lo asalta por primera vez. Baja la vista y observa la pulsera de arresto que circunda su tobillo. En pocas horas más, las rejas volverán a ceñirse sobre él. Sabe que lo están vigilando y que una persona tiene el arma preparada para abortar su vuelo si decide escapar. Necesita cumplir con su objetivo, aprovechar cada centavo de los dólares que gastó. Si va a pasar el resto de su vida en la cárcel la plata no tiene mucho sentido, salvo por las comodidades que pueda comprar. Lo de hoy ha sido algo que no imaginó que podría conseguir, la Providencia lo ayudó. Ahora solo resta hacer venir a su hermano y cerrar el círculo incompleto, terminar aquello que empezó hace más de dos años y que se ha transformado en el cáncer de su existencia. Saca el celular y busca el último número usado, el que marcó Pedro. Al quinto timbre oye su voz.
-Hola, Miguel.
Se queda petrificado. Recorre el patio con la vista. -Hermanito… ¿ahora sos adivino, aparte de puto? -sigue mirando hacia todos lados pero no distingue nada.
-Te recomiendo una cosa, Miguel. No me subestimes. No sabés con quién te estás metiendo. Pasame ya mismo con Pedro.
-No va a ser posible, lamentablemente. Está un poco… indispuesto. Creo que vas a tener que venir a hablar personalmente con él. No creo que le quede mucho tiempo.
-Rogá que Pedro llegue a viejo, Miguel, porque si le pasa algo te juro que te hago mierda. Con mis propias manos.
-No soy creyente, pero si lo fuera lo que rogaría es que caiga un rayo divino y reviente a todos los putos como vos.
-Qué mierda querés.
-Ya te lo dije. Quiero que vengas. Supongo que a esta altura ya tenés idea de por dónde andamos… ¿o necesitás que te vaya a buscar? Yo te diría que te apures… te repito que no queda mucho tiempo. Y más te vale que vengas solo o no vas a tener oportunidad de llegar a verlo con vida.
-¡Dónde estás!
-No te hagas el boludo, hermanito… Avisá cuando llegues a Saladillo y mando un auto a buscarte. Y no te olvides. Venís solo o te encontrás con un cadáver.
La línea queda muda. Miguel vuelve a levantar la vista. Nadie. El muy hijo de puta sabía que era él, pero no tiene la más remota idea de cómo pudo averiguarlo. Van a tener que estar atentos. No tiene miedo de que se descubra todo, qué más bajo puede caer, lo que lo enfurece es pensar que no pueda llegar a cumplir su cometido.
Entra al galpón y cierra la puerta.
…
Se queda con el teléfono en la mano, apretándolo contra su pecho. Lentamente baja la mano y lo guarda en el bolsillo. Se gira y ve al detective, con la pistola en alto y escondido detrás de un eucaliptus al igual que él. Se asoma despacio a mirar por el costado del árbol. Ya no hay nadie, la basura regresó al interior del galpón. Se estremece al pensar que lo separaron apenas unos segundos de la fatalidad de salir al patio y encontrarse de frente con él.
-Doctor… dígame si está listo -le dice Correa.
Cierra los ojos y evoca la cara de Pedro. Eso basta para infundirle el valor que necesita.
-¡Vamos!
Arrancan al mismo tiempo. Corren por el patio y se detienen a los costados del portón. El detective apoya la oreja contra la chapa y se esfuerza por escuchar. Solo oye voces difusas.
-Cuando yo abra la puerta vamos a tener un segundo y medio para entrar y disparar. Si Pedro está ahí, corre peligro de que nosotros le demos. ¿Es consciente de eso? -le susurra.
-De todo, Correa. Yo no tengo salida. Es usted el que está a tiempo.
Luis hace un gesto de desdén y continúa con las indicaciones. -Trate de disparar enseguida, apunte no demasiado alto, porque si están lejos les va a pasar por arriba. Y muévase, no se quede quieto o es un blanco fácil.
Guillermo se siente misteriosamente calmo. No sabe si es la pastilla que le dio el detective o la tranquilidad de llegar hasta donde está Pedro y tener la seguridad de que no se va a ir de allí sin él. Si alguna bala llegase a tocar a Pedro… será muy sencillo tirar el arma y dejar que otra acabe con él.
-A la cuenta de tres, doctor. Y que Dios, si existe, nos ayude.
…
Cuando entra al galpón ve que los tipos están discutiendo. Se acerca a ellos y les pregunta qué pasa.
-Que no tenemos todo el tiempo del mundo para perder. Mañana temprano sale nuestro avión. Y su hermano no aparece.
-Yo opino que acabemos con este y nos vayamos -agrega el otro señalando a Pedro.
-No me pueden cagar así… yo les pagué mucha plata y el trabajo no está completo si no los boletean a los dos.
-Mire, si en una hora no aparece damos por terminado el asunto. El capataz nos preparó dos hoyos, así que no joda amigo, o el que ocupe el segundo no será su hermano sino usted.
Miguel se endereza y los mira atentamente. Con estos tipos no se puede hacer el gallito.
-De acuerdo. Esperamos una hora a que me llame mi hermano. Ya debe estar en camino.
Mira a Pedro. Está hecho un ovillo sobre el suelo. Tiene puesta nuevamente la capucha y las muñecas atadas con una soga detrás de la espalda. No se mueve para nada, solo respira. Miguel saca una pistola de su cintura y se le acerca. La apoya en el pecho de Pedro.
-¡Bum! –dice y se echa a reir.
El colombiano del bigote escupe a un costado y mueve la cabeza. -Mira que he conocido tipos locos, pero como él…
-Esto está más largo que una semana sin carne. Yo creo que lo mejor sería matarlo también y largarnos.
-No, se nos echaría la policía encima. No podemos dejarlos en evidencia. Tiene que regresar al penal.
-Estoy harto de esta pocilga. Voy a salir a fumarme un cigarrillo.
Cuando apoya la mano en la puerta lo primero que nota es que se abre con increíble facilidad. Apenas la toca y ya sale disparada hacia un costado. -¿Qué mierda? -exclama.
Lo segundo es que alguien esgrime un arma a un palmo de su nariz y sin decir nada, dispara.
Miguel levanta la vista y en una fracción de segundo sus manos toman la determinación que su cerebro no llega a elaborar. Levanta a Pedro y se lo pone de escudo. Con una mano lo sostiene del cuello y con la otra empuña el arma y la apoya sobre la capucha.
El detective dispara dos veces más. El otro tipo cae al segundo disparo sin haber podido usar el arma que sacó de su cintura. “Gracias a Dios que son pocos”, piensa Correa. Ve al tipo de barba tirado al fondo contra la pared presionando el arma en la cabeza de Beggio. Supone que es él, no puede comprobarlo con la capucha puesta.
Guillermo lo empuja suavemente a un costado. -Ahora me toca a mí, Luis. Quédese aquí.
Lo ve caminar despacio y pararse a un par de metros de su hermano y de Pedro.
-Me querías, aquí me tenés -tiene el arma en la mano y apunta directo a Miguel.
-Sabés que no tenés opciones, Guillermo. Si me disparás y no acertás, Pedro se muere.
-Tengo puntería, Miguel. Sos vos el que no tiene salida. Largá el arma y soltá a Pedro.
Se miran. Miden sus alternativas. Guillermo está tranquilo y sostiene el arma con firmeza. Se ayuda con la otra mano para que no le tiemble el pulso. La distancia es corta, no hay muchas probabilidades de errar. Miguel está asustado, se le nota en la mirada y en el temblor de las manos. Sólo necesita convencerlo y tal vez logre que lo suelte.
-La cárcel no es tan mala, Miguel, ya la conocés, ¿no? En cambio la muerte… quién sabe lo que hay al otro lado… ¿para qué arriesgarte? Aún podés vivir muchos años más. A lo mejor sí existe el infierno para los tipos como vos, te aconsejo que lo pienses.
-¿Infierno? ¿Qué carajo sabés vos sobre eso? Infierno es la vida que me hiciste llevar… es la vida que arrastro cada día en esa cárcel mugrienta. Vine acá a cumplir un sueño, hermanito… no me voy a ir sin eso.
-Miguel… te doy cinco segundos más y disparo.
-No serías capaz, no tenés huevos… solamente los tenés para usarlos con putitos como este. Decile adiós a Pedro… el primero en irse al infierno.
Guillermo desvía la vista de los ojos de Miguel hacia su mano. No sabe si lo ve o lo imagina, pero el dedo que está presionando el gatillo comienza a moverse. Levanta los ojos y lo que hace a continuación es algo que después no podrá recordar.
La descarga le empuja la mano hacia arriba. Escucha a sus espaldas gritar al detective, luego sus pasos corriendo en dirección a él. Cae de rodillas y alarga sus manos temblorosas hacia Pedro. Lo atrae contra él, le arranca la capucha. Lo aprieta contra su pecho.
-Guille… -su voz es un susurro débil-. Guille… ¿estás bien?
-Mi amor… mi amor… -Guillermo le besa la cara, le acaricia el pelo con desesperación.
Pedro tiene los hombros y la espalda empapados en sangre. Lo revisa frenéticamente, busca la herida.
-Es de él… -le señala Correa-, la sangre es de Miguel!
Guillermo desata sus manos, lo abraza y hunde la cara en su cuello. Por fin se permite llorar.
…
Entre los dos lo alzan y lo acercan a una canilla. Pedro renguea más que nunca y se queja de dolores en el estómago. -Creo que tengo algo dislocado, Guille…
Correa le pide que dé unos pasos solo mientras lo observa caminar. -No, está bien. Si no el dolor sería peor. Si puede aguantar hasta llegar a Buenos Aires, mejor. Acá no nos van a creer tanto lo del asalto, y no podemos llamar la atención.
Mientras Guillermo lava la sangre bajo el chorro de agua evalúa las heridas y el alcance de los golpes. -¿Dónde te duele más? -le pregunta.
-En el abdomen me dieron duro. Las patadas ni las sentí de lo mucho que ya me dolía lo otro.
-¿Y… abajo? Donde me dijiste…
-Me arde como una quemadura. Creo que me los cocinaron, Guille.
-A ver, vení y tratá de orinar.
Lo lleva al costado del galpón. El detective termina de limpiar las huellas que dejaron regadas por todas partes.
-Me voy a buscar el auto. No confío que estemos solos mucho más. Si viene alguien con cara sospechosa, no dude en usar el arma.
-Vaya y apúrese, hombre. Ya está oscureciendo.
Se da vuelta y observa cómo Pedro se sube el cierre del pantalón trabajosamente.
-¿De qué color salió?
-Verde… ¿es malo?
-¿Qué? -Guillermo corre a sostenerlo. Pedro se ríe y al hacerlo comienza a toser.
-¿Todavía tenés ganas de hacer chistes? ¡La puta madre, Pedro!
Nota que está temblando. Lo abraza y le pasa las manos por la espalda. -¿Tenés frío? En el auto tengo la campera.
-Un poco… me quiero ir, Guille. Quiero que se termine esta pesadilla.
-Y yo quisiera olvidarme de todo lo que pasó.
Un par de luces se acercan por el camino. Guillermo sostiene el arma y la esconde tras la espalda. -Es Correa -dice aliviado.
Lo acomodan en el asiento trasero y Guillermo se sienta a su lado. Apoya la cabeza de Pedro sobre sus piernas.
-Ahí en la luneta hay una frazada -le avisa el detective.
Lo cubre hasta el cuello con la manta y acaricia su pelo. -Tratá de dormir, corazón… hay un buen trecho hasta Buenos Aires.
Pedro cierra los ojos y se duerme casi al instante. A los pocos kilómetros Correa detiene el auto y se baja con algo en la mano. Regresa enseguida. -Ya está. Adiós pulsera carcelaria.
-¿Y usted cree que no saben dónde era la reunión?
-Todo es posible… si llegan a encontrar los cuerpos, van a pensar que se dieron entre ellos. Y que alguno escapó con el botín. No se preocupe, doctor. Son cosas que pasan todo el tiempo en el mundo del hampa.
-A mí no me pasan estas cosas muy seguido. Por suerte.
-Lo bueno es que ya tenian los agujeros hechos, nos ahorraron el trabajo. Menos mal, porque ando mal de la ciática.
Guillermo suspira y se queda pensativo. Correa lo mira por el espejito.
-No se haga mala sangre, no vale la pena. Eran ellos o nosotros. Como en la guerra.
-Si, pero una cosa es saber que no tenía opciones y otra lo que se siente… acá dentro. Miguel era un demente, un psicópata… pero era el hermano con el que me crié. Me cuesta aceptar lo que hice.
-¿Siente pena?
-No… es otra cosa. Algo raro. Voy a tener que luchar conmigo mismo, con la idea de que me convertí en criminal.
-No lo diga así, doctor. Ser asesino es otra cosa muy diferente. Usted mató por necesidad. No tenía escapatoria.
-Tal vez me haga un cuadrito con esa frase y la lea todos los días hasta creérmela.
-Pero como abogado ya debe estar acostumbrado a tratar con cosas así.
-Si. Pero siempre los que matan son los otros.
El detective enciende un cigarrillo y baja unos centímetros el vidrio de la ventanilla.
-Qué olor de mierda que hay por acá. No veo la hora de llegar a la ciudad.
Guillermo sonríe. -Usted es de los míos…
-No se crea, antes me gustaba. Cuando era chiquito. Pero mi abuelo tenía una chacra, y todos los veranos me obligaban a pasarlos ahí. Si habré ordeñado vacas y juntado bosta… me vacuné, doctor. Nunca más campo.
-Cuando lleguemos, vamos al primer hospital que encontremos. Quiero que le hagan radiografías. Después pasamos por el estudio y le doy sus honorarios. En la caja fuerte tengo unos… veinte, veintidos mil dólares. ¿Le parece bien Luis?
-Por un día de trabajo duro está más que razonable. Me va a venir bien para hacerme ese viajecito que estaba soñando… a la Polinesia.
-¿Le gusta ese lugar?
-No sé, no tengo idea. Pero me gusta como suena. “Me voy a la Polinesia”. Imagino mujeres en bikini ondulando el ombligo.
-Yo vine hace poco de Brasil… y ya estoy empezando a extrañar algunas cosas. Qué curioso.
-Lo raro sería que no lo haga.
Pedro se remueve en el asiento y se queja dormido. Le acaricia la cara y se siente un estúpido al pensar que pudo haber actuado mal. El premio está allí, descansando sobre sus piernas. “Chiquito mío, cuánto te amo. Qué no haría por vos…” Le conmueve verlo dormido, la boca entreabierta, le recuerda más que nunca al niño maltratado que sabe que fue. Su alma se llena de dolor al pensar en eso. Se promete una vez más dedicar el resto de su vida a reparar esa injusticia, y también esta, la de haber caído nuevamente víctima de la locura de su hermano. Pedro se merece todos los resarcimientos del mundo. Él se encargará de procurárselos.
En Buenos Aires cumplen con el itinerario previsto y con el libreto que tenían preparado: un secuestro extorsivo, no avisaron a la policía, los delincuentes lo liberaron. Los análisis salen bien y no muestran sangrados internos. Le dan calmantes y le curan las heridas y les hacen prometer que descansará y volverá a ver un médico en veinticuatro horas. En el estudio Guillermo salda su deuda. El detective los alcanza hasta la casa y lo ayuda a subir a Pedro por las escaleras. En la puerta se despiden con un cálido abrazo.
-Dígame, doctor… tengo una duda desde hace tiempo.
Guillermo le hace un gesto alentándolo.
-¿Por qué me apodó Copperfield?
-Porque usted es un mago para resolver misterios… ¿Se acuerda del caso aquel, el del tipo que estaba acusado de matar a esa familia? Solo usted pudo dar con el verdadero asesino. ¿Por qué, no le gusta el apodo?
-No sé… hubiera preferido que me diga Houdini. Ese es más de mi gusto, era un genio el muy hijo de su madre.
-Pero ese era un escapista más que mago.
-Las dos cosas, le informo. Y además, es lo que pienso hacer ahora mismo, doctor. Escapar.
Guillermo sonríe y le palmea el brazo.
-Gracias, Luis… nos salvó la vida. No sé si volveré a necesitarlo para algo personal, espero que no…
-Yo también lo espero. Si no nos vemos de nuevo, que tengan una buena vida, los dos.
-Y usted, mi amigo. Que disfrute la Polinesia y sus ombligos ondulantes.
…
Guillermo sale de la ducha y se queda parado y pensativo.
-Maldita sea. La notebook, Pedro. Estaba en el bolso.
-Tenías copias de respaldo en la red... y además estaba con contraseña.
-No sabemos en manos de quién terminó. No me gusta.
-Vení, mi amor. Descansemos… lo necesitamos. No te preocupes más.
-¿Camila no te llamó?
-No todavía. Mejor. Necesito un respiro.
-Dormí un ratito -le da un beso en la frente-. Voy a preparar algo de comer.
-No tengo mucho hambre. Nada, en realidad.
-Tenés que comer, mirá cómo estás. Parecés un gatito aplastado… voy a cocinarte algo rico y bien calórico.
-Está bien. Guille…
-¿Qué, mi amor? -pregunta mientras le acomoda un mechón de pelo rebelde que le cae sobre la frente. Pedro suspira y se queda mirándolo.
-¿Vos creés que… que con la muerte de Miguel realmente todo esto terminó?
-No entiendo…
Nota la tensión en el rostro de Guillermo y sus ojos cansados. No soporta imaginar la odisea que él también vivió, decide callar sus miedos.
-No, dejá, no me hagas caso. Es que estuve tan seguro que moriría allí… Me parece mentira estar vivo, que estemos aquí otra vez. Me cuesta creerlo.
-Tuve mucho miedo también… pero vamos a superar esto. Te voy a cuidar, te vas a poner bien. A partir de ahora las cosas van a mejorar. Nos espera nuestra casa, te acordás? Pensemos en cosas lindas.
-Nuestro paraíso… -le dice con una sonrisa.
-Así es, amor. Mañana mismo voy a llamar al albañil y le voy a pedir que contrate gente para apurar los arreglos.
-Qué bueno -agrega y pega un bostezo.
Le acaricia la cara y Pedro cierra los ojos. En el umbral del sueño, le pide que lo abrace. Guillermo lo cubre con sus brazos despacito para no hacerle doler. Cuando por fin se duerme, apaga la luz y baja a cocinar.
CONTINUARÁ.
***
Hermoso capitulo Mary. Duro al comienzo, pero amoroso al final. Me encantó ese rescate de Guille y Luis! Me suena que ese Miguel es como la hierba mala, no? Mmmmm....no me parece que se vaya tan fácil. Esperando ansiosa el prox. (cada vez mas dura la espera ;) Besos Romina
ResponderEliminarEs verdad la hierba mala nunca muere dicen, pero aquí parece que al menos ese yuyo venenoso no jode más. Eso no quiere decir que los problemas se hayan terminado, lo aclaro porque si no me vas a hacer juicio por promesas incumplidas! Gracias Romi por estar siempre, un beso gigante! (Faltan solo cuatro, fuerza, ya casi llegamos, jajaja!!!)
EliminarMe encanto este capitulo!! Pero....Y Miguel??? Bueno en el proximo me contas!!
ResponderEliminarAdri, como le dije a Romina, ese yuyo venososo no jode más, muerto está y así se queda... veremos cómo sigue la cosa! Un beso!!!
EliminarBueno...te cuento que como vengo endulcorada por Solo Promesas y Celos decidi leerlo con valentia y estoicismo...y que te cuento que este capitulo estuvo superlativo!!!!! Guillermo es mi heroe y Pedro con esa capacidad que tiene para que apenas se pone en manos de el se entrega completamente es unico!!! Quisiera haber visto el cuerpo de Miguel y esa fracesita sobre la notebook no me dejo muy tranquila....el personaje de Luis de diez....y el corazon de Guille ...hum....no se....no te digo mas porque ya no se que inventar para decirte que sos un genio de la literatura romantica y policial...Besos Pilar
ResponderEliminarGracias Pilar, tus palabras siempre son alentadoras... tenés razón que hay que ser un poco valiente para aventurarse en estas aguas! No puedo prometerte un viaje feliz todo el tiempo, pero te aseguro que en poco tiempo más todo se soluciona satisfactoriamente! Un beso y te espero el domingo!
Eliminar¡Ay Mary, Mary...! Ya no encuentro palabras que le hagan justicia a tus escritos. De verdad.. Esto, a pesar de la dureza de la trama y de como me hace doler el estómago leerlo, es impecable. Creo que ese es el secreto para que pueda y deseé leerlo. No hay una palabra o una coma de mas o de menos, excelente!
ResponderEliminarTal como Pedro le pregunta a Guillermo si con la muerte de Miguel, todo se habrá terminado, me lo pregunté mientras leía y sobre todo viniendo de vos..
Insisto en que nunca deberían haber vuelto de Bahía. ¡Ay Guillermo te mataría! Estos dos deberían mandar todo muy lejos y desaparecer juntos donde termina el arcoiris, a ver si algún día pueden vivir en paz.
Sos una genia nena! Un abrazote Guilledrista!
¿Qué querés decir con viniendo de mí? Si soy una santa! Además sabés que me gusta complicar la cosa pero al final todo se resuelve bien... al menos hasta ahora siempre fue así. Con tanta queja van a lograr que me ponga mala de verdad y escriba un final trágico... no mentiraaaaa jajajaja Chiste, chiste, no tengas miedo. Aún soy la de siempre. Gracias por tus elogios que merecidos o no, me hacen mucho bien. Beso enorme Sandri!!!
EliminarQué placerrrrrrr este capítulo!!! Cómo gocé con la muerte de Miguel en manos de Guille! Me siento realizada.
ResponderEliminarSé que todavía faltan cosas feas pero la salida de escena del malvadísimo hermanito es un punto culminante!
Me morí de dulzura con Cielito Corazón durmiendo en las piernas de Guille, es una escena que derrite, nuestro Graziani cuidando al gatito aplastado.
Y lo del pis verde, jajaja! Qué toque de humor en un momento tan terrible.
Estoy felizzzzzz!
Beso gigante mi amiguita hermosa!
PS: Por favor hacé que Pedro coma toda la comidita que le va a prepara Guille! Qué es eso que no quiere comer después de todo lo que pasó? Ah no! Tiene que reponer energías! Que Guille le haga el avioncito si en necesario pero que comaaaaaaa =P
Guille, cuando me pedías la muerte de Miguel no podía anticiparte pero disfrutaba sabiendo que te iba a encantar esa resolución! Yo también lo disfruté, esa rata asquerosa salió demasiado bien librado en la novela. Aquí se hizo justicia... aunque también se me ocurre que podría haber quedado vivo para que se lo llevaran los extraterrestres en tu fic! Hubiera estado genial, que se lo llevaran para usarlo en experimentos, en vez de usar ratones, jaja! Mucho mejor final para él hubiera sido ese... No creo que te guste mucho lo que viene, pero paciencia que no hay mal que dure cien años y vos lo sabés bien, ahora que sos escritora entendés que los tiempos de la historia a veces requieren capítulos oscuros para que después brille más la luz del sol... un beso enorme, gracias por estar ahí!!! (lo del avioncito me encantooooó, qué ternura!)
EliminarQuerida Mary este capitulo a pesar de lo duro del comienzo (pobre cielito lindo) es un bálsamo frente a la desesperación de saberlo a Pedro en manos de Miguel quien gracias a Dios esta muertito y sepultado en las heroicas manos de Guillermo mi pistolero favorito. No tengo nada que reprocharte la resolución fue impecable ame la escena de cielito durmiendo en las piernas debsu amor �� ohhh que lindo y luego durmiendose en sus brazos Guille prometiendo subsanar tanto sufrimiento que decirte impecable me encantó de pe a pa como siempre lo de la notebook me deja preocupada pero ya sabemos que lo peor con el zángano hermanastro muerto ya paso gracias por cada domingo!!! Y esperando loa siguientes como siempre Silvana
ResponderEliminarQuerida Sil, lo peor ya pasó? Mmmm no estoy tan segura, pero lo bueno es que estamos en la recta final de esta historia y eso es un claro anuncio de que pronto terminará el sufrimiento. Gracias por leer como siempre, entre visitas y choripanes, como sea! Un beso amigaaaa!!!!
ResponderEliminarMary sos una genia tu maldad te supera y yo tu fiel alumna aprendo de voz mara rosas
ResponderEliminarVos Mara sos la más sadic de todas, lejos. Nada se compara a vos como dice una canción.
EliminarAYYY MI MALVADA Y DULCE AMIGA ME LA HICISTE PARIR DE VERDAD ME DOLIO CADA GOLPE CADA PIÑA Y CADA SUFRMIIENTO DE PETER POBRE PORQUE SIEMPRE LE PEGAN TANTO,CUAL ES EL PECADO DE AMRA PORQUE LA GENTE NO DEJA QUE LOS DEMAS SEAN LIBRES DE ESTAR CON QUIEN QUIERA ??? NO ENTIENDO EL MIEDO A LO DISTINTO TANTO OS DESESTABILIZA ?? DONDE RADICA LA NECESIDAD DE QUE TODOS SEAMOS TAN IGUALES SIN EN LAS DIFERENCIAS ESTAN LAS COSAS MAS INTERESANTES !!! LO DE GUILLERMO DOS MILLONES DE MANGOS APARTE ME MATASTE ME ACORDE CUANDO VOS DIJISTE EN ALGUN ARRAFO POR AHI YA VAS A VER DE LO QUE ES CAPAZ GUILLE POR SU AMORCITO...Y SABES QUE TENIAS TODA LA RAZON...Y TE QUIERO POR RECONCILIARME ASI CON EL ME HACE SIEMPRE FALTA CREER EN EL PROFUNDO AMOR QUE LE TIENE AMI ADORADO PEDRO...DURISIMO CAPITULO APASIONANTE ,DE PISTOLEROS DE UNA ENTREGA Y UN RIESGO QUE LIBERO TODA MI ADRENALINA....AMIGA QUERIDISIMA SOS LA BATIMAGA DE LA NOVELA ROMANTICA POLICIAL REVERENCIA APLAUSO INFINITO Y UN GRACIAS GIGANTE POR QUE ENCARNAS TODO LO QUE ME GUSTA LEER EN ESTE BLOGG SOS MUY GROSSA SABELO....MAJO
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