Audiencia – Parte III Guillermo
Guillermo
camina presuroso hacia el estudio, su mente se ha poblado de imágenes
relacionadas con la conversación que tuvo con ese muchacho “Pedro Beggio”
piensa y casi puede acariciar ese nombre en un susurro. “Que extraña casualidad”
sigue divagando entre las escenas que vienen una y otra vez a su cabeza, ese
muchacho de sonrisa sincera y mirada intensa ha logrado captar su atención de
manera inusitada. Sin darse cuenta llega hasta la puerta del estudio, ingresa y
Marcos su socio quien lo esperaba impaciente, lo intercepta en el camino hacia
su despacho. Lamentablemente no puede evitar recibir todos los enojos que le
tenía dedicados, le reclama que no llegó a tiempo, que solo no puede con todos
los clientes y que si va a tardar que al menos tenga la delicadeza de llamar
para avisar, Guillermo lo mira agotado y asiente a cada cosa que le reclama su
socio. No tiene ganas de discutir porque se encuentra de muy buen humor, “bueno
Marcos me olvidé, ¿qué querés que te diga?, se me presentó algo y no pude
terminar a tiempo” es lo único que podía decir en su favor.
Se
miran por un instante midiéndose el humor, finalmente Marcos desiste “a vos
algo bueno te pasó sino ya me hubieras mandado a la mierda Guillermo” antes de
salir del despacho lo mira entrecerrando los ojos como tratando de adivinar
pero sabe que su socio no le dará una pista de nada. Guillermo queda solo y
esas palabras de Marcos le dan vueltas por su cabeza “algo bueno te pasó …”
solo sonríe y decide ponerse al día con todo el papeleo y los casos que tenía
archivados en su escritorio. El resto del día se le pasa volando, entre los
escritos, los casos que debe estudiar, la audiencia del día siguiente ya no
tiene espíritu para nada más. Se encuentra agotado y decide regresar a casa
caminando, se despide de todos en el estudio y les recuerda que no llegará
temprano al otro día y en ese momento se le viene a la mente el almuerzo
“Marcos te aviso desde ya para que no te enojes después, que mañana tengo
pactada una comida con un abogado” su socio lo mira sorprendido y luego acota
“si vas a tener una entrevista con un nuevo abogado para este estudio desde ya
te digo que me parece una muy buena decisión” pero Guillermo inmediatamente lo
corrige “no se trata de una entrevista ni mucho menos, además para contratar a
un abogado primero necesitamos ver currículum y definir entre los dos si
ingresa o no” pero Marcos no tiene la mínima intención de perder tiempo entre
diversos currículum y entrevistas “lo que vos decidas Guillermo a mí me parece
bien, no podemos perder tiempo en este tipo de cosas. Además vos tenés olfato
para la gente, vas a elegir bien y de paso vas ensayando con ese abogado,
suerte” y Marcos se retira antes de que Guillermo pueda siquiera contestarle,
no puede creer que encima de todo el trabajo que tiene además deba ocuparse de
contratar nuevo personal. Mientras camina hacia su casa va pensando en lo
conversado con su socio y no le parece tan mala idea contratar a alguien más
que les dé una mano con los clientes y el rostro del joven abogado aparece una
vez en su cabeza “podría sugerirle la posibilidad de que se una al estudio”
piensa en voz alta “un abogado penalista, joven, con ganas de trabajar nos
vendría muy bien” se auto-convence. Llega a su hogar y se encuentra con Fabián
su hijo quien discute acaloradamente con Ana su mujer, otra vez el mismo
cantar, otra vez los mismos problemas y el alcohol el protagonista de semejante
altercado entre madre e hijo “pero ¿qué pasa Ana?¿Fabián? No puede ser que cada
vez que llegue a casa encuentre una batalla campal entre ustedes, por favor no
es manera de tratarse” cuantas veces ha tenido que presenciar el mismo
escenario, ya he perdido la cuenta “cuando va a ser el día en que llegue a este
bendito lugar y no sea testigo de este griterío, este maltrato constante,
¿alguno me puede decir?” observa tanto a Ana como a Fabián tratando de
encontrar una respuesta que no llegará “pero papá ¿no te das cuenta que es una
borracha empedernida, que no tiene arreglo?” se queja su hijo “ah claro, culpáme
de todo a mí, porque tu papá no tiene nada que ver con esto” replica su mujer
“basta los dos carajo, Fabián te voy a pedir que respetes a tu madre y Ana dejá
de culpar a todo el mundo por tu adicción” explota Guillermo encolerizado,
“pero ¿por qué la defendés? Además ni siquiera es mi verdadera madre” responde
Fabián sin pensarlo “sos un mal educado chiquito, cuantas veces tengo que
repetirte que “tu” mamá te abandonó cuando eras un bebé ¿eh?” Ana es hiriente y
lo sabe “les dije que la corten mierda, ¿acaso no entienden? No quiero más
peleas en esta casa, ¿escucharon?” Guillermo apenas se reconoce pero no sabe
cómo actuar, lo próximo que ve es a Fabián salir de la casa dando portazo y Ana
sube las escaleras hasta su cuarto insultando a su marido.
Guillermo
queda solo, la casa en paz como quería, cuanto agotamiento siente, lo supera la
situación y no saber como reaccionar. Siempre diga lo que diga terminará
peleando con su hijo y su mujer, cuando se amigan y unen fuerzas pueden llegar
a ser una familia única, con un cariño infinito pero cuando los problemas
arrecian él acaba siendo el chivo expiatorio de tanta basura contenida, de años
de putrefacción que salen a la superficie cuando el río baja. Se acomoda en el
sillón con la mirada perdida, no atina a hacer nada solo se queda allí
pensando, y ese rostro aparece como para entregarle un poco de tranquilidad,
como si pudiera apaciguar tanta bronca contenida, tanta desolación. No puede
evitar hacer una mueca y se dice “que no se te ocurra nada raro Graziani, es un
muchacho, un precioso muchachito pero nada más”, decide luego ir hasta la
cocina para ver si encuentra algo para cenar. Lo primero que encuentra es lo
que decide comer, y luego a dormir que mañana le espera un día complejo.
El
día nace, y encuentra a Guillermo sentado desayunando, Ana duerme su borrachera
y Fabián aún no baja de su cuarto. Tiene unos pocos minutos más antes de que se
torne difícil de manejar cualquier situación con su hijo, pero al parecer el
momento no llegará. Aunque decide esperar un poco más nadie se presenta así que
preocupado por la discusión le deja una nota a su hijo pidiéndole una tregua y
una charla para más tarde, toma sus cosas y sale rumbo al juzgado. Para el
primer taxi que pasa por allí y va repasando mentalmente todo el caso, llega y
a paso firme pero tranquilo ingresa a la sala en donde ya lo espera su cliente.
“Buenos días, eh pero que cara, le dije que todo va a estar bien” le dice casi
en tono jocoso “sí, ya se Dr. Graziani pero no me gusta esto, ¿es necesario que
esté presente?” le reclama “pero escúcheme un momento, ¿Cómo se supone que
represente a alguien que no quiere estar presente eh? Es poco serio lo que me
plantea hombre” Guillermo no puede creer las ideas de su cliente “además ¿qué
excusa le vamos a dar al juez? ¿Quiere que aplace todo por su ausencia? Mire
que puede hacerlo tranquilamente” el cliente lo mira más asustado a Guillermo,
este solo atina a sonreír por lo ridículo de la situación y cuando mira
alrededor, se da cuenta que la sala comenzó a llenarse y justo delante de sus
ojos se encuentra él, Pedro Beggio quien lo saluda muy cordial desde donde se
ubicó “te pusiste en el mismo lugar que ayer” piensa Guillermo satisfecho,
verlo allí sencillamente le cambió el humor. El juez da inicio a la sesión permitiendo
nuevos alegatos por parte de la defensa, hoy Guillermo se encuentra afiladísimo
y cualquier ataque del fiscal los sortea sin problemas casi como un jugador de
rugby evitando que lo tacleen. Se le escapan algunas miradas de reojo hacia
aquel muchacho que lo mira hipnotizado, puede sentir la electricidad en el
aire, solo unos decimas de segundos hundido en aquellos grandes ojos hacen que
el corazón le lata desbocado. Culmina al fin con su alegato y en vista de las
pruebas emitidas, la falta de sostén legal por parte de la fiscalía, el juez
decide fallar a favor del cliente del Dr. Graziani. Este al escuchar el fallo
abraza al abogado agradeciéndole por todo, “sabía que podía contar con usted
Doctor” le dice en tono firme “ahhhh ahora sí está contento ¿no?, bien que dudó
de mi capacidad profesional para defenderlo” le remarca Guillermo en tono
socarrón observando como el rostro de su cliente se volvió rojizo de golpe
“bueno hombre, es un chiste no se ponga así, ahora pase por el estudio a abonar
los honorarios por favor” y le da un buen apretón de manos para luego
permitirle marcharse.
Quien
se acerca luego es Pedro, quien con una gran sonrisa lo felicita “recontra
felicitaciones Dr. Graziani, estuvo realmente increíble, nunca fui testigo de
algo así” Guillermo le extiende la mano y se siente un poco incómodo ante tanto
halago pero esa sonrisa lo pierde “bueno muchas gracias, me alegro que hayas
disfrutado de la audiencia. Te diste cuenta de que vine a ganar ¿no?” no puede
evitar sonreírle y nota un brillo creciente en la mirada de Pedro “es cierto,
tenías razón me dejaste sin palabras” le dice sorprendido. “Bueno, te debo un
almuerzo ¿verdad?” cambiando de tema “es así, me debes un almuerzo” le
contesta, “bueno vamos, conozco un excelente lugar con buena comida y buen
vino” lo tienta Guillermo “me vendría muy bien un cabernet” se saborea Pedro y
ambos emprenden viaje al restaurant.
Continuará...
Juliana querida, me emocionaste, ese Graziani autèntico, esas emociones en la audiencia, los pude imaginar, revivir, gozar. Genia de la pluma, gracias por esta fic tan de ellos que me dejò loquita. Abrazote y quiero ese almuerzo. TQM.
ResponderEliminarQue grato es volver a leerte Juliana!!! Impecable, tu fic es dulce y sugestiva. Amo este nuevo comienzo y tu forma de contarlo. Ahora queremos saber como sigue!! Ojalá no nos hagas esperar demasiado. Muero por espiar lo que está pasando en ese restaurante!! Un beso gigante y un abrazote Guilledrista!
ResponderEliminarQue placer es leerte Juliana!! Bello relato!! Gracias!!
ResponderEliminarHermoso Luciana!!!! Liliana farsantes.
ResponderEliminarMuy Bueno Juliana.......me encanto la manera que describis y contas la historia.....espero continuacion!!!! pronto!!!!! Barby
ResponderEliminarTe vuelvo a dejar comentario, el anterior no entro. Que sea prontito el esperado almuerzo, a ver que les sucede alli...Escribìs muy bien Juliana. Lindìsimo tu relato. Marlene Rodrìguez
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